{"id":23532,"date":"2018-03-20T14:21:44","date_gmt":"2018-03-20T18:21:44","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=23532"},"modified":"2018-03-20T14:21:44","modified_gmt":"2018-03-20T18:21:44","slug":"por-que-vietnam-sigue-siendo-importante-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/03\/20\/por-que-vietnam-sigue-siendo-importante-i\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 Vietnam sigue siendo importante? (I)"},"content":{"rendered":"<p>Matthew Stevenson (Rebelion. org, 27-2-18)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de Vietnam, yo era a\u00fan demasiado joven en muchos aspectos. La llamada a filas me lleg\u00f3 a la edad de 19 a\u00f1os, varios meses despu\u00e9s de enero de 1973, cuando Richard Nixon y Henry Kissinger \u2013utilizando una frase nixoniana- \u201csalieron\u201d del Sur. En teor\u00eda, los asesores y el poder a\u00e9reo estadounidense iban a seguir all\u00ed para que el Sur permaneciera en el conjunto independiente y no comunista. Ese era el optimismo a ultranza de un presidente ya por entonces delirante aunque todav\u00eda se expresaba con dureza.<\/p>\n<p>Muy pronto, el mismo presidente se convirti\u00f3 en el \u201cgigante pat\u00e9tico e indefenso\u201d atrapado en el Watergate y fue a parar a San Clemente, California (a pesar de que su madre hab\u00eda sido una santa). Cuando en abril de 1975 lleg\u00f3 el final para Vietnam del Sur, todo lo que Estados Unidos pudo hacer fue salir volando desde las azoteas de Saig\u00f3n junto a sus subordinados y unos cuantos colaboradores, poniendo fin a una guerra que para los estadounidenses se remontaba a 1965, cuando no a mediados de la d\u00e9cada de 1950.<\/p>\n<p>Por aquel entonces era estudiante en la universidad y para m\u00ed Vietnam era una especie de montaje de im\u00e1genes fugaces formadas a partir de una infancia hojeando la revista\u00a0<i>Life<\/i>\u00a0y contemplando las noticias de la noche en televisi\u00f3n. En el instituto y en la universidad asist\u00ed a cursos de pol\u00edtica exterior y a \u201ccharlas\u201d sobre las guerras en Indochina, pero en el mejor de los casos mi comprensi\u00f3n de los problemas era te\u00f3rica, no mucho m\u00e1s informada que la de alguien que pasaba las tardes del s\u00e1bado viendo pel\u00edculas de guerra en el teatro local. En el<\/p>\n<p>instituto, recuerdo haberme esforzado mucho para comprender los tiroteos acaecidos en la\u00a0universidad estatal\u00a0de Kent, la incursi\u00f3n (as\u00ed la llamaron) en Camboya y las masacres en la aldea de My Lai. A pesar de esos desastres, me resultaba dif\u00edcil reprobar a los soldados estadounidenses condenados a combatir y morir en las junglas remotas diseminadas por todo de Vietnam.<\/p>\n<p>Mi generaci\u00f3n fue la que creci\u00f3 en las largas sombras proyectadas por la II Guerra Mundial en la que hab\u00edan luchado nuestros padres. Aunque sab\u00eda por instinto desde edad temprana que Vietnam era una causa perdida, todav\u00eda tengo recuerdos frescos de los viajes en el coche familiar durante la d\u00e9cada de 1960, con mi madre saludando a los convoyes del ej\u00e9rcito que se alargaban por las carreteras interestatales. Nunca asist\u00ed a una manifestaci\u00f3n contra la guerra, prefiriendo en cambio recopilar y leer libros sobre Vietnam, siempre en la esperanza de que podr\u00eda finalmente descifrar el significado de la guerra.<\/p>\n<p>Estoy bastante seguro \u2013pensando en los \u00faltimos a\u00f1os sesenta- de que los primeros dos libros que le\u00ed sobre la guerra de Vietnam fueron\u00a0<i>The Making of a Quagmire\u00a0<\/i>y\u00a0<i>The Best and the Brightest\u00a0<\/i><i>,\u00a0<\/i>de David Halberstam. Ambos libros estaban en las estanter\u00edas de la biblioteca de mi amigo Bob Koch. Era amigo de mis padres y alguien a quien yo admiraba. Hab\u00eda sido piloto durante la II Guerra Mundial y hab\u00eda estado en la facultad de Derecho con muchos de los que formaron parte de los gabinetes de las administraciones presidenciales de John F. Kennedy y Lyndon Johnson. Era alguien que pod\u00eda leer\u00a0<i>The New York Times\u00a0<\/i>y agregar comentarios sobre la gente que hac\u00eda la primera p\u00e1gina. Cuando estaba en la universidad me anim\u00f3 a leer los libros de Halberstam, siendo el segundo de los libros anteriormente citados una denuncia de la misma clase gobernante en la que yo estaba creciendo (aunque gran parte de la prosa de Halberstam me impact\u00f3 por parecerme un ajuste de cuentas).<\/p>\n<p>Para m\u00ed resultaba duro asociar los fracasos en Vietnam con los mismos hombres que ten\u00edan presencia (tal vez una o dos veces eliminada) en mi vida emocional del paso de la infancia a la edad adulta. Puede que no conociera al secretario de defensa Robert McNamara o al secretario de Estado Dean Rusk, pero no era inusual que estuvieran en reuniones o c\u00f3cteles con amigos de nuestro barrio, muchos de los cuales eran editores o corresponsales de las revistas\u00a0<i>Time<\/i>\u00a0y\u00a0<i>Life<\/i>.<\/p>\n<p>En el aspecto militar, mi padre hab\u00eda servido en la II Guerra Mundial junto a muchos de los oficiales de campo, ahora altos generales del cuerpo de marines, que estaban dirigiendo las batallas terrestres en Vietnam. (Pensaba que muchos de ellos deber\u00edan haberse retirado como comandantes.)<\/p>\n<p>Aunque luch\u00e9 para comprender de qu\u00e9 iba Vietnam, ten\u00eda algunas ideas sobre los hombres que estaban metiendo a EE. UU. en aquellas malditas batallas, lo que hac\u00eda que mis emociones fueran a\u00fan m\u00e1s confusas. \u00bfC\u00f3mo pudieron hacerse tan mal las cosas?<\/p>\n<p><b>La guerra de Vietnam en la memoria moderna<\/b><\/p>\n<p>Cuando acab\u00f3 la guerra de Vietnam, la sigui\u00f3 el genocidio camboyano (en el que los bombarderos estadounidenses jugaron un papel explosivo), pero no tuve inter\u00e9s en viajar a Vietnam, algo que qued\u00f3 pendiente en el horizonte, hasta que la administraci\u00f3n Clinton reconoci\u00f3 diplom\u00e1ticamente a Hanoi.<\/p>\n<p>Los presidentes Reagan y Bush agitaron la camisa ensangrentada de los POW\/MIA [1] en inter\u00e9s de los prisioneros de guerra que, supuestamente, los norvietnamitas se hab\u00edan negado a repatriar cuando terminaron los combates. En el mundo, seg\u00fan Ronnie, cientos, cuando no miles de soldados y pilotos estadounidenses estaban retenidos en jaulas de tigres del Viet Cong, sometidos a torturas y lavado de cerebro en lugares remotos.<\/p>\n<p>Aunque no suscrib\u00ed la mitolog\u00eda POW\/MIA (todas las guerras terminan con muchos desaparecidos), la combinaci\u00f3n de la culpa de guerra por las atrocidades de EE. UU. en Indochina y el gobierno de l\u00ednea dura del unificado Vietnam no ayudaron a que el pa\u00eds entrara en mis sue\u00f1os de viaje. Como John Quincy Adams dijo, \u201c\u00bfpor qu\u00e9 ir a buscar monstruos al extranjero?\u201d<\/p>\n<p>A finales de la d\u00e9cada de 1970 y principios de la de 1980, trabaj\u00e9 como editor de una revista, y en el proceso de solicitar manuscritos me sent\u00ed atra\u00eddo por las narrativas de la guerra de Vietnam. En aquel tiempo, Hollywood estaba incorporando sus efectos especiales para poder mostrar la guerra en la gran pantalla con un final m\u00e1s feliz (John Rambo: \u201c<i>Sir, \u00bfvamos a ganar esta vez?<\/i>\u201d) o, al menos, con una banda sonora adecuada (<i>Apocalyse Now,\u00a0<\/i>de\u00a0The Doors\u00a0:\u00a0<i>\u201cEste es el fin, amiga m\u00eda, el fin\u2026\u201d)<\/i>\u00a0para que la audiencia estadounidense pudiera comprender por qu\u00e9 tuvimos que librarnos de tantos\u00a0<i>amarillos<\/i>.<\/p>\n<p>Si bien no llegu\u00e9 a sentir mucha afici\u00f3n por las pel\u00edculas de guerra (\u00bfa qui\u00e9n le puede gustar \u201cel olor del napalm por las ma\u00f1anas\u201d?), s\u00ed que me zambull\u00ed en algunas de las novelas y memorias de Vietnam que entonces se publicaban.<\/p>\n<p>Le\u00ed y admir\u00e9\u00a0<i>A Rumor of War\u00a0<\/i><i>,\u00a0<\/i>de Philip Caputo,\u00a0<i>Chickenhawk\u00a0<\/i><i>,\u00a0<\/i>de Robert Mason,\u00a0<i>Vietnam-Perkasie: A Combat Marine\u2019s Memoir\u00a0<\/i><i>,\u00a0<\/i>de W.D. Ehrhart, y\u00a0<i>Close Quarters\u00a0<\/i><i>,\u00a0<\/i>de Larry Heinemann, todas las cuales describen Vietnam como una variante del desastre de\u00a0Little Bighorn\u00a0.<\/p>\n<p>Estos libros describ\u00edan la guerra de Vietnam sobre el terreno con los instrumentos de la ilustraci\u00f3n estadounidense batallando con la teor\u00eda domin\u00f3, que utilizaba cualquier t\u00e1ctica o armamento que tuviera a mano, incluida la violaci\u00f3n, el Agente Naranja, los ataques a\u00e9reos con B-52 y la ejecuci\u00f3n sumaria de los presos del Viet Cong. Gran parte de la guerra de Vietnam sonaba como una variaci\u00f3n de My Lai.<\/p>\n<p>Por suerte, mis lecturas de los a\u00f1os setenta y ochenta me facilitaron una serie de amistades con hombres que hab\u00edan luchado en Vietnam o cubierto la guerra en la prensa. En algunos casos, escrib\u00ed cartas a los autores cuyos libros hab\u00eda admirado y sus respuestas propiciaron nuevos intercambios y, en ocasiones, una reuni\u00f3n o una comida.<\/p>\n<p>Entre quienes influyeron en mi forma de pensar sobre Vietnam figuraba William Shawcross, periodista e historiador brit\u00e1nico, que en 1979 public\u00f3\u00a0<i>Sideshow: Kissinger, Nixon and the Destruction of Cambodia\u00a0<\/i><i>.\u00a0<\/i>Cuando apareci\u00f3, edit\u00e9 un extracto para\u00a0<i>Harper\u2019s Magazine<\/i>, y las horas que pas\u00e9 extrayendo pasajes de las galeradas me convencieron de que la presencia de bombarderos estadounidenses sobre los santuarios camboyanos impuls\u00f3 la disoluci\u00f3n de una sociedad que estaba ya pr\u00f3xima a que cayeran sobre ella varios millones de muertos desde las manos genocidas de los jemeres rojos.<\/p>\n<p>En aquellos a\u00f1os pas\u00e9 tambi\u00e9n mucho tiempo con Murray Sayle, que cubri\u00f3 la guerra de Vietnam desde el\u00a0<i>Sunday Times\u00a0<\/i>de Londres, y de T. D. Allman, cuyos reportajes desde Vientiane y otros lugares hab\u00edan descubierto la guerra secreta (m\u00e1s bombas de Nixon y Kissinger) en Laos.<\/p>\n<p>Sobre Sayle hab\u00eda le\u00eddo primero\u00a0<i>The First Casualty: The War Correspondent as Hero and Myth-Maker from the Crimea to Vietnam\u00a0<\/i><i>,\u00a0<\/i>de Philip Knightley (1975), en el que se le citaba: \u201cLa actividad econ\u00f3mica en el Sur ha cesado pr\u00e1cticamente, excepto en lo relativo a la guerra; Saig\u00f3n es un inmenso burdel; entre los estadounidenses que tratan, m\u00e1s o menos sinceramente, de promover una copia de su sociedad en suelo vietnamita y la masa de la poblaci\u00f3n que hay que \u201creconstruir\u201d, est\u00e1n los peces gordos de Saig\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Ambos, Sayle y Allman, en nuestras conversaciones, dar\u00edan a la guerra una inmediatez que no hab\u00eda captado nunca, ya fuera en mis cursos o leyendo la prensa diaria. Y ambos cambiaron mi idea de no querer nunca visitar Vietnam.<\/p>\n<p>Sin saber c\u00f3mo podr\u00eda llegar all\u00ed, empec\u00e9 a pensar en Vietnam como un lugar que deber\u00eda ver y no s\u00f3lo el paisaje mitol\u00f3gico en el que hab\u00eda quedado disuelto gran parte del sue\u00f1o estadounidense.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Matthew Stevenson (Rebelion. org, 27-2-18) &nbsp; En la \u00e9poca de Vietnam, yo era a\u00fan demasiado joven en muchos aspectos. La llamada a filas me lleg\u00f3 a la edad de 19 a\u00f1os, varios meses despu\u00e9s de enero de 1973, cuando Richard Nixon y Henry Kissinger \u2013utilizando una frase nixoniana- \u201csalieron\u201d del Sur. 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