{"id":23222,"date":"2018-03-07T11:23:03","date_gmt":"2018-03-07T15:23:03","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=23222"},"modified":"2018-03-07T11:23:03","modified_gmt":"2018-03-07T15:23:03","slug":"por-que-insultan-los-pueblos-a-sus-gobernantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/03\/07\/por-que-insultan-los-pueblos-a-sus-gobernantes\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 insultan los pueblos a sus gobernantes?"},"content":{"rendered":"<p>Fernando Buen Abad (teleSur, 6-3-18)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Viejos como la lucha de clases, los insultos proferidos por los oprimidos suelen tener una misma base hist\u00f3rica y un mismo prop\u00f3sito pol\u00edtico. Son formas de la \u201cexpresi\u00f3n\u201d popular que no siempre son \u201cf\u00e1ciles\u201d ni siempre proliferan masivamente, pero marcan (como pocas) los territorios de la lucha simb\u00f3lica donde, frecuentemente, el sentido del humor \u00a0m\u00e1s corrosivo surte efectos demoledores en la moral de los \u201camos\u201d y en sus \u00ednfulas de prestigio. Desde luego nunca falta el ingenioso genuflexo que se cree capaz de neutralizar los \u201cdardos\u201d del insulto popular con escudos de silogismos chatarra y tandas represivas a mansalva. Moral y palos.<\/p>\n<div class=\"qnewworld\"><\/div>\n<p>Hay insultos de todo tipo contra las clases dominantes. Se producen en todas las formas y en todos los g\u00e9neros. Hay canciones, bailes, poemas\u2026 dramaturgia, pintura, cine y humor variopinto. Iron\u00edas, sarcasmos, chungas\u2026 e incluso afrentas francas basadas, casi exclusivamente en la procacidad fermentada por el hartazgo o en la necesidad profunda de herir al poderoso en alguna de sus fibras sensibles: madres, hijos o parientes cercanos. Aunque no tengan culpa directa de los \u201cpesares\u201d (humillaci\u00f3n y explotaci\u00f3n) \u00a0que se acumulan en los lomos de la clase trabajadora.<\/p>\n<p>Hay un sentido subversivo en el insulto popular, contra los gobernantes del dinero y los gobernantes de la pol\u00edtica, que se desliza de maneras diversas entre los territorios sem\u00e1nticos de cada \u00e9poca. La mayor o menor intensidad del insulto suele ser coyuntural y es siempre eco de conformaciones culturales predominantes. Nada escapa a los efluvios del insulto escupido por los pueblos en el rostro de sus verdugos. Lo supo Cervantes como lo supo Daumier\u2026 lo supo Chaplin y los supo Cantinflas. Abarca a las personas y a las instituciones, cruza los mares de la furia social para levantar tormentas de adjetivos, sustantivos y verbos\u2026 gestos, muecas y contorsiones. Todo sirve si el insulto es certero, si pone a temblar las estructuras del ego en sus m\u00e1s caras fortalezas del poder y logra ridiculizar todo aquello que sustenta la autoridad de unos cuantos contra la inmensa mayor\u00eda. Incluso hay insultos fin\u00edsimos.<\/p>\n<p>Eso produce p\u00e1nico en la clase dominante que necesita como el aire algunos reductos de \u201crespeto\u201d o miedo para mantenerse en pie. Un \u201csubordinado\u201d que se empecina en insultar a la autoridad, producto del ascenso de la conciencia o de la fatiga, comienza a ser temido y reprimido. En los casos m\u00e1s conspicuos se fragua un circulo virtuoso que, m\u00e1s temprano que tarde, precipitar\u00e1 la ca\u00edda de alg\u00fan verdugo y facilitar\u00e1 un paso, as\u00ed sea peque\u00f1o, en el camino de la emancipaci\u00f3n. Son testigo de eso las mejores tradiciones del grotesco y de los carnavales. Por aludir a algunos casos.<\/p>\n<p>Pero en el insulto tambi\u00e9n se reproduce la ideolog\u00eda de la clase dominante infiltrada en las cabezas de los dominados. Por ejemplo el sexismo que reina a sus anchas en el imaginario hegem\u00f3nico burgu\u00e9s, escurre sin control ni filtro sobre el arsenal de los se ejercitan para insultar u ofender a los \u201cpatrones\u201d. Por ejemplo, todo g\u00e9nero de fetichismo de los genitales y toda clase de subordinaci\u00f3n coital machista, suele florecer en la metralla ofensiva popular cargada con su sello de clase y con fuerza irreverente. Eso hace una diferencia clara pero plantea un desaf\u00edo sem\u00e1ntico nodal. No mediremos aqu\u00ed con la misma vara la intensidad humillante de los insultos de la clase dominante frente a los arsenales de la clase subordinada. No caeremos en esa emboscada.<\/p>\n<p>El \u201cmodo\u201d en el insulto popular es determinante. Implica a los matices y a las intenciones. Hay insultos que vienen de la picaresca y del humor sexualizado y hay insultos que emergen del miedo y de la rabia. No pocas veces son combinaciones barrocas con resoluciones explosivas. Pero en su tesitura \u00e1spera, el insulto al poderoso implica un rompimiento. No hay insulto popular contra los oligarcas que no pondere el en\u00e9rgico tesoro de la rebeld\u00eda. Contundentes y expresivos los insultos enriquecen en su intensidad, y en su calidad, muchas de las f\u00f3rmulas de la lengua espa\u00f1ola pero con la jactancia de quien descubre una fuerza ofensiva cargada con analog\u00edas que ven el l\u00e9xico como un arma que tiene, indudablemente, aristas destructoras. La defensiva pasando a la ofensiva. Igual que los tesoros, los insultos suelen estar a flor de tierra y as\u00ed, a lomos de muchos siglos, los lenguajes peyorativos de clase se ha fortalecido, pacientemente. Es un arsenal popular de palabras que al hacer temblar la vanidad del poder y el poder de la explotaci\u00f3n, extienden su ejemplo y se contagian m\u00e1s all\u00e1 de la perspectiva com\u00fan y de la comarca del sometimiento (no hay l\u00edmites idiom\u00e1ticos ni gestuales). Es un jard\u00edn f\u00e9rtil donde se rehacen los armamentos de las batallas diarias y su poder\u00edo se vuelve potencialmente infinito. P\u00e9sele a quien le pese.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es posible crear nuevos insultos mediante la formaci\u00f3n de conceptos y de vocablos contra los estereotipos impuestos que caracterizan una conducta determinada o el nombre de una clase de individuos (pero esto no es una c\u00e1tedra de gram\u00e1tica) por cuanto el insulto refleja al modo de producci\u00f3n y a las relaciones de producci\u00f3n degeneradas en hartazgo y en rebeld\u00eda de pueblo contra sus \u201camos\u201d.<\/p>\n<p>Quedan fuera de \u00e9sta reflexi\u00f3n aquellas man\u00edas burlonas que son s\u00f3lo desplantes del individualismo burgu\u00e9s infiltradas en los pueblos como formas de catarsis reducidas a banalidades. De esas, no obstante, conviene rescatar lo que de ingenioso puedan desarrollar gracias la creatividad personal y que bien pueden dar un salto de calidad movilizadas por el abrigo de consensos que recojan lo que de fuerza rebelde aporten. Algunos ejemplos muy valiosos est\u00e1n fermentando, por ejemplo, en USA contra Donald Trump y las esquizofrenias mafiosas en sus empresarios de la guerra.<\/p>\n<p>As\u00ed y todo sabemos bien que s\u00f3lo con insultos a los \u201cpoderosos\u201d no se transforma la realidad. Que, incluso, una \u00e9poca f\u00e9rtil en denuestos no implica, \u201cper se\u201d, saldos positivos en materia de organizaci\u00f3n ni de elaboraci\u00f3n de programas revolucionarios con vocaci\u00f3n de praxis sistematizada. La proliferaci\u00f3n de los insultos contra la clase dominante, por s\u00ed misma es s\u00f3lo un s\u00edntoma que, para crecer en sus valores rebeldes, debe construir conciencia y acci\u00f3n. De nada sirve quedarse complacido con una concatenaci\u00f3n de vociferaciones peyorativas si eso se torna s\u00f3lo reducto que tranquiliza. Una vez que estemos seguros del genuino origen popular de los insultos a los victimarios del pueblo trabajador, es necesario acordar los pasos que conducen a la salida emancipadora, de lo contrario quedaremos muy contentos insult\u00e1ndolo todo para que nada cambie. Como reformistas vulgares.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Buen Abad (teleSur, 6-3-18) &nbsp; Viejos como la lucha de clases, los insultos proferidos por los oprimidos suelen tener una misma base hist\u00f3rica y un mismo prop\u00f3sito pol\u00edtico. 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