{"id":17673,"date":"2017-07-06T10:54:48","date_gmt":"2017-07-06T14:54:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=17673"},"modified":"2017-07-06T10:54:48","modified_gmt":"2017-07-06T14:54:48","slug":"la-afanosa-busqueda-del-oro-aluvial-en-causes-dominicanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/07\/06\/la-afanosa-busqueda-del-oro-aluvial-en-causes-dominicanos\/","title":{"rendered":"La afanosa b\u00fasqueda del oro aluvial en causes dominicanos"},"content":{"rendered":"<p>Emilia Pereyra (D. Libre, 20-6-17)<\/p>\n<p>La incesante b\u00fasqueda de oro en suelo isle\u00f1o empez\u00f3 luego de que el almirante Crist\u00f3bal Col\u00f3n llegara a La Espa\u00f1ola, en 1492, y en la actualidad persiste en varios r\u00edos que siguen arrastrando las codiciadas pepitas.<\/p>\n<p>En el libro \u201cEl oro en la historia dominicana\u201d, el historiador Frank Moya Pons deja constancia, de manera prolija, de la persistencia de quienes han continuado la explotaci\u00f3n aluvial, a pesar de que en Rep\u00fablica Dominicana existe una acreditada extracci\u00f3n industrial del rey de los metales.<\/p>\n<p>El autor se\u00f1ala, en el pr\u00f3logo de la obra, que los espa\u00f1oles descubrieron temprano que los cursos fluviales m\u00e1s ricos en oro nac\u00edan en la cordillera Central del territorio isle\u00f1o. Luego detalla la historia del metal.<\/p>\n<p>Casi finalizando su volumen, Moya Pons se pregunta: \u201cY del oro de aluvi\u00f3n, \u00bfqu\u00e9? \u00bfSe extrae en los mismos lugares en que se hac\u00eda antes? La respuesta es positiva\u201d.<\/p>\n<p>Agrega que para constatar si esa actividad contin\u00faa siendo popular como anta\u00f1o, decidi\u00f3 visitar varios lugares de los m\u00e1s mencionados en textos hist\u00f3ricos para indagar con los lugare\u00f1os y vio que el lavado de oro es intenso en los arroyos cercanos a La Mina, en Miches; en el r\u00edo Bao, en las cercan\u00edas de Juncalito y Las Placetas; en los arroyos de Los Ramones y Jicom\u00e9, en la cordillera Central, y en el cauce alto del r\u00edo Haina.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, comprob\u00f3 que el 26 de junio de 2015 en Miches se vend\u00eda el gramo de oro a RD1, 200.00. \u201cEsto quiere decir que, a la tasa de cambio de ese d\u00eda, el oro de aluvi\u00f3n estaba siendo vendido en su lugar de origen a US$787.00 la onza troy. En esa fecha el precio del oro en el mercado de Londres era de US$1, 172.65\u201d (p.378).<\/p>\n<p>Ciertamente la b\u00fasqueda de oro ha atravesado siglos y hoy coexiste en el territorio dominicano con la explotaci\u00f3n de la gran miner\u00eda.<\/p>\n<p>La incesante b\u00fasqueda de oro en suelo isle\u00f1o empez\u00f3 luego de que el almirante Crist\u00f3bal Col\u00f3n llegara a La Espa\u00f1ola, en 1492, y en la actualidad persiste en varios r\u00edos que siguen arrastrando las codiciadas pepitas. En el libro \u201cEl oro en la historia dominicana\u201d, el historiador Frank Moya Pons deja constancia, de manera prolija, de la persistencia de quienes han continuado la explotaci\u00f3n aluvial, a pesar de que en Rep\u00fablica Dominicana existe una acreditada extracci\u00f3n industrial del rey de los metales. El autor se\u00f1ala, en el pr\u00f3logo de la obra, que los espa\u00f1oles descubrieron temprano que los cursos fluviales m\u00e1s ricos en oro nac\u00edan en la cordillera Central del territorio isle\u00f1o. Luego detalla la historia del metal. Casi finalizando su volumen, Moya Pons se pregunta: \u201cY del oro de aluvi\u00f3n, \u00bfqu\u00e9? \u00bfSe extrae en los mismos lugares en que se hac\u00eda antes? La respuesta es positiva\u201d. Agrega que para constatar si esa actividad contin\u00faa siendo popular como anta\u00f1o, decidi\u00f3 visitar varios lugares de los m\u00e1s mencionados en textos hist\u00f3ricos para indagar con los lugare\u00f1os y vio que el lavado de oro es intenso en los arroyos cercanos a La Mina, en Miches; en el r\u00edo Bao, en las cercan\u00edas de Juncalito y Las Placetas; en los arroyos de Los Ramones y Jicom\u00e9, en la cordillera Central, y en el cauce alto del r\u00edo Haina. Adem\u00e1s, comprob\u00f3 que el 26 de junio de 2015 en Miches se vend\u00eda el gramo de oro a RD1, 200.00. \u201cEsto quiere decir que, a la tasa de cambio de ese d\u00eda, el oro de aluvi\u00f3n estaba siendo vendido en su lugar de origen a US$787.00 la onza troy. En esa fecha el precio del oro en el mercado de Londres era de US$1, 172.65\u201d (p.378). Ciertamente la b\u00fasqueda de oro ha atravesado siglos y hoy coexiste en el territorio dominicano con la explotaci\u00f3n de la gran miner\u00eda.<\/p>\n<p><b>Lavadores actuales<\/b><\/p>\n<p>El pasado jueves 8 de junio, Diario Libre comprob\u00f3 que decenas de dominicanos, de escasos recursos econ\u00f3micos, se dedican a lavar oro en el r\u00edo Haina, entrando por Los Montones, en San Crist\u00f3bal.<\/p>\n<p>En esta zona se concentran entre 60 y 70 personas cada d\u00eda para buscar los diminutos tesoros entre piedras, lodos y arenas, de 8:00 de la ma\u00f1ana a 3:00 de la tarde, bajo el recio sol.<\/p>\n<p>La t\u00e9cnica del lavado del oro aluvial es la misma usada en los tiempos coloniales, descrita con precisi\u00f3n por el cronista Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo.<\/p>\n<p>Juan Acevedo, de 43 a\u00f1os, suele obtener unos RD$1,500 pesos diarios. En una semana, trabajando de lunes a s\u00e1bado, sus ganancias suelen llegar a cinco o seis mil pesos.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n Marte Lorenzo aprendi\u00f3 el oficio a los siete a\u00f1os, observando a su padre mover \u00e1gilmente la batea. Dice que desempe\u00f1a el oficio porque no tiene otra cosa que hacer. Vive de esa actividad, y all\u00ed en el r\u00edo se re\u00fane cotidianamente con muchos otros compa\u00f1eros, entre quienes se percibe un ambiente de colaboraci\u00f3n y camarader\u00eda.<\/p>\n<p>Ana Evangelista, de 60 a\u00f1os, residente en Villa Altagracia, es de las pocas mujeres que \u201clavan\u201d, y aunque dice que en este 2017 no le ha ido muy bien, porque ha encontrado \u201cpoca cosa\u201d, en tiempos recientes obtuvo m\u00e1s dinero y pudo comprar una lavadora el\u00e9ctrica y una estufa.<\/p>\n<p>\u201cNosotras nos defendemos. No somos como los hombres que tienen mucha fuerza para buscar su oro. Ellos hacen hoyos y mueven piedras\u201d, explica asiendo su batea mientras sale del r\u00edo.<\/p>\n<p>Un se\u00f1or, solo identificado como \u201cRa\u00fal, del Caobal\u201d, es la persona que diariamente compra las resplandecientes pepitas. Cuando termina la faena, les paga RD$1,500 pesos por gramo, \u201cque son 10 rayas\u201d.<\/p>\n<p>La explotaci\u00f3n se desarrolla en la informalidad de un peque\u00f1o comercio y las autoridades no se interesan por ella. Los lavadores argumentan que no les hacen da\u00f1o a los cauces, pues las arenas y piedras que remueven se quedan all\u00ed.<\/p>\n<p>Lavadores actuales El pasado jueves 8 de junio, Diario Libre comprob\u00f3 que decenas de dominicanos, de escasos recursos econ\u00f3micos, se dedican a lavar oro en el r\u00edo Haina, entrando por Los Montones, en San Crist\u00f3bal. En esta zona se concentran entre 60 y 70 personas cada d\u00eda para buscar los diminutos tesoros entre piedras, lodos y arenas, de 8:00 de la ma\u00f1ana a 3:00 de la tarde, bajo el recio sol. La t\u00e9cnica del lavado del oro aluvial es la misma usada en los tiempos coloniales, descrita con precisi\u00f3n por el cronista Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo. Juan Acevedo, de 43 a\u00f1os, suele obtener unos RD$1,500 pesos diarios. En una semana, trabajando de lunes a s\u00e1bado, sus ganancias suelen llegar a cinco o seis mil pesos. Juli\u00e1n Marte Lorenzo aprendi\u00f3 el oficio a los siete a\u00f1os, observando a su padre mover \u00e1gilmente la batea. Dice que desempe\u00f1a el oficio porque no tiene otra cosa que hacer. Vive de esa actividad, y all\u00ed en el r\u00edo se re\u00fane cotidianamente con muchos otros compa\u00f1eros, entre quienes se percibe un ambiente de colaboraci\u00f3n y camarader\u00eda. Ana Evangelista, de 60 a\u00f1os, residente en Villa Altagracia, es de las pocas mujeres que \u201clavan\u201d, y aunque dice que en este 2017 no le ha ido muy bien, porque ha encontrado \u201cpoca cosa\u201d, en tiempos recientes obtuvo m\u00e1s dinero y pudo comprar una lavadora el\u00e9ctrica y una estufa. \u201cNosotras nos defendemos. No somos como los hombres que tienen mucha fuerza para buscar su oro. Ellos hacen hoyos y mueven piedras\u201d, explica asiendo su batea mientras sale del r\u00edo. Un se\u00f1or, solo identificado como \u201cRa\u00fal, del Caobal\u201d, es la persona que diariamente compra las resplandecientes pepitas. Cuando termina la faena, les paga RD$1,500 pesos por gramo, \u201cque son 10 rayas\u201d. La explotaci\u00f3n se desarrolla en la informalidad de un peque\u00f1o comercio y las autoridades no se interesan por ella. Los lavadores argumentan que no les hacen da\u00f1o a los cauces, pues las arenas y piedras que remueven se quedan all\u00ed.<\/p>\n<div class=\"entretitulo\"><strong>Un antiguo aprovechamiento<\/strong><\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>\u201cDurante m\u00e1s de medio siglo los espa\u00f1oles, con trabajadores indios y africanos, explotaron los placeres aur\u00edferos de las Antillas. El aparente agotamiento de los yacimientos y la r\u00e1pida desaparici\u00f3n de la poblaci\u00f3n aborigen contribuyeron a acelerar la decadencia de la miner\u00eda aur\u00edfera. Esa labor tambi\u00e9n dej\u00f3 de ser atractiva por el alto costo de los esclavos\u201d, sostiene Moya Pons (p.10).<\/p>\n<p>Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XVI, la tarea de sacar oro de los r\u00edos se convirti\u00f3 en una actividad secundaria.<\/p>\n<p>As\u00ed, dice el historiador, desapareci\u00f3 la miner\u00eda como actividad econ\u00f3mica central, como fue en los tempranos a\u00f1os de la conquista. No obstante, la noci\u00f3n de las fuentes de oro \u201csegu\u00eda intacta\u201d y la idea de que la tierra todav\u00eda guardaba \u201cingentes cantidades de este metal permaneci\u00f3 viva en la imaginaci\u00f3n colectiva durante los siglos siguientes\u201d (p.10).<\/p>\n<p>Recalca que el lavado de oro fue una de las bases de la econom\u00eda comunitaria dominicana en determinadas regiones durante los siglos de mayor pobreza de la colonia espa\u00f1ola de Santo Domingo y buena parte del periodo republicano.<\/p>\n<\/div>\n<p>Un antiguo aprovechamiento \u201cDurante m\u00e1s de medio siglo los espa\u00f1oles, con trabajadores indios y africanos, explotaron los placeres aur\u00edferos de las Antillas. El aparente agotamiento de los yacimientos y la r\u00e1pida desaparici\u00f3n de la poblaci\u00f3n aborigen contribuyeron a acelerar la decadencia de la miner\u00eda aur\u00edfera. Esa labor tambi\u00e9n dej\u00f3 de ser atractiva por el alto costo de los esclavos\u201d, sostiene Moya Pons (p.10). Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XVI, la tarea de sacar oro de los r\u00edos se convirti\u00f3 en una actividad secundaria. As\u00ed, dice el historiador, desapareci\u00f3 la miner\u00eda como actividad econ\u00f3mica central, como fue en los tempranos a\u00f1os de la conquista. No obstante, la noci\u00f3n de las fuentes de oro \u201csegu\u00eda intacta\u201d y la idea de que la tierra todav\u00eda guardaba \u201cingentes cantidades de este metal permaneci\u00f3 viva en la imaginaci\u00f3n colectiva durante los siglos siguientes\u201d (p.10). Recalca que el lavado de oro fue una de las bases de la econom\u00eda comunitaria dominicana en determinadas regiones durante los siglos de mayor pobreza de la colonia espa\u00f1ola de Santo Domingo y buena parte del periodo republicano.<\/p>\n<div class=\"entretitulo\"><strong>Miner\u00eda artesanal<\/strong><\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>Tanto en el periodo colonial como en la etapa republicana, el lavado de oro de aluvi\u00f3n se ha hecho de manera artesanal, para lo cual se han usado bateas para enjuagar arenas, cascajos y lodos. \u201cPor m\u00e1s de quinientos a\u00f1os esta ha sido una miner\u00eda practicada de la misma manera en que lo hac\u00edan los mineros espa\u00f1oles de finales del siglo XV y principios del XVI, agrega el historiador.<\/p>\n<p>A su juicio la extracci\u00f3n de oro en los r\u00edos ha sido muy importante. \u201cDespu\u00e9s de haber examinado en detalle la historia de esa actividad durante los siglos XIX y XX, me atrevo a sugerir que el oro que sacaban en sus bateas las campesinas dominicanas funcion\u00f3 durante d\u00e9cadas como el lubricante principal de la econom\u00eda local y regional en muchas partes del territorio nacional\u201d (p.11).<\/p>\n<p>El autor reproduce varias p\u00e1ginas escritas por el cronista de Indias Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo, en las que describe c\u00f3mo se sacaba el oro y las condiciones de trabajo que prevalec\u00edan en r\u00edos y minas.<\/p>\n<p>El narrador indiano puntualiz\u00f3: \u201cEstas mujeres o lavadores est\u00e1n asentadas orilla del agua, e tienen las piernas metidas en el agua hasta las rodillas, o cuasi, segund la dispusici\u00f3n del asiento e del agua. E tienen en las manos sendas bateas, asidas por dos asas o puntas que tienen por asideros; y despu\u00e9s que en la batea tienen la tierra que se les trae de la mina para lavarla, mueven la batea a balances, tomando agua de la corriente con cierta ma\u00f1a e facilidad e vaiv\u00e9n, que no entra m\u00e1s cantidad de agua que la que el lavador quiere, e con la misma ma\u00f1a e arte, y encontinente que toma el agua, la vac\u00edan por otro lado e la echan fuera; e tanta agua sale cuanta entra, sin que falte agua dentro mojando e deshaciendo la tierra\u201d (p.61).<\/p>\n<\/div>\n<p>Miner\u00eda artesanal Tanto en el periodo colonial como en la etapa republicana, el lavado de oro de aluvi\u00f3n se ha hecho de manera artesanal, para lo cual se han usado bateas para enjuagar arenas, cascajos y lodos. \u201cPor m\u00e1s de quinientos a\u00f1os esta ha sido una miner\u00eda practicada de la misma manera en que lo hac\u00edan los mineros espa\u00f1oles de finales del siglo XV y principios del XVI, agrega el historiador. A su juicio la extracci\u00f3n de oro en los r\u00edos ha sido muy importante. \u201cDespu\u00e9s de haber examinado en detalle la historia de esa actividad durante los siglos XIX y XX, me atrevo a sugerir que el oro que sacaban en sus bateas las campesinas dominicanas funcion\u00f3 durante d\u00e9cadas como el lubricante principal de la econom\u00eda local y regional en muchas partes del territorio nacional\u201d (p.11). El autor reproduce varias p\u00e1ginas escritas por el cronista de Indias Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo, en las que describe c\u00f3mo se sacaba el oro y las condiciones de trabajo que prevalec\u00edan en r\u00edos y minas. El narrador indiano puntualiz\u00f3: \u201cEstas mujeres o lavadores est\u00e1n asentadas orilla del agua, e tienen las piernas metidas en el agua hasta las rodillas, o cuasi, segund la dispusici\u00f3n del asiento e del agua. E tienen en las manos sendas bateas, asidas por dos asas o puntas que tienen por asideros; y despu\u00e9s que en la batea tienen la tierra que se les trae de la mina para lavarla, mueven la batea a balances, tomando agua de la corriente con cierta ma\u00f1a e facilidad e vaiv\u00e9n, que no entra m\u00e1s cantidad de agua que la que el lavador quiere, e con la misma ma\u00f1a e arte, y encontinente que toma el agua, la vac\u00edan por otro lado e la echan fuera; e tanta agua sale cuanta entra, sin que falte agua dentro mojando e deshaciendo la tierra\u201d (p.61).<\/p>\n<div class=\"insert_title\"><strong>Testimonios de viajeros en siglos XIX y XX<\/strong><\/div>\n<div class=\"insert_Image\"><\/div>\n<div class=\"insert_text\">\n<p>Moya Pons relata que el oro obtenido \u201cpor los gambusinos criollos lavando las arenas con bateas\u201d circulaba abundantemente en el pa\u00eds y les prove\u00eda de un medio de pago que hac\u00eda posible la subsistencia.<\/p>\n<p>Ofrece el testimonio publicado en 1893 por Frederick Ober, viajero norteamericano, que estuvo en la isla buscando objetos relacionados al descubridor Crist\u00f3bal Col\u00f3n, para exhibirlos en la Exposici\u00f3n Universal de Chicago, realizada en a\u00f1o anterior.<\/p>\n<p>Ober cont\u00f3 que en J\u00e1nico compr\u00f3 \u201cpolvo y hojuelas de oro\u201d. En relaci\u00f3n a los pobladores dijo que eran \u201csumamente perezosos e imprevisores\u201d&#8230; \u201ccuando necesitan algo sencillamente corren hacia uno de los r\u00edos y lavan oro suficiente para que les dure un rato y entonces viven de \u00e9l mientras le dure, repitiendo esta operaci\u00f3n la pr\u00f3xima vez que sus necesidades se hagan opresivas\u201d (p.168).<\/p>\n<p>En otro libro publicado en 1907, Ober evoc\u00f3: \u201c&#8230;Delante de m\u00ed, mientras escribo estas l\u00edneas, yacen varios granos de oro de la regi\u00f3n del Cibao, los cuales adquir\u00ed en Y\u00e1nico, donde fue erigido el segundo fuerte espa\u00f1ol hace cuatrocientos a\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Moya Pons adem\u00e1s aporta el testimonio de Alpheus Hyatt Verrill, zo\u00f3logo de la Universidad de Yale, quien hizo un recorrido por las Antillas y en 1914 difundi\u00f3 unas memorias de sus viajes.<\/p>\n<p>Fruto de sus observaciones, escribi\u00f3 \u201clos nativos constantemente obtienen polvo y pepitas\u201d. La mayor\u00eda se obtiene accidentalmente mientras pescan camarones o lavan ropa. Se han formado varias compa\u00f1\u00edas para explotar los dep\u00f3sitos de oro y cobre en Santo Domingo [sic] pero como el oro se encuentra en lavaderos y disperso en un \u00e1rea amplia, estas no han tenido \u00e9xito\u201d (p. 170).<\/p>\n<p><i>*Fuente: Moya Pons, Frank. \u201cEl oro en la historia dominicana\u201d, publicaci\u00f3n de la Academia Dominicana de la Historia, Volumen CXI. Editora Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2016.<\/i><\/p>\n<\/div>\n<p>Testimonios de viajeros en siglos XIX y XX Moya Pons relata que el oro obtenido \u201cpor los gambusinos criollos lavando las arenas con bateas\u201d circulaba abundantemente en el pa\u00eds y les prove\u00eda de un medio de pago que hac\u00eda posible la subsistencia. Ofrece el testimonio publicado en 1893 por Frederick Ober, viajero norteamericano, que estuvo en la isla buscando objetos relacionados al descubridor Crist\u00f3bal Col\u00f3n, para exhibirlos en la Exposici\u00f3n Universal de Chicago, realizada en a\u00f1o anterior. Ober cont\u00f3 que en J\u00e1nico compr\u00f3 \u201cpolvo y hojuelas de oro\u201d. En relaci\u00f3n a los pobladores dijo que eran \u201csumamente perezosos e imprevisores\u201d&#8230; \u201ccuando necesitan algo sencillamente corren hacia uno de los r\u00edos y lavan oro suficiente para que les dure un rato y entonces viven de \u00e9l mientras le dure, repitiendo esta operaci\u00f3n la pr\u00f3xima vez que sus necesidades se hagan opresivas\u201d (p.168). En otro libro publicado en 1907, Ober evoc\u00f3: \u201c&#8230;Delante de m\u00ed, mientras escribo estas l\u00edneas, yacen varios granos de oro de la regi\u00f3n del Cibao, los cuales adquir\u00ed en Y\u00e1nico, donde fue erigido el segundo fuerte espa\u00f1ol hace cuatrocientos a\u00f1os\u201d. Moya Pons adem\u00e1s aporta el testimonio de Alpheus Hyatt Verrill, zo\u00f3logo de la Universidad de Yale, quien hizo un recorrido por las Antillas y en 1914 difundi\u00f3 unas memorias de sus viajes. Fruto de sus observaciones, escribi\u00f3 \u201clos nativos constantemente obtienen polvo y pepitas\u201d. La mayor\u00eda se obtiene accidentalmente mientras pescan camarones o lavan ropa. Se han formado varias compa\u00f1\u00edas para explotar los dep\u00f3sitos de oro y cobre en Santo Domingo [sic] pero como el oro se encuentra en lavaderos y disperso en un \u00e1rea amplia, estas no han tenido \u00e9xito\u201d (p. 170). *Fuente: Moya Pons, Frank. \u201cEl oro en la historia dominicana\u201d, publicaci\u00f3n de la Academia Dominicana de la Historia, Volumen CXI. Editora Amigo del Hogar, Santo Domingo, 2016.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Emilia Pereyra (D. Libre, 20-6-17) La incesante b\u00fasqueda de oro en suelo isle\u00f1o empez\u00f3 luego de que el almirante Crist\u00f3bal Col\u00f3n llegara a La Espa\u00f1ola, en 1492, y en la actualidad persiste en varios r\u00edos que siguen arrastrando las codiciadas pepitas. 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