{"id":13657,"date":"2017-01-19T12:45:33","date_gmt":"2017-01-19T16:45:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=13657"},"modified":"2017-01-19T12:45:33","modified_gmt":"2017-01-19T16:45:33","slug":"la-guerra-abril-los-chinos-del-embajador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/01\/19\/la-guerra-abril-los-chinos-del-embajador\/","title":{"rendered":"La guerra de abril y los chinos del Embajador"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 10-5-14)\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los grandes conflictos de la humanidad, desde los extremos de una personalidad asfixiante y controvertida o desde los torvos aconteceres de un hecho que marca destinos, parecen nunca terminar de contarse.<\/p>\n<p>Una dictadura de fatigante extensi\u00f3n -en el tiempo y en la crueldad-; un liderazgo s\u00f3rdido, encarnado en seres descocados donde el equilibrio mental es una desgajante imposibilidad; un acontecimiento de dimensiones hist\u00f3ricas incontrastables -guerra, revuelta popular, careos fratricidas-; engendros pol\u00edticos sostenidos por impurezas de tipo criminoso que terminan convirti\u00e9ndose en asilos de infractores; hechos y personajes a quienes la historia asign\u00f3 un lugar de irrefutable primac\u00eda, en ese arbitrario designio que es la evoluci\u00f3n de la realidad humana, y que por su penetrante realidad han de ser siempre motivos para la tasaci\u00f3n perpetua.<\/p>\n<p>A veces son memorias de testigos de excepci\u00f3n, nunca consultados por los historiadores que suelen ir a las fuentes protag\u00f3nicas; otras se transmiten en forma novelada; algunas m\u00e1s llegan en ensayos, entrevistas, cr\u00f3nicas period\u00edsticas, que desmenuzan situaciones, reconstruyen periodos, ampl\u00edan las secuencias y consecuencias de un acontecer, o simplemente colocan sobre los rieles de la historia nuevos episodios, personales o colectivos, que no hab\u00edan sido objeto de atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sucede con frecuencia con el nazismo o la guerra civil espa\u00f1ola, para poner dos ejemplos a los que damos continuidad por un apasionamiento tem\u00e1tico que uno nunca logra explicar. Los fanatismos lectoriales son tan recurrentes como cualquier otro exclusivismo humano: el f\u00fatbol, acarrear monedas o el mantenimiento de fidelidades art\u00edsticas, por decir. Espa\u00f1a suele recibir cada a\u00f1o decenas de historias nuevas sobre el espacio de confrontaci\u00f3n b\u00e9lica entre sus iguales que se desarroll\u00f3 entre republicanos y el sublevado bando falangista con sus adiciones, entre 1936 y 1939, y que concluy\u00f3 con la instauraci\u00f3n de la dictadura franquista de treinta y seis a\u00f1os. El tema luce inacabable, porque con tan extendida guerra y tan largo dominio del General\u00edsimo Francisco Franco, han de brotar con frecuencia los horrores, las convulsiones sociales y econ\u00f3micas, los relatos militares y las peripecias de individuos o grupos que han ido conformando una saga imbatible que a\u00fan sigue su curso. El nazismo es igual, o mayor. Uno cree saberlo todo sobre el oscuro periodo hitleriano, cuando de pronto aparece un testimonio que informa sobre experiencias no antes comunicadas, o sobre una novela que exorciza momentos ignorados de aquella aterrante historia. Es la vieja y conocida guerra la que origina una novela extraordinaria como \"La ladrona de libros\" de Markus Zusak, magistralmente llevada al cine. Es la omnipresencia del Fuhrer y sus d\u00edas finales en el b\u00fanker, ya referidos en otras memorias, la que permite conocer el testimonio conmovedor de Armin D. Lehmann, uno de los ni\u00f1os-soldados de la Juventud Hitleriana que acompa\u00f1\u00f3 hasta la \u00faltima hora a su l\u00edder y acab\u00f3 siendo testigo, como pocos, de la atm\u00f3sfera del averno donde se sumergi\u00f3 junto a un peque\u00f1o grupo de ac\u00f3litos hasta la clausura del ominoso Tercer Reich. O adentrarse en los campos de concentraci\u00f3n del nazismo desde una visi\u00f3n distinta, como ocurre con la novela \"La bibliotecaria de Auschwitz\" de Antonio G. Iturbe.<\/p>\n<p>Los dominicanos no debemos inquietarnos porque todav\u00eda salgan a la luz episodios desconocidos para muchos sobre la Era de Trujillo o sobre la Guerra de Abril, o en torno a cualquier otro episodio de nuestra historia m\u00e1s reciente, sobre el cual han de quedar a\u00fan, con toda seguridad, cosas que contar. Exponerlas sin ambages, dejar que sean exploradas, es tarea del historiador, pero sobre todo de los propios testigos y protagonistas cuyas cr\u00f3nicas han de suplir las informaciones y experiencias que han de faltar para que conozcamos en todos sus detalles la historia total.<\/p>\n<p>Caminamos hacia los cincuenta a\u00f1os de la revuelta abrile\u00f1a y siguen sorprendi\u00e9ndonos los testimonios de quienes vivieron y padecieron aquellos meses de dolorosa incertidumbre, luego de que el 28 de abril de 1965 desembarcaran los primeros 405 soldados norteamericanos para detener el triunfo de los constitucionalistas y se iniciara la segunda intervenci\u00f3n de los Estados Unidos en nuestro territorio. Dos periodistas extranjeros ser\u00edan seguramente los primeros en rese\u00f1ar en libro la historia de aquella utop\u00eda b\u00e9lica y descubrir para el mundo, con toda la carga de subjetividades que conlleva el conocimiento apresurado de las razones y circunstancias de una gesta como la mencionada cuando no se es nativo, los pormenores pol\u00edticos, diplom\u00e1ticos y militares de la insurrecci\u00f3n que comenz\u00f3 siendo golpe militar para convertirse casi de inmediato en lucha fratricida y concluir en guerra contra un invasor que no hab\u00eda sido previsto en el planeamiento de la conjura. El primer libro fue el del corresponsal del New York Times, Tad Szulc, quien publicar\u00eda en Nueva York su \"Dominican Diary\" a fines de 1965, o sea pocos meses despu\u00e9s de experimentar solo por veintiocho d\u00edas los rigores m\u00faltiples de la revuelta. Su libro se publicar\u00eda en 1966 en espa\u00f1ol, esta vez con el t\u00edtulo \"Revoluci\u00f3n en Santo Domingo\". Y es ahora, cuarenta y nueve a\u00f1os despu\u00e9s cuando se realiza la primera edici\u00f3n dominicana con el tercer t\u00edtulo que ha llevado el mismo libro, y que quiz\u00e1 sea el m\u00e1s acertado: \"Diario de la guerra de abril de 1965&#8243;.<\/p>\n<p>Pero, sucede que para ese mismo a\u00f1o de 1966 aparec\u00eda en Par\u00eds, con la editorial Plon, un libro del corresponsal de Le Monde durante la guerra de abril, Marcel Niedergang, titulado \"La revoluci\u00f3n en Santo Domingo\", justo el mismo t\u00edtulo que llev\u00f3 el libro de Szulc en su primera edici\u00f3n en espa\u00f1ol. El libro de Niedergang se public\u00f3 aqu\u00ed en 1969 en las ediciones que entonces hac\u00eda la revista \"Renovaci\u00f3n\" de Julio C\u00e9sar M\u00e1rtinez, traducido y anotado por el doctor Ram\u00f3n Pina Acevedo. Poca gente lo recuerda o lo lleg\u00f3 a leer entonces, conforme he comprobado con historiadores y lectores amigos. Ha salido en segunda edici\u00f3n limitada, en el 2012, de Ediciones Cielonaranja, y me parece un texto tan interesante y revelador como el de Szulc, con quien Niedergang coincide en el relato de algunos aspectos de la revoluci\u00f3n de abril.<\/p>\n<p>Ambos relatos hist\u00f3ricos contienen errores y juicios tendenciosos, pero al mismo tiempo arrojan luz abundante sobre episodios concretos de la actividad revolucionaria. Niedergang formula revelaciones de hechos no conocidos o, por lo menos, no explicados antes en otros trabajos sobre abril de 1965, al tiempo que arremete radicalmente contra determinadas personalidades de la contienda. Sus calificaciones contra propios y extra\u00f1os son descarnadas, duras, directas, consideraciones que a su vez son ampliadas en sus notas por el doctor Pina Acevedo.<\/p>\n<p>Pero, entre todos los aspectos de la tragedia guerrera que relatan estos dos reporteros -franc\u00e9s y americano- hay un episodio risible que forma parte de la confusi\u00f3n y el temor reinantes en esos d\u00edas entre los que no ten\u00edan bando preferido durante la contienda. Niedergang y Szulc describen la atm\u00f3sfera de miedo, de huida, de deseos de escapar del pa\u00eds que prevalec\u00eda en el Hotel El Embajador, tomado como centro de operaciones de los interventores, dormitorio y oficina de los delegados de la OEA, la ONU y representantes diplom\u00e1ticos, y refugio de los m\u00e1s de 200 periodistas provenientes de Estados Unidos y de otros pa\u00edses, que fueron asignados por sus medios para cubrir el acontecimiento. En medio de aquella barah\u00fanda, \"los chinos complicaron el asunto a\u00fan m\u00e1s\", refiere Szulc. Niedergang lo cuenta mejor. Un s\u00e1bado en la tarde, un comerciante chino de la parte baja de la ciudad se present\u00f3 al hotel a solicitar una habitaci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente, los botones descubrieron que en la habitaci\u00f3n alquilada se hab\u00edan establecido treinta chinos, entre hombres, mujeres y ni\u00f1os. En pocos d\u00edas, la poblaci\u00f3n china subi\u00f3 a m\u00e1s de ciento cincuenta. Todos, interesados en que los aviones norteamericanos destinados a evacuar a los ciudadanos de ese pa\u00eds, tambi\u00e9n lo incluyeran a ellos en el abordaje hacia Puerto Rico. \"Campeaban en los vest\u00edbulos, improvisaron una cocina en las habitaciones que ocupaban, y se incrustaron celebrando indescifrables concili\u00e1bulos en los alrededores de la piscina\", cuenta el periodista de Le Monde. Szulc, por su parte, recuerda que como los chinos no ten\u00edan nada que hacer, permanec\u00edan subiendo y bajando por el ascensor. \"Por la noche charlaban en voz alta e incesantemente en sus habitaciones. Un operador de la televisi\u00f3n, que fue despertado a las dos de la madrugada, por una conversaci\u00f3n en chino ins\u00f3litamente ruidosa, decidi\u00f3 vengarse de manera equivalente. Se acerc\u00f3 de puntillas a la puerta de los conversadores con su magnet\u00f3fono y registr\u00f3 durante media hora su ch\u00e1chara. A la noche siguiente, a las cuatro de la madrugada, coloc\u00f3 el aparato a la puerta de los chinos y lo puso en marcha. Los chinos se despertaron dando chillidos\".<\/p>\n<p>Mientras, a muchas cuadras de all\u00ed, la guerra segu\u00eda su curso, se escuchaba el detonar de los obuses, el estr\u00e9pito de las metrallas, el silbido de las balas, la ronda de la muerte y su aguij\u00f3n. Ambos libros, el de Szulc y el de Niedergang contienen muchas revelaciones y relatos novedosos que obliga a un m\u00e1s detallado abordaje sobre los mismos m\u00e1s adelante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 10-5-14)\u00a0 &nbsp; Los grandes conflictos de la humanidad, desde los extremos de una personalidad asfixiante y controvertida o desde los torvos aconteceres de un hecho que marca destinos, parecen nunca terminar de contarse. 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