{"id":35511,"date":"2019-09-10T11:25:12","date_gmt":"2019-09-10T15:25:12","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=35511"},"modified":"2019-09-11T10:57:55","modified_gmt":"2019-09-11T14:57:55","slug":"julia-de-burgos-diez-acotaciones-apologeticas-en-torno-a-su-poesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2019\/09\/10\/julia-de-burgos-diez-acotaciones-apologeticas-en-torno-a-su-poesia\/","title":{"rendered":"Julia de Burgos: diez acotaciones apolog\u00e9ticas en torno a su poes\u00eda (1 de 5)"},"content":{"rendered":"<p>Le\u00f3n David (D. Libre, 16-7-14)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En opini\u00f3n del autor de estas atropelladas apuntaciones es tal la excelsitud de la obra po\u00e9tica de la escritora borinque\u00f1a Julia de Burgos, que cabe asegurar no estar\u00e1 incurso en hip\u00e9rbole festinada quien sostenga que puede ella hombrearse, sin que la comparaci\u00f3n le resulte para nada desfavorable, con las m\u00e1s escogidas cultivadoras de la l\u00edrica en lengua espa\u00f1ola de ayer o de los d\u00edas que corren.<\/p>\n<p>Si algo tengo, en efecto, por cosa averiguada es que la poes\u00eda de la encumbrada autora puertorrique\u00f1a sobre la que a punto largo me he propuesto aventurar un pu\u00f1ado de observaciones -infundadas acaso- en los p\u00e1rrafos con los que a continuaci\u00f3n tropezar\u00e1 el lector, exhibe primores est\u00e9ticos, humanos y sociales de tan impactante \u00edndole que, cuando se la contrasta con las creaciones de las m\u00e1s reconocidas practicantes del g\u00e9nero l\u00edrico, lejos de deslucir o de empa\u00f1arse, muestra de manera fehaciente estar a la altura -y quiz\u00e1s m\u00e1s que eso- de las composiciones trabajadas por las insignes art\u00edfices del verso cuyos nombres, para gloria de la literatura en idioma castellano, esplenden a guisa de astros de primera magnitud en el firmamento de nuestros corazones.<\/p>\n<p>Conf\u00edo, pues, en que la raz\u00f3n me asiste al proclamar que, habida cuenta de los ostensibles m\u00e9ritos de su obra, siempre que no queramos cometer injusticia flagrante, Julia de Burgos debe ser colocada por los amantes y conocedores de la vera poes\u00eda en el mismo supremo sitial en el que despliegan sus fervorosas bondades poetisas de la envergadura de las cubanas Mar\u00eda Luisa Milan\u00e9s y Dulce Mar\u00eda Loinaz, la salvadore\u00f1a Claudia Lars, la uruguaya Delmira Agustini, la chilena Gabriela Mistral, la tambi\u00e9n oriental Juana de Ibarbourou y la argentina Alfonsina Storni.<\/p>\n<p>No es necesario vindicar con acopio de p\u00e1ginas las virtudes del poetizar de Julia de Burgos para sacarnos verdaderos cuando recalcamos que la escritora boricua no desentona ni por un instante en medio de la ilustre compa\u00f1\u00eda de artistas de la palabra tra\u00eddas a colaci\u00f3n en los renglones que anteceden, sino que se encuentra muy a su sabor al lado de ellas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 entonces historiadores, ant\u00f3logos y cr\u00edticos de la literatura hispanoamericana e ib\u00e9rica no parecen darse por enterados de la excelencia de la poes\u00eda de Julia de Burgos, y cuando la mencionan y de paso enhebran algunos comentarios acerca de sus versos, no suelen -salvo breve minor\u00eda- situarla en el mismo levantado pabell\u00f3n en el que ubican a sus m\u00e1s afortunadas hermanas de oficio? Pareja postergaci\u00f3n, dif\u00edcilmente disculpable, si no tiene que ver con cierta lit\u00fargica falta de aliento de la hermen\u00e9utica, acaso haya que atribuirla a la desventura de ser oriunda de Burgos de un isle\u00f1o reducto colonial de vida cultural escasamente conocida fuera de sus fronteras y no de un respetable pa\u00eds latinoamericano, grande y poblado, de esos que tienen en su haber prestigiosa tradici\u00f3n art\u00edstica y literaria, como es el caso de M\u00e9xico, Argentina, Chile, Colombia o Cuba.<\/p>\n<p>No obstante, en lo que ata\u00f1e a una conceptuaci\u00f3n acertada de la obra de Julia, aliento la creencia de que en la actualidad las cosas pintan por modo muy diferente, al menos en Puerto Rico y en el \u00e1rea de las naciones caribe\u00f1as, donde los estudios -art\u00edculos, ensayos, an\u00e1lisis- sobre su quehacer po\u00e9tico se acumulan, prosperan y difunden. Y aunque semejante convicci\u00f3n puede que tenga m\u00e1s verdad que evidencia, no juzgo controvertible que los tiempos que estamos viviendo son propicios en lo que importa a propalar los sobresalientes valores de la creaci\u00f3n l\u00edrica de la aeda que, por mor a su entra\u00f1able numen, hemos querido traer al palenque de esta cuartilla.<\/p>\n<p>Porque sucede que Julia vino al mundo en el barrio de Santa Cruz de Carolina un 17 de febrero de 1914. Y en este a\u00f1o en que se cumple una centuria de su natalicio no son escasas -por el contrario, y en buena hora, proliferan- las celebraciones programadas dentro y fuera de su infortunada isla por grupos e instituciones acad\u00e9micas y culturales; festividades que dan inequ\u00edvoco testimonio del aprecio creciente que su poderoso estro l\u00edrico va ganando entre los c\u00edrculos m\u00e1s ilustrados y l\u00facidos de la poblaci\u00f3n aficionada a la siempre reveladora aventura espiritual de la poes\u00eda.<\/p>\n<p>El despabilado lector habr\u00e1 sin duda reparado en que me incluyo en el n\u00famero de cuantos aplauden y se regocijan de que la figura de la eminente trovista borinque\u00f1a que nos ocupa despierte hoy por hoy un inter\u00e9s pre\u00f1ado de promesas entre sectores cada vez m\u00e1s amplios de la comunidad intelectual. De hecho, cualquier persona con un conocimiento algo m\u00e1s que superficial de lo que acaece en el \u00e1mbito de las letras de Puerto Rico no podr\u00e1 dejar de convenir en que el nombre de Julia de Burgos se ha ido convirtiendo en una suerte de emblema de la mujer emancipada y que los ideales que su obra proyecta tienden a ser trasvasados a la esfera de lo biogr\u00e1fico, adentr\u00e1ndose por ese modo la imagen de la autora del R\u00edo Grande de Lo\u00edza en el territorio reverencial del mito.<\/p>\n<p>Dispongo de toda clase de razones para pensar que si a la conflictiva historia puertorrique\u00f1a del siglo XX nos atenemos (historia caracterizada por la b\u00fasqueda y definici\u00f3n ansiosas de una identidad nacional aut\u00f3ctona), el proceso de mitificaci\u00f3n a que vengo de aludir era poco menos que inevitable; de donde se infiere que por m\u00e1s que no se equivoquen quienes insisten en que todo mito se afianza y medra en detrimento de la realidad f\u00e1ctica -dictamen al que presto mi conformidad-, reproch\u00e1rselo a cuantos acuden a dicho expediente para enaltecer no s\u00f3lo a la poetisa incomparable sino tambi\u00e9n a la persona de Julia resulta -de ello estoy cumplidamente inteligenciado- sobre ocioso absurdo.<\/p>\n<p>Empero no es el mito de la insigne boricua el que en la presente ocasi\u00f3n me mueve a estampar sobre esta complaciente hoja de papel un manojo de ideas que los acad\u00e9micos de inclinaci\u00f3n doctrinal reputar\u00e1n en menos tiempo de lo que canta el gallo o pone huevos la gallina de nula originalidad y, para colmo de males, ayunas tambi\u00e9n de fundamento. No. Dejemos a un lado el tema de la mitificaci\u00f3n de la poetisa. Porque a lo que se contraer\u00e1 este enjuto pero entusiasta emprendimiento ensay\u00edstico es a poner de resalto diez aspectos de la singular expresi\u00f3n l\u00edrica de Julia de Burgos\u2026<\/p>\n<p>Apenas, muchos lustros atr\u00e1s, top\u00e9 con su obra, sent\u00ed por ella amor a primera p\u00e1gina. La mujer que escribi\u00f3 \u00abPoema en veinte surcos\u00bb, \u00abCanci\u00f3n de la verdad sencilla\u00bb y \u00abEl mar y t\u00fa\u00bb se derrumb\u00f3 un d\u00eda de junio de 1953 en una calle neoyorkina de dolorosa recordaci\u00f3n. Le hizo injuria una muerte apresurada. Mas la poes\u00eda que de su alma brot\u00f3 no ser\u00eda enterrada con ella\u2026 Los grandes poemas gozan de una vida que su autor no puede ni medir ni prever. Y como Julia toc\u00f3 con su verso admirable y altivo a las puertas de la inmortalidad, es de ella, de la sin par cantora, que procede decir unas efusivas palabras\u2026 Pong\u00e1monos a ello.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Sin orden ni concierto, como vayan aflorando a mi esp\u00edritu (aun cuando corra el albur de ser a causa de semejante falta de compostura intelectual vilipendiado), acometer\u00e9 en las reflexiones subsiguientes la empresa asaz comprometida de ponderar, no desde la trinchera en donde lanza su metralla la cr\u00edtica erudita de toga, birrete y p\u00falpito sino, antes bien, acomodado en el m\u00e1s risue\u00f1o mirador de lector l\u00fadico al que s\u00f3lo seduce la belleza de la expresi\u00f3n y la hondura del pensamiento, acometer\u00e9, dec\u00eda, avecindado a ese nada presuntuoso pabell\u00f3n, la tarea de destacar algunas de las populosas bondades que exornan el discurrir po\u00e9tico de Julia de Burgos.<\/p>\n<p>Me envanezco de haber le\u00eddo y rele\u00eddo (esto \u00faltimo seg\u00fan Borges es lo m\u00e1s importante) la totalidad o poco menos de los poemas que la alta l\u00edrica puertorrique\u00f1a alumbrara; me siento por dicho motivo autorizado a estampar sobre esta resignada hoja de papel unas cuantas apostillas de \u00edndole evaluativa cuyo peso veritativo, si es que lo tienen, emana del sentimiento de maravilla, de la fascinaci\u00f3n con que me gratificara su verso portentoso. Empero, como desconozco por completo lo que los acuciosos hermeneutas han escrito acerca de los cantos arrobadores que de Burgos nos obsequiara (negligencia de la que estoy lejos de enorgullecerme), me asalta la perturbadora sospecha de que las apuntaciones apolog\u00e9ticas que a humo de pajas me he impuesto perge\u00f1ar, nada novedoso aporten por lo que toca a la interpretaci\u00f3n y encarecimiento de la poes\u00eda de Julia, y est\u00e9 yo como aquel que dice \u00abdescubriendo el agua tibia\u00bb, repitiendo, sin caer en la cuenta de mi escasa originalidad, los dict\u00e1menes que la rigurosa raza de los exegetas adictos a las m\u00e1s diversas corrientes heur\u00edsticas mucho tiempo atr\u00e1s han dado al arduo honor de la tipograf\u00eda\u2026<\/p>\n<p>Sin embargo, para poner las cosas en punto de verdad y siempre que no sea el lector de distinta opini\u00f3n, me permitir\u00e9 hacer \u00e9nfasis en el hecho -idea que tengo por axiom\u00e1tica- de que en materia de estimativa literaria de est\u00e9tica solera, cuando la glosa del escoliasta es fruto de desbastada sensibilidad potenciada por una cultura humanista rica y vasta a la que brinda soporte despierta inteligencia que no desde\u00f1a las iluminadoras corazonadas de la intuici\u00f3n; cuando el aquilatamiento de un escrito de linaje art\u00edstico (poema, cuento, novela, teatro, etc.) halla sost\u00e9n en pareja visi\u00f3n idiosincr\u00e1sica, por m\u00e1s que conceptualmente lo que el avezado catador registra en las p\u00e1ginas sobre las que se ha volcado a resultas del entusiasmo que su belleza suscitara no se diferencie gran cosa de lo que multitud de estudiosos antes que \u00e9l dijeran, toparemos necesariamente con un acento, con una entonaci\u00f3n, con un talante \u00fanicos e inimitables porque proceden de lo m\u00e1s genuino y singular del esp\u00edritu del enjuiciador; y semejante circunstancia, al forzarnos a contemplar la obra escudri\u00f1ada a trav\u00e9s del cristal de ajena sensibilidad de refinado viso -cuyo empe\u00f1o est\u00e1 en las ant\u00edpodas de cierto oficio cr\u00edtico de est\u00e9riles precisiones- no puede sino derramar luz -tal es mi m\u00e1s firme convicci\u00f3n- sobre el texto que el exegeta ha hecho objeto de reflexi\u00f3n y encomio.<\/p>\n<p>Y puesto reputo harto razonable la tesis vertida en el p\u00e1rrafo que antecede, aunque ni por semejas posea yo los elevados atributos que distinguen al investigador competente en el g\u00e9nero de an\u00e1lisis a que acabo de referirme, hasta donde la median\u00eda de mi ingenio lo consienta, me dispongo en los renglones que siguen a llevar a cabo, como lo hube de prometer, un bosquejo de valoraci\u00f3n de la creaci\u00f3n po\u00e9tica de Julia de Burgos; emprendimiento al que a partir de este instante me consagrar\u00e9 tratando de no mezclar barzas con capachos y encomend\u00e1ndome, como mandan la sensatez y la cortes\u00eda, a la irreprochable tradici\u00f3n de la claridad.<\/p>\n<p>Si de algo estoy muy cierto -arg\u00fcir\u00eda indigente sensibilidad no advertirlo- es que el verso de la encumbrada aeda antillana, en no pocas de sus m\u00e1s afamadas composiciones sorprende por su vigor, por acudir a un adem\u00e1n rotundo, categ\u00f3rico, incisivo, en el que la pasi\u00f3n y una emotividad a flor de piel caldean la palabra por modo que los vocablos m\u00e1s usuales y encontradizos en los que acostumbra engastar su pensamiento de l\u00edrica progenie, se nos presentan de manera intempestiva adoptando un cariz terminante, definitivo, perentorio. Parejo decir enf\u00e1tico -pero jam\u00e1s hinchado ni aparatoso- lo reputo por una de las notas distintivas de mayor relevancia estil\u00edstica de la poes\u00eda, con frecuencia propensa al dramatismo y al relampaguear de lo pat\u00e9tico, de la modesta y admirable hija del barrio de Santa Cruz de Carolina.<\/p>\n<p>As\u00ed pues -primera acotaci\u00f3n apolog\u00e9tica-, ab\u00f3nense las observaciones que preceden a la cuenta de un temperamento literario fogoso, cuya impetuosidad ocurre de ordinario a la frase sentenciosa que tiende a generar clima afectivo de gravedad solemne. No se me oculta que semejante embestida verbal de volc\u00e1nica teatralidad, con probable verosimilitud no ser\u00e1 bien quista de aquellos individuos que por mor de cierta sedicente modernidad transitan la v\u00eda de un discurrir po\u00e9tico de jaez intelectual, que hace jactancioso alarde de metaf\u00edsicas vaharadas o que, -es la otra cara de la moneda- nos atosigan con un lenguaje cuya metaf\u00f3rica exorbitancia de vanguardista filiaci\u00f3n me lleva siempre a recordar aquel conocido proverbio humor\u00edstico de que \u00abla monta\u00f1a pari\u00f3 un rat\u00f3n\u00bb\u2026 Al fin y a la postre, quienes reaccionan con moh\u00edn de disgusto ante los contundentes aldabonazos r\u00edtmicos y sonoros de la portalira borinque\u00f1a, sobre arrinconarse en una concepci\u00f3n de la poes\u00eda que por superficial y estrecha no merece los honores de la refutaci\u00f3n, dan prueba de adolecer de esa man\u00eda eterna e incorregible de sindicar de gusto rancio lo que no es del gusto suyo.<\/p>\n<p>Aun cuando las aseveraciones que acabamos de traer a colaci\u00f3n ameritar\u00edan un debate m\u00e1s por lo menudo, con la mira puesta en no incurrir en sospecha de afectada prolijidad, las dejaremos para sosiego del lector en el punto en que han quedado; y cerrar\u00e9 este ac\u00e1pite con el se\u00f1alamiento -viene como anillo al dedo en este preciso lugar de mi cavilaci\u00f3n- de que en pronunciado antagonismo con la poes\u00eda de m\u00e1s reciente data, que ni por su laxa estructura gramatical ni por su carencia de armon\u00eda sonora se presta a ser le\u00edda en alta voz, la de Julia es aut\u00e9ntico canto, no porque acuse la forma de una canci\u00f3n mel\u00f3dica apoyada en notas musicales sino porque posee una innegable vocaci\u00f3n de oralidad; porque exhibe un desplante oratorio que de manera natural incita al lector a levantar la voz, cosa de saborear los perfiles impolutos del verso y, de paso, rehabilitando por un parejo el arte injustamente venido a menos y al d\u00eda casi extinto de la declamaci\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Le\u00f3n David (D. 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