{"id":18417,"date":"2017-08-03T16:52:28","date_gmt":"2017-08-03T20:52:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=18417"},"modified":"2017-08-03T16:52:28","modified_gmt":"2017-08-03T20:52:28","slug":"recuerdos-de-lezama-y-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/08\/03\/recuerdos-de-lezama-y-pablo\/","title":{"rendered":"Recuerdos de Lezama y Pablo"},"content":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 29-7-17)<\/p>\n<div class=\"text\">\n<p>VISITAMOS A LEZAMA EN\u00a0su casa de Trocadero 162, en La Habana, hace ya veinti\u00fan a\u00f1os. S\u00ed. All\u00ed lo encontramos, entre sombras, el poeta Jos\u00e9 M\u00e1rmol, Freddy Ginebra y yo, perdido en las brumas de su soledad, la gran soledad en la que vivi\u00f3 y muri\u00f3, seg\u00fan aquella famosa carta que le dirigiese a Mar\u00eda Zambrano, muy a pesar de sus citas constantes, de sus tertulias arrebatadas, de sus frecuentes aticismos, de sus op\u00edparos fomentos, de sus giras cotidianas por La Habana Vieja o por El Vedado en busca de sus enigmas permanentes, de sus irradiadoras luces, de su historia de deseos.<\/p>\n<p>\u201cLa soledad y el misterio de la soledad asumidos como un sacramento, como la comuni\u00f3n y la poes\u00eda total de la resurrecci\u00f3n\u201d, que le definiese a Mar\u00eda Zambrano, la fil\u00f3sofa espa\u00f1ola del exilio republicano, y que era la estampa de su propia armadura. \u201cPienso en Nietzche trepado por los fr\u00edos de la Alta Engadina y en Rilke segregando \u00e9l mismo su soledad como la seda y el diamante\u201d.<\/p>\n<p>Fuimos a su casa a encontrarlo. Los lezamianos que van a La Habana deben caminar por Trocadero para llegar a su planicie, donde la memoria prepara su sorpresa: \u201cgamo en el cielo, roc\u00edo, llamarada\u201d. \u201cJochi, hay que pasar nuestras manos sobre el teclado de la vieja maquinilla donde, de seguro, Lezama escribi\u00f3 a\u00a0<i>Paradiso<\/i>\u201d. Pienso tambi\u00e9n que en ese mismo rinc\u00f3n, tal vez, me hago la idea, de que all\u00ed, justo all\u00ed, escribi\u00f3\u00a0<i>una oscura pradera me convida<\/i>.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed: sus cuadros, las fotos de sus viejos, la peque\u00f1a sala, sus libros, la estrecha vivienda donde se alimentaron sus p\u00e1jaros, donde creci\u00f3 el enemigo rumor, donde \u00e9l dec\u00eda que habitaba un susurro como un velamen, \u201cuna tierra donde el hielo es una reminiscencia\u201d y \u201cel fuego no puede izar un p\u00e1jaro\/ y quemarlo en una conversaci\u00f3n de estilo calmo\u201d. All\u00ed estaba Lezama, su imagen y su fortaleza. Su casa es un museo de memorias. Hay un halo m\u00e1gico en aquel encuentro. Un enigma de enso\u00f1aci\u00f3n y regreso. Las fotos que tomamos en la casa son las \u00fanicas que se velan. Una o dos solamente quedan como recuerdos, pero partidas por la mitad con un velo negro en el que, con toda seguridad, se ha escondido Lezama.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora que ha estado all\u00ed, en la casa, atendiendo nuestra visita, se queda perpleja ante nuestro entusiasmo y nuestra devoci\u00f3n. Cuando nos alejamos, volvemos la vista una y otra vez, y ella sigue all\u00ed, en el p\u00f3rtico, salud\u00e1ndonos con una sonrisa de asombro y deleite.<\/p>\n<p>Lezama. Jos\u00e9 Lezama Lima. Estar en su casa, en su ventana, en su mesa, en su escritorio, frente a sus cuadros y sus libros, penetrar en sus s\u00edmbolos, encontrarlo, reencontrarlo. Una fascinaci\u00f3n de la memoria. Un hito de la sensibilidad. Y as\u00ed nos vamos por el laberinto que remonta hasta el signo en aquella ciudad donde cada calle ofrece las metamorfosis del blas\u00f3n (Oppiano Licario me dicta el dictamen, y yo sudo la fiebre de esta visita inolvidable).<\/p>\n<p>*************<\/p>\n<p>De viaje por Chile, visit\u00e9 hace diecisiete a\u00f1os dos de las tres casas de Pablo Neruda, en Isla Negra, y La Chascona, en Santiago. La tercera es La Sebastiana que se encuentra en Valpara\u00edso.<\/p>\n<p>Visitar las casas de Neruda. Aquella en la que crecieron muchos de sus m\u00e1s famosos versos, en Isla Negra, frente al mar. Y aquella en que Matilde vel\u00f3 su cad\u00e1ver con unos pocos amigos en una noche desvelada, transida de dolor y pesadilla, asaltada ya La Chascona por los gendarmes del pinochetismo triunfante.<\/p>\n<p>Como Mario Vargas Llosa, que lo proclama siempre, somos fetichistas de la literatura. Nos encanta conocer la vida y haberes de los escritores: d\u00f3nde escribieron los poetas y los novelistas sus obras; tocar, pongamos por caso, la maquinilla donde Lezama cre\u00f3 sus met\u00e1foras desbordadas; detenernos en la puerta de la casa donde Goethe, en Frankfurt, forj\u00f3 su imantable escritura; visitar en dos ocasiones aquella casa bajita de Praga (La Zlat\u00e1 Ulicka, en el Hradcany), espec\u00edficamente la n\u00famero 22, donde Kafka vivi\u00f3 y escribi\u00f3 muchos de los relatos breves de\u00a0<i>Un m\u00e9dico rural<\/i>.<\/p>\n<p>Pablo es, como dir\u00eda alguna vez Allen Ginsberg, un vac\u00edo que no cesa. Caballo de greda negra. Profeta del amor y de la soledad. Presente all\u00ed, en Isla Negra, \u201centre las piedras oscuras\/ frente al destello\/ de la sal violenta\u201d, donde se cobij\u00f3 por a\u00f1os junto a su tercera esposa, Matilde Urrutia, la que lo acompa\u00f1\u00f3 hasta el final y la que escribi\u00f3 luego un bello libro donde recuerda sus a\u00f1os junto al poeta y aquellos instantes terribles, que parecieron eternos, de la separaci\u00f3n definitiva y los acosos de la peste militar.<\/p>\n<p>Palmo a palmo caminamos por aquella casa, mientras la memoria de libros, de sus confesiones de vida, se oferta abrumadora en la mente, y en la garganta hay un nudo de dicha y pena, de gloriosa certidumbre, de meta lograda. Estar en Isla Negra, frente al \u201clocom\u00f3vil\u201d colocado a la entrada, que al poeta se le parec\u00eda a Walt Whitman. Conocer y tocar sus mascarones de proa, sus escritorios, su cama, sus asientos, sus botellas, sus caracoles, sus dientes de cachalotes. Conocer de esquina a esquina aquel territorio de luz y escuchar su voz \u2013confieso que la escuch\u00e9 en el rugir de las olas vecinas- diciendo \u201cHermano esta es mi casa\/ entra en el mundo\/ de la flora marina\/ y piedra constelada\u201d.<\/p>\n<p>Y el bar. (\u201c\u00a1Vamos al bar!\/ Es hora de beber\/ el buen vino\/ de Chile\u201d). En La Chascona quedan numerosas botellas con edades que superan los cincuenta a\u00f1os. Y en Isla Negra hay un bar para recibir a los amigos en la intimidad de un buen tinto, y \u201cbar-vidriera al mar\u201d, mientras en las vigas est\u00e1n grabados los nombres \u2013con su pu\u00f1o y letra- de Miguel Hern\u00e1ndez, de Lorca, de amigos poetas chilenos. Y est\u00e1n las campanas, y est\u00e1 la foto de Matilde \u201ccon su rostro de proa y su nariz victoriosa\u201d. Y est\u00e1 el mapamundi que ya conoc\u00edamos en tantas fotos, y est\u00e1 Whitman \u2013c\u00f3mo no iba a estar- el adorado del poeta, aquel de quien dijera: \u201cMe ense\u00f1aste a ser americano\/ levantaste mis ojos a los libros\u201d.<\/p>\n<p>Y, sobre todo, est\u00e1 Neruda y est\u00e1 el mar. Est\u00e1 el poeta entre las piedras y frente al oleaje en su biblioteca de incunables, en el deslumbramiento y en la conciencia. Neruda est\u00e1 aqu\u00ed. Me lo imagino agonizante, en los d\u00edas terribles de la tragedia, en su cama de Isla Negra, aturdido por el dolor y la fiebre. Y lo veo tambi\u00e9n en La Chascona inerte, fr\u00edo, en aquel peque\u00f1o cuarto donde estuvo su cad\u00e1ver casi solitario, entre vidrieras rotas y objetos saqueados, mientras afuera la soldadesca se ensa\u00f1aba contra la libertad.<\/p>\n<p>Toco madera en La Covacha, el viejo escritorio que Neruda construy\u00f3 de un tronco que trajo el mar. Y lo recuerdo diciendo: \u201cEscribo en todos los rincones de Isla Negra, pero tengo un escritorio oficial al que he bautizado como La Covacha\u201d. All\u00ed est\u00e1, intacto, y si el nerudeano hace un esfuerzo lo mirar\u00e1 sentado escribiendo sus versos ardientes y nombrando las cosas para inmortalizarlas.<\/p>\n<p>Hay uva al final de la visita en La Chascona, y hay viento y silencio, un mar estrujante y una brisa acariciante en Isla Negra, cuando se abandonan las casas del poeta. Y frente a su tumba y la de Matilde, colocadas all\u00ed en tierra firme frente al mar, las olas casi toc\u00e1ndole, mi mujer y yo nos hacemos varias fotos, y recordamos al poeta decir lo que ahora confirmamos: \u201cMe vine aqu\u00ed a contar las campanas\/ que viven en el mar\/ que suenan en el mar\/ dentro del mar\/ por eso vivo aqu\u00ed\u201d. Y all\u00ed est\u00e1. Confieso que lo he visto.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"text\">\n<p><i>www.jrlantigua.com<\/i><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"entretitulo\">Libros<\/div>\n<div class=\"insert_headline\">\n<div class=\"insert_title\">Paradiso<\/div>\n<div class=\"insert_Image\">\n<div><img decoding=\"async\" class=\" lazyloaded\" title=\"Paradiso\" src=\"data:;base64,<svg xmlns='http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg' viewBox='0 0 185 134'\/>\" srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;303\/0c81\/185d134\/none\/10904\/MVME\/image_content_8562549_20170728131303.jpg 185w\" alt=\"Paradiso\" width=\"185&#8243; height=\"134&#8243; data-srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;303\/0c81\/185d134\/none\/10904\/MVME\/image_content_8562549_20170728131303.jpg 185w\" \/><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_text\">\n<p><b>Jos\u00e9 Lezama Lima<\/b>\u00a0(Edici\u00f3n: Elo\u00edsa Lezama Lima. C\u00e1tedra, 1980. 653 p\u00e1gs.)<\/p>\n<p>Una de las m\u00e1s asombrosas creaciones en la literatura de lengua espa\u00f1ola. Obra de s\u00edntesis donde la exuberancia barroca, el hallazgo de un lenguaje er\u00f3tico lleno de revelaciones, la sobrenaturaleza de una realidad m\u00e1gica, se orquestan en un crescendo que conduce a la invenci\u00f3n de un sistema po\u00e9tico del universo.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_headline\">\n<div class=\"insert_title\">Oppiano Licario<\/div>\n<div class=\"insert_Image\">\n<div><img decoding=\"async\" class=\" lazyloaded\" title=\"Oppiano Licario\" src=\"data:;base64,<svg xmlns='http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg' viewBox='0 0 185 134'\/>\" srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;317\/0c0\/185d134\/none\/10904\/XVAQ\/image_content_8562553_20170728131306.jpg 185w\" alt=\"Oppiano Licario\" width=\"185&#8243; height=\"134&#8243; data-srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;317\/0c0\/185d134\/none\/10904\/XVAQ\/image_content_8562553_20170728131306.jpg 185w\" \/><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_text\">\n<p><b>Jos\u00e9 Lezama Lima<\/b>\u00a0(Bruguera, 1985. 299 p\u00e1gs.)<\/p>\n<p>Obra p\u00f3stuma e inconclusa del genial escritor cubano, donde lleva hasta sus \u00faltimas consecuencias los temas narrativos y formales ya planteados en su primera novela Paradiso. Oppiano Licario es una figura arquet\u00edpica que representa la destrucci\u00f3n del tiempo, de la realidad, de la irrealidad, y la suma del conocimiento infinito.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_headline\">\n<div class=\"insert_title\">Residencia en la tierra<\/div>\n<div class=\"insert_Image\">\n<div><img decoding=\"async\" class=\" lazyloaded\" title=\"Residencia en la tierra\" src=\"data:;base64,<svg xmlns='http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg' viewBox='0 0 185 134'\/>\" srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;287\/0c0\/185d134\/none\/10904\/CVJR\/image_content_8562557_20170728131306.jpg 185w\" alt=\"Residencia en la tierra\" width=\"185&#8243; height=\"134&#8243; data-srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;287\/0c0\/185d134\/none\/10904\/CVJR\/image_content_8562557_20170728131306.jpg 185w\" \/><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_text\">\n<p><b>Pablo Neruda\u00a0<\/b>(Seix Barral, 1976. 148 p\u00e1gs.)<\/p>\n<p>Un gran texto que se\u00f1ala un momento central en la evoluci\u00f3n de la poes\u00eda contempor\u00e1nea en lengua espa\u00f1ola. El poeta ahonda en el sustrato de lo irracional e innombrable. Una de las experiencias m\u00e1s decisivas de la prospecci\u00f3n en \u00e1reas nuevas que define a la vanguardia contempor\u00e1nea.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_headline\">\n<div class=\"insert_title\">Antolog\u00eda Po\u00e9tica<\/div>\n<div class=\"insert_Image\">\n<div><img decoding=\"async\" class=\" lazyloaded\" title=\"Antolog\u00eda Po\u00e9tica\" src=\"data:;base64,<svg xmlns='http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg' viewBox='0 0 185 134'\/>\" srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/186&#215;294\/0c159\/185d134\/none\/10904\/CNDH\/image_content_8562561_20170728131307.jpg 185w\" alt=\"Antolog\u00eda Po\u00e9tica\" width=\"185&#8243; height=\"134&#8243; data-srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/186&#215;294\/0c159\/185d134\/none\/10904\/CNDH\/image_content_8562561_20170728131307.jpg 185w\" \/><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_text\">\n<p><b>Pablo Neruda\u00a0<\/b>(Editor: Rafael Alberti. Planeta, 1996. 509 p\u00e1gs.)<\/p>\n<p>De todas las antolog\u00edas de Neruda, ofertamos a los lectores la editada por el gran poeta espa\u00f1ol Rafael Alberti, quien sostuvo una estrecha amistad con el vate chileno. \u201cEn el mar, en la tierra\/ en los pueblos perdidos\/ en las grandes ciudades\/ en las naciones\/ siempre tu nombre, t\u00fa\/ tu estrella inextinguible\/ tu fulgurante ejemplo\u201d, voz de Alberti en su poema Permanencia de Pablo Neruda.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_headline\">\n<div class=\"insert_title\">Confieso que he vivido. Memorias<\/div>\n<div class=\"insert_Image\">\n<div><img decoding=\"async\" class=\" lazyloaded\" title=\"Confieso que he vivido. Memorias\" src=\"data:;base64,<svg xmlns='http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg' viewBox='0 0 185 134'\/>\" srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;281\/0c0\/185d134\/none\/10904\/JVPR\/image_content_8562565_20170728131308.jpg 185w\" alt=\"Confieso que he vivido. Memorias\" width=\"185&#8243; height=\"134&#8243; data-srcset=\"\/\/www.diariolibre.com\/documents\/10157\/0\/185&#215;281\/0c0\/185d134\/none\/10904\/JVPR\/image_content_8562565_20170728131308.jpg 185w\" \/><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"insert_text\">\n<p><b>Pablo Neruda\u00a0<\/b>(Seix Barral, 1974. 511 p\u00e1gs.)<\/p>\n<p>Las inolvidables memorias de Neruda, publicadas un a\u00f1o despu\u00e9s de su muerte y que fue lectura mayor en los a\u00f1os setenta. La autobiograf\u00eda de un aut\u00e9ntico cronista y testigo de su tiempo. Su potencia verbal, su concepci\u00f3n del arte y la poes\u00eda, sus posiciones pol\u00edticas, sus amores y desamores, sus devociones y sus odios, sus \u00faltimas letras.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 29-7-17) VISITAMOS A LEZAMA EN\u00a0su casa de Trocadero 162, en La Habana, hace ya veinti\u00fan a\u00f1os. S\u00ed. 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