{"id":22643,"date":"2018-02-10T10:55:32","date_gmt":"2018-02-10T14:55:32","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=22643"},"modified":"2018-02-10T10:55:32","modified_gmt":"2018-02-10T14:55:32","slug":"acerca-del-concepto-de-justicia-social-en-la-obra-literaria-de-juan-bosch-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/02\/10\/acerca-del-concepto-de-justicia-social-en-la-obra-literaria-de-juan-bosch-3\/","title":{"rendered":"Acerca del concepto de justicia social en la obra literaria de Juan Bosch (3)"},"content":{"rendered":"<p>Diogenes C\u00e9spedes (Hoy, 20-5-17)<\/p>\n<p>1. La relaci\u00f3n entre la obra literaria y la pol\u00edtica es dial\u00e9cticamente indisoluble y, por evidente, el escritor, el cr\u00edtico literario mismo, los humanistas y los cientistas sociales tienden a borrarla con la mayor naturalidad y no es su culpa.<\/p>\n<p>2. Si el intelectual que se dedica a estas pr\u00e1cticas sociales no ha sido entrenado para ver lo pol\u00edtico en la obra literaria, se debe a lo que Roland Barthes<a href=\"https:\/\/acento.com.do\/2017\/opinion\/8458276-acerca-del-concepto-justicia-social-la-obra-literaria-juan-bosch-3\/#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>\u00a0explic\u00f3 hace ya m\u00e1s de medio siglo al plantear la oposici\u00f3n entre escribiente, escritor-escribiente y escritor. Veamos la definici\u00f3n de cada categor\u00eda en detalle:<\/p>\n<p>3. De la primera categor\u00eda, dice Barthes: \u00abLos escribientes son hombres \u2018transitivos\u2019; plantean un objetivo (testimoniar, explicar, ense\u00f1ar) cuya palabra es un medio; para ellos, la palabra apoya un hacer, ella no lo constituye. He ah\u00ed pues el lenguaje reducido a la naturaleza de un instrumento de comunicaci\u00f3n, de un veh\u00edculo del pensamiento.\u00bb (DC,\u00a0<em>art- cit<\/em>., p. 115). Y la palabra, dice la po\u00e9tica, no es un instrumento. La palabra por s\u00ed sola no comunica nada. Ella es un signo para la ling\u00fc\u00edstica y a veces un signo consta de varias palabras. La palabra entra, sint\u00e1cticamente, en la frase para formar el discurso. El discurso es el lugar del sentido, no la lengua ni el lenguaje. El discurso es el lugar de la comunicaci\u00f3n, pero el discurso literario no solo comunica, sino que a trav\u00e9s del ritmo va m\u00e1s all\u00e1 de la simple comunicaci\u00f3n: es el lugar de las figuras, los paragramas, la transformaci\u00f3n de las ideolog\u00edas, etc.<\/p>\n<p>El escribiente ha sobrevivido hasta el d\u00eda de hoy y continuar\u00e1 su vida en el futuro.<\/p>\n<p>4. En la segunda categor\u00eda, seg\u00fan Barthes, la funci\u00f3n del escritor-escribiente, un h\u00edbrido, un intermediario entre el escribiente y el escritor: \u00ab\u2026 no puede ser sino parad\u00f3jica: \u00e9l provoca y conjura a la vez; formalmente, su palabra es libre, sustra\u00edda a la instituci\u00f3n del lenguaje literario, y sin embargo, encerrada en esa libertad misma, ella segrega sus propias reglas, en forma de una escritura com\u00fan; salido de un club de gente de letras, el escritor-escribiente halla de nuevo otro club, el de la\u00a0<em>intelligentsia<\/em>.\u00bb (DC,\u00a0<em>art. cit<\/em>. 117).<\/p>\n<p>5. \u00abLa ambig\u00fcedad de la cual participa este h\u00edbrido en la sociedad capitalista le hace jugar un rol embarazoso. En efecto, el escritor-escribiente es aceptado por esa sociedad consumista cuando no transgrede fronteras reservadas al escritor. Su obra se ve entonces aprobada por el p\u00fablico. Por el contrario, si est\u00e1 a medio camino entre lo \u201ctransitivo\u201d (explicar, ense\u00f1ar, testimoniar, divertir) y lo \u201cintransitivo\u201d (es decir, transformar ideolog\u00edas), se ve acusado de intelectualismo, vale decir, de esterilidad, inculpaci\u00f3n que le cuesta la marginaci\u00f3n a uno de esos campos que la clase dominante tiene reservado para quienes detentan una posici\u00f3n ambigua a su respecto: la universidad, la investigaci\u00f3n, las bellas artes, a veces embajadas o agregadur\u00edas culturales, todos canales aparentemente inofensivos, pero que esa clase dominante controla y paga.\u00bb (DC,\u00a0<em>art. cit<\/em>. 117). Los escribientes de la Revoluci\u00f3n francesa y un escritor como Bosch no ten\u00edan una posici\u00f3n ambigua con respecto al sistema absolutista y el olig\u00e1rquico-burgu\u00e9s dominicano.<\/p>\n<p>6. En la tercera categor\u00eda, para Barthes, \u00abel escritor cumple una funci\u00f3n, el escribiente una actividad. El escritor es aqu\u00e9l que\u00a0<em>trabaja<\/em>\u00a0su palabra (aun inspirado) y se absorbe funcionalmente en ese trabajo. El trabajo del escritor comporta dos tipos de normas: normas t\u00e9cnicas (de composici\u00f3n, de g\u00e9nero, de escritura) y normas artesanales (de labor, de paciencia, de correcci\u00f3n, de perfecci\u00f3n\u00bb (DC,\u00a0<em>art. cit<\/em>., 111). Y agrega Barthes: \u00abEl escritor es un hombre que absorbe radicalmente el\u00a0<em>porqu\u00e9<\/em>\u00a0del mundo en un\u00a0<em>c\u00f3mo escribir<\/em>\u00a0(\u2026) Encerr\u00e1ndose en el\u00a0<em>c\u00f3mo escribir<\/em>, el escritor termina por encontrar de nuevo la pregunta abierta por excelencia: \u00bfpor qu\u00e9 el mundo?, \u00bfcu\u00e1l es el sentido de las cosas? \u00abLa escritura representa al escritor como una pregunta, jam\u00e1s,\u00a0<em>en definitiva<\/em>, como una respuesta.\u00bb (<em>Ib\u00edd.<\/em>). En su escritura, el escritor no convierte los problemas cotidianos en un recetario. [Critico a Barthes: el escritor no cumple ninguna funci\u00f3n ni la escritura le\u00a0<em>representa<\/em>. Es la obra la que posee un funcionamiento en la sociedad].<\/p>\n<p>7. Los escribientes que se apropiaron del discurso ideol\u00f3gico de los preparadores de la Revoluci\u00f3n francesa y que no vivieron para verla (Rousseau, Voltaire, Diderot, D\u2019Alembert, D\u2019Holbach etc.) fueron Danton, Mirabeau, Robespierre, Saint Just, Marat, etc. Las obras literarias de los preparadores de la Revoluci\u00f3n francesa hay que analizarlas desde otra perspectiva: la del plural parsimonioso inventado por Roland Barthes en su libro\u00a0<em>S\/Z<\/em>. (M\u00e9xico: Siglo XXI, 1980. 2\u00aa ed., p. 3). Con esta noci\u00f3n de plural parsimonioso emprender\u00e9 el an\u00e1lisis de los cuentos de Bosch, pues estimo son deudores de ese tipo de obra que Barthes analiza en\u00a0<em>S\/Z<\/em>, porque son textos simb\u00f3licos, pero no llegan, al igual que otras obras de Balzac, a la pluralidad indefinida de sentidos. El escritor transforma, con sus obras, las ideolog\u00edas de la sociedad de su \u00e9poca a trav\u00e9s de un trabajo art\u00edstico de valoraci\u00f3n del lenguaje.<\/p>\n<p>8. El escritor-escribiente cuestiona, subvierte, denuncia o se rebela en contra de la doblez moral e intelectual de su \u00e9poca. Pero esa rebeli\u00f3n, subversi\u00f3n o denuncia son juegos de sal\u00f3n y quienes publican y financian esas obras lo saben. La rebeli\u00f3n, la subversi\u00f3n y la denuncia no transforman nada y refuerzan el poder que dicen combatir. Las clases dominantes del mundo lo saben. Como dec\u00eda Max Stirner de los estudiantes, los escritores-escribientes son unos filisteos.<\/p>\n<p>9. He aqu\u00ed lo que glos\u00e9 acerca del escritor-escribiente: \u00bfPor qu\u00e9 se compran y se leen m\u00e1s las obras fr\u00edvolas (<em>light<\/em>) de los escritores-escribientes que las del escritor que crea valor art\u00edstico? Por esto: \u00abUn prejuicio de siglos marca la diferencia: mercado\/literatura. El rol del escritor-escribiente en esta relaci\u00f3n es el de productor de una mercanc\u00eda (el libro) que entra en el circuito del dinero (mercado) a trav\u00e9s de instituciones que por su car\u00e1cter (casas editoriales, universidades, investigaci\u00f3n, pol\u00edtica [agentes literarios] no tienen por funci\u00f3n valorar el lenguaje (\u2026) Sin embargo, el texto del escritor de valor est\u00e1 supuesto a llegar al p\u00fablico a trav\u00e9s de una instituci\u00f3n que le ser\u00eda consubstancial: la literatura. Otro prejuicio capital en esta relaci\u00f3n del trabajo del escritor es que con su texto solamente vende \u2018pensamiento\u2019, materia prima o producto que no entra en el circuito del dinero y que por lo tanto se parte del hecho de que, si el pensar no cuesta nada, nada se pierde regal\u00e1ndolo.<\/p>\n<p>10. En cualquier sociedad de poco desarrollo tecnol\u00f3gico y literario como la dominicana en particular, y la latinoamericana en general, muchos creen que quien publica un libro no solo debe regalarlo, sino que quien lo recibe piensa que le hace un favor al autor, ya que se tomar\u00e1 la molestia de leerlo, lo que le significa una p\u00e9rdida de tiempo. Otras veces tal regalo no es le\u00eddo, sino que sirve de adorno a un mueble, sea o no bien repujado.\u201d (DC,\u00a0<em>art. cit<\/em>. 115-116). Aclaro de inmediato que un libro, sea escrito por un escribiente, un escritor-escribiente o un escritor, es una mercanc\u00eda, pero en la obra de valor art\u00edstica, los sentidos que transforman las ideolog\u00edas de \u00e9poca no son una mercanc\u00eda, mientras que los significados que contienen las obras producidas por los escritores-escribientes, s\u00ed son una mercanc\u00eda. Todos los\u00a0<em>best sellers<\/em>\u00a0y la literatura\u00a0<em>light<\/em>\u00a0responden al criterio de subliteratura para el mercado. Si no, como puro ejercicio l\u00fadico, cu\u00e9ntese la cantidad de libros\u00a0<em>light<\/em>\u00a0en la Librer\u00eda Cuesta (tantos criollos como extranjeros) y comp\u00e1reselos con los t\u00edtulos de obras de Dante, Shakespeare, Cervantes y otros grandes escritores de valor art\u00edstico con que cuenta la humanidad.<\/p>\n<p>11. Salta a la vista entonces la siguiente constataci\u00f3n: el sujeto dominicano con quien el autor mantiene cierta relaci\u00f3n se ofende si este no le regala el libro que acaba de publicar y, peor a\u00fan, si no se lo dedica con un ditirambo hiperb\u00f3lico. El escritor y el lector concienciados compran las obras de sus colegas. Pero es un derecho de todo escritor el saber a qui\u00e9n regala o no su obra. (Continuar\u00e1).<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/acento.com.do\/2017\/opinion\/8458276-acerca-del-concepto-justicia-social-la-obra-literaria-juan-bosch-3\/#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0\u201c\u00c9crivains et \u00e9crivaints\u201d, en\u00a0<em>\u00c9ssais critiques<\/em>. Par\u00eds: Seuil, col. Tel Quel, 1964, pp.147-154. V\u00e9ase el mismo ensayo en la traducci\u00f3n espa\u00f1ola de Seis Barral, Barcelona, 1964. Y una rese\u00f1a de este libro se haya en Di\u00f3genes C\u00e9spedes: \u201cEl trabajo de escribir\u201d, en \u2018<em>El Peque\u00f1o Universo de la Facultad de Humanidades\u2019<\/em>\u00a0de la Universidad Aut\u00f3noma de Santo Domingo, 6, IV, 1978: 107-121, de donde extraigo las citas de esta cr\u00f3nica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Diogenes C\u00e9spedes (Hoy, 20-5-17) 1. La relaci\u00f3n entre la obra literaria y la pol\u00edtica es dial\u00e9cticamente indisoluble y, por evidente, el escritor, el cr\u00edtico literario mismo, los humanistas y los cientistas sociales tienden a borrarla con la mayor naturalidad y no es su culpa. 2. 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