{"id":17488,"date":"2017-06-28T12:10:23","date_gmt":"2017-06-28T16:10:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=17488"},"modified":"2017-06-28T12:10:23","modified_gmt":"2017-06-28T16:10:23","slug":"gimnasio-en-el-hotel-universal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/06\/28\/gimnasio-en-el-hotel-universal\/","title":{"rendered":"Gimnasio en el Hotel Universal"},"content":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 3-9-11)<\/p>\n<p>Eran los a\u00f1os postreros de la dictadura. El fuego expedicionario de junio del 59 hab\u00eda quedado atr\u00e1s, dejando una secuela de monta\u00f1as quemadas en la Constanza ed\u00e9nica de mis veraneos infantiles. De s\u00f3rdidos relatos de torturas y fusilamientos masivos en San Isidro -\"hasta los muchachos cadetes son obligados a participar en esas cosas\", se dec\u00eda por lo bajo. Desde La Voz Dominicana radiodifund\u00edan los nombres, tras lo cual, en tono enf\u00e1ticamente macabro, se declaraba: \"muerto\". Cero Invasi\u00f3n -una obra de don Paco Escribano exhibida en un teatro de la Trujillo Valdez- relataba la tr\u00e1gica suerte de uno de los hambrientos \"barbudos\", muerto a mazazos por una campesina que le habr\u00eda brindado albergue. Delio, vestido impecable con un traje azul que hac\u00eda juego con el color de sus ojos, era mostrado de vez en cuando en El Embajador para consumo de la prensa internacional. Se iniciaban los d\u00edas duros de la represi\u00f3n, la rebeld\u00eda juvenil, la tensi\u00f3n con la Iglesia, Radio Caribe, el atentado a Betancourt y las sanciones de San Jos\u00e9. El reiterativo tac-tac-tac de los temibles cepillos del SIM marc\u00e1ndole el paso al peat\u00f3n, expuesto al \"m\u00f3ntate aqu\u00ed\".<\/p>\n<p>Yo andaba entre los 12 y los 13, no ajeno a estos asuntos que me iban \"abriendo los ojos\", verificados algunos episodios en mis narices -como el apresamiento en noviembre de 1960 del grupo Nueva Trinitaria integrado por mis compa\u00f1eros de barrio adolescentes de mayor edad y mi profesor Casado Soler, operando a solo una cuadra del Palacio Nacional, la muerte de mi amigo Aldo D&#8217;Alessandro, o la visita al SIM acompa\u00f1ando a mi madre para responder por el parentesco con Jes\u00fas del Castillo D\u00edaz, expedicionario del 59. Mi barrio ocupado por el SIM. Con Estrada Malleta, uno de los matadores de las hermanas Mirabal, haciendo servicio en la puerta de casa. Pero lo m\u00edo, fuera de los estudios, los deportes, el cine, la televisi\u00f3n, los bailecitos, la crianza de peces, era entonces el fisicoculturismo y la lucha libre.<\/p>\n<p>Charles Atlas y su m\u00e9todo de tensi\u00f3n din\u00e1mica que se promov\u00eda en la contraportada de los \"paquitos\" impresos en M\u00e9xico -comprados semanalmente en la Librer\u00eda Amengual y en la Quisqueya, de Chich\u00ed, en la 30 de Marzo- brindaba una opci\u00f3n econ\u00f3mica y casera de ejercicios, cuya rutina realizaba antes de la ducha, a veces en el ba\u00f1o mismo. Su cuerpo bronceado y atl\u00e9tico, con el antes y despu\u00e9s, exhortaba a los alfe\u00f1iques a dejar de serlo y seguirlo a \u00e9l por una senda que garantizaba el \u00e9xito con las mujeres. Lo otro eran las pesas. Billy Guti\u00e9rrez fue mi primer instructor, en el gimnasio de patio que ten\u00eda en la Galv\u00e1n, dotado de barras, argollas, banca para realizar press, tabla de flexi\u00f3n, poleas, pesas de cemento y de hierro. Un instructor fenomenal el querido amigo Billy, con su cuerpo herc\u00faleo flexible, karateca por dem\u00e1s y solidario. Un good-looking que encandilaba a las damas en las fiestecitas.<\/p>\n<p>Mi segundo entrenador en el techo de su casa en la San Francisco de Macor\u00eds fue C\u00e9sar Tirado, m\u00e1s inclinado por las barras y las flexiones, quien tambi\u00e9n me instruy\u00f3 en nataci\u00f3n y clavadismo, que practic\u00e1bamos los s\u00e1bados en la piscina del Jaragua, con Per\u00f3n y todo leyendo la prensa. Su hermano Gustavo participaba, con menor entusiasmo atl\u00e9tico, m\u00e1s motivado por la ciencia y la t\u00e9cnica que reforz\u00f3 en M\u00e9xico, en cuyos campos agron\u00f3micos llegar\u00eda a descollar en el Instituto Dominicano del Tabaco y en la Secretar\u00eda de Agricultura. Rafuche Rodr\u00edguez fue otra referencia barrial en eso de darle a las pesas, as\u00ed como Rafael P\u00e9rez, al lado de mi abuela, en La Trinitaria. En gimnasios de patio, donde la nobleza de dos latas de pintura alojaba el cemento, empatadas por una barra de tuber\u00eda de hierro. Una puerta vieja desechada prove\u00eda la madera para hacer un banco, una tabla de flexi\u00f3n o el marco del tragaluz serv\u00eda para practicar \"barra\".<\/p>\n<p>Recuerdo que hice una fabulosa colecci\u00f3n de la revista Muscle Power. All\u00ed encontraba todo tipo de rutinas de ejercicios, relatos testimoniales, consejos pr\u00e1cticos y ofertas de productos relacionados con el mundo del fisicoculturismo. De ah\u00ed las visitas a la Casa de los Cuadritos en la avenida Mella para comprar mancuernas, barras y discos, extensores y latas de s\u00faper c\u00e1psulas de prote\u00ednas de soya de la afamada marca Weider, suplemento nutricional para obtener volumen. En esas estaba cuando supe del gimnasio de Bienvenido Polanco, alias Definido en alusi\u00f3n a la extraordinaria definici\u00f3n muscular que mostraba su cuerpo, esculpido a cincel, desgrasado, en el cual cada fibra se evidenciaba a fuer de tensi\u00f3n. Un mulato buenmozo y caballero, disciplinado y serio, de ojazos morenos. El Definido era tambi\u00e9n, maestro de fisicoculturismo aparte, un diestro levantador de pesas, entrenador \u00e9l mismo de los mejores levantadores de cilindros del pa\u00eds. Por eso su amplio local, situado en el patio del Hotel Universal, al descubierto, con facilidades de duchas y vestidores, era frecuentado por Pisandro Mini\u00f1o, Jos\u00e9 M\u00e1rquez y otros cultores de este deporte.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como me inscrib\u00ed en ese gimnasio, por la m\u00f3dica suma de 5 pesos mensuales. Todas las tardes, tras la salida del colegio, enrumbaba hacia la arzobispo Nouel justo donde est\u00e1 hoy el Museo de la Resistencia. All\u00ed era yo una suerte de mascota, recibiendo las instrucciones de Definido y las atenciones de los otros compa\u00f1eros m\u00e1s veteranos en eso de \"darle duro a los jierros\". Luego de traspasar un primer patio interior, observado por la mirada vigilante de la due\u00f1a del hotel -una se\u00f1ora que se pintaba el rostro, se acicalaba como si fuera domingo y arrellanada manten\u00eda la vig\u00eda desde el balc\u00f3n de la segunda planta- se llegaba a un verdadero enjambre de movimientos. Sobre una plataforma, Polanco cargaba la barra con cilindros de m\u00e1s peso, que Jos\u00e9 M\u00e1rquez, con una fortaleza incre\u00edble, levantaba protegido por suspensorio, mu\u00f1equeras y una faja apretada en la cintura. Con el rostro enrojecido, Jos\u00e9 superaba sus propias marcas. Pisandro, con una corpacha menos trabajada, hac\u00eda sus pr\u00e1cticas con destreza.<\/p>\n<p>El espect\u00e1culo que lo paralizaba todo correspond\u00eda a Definido. Todos dej\u00e1bamos a un lado nuestras rutinas individuales para prestar la atenci\u00f3n debida al maestro. Un monstruo tirando peso hacia arriba, demarcando cada m\u00fasculo en el esfuerzo, estirando las piernas para potenciar la mec\u00e1nica del levantamiento. El Definido tomaba aire, inflaba el pecho, achicaba la cintura, se concentraba y convert\u00edase en un transformer. Sus portentosas mu\u00f1ecas se tensaban en el amarre de las manos sobre la barra, curvaban de s\u00fabito para impulsar el peso hasta el nivel superior del pecho y luego remontarlo triunfante sobre la cabeza. Cual si fuere Atlas sosteniendo el mundo. A veces visitaba Sixto Inch\u00e1ustegui, quien ten\u00eda un gimnasio en El Conde, entrenador reputado con estudios sobre la materia, admirador de Definido e interesado en el levantamiento de pesas. Otro centro de prestigio, sito en la Bol\u00edvar, era el Gimnasio Camilo, frecuentado por gente de mayores ingresos.<\/p>\n<p>Fue en esos a\u00f1os que conoc\u00ed a Federo -quien me bautiz\u00f3 cari\u00f1osamente Parvulita, por mi edad, siempre atento a la correcci\u00f3n en la realizaci\u00f3n de los ejercicios-, a Ramy, Juan Mej\u00eda y otros fisicoculturistas. Entre ellos, el m\u00e1s cercano en cuanto a edad era Felipe Gil. Un joven de estatura modesta, buenmozo, de pelo muerto, simp\u00e1tico, quien pronto hab\u00eda desarrollado volumetr\u00eda, que exhib\u00eda con orgullo, bajo el entrenamiento de Polanco y su propia disciplina. Precoz, Felipe se puso la faja y empez\u00f3 a ensayar levantamiento, para sorpresa de todos. Lo hac\u00eda con gracia y disposici\u00f3n, con su cara de ni\u00f1o, que casi lo era. Tras la salida del gimnasio, \u00edbamos a comprar barquillas de mantecado al Bar Am\u00e9rica, antes de aterrizar en El Conde para ver a las muchachas pasearse coquetas en el ocaso de la jornada.<\/p>\n<p>Muy temprano, Felipe empez\u00f3 a visitar las cabinas de las emisoras de radio de la Ciudad Colonial, atra\u00eddo por la magia de la comunicaci\u00f3n. Luego supe que se hizo locutor de noticias, productor de programas musicales y de televisi\u00f3n, publicista, actor, experto en el manejo de medios. Una de las voces m\u00e1s cotizadas para la narraci\u00f3n en documentales hist\u00f3ricos, como los realizados por Ren\u00e9 Fortunato en su excelente serie. Un verdadero conocedor de la m\u00fasica, mel\u00f3mano, asociado al grupo integrado por Jos\u00e9 Le\u00f3n, Ar\u00edstides Inch\u00e1utegui, Eladio Knipping Victoria y su hermano Ricardo Gil, que presentara una singular selecci\u00f3n en el Congreso del Bolero celebrado en el Centro Le\u00f3n. Vinculado por d\u00e9cadas a la empresa E. Le\u00f3n Jimenes como especialista en medios y al formidable proyecto radiof\u00f3nico Ra\u00edces, que disfruto a diario desde que sum\u00f3 su oferta a las ondas hertzianas.<\/p>\n<p>La vida -esa que manda, indefectible, en cada cual- nos lanz\u00f3 por diferentes sendas. Yo march\u00e9 a Chile y nunca volv\u00ed a encontrarme en calidad de amigo con Felipe Gil, no as\u00ed con su hermano Ricardo, contertulio erudito en las pe\u00f1as de Fabio Herrera Roa. Pero segu\u00ed admirando a distancia su talento desplegado en la radio, en los documentales de Fortunato y en campa\u00f1as publicitarias que llevaban el sello de su factura. De cualquier modo, hoy que se nos fue de golpe, a los 64 a los que ya me aproximo, quiero retenerlo bajando por la cuesta de la calle Jos\u00e9 Reyes -\u00e9l, un miguelete, yo un sancarle\u00f1o-, balanceando con gracia juvenil su cuerpo bien torneado, mostrando con orgullo sus b\u00edceps trabajados a golpe de mancuernas, ajustados a la camiseta. Con el pelo distra\u00eddo y aquella sonrisa f\u00e1cil y confiada. Cuando la vida se nos abr\u00eda a ambos como un libro amplio con las p\u00e1ginas en blanco, cuyas galeras deb\u00edamos llenar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 3-9-11) Eran los a\u00f1os postreros de la dictadura. 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