{"id":25611,"date":"2018-06-19T15:58:28","date_gmt":"2018-06-19T19:58:28","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=25611"},"modified":"2018-06-20T10:44:15","modified_gmt":"2018-06-20T14:44:15","slug":"frederick-douglas-vida-de-un-esclavo-americano-escrita-por-el-mismo-1845","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/06\/19\/frederick-douglas-vida-de-un-esclavo-americano-escrita-por-el-mismo-1845\/","title":{"rendered":"Frederick Douglas, Vida de un esclavo americano escrita por el mismo, 1845 (1)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Nac\u00ed en Tuckahoe, cerca de Hillsborough, a unas doce millas de Easton, en el condado de Talbot, Maryland. No tengo conocimiento exacto de mi edad, y es que nunca he visto una aut\u00e9ntica partida de nacimiento que la indique. La mayor parte de los esclavos tienen tan poco conocimiento de su edad como los caballos de la suya y, hasta donde yo s\u00e9, es deseo de los amos mantener a su esclavos en la ignorancia. No recuerdo haber conocido a ning\u00fan esclavo que pudiera decir la fecha de su cumplea\u00f1os. Rara vez pueden aproximarse a ella de un modo m\u00e1s exaeto que indicando que fue por \u00e9poca de siembra o cosecha, de cerezas, en primavera o en oto\u00f1o. La falta de informaci\u00f3n sobre m\u00ed mismo fue una fuente constante de infelicidad durante mi infancia. Los ni\u00f1os blancos pod\u00edan decir su edad, sin saber por qu\u00e9, yo estaba privado de ese privilegio. No ten\u00eda permiso para hacerle preguntas a mi amo sobre ese tema. \u00c9l consideraba que cuando tales preguntas proven\u00edan de boca de un esclavo eran impropias e impertinentes adem\u00e1s de indicio de un esp\u00edritu rebelde. La estimaci\u00f3n m\u00e1s aproximada que puedo hacer es que actualmente estoy entre los treinta y siete y los treinta y ocho a\u00f1os de edad. Llegu\u00e9 a esta conclusi\u00f3n cuando escuch\u00e9 a mi amo decir una vez en 1835 que ten\u00eda diecisiete a\u00f1os aproximadamente.<\/p>\n<p>Mi madre se llamaba Harriet Bailey. Era hija de Isaac y Betsey Bailey, ambos de color, y muy oscuros. Mi madre era de tez m\u00e1s oscura que mi abuela o mi abuelo. Mi padre era blanco. As\u00ed lo han admitido todos aquellos a los que he o\u00eddo hablar de mis padres. Se rumoreaba tambi\u00e9n que mi amo era mi padre, mas sobre la veracidad de tal opini\u00f3n nada s\u00e9; las v\u00edas de conocimiento me fueron vetadas. Me separaron de mi madre cuando yo era tan s\u00f3lo un infante; antes de que la pudiera reconocer como mi madre. Es costumbre habitual, en la zona de Maryland de la que yo escap\u00e9, separar a los ni\u00f1os de sus madres desde muy temprana edad. Es frecuente que, antes de que el ni\u00f1o haya cumplido los doce meses, cojan a su madre, la arrenden en alguna granja a considerable distancia y pongan al ni\u00f1o bajo la tutela de una mujer mayor, demasiado mayor como para trabajar en el campo. Por qu\u00e9 raz\u00f3n se hace esto es algo que no entiendo, salvo que sea para impedir que el ni\u00f1o desarrolle afecto por su madre o para debilitar el cari\u00f1o natural de la madre por el ni\u00f1o. Al menos, ese es el resultado inevitable.<\/p>\n<p>No vi a mi madre, reconoci\u00e9ndola como tal, en m\u00e1s de cuatro o cinco ocasiones en mi vida; y siempre durante poco tiempo y por la noche. Fue arrendada al se\u00f1or Stewart, que viv\u00eda a unas doce millas de mi casa. Viajaba por la noche para verme. Hac\u00eda toda la distancia a pie despu\u00e9s de su jornada diaria de trabajo. Trabajaba en el campo y no estar al amanecer en el puesto de trabajo se castigaba con el l\u00e1tigo salvo que el esclavo tuviera un permiso especial de su amo o ama que le eximiera, permiso que casi nunca conced\u00edan y cuando lo hac\u00edan era para poder vanagloriarse de ser buenos amos. No recuerdo haber visto jam\u00e1s a mi madre a la luz del d\u00eda. Me acompa\u00f1aba durante la noche. Se recostaba conmigo y me dorm\u00eda. Pero mucho antes de que yo despertara, ella ya se hab\u00eda ido. Entre nosotros hubo muy poca Frederick Douglas 2 comunicaci\u00f3n. La muerte pronto acab\u00f3 con lo poco que compartimos mientras vivi\u00f3, adem\u00e1s de con sus miserias y sufrimientos. Ella muri\u00f3 cuando yo ten\u00eda unos siete a\u00f1os, en una de las granjas de mi amo, cerca de Lee&#8217;s Mil. No me dieron permiso para acompa\u00f1arla durante su enfermedad, ni tampoco en el momento de su muerte ni en su entierro. Se fue mucho antes de que supiera nada sobre ella. Sin haber disfrutado realmente de su tranquilizadora presencia y sus dulces y atentos cuidados, recib\u00ed la noticia de su muerte con la misma emoci\u00f3n que probablemente me hubiera producido la muerte de un extra\u00f1o.<\/p>\n<p>Al marcharse de repente, me dej\u00f3 sin la menor informaci\u00f3n de qui\u00e9n era mi padre. Los rumores de que mi amo era mi padre pod\u00edan ser o no verdad m\u00e1s, que fueran o no verdad es cosa para m\u00ed sin importancia, ya que el hecho, patente y detestable, es que los esclavistas tienen dispuesto -y la ley lo establece- que los ni\u00f1os de mujeres esclavas han de heredar sin excepci\u00f3n la condici\u00f3n de sus madres; y esto lo hacen, sin necesidad de ocultarse, para administrar su propia lujuria y hacer de la satisfacci\u00f3n de sus crueles deseos algo tan lucrativo como placentero. A trav\u00e9s de tan astuto acuerdo, los esclavistas en no pocos casos sostienen con sus esclavos la doble relaci\u00f3n de amos y padres.<\/p>\n<p>Conozco ejemplos; y es importante destacar que tales esclavos sufren invariablemente grandes miserias y han de enfrentarse con m\u00e1s problemas que el resto. En primer lugar, sufren constantes ofensas de sus amas. Estas siempre est\u00e1n tratando de encontrarles defectos. Rara vez hacen los esclavos nada de su agrado; de hecho, nada hay que pueda agradarles m\u00e1s que ver c\u00f3mo les azotan, sobre todo si sospechan que su marido dispensa un trato de favor a sus ni\u00f1os mulatos frente al que dispensa a sus esclavos negros. El amo se ve frecuentemente obligado a vender a esta clase de esclavos por deferencia hacia los sentimientos de su esposa blanca; y, aunque parezca cruel el hecho de que un hombre se vea obligado a vender a sus propios hijos a tratantes de carne humana, es frecuente que sea un deber de humanidad lo que le obligue a hacerlo ya que, si no lo hace, no s\u00f3lo tendr\u00e1 que azotarlos \u00e9l mismo, sino que tambi\u00e9n tendr\u00e1 que ver c\u00f3mo alguno de sus hijos blancos ata a su hermano, iguales entre s\u00ed salvo por la tez un poco m\u00e1s oscura del segundo, y emplea un l\u00e1tigo ensangrentado sobre su espalda desnuda; y, si el amo entona una palabra de desaprobaci\u00f3n, deja patente su trato de favor como padre y s\u00f3lo logra que las cosas empeoren para \u00e9l y para el esclavo al que trata de defender.<\/p>\n<p>Cada nuevo a\u00f1o trae al mundo multitud de este tipo de esclavos. Fue sin duda al conocer este hecho como un gran estadista del Sur predijo el final de la esclavitud debido a las inevitables leyes demogr\u00e1ficas. Se cumpla o no alguna vez esta profec\u00eda, es evidente que en el Sur est\u00e1 surgiendo una clase de gente, hoy v\u00edctima de la esclavitud, de aspecto muy diferente a los esclavos que se tra\u00edan a este pa\u00eds desde \u00c1frica. Lo \u00fanico bueno que traer\u00e1 su aumento demogr\u00e1fico es que perder\u00e1 fuerza el argumento de que Dios maldijo a Cam1 y que, por tanto, el esclavismo norteamericano es leg\u00edtimo. Si la l\u00ednea de descendencia de Cam es la \u00fanica que puede ser esclavizada seg\u00fan la Biblia, no cabe duda de que en breve la esclavitud en el Sur dejar\u00e1 de ser b\u00edblica, ya que son miles los que, como yo mismo, deben su existencia cada a\u00f1o a padres blancos, padres que, la mayor parte de las veces, son sus amos.<\/p>\n<p>He tenido dos amos. El nombre de mi primer amo era Anthony. No recuerdo su apellido. Le sol\u00edan llamar capit\u00e1n Anthony, un t\u00edtulo que presumo adquiri\u00f3 vendiendo una embarcaci\u00f3n en la bah\u00eda Chesapeake. No se le consideraba un esclavista rico. Pose\u00eda dos o tres granjas y unos treinta esclavos. Sus granjas y esclavos estaban bajo el cuidado de un capataz. El capataz se llamaba Plumer. El se\u00f1or Plumer era un borracho miserable, un blasfemo y un monstruo abominable.<\/p>\n<p>Siempre iba armado con un cinto de piel de vaca y una porra muy dura. S\u00e9 de \u00e9l que hac\u00eda cortes y laceraba en la cabeza a las mujeres de un modo tan horripilante que hasta el amo se encolerizaba con su crueldad y le amenazaba con azotarle si no entraba el solo en raz\u00f3n. El amo, no obstante, no era ning\u00fan esclavista humanitario. Necesitaba que un capataz se aplicara de modo extraordinariamente b\u00e1rbaro para que le afectara. Era un hombre cruel, curtido por una larga vida de esclavismo. A veces, parec\u00eda disfrutar mucho azotando a un esclavo. Con frecuencia me he levantado al amanecer con los desgarradores gritos de mi propia \u00faa, a la que mi amo sol\u00eda atar a una viga y azotar sobre su espalda desnuda hasta que, literalmente, la cubr\u00eda por completo de sangre. No hab\u00eda palabra, l\u00e1grima u oraci\u00f3n alguna que pudieran apartar su coraz\u00f3n de hierro de su prop\u00f3sito sangriento. Cuanto m\u00e1s alto chillaba m\u00e1s fuerte la azotaba y cuanto m\u00e1s r\u00e1pido corr\u00eda la sangre m\u00e1s ptolongaba el castigo. Sol\u00eda azotarla para hacerle chillar y entonces la azotaba hasta que se callaba; y s\u00f3lo cuando le venc\u00eda la fatiga dejaba de mover su cinto empapado en sangre. Recuerdo la primera vez que fui testigo de esta horrible escena. Era tan s\u00f3lo un ni\u00f1o, pero lo recuerdo perfectamente. y lo recordar\u00e9 mientras me quede memoria. Fue la primera de una serie de atrocidades de las que me obligaron a ser testigo y parte. Me marcaron con una fuerza terrible. La puerta por la que ten\u00eda que pasar era la puerta manchada de sangre, la entrada al infierno de la esclavitud. Era un espect\u00e1culo absolutamente espantoso. Ojal\u00e1 pudiera transferir al papel los sentimientos que me suscit\u00f3.<\/p>\n<p>Este suceso tuvo lugar poco despu\u00e9s de que me fuera a vivir con mi viejo amo y bajo las siguientes circunstancias. Mi t\u00eda Hester sali\u00f3 una noche -ad\u00f3nde o para qu\u00e9, no lo s\u00e9- y ocurri\u00f3 que mientras estaba ausente mi amo requiri\u00f3 su presencia. \u00c9l le hab\u00eda ordenado que no saliera por las noches y le advirti\u00f3 que no quer\u00eda verla nunca en compa\u00f1\u00eda de cierto joven y que nunca olvidara que pertenec\u00eda al coronel Lloyd. El nombre del joven era Ned Roberts, m\u00e1s conocido como 'Ned el de Lloyd'. La raz\u00f3n por la que el amo cuidaba tanto de ella es f\u00e1cil de conjeturar. Se trataba de una mujer de formas generosas y agraciadas proporciones, con una presencia f\u00edsica que pocas igualaban y todav\u00eda menos superaban de entre las mujeres, blancas o de color, de los alrededores.<\/p>\n<p>T\u00eda Hester no s\u00f3lo hab\u00eda desobedecido sus \u00f3rdenes al salir, sino que la hab\u00edan hallado en compa\u00f1\u00eda de 'Ned el de Lloyd', circunstancia esta que, seg\u00fan lo que dec\u00eda el amo mientras la azotaba, fue la principal infracci\u00f3n. Si hubiera sido un hombre bueno por naturaleza, hubiera mostrado inter\u00e9s en proteger la inocencia de mi t\u00eda; pero todos los que le conocen no pueden ni imaginar que pueda poseer semejante virtud. Antes de comenzar a azotar a T\u00eda Hester, se la llev\u00f3 a la cocina y la desvisti\u00f3 hasta la cintura, dej\u00e1ndo su cuello, hombros y espalda al desnudo. Entonces le dijo que juntara las manos, llam\u00e1ndola a la vez j-a p_a.2 Una vez hubo cruzado las manos, la at\u00f3 con una soga recia y la condujo a un taburete bajo un enorme gancho clavado en una viga, puesto ah\u00ed para aquel fin. Hizo que se subiera al taburete y le at\u00f3 las manos al gancho. Estaba ya preparada para el infernal prop\u00f3sito. Sus brazos estaban completamente estirados, para que se apoyara s\u00f3lo en la punta de los pies. En esos momentos le dec\u00eda: \u00ab\u00a1Te voy a ense\u00f1ar yo a desobedecer mis \u00f3rdenes, j-a p-a!\u00bb y tras remangarse, comenz\u00f3 a agitar el pesado cinto, y entonces la sangre, c\u00e1lida, roja, comenz\u00f3 a chorrear hasta el suelo entre los desgarradores chillidos de ella y las horribles blasfemias de \u00e9l. Yo estaba tan aterrorizado y encogido por esa visi\u00f3n que me escond\u00ed en un armario y no me atrev\u00ed a salir hasta mucho despu\u00e9s de que la sangrienta operaci\u00f3n finalizara. Pensaba que yo iba ser el siguiente. Todo aquello era nuevo para m\u00ed. No hab\u00eda visto nunca antes nada semejante. Siempre hab\u00eda vivido con mi abuela en los alrededores de la plantaci\u00f3n, donde la hab\u00edan dejado para que criara a los hijos de las mujeres m\u00e1s j\u00f3venes. Hasta ese momento, hab\u00eda permanecido al margen de las sangrientas escenas que ocurr\u00edan en la plantaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Nac\u00ed en Tuckahoe, cerca de Hillsborough, a unas doce millas de Easton, en el condado de Talbot, Maryland. No tengo conocimiento exacto de mi edad, y es que nunca he visto una aut\u00e9ntica partida de nacimiento que la indique. 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