{"id":20946,"date":"2017-12-01T17:16:38","date_gmt":"2017-12-01T21:16:38","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=20946"},"modified":"2017-12-01T17:16:38","modified_gmt":"2017-12-01T21:16:38","slug":"ponme-la-mano-aqui-macorina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2017\/12\/01\/ponme-la-mano-aqui-macorina\/","title":{"rendered":"Ponme la mano aqu\u00ed Macorina"},"content":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. Libre, 18-11-17)<\/p>\n<div id=\"p_p_id_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_dde356dd9d3b4fb18d110593962e3f7a_\" class=\"portlet-boundary portlet-boundary_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_  portlet-static portlet-static-end content-viewer-portlet \">\n<div class=\"td-portlet\">\n<section id=\"portlet_contentviewerportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_dde356dd9d3b4fb18d110593962e3f7a\" class=\"portlet\">\n<div class=\"portlet-content\">\n<div class=\" portlet-content-container\">\n<div class=\"portlet-body\">\n<div class=\"last td-viewer full-access\">\n<div class=\"detalle-texto\">\n<div class=\"text\">\n<p>LA MACORINA FUE UN\u00a0personaje legendario cubano de origen humilde que en las primeras d\u00e9cadas de siglo XX encandil\u00f3 con sus encantos a los m\u00e1s acaudalados caballeros habaneros, incluido el presidente Jos\u00e9 Miguel G\u00f3mez, alias Tibur\u00f3n, de quien al decir de la \u00e9poca \u201cse ba\u00f1a pero salpica\u201d \u2013en alusi\u00f3n a la corrupci\u00f3n clientelista practicada en su gobierno. Mar\u00eda Calvo Nodarse (1892-1977), la mentada Macorina, goz\u00f3 de fortuna en sus a\u00f1os de gloria \u2013autos varios, mansiones, joyas y pieles\u2013 y figura reputada por la cr\u00f3nica como la primera mujer en la isla dotada de licencia para conducir. Misma que en 1917, en Prado y Malec\u00f3n, habr\u00eda pilotado un convertible rojo de la afamada f\u00e1brica catalana Hispano-Suiza.<\/p>\n<p>El poeta vanguardista y narrador dominicano Vigil D\u00edaz (1880-1961), la retrata con fervor en junio del 1920 en una de sus Fatamorganas escritas para\u00a0<i>List\u00edn Diario<\/i>\u00a0despachada desde La Habana, dedicada al escritor costumbrista Rafael \u201cFello\u201d Damir\u00f3n (Obras, compilaci\u00f3n de Di\u00f3genes C\u00e9spedes y Andr\u00e9s Blanco D\u00edaz, 2000). El poeta y periodista asturiano Alfonso Cam\u00edn (1890-1982), radicado en Cuba desde adolescente, quien se movi\u00f3 acucioso entre la isla, Espa\u00f1a y M\u00e9xico, se inspir\u00f3 en ella y compuso su poema \u201cMacorina\u201d que aparece en la obra\u00a0<i>Carey<\/i>\u00a0editada en 1931.<\/p>\n<p>Una exaltaci\u00f3n a la belleza subyugante de esta hembra especial que la cantante tica azteca Chavela Vargas \u2013quien estuvo en Cuba y qued\u00f3 hechizada por la Macorina- hizo suya poni\u00e9ndole voz y cuerdas al texto l\u00edrico del asturiano. A partir del estribillo \u201cPonme la mano aqu\u00ed, Macorina\/ponme la mano aqu\u00ed\u201d, que se repetir\u00e1 entre estrofas como un recurso demandante, se estructura la pieza plena de maravillosas met\u00e1foras frutales tropicales.<\/p>\n<p>\u201cTus pies dejaban la estera\/y se escapaba tu saya\/buscando la guardarraya\/que al ver tu talle tan fino\/las ca\u00f1as azucareras\/se echaban por el camino\/para que t\u00fa las molieras\/como si fueses molino\/<\/p>\n<p>Tus senos carne de an\u00f3n\/tu boca una bendici\u00f3n\/ de guan\u00e1bana madura\/ y era tu fina cintura\/la misma de aquel danz\u00f3n\/<\/p>\n<p>Despu\u00e9s el amanecer\/ que de mis brazos te lleva\/ y yo sin saber qu\u00e9 hacer\/de aquel olor a mujer\/ a mango y a ca\u00f1a nueva\/ con que me llevaste al son\/caliente de aquel danz\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Empleando el mismo estribillo pone-mano con alguna variante (\u201cque me duele, Macorina\/ que me muero, Macorina\u201d), Abelardo Barroso y la Orquesta Sensaci\u00f3n, al mejor estilo de la charanga cubana, tambi\u00e9n se hicieron eco en el plano musical de las haza\u00f1as de la Macorina y pegaron en los 50 un danz\u00f3n en la radio. \u201cYo conozco una vecina\/ que me tiene alborotao\/Me enter\u00e9 que en los saraos\/ le llaman la Macorina\/ Ella gasta gasolina en su carro colorao\/Ella gasta gasolina en su carro colorao\/ y sigue con el tumbao\/ que ella es la gran Macorina\/ All\u00e1 va Macorina en su carro colorao\/con ese tumbao pa\u2019 que en los saraos\/con tremendo tumbao\/le dicen Macorina con su carro colorao\u201d.<\/p>\n<p>Una pachanga,\u00a0<i>El G\u00fciro de Macorina<\/i>, siguiendo esta verdadera cadena de toqueteos fren\u00e9ticos que se apoder\u00f3 de la m\u00fasica popular cubana y trascendi\u00f3 hacia otras latitudes, reclamaba, soneando: \u201cDile a Macorina\/ que me toque el g\u00fciro\/ que me toque el g\u00fciro\u201d. Y uno ya se puede imaginar de cu\u00e1l g\u00fciro se trata.<\/p>\n<p>Nuestro culto poeta Vigil D\u00edaz, quien escribiera deslumbrado por sus vivencias en Par\u00eds\u00a0<i>Del Sena al Ozama<\/i>\u00a0y cronicara nuestros episodios hist\u00f3ricos en\u00a0<i>Or\u00e9gano, Cuentos Criollos y Lil\u00eds y Alejandrito<\/i>, nos ofrece su estampa encumbrada de esta reluciente cortesana, titulada \u201cLa Macorina\u201d.<\/p>\n<p>\u201cSi no hubiera sido por Andr\u00e9s Caballero, aquel caraque\u00f1o noble y cult\u00edsimo que entre nosotros pase\u00f3 su rutilante esp\u00edritu, su barba de Nazareno, y su quebranto, aquel diab\u00f3lico quebranto que afirman los libros de patolog\u00eda que naci\u00f3 y ferment\u00f3 en la retaguardia de los ej\u00e9rcitos asi\u00e1ticos, que m\u00e1s tarde por causa del despiadado general Juan Vicente G\u00f3mez, fue a perderse lascivo, virgiliano y rechoncho entre las negreras y ca\u00f1averales del ingenio Las Pajas y de cuya almibarada factor\u00eda rubric\u00f3 y promulg\u00f3, en un arranque de admiraci\u00f3n y de cari\u00f1o, en nombre de la mentalidad venezolana, un decreto nombr\u00e1ndome Embajador Perpetuo de todos los bulevares y museos de Europa con residencia econ\u00f3mica en el tesoro nacional de Venezuela; si no hubiera sido por este encantador Andr\u00e9s Caballero, me marcho de La Habana sin decir una palabra de la Macorina.<\/p>\n<p>La Macorina es la primera y m\u00e1s bella cortesana de La Habana. La Macorina es una muchacha fina y nerviosa como un lebrel, rubia como una estrella, de vida honesta. Pasa una tarde por Obispo y un americano rico y refinado, que dicen se hab\u00eda educado en Par\u00eds, se prende de la \u00e1urea y nerviosa chiquilla, la sigue, investiga, le ofrece a los tutores de la angelical criatura diez mil pesos por un\u00a0<i>cottage<\/i>\u00a0de una semana; aceptan y una semana despu\u00e9s la Macorina entra con toda el alma y ritmo singular en la arena candente de la vida p\u00fablica, se impone y triunfa.<\/p>\n<p>La Macorina es una faunesa que goza de insolencia en esta ciudad. Es revolucionaria, gasta rev\u00f3lver y dagas de enjoyadas y ornitol\u00f3gicas empu\u00f1aduras florentinas, monta a caballo, caza venados con su propia y seleccionada jaur\u00eda, corre, en su cu\u00f1a, en su m\u00e1quina blanca y valios\u00edsima, regalo de un amante, timoneando ella a una velocidad que no permite la polic\u00eda, a quien ella burla.<\/p>\n<p>Los martes, las tardes de los martes, tardes de modas, cuando las aristocracias muestran sus blasones y joyas, sus bellezas y sus \u00e1cidos \u00fanicos, a la ca\u00edda del crep\u00fasculo es cuando se ve el corso del Malec\u00f3n, es cuando se puede ver, a la encantadora diablesca. Cuando ella entra, rompiendo la disciplina, parece como que el paseo se exalta, entra el ritmo, y todos los hombres, como si les hubieran puesto s\u00fabitamente, en la zona sacra del bulbo raqu\u00eddeo, una inyecci\u00f3n de cant\u00e1ridas, musitan satisfechos: \u00a1lleg\u00f3 la Macorina!&#8230;<\/p>\n<p>La Macorina es el c\u00e1liz malvado, dulce y capitoso donde liban rubia miel los poderosos. Ella asume por el poder de la belleza y por la audacia la categor\u00eda de un s\u00edmbolo: el s\u00edmbolo de la v\u00edscera gen\u00e9sica m\u00e1xima y triunfal de la babil\u00f3nica ciudad de La Habana. Uncida lleva al carro de sus hechizos, de su inmensa simpat\u00eda y sus l\u00edneas turbadoras y perfectas, a las barbas m\u00e1s blancas y a las calvas m\u00e1s brillantes, honorables y solemnes de La Habana; y como la andr\u00f3gina y s\u00e1dica danzarina siriaca del macabro fest\u00edn del tetrarca Herodes, podr\u00eda pedir, en un arranque cruento, le sirvieran en una bandeja de plata del hotel Sevilla, la nevada y sabia cabeza del espiritista Doctor Desvernine, Ministro de Estado, y una botella de champagne, exponiendo, por un movido capricho, a hacer zozobrar la nave del Estado.<\/p>\n<p>Para m\u00ed, nadie tiene una personalidad m\u00e1s bella y efectiva que la Macorina, y solo espero una de estas tardes en que pasea, ecuestremente en su noble y bello alaz\u00e1n para hacerme presentar y obsequiarla en el peristilo de Miramar con un coctel de ostras y siete tabacos.<\/p>\n<p>La Macorina es una encantadora floraci\u00f3n de Frin\u00e9, de R\u00f3dope&#8230; y Safo: \u00a1salve Macorina: estrella y rosa, salve!&#8230;\u201d<\/p>\n<p>En la revista La Opini\u00f3n, en 1926, Julio A. Cuello realiz\u00f3 un perfil de Vigil D\u00edaz, entrevista incluida, quien era codue\u00f1o de finca en La Pringamosa, Hato Mayor del Rey y resid\u00eda modestamente en la Jos\u00e9 Reyes. \u201cUna ma\u00f1ana fui a visitarle temprano. Apenas pude reconocerle, envuelta la cabeza en un amplio pa\u00f1uelo de Madr\u00e1s anudado detr\u00e1s por dos puntas y otras dos cayendo sueltas sobre las espaldas, un gab\u00e1n, que la edad ya hab\u00eda liberado y un t\u00edpico cachimbo de barro criollo, en el cual humeaba una fuma de puro tabaco de andullo, penetrante y morboso\u201d.<\/p>\n<p>Sorprendido Cuello ante tal indumentaria del poeta vanguardista, le pregunt\u00f3: \u201c\u00bfEst\u00e1s enfermo, Vigil?\u201d Y \u00e9ste, sereno, contest\u00f3: \u201cNo, hijo. En estos tiempos fr\u00edos, madrugo vestido como ves, con estos abrigos y mi cachimbo, como los viejecitos vecinos de mis predios rurales&#8230;, invoco en la fresca serenidad de la madrugada el puro ambiente de los r\u00fasticos boh\u00edos, la dulce paz lugare\u00f1a&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Muy alejado, ciertamente, de la volc\u00e1nica Macorina de La Habana elegante. Embebido en el mundo caribe\u00f1o contrastante de lo real maravilloso.<\/p>\n<p>\u201cVeinte a\u00f1os y entre palmeras\/ los cuerpos como banderas\/ noche guateque y danz\u00f3n\/ la orquesta tocaba un son\/ de selva ardiente y caprina\/ del cielo un gran frenes\u00ed\/ Ponme la mano aqu\u00ed, Macorina\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<\/div>\n<\/div>\n<div id=\"p_p_id_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_b2a3cdedf8c440fca437f2695a4b50a2_\" class=\"portlet-boundary portlet-boundary_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_  portlet-static portlet-static-end article-topics-portlet detalle-metadatos\"><a id=\"p_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_b2a3cdedf8c440fca437f2695a4b50a2\"><\/a><\/p>\n<div class=\"td-portlet\">\n<section id=\"portlet_articletopicsportlet_WAR_newsportlet_INSTANCE_b2a3cdedf8c440fca437f2695a4b50a2\" class=\"portlet\">\n<div class=\"portlet-content\">\n<div class=\" portlet-content-container\">\n<div class=\"portlet-body\">\n<div class=\"categoryGroup\">\n<div class=\"categorySpacerTop\"><\/div>\n<div class=\"categoryTitle\">\n<h2><\/h2>\n<\/div>\n<div class=\"categorySpacerTitle\"><\/div>\n<div class=\"categoryListBlock\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/section>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. 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