{"id":15521,"date":"2017-04-08T12:05:42","date_gmt":"2017-04-08T16:05:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=15521"},"modified":"2017-04-08T12:05:42","modified_gmt":"2017-04-08T16:05:42","slug":"pedro-peix-anecdota-obra-y-leyenda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/04\/08\/pedro-peix-anecdota-obra-y-leyenda\/","title":{"rendered":"Pedro Peix: an\u00e9cdota, obra y leyenda"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 19-12-15)\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Con Pedro Peix se va una de las plumas m\u00e1s potentes y disidentes de nuestra historia literaria. Fue un rebelde motivado y consciente. Vivi\u00f3 para luchar, desde su escritura, contra los paradigmas que consideraba que estorbaban la existencia. Hizo de su pensamiento literario un escudo contra los fantasmas sociales e ideol\u00f3gicos que poblaban permanentemente su territorio de rebeld\u00eda. Escritor completo y cabal, pudo haber sido en cualquier latitud fuera de nuestro cerco isle\u00f1o, un ensayista celebrado. Pose\u00eda todas las cualidades para serlo, las mismas que acompa\u00f1aron su escritura narrativa.<\/p>\n<p>Pedro Peix es anecdotario y leyenda. Su historia personal est\u00e1 llena de sucesos, de variados matices, con los que se construye una biograf\u00eda que en el \u00e1mbito de la sociedad de escritores nuestra probablemente no tenga parang\u00f3n. Esos anales edifican el car\u00e1cter del hombre frente a su escenario social y de cara a los convencionalismos y acomodamientos humanos con los cuales nunca pareci\u00f3 sentirse a gusto. La leyenda que forj\u00f3 la hizo a pulso durante a\u00f1os de intenso discurrir sobre las grietas de la multitud que pas\u00f3 a su lado sin que \u00e9l ni siquiera se inmutase; sobre los veleidosos trajines del tiempo contra los que, con sus protagonistas, blandi\u00f3 siempre su l\u00e1tigo verbal; y con una c\u00f3lera andarina que caminaba con \u00e9l por todos los reductos de la ciudad con cuyas frivolidades nunca busc\u00f3 reconciliarse.<\/p>\n<p>El anecdotario queda pues para escribir, alg\u00fan d\u00eda, su biograf\u00eda humana. La leyenda que estuvo viva con \u00e9l durante su existencia, y que no muere con su muerte, re\u00fane la carga de su carabina de sue\u00f1os, que los tuvo, de su explosiva montadura en los rieles de sus fulminantes rel\u00e1mpagos, y del pared\u00f3n \u00e9tico que aplic\u00f3 contra su propio entorno social y literario, frente a linajes, fuller\u00edas, timos y fulguraciones que sol\u00eda llamar imp\u00edas. Ah\u00ed est\u00e1n y estar\u00e1n: an\u00e9cdota y leyenda como contraparte humana, e ideol\u00f3gica si pudiese llamarse de este modo, a un ejercicio literario que en \u00e9l fue recostadero para ignorar la befa de la peque\u00f1ez ignara, lidia para sacudir cimientos y oficio c\u00e1ustico para desestimar las avenencias y las conveniencias.<\/p>\n<p>Ning\u00fan escritor, empero, trasciende su leyenda, y el anecdotario que la construye, sino es due\u00f1o de una obra literaria trascendente. Si esta \u00faltima no existe lo que queda es un clown, un cotilleo para la tertulia gozosa o una procacidad para la chercha. Y ese no es el caso de Pedro Peix. Prefiero quedarme con su obra, que siempre me ha parecido sustanciosa y elevada. Y en esa obra inscribo su leyenda como un acopio complementario que engrandece y hace perdurable el oficio que sign\u00f3 su vida, sus luchas interiores, sus combates, sus esencias. Sola, la leyenda no se sostiene. Se levanta, erguida, con sus ascensos y descensos, solo cuando la obra otorga car\u00e1cter de permanencia a esa leyenda. Y a esta obra, vamos.<\/p>\n<p>Nadie repar\u00f3 el a\u00f1o pasado que Pedro Peix cumpli\u00f3 cuarenta a\u00f1os de ejercicio literario. Se estren\u00f3 como escritor en 1974 con una novela er\u00f3tica, \u201cEl placer est\u00e1 en el \u00faltimo piso\u201d, una pieza que estructur\u00f3 sobre lo que \u00e9l mismo denomin\u00f3 \u201cel vasto universo del sexo\u201d y \u201cel goce ilimitado de los sentidos\u201d. No hay otra igual en nuestra literatura. Tres a\u00f1os despu\u00e9s aparece su primer volumen de cuentos bajo el t\u00edtulo \u201cLas locas de la Plaza de los Almendros\u201d (1977) y comienza a situarse su nombre entre los cuentistas importantes de esa \u00e9poca, tarea que ir\u00e1 ampliando con otros t\u00edtulos que casi adquieren la categor\u00eda de memorables, porque en ellos se encuentran piezas que hoy deben figurar, con todo derecho, entre los m\u00e1s altos de la narrativa corta dominicana. Citamos: \u201cLa noche de los buzones blancos (1980) y \u201cEl fantasma de la calle El Conde\u201d (1987). Hay dos libros que Pedro quiso llamar novela corta, y cr\u00e9anme que casi estoy convencido que s\u00ed lo son, aunque no pocos ripostaron que no eran m\u00e1s que cuentos largos. \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s da? Para m\u00ed, dos joyas de esas que quedan en nuestra literatura para el disfrute, el debate y el an\u00e1lisis, que para eso y no otra cosa se ejerce el oficio de la escritura. Se trata de \u201cLos despojos del c\u00f3ndor\u201d (1983) y \u201cPormenores de una servidumbre\u201d (1985). En ese momento, Pedro Peix est\u00e1 ya en la cresta de la ola. Es objeto de la atenci\u00f3n cr\u00edtica, lectura obligada de su tiempo, centro de discusi\u00f3n; comienzan a llegarle las diademas pero tambi\u00e9n las llamas. De pronto, el ambiente se enrarece, surgen conflictos donde casi corre la sangre. Pedro sabr\u00e1 defenderse. A capa y espada.<\/p>\n<p>Seguir\u00e1 incidiendo. El aire sesentista lo arropa, pero su debut es en los setentas y los ochentas es su jubileo. Es su d\u00e9cada consagratoria. Rey indiscutible de los premios anuales de Casa de Teatro, alcanza otros lauros importantes. Junto a sus libros mencionados, publicar\u00e1 su otra novela, \u201cEl brigadier\u201d, subtitulada \u201cLa f\u00e1bula del lobo y el sargento\u201d, su \u00fanico poemario, \u201cEl para\u00edso de la memoria\u201d, y su c\u00e9lebre antolog\u00eda de cuentos \u201cLa narrativa yugulada\u201d, un aut\u00e9ntico acontecimiento, donde figuran los que deb\u00edan figurar, en una selecci\u00f3n que, todav\u00eda hoy, es referencia obligada. En ese mismo decenio, como si de un tropel apresurado de conquistas se tratara, publica junto a Tony Raful otro libro referencial: \u201cEl s\u00edndrome de Pen\u00e9lope en la poes\u00eda dominicana\u201d, una antolog\u00eda b\u00e1sica de poes\u00eda dominicana.<\/p>\n<p>No faltaba m\u00e1s. Eso parec\u00eda. La obra literaria de Pedro Peix estaba hecha. Cuando llevaba a\u00f1os sin publicar hizo su aparici\u00f3n \u201cEl clan de los b\u00f3lidos pesados\u201d, una novela (quiero llamarla as\u00ed) salida de cauce. Decir experimental es trillar una cursiler\u00eda. Delirante, irreverente, el \u201ccapo imaginante, liquidador de quimeras\u201d biografiaba su rebeld\u00eda, sus dolencias y sus tormentas siderales. En un volumen exquisitamente editado por el propio autor, encerr\u00f3 con el texto demoledor un conjunto de im\u00e1genes jacareras, indecorosas, profanas, de esas que producen regurgitaciones, flujos y tembladeras. Fue su despedida de la literatura. Corr\u00eda el 2010. Cinco a\u00f1os antes de salir de este mundo. Justo all\u00ed preludi\u00f3 su final. Esto dijo: \u201cEs un hecho cierto que Pedro Peix lleg\u00f3 al planeta a mediados del siglo XX y que muri\u00f3 o deber\u00e1 morir en el 2010 o en los primeros lustros del nuevo milenio. Si despu\u00e9s de esta fecha alguien lo ve con vida o caminando por la Zona Colonial, seguro que ya se convirti\u00f3 en \u2018El fantasma de la calle El Conde\u2019, un pr\u00f3fugo del amor, un seductor de quilates embriagado entre el sudor y la hez de la Maligna, para otros un mis\u00e1ntropo urbano dando vueltas en su enloquecido mapa de tugurios, y para otros m\u00e1s un mito abyecto, ya descristianizado por el Index de la C\u00f3lera, o finalmente un rom\u00e1ntico y altivo alter-ego de la muerte\u201d.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas decidi\u00f3 partir. Es un decir. Pienso que hace tiempo que hab\u00eda hecho mutis para la sociedad literaria y para el pa\u00eds cultural dominicano. Desde que se encerr\u00f3 en sus laberintos y puso punto final a sus figuraciones p\u00fablicas. Ahora ha muerto con certeza para que comience a crecer la gran obra que su vida y su trajinar produjo. Una obra narrativa que est\u00e1 ah\u00ed para ser rele\u00edda y evaluada con justicia y sin empeque\u00f1ecimientos que no merece. Y una obra ensay\u00edstica, distribuida fundamentalmente en peri\u00f3dicos y, en los \u00faltimos a\u00f1os, en sueltos que distribu\u00eda en la calle El Conde, que merece ser recogida porque es tan sustancial y valiosa como sus cuentos, largos o cortos. Hace rato que alcanz\u00f3 un puesto de honor en nuestra narrativa y en nuestra ensay\u00edstica. Como hace rato que merec\u00eda el Premio Nacional de Literatura que iba a llegarle, con toda seguridad, muy pronto. Cre\u00eda desde hac\u00eda a\u00f1os que morir\u00eda joven. Y casi parec\u00eda anhelarlo. Hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os me dej\u00f3 como legado un archivo fotogr\u00e1fico con sus textos, de tono controversial pero con su perspicacia avasalladora, para que yo los publicase despu\u00e9s de que \u00e9l muriese. Impresionado por su muerte, cuando hace apenas un par de semanas que muri\u00f3 su madre a quien \u00e9l tanto atesoraba, he de recordarlo, al igual que debe hacerlo toda la comunidad literaria del pa\u00eds dominicano, con su m\u00e1s valiosa virtud: su capacidad y brillantez como escritor y los aportes que hizo, sin reproche alguno, al decurso de nuestra narrativa. De Pedro Peix habr\u00e1 de seguirse hablando por mucho tiempo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 19-12-15)\u00a0 &nbsp; Con Pedro Peix se va una de las plumas m\u00e1s potentes y disidentes de nuestra historia literaria. Fue un rebelde motivado y consciente. Vivi\u00f3 para luchar, desde su escritura, contra los paradigmas que consideraba que estorbaban la existencia. 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