{"id":21945,"date":"2018-01-13T12:46:42","date_gmt":"2018-01-13T16:46:42","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=21945"},"modified":"2018-01-19T15:46:02","modified_gmt":"2018-01-19T19:46:02","slug":"eugenio-maria-de-hostos-y-la-sociedad-dominicana-del-siglo-xix-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/01\/13\/eugenio-maria-de-hostos-y-la-sociedad-dominicana-del-siglo-xix-2\/","title":{"rendered":"Enfocando el pensamiento dominicano (XXVI)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: center;\">Eugenio Mar\u00eda de Hostos y la sociedad dominicana del siglo XIX (2)<\/h3>\n<p>Ahora bien, lo que obstaculiz\u00f3 el desarrollo de la sociedad dominicana en toda su potencialidad fue la no definici\u00f3n de un proyecto de naci\u00f3n claro por parte de los sectores liberales y nacionalistas que participaban de la Guerra Restauradora que impidiera que los sectores baecistas y santanistas se apoderaran del aparato gubernamental y militar. Esto ocurri\u00f3 cuando se design\u00f3 a Jos\u00e9 Antonio Salcedo como presidente de la Rep\u00fablica del Gobierno Provisorio Restaurador y a Gaspar Polanco como Jefe del Comando Militar Restaurador, elevado a la categor\u00eda de \u201c<em>general\u00edsimo<\/em>\u201d, desconociendo con estas acciones que el primero era un reconocido baecista y que el segundo proven\u00eda de la alta oficialidad del bando santanista.<\/p>\n<p>En medio de la Guerra Restauradora y al finalizar la misma, se produjo un enfrentamiento permanente entre los principales l\u00edderes civiles y militares, acus\u00e1ndose mutuamente de baecistas y de santanistas hasta llegar al asesinato vil o la descalificaci\u00f3n de unos y otros, como ocurri\u00f3 en el caso de Jos\u00e9 Antonio Salcedo, y al derrocamiento de m\u00faltiples gobiernos tanto serviles como liberales. Esto se produjo sin que los sectores patri\u00f3ticos y nacionalistas pudiesen lograr el control absoluto de la situaci\u00f3n, hasta que Gregorio Luper\u00f3n, l\u00edder del Partido Azul, asumi\u00f3 la presidencia de la Rep\u00fablica de forma provisional entre 1879 y 1880, desde la ciudad de Puerto Plata, e inaugur\u00f3 un nuevo per\u00edodo de prosperidad y progreso material y espiritual para la Rep\u00fablica Dominicana, donde la propuesta de revoluci\u00f3n educativa del gran pedagogo dominico-puertorrique\u00f1o Eugenio Mar\u00eda de Hostos recibir\u00eda todo el apoyo material y moral.<\/p>\n<p>Hostos describe con gran claridad el proceso migratorio que condujo a que la sociedad dominicana lograra sobreponerse a las condiciones materiales y espirituales heredadas de la dominaci\u00f3n colonial espa\u00f1ola, de la Guerra Restauradora que por espacio de cuatro a\u00f1os desangr\u00f3 al pa\u00eds y de los gobiernos entreguistas y demag\u00f3gicos que azotaron al pa\u00eds en el per\u00edodo post-restaurador, hasta desembocar en la dictadura de Ulises Heureaux (Lil\u00eds):<\/p>\n<p>\u201c\u2026<em>El estado de debilidad en que qued\u00f3 la Rep\u00fablica ha ido sirviendo para el r\u00e9gimen pol\u00edtico m\u00e1s irregular, circunstancias excepcionales de las Antillas vecinas y las fuerzas de la sociedad que han quedado intactas, empezaron a determinar un renacimiento. De Cuba y Puerto Rico, durante los 10 a\u00f1os que la primera estuvo en lucha con Espa\u00f1a y en que la segunda estuvo pendiente de esa lucha, emigraron a Quisqueya muchos centenares de familias que llevaron el ejemplo de h\u00e1bitos, costumbres, necesidades y modo de satisfacerlas, industrias y procedimientos econ\u00f3micos, que no tard\u00f3 en ser seguido por aquel pueblo tan d\u00f3cil al buen ejemplo. Aunque una revoluci\u00f3n muy principalmente encaminada contra aquella emigraci\u00f3n ejemplar dio por triste resultado la dispersi\u00f3n de los que la compon\u00edan, no tard\u00f3 en ser sustituida por una inmigraci\u00f3n de capitales, que, huyendo de la ruina que los amenaz\u00f3 un momento en Cuba y Puerto Rico, fueron a aprovechar las ventajas que les ofrec\u00edan la concesi\u00f3n gratuita de terrenos y la excelencia de \u00e9stos. Eso bast\u00f3 para que, en s\u00f3lo cuatro a\u00f1os, aquella fecund\u00edsima tierra produjera uno de los cambios econ\u00f3micos m\u00e1s pasmosos, aunque perfectamente natural, que ha sido dado en producir en estos tiempos. Ese mismo brev\u00edsimo plazo de cuatro a\u00f1os sirvi\u00f3 para, en otro campo de experimentaci\u00f3n social, probar las actitudes de la sociedad dominicana. El ensayo de organizaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n p\u00fablica que empez\u00f3 en 1880, dio ya en 1884 los primeros frutos: la ense\u00f1anza secundaria y la profesional produjeron maestros normalistas, bachilleres y abogados que inmediatamente se pusieron al servicio de las ideas en que acababan de educarse, y que contribuyeron a la formaci\u00f3n de nuevos auxiliares de la verdad, la libertad y la civilizaci\u00f3n<\/em>\u201d (Rodr\u00edguez Demorizi, 2004, Tomo I: 251).<\/p>\n<p>Es importante destacar que Hostos lleg\u00f3 a la Rep\u00fablica Dominicana por primera vez hacia el a\u00f1o 1875 a trav\u00e9s de Puerto Plata, como parte de las relaciones que sosten\u00eda con el patriota puertorrique\u00f1o, Dr. Ram\u00f3n Emeterio Betances, donde permanece hasta abril de 1876, cuando viaja a Am\u00e9rica del Sur, hasta su regreso nuevamente en marzo de 1879, ocasi\u00f3n que aprovecha para proponerle al pa\u00eds una profunda reforma del sistema educativo, que incluye la creaci\u00f3n de la primera escuela normal de varones, cuya primera graduaci\u00f3n se produjo en el a\u00f1o 1884.<\/p>\n<p>De esta manera, el pr\u00f3cer de la educaci\u00f3n dominicana describe los pormenores de la labor educativa desarrollada por \u00e9l, Salom\u00e9 Ure\u00f1a y el padre Billini en aras de lograr el desarrollo espiritual de la Rep\u00fablica Dominicana: \u201c<em>Durante diez a\u00f1os los esfuerzos de la Escuela Normal, del Instituto Profesional, de la Escuela Preparatoria, del colegio en que el presb\u00edtero Billini acogi\u00f3 y secund\u00f3 la reforma, dieron resultados tan satisfactorios que era necesario ser indiferentes a la vida y progresos de una sociedad juvenil, para no alborozarse con ella y no presagiar bien de suelo y entendimiento en donde tan corto tiempo de trabajo bastaba para tan ping\u00fces resultados<\/em>\u201d (Rodr\u00edguez Demorizi, 2004, Tomo I: 251-252).<\/p>\n<p>Es importante destacar que la Alta Jerarqu\u00eda Cat\u00f3lica, que presid\u00eda el Arzobispo Fernando Arturo de Meri\u00f1o y de la que formaba parte el padre Billini, en principio se opuso fieramente a la reforma educativa por considerarla una especie de Escuela sin Dios, debido al car\u00e1cter laico que Hostos le imprimi\u00f3 a la misma. No obstante, al conocer las verdaderas intenciones del educador puertorrique\u00f1o en favor del crecimiento cultural del pueblo dominicano, el fil\u00e1ntropo Billini le tribut\u00f3 todo su apoyo.<\/p>\n<p>Hostos resalta la \u00e9poca de progreso que vivi\u00f3 la Rep\u00fablica Dominicana en el orden material y cultural en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX, al establecerse en el pa\u00eds grandes fincas de ca\u00f1a para la producci\u00f3n de az\u00facar, grandes cacaotales y el aprovechamiento de algunos productos agr\u00edcolas como el tabaco y el banano, como materias primas para la confecci\u00f3n de productos fabriles o como nuevos art\u00edculos para la exportaci\u00f3n. En el \u00e1mbito de la cultura intelectual subraya que \u201c<em>se aplic\u00f3 a la educaci\u00f3n de la mujer la misma reforma que hab\u00eda fecundado el entendimiento de la juventud masculina, y dos establecimientos de educaci\u00f3n femenil, dieron al progreso el empuje que le falta cuando el primer iniciado en sus ventajas no es la mujer. Este vivo sentimiento del deber de la civilizaci\u00f3n no se centralizaba en la capital, Santo Domingo, sino que se manifestaba en casi todas las capitales de las provincias; y, para inspirar m\u00e1s confianza, aparec\u00eda acalorado por las municipalidades<\/em>\u201d (Rodr\u00edguez Demorizi, 2004, Tomo I: 252).<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n de la mujer en el proyecto educativo de Hostos constituy\u00f3 el centro de la revoluci\u00f3n hostosiana, dado que fueron ellas quienes mejor interpretaron el ideal del ser humano totalmente nuevo que era necesario construir en la sociedad dominicana de entonces para sacarla del letargo y anquilosamiento en que se encontraba, llevando por todas partes la luz de la verdad, tal como el Gran Maestro inst\u00f3 a la primera legi\u00f3n de maestras en su primera investidura del 17 de abril de 1887, cuando en un discurso hondamente reflexivo expres\u00f3:<\/p>\n<p>\u201c<em>Sois las primeras representantes de vuestro sexo que ven\u00eds en vuestra patria a reclamar de la sociedad el derecho de serle \u00fatil fuera del hogar, y ven\u00eds preparadas por esfuerzo de la raz\u00f3n hacia lo verdadero, por esfuerzos de la sensibilidad hacia lo bello, por esfuerzos de la voluntad hacia lo bueno, por esfuerzos de la conciencia hacia lo justo. No vais a ser la antigua institutora de la infancia, que se acomodaba en la sociedad en que viv\u00eda, y, devolviendo lo que hab\u00eda recibido, daba inocentemente a la pobre sociedad los mismos elementos de perturbaci\u00f3n que siempre han sido y ser\u00e1n la ignorancia, la indiferencia por la verdad y la justicia, la indiferencia con el mal poderoso y la complacencia con la autoridad del vicio. Van a ser institutrices de la verdad demostrable y demostrada, formadoras de raz\u00f3n sana y completa, escultoras de esp\u00edritus sinceros, educadoras de la sensibilidad, para ense\u00f1arla a s\u00f3lo amar lo bello cuando es bueno; educadoras de la voluntad para fortalecerla en la lucha por el bien; educadoras de la conciencia para doctrinarla en la doctrina de la equidad y la justicia, que es la doctrina de la tolerancia y la benevolencia universal en cuanto somos hechuras del error, y la doctrina del derecho y de la libertad en cuanto somos entidades responsables\u2026Ven\u00eds condenadas a luchar con vuestro medio social; pero nunca la luz es m\u00e1s gloriosa que cuando, difundi\u00e9ndose pausadamente por entre masas impenetrables de vapores, despu\u00e9s de largo combate, brilla al fin; ven\u00eds condenadas a sufrir: pero vais a sufrir por alcanzar la gloria de ense\u00f1ar el Sol. Vuestro sol sea la verdad: ense\u00f1adlo al peque\u00f1uelo, ense\u00f1adlo a los sencillos, ense\u00f1adlo al inocente, y d\u00eda llegar\u00e1 en que lo vean los adultos, en que con su luz se purifiquen los astutos, en que al influjo de su luz mejore el delincuente. Entonces, aunque no hay\u00e1is atendido al resultado, habr\u00e9is reorganizado la sociedad desorganizada, y cualesquiera que hayan sido los dolores, bendecida de vosotros ser\u00e1 la recompensa. \u00bfQu\u00e9 recompensa m\u00e1s digna de altas almas que el haber regenerado con su ejemplo y su doctrina la patria desconocida de s\u00ed misma?<\/em>\u201d (Rodr\u00edguez Demorizi, 2004, Tomo I: 209, 210 y 212).<\/p>\n<p><strong>La Cotidianidad Cultural del Pueblo Dominicano a finales del Siglo XIX de la Mano de Hostos <\/strong><\/p>\n<p>En su reflexi\u00f3n sobre las costumbres cotidianas del pueblo dominicano en la postrimer\u00eda del siglo XIX, Hostos destaca que hasta la llegada de los emigrados cubanos a Puerto Plata no era costumbre que la gente saliera a los paseos p\u00fablicos, como los parques y otros espacios de relaci\u00f3n social, a ofrecerse a s\u00ed mismas y a los forasteros. Esta nueva costumbre se generaliz\u00f3 posteriormente y contribuy\u00f3 a que las tardes en las villas y ciudades ofrecieran el encanto de las tertulias al aire libre, entre los mercaderes, boticarios e industriales con sus clientes y contertulios en las calzadas de sus casas, lo que animaba las calles, a lo que se agregaba la vuelta de los trabajadores a sus hogares. En tanto que en las noches, principalmente las de luna llena, las calzadas y balcones se convert\u00edan en antesalas, donde las familias recib\u00edan las visitas, o donde se convert\u00edan en visitantes obligados los amigos que pasaban o los conocidos, a quienes siempre se les preguntaba por las novedades de la pol\u00edtica o de la cr\u00f3nica cotidiana.<\/p>\n<p>Hostos refiere que aunque los dominicanos no acostumbraban a hacer siestas en las horas del mediod\u00eda \u2013una informaci\u00f3n que contradice lo planteado por algunos intelectuales del llamado pesimismo dominicano-, pero eran regularmente pasivas, silenciosas y solemnes, contrario a lo que hacen algunas poblaciones mediterr\u00e1neas de Am\u00e9rica Latina. Esto significaba que eran horas de recogimiento, donde el tr\u00e1fago y el tr\u00e1fico se suspend\u00eda o disminu\u00eda a su m\u00ednima expresi\u00f3n en campos y ciudades, de los cuales Hostos dec\u00eda: los campos parec\u00edan \u201c<em>para\u00edsos abandonados<\/em>\u201d y las ciudades \u201c<em>desiertos<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Igualmente Hostos sostiene que la \u00fanica diversi\u00f3n que exist\u00eda en las ciudades dominicanas de entonces eran las fiestas de iglesias, siendo Santo Domingo el lugar en donde m\u00e1s proliferaban los templos religiosos cat\u00f3licos, seguida de Santiago, donde hab\u00eda dos y en los dem\u00e1s valles y ciudades apenas exist\u00eda uno, mientras que en Puerto Plata, Saman\u00e1 y la Capital de la Rep\u00fablica, tambi\u00e9n hab\u00eda un templo protestante. En ese sentido expresa que \u201c<em>los domingos y los d\u00edas de fiesta, que eran los d\u00edas de distracciones religiosas, eran esperados como esperanza, desahogo y rompimiento de uniformidad, por los d\u00edas restantes, tranquilos, iguales, regulares, pero fastidiosos, mon\u00f3tonos e invariables<\/em>\u201d (Rodr\u00edguez Demorizi, 2004, Tomo I: 253).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eugenio Mar\u00eda de Hostos y la sociedad dominicana del siglo XIX (2) Ahora bien, lo que obstaculiz\u00f3 el desarrollo de la sociedad dominicana en toda su potencialidad fue la no definici\u00f3n de un proyecto de naci\u00f3n claro por parte de los sectores liberales y nacionalistas que participaban de la Guerra Restauradora que impidiera que los [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":17892,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[18,16],"tags":[],"class_list":["post-21945","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura","category-libros"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21945"}],"collection":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=21945"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21945\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":22121,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/21945\/revisions\/22121"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17892"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=21945"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=21945"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=21945"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}