{"id":19514,"date":"2017-10-02T11:23:18","date_gmt":"2017-10-02T15:23:18","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=19514"},"modified":"2017-10-02T11:23:18","modified_gmt":"2017-10-02T15:23:18","slug":"cestero-visto-por-larrazabal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/10\/02\/cestero-visto-por-larrazabal\/","title":{"rendered":"Cestero visto por Larraz\u00e1bal"},"content":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 5-3-16)<\/p>\n<p>Carlos Larraz\u00e1bal Blanco (1894-1989) fue un insigne historiador, genealogista y maestro, licenciado en Farmacia, nacido en Santo Domingo de padre venezolano \u2013general Wolfgan L.-, radicado en San Carlos. Autor de la monumental Familias Dominicanas en 9 vol\u00famenes y del texto pionero Los negros y la esclavitud en Santo Domingo. Nacionalista, concurri\u00f3 a la fundaci\u00f3n en 1916 de la Asociaci\u00f3n Independiente de J\u00f3venes Dominicanos adversa a la Ocupaci\u00f3n norteamericana, junto a Viriato Fiallo, Pe\u00f1a Batlle, Jimenes Grull\u00f3n. Miembro de la Academia Dominicana de Historia desde 1938 y asiduo colaborador de su \u00f3rgano Cl\u00edo. En 1946 se estableci\u00f3 en New York y luego en Caracas, regresando en 1973. Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde ingres\u00f3 a la Academia de la Lengua con un discurso sobre la obra novel\u00edstica (La Sangre, Ciudad rom\u00e1ntica, Sangre solar) de Tulio Manuel Cestero (1877-1954), acompa\u00f1ado por un exhaustivo inventario lexicogr\u00e1fico de la misma.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n el Archivo General de la Naci\u00f3n, que realiza una estupenda labor de rescate de nuestro acervo bibliogr\u00e1fico y documental, public\u00f3 sendos vol\u00famenes compilados por Andr\u00e9s Blanco D\u00edaz, dedicados a Larraz\u00e1bal: Manual de Historia de Santo Domingo y otros temas hist\u00f3ricos y Antolog\u00eda. En un ensayo acerca del aporte de este autor, el historiador Am\u00e9rico Moreta Castillo traza en remembranza su perfil: \u201cAfable, conversador, de indiscutible buen humor, siempre dispuesto a ense\u00f1ar, a guiar y educar, sencillo y humilde, recuerdo a don Carlos con su pelo blanco, sus gafas ya permanentes, su tez algo trigue\u00f1a, alto y delgado, casi fr\u00e1gil\u201d. Ello en ocasi\u00f3n de una conferencia que dictara \u00e9ste en la Casa Museo de Don Fed, regenteada por su hijo Enriquillo Henr\u00edquez. En San Carlos a Larraz\u00e1bal se le ten\u00eda en gran estima y escuch\u00e9 siempre opiniones positivas en el seno de mi familia, con la cual mantuvo cercanas relaciones.<\/p>\n<p>Amante de la obra cesteriana \u2013que he le\u00eddo y rele\u00eddo con deleite- deseo compartir con los lectores algunos fragmentos del referido discurso de Larraz\u00e1bal, quien ingresaba a la Academia de la Lengua para ocupar el sill\u00f3n dejado vacante por el Dr. Heriberto Pieter, tras su deceso. De quien se\u00f1ala en alusi\u00f3n a su origen humilde, que \u201cfue mandadero, aprendiz de sastre, militar, empleado de comercio, tip\u00f3grafo, vigilante de recuas\u201d \u2013 fabricante de ata\u00fades en una funeraria en Cabo Haitiano, tal consta en su Autobiograf\u00eda-, convirti\u00e9ndose con esfuerzo propio en el prominente m\u00e9dico que fue, con varios doctorados en Par\u00eds, fundador filantr\u00f3pico del Instituto Oncol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Nos dice Larraz\u00e1bal: \u201cSiempre he le\u00eddo con especial inter\u00e9s y simpat\u00eda las obras dominicanas que desarrollan temas de ambiente vern\u00e1culo. Lo tradicional me atrae singularmente. Lo criollo, con su peque\u00f1a historia, su peque\u00f1a sociolog\u00eda, su espec\u00edfica sicolog\u00eda, bulle del campo, de la aldea, de la ciudad, de la familia, con sus hombres y mujeres en sus manifestaciones de vida\u201d. Conecta as\u00ed con el amor al terru\u00f1o y con aquellos escritores que han cultivado las tradiciones y costumbres populares, resaltando a Cestero.<\/p>\n<p>\u201cTulio Manuel Cestero, al parecer, era un ente fr\u00edvolo. Sin embargo, en lo profundo e inconsciente de su esp\u00edritu no era as\u00ed. Am\u00f3 a su tierra y su obra dominicanista lo demuestra. Sinti\u00f3 la necesidad imperiosa de rebuscar en los escondrijos de su subconsciencia aquello que vivi\u00f3, que asimil\u00f3, y que lo estructur\u00f3 al fin y a la postre. Esas obras fueron Ciudad rom\u00e1ntica, Sangre solar y La Sangre. La primera gira alrededor de dos tragedias, la una, la muerte del trovador bohemio Eduardo Scanlan, venezolano. La otra, el fusilamiento del general y diputado Santiago P\u00e9rez, matador de Scanlan, con sus razones, pero a mansalva. Sangre solar tiene su clima en el golpe revolucionario del 23 de marzo de 1903. La Sangre, la m\u00e1s importante del tr\u00edptico, se vincula con la \u00e9poca de Lil\u00eds y principio del siglo actual y se mueve alrededor de la vida de un dominicano excepcional, so\u00f1ador, idealista y rom\u00e1ntico, sin ambiciones de la vulgar empleoman\u00eda, intransigente respecto de todos los vicios de la pol\u00edtica ambiente.\u201d<\/p>\n<p>Estas obras \u201cpresentan todo lo negativo del conglomerado social dominicano, es decir, pol\u00edtica, revoluciones sin sentido ideol\u00f3gico patri\u00f3tico, tiran\u00edas vulgares&#8230; y una acefalia completa de sentido administrativo honesto.\u201d<\/p>\n<p>De este trasfondo, surgen personajes como Antonio Portocarrero y Luisa su mujer, don Pedro, el Padre Billini, algunos pol\u00edticos. Gente del pueblo como la ventorrillera Mediotocino, el carcelero Papaqu\u00edn, el compadre Pedro Espiritusanto. Como trilog\u00eda especial Santana, B\u00e1ez y Lil\u00eds, execrados. \u201cLos j\u00f3venes que deambulan por la rom\u00e1ntica ciudad, que hablan de literatura, de pol\u00edtica, de la tiran\u00eda y se apabullan con los asesinatos y fusilamientos.\u201d<\/p>\n<p>Apunta. \u201cDa gusto, al leer las obras cesterianas, c\u00f3mo se regodea con los recuerdos de cosas que afectaron su ni\u00f1ez, su juventud y su plena adultez. El habla popular se le qued\u00f3 grabada en sus o\u00eddos. La socarroner\u00eda y marruller\u00eda campesina las sorprende y las fija. Desfilan delante de \u00e9l el hombre simple del campo y de los villorrios y ciudades, con sus virtudes y defectos. Contempla a la mujer, flor y abeja en sus hogares, dispuesta al sacrificio; la contempla lavando en los ben\u00e9volos arroyos; a veces yendo al conuco para buscar el alimento de cada d\u00eda; o friendo calderadas de pl\u00e1tanos en los tugurios; la contempla buscando el amor en el aplazamiento, y dando muchachos al mundo cada a\u00f1o.<\/p>\n<p>A\u00f1ora Cestero los tiempos coloniales en presencia de los vetustos edificios y las imponentes ruinas, bellas y tristes herencias de piedra. Refiere aconteceres pol\u00edticos y de la sociedad: las desastrosas guerras civiles con sus hechos salpicados de sangre, carentes en absoluto de sentido de bien patrio, s\u00f3lo guiadas por ingenuos y a veces malhadados afanes de poder, cualquier poder, el del alcalde ped\u00e1neo o el del presidente de la Rep\u00fablica. Muchas veces los hombres iban a la guerra por un deseo sobrancero de querer figurar, de estar en el candelero aunque sea de cabo, como dice el pueblo en semejantes casos. Ese cabo podr\u00eda ser entre los de la buena sociedad o entre los escritores, periodistas, poetas, un consulado, una diputaci\u00f3n, ser ministro.<\/p>\n<p>Cestero se adentra en los hogares. De la sala, donde suele existir un paso de novios, pasa al comedor; de aqu\u00ed, olfateando los olores que emergen de los calderos, pasa a la cocina donde quisiera morder una buena pechuga de pollo. En el jardincillo contempla las flores y al fondo del patio advierte un gallinero hecho de ca\u00f1as de Castilla. Se anda por los ventorrillos de los barrios, contempla a los muchachos en su juego de bolas. Baila aqu\u00ed y all\u00e1, se disfraza en los carnavales, lanza cascarones de huevos llenos de aguas de olor en el juego de San Andr\u00e9s. En fin, Cestero se sumerge en su tiempo y en su espacio. Pasa por el tamiz del trato con seres vivos y por el de las cosas viejas y muertas, para mostrarse ante su patria como un hombre que acendradamente la am\u00f3.\u201d<\/p>\n<p>A\u00f1ade. \u201cDe las obras del ciclo criollista de Cestero hinco mi atenci\u00f3n en La Sangre. Se trata de una narraci\u00f3n en la cual la ficci\u00f3n casi no existe. Desde luego, los nombres de la familia afectada se presentan simulados. Para las personas que convivieron en el mismo ambiente de los relatos del libro, Cestero no ha tenido que imaginar nada. En La Sangre existe un leg\u00edtimo costumbrismo y el realismo campea en toda ella. Tiene barruntos de novela hist\u00f3rica pero&#8230; falta que los hechos estuvieran envueltos en una trama imaginativa. El autor de novelas hist\u00f3ricas, por lo general, va de lo real a la ficci\u00f3n (o de la ficci\u00f3n a lo real), de donde sus personajes, muchas veces, si se les compara con actividades en el mundo de la realidad, resultan demasiado idealizados, demasiado estigmatizados o caricaturizados. Los personajes de Cestero son los mismos dentro y fuera de la narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Antonio Portocarrero, figura clave, es un hombre lleno de puros ideales. Cree que la honestidad, la honradez y el verdadero servicio al pa\u00eds son compatibles con la actividad pol\u00edtica. Fue un rebelde, un inconforme. Sufri\u00f3 c\u00e1rceles, desprecios, bajas murmuraciones por su conducta. La estulticia ambiente lo castigaba al tildarle de fracasado. Pose\u00eda esp\u00edritu de sacrificio. No fue afortunado.<\/p>\n<p>Cestero lo describe de esta manera: \u2018Joven, de estatura pr\u00f3cer, la fisonom\u00eda en\u00e9rgica y simp\u00e1tica, la color melada, cuya palidez actual aumenta la sombra de la barba crecida. Los cabellos negros, de rebeldes vendijas, la nariz roma y los labios carnosos de bordes morados, denuncian las gotas de sangre africana que desle\u00eddas, corren por su venas. Las pupilas grandes y brillantes, henchido el pecho.\u2019<\/p>\n<p>Cestero tiene cari\u00f1o a su personaje, es m\u00e1s, lo admira. Quiz\u00e1s quisiera ser como \u00e9l. La Sangre no es sino un homenaje a ese personaje. Pero eran diferentes. Los temperamentos no estaban hermanados sino por de fuera, en lo \u00edntimo no. Cestero no ten\u00eda esp\u00edritu de sacrificio. Amaba la vida, la buena vida. La pol\u00edtica del pa\u00eds nunca la tom\u00f3 en serio. Se re\u00eda, en el fondo, de muchas cosas. Varias veces tendr\u00eda presente la oposici\u00f3n que hizo Antonio Portocarrero a su amigo Arturo Aybar, cuando este se trans\u00f3 con Lil\u00eds por el consulado en Par\u00eds. Cestero no hizo esto entonces, odiaba a Ulises Heureaux y su sistema de gobierno. M\u00e1s tarde fue c\u00f3nsul varias veces.<\/p>\n<p>Tulio Cestero, a pesar de poseer una faz \u2018sui generis\u2019, atra\u00eda por su cordialidad, su frase oportuna y chispeante, su iron\u00eda con cierto cinismo divertido y hasta simp\u00e1tico. Como muchos literatos dominicanos fue casi autodidacta. Nunca tuvo una profunda y completa educaci\u00f3n escolar o universitaria. Fue como tantos buenos escritores de todos los tiempos y de todas las latitudes, que dejar\u00edan la gram\u00e1tica para cuando no la necesitaran, como quer\u00eda Azor\u00edn, porque entonces no les hac\u00eda da\u00f1o. Y dieron rienda suelta a su natural espontaneidad, a su libertad de expresi\u00f3n tomada del ambiente y por adherencias inconscientes de sus lecturas.\u201d Un verdadero escritor de raza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 5-3-16) Carlos Larraz\u00e1bal Blanco (1894-1989) fue un insigne historiador, genealogista y maestro, licenciado en Farmacia, nacido en Santo Domingo de padre venezolano \u2013general Wolfgan L.-, radicado en San Carlos. Autor de la monumental Familias Dominicanas en 9 vol\u00famenes y del texto pionero Los negros y la esclavitud en Santo Domingo. 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