{"id":15416,"date":"2017-04-04T15:37:17","date_gmt":"2017-04-04T19:37:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=15416"},"modified":"2017-04-04T15:37:17","modified_gmt":"2017-04-04T19:37:17","slug":"haciendo-memoria-sobre-la-pobreza-en-republica-dominicana-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/04\/04\/haciendo-memoria-sobre-la-pobreza-en-republica-dominicana-i\/","title":{"rendered":"Haciendo memoria sobre la pobreza en Rep\u00fablica Dominicana (I)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><strong>Miseria y desaliento en bateyes del CEA<\/strong><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Arismendy Calderon (Hoy, 30-4-12)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Batey Paloma, San Pedro de Macor\u00eds<\/strong>. Las fatigadas pupilas del anciano Wilson Luis, de 81 a\u00f1os de edad, no ocultan la amargura, la frustraci\u00f3n,\u00a0 la desesperanza. Su mirada incierta se dilata en un extenso terreno bald\u00edo donde antes florec\u00eda la ca\u00f1a de az\u00facar, una planta de sabor dulce que dej\u00f3 un sabor a hiel, a quinina, en las personas que trabajaron\u00a0 y habitaron en los centros ca\u00f1eros del Consejo Estatal del Az\u00facar (CEA).<\/p>\n<p>\u0093Yo solo espero la muerte\u0094. El murmullo de Wilson apenas es perceptible. Sentado en una vieja mecedora, aprovecha la luz solar para calentarse. Un jir\u00f3n de una vieja camisa que un vecino le regal\u00f3 hace mucho tiempo cubre su fam\u00e9lico torso. El resto de su cuerpo lo cubre con una vieja manta. Comparte el antiguo y caluroso barrac\u00f3n que le sirve de albergue con ratas, cucarachas y otras alima\u00f1as.<\/p>\n<p>\u0093Aqu\u00ed no hay nada, nada que hacer, ni trabajo, ni comida, ni medicinas, nada.\u00a0 Hambre, mucha hambre, mucha miseria\u0094. Habla pausado, y narra una historia de tragedias, de incertidumbre, de falta de planes y programas sociales, de viviendas, de bonificaci\u00f3n, de pensi\u00f3n, de atenci\u00f3n m\u00e9dica, de atenci\u00f3n gubernamental. Las migajas oficiales no llegan a estas comunidades.<\/p>\n<p><strong>Wilson Luis no es la excepci\u00f3n.<\/strong> Desde que se produjo la capitalizaci\u00f3n del CEA, cientos de personas quedaron atrapadas en los bateyes, en una complicada red de miserias humanas. Algunos abandonaron el lugar o se trasladaron a otras comunidades cercanas, en busca de oportunidades para sobrevivir.<\/p>\n<p>Los que quedaron atrapados en los hilos de la compleja telara\u00f1a de estrechez, de pobreza extrema, incertidumbre, penurias, de inseguridad,\u00a0 comparten la desdicha, la desgracia y ocasionalmente raciones de alimentos que cocinan en un fog\u00f3n com\u00fan, a la interperie, usando le\u00f1a o carb\u00f3n vegetal como combustible. El gas licuado de petr\u00f3leo es un art\u00edculo de lujo en los bateyes abandonados.<\/p>\n<p>Jackeline Mej\u00eda, vecina de Wilson y de\u00a0 otros infortunados, cocina tres libras de arroz para 11 personas que dependen de ella. Pero las raciones se achican cuando hay que pasarle un plato a un necesitado. \u0093Nosotros vivimos de la gracia de Dios. Si aparece un arrocito con huevo, con espagueti, vac\u00edo, lo compartimos. Vivimos en la pobreza, como Dios manda\u0094. No hay muchas opciones culinarias. Desaparecieron las frituras, fondas, comedores y peque\u00f1os negocios de expendio de alimentos. La Le\u00f1a escasea y tumbar \u00e1rboles para quemar carb\u00f3n es riesgoso. Algunas personas tienen gallinas, cerdos, chivos, o una vaca de orde\u00f1o. Pero duermen como las guineas tuertas, por el azote de los ladrones.\u00a0 Muchos ancianos han fallecido, otros est\u00e1n enfermos. Hombres de edad promedio\u00a0 han perdido piezas dentales. No hay servicios m\u00e9dicos, ni seguro social. Los caminos vecinales empeoran, el transporte se dificulta y el agua es de mala calidad. El l\u00edquido es extra\u00eddo de pozos, con energ\u00eda el\u00e9ctrica. Si no hay luz, no hay agua. Las huellas del abandono en los bateyes del CEA son palpables.<\/p>\n<p>\u0093Dios nos ayuda a vivir, aunque sea a empujones\u0094, comenta Antonio Santana Guzm\u00e1n, de 59 a\u00f1os. \u0093El CEA nos prometi\u00f3 jubilaciones, bonificaci\u00f3n, prestaciones laborales, mejor\u00eda de viviendas, operativos m\u00e9dicos, programas sociales, nos prometieron de todo. Buche y pluma no m\u00e1.\u00a0 Nos dejaron en estos bateyes a lo que coja\u00a0 mi bon\u0094.<\/p>\n<p>Antonio Polanco se agrega al coro de lamentos: \u0093Nosotros vivimos como las ciguas, comiendo lo que encontramos. Da pena que un hombre como yo, que trabaj\u00f3 40 a\u00f1os en el CEA, me pase el d\u00eda sentado debajo de un palo, porque no hay trabajo, no hay nada que hacer. El CEA se olvid\u00f3 de nosotros. Nos dej\u00f3 aqu\u00ed para que la muerte nos lleve\u0094. Los antiguos trabajadores de las comunidades ca\u00f1eras quedaron a la deriva, abandonados a su propia suerte. Algunos j\u00f3venes \u0093motoconchan\u0094, pero no es una actividad rentable. Otros se trasladan a realizar trabajos temporales en el Consorcio Vicini, uno de los m\u00e1s antiguos del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Opera desde 1983 en San Pedro de Macor\u00eds. Sus empleados y trabajadores mantienen mejores niveles de vida.<\/p>\n<p><strong>Ley No. 141-97<\/strong><\/p>\n<p>En noviembre de 1997, en el primer Gobierno que encabez\u00f3 Leonel Fern\u00e1ndez Reyna,\u00a0 se cre\u00f3 la Comisi\u00f3n de Reforma de la Empresa\u00a0 P\u00fablica (CREP), adscrita a la Presidencia de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Uno de sus\u00a0 considerando dice: \u0093Que el patrimonio nacional puede ser utilizado eficientemente para enfrentar la pobreza y devolver parte de la deuda social contra\u00edda con el pueblo dominicano desde una \u00f3ptica de desarrollo sostenible\u0094. En su art\u00edculo tres, la referida ley describe a las empresas p\u00fablicas sujetas a la aplicaci\u00f3n de misma: Las empresas que integran la Corporaci\u00f3n Dominicana de Empresas Estatales, La Corporaci\u00f3n Dominicana de Electricidad, los hoteles que conforman la Corporaci\u00f3n de Fomento de la Industria Hotelera y el Consejo Estatal del Az\u00facar (CEA).<\/p>\n<p><strong>Radiograf\u00eda del batey<\/strong><\/p>\n<p>La vida en los bateyes abandonados por el CEA es \u00e1spera, dif\u00edcil, mon\u00f3tona, saturada de precariedades, sin emociones, ll\u00e1mese Paloma, Victorina, Gautier, Plumita, Jengibre, La Redonda, Luisa, El Blanco, Gallareta, Canonillo o La Mula. Este \u00faltimo batey fue abandonado por sus habitantes.<\/p>\n<p>Se puede escoger al azar uno de los 220 bateyes del CEA, o uno de los 54 centros ca\u00f1eros de la provincia de San Pedro de Macor\u00eds. Todos padecen los mismos s\u00edntomas de enfermedades comunes: Abandono, desempleo, hambre, desnutrici\u00f3n, desempleo, precariedad, incertidumbre, inseguridad, falta de atenci\u00f3n gubernamental, carencia de servicios\u00a0 y una retah\u00edla de problemas que afectan a cada uno de sus habitantes. Cada familia carga con la desgracia a cuesta. Los bateyeros,\u00a0 como suelen identificar despectivamente a las personas que residen en estas comunidades aisladas, tienen\u00a0 su propia historia, desgarradora, descarnada, saturada de amargas y lastimosas an\u00e9cdotas. La narran a grandes rasgos, con lujos de detalles, aunque en el fondo ninguno de ellos abrigan la esperanza de que las quejas y lamentos\u00a0 llegar\u00e1 a o\u00eddos de las autoridades responsables de su infortunio, o de los pol\u00edticos locales que ocasionalmente se desplazaban a buscar votos a esos lugares en per\u00edodos de elecciones.<\/p>\n<p>No hay diversi\u00f3n en estos bateyes. Proliferan los juegos de azar, las bancas de apuesta, los robos en peque\u00f1a escala. Los d\u00edas son iguales, de lunes a domingo. Algunos juegan partidas de domin\u00f3 para sofocar el tedio. Otros simplemente pasan los d\u00edas debajo de los \u00e1rboles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Miseria y desaliento en bateyes del CEA &nbsp; Arismendy Calderon (Hoy, 30-4-12) &nbsp; Batey Paloma, San Pedro de Macor\u00eds. Las fatigadas pupilas del anciano Wilson Luis, de 81 a\u00f1os de edad, no ocultan la amargura, la frustraci\u00f3n,\u00a0 la desesperanza. 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