{"id":20785,"date":"2017-11-27T12:12:36","date_gmt":"2017-11-27T16:12:36","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=20785"},"modified":"2017-11-27T12:12:36","modified_gmt":"2017-11-27T16:12:36","slug":"la-suntuosa-vida-de-los-hacendados-en-la-epoca-de-la-colonia-espanola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/11\/27\/la-suntuosa-vida-de-los-hacendados-en-la-epoca-de-la-colonia-espanola\/","title":{"rendered":"La suntuosa vida de los hacendados en la \u00e9poca de la colonia espa\u00f1ola"},"content":{"rendered":"<p>Emilia Pereyra (D. Libre, 24-11-17)<\/p>\n<div class=\"text\">\n<p>\u00a0El estudio sobre la suntuosa vida de hacendados y funcionarios de la \u00e9poca colonial muestra facetas impensadas para la mayor\u00eda de la gente de este tiempo acerca del modo en que discurr\u00eda la cotidianidad en el Santo Domingo espa\u00f1ol para miembros de las \u00e9lites.<\/p>\n<p>Los reveladores datos son aportados por la investigadora Ruth Torres Agudo en su tesis doctoral titulada \u201c\u00c9lites y grupos de poder: Los hacendados de Santo Domingo (1750-1795)\u201d, presentada en el 2008 en la Universidad de Salamanca, en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>En el cap\u00edtulo denominado \u201cEl estilo de vida de los hacendados\u201d, la investigadora expresa que los acaudalados de Santo Domingo llevaron una existencia en la que la ostentaci\u00f3n y las apariencias fueron elementos b\u00e1sicos, que los defin\u00eda y distingu\u00eda dentro del circulo de principales y del resto de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Recalca que \u201cvivir noblemente\u201d fue un h\u00e1bito que caracteriz\u00f3 a los pudientes de Santo Domingo y otras regiones de la Am\u00e9rica colonial.<\/p>\n<p>El elevado estatus de esas personas poderosas, que florec\u00edan en un ambiente de privilegios, se expresaba en la posesi\u00f3n de esclavos, haciendas y residencias, el consumo de productos costosos y la ostentaci\u00f3n de joyas y vestimentas caras.<\/p>\n<p>Tal estilo de vida tambi\u00e9n se sustentaba en los grados universitarios adquiridos, en los cargos administrativos, militares y religiosos desempe\u00f1ados, los t\u00edtulos nobiliarios y en la pertenencia a \u00f3rdenes de caballer\u00eda y a familias distinguidas de las que eran parte los potentados por v\u00ednculos directos e indirectos.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>Respecto a las lujosas residencias, la autora distingue las casas moradas, las principales ubicadas en Santo Domingo, y las casas haciendas, situadas en campos. En las casas moradas, explica, se desarrollaba la vida cotidiana, viv\u00edan hijos y esposas y en ocasiones tambi\u00e9n resid\u00edan v\u00e1stagos con sus c\u00f3nyuges.<\/p>\n<p>\u201cLas casas sol\u00edan disponer de una planta baja, y las m\u00e1s grandes e importantes contaban con dos pisos\u201d, se\u00f1ala. La ensayista recuerda que el viajero franc\u00e9s Moreau de Saint-M\u00e9ry cont\u00f3 que las viviendas de Santo Domingo eran bastante \u201chermosas\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLas residencias de los hacendados se constru\u00edan con canter\u00eda, piedra labrada o mamposter\u00eda, es decir, una mezcla de piedra y ladrillos, materiales que fueron utilizados de forma aislada o conjunta para las paredes y solados de las casas principales\u201d, agrega Torres Agudo.<\/p>\n<p>Las viviendas se distingu\u00edan tambi\u00e9n por su ubicaci\u00f3n espacial, en las calles principales de Santo Domingo, cerca de la plaza mayor, en las inmediaciones de la catedral y de los principales edificios del gobierno. Tambi\u00e9n resaltaban por su fino mobiliario.<\/p>\n<div class=\"entretitulo\">Mansiones emblem\u00e1ticas<\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>Un ejemplo de las mansiones que todav\u00eda muestran solidez y belleza en la Ciudad Colonial dominicana es la Casa de Bastidas, que perteneci\u00f3 al obispo y adelantado Rodrigo de Bastidas, uno de los principales personajes de los primeros tiempos de la colonia. Adem\u00e1s, otra morada llamativa perteneci\u00f3 a Francisco Tostado, que aloja en la actualidad el Museo Casa de Tostado.<\/p>\n<p>La propiedad de Bastidas es considerada una mansi\u00f3n emblem\u00e1tica, as\u00ed como la residencia de Francisco D\u00e1vila, quien fue regidor y oidor de la Real Audiencia. Esta \u00faltima vivienda perteneci\u00f3 en el siglo XVIII al heredero Antonio D\u00e1vila Coca y Landeche. La vivienda, levantada en los terrenos del mayorazgo de la familia, fue edificada en la Calle Las Damas. Ten\u00eda su propio fuerte y una ermita, conocida como la Capilla Nuestra Se\u00f1ora de los Remedios, y un mirador hacia el r\u00edo Ozama.<\/p>\n<p>\u201cEsta construcci\u00f3n constaba de dos plantas y en su interior (ten\u00eda) un patio con arcadas, alrededor de la cual se dispon\u00edan las dependencias existentes en ambas plantas. La portada de su entrada estaba decorada con dos puertas con dos dovelas de arco plano. En uno de los portales debi\u00f3 reposar el escudo de la familia, cuyos detalles parece que desaparecieron tras la invasi\u00f3n haitiana\u201d, describe Torres Agudo, quien se\u00f1ala que en la actualidad en la propiedad funciona un hotel.<\/p>\n<p>En cuanto a las casas rurales, tambi\u00e9n ejemplos de opulencia, son importantes el Palacio de Engombe, ubicado en la margen izquierda del r\u00edo Haina, de dos niveles, construido en ladrillo, y la casa grande de Palav\u00e9, que habr\u00eda pertenecido a Rodrigo Pimentel, rico propietario de ingenios en el siglo XVII.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"entretitulo\">Mobiliarios y cuberter\u00edas<\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>Las residencias ubicadas en Santo Domingo proyectaban el estilo de vida suntuoso y los gustos refinados de sus propietarios, precisa Torres Agudo.<\/p>\n<p>Los hacendados usaban muebles delicadamente tallados en caoba y otras maderas nobles. Los asientos m\u00e1s utilizados entonces eran las \u201csillas de brazo, de paja, las poltronas con almohadones y cojines forrados de damasco y taburetes con canap\u00e9\u201d, indica Torres Agudo.<\/p>\n<p>Para los servicios de mesa, usaban loza inglesa, francesa y china, cristaler\u00eda fina y cuberter\u00eda de plata, lebrillos, bandejas y cafeteras.<\/p>\n<p>Decoraban las residencias con cuadros y l\u00e1minas, en las que se destacaban im\u00e1genes italianas, de tem\u00e1tica pastoril, e iconograf\u00edas hagiogr\u00e1ficas como las de Santa Clara, Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe y Nuestra Se\u00f1ora de Soledad.<\/p>\n<p>En las alcobas empleaban catres, colchones de tafet\u00e1n, s\u00e1banas y sobrecamas de algod\u00f3n, mesitas de noche, taburetes, espejos, lavadero y armarios roperos. En las paredes sol\u00edan colgar mapas.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"entretitulo\">Atuendos y alhajas<\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>Muestras de los atuendos de entonces eran los de Raymundo Esparza, tesorero de la Hacienda Real, quien, de acuerdo a la autora, tuvo nueve esclavos en su servicio dom\u00e9stico, y llevaba uniforme compuesto de casaca, chipa, calz\u00f3n de grana y volantes, chalecos y calzones de angar\u00edpolas de lienzo, seda o tafet\u00e1n de distintos colores.<\/p>\n<p>\u201cLa mayor parte de las camisas, corbatines, pa\u00f1uelos, peinadores, s\u00e1banas, colchas, manteler\u00edas, delantares, cortinas y pa\u00f1os importados de Asia eran de algod\u00f3n, morcelina, raso, seda y tafet\u00e1n; mientras que los que eran tra\u00eddos de la Pen\u00ednsula eran de hilo y lienzo\u201d, escribe.<\/p>\n<p>Algunos hacendados atesoraron carruajes y alhajas, como el ya mencionado Esparza, quien fue due\u00f1o de dos calesas, un relicario de plata, pendientes de vidrio, una sortija de piedra blanca, relojes franceses, cadenas y hebillas de oro y piedras para el corbat\u00edn.<\/p>\n<p>Francisco de Paula Gazcue y Olay era propietario de muchos objetos de oro y plata, desde cuberter\u00eda hasta relicarios, pulseras, jarrones, alfileres, rosarios, anillos, hebillas y relojes.<\/p>\n<div class=\"entretitulo\">Productos costosos<\/div>\n<div class=\"text\">\n<p>Los \u201cnobles\u201d de la colonia no s\u00f3lo se alimentaban con \u201cproductos de la tierra\u201d, cultivados en la isla. Adem\u00e1s, consum\u00edan aceite y aguardiente de Orleans, vino de Burdeos y de Grenoble, vino blanco de Jerez, cervezas, aceitunas, alcaparras, ciruelas pasas, jamones y quesos, puntualiza Torres Agudo.<\/p>\n<p>Igualmente, gustaban del pan, elaborado con harina de trigo importada de Venezuela, Curazao, Jamaica, Saint Thomas y Saint Domingue (hoy Hait\u00ed). A pesar de sus esfuerzos, los peninsulares y criollos no lograron producir trigo en Santo Domingo y tuvieron que aprender a comer el casabe de origen ta\u00edno, exportado entonces a Venezuela y Puerto Rico.<\/p>\n<p>A la saz\u00f3n, en los campos abundaban los cultivos de pl\u00e1tanos, yuca, arroz, caf\u00e9, algod\u00f3n, jengibre, habichuelas, batata, ma\u00edz, cacao, a\u00f1il, frutas tropicales como coco, pi\u00f1a, lechosa, naranjas, mangos y otros productos. Igualmente, criaban reses, aves, cerdos, mulos, potros, burros y caballos.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Emilia Pereyra (D. Libre, 24-11-17) \u00a0El estudio sobre la suntuosa vida de hacendados y funcionarios de la \u00e9poca colonial muestra facetas impensadas para la mayor\u00eda de la gente de este tiempo acerca del modo en que discurr\u00eda la cotidianidad en el Santo Domingo espa\u00f1ol para miembros de las \u00e9lites. 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