{"id":25691,"date":"2018-06-22T13:37:31","date_gmt":"2018-06-22T17:37:31","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=25691"},"modified":"2018-06-22T13:37:31","modified_gmt":"2018-06-22T17:37:31","slug":"frederick-douglas-vida-de-un-esclavo-americano-escrita-por-el-mismo-1845-y-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2018\/06\/22\/frederick-douglas-vida-de-un-esclavo-americano-escrita-por-el-mismo-1845-y-2\/","title":{"rendered":"Frederick Douglas, Vida de un esclavo americano escrita por el mismo, 1845 (y 2)"},"content":{"rendered":"<p>La familia de mi amo constaba de dos hijos, Andrew y Richard, una hija, Lucretia, y su marido, el capit\u00e1n 1homas Auld. Viv\u00edan en una sola casa, en la plantaci\u00f3n familiar del coronel Edward Lloyd. Mi amo era mayoral y superintendente del coronel Lloyd. Era lo que se podr\u00eda llamar capataz de capataces. Pas\u00e9 dos a\u00f1os de mi infancia en esa plantaci\u00f3n, con la familia de mi antiguo amo. Fue all\u00ed donde presenci\u00e9 la sangrienta operaci\u00f3n que relat\u00e9 en el primer cap\u00edtulo; y dado que fue en esa plantaci\u00f3n donde recib\u00ed mis primeras impresiones sobre la esclavitud, voy ahora a hacer una descripci\u00f3n de la plantaci\u00f3n y de la esclavitud tal y como all\u00ed exist\u00edan. La plantaci\u00f3n est\u00e1 a unas doce millas al norte de Easton, en el condado de Talbot, y se extiende a lo largo de la orilla del r\u00edo Miles. Los principales productos que se cultivaban all\u00ed eran tabaco, ma\u00edz y trigo. Crec\u00edan abundantemente. Con los productos de esta y otras granjas que le pertenec\u00edan, mi amo era capaz de mantener en actividad casi continua a un gran balandro para llevar productos al mercado de Baltimore. El balandro llevaba por nombre \u00abSally Lloyd\u00bb en honor a una de las hijas del Coronel. El yerno de mi amo, el capit\u00e1n Auld, era el amo de la embarcaci\u00f3n, cuya tripulaci\u00f3n estaba compuesta por los esclavos del propio Coronel. Se llamaban Peter, Isaac, Rich y J ake. Los cuatro eran muy estimados por los otros esclavos, se les consideraba los privilegiados de la plantaci\u00f3n; y es que no era poca cosa, a ojos de los esclavos, que tuvieran permiso para ver Baltimore.<\/p>\n<p>El coronel Lloyd contaba en su plantaci\u00f3n familiar con trescientos o cuatrocientos esclavos y pose\u00eda bastantes m\u00e1s en otras granjas aleda\u00f1as de su propiedad. Las granjas m\u00e1s cercanas a la plantaci\u00f3n familiar se llamaban \u00abWye Town\u00bb y \u00abNew Design\u00bb. \u00abWye Town\u00bb ten\u00eda de capataz a un hombre llamado Noah Willis. \u00abNew Design\u00bb ten\u00eda de capataz al se\u00f1or Townsend. Los capataces de estas y del resto de granjas, que sumaban m\u00e1s de veinte, eran asesorados y dirigidos por los mayorales de la plantaci\u00f3n principal. Esta era el centro de negocios. Era la sede desde la que se gobernaban las veinte granjas. Todas las disputas entre capataces se dirim\u00edan aqu\u00ed. Si se culpaba a alg\u00fan esclavo de cometer alguna fechor\u00eda grave, negarse a obedecer o intentar huir, se le llevaba inmediatamente all\u00ed, se le azotaba cruelmente y se le embarcaba hacia Baltimore, donde se le vend\u00eda a Austin Woolfolk o a alg\u00fan otro traficante de esclavos, a modo de advertencia para los esclavos restantes.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n aqu\u00ed, los esclavos de todas las otras granjas recib\u00edan su asignaci\u00f3n mensual de comida y sus vestimentas para todo el a\u00f1o. Los esclavos adultos, hombres y mujeres, recib\u00edan. como asignaci\u00f3n mensual de comida ocho libras de carne de cerdo o su equivalente en pescado y un celem\u00edn de harina de trigo. Sus vestimentas anuales consist\u00edan en dos camisetas y un par de pantalones de lino grueso, una chaqueta, un par de pantalones para el invierno hechos en un basto pa\u00f1o negro, un par de calcetines y un par de zapatos. El importe total de todo no deb\u00eda de exceder los siete d\u00f3lares. Las asignaciones mensuales de los ni\u00f1os esclavos se les entregaban a sus madres o a las viejas que los cuidaban. A los ni\u00f1os que no pod\u00edan trabajar en el campo no se les daba zapatos, calcetines, chaqueta, ni pantalones; sus vestimentas consist\u00edan en dos camisas de lino grueso para todo el a\u00f1o. Cuando estas se romp\u00edan, iban desnudos hasta el siguiente d\u00eda de asignaciones. Se pod\u00eda ver, casi desnudos, a ni\u00f1os de los siete a los diez a\u00f1os y de ambos sexos en todas las \u00e9pocas del a\u00f1o.<\/p>\n<p>A los esclavos no se les daba cama alguna, salvo que una manta gruesa se pueda considerar como tal, adem\u00e1s de que tan s\u00f3lo los hombres y las mujeres ten\u00edan derecho a ellas. Y, sin embargo, esto no se consideraba una privaci\u00f3n demasiado importante. M\u00e1s que la falta de cama, el problema era la falta de tiempo para dormir. Cuando acababa su d\u00eda de trabajo en el campo, la mayor parte de ellos ten\u00edan que lavar, remendar y cocinar. y teniendo en cuenta que dispon\u00edan de pocas o ninguna facilidad para realizar tales tareas, muchas de las horas de sue\u00f1o las pasaban prepar\u00e1ndose para ir al campo al d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Y una vez acabadas las tareas, viejos y j\u00f3venes, varones y f\u00e9minas, casados y solteros, se echaban unos juntos a otros en una cama com\u00fan: el fr\u00edo y h\u00famedo suelo; y cada cual hab\u00eda de cubrirse con sus m\u00edseras mantas. Entonces dorm\u00edan hasta que los llamaba la corneta del encargado. Al sonido de esta, todos deb\u00edan despertarse y dirigirse hacia el campo. No pod\u00eda haber la menor demora, todos y todas deb\u00edan estar en sus puestos, y desgraciado aquel que no oyera esa ma\u00f1ana la llamada al trabajo, porque si no se despertaba por el o\u00eddo, le despertar\u00edan por el tacto. No se hac\u00edan distingos por edad o sexo. El se\u00f1or Severe, el capataz, sol\u00eda permanecer en la puerta del barrac\u00f3n, armado con un palo de nogal y un cinto de piel, preparado para azotar a cualquiera que tuviera la mala fortuna de no o\u00edr o que, por cualquier otra causa, no estuviera preparado para salir hacia el campo al sonido de la corneta.<\/p>\n<p>El nombre de se\u00f1or Severe le era adecuado:3 era un hombre cruel. Le he visto azotar a una mujer, haci\u00e9ndole sangrar durante media hora seguida; y esto, adem\u00e1s, delante de su hija que entre llantos imploraba la liberaci\u00f3n de su madre. Parec\u00eda disfrutar manifestando su feroz crueldad. Adem\u00e1s de cruel era un blasfemo. Bastaba con o\u00edrle hablar para que a un hombre normal se le helara la sangre y se le pusiera el pelo de punta. Escasas eran las frases que sal\u00edan de su boca, frases que, sin embargo, siempre comenzaban o conclu\u00edan con alguna horrible blasfemia. Desde el amanecer hasta la puesta de sol se pasaba todo el tiempo maldiciendo, despotricando, haciendo cortes y dando cuchilladas a los esclavos del campo de la manera m\u00e1s escalofriante. Su carrera profesional fue corta. Muri\u00f3 muy poco despu\u00e9s de que yo pasara a pertenecer al coronel Lloyd; y muri\u00f3 como vivi\u00f3: profiriendo, en sus gru\u00f1idos de agon\u00eda, venenosas maldiciones y horribles blasfemias. Los esclavos vieron su muerte como el regalo de una misericordiosa Providencia.<\/p>\n<p>El lugar del se\u00f1or Severe lo ocup\u00f3 el se\u00f1or Hopkins.<\/p>\n<p>Era un hombre muy diferente. Menos cruel, menos blasfemo y menos ruidoso que el se\u00f1or Severe. Se caracteriz\u00f3 por no hacer una demostraci\u00f3n desmedida de crueldad. Azotaba, pero no parec\u00eda disfrutar haci\u00e9ndolo. Los esclavos dec\u00edan que era un buen capataz.<\/p>\n<p>La plantaci\u00f3n familiar del coronel Lloyd ten\u00eda el aspecto de una aldea. Todas las operaciones mec\u00e1nicas para todas las granjas se realizaban all\u00ed. La fabricaci\u00f3n de zapatos y remiendos, la herrer\u00eda, la carreter\u00eda, la toneler\u00eda, la tejedur\u00eda y la molienda de grano las realizaban los esclavos en la plantaci\u00f3n familiar. Todo el lugar ten\u00eda un aspecto serio, muy diferente al de las granjas vecinas. El n\u00famero de casas, adem\u00e1s, hac\u00eda que pareciese m\u00e1s importante que aquellas. Los esclavos la llamaban \u00abLa Granja de la Gran Casa\u00bb. Uno de los mayores privilegios para los esclavos era el de ser elegidos para ir a hacer recados a la \u00abGranja de la Gran Casa\u00bb. En sus mentes se asociaba con grandeza. Un diputado no pod\u00eda estar m\u00e1s orgulloso de ser elegido para ocupar una esca\u00f1o en el Congreso de los Estados Unidos de lo que lo estar\u00eda un esclavo de las granjas perif\u00e9ricas cuando lo eleg\u00edan para hacer recados en la \u00abGranja de la Gran Casa\u00bb. Lo ve\u00edan como prueba de la confianza que los capataces hab\u00edan depositado en ellos. Es por esto, adem\u00e1s de por el constante deseo de escapar del campo y de los latigazos del capataz, por lo que lo consideraban un alto privilegio que todos esperaban obtener alg\u00fan d\u00eda. Se pensaba que este honor se le conced\u00eda la mayor parte de las veces al hombre m\u00e1s inteligente y de mayor confianza. Los que compet\u00edan por este cargo trataban de complacer al capataz del mismo modo que, en tiempo de elecciones, un candidato trata de complacer a la gente. El mismo rasgo de car\u00e1cter se pod\u00eda observar en los esclavos del coronel Lloyd que en los esclavos de los partidos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Los esclavos seleccionados para ir a la \u00abGranja de la Gran Casa\u00bb a por su asignaci\u00f3n mensual y la de sus compa\u00f1eros se mostraban especialmente entusiasmados. En su camino, hac\u00edan reverberar a millas a la redonda los viejos bosques frondosos con sus cantos salvajes, cantos que revelaban a un tiempo el mayor j\u00fabilo y la m\u00e1s profunda de las tristezas. De camino a la granja principal compon\u00edan y cantaban sin tener en cuenta tiempo o tono. Los pensamientos surg\u00edan, si no de la palabra, del sonido, y frecuentemente tanto de la una como del otro. A veces pod\u00edan cantar los m\u00e1s lastimosos sentimientos en los tonos m\u00e1s arrebatados y los sentimientos m\u00e1s arrebatados en los tonos m\u00e1s lastimosos. En todas sus canciones hac\u00edan siempre para urdir alg\u00fan tema relacionado con la Granja de la Gran Casa. Lo hac\u00edan sobre todo cuando part\u00edan hacia ella. Cantaban entonces con la mayor euforia la siguiente canci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Voy de camino a la Granja de la Gran Casa! \u00a1oh, s\u00ed! \u00a1oh, s\u00ed! \u00a1oh!\u00bb<\/p>\n<p>Cantaban a coro, con palabras que muchos ver\u00edan como de una jerga sin sentido pero que, sin embargo, estaban para ellos cargadas del mismo. A veces he pensado que la sola escucha de estas canciones le har\u00eda a una mente comprender el horrible car\u00e1cter de la esclavitud con mayor claridad que la lectura de todos los vol\u00famenes de filosof\u00eda escritos sobre el tema.<\/p>\n<p>No entend\u00eda, cuando era esclavo, el sentido profundo de estas toscas y aparentemente incoherentes canciones. Estaba dentro del c\u00edrculo; de manera que no pod\u00eda ni ver ni o\u00edr, como no ven ni oyen aquellos que est\u00e1n incapacitados. Esas canciones contaban una historia que por aquel entonces estaba m\u00e1s all\u00e1 de mi pobre entendimiento; eran tonos altos, largos y profundos; expresaban la oraci\u00f3n y la denuncia de almas desbordantes con amargas angustias. Cada tono era un testimonio contra la esclavitud y una invocaci\u00f3n a Dios para que les liberara de las cadenas. La escucha de estas notas salvajes siempre abat\u00eda mi esp\u00edritu y me llenaba de una tristeza inefable. Con frecuencia me sorprend\u00eda a m\u00ed mismo llorando mientras las escuchaba. La mera repetici\u00f3n de estas canciones, todav\u00eda ahora, me causa aflicci\u00f3n; y mientras escribo estas l\u00edneas, una expresi\u00f3n de tristeza ha encontrado su lugar bajando por mis mejillas. A trav\u00e9s de estas canciones vislumbr\u00e9 mi primera idea del car\u00e1cter deshumanizador de la esclavitud. Nunca me he librado de esta idea. Estas canciones todav\u00eda me persiguen, haci\u00e9ndome profundizar con el o\u00eddo en la esclavitud e intensificando mi compasi\u00f3n por los hermanos encadenados. Si alguien quiere comprender los efectos aniquiladores que tiene la esclavitud para el alma, que vaya a la plantaci\u00f3n del coronel Lloyd un d\u00eda de asignaci\u00f3n, se sit\u00fae entre los frondosos bosques de pino y trate de analizar en silencio los sonidos que le van a pasar a trav\u00e9s de las estancias de su alma; y si esto no le impresiona ser\u00e1 s\u00f3lo porque no hay humanidad alguna en su inflexible coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde que vine al Norte no dejo de asombrarme cada vez que encuentro personas que pueden hablar del canto de los esclavos como prueba de su satisfacci\u00f3n y felicidad. No es posible caer en un error mayor. Los esclavos cantan m\u00e1s cuanto m\u00e1s infelices son. Las canciones del esclavo representan los tormentos de su coraz\u00f3n; y s\u00f3lo les calman de la misma manera que las l\u00e1grimas calman un coraz\u00f3n dolorido. Al menos, esa es mi experiencia. Suelo cantar para ahogar mis penas, pero casi nunca para manifestar mi felicidad. Llorar de alegr\u00eda y cantar de alegr\u00eda era algo poco com\u00fan para m\u00ed cuando me encontraba bajo las fauces de la esclavitud. El canto de un n\u00e1ufrago en una isla desierta se puede considerar un canto de satisfacci\u00f3n con mayor propiedad que el canto de un esclavo; las canciones de uno y otro est\u00e1n provocadas por la misma emoci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La familia de mi amo constaba de dos hijos, Andrew y Richard, una hija, Lucretia, y su marido, el capit\u00e1n 1homas Auld. Viv\u00edan en una sola casa, en la plantaci\u00f3n familiar del coronel Edward Lloyd. Mi amo era mayoral y superintendente del coronel Lloyd. 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