{"id":30727,"date":"2019-02-04T13:05:42","date_gmt":"2019-02-04T17:05:42","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=30727"},"modified":"2019-02-04T13:05:49","modified_gmt":"2019-02-04T17:05:49","slug":"crucero-por-las-antillas-menores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2019\/02\/04\/crucero-por-las-antillas-menores\/","title":{"rendered":"Crucero por las Antillas Menores"},"content":{"rendered":"\n<p>Jose del Castillo (D. Libre, 26-1-19) <\/p>\n\n\n\n<p>En julio de 1887 me embarqu\u00e9 virtualmente en el puerto de New York con el escritor Lafcadio Hearn \u2013un personaje culto dotado de fino don observador y prosa po\u00e9tica-, abordando un \u201cbuque alargado, estrecho y gr\u00e1cil, con dos m\u00e1stiles y una chimenea anaranjada\u201d, en el cual realizar\u00eda una pl\u00e1cida traves\u00eda de unos 5 mil kil\u00f3metros en algo menos de dos meses. Con destino a las Antillas Menores, a trav\u00e9s del Mar de los Sargazos. Al s\u00e9ptimo d\u00eda de navegaci\u00f3n ingresamos a las aguas del Mar Caribe, \u201cun mar en calma y de un azul extremadamente oscuro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro autor apunta en su libreta de notas: \u201cestamos ante unas evidentes creaciones volc\u00e1nicas, abruptas, coniformes, truncadas, exc\u00e9ntricas; las islas surgen y desaparecen detr\u00e1s de nosotros.\u201d A la vista, Santa Cruz o St. Croix, posesi\u00f3n danesa de las Islas V\u00edrgenes. \u201cLa isla, escarpada y alta, posee aut\u00e9nticos contornos volc\u00e1nicos; los acantilados caen casi en perpendicular.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cA medida que nos acercamos, las cumbres sombr\u00edas adquieren un color azul verdoso; las superficies soleadas se destacan con un verde a\u00fan m\u00e1s luminoso. Las ca\u00f1adas y los valles resguardados retienen todav\u00eda los azules y los grises&#8230; la isla cambia de color aqu\u00ed y all\u00e1&#8230; Santa Cruz revela una encantadora pila de colinas esmeralda en primer plano&#8230; bordeada de una playa blanca y empenachada de ara\u00f1iles copas de palmeras.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en el puerto se observan muchos peces y tiburones peque\u00f1os. Mariposas blancas revolotean, quiz\u00e1 dando la bienvenida. \u201cUnos chiquillos negros se ba\u00f1an desnudos en la playa\u201d, mientras chicas de color ofrecen desde una barca su mercanc\u00eda: bay rum, frutas, y agua de Florida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cDesde la bah\u00eda, bajo la sombra verde de las colinas volc\u00e1nicas que la dominan, Frederiksted tiene la apariencia de un bonito pueblo espa\u00f1ol, con sus plazas rom\u00e1nicas, iglesias y numerosos edificios con arcadas que se atisban entre filas de caobas, \u00e1rboles del pan, mangos, tamarindos y palmeras&#8230; Pero tan pronto como nos adentramos en las calles se esfuma la ilusi\u00f3n de belleza: te ves en un pueblo colonial con edificios de dos plantas ruinosos. La parte baja, de dise\u00f1o espa\u00f1ol con arcos, est\u00e1 por lo general construida con roca de lava o ladrillo y pintada de un amarillo claro y c\u00e1lido; las plantas superiores suelen dejarse sin pintar y su rudimentaria estructura es de maderas ligeras\u201d. La raz\u00f3n, el poblado fue incendiado y saqueado \u201cdurante una revuelta de los negros en 1878\u201d, nueve a\u00f1os atr\u00e1s, sobreviviendo los s\u00f3lidos cimientos.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, en octubre de ese a\u00f1o los trabajadores de las plantaciones, encabezados por la legendaria Mary Thomas, a quien denominar\u00edan Queen Mary \u2013hoy una estatua en Dinamarca simboliza su rol, sentada con una antorcha en una mano y la mocha en la otra-, escenificaron una revuelta por mejores condiciones de contrataci\u00f3n que utiliz\u00f3 la tea incendiaria para reclamar justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>La narraci\u00f3n contin\u00faa: \u201cEl verdor es exuberante. Cacaos y palmas de abanico dominan todas las calles, se inclinan sobre casi todas las estructuras, ya sean estas caba\u00f1as o edificios p\u00fablicos; se ve por todas partes el verde quebrado de las inmensas hojas de banano.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>La descripci\u00f3n que realiza Hern llega hasta el mercado: \u201cuna amplia plaza pavimentada, atravesada por dos filas de tamarindos y unidas por uno de sus lados a una plazoleta espa\u00f1ola&#8230; No hay bancos, ni tenderetes, ni casetas; los comerciantes est\u00e1n de pie, o se sientan o acuclillan en el suelo, bajo el sol, o se colocan en los pelda\u00f1os de la arcada contigua. La mercanc\u00eda, por lo general, se amontona a sus pies. Unos pocos disponen de mesitas diminutas, pero normalmente los comestibles se colocan en el sucio suelo o se apilan en los pelda\u00f1os de la plazoleta: mangos amarillo rojizo que parecen manzanas gigantescas y deformes, manos de pl\u00e1tanos, pir\u00e1mides de cocos verde claro, inmensas naranjas de un verde dorado, y diversas frutas y verduras cuyos nombres desconozco.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Los comerciantes hablan una lengua poco comprensible m\u00e1s all\u00e1 de las Antillas. \u201cSe comunican en un ingl\u00e9s negro que suena a lengua africana, un torrente veloz y arrastrado de vocales y consonantes del que ning\u00fan o\u00eddo inexperto ser\u00eda capaz de extraer una sola palabra inteligible.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Qui\u00e9nes componen este mercado antillano que luce abarrotado, \u201crebosante de vivos colores bajo la tremenda luz del mediod\u00eda\u201d. El lente escrutador de Lafcadio Hearn encuentra que \u201ccompradores y vendedores son negros en su mayor\u00eda; muy pocos rostros amarillos o morenos&#8230; Lo que m\u00e1s hay son mujeres, con atav\u00edos muy simples, casi primitivos: una falda o enagua sobre la que cae una especie de vestido corto de calic\u00f3&#8230; se acampana como si fuese de baile, y deja al aire los pies y las piernas desnudas. Se cubren la cabeza con un pa\u00f1uelo blanco retorcido a modo de turbante. Una multitud de mujeres negras con las piernas desnudas desfila ante nosotros, todas ellas cargando fardos o canastos en la cabeza y fumando cigarros muy largos.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Estas mujeres \u201cson bajitas y rechonchas y caminan sorprendentemente erguidas, dando zancadas largas y firmes, con el pecho proyectado hacia adelante. Sus extremidades son voluminosas y hermosamente redondeadas\u201d. Usan tejidos de algod\u00f3n de vivos colores combinados con tonos rosa, blanco y azul. La mitad fuma y todas hablan su jerga inglesa en voz alta.<\/p>\n\n\n\n<p>El prodigio arom\u00e1tico de las naranjas verdes \u2013hoy empleado ampliamente en perfumer\u00eda y la cosm\u00e9tica- es consignado al observar que desprenden \u201cun aroma delicioso y son asombrosamente jugosas. Pelar una basta para perfumarse las manos para el resto del d\u00eda&#8230; Fumamos puros de Puerto Rico y bebimos limonadas antillanas generosamente aderezadas con ron. El tabaco tiene un sabor dulce y suntuoso; el ron es aterciopelado, meloso, y procura una agradable sensaci\u00f3n sedante. Ambos desprenden una fragancia deliciosa\u201d. Todo ello, mucho antes de que Hemingway se aficionara por el daiquir\u00ed en el bar Floridita de La Habana, afam\u00e1ndolo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por las calles que se inician en la plaza el viajero afirma que \u201chay pocas caras atractivas a la vista: por las calles s\u00f3lo pasan negros; sin embargo, a trav\u00e9s de las puertas abiertas de las tiendas, uno vislumbra de cuando en cuando un atractivo rostro mestizo de ojos negros inmensos y tez tan amarilla como un pl\u00e1tano maduro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya enfocando hacia las colinas o en direcci\u00f3n a las calles empinadas, el ojo escrutador descubre diversas tonalidades de verde. \u201cLos campos de ca\u00f1a de az\u00facar son amplias l\u00e1minas de un hermoso verde oro; y de una viveza similar son las frondosidades de los pomme-cannelle (el an\u00f3n o chirimoya), los limonares y naranjales, a diferencia de los tamarindos y las caobas, que son m\u00e1s densos y oscuros\u201d. Entre una voluminosa espesura de tamarindos sobresale el chapitel de la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn la alargada pendiente pajiza de la playa a la izquierda del pueblo, bajo los mangos y tamarindos, se agolpan ya los ba\u00f1istas, hombres o chicos exclusivamente, todos en cueros: negros, pardos, amarillos y blancos\u201d (\u00e9stos, soldados daneses). \u201cCon ellos se ba\u00f1an unos j\u00f3venes morenos muy esbeltos y gr\u00e1ciles de cuerpos ligeros como ciervos; deben de ser criollos. Los ba\u00f1istas negros son desma\u00f1ados y asombrosamente patilargos. Luego llegan unos chiquillos con caballos; se desnudan, montan desnudos a lomos de los animales y cabalgan hasta el mar, gritando&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Algunos tienen la piel de un bonito color tostado, similar al del bronce envejecido. Nada resulta m\u00e1s escultural que las actitudes inconscientes de esos cuerpos bronceados que brincan, luchan, corren y recogen conchas. Su sencilla gracia crea una admirable armon\u00eda con las gracias de las verdes creaciones de la naturaleza en derredor, rima impecablemente con el perfecto equilibrio de las palmeras que se cimbrean a lo largo del litoral.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Al amanecer del octavo d\u00eda del viaje la nave atraca \u201cen otro puerto azul, una balsa inmensa y semicircular cercada por un crispado oleaje de colinas, todas verdes desde la franja amarilla de la playa hasta la cumbre m\u00e1s alta y nubosa\u201d. Se trata de San Crist\u00f3bal o St. Kitts, posesi\u00f3n inglesa, cuya capital Basseterre es visitada por Lafcadio Hearn. Tras anotar un origen volc\u00e1nico en su configuraci\u00f3n, se\u00f1ala que \u201chay palmeras por todas partes, cacaos, palmas de abanico; muchos \u00e1rboles del pan, tamarindos, bananos, inmensos higuerones, mangos, y otras plantas desconocidas que los negros designan con nombres incomprensibles (sap-saps y dul-duls)\u201d. La primera es la guan\u00e1bana.<\/p>\n\n\n\n<p>Caracteriza la ciudad. \u201cNi arquitectura espa\u00f1ola ni arcadas amarillo canario. Las calles angostas son todas grises o de tonalidades neutras&#8230; Casi todas las viviendas son de madera, sobre puntales de ladrillo, o elevadas sobre bloques de roca de lava.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa poblaci\u00f3n no tiene nada de pintoresco. Usan ropa moderna, com\u00fan; las mujeres visten con tonos apagados. Los marrones, azules oscuros y grises son m\u00e1s habituales que los rosas, amarillos y celestes. De vez en cuando uno localiza a una guapa mestiza, una chica alta y morena que camina con una gracia cadenciosa parecida a la de un balandro en el mar; pero es un espect\u00e1culo poco frecuente. La mayor\u00eda de la gente que uno se cruza es negra o de un marr\u00f3n negruzco. Muchas tiendas est\u00e1n regentadas por hombres amarillos con el pelo y los ojos de un negro intens\u00edsimo, hombres que no sonr\u00eden. Son portugueses.\u201d Como centro de atracci\u00f3n le impresiona el Jard\u00edn Bot\u00e1nico, con sus higueras de Bengala y palmeras, sus \u201clirios monstruosos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, al continuar el viaje y pasar por Nevis, desde el barco, Hern registra en las laderas bajas de la isla de formaci\u00f3n volc\u00e1nica peque\u00f1os asentamientos: casas, molinos, ingenios, altas chimeneas. \u201cLas plantaciones de ca\u00f1a de az\u00facar despliegan superficies de un verde dorado.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El crucero por las islas contin\u00faa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jose del Castillo (D. 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