{"id":18228,"date":"2017-07-27T16:53:02","date_gmt":"2017-07-27T20:53:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=18228"},"modified":"2017-07-27T16:53:02","modified_gmt":"2017-07-27T20:53:02","slug":"garcia-godoy-y-la-ideacion-de-independencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/07\/27\/garcia-godoy-y-la-ideacion-de-independencia\/","title":{"rendered":"Garc\u00eda Godoy y la ideaci\u00f3n de Independencia"},"content":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 25-2-17)<\/p>\n<div id=\"p_p_id_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_bc5303f0295148cebaee34286e103e50_\" class=\"portlet-boundary portlet-boundary_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_  portlet-static portlet-static-end content-viewer-portlet \">\n<div class=\"td-portlet\">\n<section id=\"portlet_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_bc5303f0295148cebaee34286e103e50\" class=\"portlet\">\n<div class=\"portlet-content\">\n<div class=\" portlet-content-container\">\n<div class=\"portlet-body\">\n<div class=\"last td-viewer full-access\">\n<div class=\"detalle-texto\">\n<div class=\"text\">\n<p>A\u00a0RA\u00cdZ DE LA PUBLICACI\u00d3Nde\u00a0<i>Rufinito<\/i>\u00a0(1908), se produjo un intercambio de opiniones entre su autor, Federico Garc\u00eda Godoy, e intelectuales como Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a, entonces radicado en M\u00e9xico, acerca del proceso de intelecci\u00f3n del proyecto nacional y su concreci\u00f3n en un Estado independiente. En carta del 19 de junio de 1909, el escritor establecido en La Vega responde a PHU sus comentarios al respecto.<\/p>\n<p>\u201cEstudiando con la debida atenci\u00f3n los documentos de la \u00e9poca en que por primera vez radi\u00f3 la aspiraci\u00f3n a constituir un Estado independiente, resalta, a primera vista, el hecho de que tal aspiraci\u00f3n solo vive y medra en el esp\u00edritu abierto y culto de un cort\u00edsimo n\u00famero de individuos; mientras que en manera alguna trasciende a ciertos n\u00facleos sociales ni much\u00edsimo menos a la masa, enteramente satisfecha con su existencia tranquila y vegetativa en que se advierte, como nota caracter\u00edstica, el apego a muchas pr\u00e1cticas rutinarias y el amor a cierto tradicionalismo que ning\u00fan rudo golpe ni a\u00fan el de la cesi\u00f3n a Francia, alcanza a amortiguar o extinguir&#8230; Tal fen\u00f3meno, de explicaci\u00f3n facil\u00edsima, se evidencia, con mayor o menor acentuaci\u00f3n, en todas o en casi todas las dem\u00e1s colonias de abolengo ib\u00e9rico, donde en solo muy escasa parte de los elementos diligentes prospera la radical idea, necesitando, en los primeros a\u00f1os, de tenacidad a toda prueba de parte de sus m\u00e1s conspicuos imitadores y recorrer despu\u00e9s larga serie de doloros\u00edsimas vicisitudes para penetrar y cristalizar en el alma popular&#8230;<\/p>\n<p>Las guerras de independencia americana, bien vistas, solo fueron al principio verdaderas guerras civiles. En su primera \u00e9poca, salvo contad\u00edsimas excepciones, solo combat\u00edan, con porfiado encarnizamiento, criollos de una parte y de la otra. Solo al mediar la lucha tuvo Espa\u00f1a n\u00facleos de ej\u00e9rcito peninsular en los pa\u00edses sublevados. Y al terminarse la gran epopeya, en el Per\u00fa, por ejemplo, era a\u00fan crecid\u00edsimo el n\u00famero de americanos que militaban en las filas realistas. Un notable escritor militar afirma que, en Ayacucho, hab\u00eda en el ej\u00e9rcito de La Serna un n\u00famero de hijos del pa\u00eds superior o igual por lo menos al efectivo total de las huestes que comandaba Sucre&#8230;<\/p>\n<p>Leyendo el\u00a0<i>Diario<\/i>\u00a0de S\u00e1nchez Ram\u00edrez y la curiosa vindicaci\u00f3n del doctor Correa y Cidr\u00f3n en que hace \u00e9ste calurosa defensa de su conducta con motivo del tilde de afrancesado que se le echa en cara como fe\u00edsimo bord\u00f3n, lo que m\u00e1s se nota es el acendrado sentimiento de espa\u00f1olismo de la sociedad dominicana en aquel ya lejano per\u00edodo hist\u00f3rico. En sus interesantes noticias, un contempor\u00e1neo, el doctor Morilla, refiri\u00e9ndose a la revoluci\u00f3n separatista llevada a cabo por N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres, afirma que \u2018entre los propietarios y personas de influencia no contaba N\u00fa\u00f1ez sino con pocos partidarios\u2019, y agrega m\u00e1s adelante que aquel movimiento \u2018hubiera podido evitarse porque la generalidad del pa\u00eds no estaba por \u00e9l por su afecto a Espa\u00f1a\u2019&#8230;<\/p>\n<p>Solo en este mismo N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres, inteligencia bien cultivada, de relevantes dotes de car\u00e1cter, id\u00f3neo para regir colectividades sociales, y en un cort\u00edsimo n\u00famero de los que hicieron con \u00e9l causa com\u00fan, asume su aspecto bien definido la idea de independencia. El caudillo de la primera revoluci\u00f3n separatista resulta un hombre muy superior al medio en que figur\u00f3 siempre en primera fila. Su espa\u00f1olismo es puramente externo, de mera forma. Lo prueban sus atrevidos consejos a S\u00e1nchez Ram\u00edrez apenas terminada la campa\u00f1a reconquistadora; la libertad de opiniones que reinaba en su tertulia de \u00edntimos, y su canto, flojo y desali\u00f1ado hasta m\u00e1s no poder, a los vencedores de Palo Hincado, en que no hay un solo verso en que se haga alusi\u00f3n a la vieja Metr\u00f3poli. Cuando en ese campo suena la palabra patria, enti\u00e9ndase bien que, en su pensamiento, se refiere al terru\u00f1o nativo&#8230; Pero est\u00e1 solo o poco menos. De ah\u00ed, de esa evidente falta de compenetraci\u00f3n de su idea con el medio, se desprende una de las causas determinantes de su empresa emancipadora. En ella, sin embargo, comienza el avatar glorioso de la idea de independencia.<\/p>\n<p>Para que esa idea produjese en las clases populares un estado de alma capaz de comprenderla y de llegar por ella hasta el sacrificio, era menester antes recorrer un camino de medio siglo sembrado de formidables dificultades. Ocho o nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde, un estremecimiento de esperanza, al reincorporarse de nuevo a Espa\u00f1a, hace vibrar fuertemente la sociedad dominicana la noticia de las gestiones a ese respecto practicadas en Port-au-Prince por Felipe Fern\u00e1ndez de Castro, comisionado de Fernando VII. La obra del ilustre auditor no cuaj\u00f3, principalmente, por su inoportunidad, por no haberse efectuado en saz\u00f3n conveniente. Result\u00f3 prematura. En los planes de Bol\u00edvar entraba, sin duda, como supremo coronamiento de su labor gigantesca, la idea de la independencia de las Antillas espa\u00f1olas. Pero en los momentos en que N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres realizaba su intento, el tit\u00e1n venezolano se dirig\u00eda hacia el Sur, salvando cordilleras formidables, trepando por los flancos de volcanes humeantes, aureolados por la gloria, para a\u00f1adir nuevas naciones a las ya creadas por su genio portentoso&#8230; Consumada la jornada decisiva de Ayacucho, de regreso en Bogot\u00e1, no hubiera tardado Bol\u00edvar, a cuya genial penetraci\u00f3n no se escapaba la conveniencia pol\u00edtica de desalojar a Espa\u00f1a de sus \u00faltimos reductos de Am\u00e9rica, en prestar vigorosa ayuda a N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres. Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde la obra de \u00e9ste hubiera tenido muchas probabilidades de \u00e9xito. La semilla arrojada por N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres no pod\u00eda perderse no obstante haberse echado al surco fuera de tiempo oportuno. Cerca de dos d\u00e9cadas despu\u00e9s, favorecida por las circunstancias, iba a germinar espl\u00e9ndidamente&#8230;<\/p>\n<p>La dominaci\u00f3n haitiana, repulsiva y ominosa, poniendo de frente, en perpetuo rozamiento, intereses \u00e9tnicos, morales y econ\u00f3micos, que por virtud de ciertas leyes sociol\u00f3gicas no pod\u00edan fundirse, hace entrar, siempre siguiendo su proceso evolutivo, en una nueva fase la idea de independencia. De la separaci\u00f3n de Espa\u00f1a para formar un nuevo Estado de la Gran Colombia, se pasa, por natural gradaci\u00f3n, al pensamiento de constituir una entidad nacional, bien precisada, con propia bandera, enteramente due\u00f1a de darse el gobierno que juzgue m\u00e1s conveniente para el cumplimiento de elevados fines de vida colectiva. Y ya te\u00f3ricamente, alcanza su aspecto definitivo. De las cumbres de la abstracci\u00f3n va a descender a los dominios de la realidad. El 16 de julio de 1838, d\u00eda en que Duarte instala La Trinitaria, se\u00f1ala su entrada en la conciencia colectiva por medio de la propaganda seria y met\u00f3dica que requiere la realizaci\u00f3n del m\u00e1ximo ideal que tiene por objetivo.<\/p>\n<p>Pero, obedeciendo al principio de contradicci\u00f3n que impera en el esp\u00edritu y constituye factor principal\u00edsimo en la historia del desenvolvimiento humano, va a efectuarse una profunda escisi\u00f3n entre los elementos que, por su influencia reconocida, encauzan el rumbo de la sociedad dominicana. Dos tendencias bien determinadas comienzan a dibujarse con claridad y precisi\u00f3n. Son dos corrientes de opini\u00f3n que, durante cerca de treinta a\u00f1os, van a orientarse paralelamente, hasta que, al llegar a cierto punto, una de ellas, mermado su caudal, se extingue lentamente hasta desaparecer por completo, mientras la otra prosigue majestuosamente su carrera&#8230;<\/p>\n<p>La primera de esas corrientes de opini\u00f3n tiene su natural antecedente en el 1\u00ba de diciembre de 1821, pero parte visiblemente del establecimiento de La Trinitaria, y alcanza su punto m\u00e1s amplio y luminoso el 27 de Febrero con la instalaci\u00f3n de la Rep\u00fablica. La segunda de esas corrientes data del a\u00f1o 1843, arranca del Plan Levasseur, y, en su desarrollo, metamorfose\u00e1ndose curiosamente, por virtud de una serie de trabajos antipatri\u00f3ticos parar\u00e1 en la extinci\u00f3n de la nacionalidad el 18 de marzo de 1861 y en la vuelta al estatus colonial bajo la monarqu\u00eda espa\u00f1ola. Esa extinci\u00f3n del sentimiento nacional, por fortuna, es solo aparente. La primera de estas dos corrientes tiene vitalidad indestructible.\u201d Y la tricolor, en revancha, flamear\u00e1 en Capotillo.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"p_p_id_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_9fc16fbea657417ba2f6e0aeb3ada407_\" class=\"portlet-boundary portlet-boundary_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_  portlet-static portlet-static-end article-topics-portlet detalle-metadatos\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 25-2-17) A\u00a0RA\u00cdZ DE LA PUBLICACI\u00d3Nde\u00a0Rufinito\u00a0(1908), se produjo un intercambio de opiniones entre su autor, Federico Garc\u00eda Godoy, e intelectuales como Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a, entonces radicado en M\u00e9xico, acerca del proceso de intelecci\u00f3n del proyecto nacional y su concreci\u00f3n en un Estado independiente. 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