{"id":18520,"date":"2017-08-08T12:35:01","date_gmt":"2017-08-08T16:35:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.debateplural.com\/?p=18520"},"modified":"2017-08-08T12:35:01","modified_gmt":"2017-08-08T16:35:01","slug":"tres-jesuitas-migueletes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/08\/08\/tres-jesuitas-migueletes\/","title":{"rendered":"Tres jesuitas migueletes"},"content":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 16-5-15)<\/p>\n<div id=\"p_p_id_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_9db3380d0d4d495e8247d8dfb518f580_\" class=\"portlet-boundary portlet-boundary_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_  portlet-static portlet-static-end content-viewer-portlet \">\n<div class=\"td-portlet\">\n<section id=\"portlet_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_9db3380d0d4d495e8247d8dfb518f580\" class=\"portlet\">\n<div class=\"portlet-content\">\n<div class=\" portlet-content-container\">\n<div class=\"portlet-body\">\n<div class=\"last td-viewer full-access\">\n<div class=\"detalle-texto migrada\">\n<div class=\"text\">\n<p>En su obra Barrios in Arms, editada por la Universidad de Pittsburgh en 1970, Jos\u00e9 A. Moreno narra en forma cautivante la manera en que tres sacerdotes jesuitas cubanos se establecieron en el barrio San Miguel, en el coraz\u00f3n revolucionario del conflicto c\u00edvico militar de Abril del 65, realizando labores humanitarias. Integr\u00e1ndose con la comunidad, incluidos los comandos, en labores vitales de reparto de alimentos, medicinas y atenci\u00f3n m\u00e9dica, corriendo el riesgo de ser alcanzados por una bala perdida, una r\u00e1faga precisa o fragmentos de granadas de morteros disparadas por las tropas interventoras desde las alturas de la Avenida Duarte y sus contornos.<\/p>\n<p>\"En la segunda semana de mayo, cuando pens\u00e9 que se llegar\u00eda a un arreglo pol\u00edtico y que por lo tanto era inminente el final de la lucha, decid\u00ed volver a mi casa para descansar y pensar sobre la situaci\u00f3n. El d\u00eda que comenz\u00f3 el gobierno de Imbert fui a Santiago para ver cu\u00e1l era la situaci\u00f3n de las provincias. Despu\u00e9s de volver a Santo Domingo trat\u00e9 de organizar un grupo de amigos para estudiar la situaci\u00f3n pol\u00edtica y tomar una posici\u00f3n con respecto a los hechos de los cuales hab\u00edamos sido testigos. En este momento las tropas de Imbert comenzaron a llevar a cabo con \u00e9xito, en el norte de la ciudad, la llamada Operaci\u00f3n Limpieza. Se corr\u00edan rumores que despu\u00e9s de terminar la guerra en el norte, Imbert ir\u00eda a Ciudad Nueva, que era el \u00faltimo baluarte de los rebeldes, para exterminarlos. Se lanz\u00f3 una campa\u00f1a propagand\u00edstica para mostrar al mundo que todos los rebeldes en Ciudad Nueva eran comunistas.<\/p>\n<p>En la lluviosa tarde del domingo 16 de mayo, cuando la Operaci\u00f3n Limpieza estaba en todo su apogeo, decid\u00ed ir a la zona rebelde con un amigo. Cuando cruzamos el Punto de Control Charlie en la Avenida Bol\u00edvar, empec\u00e9 a temer que no volver\u00edamos con vida. Despu\u00e9s de dejar atr\u00e1s los tanques, morteros y a los marines americanos, caminamos por las calles desiertas. Cuando cruzamos el Parque Independencia, situado en el coraz\u00f3n de Santo Domingo, comenzamos a ver rebeldes con ametralladoras escondidos en los zaguanes y techos. Ya en la calle El Conde pod\u00edamos ver peque\u00f1os grupos de rebeldes en todas las bocacalles.<\/p>\n<p>Al pasar un jeep, mi amigo reconoci\u00f3 al conductor y le empez\u00f3 a hacer se\u00f1as; era el paracaidista franc\u00e9s Andr\u00e9 de la Rivi\u00e9re, vestido con uniforme de combate y con una ametralladora colgando del hombro. Nos paramos en un rinc\u00f3n debajo de la lluvia, mientras Andr\u00e9 criticaba al Nuncio Apost\u00f3lico por haberle preguntado abiertamente si \u00e9l era comunista; estaba furioso con Caama\u00f1o por haber dejado a Viriato Fiallo, el jefe de la UCN, irse libremente de la zona rebelde hacia la leal sin ser sometido a juicio. Despu\u00e9s de conversar durante media hora, Andr\u00e9 nos condujo cerca de las l\u00edneas americanas, porque era ya casi la hora para el toque de queda.<\/p>\n<p>El 19 de mayo volv\u00ed otra vez a la zona rebelde, esta vez era un d\u00eda de sol, pero la ciudad manten\u00eda su aspecto gris. Se pod\u00edan escuchar los disparos que proven\u00edan del norte de la ciudad donde se estaba completando la Operaci\u00f3n Limpieza. Al mediod\u00eda del viernes 21 de mayo se hizo efectiva la tregua humanitaria de veinticuatro horas que Mayobre, el representante de la ONU, hab\u00eda conseguido. Decid\u00ed aprovechar la tregua y ese mismo viernes, a la tarde, me mud\u00e9 a la zona rebelde, temiendo que ya el s\u00e1bado ser\u00eda demasiado tarde, ya que Imbert hab\u00eda prometido repetidamente \u2018acabar con los comunistas de Ciudad Nueva'.<\/p>\n<p>Conmigo fue un joven sacerdote cubano, el Padre Manuel Ortega, quien el a\u00f1o anterior hab\u00eda estudiado ciencias pol\u00edticas en la Universidad de Berl\u00edn. Nos llevamos algo de comida, una radio-transistor y unos pocos libros y papeles y nos fuimos a la zona rebelde. Pedimos permiso al Obispo para usar como base la vieja iglesia colonial de San Miguel, que est\u00e1 situada en el coraz\u00f3n de Santo Domingo. A pesar de que ninguno de nosotros hab\u00eda estado antes en esta parte de la ciudad, nos hab\u00edan dicho que los rebeldes hab\u00edan convertido a la vieja iglesia de piedra en un fuerte armado y rodeado por sacos de arena.<\/p>\n<p>Como la mayor\u00eda de las iglesias del centro de Santo Domingo, San Miguel hab\u00eda sido abandonada por los sacerdotes locales apenas estall\u00f3 la revoluci\u00f3n. De las catorce iglesias cat\u00f3licas que normalmente operaban en el \u00e1rea, solamente cinco estaban todav\u00eda abiertas el 21 de mayo, y dos de ellas estaban administradas por j\u00f3venes sacerdotes que se hab\u00edan mudado a las iglesias despu\u00e9s que \u00e9stas fueron abandonadas en los primeros d\u00edas de la revoluci\u00f3n. El domingo 23 de mayo abrimos al p\u00fablico las iglesias de San Miguel y San L\u00e1zaro, una semana m\u00e1s tarde el Padre Tom\u00e1s Marrero se nos uni\u00f3 y abri\u00f3 la iglesia de El Carmen. A fines de mayo, ocho iglesias cat\u00f3licas en la zona rebelde estaban otra vez sirviendo al pueblo y por lo menos cinco de ellas estaban administradas por j\u00f3venes elementos liberales dentro del clero.<\/p>\n<p>Cuando llegamos a San Miguel, el portero estaba poniendo un enorme candado en la puerta del frente, prepar\u00e1ndose para irse al d\u00eda siguiente. Hab\u00eda estado solo en la iglesia durante tres semanas y no quer\u00eda quedarse all\u00ed a esperar que llegaran las tropas del CEFA. Nos mostr\u00f3 el edificio: ten\u00eda un peque\u00f1o apartamento anexo a la iglesia con dos habitaciones peque\u00f1as, una abajo y otra en el primer piso. Nos dijo que el dormitorio de arriba no era seguro porque el techo de zinc no ofrec\u00eda mucha protecci\u00f3n durante los ataques a\u00e9reos y que \u00e9l mismo dorm\u00eda abajo en un catre. El Padre Ortega tambi\u00e9n decidi\u00f3 quedarse abajo, pero a m\u00ed no me gustaban los olores que hab\u00eda all\u00ed y eleg\u00ed permanecer arriba. Esa noche, antes de dormirme, sent\u00ed subir al Padre Ortega con todas sus pertenencias. Tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda decidido arriesgarse a los ataques a\u00e9reos antes que soportar los olores de la planta baja.<\/p>\n<p>No conoc\u00edamos a nadie en San Miguel. Cuando descendimos del auto algunas mujeres en la calle San Isidro nos miraron con sorpresa y curiosidad; cuando las salud\u00e9 ellas me respondieron el saludo mir\u00e1ndose las unas a las otras. Despu\u00e9s que dej\u00e9 mis pertenencias adentro, salud\u00e9 a algunos muchachos que estaban en la calle Jos\u00e9 Reyes, a dos casas de distancia de la iglesia. La fachada de la casa donde estaban los muchachos hab\u00eda sido agujereada recientemente por balas y proyectiles. Delante de ella hab\u00eda un m\u00e1stil de bandera. Result\u00f3 ser la estaci\u00f3n de polic\u00eda de San Miguel, ocupada ahora por los muchachos del Comando San Miguel. Cuando ped\u00ed ver al comandante, los muchachos me hicieron entrar en la casa.<\/p>\n<p>El comandante estaba hablando con algunos otros hombres en una habitaci\u00f3n peque\u00f1a y sin ventanas. Cuando entr\u00e9, \u00e9l se puso de pie y sonriendo se present\u00f3 con voz suave: \u2018Francisco, Comandante de San Miguel'. Nos dimos la mano y le dije que yo estaba en la vieja iglesia y que estaba dispuesto a ayudar en cualquier forma que pudiera. Me dijo que mi ayuda ser\u00eda muy apreciada, especialmente durante la lucha, porque no hab\u00eda m\u00e9dicos en los alrededores. Sorprendido, le dije que yo no era m\u00e9dico. El me respondi\u00f3: \u2018De todos modos usted sabe m\u00e1s que nosotros de esas cosas y estoy seguro que podr\u00e1 ayudarnos'.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando conversaba con algunos muchachos de San Miguel, se acerc\u00f3 un hombre delgado vestido con equipo de combate y portando una ametralladora, quien pidi\u00f3 hablar conmigo en privado. Ten\u00eda claro acento espa\u00f1ol. Caminamos hacia San L\u00e1zaro, donde al llegar me pregunt\u00f3 si el Padre Ortega y yo pod\u00edamos tambi\u00e9n encargarnos de esa iglesia. Yo acept\u00e9 abrir San L\u00e1zaro al p\u00fablico y usar sus facilidades como centro de distribuci\u00f3n de comida. El hombre con la ametralladora era el comandante de San L\u00e1zaro; era preciso, autoritario, pero amigable aun cuando daba \u00f3rdenes a sus muchachos. Era un hombre mejor educado que los que le rodeaban y ten\u00eda maneras de caballero. En ese momento, su nombre, Manolo Gonz\u00e1lez, no significaba nada para m\u00ed, pero trat\u00e9 de recordarlo. Pronto sabr\u00eda qui\u00e9n era y qu\u00e9 papel representaba en la revoluci\u00f3n.\"<\/p>\n<p>Moreno describe San Miguel como un vecindario de clase media baja formada en torno a la vieja iglesia colonial. Detr\u00e1s de ella El Jobo, un barrio pobre integrado por 150 familias. Frente al tempo el parque rodeado por casas de la clase media. A un lado un bar y un colmado, al otro extremo la cl\u00ednica del Dr. Dinzey, de tres pisos. En frente el comando ocupando la estaci\u00f3n de polic\u00eda.<\/p>\n<p>Tras su primera pernoctaci\u00f3n concluy\u00f3 \"que la falta de comida era el problema principal del barrio\". Abastos cerrados, la gente sin dinero, escasa refrigeraci\u00f3n. Telefone\u00f3 a la OEA, CARE y Caritas, en procura de alimentos. Con \u00e9sta logr\u00f3 un cami\u00f3n inicial con doce mil libras de arroz en fundas de dos libras. Cuando regres\u00f3 a San Miguel y San L\u00e1zaro, unas 700 personas hac\u00edan fila frente a cada iglesia. El d\u00eda anterior distribuyeron tarjetas casa por casa y con la ayuda de muchachas, auxiliadas en el orden por los j\u00f3venes del comando, se entregaron 3 fundas por persona. Tras dos horas de reparto, el nerviosismo amenazaba anarquizarlo presionado por gente sin tarjetas. Moreno exhort\u00f3 a mantener la calma, afirmando que el arroz alcanzaba para todos. Al final, los del comando recibieron el saldo en pago a sus servicios de orden p\u00fablico, metralleta en mano.<\/p>\n<p>Un joven Jos\u00e9 Chez Checo, hoy destacado historiador, cuya familia resid\u00eda en el sector, abandon\u00f3 el Seminario Santo Tom\u00e1s de Aquino para integrarse junto a los suyos a los trabajos comunitarios a cargo del padre Marrero. Jos\u00e9 Licha y sus cong\u00e9neres libaneses hicieron lo propio. Danilo Caro Ginebra, estudiante de arquitectura en Cornell -donde conoci\u00f3 a Moreno-, se sum\u00f3 al suministro de medicinas para el consultorio que oper\u00f3 en la Cl\u00ednica del Dr. Dinzey, donde Jos\u00e9 Garc\u00eda Ram\u00edrez -hoy prominente cardi\u00f3logo y catedr\u00e1tico universitario- mantuvo las riendas. Do\u00f1a Am\u00e9rica -hermana del general Ram\u00edrez Alc\u00e1ntara, h\u00e9roe de la revoluci\u00f3n figuerista de Costa Rica- avituallaba en su hogar a estos esforzados jesuitas, convertidos en temerarios migueletes. 50 abriles atr\u00e1s.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"p_p_id_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_517be715c0fe4f2eae2233afbbbf0136_\" class=\"portlet-boundary portlet-boundary_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_  portlet-static portlet-static-end article-topics-portlet detalle-metadatos\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. 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