{"id":31748,"date":"2019-03-13T13:36:05","date_gmt":"2019-03-13T17:36:05","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=31748"},"modified":"2019-03-13T13:36:07","modified_gmt":"2019-03-13T17:36:07","slug":"me-robaron-el-velorio-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2019\/03\/13\/me-robaron-el-velorio-ii\/","title":{"rendered":"Me Robaron el velorio II"},"content":{"rendered":"\n<p>Durante el evento extraordinario en la Funeraria Ortiz\ndel Alto Manhattan acudi\u00f3 una audiencia criolla de la m\u00e1s diversa y rica\nprocedencia, dispuesta a expresar un ambiguo y sincero &nbsp;adi\u00f3s al poeta Eduardo Lantigua Pelegr\u00edn en\nuna de las emblem\u00e1ticas salas de exposici\u00f3n de la funeraria de la di\u00e1spora. El\nevento fue tan dram\u00e1tico y atractivo, que tuvo la magia de convertirse en un memorial\ndel amor sin l\u00edmites, no solo de sus restos, de su biograf\u00eda exitosa, su amor\npor la cultura, su rebeld\u00eda insobornable contra aquella crisis del sentimiento\nposmoderno y sobre todo por su poder de persuasi\u00f3n para congregar amigos,\nenemigos, extra\u00f1os y personalidades de la m\u00e1s amplia formaci\u00f3n y nivel social. <\/p>\n\n\n\n<p>La magn\u00edfica fiesta del adi\u00f3s se llev\u00f3 a cabo el 25 de\nnoviembredel a\u00f1o 2018. El \u00e9xito fue\ntan rotundo que cre\u00f3 la tentaci\u00f3n de pintar esta constancia literaria, \u00fanica en\nlos anales de la historia de la literatura de la inmigraci\u00f3n. Creyendo\ninterpretar el sentido del texto, fui fiel a la pasi\u00f3n del poeta por la\npalabra. Por fortuna, el autor de esta narrativa circunstancial, no tuvo que\nhacer ning\u00fan gran esfuerzo para recordar las incansables muestras de\nsentimientos de solidaridad, exhibidos con humildad e incre\u00edble arrojo, dentro\nde aquel teatro fiel a su destino intelectual. <\/p>\n\n\n\n<p>La excelsa solemnidad del acto, no impidi\u00f3 que\nreconoci\u00e9ramos la presencia de poetas que minimizaron todos los obst\u00e1culos para\nhonrar esta inefable cita con la muerte. Un ejemplo significativo fue el caso\nde la poeta, Yolanda Hern\u00e1ndez, quien abandon\u00f3 sus importantes ocupaciones en\nRoad Island para expresar sus sentimientos. Muchos de sus amigos, duchos en el\nanonimato, hicieron lo mismo. As\u00ed ocurri\u00f3 con el extraordinario\nregreso a la ciudad de Nueva York de los narradores y poetas galardonados,\nKianny Antigua y Leonardo Nin. <em>El\nprotagonista de la \u00faltima inmovilidad<\/em> hab\u00eda echado ra\u00edces en m\u00e1s de un\ncontinente. Durante aquella hermosa cita lapidaria volvimos a confirmar que la\namistad en este \u00e1mbito diasp\u00f3rico, sigue siendo un tesoro parad\u00f3jico. <\/p>\n\n\n\n<p>La cotidianidad es una experiencia fugitiva, provocada\npor un <em>Big Bang<\/em> que arroja fragmentos\ny sombras condenadas a buscar la posibilidad de un destino dudoso, bajo una nacionalidad\ninvertebrada. Eduardo se hizo de un nombre, a pesar de los peligros que\ncontin\u00faan sembrando dudas y complicidades, m\u00e1s all\u00e1 de un mar que no puede\ndejar de ser negro, aunque le llamen err\u00f3neamente Caribe y sea la cuna de los\ncorsarios que flotan, deseosos de aguarnos estas fiestas, hasta de un urgente adi\u00f3s.\n<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque me dio mucho trabajo contener las l\u00e1grimas, a\ntodos mis compa\u00f1eros los vi llorar, igual que a la poeta, Yrene Santos quien\npor cierto, luc\u00eda m\u00e1s t\u00edmida en el arte de los abrazos que Claribel D\u00edaz, despidi\u00e9ndose\ndel gato ufano que la acompa\u00f1a en las terapias o la maestra y poeta, Ana Isabel\nSaillant u Osiris Mosquea, la excelsa poeta de la negritud que fij\u00f3 residencia\nen Long Island hace alg\u00fan tiempo. Fueron magn\u00e1nimas en la expresi\u00f3n de aquel inexplicable\nadi\u00f3s, apropiado para expresar con sus gestos, las l\u00e1grimas de\nunas dolientes aut\u00e9nticas, irreprochables. <\/p>\n\n\n\n<p>En el poeta Juan Matos, digno representante de los\ndominicanos residentes en Boston, la lucha contra un acto criminal sin\nprecedentes, escenificado en <em>el Parking\nLot<\/em> de la funeraria, puso en riesgo su regreso. Su esposa Alma, acompa\u00f1ada\nde otros voluntarios de la justicia dom\u00e9stica, ayud\u00f3&nbsp;&nbsp;a impedir el ingreso de otros\ndolientes al estacionamiento del para\u00edso invertido, debido al bloqueo de los\nautos de otros dolientes, incapaces de perder una patria de cuatro ruedas. El\ntemplo de los \u00faltimos sollozos que se honra en administrar el safari del luto y\nde la muerte, qued\u00f3 ac\u00e9falo. El gran poeta social de Barahona y exiliado en\nBoston, viajaba aquel domingo con el recordatorio de su hijo pr\u00f3digo, fallecido\nrecientemente en los predios de una universidad. <\/p>\n\n\n\n<p>Para quienes ya hab\u00edan fijado residencia en la sala del\nque una vez fue pelotero Amateur, Eduardo Lantigua, aquel terrible duelo hab\u00eda provocado\nun movimiento de abrazos tormentosos, manos soberanas en la penitencia y dulces\nen el dolor consentido, indiferencias inocentes y referencias adyacentes en\nquienes llegan para ser descubiertos con l\u00e1grimas inesperadas o presenciados\ncon expresiones de sentimientos ambiguos, como una solidaridad entre hermanos inseparables\no entre hijos separados por una terrible sentencia, nada racial ni amoral y\nmucho menos tribal. A pesar de los sollozos y los silencios inauditos, de la\npoeta que oficia en el remanso de <em>la\nTerapia Perpetua<\/em>, (no la de un poemario de Pedro L\u00f3pez Adorno), sino la de\nla heroica poeta, Norma Feliz, ocupante de la isla piadosa del &nbsp;\u00fanico sof\u00e1 saboreado con l\u00e1grimas abundantes\npor varios n\u00e1ufragos del misterio horizontal y curiosos de la desdicha,\nparacaidistas de las met\u00e1foras de \u00faltima hora. <\/p>\n\n\n\n<p>La barca del \u00faltimo silencio no se hund\u00eda. La pir\u00e1mide\ndel amor fue notoriamente intransferible. El arte de decir adi\u00f3s escribi\u00f3 sus\npaneg\u00edricos sin ninguna sospecha fallida. <\/p>\n\n\n\n<p>El canto a la eternidad fue el gran dilema del d\u00eda. El\nprofesor Juan Matos y el empresario F\u00e9lix Garc\u00eda y quien escribe este extra\u00f1o\nobituario de las \u00faltimas horas del velorio, narramos un fragmento in\u00e9dito entre\nlas tres salas de despedida, llenas de visitantes, en busca de aquellos\ndolientes, acusados por la b\u00fasqueda de delincuentes comunes en la vil inocencia,\ndebido a que tres de ellos bloquearon el centro del estacionamiento de la\nfuneraria, antro desamparado como las mismas salas de despedida de los restos\nde tres personas que no se conocieron en vida y que sin embargo fundaron\nencuentros y desencuentros donde la fraternidad fue sobria y porfiadamente\nilustre y hasta exitosamente cordial. Tanta tolerancia augur\u00f3 una patria\ninexplicable fuera del exilio, digna de una memoria menos pasajera y\ndeficitaria. <\/p>\n\n\n\n<p>El velorio como buena literatura luctuosa, expuls\u00f3 la\npol\u00edtica del texto y brill\u00f3 el genio del exilio. En un segundo regreso a uno de\nlos tres velorios, el inefable poeta, F\u00e9lix Garc\u00eda, trat\u00f3 en vano de defender su\nhonor al ingresar con plena libertad en una de las rec\u00e1maras ardientes de otros\nque tambi\u00e9n contemplaban el vac\u00edo, en un momento en que el culto del adi\u00f3s\nrequer\u00eda una concentraci\u00f3n imposible, hasta en la del poeta que motiva esta\nescritura. <\/p>\n\n\n\n<p>Una deportaci\u00f3n breve y comprensible evit\u00f3 un ba\u00f1o de\nsangre en una sala contigua. Por fortuna, nadie exhibi\u00f3 un arma blanca en\np\u00fablico para defender el perfume de la intimidad. Yo ten\u00eda la certeza en medio\ndel entra y sale y el ejercicio heroico del equipo que llev\u00f3 sobre sus hombros\nel gran homenaje cultural de despedida, destinado a honrar la memoria de\nEduardo Lantigua Pelegr\u00edn con la nobleza de un ejercicio l\u00edrico solemne, acto\nque pas\u00f3 con \u00e9xito repentino del silencio al aplauso y de \u00e9ste a las l\u00e1grimas. <\/p>\n\n\n\n<p>Muchos deliramos con fervor al o\u00edr aquel debate literario\nentre, Ram\u00f3n Esp\u00ednola, un gran historiador, tres poetas excelsos en la\nnarrativa de la a\u00f1oranza, un H\u00e9ctor Miol\u00e1n, cr\u00edtico seductor de muchedumbres y\nuna mujer que dej\u00f3 su recuerdo escrito en aquel escenario triste y redentor,\ndespu\u00e9s de anunciar a los protagonistas de la secuencia m\u00e1s alta en elegancia y\nprestancia, haciendo gala de un honor imperecedero, al gran poeta, oriundo de\nVilla Altagracia. <\/p>\n\n\n\n<p>A m\u00ed me doli\u00f3 no haber escuchado a la viuda inconsolable,\nla Se\u00f1ora Sandra Pelegr\u00edn, &nbsp;esposa del\npoeta, quien despu\u00e9s de haber entregado sus \u00faltimos a\u00f1os de amor total y\nsincero al amor de su vida, &nbsp;traspas\u00f3 el\numbral de los dolientes y se impuso un silencio triunfal y austero como quien\nsufre una derrota gloriosa y heroica a la vez, casi imposible de resistir, bajo\nun duro respirar, y el coraz\u00f3n golpeando, sin pausa ni consuelo. <\/p>\n\n\n\n<p>Aquel momento sagrado no impidi\u00f3 que los familiares se\nrecuperasen para decir la \u00faltima nota de agradecimiento a los presentes. Yo la\naguard\u00e9 con el mismo miedo que me produjo el repentino desmayo del poeta y\nartista, Jimmy Valdez, tras escenificar el momento apote\u00f3sico de un poema que\nrecuper\u00f3 un universo vivencial inolvidable, frente a un abismo que tambi\u00e9n\nsalv\u00f3 con su talento, el poeta legendario, Dagoberto L\u00f3pez Co\u00f1o y el magn\u00e1nimo\ny valiente, poeta F\u00e9lix Garc\u00eda, ambos recitando un gran poema de despedida y concluido\ncon las voces impert\u00e9rritas y rotundas del l\u00edder de la meta poes\u00eda, poeta,\nDoctor Jorge Pi\u00f1a y el vate eminente y laureado, Jos\u00e9 Acosta quien record\u00f3 el\nejercicio fugaz de la Tertulia Intima Puerta 5 donde brill\u00f3 la estrella de\nEduardo. <\/p>\n\n\n\n<p>Todos recordaremos por siempre la extraordinaria voz de\nla poeta Lourdes Batista,, residente en Long Island cuando se escriba la\nmemoria del \u00faltimo deseo de Eduardo Lantigua. Un pincel po\u00e9tico nos hizo lidiar\ndignamente con la angustia. Aquella fue una tarde ut\u00f3pica y hermosa que tambi\u00e9n\nsalv\u00f3 la poeta, gestora cultural y maestra, Lucila Rutinel. A 24 horas de la\nbreve estad\u00eda de sus restos en la Funeraria Ortiz, el alcalde de Villa\nAltagracia, provincia de origen, declar\u00f3 dos d\u00edas de duelo en su honor. Nuestra\nimaginaci\u00f3n provee los ca\u00f1onazos que hicieron falta. La bandera tricolor debi\u00f3\nestar a media asta, acompa\u00f1ada de un busto imaginario, cuidado con esmero por\nlos leones que honran el zool\u00f3gico de Cristo Rey. Hay que examinar los parques\npara saber si la poes\u00eda de Eduardo Lantigua, puede ser le\u00edda para salvar a los\ntigueres pendencieros del hambre o a los peces sagrados del acuario nacional.\nDespu\u00e9s del entierro en su tierra natal, su legado sigui\u00f3 motivando ofrendas y deseos\nde hacerle justicia al temor del olvido y al vac\u00edo que dej\u00f3 su presencia.\nNosotros no pudimos hacer lo mismo en la ciudad de Nueva York, pero declaramos\n5 horas eternas donde brill\u00f3 el honor de una amistad imperecedera y el anuncio\nde que se le honorar\u00eda de inmediato con el nombre de un taller literario, gracias\nal anuncio de un decreto \u00edntimo, protagonizado por la laureada narradora, Dinorah\nCoronado, por el coraje de su oportuna iniciativa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante el evento extraordinario en la Funeraria Ortiz del Alto Manhattan acudi\u00f3 una audiencia criolla de la m\u00e1s diversa y rica procedencia, dispuesta a expresar un ambiguo y sincero &nbsp;adi\u00f3s al poeta Eduardo Lantigua Pelegr\u00edn en una de las emblem\u00e1ticas salas de exposici\u00f3n de la funeraria de la di\u00e1spora. 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