{"id":13305,"date":"2017-01-04T11:40:27","date_gmt":"2017-01-04T15:40:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=13305"},"modified":"2017-01-05T11:10:21","modified_gmt":"2017-01-05T15:10:21","slug":"neruda-desenterrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/01\/04\/neruda-desenterrado\/","title":{"rendered":"Neruda desenterrado"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 11-5-13)<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Har\u00e1 cuarenta a\u00f1os en septiembre pr\u00f3ximo que Pablo Neruda dej\u00f3 de existir, en medio de las brumas acosantes de la gendarmer\u00eda pinochetista que no solo entr\u00f3 a sangre y fuego en La Moneda sino que violent\u00f3 toda la historia de Chile para inscribirla, con rostro adusto y ejercicio f\u00e9rreo, entre las naciones donde el honor y la libertad partieron de vacaciones. Chile, que hab\u00eda sido por d\u00e9cadas un ejemplo de civismo continental.<\/p>\n<p>El poeta estaba en su casa de Isla Negra, apenas se hab\u00eda levantado de la cama cuando llegaron por la radio las primeras noticias aquel fat\u00eddico 11 de septiembre de 1973. La Moneda estaba siendo bombardeada y Salvador Allende pronunciaba su discurso de despedida. Ni Pablo, ni Matilde su mujer que le acompa\u00f1aba, pod\u00edan creer lo que suced\u00eda. \"Esto es el final\" exclam\u00f3 Pablo, mientras Matilde se negaba a aceptar la realidad: \"Es un tancazo m\u00e1s, el pueblo no lo permitir\u00e1\". Para contraponerse a la situaci\u00f3n, ordena el desayuno, pero Pablo enmudece, mueve nervioso el dial de la radio, escucha las emisiones del extranjero y por una emisora argentina termina enter\u00e1ndose de la muerte del Presidente Allende. \"En su actitud, en sus ojos, hay un brillo vac\u00edo, inconscientemente desesperado\", recuerda Matilde. Solos, en su estancia frente al mar, ambos se enteran de los primeros bandos: nadie puede salir de sus casas, el que desobedezca la orden morir\u00e1. Y Pablo, \"con esa intuici\u00f3n prof\u00e9tica que comprob\u00e9 tantas veces -dice Matilde- ten\u00eda raz\u00f3n. Esto era el fin\".<\/p>\n<p>Pablo comienza a recibir llamadas de <a href=\"http:\/\/localhost\/debateplural\/tag\/alemania\">Alemania<\/a>, <a href=\"http:\/\/localhost\/debateplural\/tag\/espa\u00f1a\">Espa\u00f1a<\/a>, <a href=\"http:\/\/localhost\/debateplural\/tag\/francia\">Francia<\/a>. Todos quieren saber del estado del poeta que hace apenas dos a\u00f1os ha recibido en Estocolmo el m\u00e1ximo galard\u00f3n de las letras universales. Los rumores corren: Pablo ha muerto. La esposa lo niega, Pablo est\u00e1 vivo. Pero, en verdad, ella comenzaba a dudarlo, sent\u00eda que el poeta estaba muerto, \"quebrado por dentro; esa fuerza inmensa de lucha que lo sostuvo siempre, ya no la ten\u00eda\". Con vocaci\u00f3n pol\u00edtica y po\u00e9tica hab\u00eda caminado toda la geograf\u00eda chilena dejando o\u00edr su voz a favor de la justicia y contra la desigualdad y la pobreza.<\/p>\n<p>Solos, Matilde y Pablo, \"sintiendo toda la amargura del mundo\", se enteraban de la destrucci\u00f3n y el odio, los ciudadanos tirados boca abajo en las calles mientras decenas de fusiles les apuntaban, las ambulancias cargando muertos y heridos, y dolorosamente observaban en la televisi\u00f3n c\u00f3mo tras el asalto a la Casa de los Presidentes el populacho hurtaba los enseres de la mansi\u00f3n. Todav\u00eda no hab\u00eda comenzado, empero, el calvario mayor, porque la pareja no se hab\u00eda enterado que a esa hora sus casas de Santiago, La Chascona, y la de Valpara\u00edso, eran igualmente saqueadas, destruidas, incendiadas.<\/p>\n<p>Pablo inicia un proceso febril. A duras penas, Matilde logra comunicarse con el m\u00e9dico del poeta en Santiago, quien receta inyecciones. En peligro de muerte, ante la orden de reclusi\u00f3n de todo Chile, sin garant\u00edas de la polic\u00eda de la comarca, ella adquiere las inyecciones ordenadas por el facultativo y localiza a la enfermera del poeta quien, con riesgo de su vida, llega a la Isla para atenderlo.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, mientras la vor\u00e1gine sigue, Pablo mejora solo para dictar a Matilde el \u00faltimo cap\u00edtulo de sus memorias. Lo titula \"Allende\" y est\u00e1 en la secci\u00f3n final que ha nombrado \"Patria dulce y dura\". Lo inicia diciendo: \"Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y s\u00f3lo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende\". Y luego de repasar brevemente la furia cernida sobre el gobierno del Presidente extinto -el \u00e1nimo en el suelo, las fuerzas debilitadas y la fiebre aumentando- Neruda concluye las \u00faltimas letras que escribe, dictando a Matilde: \"Ten\u00edan que aprovechar una ocasi\u00f3n tan bella. Hab\u00eda que ametrallarlo porque jam\u00e1s renunciar\u00eda a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cad\u00e1ver que march\u00f3 a la sepultura acompa\u00f1ado por una sola mujer que llevaba en s\u00ed misma todo el dolor del mundo, aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez hab\u00edan traicionado a Chile\".<\/p>\n<p>Apenas hab\u00eda concluido el dictado de aquel p\u00e1rrafo final de sus memorias que luego se har\u00eda c\u00e9lebre por todo el orbe, cuando el chofer del poeta entr\u00f3 asustado a la vivienda para comunicar que estaban llegando tres grandes carros llenos de militares para allanar la casa levantada con tanto esfuerzo y dedicaci\u00f3n en los detalles por el poeta. \"\u00bfQu\u00e9 pensaban encontrar en nuestra casa fuera de la poes\u00eda, que es un arma poderosa, aunque ellos no parec\u00edan saberlo?\", se pregunta Matilde.<\/p>\n<p>Las noticias siguen llegando con su carga oscura: los fusilamientos, los amigos presos, escondidos o muertos. Pablo sigue en estado febril. El m\u00e9dico ordena su traslado a Santiago, a la cl\u00ednica Santa Mar\u00eda. \"Pablo est\u00e1 triste, hay en \u00e9l una mirada lejana que no acierto a explicarme\", recuerda Matilde. Su perrita, La Panda, se acurruca a su lado y nadie logra sacarla de la habitaci\u00f3n. Gime dolorosamente, a\u00falla de tristeza. Presiente. En el trayecto a Santiago, los carabineros intentan revisar la ambulancia. Pretenden ignorar la grandeza del hombre que lleva aquel veh\u00edculo, ahora reducido, triste. Salen l\u00e1grimas de los ojos del poeta. El gobierno de M\u00e9xico insiste que hay que sacar a Pablo de Chile y ofrece un avi\u00f3n para trasladarlo de inmediato. Al principio Pablo se niega, luego accede, finalmente cuando se entera de la forma en que han asesinado a V\u00edctor Jara, destrozadas sus manos, dice que no dejar\u00e1 nunca Chile. Y cumple. \"Es como matar a un ruise\u00f1or\", dice Pablo. Para sorpresa de Matilde, en su lecho el poeta hace un repaso de su vida, dice palabras hermosas a su mujer, y ella se impresiona porque es la primera vez que escucha a Pablo con ese lenguaje. \"\u00a1Qu\u00e9 horribles son las dictaduras, las persecuciones!\", afirma llorando.<\/p>\n<p>La fiebre se acent\u00faa. Pablo est\u00e1 muy inquieto y Matilde est\u00e1 sola con \u00e9l. Los amigos se han ido temprano de la cl\u00ednica, a causa del toque de queda. El poeta se rasga el pijama con las dos manos y grita: \"\u00a1Los est\u00e1n fusilando, los est\u00e1n fusilando!\". Alucinaciones terminales en trance de visi\u00f3n real. Matilde, desesperada, busca que atiendan a Pablo. Pablo est\u00e1 fuera de s\u00ed. Una enfermera, indiferente al dolor y a la majestad del poeta de Chile, llega y se\u00f1ala que hay que ponerle una inyecci\u00f3n para dormir. Lo hace y se va de inmediato. Pablo no despertar\u00eda jam\u00e1s. Mientras, su chofer no regresar\u00eda. El d\u00eda anterior hab\u00eda ido a guardar el coche y los militares lo apresaron, lo llevaron al Estadio Nacional y lo torturaron. En la tarde del 23 de septiembre, doce d\u00edas despu\u00e9s del tancazo brutal y definitivo, Pablo sigui\u00f3 sin despertar. Ten\u00eda c\u00e1ncer de pr\u00f3stata, pero no estaba para morirse. Su m\u00e9dico incluso hab\u00eda afirmado que el tratamiento estaba siendo muy eficaz. Tres mujeres: Matilde, Laura, la hermana de Pablo y Teresa Hamel, una amiga solidaria, acompa\u00f1aban al Pablo durmiente. De pronto, observaron que se agitaba su cara y su cabeza, que un temblor recorr\u00eda su cuerpo. Pocos segundos. Cuando se acercaron, ya Pablo hab\u00eda muerto. No recobr\u00f3 jam\u00e1s el conocimiento.<\/p>\n<p>La historia que sigui\u00f3 a este suceso, es conocida. El cambio operado en el personal que hab\u00eda puesto muy poco inter\u00e9s en aquel paciente ilustre, atendido en un pasillo oscuro y helado; el traslado de su cad\u00e1ver a La Chascona destruida; el apoyo de los vecinos; las penurias de una mujer sola que hubo de buscar refugio en la casa de una vecina humilde; el desfile al camposanto en medio de milicias nerviosas; la tumba pobre; y mucho tiempo despu\u00e9s, su traslado a Isla Negra, a la vera del mar, cerca de sus caracolas y restos de buques antiguos, de proas y flores. Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s, Neruda ha sido desenterrado. Desde el 2004, de manera p\u00fablica, aquel joven chofer de Neruda, Manuel Araya, entonces de 25 a\u00f1os de edad -hoy con 65- sostiene que Neruda fue asesinado y que por eso el gobierno mexicano insist\u00eda en su traslado a la capital azteca. Los restos del poeta est\u00e1n siendo examinados. Un juez, Mario Carroza, ha ordenado investigar al \u00faltimo m\u00e9dico que atendi\u00f3 a Neruda -\u00bfel que tal vez le recet\u00f3 la inyecci\u00f3n fatal?- que las enfermeras solo nombran como Price, pero que algunos estiman que su nombre real es Michael Townley, quien trabajaba al servicio de la DINA, la temible agencia del fascismo pinochetista, y quien reside actualmente en Estados Unidos como testigo protegido, acusado de dirigir el asesinato del ex canciller Orlando Letelier.<\/p>\n<p>La tragedia nerudiana todav\u00eda aturde y desequilibra la conciencia. Hace catorce a\u00f1os yo fui a conocer su tumba en Isla Negra y recorr\u00ed, palmo a palmo, La Chascona. Pensaba entonces, a\u00fan lo creo, que muri\u00f3 de asfixia moral. Y que a pesar de esos pesares, su poes\u00eda, -regional, dolorosa y lluviosa, como \u00e9l la defin\u00eda- no hab\u00eda cantado en vano. La frase de Rimbaud que \u00e9l hizo suya, sigue resonando a cuatro d\u00e9cadas de distancia: \"solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espl\u00e9ndida ciudad que dar\u00e1 luz, justicia y dignidad a todos los hombres\".<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. 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