{"id":22617,"date":"2018-02-09T11:36:08","date_gmt":"2018-02-09T15:36:08","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=22617"},"modified":"2018-02-09T11:36:08","modified_gmt":"2018-02-09T15:36:08","slug":"imperialismo-y-dependencia-semejanzas-y-diferencias-con-la-epoca-de-marini-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/02\/09\/imperialismo-y-dependencia-semejanzas-y-diferencias-con-la-epoca-de-marini-2\/","title":{"rendered":"Imperialismo y dependencia: semejanzas y diferencias con la \u00e9poca de Marini (2)"},"content":{"rendered":"<p>Claudio Katz (Rebelion.org, 8-2-18)<\/p>\n<p><b>DESIGUALDADES DIVERSAS<\/b><\/p>\n<p>Numerosos estudios coinciden en destacar el ensanchamiento actual de las fracturas sociales en todos los puntos del planeta. Un conocido an\u00e1lisis de esa polarizaci\u00f3n en 30 pa\u00edses demuestra que el 1% de la minor\u00eda m\u00e1s enriquecida controla el 25-35% del patrimonio total en Europa y Estados Unidos (2010). En ambas regiones el 10% de los habitantes maneja el 60-70% de la riqueza. Niveles semejantes de desigualdad se verifican en otras zonas centrales, emergentes o perif\u00e9ricas ( Piketty, 2013).<\/p>\n<p>Pero el curso seguido por la desigualdad entre pa\u00edses es m\u00e1s controvertido. Ese indicador es evaluado comparando los distintos PBI per c\u00e1pita con ponderaciones poblacionales ( Milanovic, 2014) . De esa forma se mensura la incidencia de las tasas de crecimiento sobre la desigualdad global, tomando en cuenta la poblaci\u00f3n involucrada. Un incremento sustancial del PBI en la India tiene efectos muy distintos que el mismo aumento en Nueva Zelanda (Goda, 2013) .<\/p>\n<p>Durante las \u00faltimas d\u00e9cadas la creciente brecha social fue acompa\u00f1ada por nuevas polaridades entre los pa\u00edses. Pero si se incluye el factor poblacional el resultado final es variado. El c recimiento de naciones con gran peso demogr\u00e1fico achic\u00f3 las brechas nacionales totales. El curso de las desigualdades fuera y dentro de las fronteras -usualmente sintetizado por el coeficiente Theil- se redujo un 24% desde 1990. El incremento del 14% de la desigualdad al interior de esas naciones fue compensado por una disminuci\u00f3n del 35% de la brecha entre pa\u00edses ( Bourguignon; Ch\u00e2teauneuf-Malcl\u00e8s, 2016) .<\/p>\n<p>Por su gran n\u00famero de habitantes China alter\u00f3 el indicador mundial. Mientras que la econom\u00eda global se estanc\u00f3 en torno al 2,7% anual (2000-2014), el gigante asi\u00e1tico creci\u00f3 al 9.7%. Aunque esa trayectoria presenta semejanzas con los antecedentes de Jap\u00f3n y Corea del Sur, su efecto sobre la polaridad entre los pa\u00edses es muy diferente.<\/p>\n<p>En plena explosi\u00f3n de las desigualdades sociales la continuidad de ese achicamiento de la fractura global es muy dudosa. China asciende a costa de sus rivales de Occidente y reconfigura el marco de las potencias dominantes. Pero el espectro restante de la jerarqu\u00eda mundial contin\u00faa segmentado en los compartimentos tradicionales. Hay pocas modificaciones en la pir\u00e1mide mundial. Una reversi\u00f3n de la \u201cgran divergencia\u201d gestada durante el siglo XIX deber\u00eda quebrantar esa jerarqu\u00eda.<\/p>\n<p>En estudios previos al ascenso reciente de China, los te\u00f3ricos del sistema-mundo expusieron muchos ejemplos del car\u00e1cter perdurable de esa estructura. Ilustraron la reducida movilidad internacional de los pa\u00edses en el largo plazo, ejemplificando esa permanencia en 88 de 93 casos considerados ( Arrighi, 1990) .<\/p>\n<p>Otra evaluaci\u00f3n realizada en el debut de la mundializaci\u00f3n (1960-1998) observ\u00f3 la paradoja de una creciente participaci\u00f3n de las nuevas econom\u00edas en la globalizaci\u00f3n productiva, con escasos efectos sobre el nivel relativo de los PBI per c\u00e1pita.<\/p>\n<p>Ese trabajo observ\u00f3 que la producci\u00f3n manufacturera en esos pa\u00edses (como porcentaje comparado del PBI del Primer Mundo) ascendi\u00f3 significativamente (de 74,6 a 118%), frente a un PBI per c\u00e1pita (como porcentaje de su equivalente los pa\u00edses avanzados), que se mantuvo casi invariable (de 4,5 a 4,6%). La convergencia industrial no se tradujo en mejoras equivalentes en el nivel de vida (Arrighi; Silver; Brewer, 2003: 3-31) . Tambi\u00e9n el despegue posterior de China se ha consumando preservando grandes distancias con el PBI per c\u00e1pita de sus pares de Occidente.<\/p>\n<p>El curso de la desigualdad global es determinante de las relaciones centro-periferia que Marini indag\u00f3 con tanta atenci\u00f3n. Pero sobre las distintas trayectorias abiertas operan fuerzas muy diferentes a las prevalecientes en los a\u00f1os de esplendor del dependentismo.<\/p>\n<p><b>INTERNACIONALIZACI\u00d3N SIN CONTRAPARTE POL\u00cdTICA<\/b><\/p>\n<p>La ampliaci\u00f3n actual de las desigualdades sociales por encima de las nacionales se desenvuelve en un escenario muy singular: la internacionalizaci\u00f3n de la econom\u00eda no tiene correlato equivalente en las clases dominantes y los estados. Esa contradicci\u00f3n apenas se insinuaba en la d\u00e9cada del 60. La coexistencia de la globalizaci\u00f3n productiva con estructuras estatal-nacionales es un conflicto del siglo XXI.<\/p>\n<p>La gravitaci\u00f3n de los organismos econ\u00f3micos (FMI, BM, OMC) y geopol\u00edticos (ONU, G 20) globales no reduce la perturbadora escala de ese divorcio. La configuraci\u00f3n de estados forjados en el debut del capitalismo contin\u00faa cumpliendo un papel central. Aseguran la gesti\u00f3n localizada de la fuerza de trabajo, en un contexto de gran desplazamiento mundial de productos y capitales.<\/p>\n<p>Este fortalecimiento de las regulaciones laborales a escala nacional repercute, a su vez, sobre las identidades espec\u00edficas de las distintas clases dominantes. Aunque mundialicen sus negocios, esos grupos mantienen comportamientos pol\u00edticos y culturales contrapuestos. Las empresas se internacionalizan, pero su manejo no queda desvinculado de los estados de origen . Por las mismas razones, la competencia internacional por atraer capitales se desenvuelve premiando siempre a los inversores m\u00e1s pr\u00f3ximos.<\/p>\n<p>El orden neoliberal expande una mundializaci\u00f3n administrada por estructuras nacionales. Los mismos estados que analizaban los marxistas cl\u00e1sicos y de posguerra, ahora operan en un nuevo marco de globalizaci\u00f3n productiva.<\/p>\n<p>En ese cuadro de asociaci\u00f3n econ\u00f3mica mundial, las confrontaciones geopol\u00edticas se desenvuelven recreando relaciones de dependencia. Las principales potencias renuevan esa sujeci\u00f3n en sus zonas de influencia, mientras disputan supremac\u00eda en las \u00e1reas m\u00e1s codiciadas del planeta.<\/p>\n<p>Estados Unidos intenta recapturar su hegemon\u00eda comenzando por las regiones que tradicionalmente estuvieron bajo su control (Am\u00e9rica Latina). La vigencia de una moneda com\u00fan -entre econom\u00edas con enormes diferencias de productividad- refuerza la supremac\u00eda de Alemania en Europa. China ampl\u00eda las brechas con sus vecinos asi\u00e1ticos . La dependencia que estudi\u00f3 Marini adopta nuevas formas e intensidades.<\/p>\n<p><b>PROBLEMAS DEL TRANSNACIONALISMO<\/b><\/p>\n<p>La actual etapa de globalizaci\u00f3n productiva -sin correspondencia directa en las clases dominantes y estados- contradice la tesis de una transnacionalizaci\u00f3n plena. Esa mirada supone que los principales sujetos e instituciones del sistema han quedado divorciados de sus pilares nacionales (Robinson, 2014). Estima que se ha disuelto el viejo anclaje de las empresas en el mapa de los pa\u00edses.<\/p>\n<p>Este enfoque convierte las prolongadas transiciones de la historia en transformaciones instant\u00e1neas. Observa acertadamente que la internacionalizaci\u00f3n de la econom\u00eda genera din\u00e1micas del mismo tipo en otras esferas, pero desconoce las enormes brechas temporales que separan a ambos procesos. Que una firma asuma en pocos a\u00f1os perfiles transnacionales no implica la mundializaci\u00f3n equivalente de sus propietarios. Tampoco supone procesos de ese tipo en los grupos sociales o estados que cobijan a la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>El capitalismo no se desenvuelve con ajustes autom\u00e1ticos. Articula el desarrollo de las fuerzas productivas con la acci\u00f3n de clases dominantes amoldadas a distintos escenarios estatales. Las diferentes esferas de ese tr\u00edpode mantienen niveles de conexi\u00f3n tan intensos como aut\u00f3nomos.<\/p>\n<p>Ya en los a\u00f1os de Marini algunos te\u00f3ricos marxistas (como Poulantzas) percibieron que la internacionalizaci\u00f3n productiva, no entra\u00f1aba secuencias id\u00e9nticas en la superestructura estatal o clasista . Ese se\u00f1alamiento inspir\u00f3 la posterior caracterizaci\u00f3n de la globalizaci\u00f3n como un proceso asentado en las instituciones del estado m\u00e1s poderoso del planeta (Panitch; Gindin, 2014).<\/p>\n<p>El enfoque transnacionalista desconoce esa mediaci\u00f3n de Washington en la gestaci\u00f3n de la nueva etapa. Por eso ignora tambi\u00e9n el rol actual de Beijing. La asociaci\u00f3n entre ambas potencias coexiste con una intensa rivalidad entre estructuras estatales muy diferenciadas. Los v\u00ednculos entre empresas chinas y estadounidenses no implican ning\u00fan tipo de disoluci\u00f3n transnacional.<\/p>\n<p>Basta recordar la compleja trayectoria de gestaci\u00f3n del capitalismo en torno a clases y estados preexistentes, para notar cu\u00e1n variados han sido los patrones de cambio de esas entidades. La tesis transnacionalista sintoniza con las corrientes historiogr\u00e1ficas, que postulan la abrupta constituci\u00f3n de un sistema capitalista mundial integrado, olvidando la compleja transici\u00f3n desde m\u00faltiples trayectorias nacionales (Wallerstein, 1984). De la misma manera que concibe esa intempestiva aparici\u00f3n hace 500 a\u00f1os, supone que la globalizaci\u00f3n actual alumbra con gran rapidez clases y estados mundiales.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n opuesta -que indaga los senderos diferenciados seguidos por cada capitalismo nacional- registra en cambio, c\u00f3mo los sujetos y las estructuras locales condicionan a la globalizaci\u00f3n actual (Wood, 2002). Cuestiona la existencia de una sincronizada irrupci\u00f3n del capitalismo global y demuestra la preeminencia de inciertas transiciones guiadas por intermediaciones estatales. Un curso gen\u00e9ricamente com\u00fan de internacionalizaci\u00f3n se desenvuelve con alt\u00edsima diversidad de ritmos y conflictos.<\/p>\n<p>Las relaciones de dependencia justamente persisten por la inexistencia de un s\u00fabito proceso de completa mundializaci\u00f3n. El entramado del centro y la periferia se remodela sin desaparecer, en un contexto de fabricaci\u00f3n globalizada y redistribuciones de valor entre clases y estados competidores. Este diagn\u00f3stico -congruente con la tradici\u00f3n de Marini- es contrapuesto a la visi\u00f3n transnacionalista.<\/p>\n<p><b>REORDENAMIENTO SEMIPERIF\u00c9RICO<\/b><\/p>\n<p>El te\u00f3rico brasile\u00f1o estudi\u00f3 las transferencias internacionales de valor para analizar la reproducci\u00f3n dependiente de Am\u00e9rica Latina. Estim\u00f3 que la regi\u00f3n recreaba su status subordinado por el sistem\u00e1tico drenaje de recursos hacia los pa\u00edses centrales. Las desventajas comerciales, la remisi\u00f3n de utilidades y los pagos de intereses de la deuda perpetuaban esta sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero el pensador brasile\u00f1o no se limit\u00f3 a retratar la fractura bipolar (entre el centro y la periferia) generada por esas hemorragias. Indag\u00f3 la nueva complejidad introducida por la existencia de formaciones intermedias. Investig\u00f3 especialmente c\u00f3mo la industrializaci\u00f3n colocaba a ciertos pa\u00edses en un segmento semiperif\u00e9rico. Observ\u00f3 esa transformaci\u00f3n en Brasil, que se manten\u00eda alejado de los centros imperiales sin compartir el retraso extremo de la periferia (Marini 2013: 18). .<\/p>\n<p>Esta caracterizaci\u00f3n fue compartida por su colega del dependentismo, que diferenci\u00f3 a las econom\u00edas latinoamericanas por su desenvolvimiento interno y por el tipo de productos exportados (Bambirra, 1986: 23-30). El mismo abordaje encar\u00f3 el principal exponente del marxismo endogenista, al evaluar c\u00f3mo el subdesarrollo desigual separaba a los pa\u00edses agrarios m\u00e1s retrasados de las econom\u00edas embarcadas en cierto despegue industrial ( Cueva, 2007).<\/p>\n<p>Estas distinciones son muy \u00fatiles para analizar el contexto actual. La simple polaridad centro-periferia es m\u00e1s insuficiente que en el pasado, para comprender la mundializaci\u00f3n. Las cadenas de valor han realzado la gravitaci\u00f3n de las semiperiferias .<\/p>\n<p>Las firmas multinacionales ya no priorizan la ocupaci\u00f3n de los mercados nacionales para aprovechar los subsidios y las barreras aduaneras. Jerarquizan otro tipo de inversiones externas. En ciertos casos se aseguran la captura de recursos naturales determinados por la geolog\u00eda y el clima de cada lugar. En otras situaciones aprovechan la existencia de grandes contingentes de fuerza de trabajo abaratada y disciplinada.<\/p>\n<p>Estas dos variantes -apropiaci\u00f3n de riquezas naturales y explotaci\u00f3n de los asalariados- definen las estrategias de las empresas transnacionales y la ubicaci\u00f3n de cada econom\u00eda en el orden global .<\/p>\n<p>Tanto las periferias como las semiperiferias contin\u00faan integradas al conglomerado de los pa\u00edses dependientes. El rol subordinado que Marini asignaba a las dos categor\u00edas no ha cambiado. Est\u00e1n insertas en la cadena de valor, sin participar en las \u00e1reas m\u00e1s lucrativas de ese entramado. Tampoco ejercen el control de esa estructura. Act\u00faan en la producci\u00f3n globalizada bajo el mandato de las compa\u00f1\u00edas transnacionales.<\/p>\n<p>Ese posicionamiento relegado se corrobora incluso en aquellas econom\u00edas que lograron forjar empresas multinacionales propias (India, Brasil, Corea del Sur). Ingresaron en un campo que estaba monopolizado por el centro, sin modificar su status secundario en la producci\u00f3n globalizada ( Milelli,\u00a0<i>2013:\u00a0<\/i>363-380).<\/p>\n<p>Otro indicador de ese posicionamiento relegado es la reducida participaci\u00f3n de esos pa\u00edses en la direcci\u00f3n de las instituciones globalizadas. Esta ausencia es coherente con la escasa representaci\u00f3n de esas regiones, en los cuerpos directivos de las firmas transnacionalizadas (Carroll; Carson, 2003: 67-102).<\/p>\n<p>Pero dos cambios significativos se observan en comparaci\u00f3n a la \u00e9poca de Marini. El papel de cada semiperiferia en la cadena de valor introduce un elemento de peso muy definitorio de su ubicaci\u00f3n en la pir\u00e1mide mundial. A diferencia del pasado no alcanza con registrar el nivel del PBI per c\u00e1pita o la magnitud del mercado interno.<\/p>\n<p>Por otra parte, al interior del segmento semiperif\u00e9rico es muy evidente el avance de las econom\u00edas asi\u00e1ticas (Corea del Sur) y el retroceso de sus pares latinoamericanos (Argentina, Brasil). C\u00f3mo el mismo reordenamiento se observa en otras regiones, algunos autores sugieren la introducci\u00f3n de nuevas clasificaciones para conceptualizar el cambio (semiperiferias fuertes-d\u00e9biles, altas-bajas, superiores-inferiores) (Morales Ruvalcaba; Efr\u00e9n, 2013: 147-181). Marini no lleg\u00f3 a presenciar esas transformaciones.<\/p>\n<p><b>INCIDENCIA DEL SUBIMPERIALISMO<\/b><\/p>\n<p>El pensador brasile\u00f1o analiz\u00f3 el papel de las econom\u00edas intermedias en los mismos a\u00f1os que los te\u00f3ricos del Sistema Mundial estudiaban el doble rol de las semiperiferias. Estimaban que esos pa\u00edses aten\u00faan las tensiones globales y definen las mutaciones de la jerarqu\u00eda global . Destacaron c\u00f3mo atemperan las fracturas entre el centro y la periferia y de qu\u00e9 forma protagonizan las movilidades ascendentes y descendentes que remodelan la divisi\u00f3n internacional del trabajo.<\/p>\n<p>Los pensadores sist\u00e9micos atribuyeron ese papel al car\u00e1cter intermedio de los estados semiperif\u00e9ricos, que no detentan el poder del centro y tampoco padecen las debilidades extremas de los estados relegados. Describieron casos de ascenso (Suecia, Prusia, Estados Unidos) estancamiento (Italia, Flandes) y retroceso (Espa\u00f1a, Portugal) de ese segmento en las \u00faltimas cinco centurias. Postularon que su lugar equidistante les permite liderar grandes transformaciones, mientras equilibran la pir\u00e1mide mundial (Wallerstein, 1984: 247-33, 1999: 239-264, 2004: cap 5).<\/p>\n<p>Marini convergi\u00f3 parcialmente con esa tesis en su evaluaci\u00f3n de los pa\u00edses intermedios. Utiliz\u00f3 esa \u00f3ptica para diferenciar a Brasil de Francia y Bolivia. Pero introdujo adem\u00e1s el nuevo concepto de subimperialismo, para caracterizar una franja de potencias regionales con pol\u00edticas exteriores asociadas y al mismo tiempo aut\u00f3nomas del imperialismo estadounidense.<\/p>\n<p>Con esa noci\u00f3n enfatiz\u00f3 el papel disruptivo de esos actores. En lugar de observarlos como colchones de las tensiones globales, analiz\u00f3 su funci\u00f3n convulsiva . La alta conflictividad de esas regiones ha sido posteriormente atribuida a la explosiva coexistencia de universos de bienestar y desamparo (tipo \u201cBel-India\u201d) ( Chase-Dunn, 1999) .<\/p>\n<p>El enfoque de Marini fue semejante al utilizado por un excepcional marxista del siglo XX, para explicar con razonamientos de desarrollo desigual y combinado, la vulnerabilidad de los pa\u00edses intermedios ( Trotsky, 1975). Como esas naciones quedaron incorporadas a la carrera de la acumulaci\u00f3n con gran tardanza, afrontan desequilibrios superiores al centro que son desconocidos por sus inmediatos seguidores de la periferia. Por esta raz\u00f3n concentran localizaciones potenciales de un debut socialista . Al igual que otros pensadores de su \u00e9poca, Marini situ\u00f3 la din\u00e1mica de esas formaciones en un horizonte de confrontaci\u00f3n entre el capitalismo y el socialismo ( Worsley, 1980) .<\/p>\n<p>Pero su acepci\u00f3n del subimperialismo requiere una significativa revisi\u00f3n en la era de la mundializaci\u00f3n neoliberal. El te\u00f3rico de la dependencia asign\u00f3 a esa categor\u00eda una dimensi\u00f3n econ\u00f3mica de expansi\u00f3n externa y otra geopol\u00edtico-militar de protagonismo regional. Esa simultaneidad no se verifica en la actualidad.<\/p>\n<p>El subimperialismo contempor\u00e1neo no presenta la connotaci\u00f3n econ\u00f3mica que observaba Marini. Es propio de los pa\u00edses que cumplen un doble rol de gendarmes asociados y aut\u00f3nomos de Estados Unidos. Turqu\u00eda e India juegan ese papel en Medio Oriente y el Sur de Asia. Pero Brasil no desenvuelve un papel equivalente en Am\u00e9rica Latina y Sud\u00e1frica tampoco cumple esa funci\u00f3n en su continente ( Katz, 2017b) .<\/p>\n<p>El cariz geopol\u00edtico del subimperialismo y la naturaleza econ\u00f3mica de las semiperiferia son m\u00e1s visibles en la actualidad que en el pasado. El primer aspecto est\u00e1 determinado por acciones militares tendientes a acrecentar la influencia de las potencias zonales. El segundo rasgo deriva del lugar ocupado por cada pa\u00eds en la cadena de valor. Marini no lleg\u00f3 a percibir esta diferencia.<\/p>\n<p><b>\u201c\u00bfSUR GLOBAL?\u201d<\/b><\/p>\n<p>La nueva combinaci\u00f3n de creciente internacionalizaci\u00f3n del capital y continuada configuraci\u00f3n estatal-nacional de las clases y los estados obliga a revisar otros aspectos del dependentismo tradicional. La mundializaci\u00f3n productiva es habitualmente investigada por los exponentes de esa tradici\u00f3n, pero la reconfiguraci\u00f3n geopol\u00edtica imperial es frecuentemente soslayada. Esa omisi\u00f3n se verifica en el difundido uso del t\u00e9rmino \u201cSur Global\u201d.<\/p>\n<p>Ese concepto es postulado para resaltar la persistencia de las cl\u00e1sicas brechas entre los pa\u00edses desarrollados (\u201cNorte\u201d) y subdesarrollados (\u201cSur\u201d). El desplazamiento de la producci\u00f3n a Oriente y la captaci\u00f3n del nuevo valor generado por Occidente son presentados como evidencias de esa contundente polaridad (Smith, 2010: 241) .<\/p>\n<p>Estas caracterizaciones confrontan acertadamente con el venturoso futuro de convergencias entre econom\u00edas avanzadas y retrasadas, que difunden los neoliberales (y frecuentemente convalidan los heterodoxos). Tambi\u00e9n demuestran que el modelo actual se cimenta en la explotaci\u00f3n y en la transferencia de plusval\u00eda a un pu\u00f1ado de empresas transnacionales. Explican detalladamente las ventajas que mantienen los pa\u00edses m\u00e1s poderosos para capturar el grueso de los beneficios.<\/p>\n<p>Pero estas valiosas observaciones no clarifican los problemas del periodo. El simple diagn\u00f3stico de un contrapunto entre el Sur y el Norte choca con la dificultad para encasillar a China. \u00bfEn cu\u00e1l de los dos campos se ubica a esa naci\u00f3n?<\/p>\n<p>A veces se except\u00faa al pa\u00eds de la divisoria, con el mismo argumento utilizado hace veinte a\u00f1os para resaltar la singularidad de Corea del Sur o Taiw\u00e1n. Pero lo que resultaba plausible para dos peque\u00f1os pa\u00edses, no puede extenderse a la segunda econom\u00eda del planeta, que alberga a un quinto de la poblaci\u00f3n mundial. Si se soslaya la transformaci\u00f3n protagonizada por el gigante asi\u00e1tico resulta imposible caracterizar al capitalismo actual.<\/p>\n<p>Excelentes trabajos de investigaci\u00f3n sit\u00faan de hecho err\u00f3neamente a China en el bloque de pa\u00edses subdesarrollados. Estiman que la plusval\u00eda extra\u00edda a su enorme proletariado es transferida a Occidente ( Smith, 2010: 146-149) . Pero es poco sensato colocar en ese universo a una potencia que socorre a los bancos de Occidente, sostiene al d\u00f3lar en la crisis, acumula un super\u00e1vit comercial may\u00fasculo con Estados Unidos y encabeza las inversiones externas en \u00c1frica y Am\u00e9rica Latina.<\/p>\n<p>Tampoco es l\u00f3gico interpretar que la masa de plusval\u00eda generada en China es \u00edntegramente transferida a Occidente y apropiada por las casas matrices de las firmas mundializadas. Un drenaje de ese tipo habr\u00eda imposibilitado las alt\u00edsimas tasas de acumulaci\u00f3n que caracterizan al pa\u00eds.<\/p>\n<p>Es evidente que una porci\u00f3n may\u00fascula del beneficio gestado en China es capturado por los capitalistas-bur\u00f3cratas locales. Ese monumental lucro es equivocadamente interpretado como una simple \u201ctajada\u201d de lo apropiado por las firmas occidentales ( Foster, 2015).<\/p>\n<p>Pero China es un desafiante y no un t\u00edtere de Estados Unidos. Sus grupos dominantes se ubican muy lejos de cualquier burgues\u00eda dependiente, con peque\u00f1as participaciones en la torta de la globalizaci\u00f3n. Los nuevos dominadores asi\u00e1ticos no guardan ning\u00fan parentesco con las viejas burgues\u00edas nacionales de posguerra.<\/p>\n<p>La emergente potencia oriental ha demostrado capacidad para limitar el drenaje de plusval\u00eda, mientras aumenta su apropiaci\u00f3n del valor generado en la periferia. Ninguna de estas acciones sintoniza con su clasificaci\u00f3n en el \u201cSur Global\u201d.<\/p>\n<p><b>RENOVAR EL DEPENDENTISMO<\/b><\/p>\n<p>En sus an\u00e1lisis de la econom\u00eda pol\u00edtica de la globalizaci\u00f3n Marini sent\u00f3 las bases para comprender el per\u00edodo actual. Resalt\u00f3 tres focos de estudio: la explotaci\u00f3n del trabajo, las transferencias de valor y la reestructuraci\u00f3n imperial. Leg\u00f3 importantes pistas, pero no respuestas. La actualizaci\u00f3n de su teor\u00eda requiere indagaciones m\u00e1s complejas que la simple corroboraci\u00f3n de conceptos enunciados hace medio siglo.<\/p>\n<p>El pilar de esa reevaluaci\u00f3n es la caracterizaci\u00f3n de la globalizaci\u00f3n productiva en la nueva geopol\u00edtica imperial. Este estudio exige notar c\u00f3mo la transferencia de plusval\u00eda redise\u00f1a el mapa de drenaje, retenci\u00f3n y captura de los flujos de valor. Resulta tambi\u00e9n indispensable analizar l as nuevas relaciones de sometimiento, subordinaci\u00f3n y autonom\u00eda que despuntan en el mosaico internacional. Marini nos ha dejado pendiente un monumental trabajo de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3-2-2017<\/p>\n<p><b>RESUMEN<\/b><\/p>\n<p>El principal te\u00f3rico de la dependencia anticip\u00f3 tendencias de la mundializaci\u00f3n neoliberal. Analiz\u00f3 la globalizaci\u00f3n productiva, la centralidad de la explotaci\u00f3n y la gravitaci\u00f3n de las transferencias de plusval\u00eda. Pero la crisis del empleo supera lo avizorado por Marini, en un escenario trastocado por la mutaci\u00f3n de Estados Unidos, el desplome de la URSS y el ascenso de China.<\/p>\n<p>Las nuevas brechas nacionales y sociales emergen en una econom\u00eda internacionalizada, sin correlato en los estados y clases dominantes. Esta ausencia de transnacionalizaci\u00f3n total recrea la dependencia. Las semiperiferias presentan una dimensi\u00f3n econ\u00f3mica diferenciada del status geopol\u00edtico del subimperialismo. El \u201cSur Global\u201d no reencarna la vieja periferia, ni incluye a China. Hay s\u00f3lidos pilares para renovar el dependentismo.<\/p>\n<p><b>\u00a0<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Claudio Katz (Rebelion.org, 8-2-18) DESIGUALDADES DIVERSAS Numerosos estudios coinciden en destacar el ensanchamiento actual de las fracturas sociales en todos los puntos del planeta. Un conocido an\u00e1lisis de esa polarizaci\u00f3n en 30 pa\u00edses demuestra que el 1% de la minor\u00eda m\u00e1s enriquecida controla el 25-35% del patrimonio total en Europa y Estados Unidos (2010). 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