{"id":17254,"date":"2017-06-19T13:44:12","date_gmt":"2017-06-19T17:44:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=17254"},"modified":"2017-06-19T13:44:12","modified_gmt":"2017-06-19T17:44:12","slug":"alguien-mueve-los-hilos-del-azar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/06\/19\/alguien-mueve-los-hilos-del-azar\/","title":{"rendered":"Alguien mueve los hilos del azar"},"content":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 14-3-15)<\/p>\n<p>Hay un manual muy generalizado \u2013que ignoro si todos los pol\u00edticos, comunicadores y escribanos de la cotidianidad lo asumen- de que para conocer el tejido del ejercicio pol\u00edtico hay que consumir cuatro o cinco textos que se han constituido en ejes cardinales -\u00bfy transversales?- para poder entender los movimientos (hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, hacia la cima y hacia los abismos) que se producen en ese siempre fatigoso terreno.<\/p>\n<p>Los cl\u00e1sicos: \u201cEl pr\u00edncipe\u201d de Maquiavelo (\u00bfcu\u00e1ntos lo habr\u00e1n le\u00eddo y comprendido a cabalidad?), \u201cPol\u00edtica y Literatura\u201d de Azor\u00edn, \u201cLa pol\u00edtica\u201d de Arist\u00f3teles, y \u201cEl cortesano\u201d de Baltasar de Castiglione. Otros incluyen: \u201cEl arte de la guerra\u201d de Sun Tzu, \u201cDe la guerra\u201d de Carl von Clausewitz, y \u201cEl arte de la prudencia\u201d de Graci\u00e1n. Se agrega uno m\u00e1s, de amplio consumo en las \u00faltimas \u00e9pocas\u201d \u201cLas 48 leyes del Poder\u201d de Robert Greene. Y yo agregar\u00eda dos libros que le\u00ed mucho antes que los anteriores que he citado: \u201cEl arte del liderazgo\u201d de Thomas Cleary (basada en las pr\u00e1cticas filos\u00f3ficas y pol\u00edticas del zen chino de la dinast\u00eda Sung, del siglo X al XIII), y un libro de los sesenta: \u201cEl arte de dirigir\u201d de Gaston Courtois. En el caso de Shakespeare, toda su obra dram\u00e1tica est\u00e1 fundamentada en el poder pol\u00edtico y en el ejercicio del poder, y no solo desde el gobierno o desde la guerra y la violencia, sino el poder en la familia y en el amor.<\/p>\n<p>Me temo empero que ha faltado un texto que hace muy poco tiempo he conocido: \u201cEl arte de medrar. Manual del trepador\u201d del franc\u00e9s Maurice Joly, autor de \u201cDi\u00e1logo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu\u201d, una s\u00e1tira contra el emperador que le cost\u00f3 dos a\u00f1os de c\u00e1rcel, y que planteaba el viejo dram\u00f3n entre la democracia y el autoritarismo. Maquiavelo revela y suscribe las artima\u00f1as del poder absoluto y Montesquieu hace la defensa de la ley y de la democracia. Estando preso, Joly escribi\u00f3 \u201cEl arte de medrar\u201d y este libro no se conoce mucho entre nosotros porque fue publicado en 1867 y es apenas en 2002, hace trece a\u00f1os, que se public\u00f3 en espa\u00f1ol, o sea casi un siglo y medio despu\u00e9s.<\/p>\n<p>De este libro formidable, que a mi juicio supera aspectos de varios de los textos tan conocidos que hemos mencionado, me interesa abordar brevemente el tema del azar en todos los movimientos de la vida humana y que como se\u00f1ala Joly \u201ces la idea favorita de este libro\u201d, porque de ella \u201cse derivan todos sus desarrollos\u201d. En la pol\u00edtica, en el amor, en la fortuna y en la fama, \u201cjugar con talento, siguiendo todas las reglas y sin cometer fallos: \u00e9ste es el arte de la vida\u201d, dice el autor.<\/p>\n<p>Tony Raful en su importante ensayo sobre el azar como categor\u00eda hist\u00f3rica, intern\u00e1ndose en el periodo que va desde el inicio de la dictadura en 1930 hasta la revoluci\u00f3n abrile\u00f1a en 1965, ejemplariza esta concepci\u00f3n bas\u00e1ndose en la presencia del Cisne Negro en el \u201cdesconcierto de lo imprevisible\u201d. Raful se sirve de una obra reciente, de 2007, del liban\u00e9s-norteamericano Nassim Nicholas Taleb titulada \u201cEl Cisne Negro, el impacto de lo altamente improbable\u201d para encontrar las razones que buscan otorgar aval a su examen sobre la presencia del azar en los acontecimientos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Joly se dio cuenta que el azar no era un elemento subalterno en el flujo de la vida humana. Dir\u00edamos, un simple acto fortuito, una clave no exenta de superstici\u00f3n. No. \u201cEl azar ocupa un lugar tan grande en la vida que, seg\u00fan como se mire, solo existe el azar\u201d, afirma en pleno siglo diecinueve este abogado y escritor, amigo personal de V\u00edctor Hugo. Para Joly, en la vida las oportunidades favorables est\u00e1n desigualmente repartidas, a pesar de ser infinitas. Hay hombres que sabr\u00e1n jugar bien y recoger la raci\u00f3n que les corresponde de esas oportunidades, y hay otros muchos que nunca recibir\u00e1n esa raci\u00f3n, porque hay personas con una \u201cineptitud org\u00e1nica\u201d para que la fortuna siempre le d\u00e9 la espalda. Esas oportunidades diversas e infinitas, algunas llegan pronto, otras se tardan m\u00e1s, pero han de llegar; muchas trotan con lentitud, pero las hay que \u201cact\u00faan inesperada y directamente sobre el destino\u201d. Aqu\u00ed es donde el azar juega su partida.<\/p>\n<p>Cuenta Joly esta an\u00e9cdota para confirmar la certeza de la presencia del azar en los sucesos hist\u00f3ricos. Durante la Regencia francesa, exist\u00eda un pol\u00edtico apellidado Chavigny, que ten\u00eda fama de intrigante y buscaba por todos los medios introducirse en la corte. Al no poder lograrlo, parti\u00f3 a Holanda obviamente desilusionado. Durante el trayecto, al sentirse enfermo se ve obligado a buscar refugio en una posada atendida por muchachas de generoso servicio. Estando all\u00ed, la due\u00f1a de la casa reclama a la joven que acompa\u00f1a al personaje en ese momento para que prepare con urgencia la misma habitaci\u00f3n que ocupaba Chavigny pues llegaban dos ministros del gobierno franc\u00e9s que acostumbraban utilizar dicha rec\u00e1mara para almuerzos en privado. No hubo tiempo para que Chavigny se esfumara del lugar y a la muchacha que le serv\u00eda se le ocurri\u00f3 encerrarlo en un armario. As\u00ed pudo enterarse \u00e9ste de la intriga pol\u00edtica que urd\u00edan los ministros, destinada a eliminar de la regencia al duque de Orleans. Ambos quedaron de verse al d\u00eda siguiente para finiquitar su plan. Chavigny logra que su amiga le guarde de nuevo en el armario en el convencimiento de que el azar le pon\u00eda en sus manos una oportunidad de oro para cumplir su prop\u00f3sito de introducirse en la corte. Este nuevo encierro de los ministros en la habitaci\u00f3n donde Chavigny se despachaba a gusto con su damisela, result\u00f3 ser m\u00e1s largo que el anterior y, por tanto, m\u00e1s expl\u00edcitos los detalles abordados de la trama concebida por los dos funcionarios. Con el secreto a manos, Chavigny busc\u00f3 audiencia con el duque de Orleans, a quien dio a conocer sus noticias, atribuyendo las mismas desde luego a revelaciones de contactos de alto nivel y no a su accidental presencia en aquel lupanar de lujo. Como Chavigny ten\u00eda fama de intrigante y perverso, el conde no hizo caso a su delaci\u00f3n y calific\u00f3 las mismas de fabulaciones, orden\u00e1ndole retirarse de su presencia. Fue aqu\u00ed cuando Chavigny, tranquilo, sin impacientarse, due\u00f1o de su secreto, ratific\u00f3 lo informado al duque a quien le propuso encerrarlo en La Bastilla si los hechos no confirmaban sus palabras. El regente asinti\u00f3 y ha de suponerse que todo cuanto Chavigny hab\u00eda anunciado se cumpli\u00f3, el complot fue desmantelado, los ministros apresados y el personaje cumpli\u00f3 su ambici\u00f3n de llegar a la corte, ser parte del grupo de confianza del duque y finalmente recibir el t\u00edtulo de conde.<\/p>\n<p>Eso es el azar, que cuando entra en el juego de la historia se convierte en una aut\u00e9ntica categor\u00eda filos\u00f3fica y pol\u00edtica. El azar est\u00e1 \u201cen el pensamiento que engendra la acci\u00f3n; est\u00e1 hasta en las variaciones del temperamento que reacciona con el pensamiento, que reacciona con la acci\u00f3n, por no hablar de las causas externas puramente f\u00edsicas, cuya intervenci\u00f3n no est\u00e1 jam\u00e1s prevista\u201d. Y es en la pol\u00edtica donde \u201cestos matices tan maravillosos son m\u00e1s sensibles\u201d. Veamos este ejemplo de Napole\u00f3n, quien sol\u00eda burlarse de los periodistas y opinadores de su \u00e9poca que le atribu\u00edan maquinaciones de largo alcance, cuando \u00e9l confiaba a sus \u00edntimos que viv\u00eda el d\u00eda-a-d\u00eda, y por eso el azar siempre le fue propicio. Veamos este ejemplo.<\/p>\n<p>En agosto de 1798, Napole\u00f3n abandona Egipto y sale rumbo a Francia sin que su ej\u00e9rcito se entere. Deja un sobre lacrado designando a Kl\u00e9ber jefe militar de Egipto. La que emprend\u00eda era una traves\u00eda peligrosa. \u201cEran precisos vientos favorables, escapar de las escuadras inglesas, y finalmente llegar a Francia antes que los despachos amenazantes que Kl\u00e9ber no dejar\u00eda de enviar al Directorio en cuanto conociera la situaci\u00f3n\u201d, conforme narra Joly. Durante veinti\u00fan d\u00edas los vientos contrarios hacen retroceder los dos nav\u00edos hacia las aguas de Egipto o de Siria. \u00bfVolver a puerto? De pronto, los vientos cambian y superan los escollos. Otro viento en contra los hace detenerse, y transcurre una semana en medio del peligro. Si los ingleses se enteran que el emperador de Francia est\u00e1 varado en C\u00f3rcega, all\u00ed mismo concluye la historia de Bonaparte. Elevan anclas. Mientras la navegaci\u00f3n transcurre en calma, la tripulaci\u00f3n avista de pronto una escuadra inglesa de catorce velas, que termina pasando al lado de las fragatas de Napole\u00f3n pensando que se trata de un convoy de abastecimiento.<\/p>\n<p>La flota inglesa comprueba, ya tarde, que ha cometido un error. Se habla de nuevo de regresar a puerto. Bonaparte se niega esperando que los vientos le favorezcan y decide avanzar a toda vela, preparado para cualquier eventualidad. Napole\u00f3n ya tiene todo ordenado por si fracasa. Pero, con los primeros rayos del alba observan que la flota inglesa avanza en l\u00ednea contraria. Teme todav\u00eda Napole\u00f3n que el mensaje de Kl\u00e9ber, de que ha abandonado a su ej\u00e9rcito sin permiso del Directorio, llegue primero y afecte su fortuna. Pero, al arribar a su destino, miles de personas, avisadas de su llegada, le reciben con clamores y entusiasmo. Bonaparte ordena a su tripulaci\u00f3n bajar a tierra empujado por la decisi\u00f3n del soberano. \u201c\u00a1El destino se cumple!\u201d, dice Joly. \u201cToda la teor\u00eda del azar se halla en esta traves\u00eda, ah\u00ed se la puede estudiar, como el m\u00e9dico estudia los fen\u00f3menos de la vida en la naturaleza muerta\u201d. El azar es un componente esencial de la vida humana. Desde su car\u00e1cter, \u201cganar es estar en la corriente de las oportunidades propicias; perder es haber perdido el sentido de su direcci\u00f3n\u201d. Por eso, \u201cla suprema habilidad en pol\u00edtica consiste en crear el azar y no sufrirlo\u201d. Tengo presente ahora una pieza narrativa de la literatura dominicana que conjuga brillantemente el juego del azar: \u201cAlguien mueve los hilos del azar en esta ma\u00f1ana de verano\u201d de Ren\u00e9 Rodr\u00edguez Soriano (1991). En la pol\u00edtica, en la vida, en el amor, alguien siempre mueve el cisne negro del azar, en un flujo y reflujo, oscilaciones y desviaciones que \u201csolo parecen irregulares cuando se las observa en un espacio restringido o en una escala de tiempo limitada\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. 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