{"id":17185,"date":"2017-06-17T06:01:38","date_gmt":"2017-06-17T10:01:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=17185"},"modified":"2017-06-15T14:20:04","modified_gmt":"2017-06-15T18:20:04","slug":"se-me-fue-la-lisa-despues-de-segura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/06\/17\/se-me-fue-la-lisa-despues-de-segura\/","title":{"rendered":"Se me fue la lisa despu\u00e9s de segura"},"content":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 7-3-15)<\/p>\n<p>Fue una vieja y destartalada Underwood la primera m\u00e1quina de escribir donde se posaron mis manos infantiles para aprender a usar aquel artefacto m\u00e1gico \u2013lo era- donde el profesor Guzm\u00e1n supervisaba con rigurosa disciplina y afectuosas maneras el aprendizaje de cada \u00e1rea del instrumento: el teclado, la palanca de carro libre, el tabulador, la tecla de retroceso, las teclas de cambios de may\u00fasculas, la palanca para rotar el rodillo, la cinta entintada que tantas veces se enredaba, y as\u00ed todas y cada una de las piezas que terminar\u00edamos manejando con destreza al cabo de seis meses de diario batallar en el \u00fanico espacio en la ciudad nativa dedicado al conocimiento de este imprescindible oficio.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que utilizar todos los dedos de ambas manos en el uso del teclado, y el profesor vigilaba permanentemente que esta norma se cumpliese a la perfecci\u00f3n, ocult\u00e1ndose a veces detr\u00e1s de los portones o apareciendo de improviso, sin que lo advirti\u00e9ramos, para reclamar la estricta atenci\u00f3n a la regla impuesta. Y, en efecto, cumpl\u00edamos con el procedimiento, que adem\u00e1s era imprescindible para superar el examen final y graduarnos de mecan\u00f3grafos, en medio de una competencia para ver el que escrib\u00eda la mayor cantidad de palabras por minuto.<\/p>\n<p>Aquella Underwood de carro ancho, armatoste de buen uso, fue luego sustituida por la italiana Olivetti, m\u00e1s flexible y amigable. No la olvido porque fue mi primera m\u00e1quina de escribir propia. Port\u00e1til, terminaba siempre en las manos de algunos de mis amigos que la reclamaban para escribir uno que otro trabajo encomendado por la profesora de literatura de la secundaria. Cu\u00e1nto dar\u00eda hoy por haberla conservado, porque aquella se\u00f1orita de formas recogidas \u2013sobre todo frente a la grandota, hombruna y pol\u00e9mica Underwood- era cordial\u00edsima con nuestros dedos y permit\u00eda que los mismos se deslizasen con mayor agilidad sobre el teclado, casi como una caricia frente al dinosaurio que utilizaba para ense\u00f1ar el manejo del instrumento el profesor Guzm\u00e1n en su instituto.<\/p>\n<p>Hubo otra port\u00e1til, Smith-Corona, que sustituy\u00f3 la Olivetti que hubo de ser retirada despu\u00e9s de largo uso. Y luego, se conoci\u00f3 la Remington. Claro, c\u00f3mo olvidarla. Remington es una marca ligada a las andadas guerreras del oeste norteamericano. Sello de armas tomar, junto a su competencia, la Colt, se repartieron la sangre y la violencia que se disemin\u00f3 a raudales en aquellas refriegas constantes que el cine traslad\u00f3 con todos sus destellos y bravuras salvajes en hist\u00f3ricos filmes que nos convocar\u00edan a\u00f1os m\u00e1s luego a buscar en esos caminos, para entonces polvorientos y peligrosos del oeste USA, las huellas de los cowboys Gene Autry y Hopalong Cassidy, persiguiendo indios navajo o coyotes o simplemente hombres destinados a la muerte tras las puertas m\u00f3viles de una cantina o entre los cactus que todav\u00eda florecen en las agrestes llanuras de Arizona.<\/p>\n<p>M\u00edster Remington y sus hijos se dieron cuenta a tiempo que esa fragua guerrera estaba llegando a su fin, y comenzaron a producir la m\u00e1quina de escribir, un invento portentoso que permit\u00eda agilizar la escritura, forjar una letra legible y abandonar el l\u00e1piz y papel que tambi\u00e9n fue, en su momento, un gran invento frente a los pasos que la evoluci\u00f3n hubo de enfrentar para que la humanidad produjera la escritura con mayor facilidad y se originase una mejorada comunicaci\u00f3n entre nuestros cong\u00e9neres. Pero, Remington no invent\u00f3 la maquinilla. Fue creada con anterioridad y los hijos del productor de armas compraron la patente y convirtieron su nuevo producto estrella en un icono universal.<\/p>\n<p>Pasando las p\u00e1ginas con rapidez, hemos de llegar a la adorada IBM, una verdadera sensaci\u00f3n en su \u00e9poca, porque el artefacto mec\u00e1nico pas\u00f3 a ser el\u00e9ctrico, y la agilidad adquiri\u00f3 un nivel insospechado, y de la cinta entintada que produc\u00eda sinsabores a granel cuando entraba en crisis y se enredaba en su traj\u00edn, pasamos a la bola esf\u00e9rica -\u00bfla recuerdan?- que otorgaba un cariz diferente al ejercicio mecanogr\u00e1fico. Al principio, solo era potestad de algunos \u2013las secretarias de los jefes, por ejemplo- pero, con el tiempo, como siempre pasa, se democratiz\u00f3 la adquisici\u00f3n de esa IBM que levant\u00f3 una marca industrial equivalente a la Microsoft de nuestros d\u00edas actuales.<\/p>\n<p>Pero, antes, y despu\u00e9s, fue la Olympia que fue mec\u00e1nica y el\u00e9ctrica tambi\u00e9n. Hab\u00eda una grandota, en casa de mi t\u00eda, donde yo escrib\u00eda en los espacios libres de mis estudios universitarios en la UNPHU en la tarde y mi trabajo como periodista radial en la ma\u00f1ana. En una de \u00e9sas escrib\u00ed mi primer libro, la biograf\u00eda de Domingo Moreno Jimenes, cuando al llegar de la universidad encontraba el sosiego necesario en las horas nocturnas para esta tarea. Mi \u00faltima m\u00e1quina de escribir, donde la \u00e9poca finaliz\u00f3 (las marcas ya mencionadas que a\u00fan existen hace rato que hicieron el crossover a la computadora), fue una Olympia mec\u00e1nica donde perge\u00f1\u00e9 decenas de articulillos, cartas, todo lo que fuese necesario escribir en ese teclado duro que dejaba los dedos adoloridos y donde llegu\u00e9 a escribir uno o dos de mis libros m\u00e1s viejos. Ahora cuando escribo en esta laptop Sony, mientras dejo descansar la Samsung de pantalla gigante, la veo acurrucada en un rinc\u00f3n como una aut\u00e9ntica pieza de museo que guarda muchos recuerdos y que uno de mis nietos, el m\u00e1s asiduo en la casa, a pesar de mis advertencias continuas a no \u201cda\u00f1ar la m\u00e1quina\u201d (que hace a\u00f1os est\u00e1 inservible), la utiliza como su juguete preferido y mientras \u201cescribe\u201d (tarea imposible) o mueve su destartalado carruaje (solo en la imaginaci\u00f3n, porque el nieto mismo se ocup\u00f3 de paralizar su tr\u00e1nsito) le habla cosas que no puedo entender como a un amigo que \u00e9l ignora que lo escucha porque en sus adentros, sobre su carro-teclado-timbre-palanca se esconde una historia inolvidable que el tiempo se llev\u00f3 irremediablemente a sus arcanos para dar paso a otra realidad. (Por un anuncio que encontr\u00e9 en internet supe que en alguna parte de Europa este mismo modelo de Olympia que conservo se vende a quince euros, funcionando a\u00fan).<\/p>\n<p>En esa otra realidad a la que dieron paso las viejas Underwood, Remington, Olivetti, Smith-Corona, IBM y Olympia, estamos inmersos todos desde hace ya largo tiempo. As\u00ed como me negu\u00e9 a recibir gratis, como fue al principio, la instalaci\u00f3n del cable, porque iba a modificar mis gustos televisivos y a inyectarme la propaganda comercial \u201cimperialista\u201d, del mismo modo continu\u00e9 impert\u00e9rrito con mi vieja m\u00e1quina de escribir cuando los tiempos comenzaron a ense\u00f1arnos las nuevas formas de la escritura y todos sus atajos. Pero, eso es ya historia. Frente a ella estamos y contra ella nada podemos. Es invulnerable. Insustituible. Vital. Recia. De forzosa y necesaria utilidad. A nada teme. Nada le espanta. Solo ella manda.<\/p>\n<p>Con la m\u00e1quina de escribir, nada se archivaba, salvo la copia a carb\u00f3n, que por cierto detestaba. A la PC, en cualquiera de sus manifestaciones, hay que indicarle lo que guarde y lo que no se pierde para siempre. Y ocurren deslices que alcanzan niveles muchas veces de tragedia. Le ha ocurrido a tantos. Un amigo escritor que reside en Bruselas me contaba en d\u00edas pasados sobre la p\u00e9rdida de dos de sus libros, p\u00e9rdidas irreparables que ocurren cuando a uno de estos artefactos de guerra cotidiana \u2013como las mort\u00edferas Remington del oeste, la computadora es un instrumento para uno guerrear la vida desde sus distintas formas y especies- les \u201ccoge\u201d con fraguar alguna maldad invencible.<\/p>\n<p>Me ocurri\u00f3 a m\u00ed la semana pasada mientras escrib\u00eda mi art\u00edculo semanal para Diario Libre. Justo cuando entraba en los p\u00e1rrafos finales, una todav\u00eda inexplicable travesura que la tecnolog\u00eda atesora por montones, tach\u00f3 \u2013esfum\u00f3, desvaneci\u00f3- todo lo escrito, sin que todav\u00eda haya sido posible encontrar lo perdido. Fue cosa de segundos. Escribo con rapidez, desde los a\u00f1os en que el profesor Guzm\u00e1n me ense\u00f1\u00f3 a laborar sobre aquella vieja Underwood, y no tanto por sus virtudes educacionales, sino por las trampas que yo, como otros, siempre pusimos sobre sus estrictas observaciones. Salvo en su presencia y para las pruebas finales de fin del entrenamiento, siempre escribimos utilizando dos o tres dedos. Un d\u00eda observ\u00e9 a don Rafael Herrera hacer lo mismo (eran solo dos en su caso) y me sent\u00ed realizado en grado sumo. Al escribir r\u00e1pido, se nos olvida a veces ir archivando lo que escribimos. Pero, esta vez, todo estaba \u201cgrabado\u201d salvo ese p\u00e1rrafo casi \u00faltimo con el que pens\u00e1bamos coronar un art\u00edculo sobre b\u00e9isbol. Y de batacazo vil \u2013no podr\u00eda ser de otra manera- todo el esfuerzo se vino abajo. Sin saber c\u00f3mo, aquel escrito dej\u00f3 de existir. Uno de mis hijos, el m\u00e1s experto en el asunto, vino de su trabajo a auxiliarme ante mi grito desesperanzado y angustiante. Horas sobre la \u201cm\u00e1quina\u201d, y nada. Algunas explicaciones no me convencieron. Pero, todo estaba consumado. Se me fue la lisa despu\u00e9s de segura. La lisa es un pescado de r\u00edo que casi siempre se hace dif\u00edcil que se prenda al anzuelo. Un c\u00e9lebre merengue lo transform\u00f3 en pesca amatoria, cuando se perd\u00eda la oportunidad de conquista justo en el instante en que parec\u00eda indubitable la presa.<\/p>\n<p>Mi \u00e1nimo escritural se bloque\u00f3 por un par de d\u00edas en que no desee volver a ver siquiera de lejos mi indispensable laptop. Hoy quise intentar recuperar mentalmente lo escrito la pasada semana, pero tom\u00e9 la decisi\u00f3n de contar mi peque\u00f1a tragedia para formular el conjuro y hacer desaparecer el duende ro\u00f1oso, pijotero y revoltoso que esfum\u00f3 mis letras de s\u00e1bado para siempre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. 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