{"id":24342,"date":"2018-04-25T11:13:57","date_gmt":"2018-04-25T15:13:57","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=24342"},"modified":"2018-04-25T11:13:57","modified_gmt":"2018-04-25T15:13:57","slug":"el-violin-de-andres-l","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/04\/25\/el-violin-de-andres-l\/","title":{"rendered":"El Viol\u00edn de Andr\u00e9s L."},"content":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (8-6-13)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A ra\u00edz de la primera edici\u00f3n de El Viol\u00edn de la Ad\u00faltera (Norma, 2007), Giovanni Di Prieto -cr\u00edtico italiano que usa bistur\u00ed impiadoso en sus incursiones en nuestra literatura, tal su libro Las mejores novelas dominicanas- emiti\u00f3 buenas calificaciones sobre la obra novel\u00edstica de Andr\u00e9s L. Mateo. A quien ubica entre nuestros diez mejores escritores, \"por su narrativa y cr\u00edtica social\", enfatizando el manejo de la trama, los personajes, la narraci\u00f3n y el estilo. Que a mi juicio rezuma poes\u00eda de la mejor -una caracter\u00edstica que aprecio en la buena novela, desde Proust a Cort\u00e1zar- cultivada en sus inicios literarios por Mateo, cuando bland\u00eda armas ideol\u00f3gicas en el grupo La Isla, surgido tras el fragor de la p\u00f3lvora de abril del 65.<\/p>\n<p>El Viol\u00edn cuenta las tribulaciones existenciales llevadas en un Diario por N\u00e9stor Luciano Morera, un apacible oficinista de La Voz Dominicana, la planta tele radiodifusora que paut\u00f3 el gusto musical y art\u00edstico en los a\u00f1os 50. Crey\u00e9ndose un virtual cornudo, atormentado por notas an\u00f3nimas que le llegan a trav\u00e9s de Elso -mensajero y confidente, \"maric\u00f3n de carroza\", negro, feo y tuerto, servidor de Beli\u00e9 Belc\u00e1n. Notas indiciarias de la infidelidad de su esposa Maribel Cicilio, hija de Luigi y Laura. Italianos que recalaron en el pa\u00eds, \u00e9l real vendedor de cuadros a domicilio. Ella relatora en el hogar del proyecto migratorio que los arroj\u00f3 a estas tierras, en ruta hacia Brasil o Argentina, quedando varados. Y de la historia del viol\u00edn de Cremona, reliquia traspasada entre generaciones por los Cicilio, cuyo dominio nunca alcanz\u00f3 Luigi. Cifrada ahora la esperanza en Maribel, a quien los vecinos nunca escuchan emitir una sola nota.<\/p>\n<p>Ella toma lecciones con el profesor italiano Casteleiro, sospechoso de encornar a N\u00e9stor, seg\u00fan un ap\u00f3crifo comit\u00e9 de moralidad barrial. Su perfil corresponde al violinista espa\u00f1ol Aris Bueso, especie de estampa antigua, vestido a chaleco, corbata de lazo, peluqu\u00edn aceitado y chorreante tinte negro, m\u00fasico de planta de LVD. Ejecutante del lagrimeo de cuerdas que suena en Mi Debilidad y T\u00fa no tienes la culpa, dos \u00e9xitos medio amargue del pianista y cantautor An\u00edbal de Pe\u00f1a. El nombre sacado del pianista y director cubano Yoyo Casteleiro, usado como prueba fon\u00e9tica de dicci\u00f3n en la escuela de locutores.<\/p>\n<p>En la oficina donde discurre amodorrado el licenciado N\u00e9stor, encabeza Pericles Santamar\u00eda, fiel administrador sometido a los caprichos del mayor J. Arismendy, usuario de la fusta disciplinaria. Gestiona el arbitrario sistema de multas, degradaci\u00f3n, suspensi\u00f3n y despidos del due\u00f1o de la empresa. Siempre atento a sus mandatos, escenifica un pat\u00e9tico episodio de violencia de g\u00e9nero. All\u00ed tambi\u00e9n labora Ligia, la de las tetas espl\u00e9ndidas goloseadas por N\u00e9stor como un obscuro objeto del deseo. Soprano oper\u00e1tica con papel estelar en La Traviata de Verdi. Sus tetas cobran vida propia y pautan la rutina burocr\u00e1tica de N\u00e9stor, quien desliza la mirada indiscreta sobre los plet\u00f3ricos y apetecidos pezones rosados, cada vez que ella lleva unos papeles al escritorio y la inclinaci\u00f3n del torso deja ver. Santamar\u00eda sugiere un noviazgo con el poeta H\u00e9ctor J. D\u00edaz.<\/p>\n<p>Ello nos remite al m\u00edtico poeta, una deidad popular del romanticismo de los 40\/50, a quien acude N\u00e9stor en busca de consejo, de la mano de Elso. Sus versos pusieron alas a boleros pulsados a media voz por Lockward o cantados a d\u00fao por Fellita y Col\u00e1s. Rodaron por el mundo en el merengue El Negrito del Batey, pregonados con desparpajo y bembeteo por Beltr\u00e1n y Celia Cruz con la Sonora y por los Matamoros. Arrullaron tardes de radio, alternando el romance con creaciones de Buesa, Fiallo, Miller, Guti\u00e9rrez N\u00e1jera, Nervo, Dar\u00edo, B\u00e9cquer. \u00cddolo de los medios de comunicaci\u00f3n, marc\u00f3 \u00e9poca, patrocin\u00f3 artistas como Kalaff, Brens, Cabrera. Rey en la radio hizo de El Trocadero, en el coraz\u00f3n de Villa Francisca, el ombligo del mundo de la bohemia de Ciudad Trujillo. Donde libaba, filosofaba, trovaba, declamaba, le\u00eda el tarot del amor a las almas acongojadas, trazaba versos, y volv\u00eda a libar hasta la inconsciencia. Como s\u00f3lo saben hacerlo los hijos privilegiados de Baco.<\/p>\n<p>Falleci\u00f3 en New York en 1950 a los 40, en el c\u00e9nit de su carrera, trunca tras un amor que se escapaba. \"Entre tu amor y mi amor\/ clav\u00f3 sus garras el orgullo\/pues como la hierba mala\/se sembr\u00f3 en mi coraz\u00f3n\". Mateo lo incorpora con plenitud de credenciales en su novela, dej\u00e1ndole ser, sin afeites, en sus dominios principales. A ese que al decir de Mieses Burgos: \"\u00c9l era \u00e9l en \u00e9l mismo\". Animador cultural del Partido Dominicano, llev\u00f3 por los pueblos el mensaje del buen arte, folklore incluido, aupando nuevos valores, usando conchas ac\u00fasticas y auditorios construidos en los locales de ese partido \u00fanico, tan musical.<\/p>\n<p>La prostituta Mercedes Mi Gusto, sacerdotisa del rito de iniciaci\u00f3n sexual, oficia desvirgando a la muchachada del barrio. En N\u00e9stor narrador, la graduaci\u00f3n de hombre fue frustrante, el \u00e1nimo marchito, desgonzado el instrumento, en shock ante la exposici\u00f3n fr\u00edvola del cuerpo femenino en su desnudez dispuesta y veterana. Repertorio de im\u00e1genes que contrastar\u00eda con el candente episodio registrado en pleno banco eclesi\u00e1stico, durante la misa de domingo, cuando Maribel descorri\u00f3 su bragueta para atenazarle el tiz\u00f3n adolescente y provocarle el cl\u00edmax celestial. Fue la primera vez en su vida que exclam\u00f3, \"\u00a1Oh, Dios!\"<\/p>\n<p>Hubo adem\u00e1s \"amores de estudiantes, flores de un d\u00eda son\", como dec\u00eda Gardel. Mientras cursaba derecho en la universidad, N\u00e9stor conoci\u00f3 a Margarita Dalmau, relaci\u00f3n ef\u00edmera al abandonar la joven el pa\u00eds junto a su familia, por problemas del padre con el gobierno. Qued\u00f3 la huella tierna de los paseos por Mata Hambre. Y una carta con beso estampado dejada en un libro, que al caer en manos de la esposa Maribel, convirti\u00f3 a Margarita en gallina mascota. Interpuesta entre la pareja, su sombra se desvaneci\u00f3 al morir la gallina que todo lo estropeaba en el hogar.<\/p>\n<p>Desde el p\u00e1rrafo inicial las ciguas ejercen funci\u00f3n anunciadora: \"Una bandada de ciguas entr\u00f3 y sali\u00f3 del espejo, mientras le\u00eda el primer an\u00f3nimo en el que me comunicaban que mi mujer me estaba pegando los cuernos\". Como sin\u00f3nimo de an\u00f3nimos seguir\u00e1n apareciendo reflejadas en el espejo memorioso del Diario, que a manera de flashbacks utiliza el narrador para bucear en las aguas del tiempo, contrapunteando pasado y presente. Mientras las mariposas de San Juan que llegan en parvadas, adornan multicolores la atm\u00f3sfera tranquila de Ciudad Trujillo.<\/p>\n<p>El ambiente de la novela es LVD y su entorno. En el que se hallan los colegios Ma. Auxiliadora, de ni\u00f1as, y San Juan Bosco, de varones, con la iglesia en un \u00e1ngulo, salesianos como el arzobispo Ricardo Pittini. All\u00ed conoc\u00ed al autor. Ambos \u00e9ramos mozuelos y asist\u00edamos a misa diaria matutina y rezo vespertino, m\u00e1s servicio dominical obligatorio. Yo cumpl\u00eda con el deber religioso con poco entusiasmo. \u00c9l junto a otros colegas -hoy profesionales meritorios- tragaban ostias como yo tostones. Como en la salsa de Blades tributo a monse\u00f1or Romero, en la que \"suenan las campanas otra vez\", era monaguillo Andr\u00e9s. Atildado, aplicado, obediente, cat\u00f3lico observante. Una oveja del reba\u00f1o que apuntaba a ser pastor. Pero debajo se ocultaba el zorro, que luego devor\u00f3 a la oveja. \u00a1Oh, Dios!, exclamo yo. Por tu misericordia hoy tenemos un escritor de raza, dotado de talentos m\u00faltiples.<\/p>\n<p>En El Viol\u00edn se siente esa atm\u00f3sfera de sacrist\u00eda con incienso, a veces pecaminosa, oportunidad para el contacto furtivo adolescente, en las filas hacia el confesionario o para recibir la ostia o llevar flores a Mar\u00eda. Uno toca la presencia del padre Vicente, un polaco excelente profesor de \u00c1lgebra que parec\u00eda rudo sargento nazi -organizador de generosas excursiones a las playas-, cuando nos pillaba debajo del il\u00e1n il\u00e1n de la Dr. Delgado a la espera de las muchachas del Ma. Auxiliadora: \"Los atrap\u00e9, los per(r)ros detr\u00e1s de las per(r)itas\". O al singular Carrillo, un cubano enamorado que me hizo \"carita\" debido a mis tres hermanas. Ni hablar del buenazo de Andr\u00e9s Nemeth y el querido Enrique Mellano.<\/p>\n<p>Vibra en El Viol\u00edn la escuela de arte popular que fue LVD, un complejo legendario que contaba con orquestas, conjuntos folkl\u00f3ricos, tr\u00edos rom\u00e1nticos, cuerpos de danza, cuadros teatrales, cantantes, locutores, guionistas, arreglistas, academias de canto, baile y locuci\u00f3n. Radio, TV, teatro al aire libre, cine, night club y casino. Una meca -nuestro peque\u00f1o Hollywood o Estudios Churubusco o Cinecitta. Festejante de su Semana Aniversario en grande, con la llegada de las m\u00e1s rutilantes estrellas, mariachis, orquestas y comediantes del momento. Resalta la novela el aporte de M\u00e9xico, su cine musical y los \u00eddolos que visitaron el pa\u00eds. Pedro Infante, \"un \u00e1ngel el que le clarineaba los tonos, y el mismo Dios le ayudaba en el falsete encantado\". Tony Aguilar, regal\u00e1ndole un sombrero a Angelita Trujillo. Amalia Mendoza, La Tari\u00e1curi, a quien N\u00e9stor sostuvo el sombrero y encontr\u00f3 hombruna. Tin Tan, el c\u00f3mico pachuco. El tenor Pedro Vargas -\"muy agradecido\". Suena Amor Perdido en la voz jarocha veterana de To\u00f1a la Negra (\"qu\u00e9 viva el placer\"), y marca horas El Reloj de Cantoral pegado por Lucho Gatica.<\/p>\n<p>Pero lo mejor es el final. No son los trucos enigm\u00e1ticos de Agatha Christie que desembocan en el menos esperado tras la inculpaci\u00f3n de casi todos. La sustancia de El Viol\u00edn de la Ad\u00faltera est\u00e1 en el ritmo -a lo suspense del cine de Alfred Hitchcock. Un filos\u00f3fico N\u00e9stor decide vivir como los griegos \"la eternidad del instante\". Si el problema est\u00e1 en la liebre, mata la liebre, dir\u00eda yo. Y es lo que hace el atormentado personaje. Va a los riscos del mar Caribe, en el Malec\u00f3n, y arroja con todas sus fuerzas el \u00faltimo an\u00f3nimo recibido sin leerlo junto al viol\u00edn de Cremona de Maribel. Y se sinti\u00f3 feliz. Tanto que se prometi\u00f3 volver a los acantilados del mar Caribe para \"arrojar tambi\u00e9n este Diario\". Algo que ciertamente no ha cumplido, para darles a ustedes la oportunidad de leerlo. Afortunadamente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (8-6-13) &nbsp; A ra\u00edz de la primera edici\u00f3n de El Viol\u00edn de la Ad\u00faltera (Norma, 2007), Giovanni Di Prieto -cr\u00edtico italiano que usa bistur\u00ed impiadoso en sus incursiones en nuestra literatura, tal su libro Las mejores novelas dominicanas- emiti\u00f3 buenas calificaciones sobre la obra novel\u00edstica de Andr\u00e9s L. Mateo. 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