{"id":19545,"date":"2017-10-03T11:33:46","date_gmt":"2017-10-03T15:33:46","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=19545"},"modified":"2017-10-03T11:33:46","modified_gmt":"2017-10-03T15:33:46","slug":"el-fandango-rural-del-siglo-xix","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/10\/03\/el-fandango-rural-del-siglo-xix\/","title":{"rendered":"El \u201cFandango\u201d Rural del Siglo XIX"},"content":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 30-9-17)<\/p>\n<p>UNA RICA VI\u00d1ETA DE\u00a0la vida dominicana de \u201cmonte adentro\u201d nos la ofrece el soci\u00f3logo y escritor Pedro Francisco Bon\u00f3, en su novela de costumbres\u00a0<i>El Montero<\/i>, publicada en 1856. Con su agudo ojo escrutador, Bon\u00f3 retrata las incidencias y la significaci\u00f3n cultural de \u201cun fandango\u201d. No entendido como el baile del mismo nombre (el fandango andaluz), sino como una fiesta rural, guateque, sarao, \u201cperico ripiao\u201d, como se le ha denominado a esta modalidad de sociabilidad festiva en distintas \u00e9pocas. Se\u00f1ala nuestro autor, en este sentido, que \u201cel fandango no es una danza especial; el fandango son mil danzas diferentes, es un baile en cuya composici\u00f3n entra: un local entre claro y entre oscuro, dos cuatros, dos g\u00fciras, dos cantores, un tiple, mucha bulla, y cuando raya en lujo, una tambora\u201d. Aportando as\u00ed la escena y el cuadro b\u00e1sico instrumental de la m\u00fasica.<\/p>\n<p>Para Bon\u00f3, \u201cel fandango\u201d, como fen\u00f3meno sociol\u00f3gico por excelencia, es \u201cla arena de las declaraciones\u201d, es el \u00e1mbito social que requiere el montero para \u201csalir de su estado normal, para arrojar la timidez que se le redobla con el amor, y vestirse con esa capa de osad\u00eda que posee el hombre de mundo\u201d. Por eso, no es raro que al calor de estas ocasiones especiales, los lances amorosos, a ratos temerarios, terminen en tragedia al enfrentarse los hombres por el amor de una hembra. Este rasgo caracter\u00edstico de nuestra cultura decimon\u00f3nica -consignado por viajeros y observadores extranjeros y por cronistas nativos\u2013 ser\u00eda una de las constantes en las fiestas rurales dominicanas, donde el machete o el\u00a0<i>lengua de mime<\/i>\u00a0(cuchillo de hoja larga, estrecha y puntiaguda, llevado al cinto por el campesino), y el afamado\u00a0<i>panza \u2018e burro<\/i>\u00a0(rev\u00f3lver usualmente Smith &amp; Wesson muy popular entre los dominicanos hasta el desarme general practicado durante la Ocupaci\u00f3n Americana de 1916-1924), har\u00edan de las suyas en medio de la algarab\u00eda del baile.<\/p>\n<p>Para penetrar en el ambiente candente del \u201cfandango\u201d rural de mediados del siglo XIX, dej\u00e9monos conducir de la diestra virtuosa de Bon\u00f3, quien describe el ambiente parco de bienes muebles y los personajes del sarao.<\/p>\n<p>\u201cVeis la sala, dos velas de cera parda pegadas a dos clavos la alumbran. En ese rinc\u00f3n donde m\u00e1s apretado est\u00e1 el grupo de hombres que ocupa la mitad del local, apoyados en sus sables ora desnudos, ora envainados, est\u00e1 la orquesta. Abr\u00edos paso y ver\u00e9is: primero, dos individuos, cada uno empu\u00f1ando con la siniestra una calabaza delgada, retorcida y surcada de rayas a una l\u00ednea de distancia, mientras que con la diestra pasean por las desigualdades de los surcos y al comp\u00e1s una pulida costilla de jabal\u00ed; las calabazas son g\u00fciras, los que las tienen m\u00fasicos de acompa\u00f1amiento y cantores; ahora bajad la vista y ver\u00e9is los verdaderos m\u00fasicos sentados en un largo banco con las piernas cruzadas, cada uno trae un cuatro, instrumento de doce cuerdas en que alternan bordones y alambres y de sonido un poco bronco.\u201d<\/p>\n<p>Terminada la descripci\u00f3n del elenco orquestal, Bon\u00f3 nos traslada hacia la primera escena del baile, en la cual se ejecutar\u00e1 la denominada danza \u201cde puntas\u201d \u2013que corresponder\u00eda al zapateo- y de la cual el autor nos se\u00f1ala que \u201ctiene algunas veces el nombre de Sarambo y otras de Guarapo, distinci\u00f3n apoyada en tan peque\u00f1as variantes que est\u00e1 por dem\u00e1s enumerarlas\u201d. El maestro Julio Alberto Hern\u00e1ndez (1900-1999), un aguzado investigador de nuestras ra\u00edces folkl\u00f3ricas junto a su colega Juan Francisco \u201cPancho\u201d Garc\u00eda (1892-1974) en su Santiago natal, fue feliz autor de excelentes sarambos como\u00a0<i>Amor Profundo<\/i>\u00a0y guarapos como\u00a0<i>Jos\u00e9 Clemente<\/i>\u00a0\u2013ambas versiones criollas, en lo concerniente al baile, del zapateo espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Bon\u00f3 nos gu\u00eda para que observemos la danza y su coreograf\u00eda. \u201cVolved a salir al lugar vac\u00edo que aunque estrecho nunca lo desocupa un gal\u00e1n y una dama. La mujer se levanta sin previa invitaci\u00f3n y se lanza girando alrededor del c\u00edrculo donde pronto la acompa\u00f1a un hombre destacado del grupo de la orquesta; ella va ligera como una paloma; \u00e9l va arrastrando los cabos de su sable y marcando el comp\u00e1s ya en precipitados, ya en lentos zapateos; la mujer concluye tres vueltas circulares, y entonces avanza y recula hacia el hombre que la imita siempre a la inversa en aquellos movimientos, y aqu\u00ed es donde \u00e9l prodiga el resto de su agilidad y conocimiento de esta danza conocida con el nombre de puntas. Tan pronto imita el redoble de un tambor como el acompasado martillo de un herrero, o por fin con m\u00e1s suavidad el rasgueo de las g\u00fciras. Por \u00faltimo, despu\u00e9s de diez minutos concluye la danza con una pirueta a guisa de saludo y el gal\u00e1n tira una zapateta en el aire y cae con los pies cruzados.\u201d<\/p>\n<p>Este baile se hallaba en pleno apogeo entre la poblaci\u00f3n rural dominicana a mediados del siglo XIX, si nos atenemos a la forma en que es mencionado por Bon\u00f3 en su novela de costumbres, al narrar el episodio en el que Manuel \u2013joven t\u00edmido enamorado de Mar\u00eda-, aprovechando la licencia que le proporcionaba \u201cel fandango\u201d, empu\u00f1a la g\u00fcira \u201cy en versos mal o bien concertados\u201d, declara sus sentimientos hacia \u00e9sta. \u201cDespu\u00e9s de esto Manuel dej\u00f3 la g\u00fcira y acalorado por cuatro guarapos, tres sarambos y dos tragos de aguardiente, se aventur\u00f3 a dar la pisada sacramental que una bofetada castig\u00f3 o m\u00e1s bien premi\u00f3\u201d, aludiendo nuestro autor con ello a la manera en que se estilaba la declaratoria de amor por parte del hombre y la aceptaci\u00f3n de la proclama sentimental por parte de la dama.<\/p>\n<p>En su hermosa obra\u00a0<i>Al Amor del Boh\u00edo<\/i>, rica en aportes sobresalientes al conocimiento de nuestras mejores tradiciones, Ram\u00f3n Emilio Jim\u00e9nez se refiere a este baile y sus diferentes variantes, descritas con magistral precisi\u00f3n, fruto de sus indagatorias folkl\u00f3ricas. Lo mismo hace el folklorista y core\u00f3grafo Fradique Lizardo en su importante texto\u00a0<i>Danzas y bailes folkl\u00f3ricos dominicanos<\/i>, presentando los diagramas de la coreograf\u00eda recogida por \u00e9l en sus investigaciones de campo.<\/p>\n<p>Don Ram\u00f3n Emilio afirma que no se puede \u201chablar de un pueblo sin tener en cuenta sus manifestaciones coreogr\u00e1ficas\u201d. Evoca la funci\u00f3n \u201cdel cuatro t\u00edpico y de la voz melosa de un cantador de oficio\u201d, llevado y tra\u00eddo por los perdonavidas. Consignando nost\u00e1lgico que el cuatro escase\u00f3, suplantado por el gangoso acorde\u00f3n. En su paleta de colores coreogr\u00e1ficos, refiere como danzas t\u00edpicas: la yuca, el zapateo, el guarapo, el sarambo, el cayao (que en otros autores figura como callado), el chenche, el guayub\u00edn y por supuesto, el merengue, \u201c\u00fanico que persiste con la tenacidad de esos gallos de cuadra\u201d.<\/p>\n<p>Sobre el zapateo plantea que \u201ces un baile en que el zapato dominguero repiquetea en el suelo barrido adrede para la trasnochada festiva. La m\u00fasica, en un comp\u00e1s de dos por cuatro, excita, turba, enloquece. La baila una pareja: \u00e9l, terciado el sable de rojo ce\u00f1idor de lana sobre la camisa nueva; suelto de pies para emprender un salto sobre la cabeza de la dama y caer del otro lado sin tocarle en el pelo abundante, sujeto por un lazo de cinta, y todo esto sin perder el comp\u00e1s. Ella, airosa y \u00e1gil, entre los dedos la falda abigarrada abierta en forma de abanico; nerviosa como agua golpeada por un guijarro, mostrando a veces, cuando m\u00e1s \u2018picado\u2019 es el movimiento, las piernas que s\u00f3lo as\u00ed podr\u00edan mostrarse, codiciables, a los caprichos de la admiraci\u00f3n. Este baile pudo haber sido, si no el zapateado espa\u00f1ol, con las modificaciones inherentes a la adaptaci\u00f3n al medio, al menos un remedo de aqu\u00e9l.\u201d<\/p>\n<p>Finalmente refiere que el guarapo y el sarambo tienen igual tonada en el mismo comp\u00e1s de dos por cuatro. \u201cSe distinguen por la intensidad de la voz, que es mayor en el \u00faltimo. Los aires agudos y el baile picado, rico en color y en movimiento, en que la pareja danzante se carmina de agitaci\u00f3n, ebria de mudanzas, son del sarambo. En el guarapo no hay color encendido, sino mediatinta. La onda r\u00edtmica de los cuerpos no hace desprenderse una rosa presa en la altivez del mo\u00f1o, ni caer un cigarro oculto en la trenza recogida, ni deshacerse un lazo en la flexibilidad de una cintura.\u201d<\/p>\n<p>Como exclamaban Guarionex Aquino y Casandra Damir\u00f3n: \u00a1Currut\u00e1!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Lantigua, ex ministro de cultura Rep\u00fablica Dominicana (D. Libre 30-9-17) UNA RICA VI\u00d1ETA DE\u00a0la vida dominicana de \u201cmonte adentro\u201d nos la ofrece el soci\u00f3logo y escritor Pedro Francisco Bon\u00f3, en su novela de costumbres\u00a0El Montero, publicada en 1856. 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