{"id":35662,"date":"2019-09-17T06:00:07","date_gmt":"2019-09-17T10:00:07","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=35662"},"modified":"2019-09-16T15:06:14","modified_gmt":"2019-09-16T19:06:14","slug":"marxismo-y-politica-un-mapa-de-la-crisis-de-la-estrategia-revolucionaria-en-occidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2019\/09\/17\/marxismo-y-politica-un-mapa-de-la-crisis-de-la-estrategia-revolucionaria-en-occidente\/","title":{"rendered":"Marxismo y pol\u00edtica: un mapa de la crisis de la estrategia revolucionaria en Occidente"},"content":{"rendered":"<p>Brais Fern\u00e1ndez (Kaosenlared, 16-9-19)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u201cUna acertada teor\u00eda revolucionaria solo se forma de manera definitiva en estrecha conexi\u00f3n con la experiencia pr\u00e1ctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario\u201d (Lenin).<\/strong><\/p>\n<p>En 1976, Perry Anderson publicaba su ya m\u00edtico\u00a0<em>Consideraciones sobre el marxismo occidental<\/em>. Es un libro corto, pero que ha sobrevivido lleno de fuerza porque la tesis que esbozaba captaba una tendencia de fondo producto de la lucha pol\u00edtica. Repasando a los marxistas m\u00e1s influyentes del pre y pos-68, llega a la conclusi\u00f3n de que la problem\u00e1tica del marxismo se hab\u00eda desplazado desde los problemas de la estrategia revolucionaria o la econom\u00eda pol\u00edtica hacia cuestiones filos\u00f3ficas m\u00e1s vinculadas a ciertos debates acad\u00e9micos que al movimiento obrero. En Anderson no hay ning\u00fan tipo de reproche moral antiintelectualista. Para el pensador brit\u00e1nico se trataba de pensar las causas de ese desplazamiento. Adem\u00e1s de poner encima de la mesa el rol liberticida del estalinismo, que obligaba a los\u00a0<em>marxistas occidentales<\/em>\u00a0a sublimar su voluntad pol\u00e9mica sin entrar en discusi\u00f3n con las direcciones de los partidos comunistas oficiales, Anderson conectaba el problema con la aparici\u00f3n de un nuevo tipo de marxista, que ya no era dirigente pol\u00edtico. Esto es, la aparici\u00f3n de una\u00a0<em>teor\u00eda<\/em>\u00a0autonomizada de la\u00a0<em>praxis<\/em>, que si bien permit\u00eda nuevos desarrollos tem\u00e1ticos antes desconocidos para el marxismo, tambi\u00e9n implicaba una crisis de la estrategia como elemento central a la hora de relacionar la teor\u00eda con la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Aunque Anderson se exculpaba en su libro por no poder tratar otros temas, su tesis no pod\u00eda prever todav\u00eda lo que pas\u00f3 despu\u00e9s. Aunque Anderson mencionaba a cierto trotskismo como el \u00faltimo intento de mantener abierta y suturada la relaci\u00f3n entre teor\u00eda y pr\u00e1ctica, lo cierto es que aquella d\u00e9cada supuso un intento de reabrir ciertos debates relacionados con la estrategia. La tesis de Anderson era correcta en lo fundamental (desconexi\u00f3n entre los partidos tradicionales de la clase obrera y los debates te\u00f3ricos): la era de\u00a0<em>Rinascita<\/em>\u00a0y Toggliati hab\u00eda muerto para siempre. Pero se generaron debates previos al gran colapso del debate estrat\u00e9gico marxista, que anticipaban nuevos desplazamientos te\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Como cuenta Gregory Elliot (2004), el propio Anderson trat\u00f3 de compensar esa deficiencia en el debate estrat\u00e9gico convirtiendo la\u00a0<em>New Left Review<\/em>\u00a0en un laboratorio de producci\u00f3n de estrategias. Esto gener\u00f3 roces con otros miembros de la nueva izquierda, quiz\u00e1s por la tendencia de muchos de ellos a considerar que la estrategia revolucionaria era un asunto de los partidos u organizaciones pol\u00edticas, no una construcci\u00f3n del conjunto del movimiento antagonista.<\/p>\n<p><strong>De los cl\u00e1sicos a la crisis de la estrategia<\/strong><\/p>\n<p>La\u00a0<em>estrategia<\/em>\u00a0aparece como concepto y campo de elaboraci\u00f3n espec\u00edfico en la tradici\u00f3n marxista paralelamente a la fundaci\u00f3n de la II Internacional. Es obvio que ya antes el movimiento socialista hab\u00eda tenido intuiciones, discusiones, destellos, que prefiguraban los futuros debates espec\u00edficos sobre estrategia. Pero la derrota de la Comuna de Par\u00eds abre la necesidad de planificar la acci\u00f3n de masas, m\u00e1s all\u00e1 de oscilar entre las conspiraciones y proyectos de c<em>oup de main<\/em>\u00a0de Louis Auguste Blanqui, y la espontaneidad insurreccional que atraves\u00f3 la Europa decimon\u00f3nica.<\/p>\n<p>No es casualidad que fuese Engels uno de los primeros en pensar la pol\u00edtica marxista desde un punto de vista estrat\u00e9gico. Desde luego, Marx hab\u00eda esbozado algunas ideas en su etapa de la\u00a0<em>Nueva Gaceta Renana<\/em>, el\u00a0<em>Manifiesto Comunista<\/em>\u00a0y como dirigente de la Asociaci\u00f3n Internacional de Trabajadores, pero la combinaci\u00f3n de cultura militar y observaci\u00f3n del desarrollo vivo del movimiento socialdem\u00f3crata alem\u00e1n le permiti\u00f3 a Engels dejar una impronta decisiva, que prefigura cierto paradigma en el campo de la estrategia revolucionaria. Un buen ejemplo de ello es el c\u00e9lebre pr\u00f3logo de 1895 a\u00a0<em>Las luchas de clase en Francia de 1848 a 1850<\/em>, de Karl Marx.<\/p>\n<p>Lo que nos interesa ahora mismo no es centrarnos en los debates concretos que se producen en la II Internacional, sino m\u00e1s bien resaltar la forma. Si, como Fredric Jameson (2016), pensamos que la forma \u201cgu\u00eda\u201d al contenido, nos interesa analizar el m\u00e9todo a trav\u00e9s del cual los primeros marxistas constru\u00edan la estrategia, entendida como planificaci\u00f3n de la toma del poder y el desarrollo de una pol\u00edtica socialista.<\/p>\n<p>Cualquier propuesta estrat\u00e9gica comenzaba con un an\u00e1lisis de la formaci\u00f3n social, entendida como la estructuraci\u00f3n espec\u00edfica que adquir\u00eda el capitalismo en un pa\u00eds y un tiempo determinado. A partir de ah\u00ed, se trataba de analizar las clases (proletariado, clases intermedias, burgues\u00eda) y pensar en c\u00f3mo organizar un proyecto independiente desde la clase obrera: el sindicato y la cooperativa (instituciones\u00a0<em>econ\u00f3micas<\/em>) y el partido (<em>cerebro pol\u00edtico<\/em>) eran las formas b\u00e1sicas en torno a las cuales centralizar a la clase obrera como clase aut\u00f3noma y dirigente, junto con instituciones surgidas en los momentos revolucionarios, como los s\u00f3viets. La forma espec\u00edfica de asalto al poder conoc\u00eda dos variantes: la acumulaci\u00f3n electoral o la huelga general, pero en ninguno de los casos se cre\u00eda que la insurrecci\u00f3n y el choque con la burgues\u00eda eran evitables. El \u00fanico que se atrevi\u00f3 a cuestionar este axioma fue Eduard Bernstein, con la consecuente pol\u00e9mica dentro del movimiento socialista. Por \u00faltimo, el Estado aparec\u00eda como un espacio bien a\u00a0<em>tomar<\/em>\u00a0o bien a\u00a0<em>asaltar<\/em>, ya que condensaba el poder pol\u00edtico. Sobre esta estructuraci\u00f3n del problema estrat\u00e9gico se alzaba el cielo del horizonte socialista: la fe (en el mejor sentido de la palabra) de los dirigentes y te\u00f3ricos marxistas cl\u00e1sicos en la posibilidad socialista no flaqueaba nunca, as\u00ed como el profundo mesianismo que impregnaba a los trabajadores que se organizaban y compromet\u00edan con la causa.<\/p>\n<p>Es precisamente la estructuraci\u00f3n del problema lo que permite que la\u00a0<em>estrategia<\/em>\u00a0se convierta en un campo espec\u00edfico de la pr\u00e1ctica te\u00f3rica socialista. Esta forma de estructurar el problema la comparten autores que, sin duda, ten\u00edan profundas diferencias estrat\u00e9gicas entre ellos. Esto es, a pesar de tener profundas diferencias en c\u00f3mo ir armando la lucha pol\u00edtica dentro de esta estructuraci\u00f3n del problema, Lenin, Kautsky, Rosa Luxemburg o Trotsky compart\u00edan un paradigma, que posteriormente heredar\u00e1n otros como Gramsci.<\/p>\n<p>Hemos planteado esta g\u00e9nesis de la\u00a0<em>estrategia<\/em>\u00a0en la tradici\u00f3n marxista no con el objeto de profundizar en los fascinantes debates de la etapa cl\u00e1sica del marxismo, sino para apuntar una de las causas y efectos de lo que Daniel Bensa\u00efd llam\u00f3\u00a0<em>eclipse del debate estrat\u00e9gico<\/em>. La destrucci\u00f3n del viejo movimiento obrero sobre el que se alzaba la esperanza socialista supuso la implosi\u00f3n y atomizaci\u00f3n de esta forma de articulaci\u00f3n totalizante (formaci\u00f3n social-clase-organizaciones-toma del poder del Estado) que estructuraba el pensamiento pol\u00edtico-estrat\u00e9gico marxista. Eso no significa que el problema de la estrategia haya desaparecido, pero lo cierto es que ya no ocupa un lugar central en la teor\u00eda marxista y, al calor de la ofensiva posestructuralista, se ha dispersado en m\u00faltiples aportaciones que no han llegado a componer una nueva articulaci\u00f3n totalizante.<\/p>\n<p><strong>El desplazamiento eurocomunista<\/strong><\/p>\n<p>A finales de los a\u00f1os 70 y tras el evidente reflujo de la oleada pos-68, se producen de nuevo grandes debates estrat\u00e9gicos en el seno del movimiento socialista. Algunos autores como Ernest Mandel trataron de mantener viva la articulaci\u00f3n estrat\u00e9gica del marxismo cl\u00e1sico (con una fuerte dimensi\u00f3n internacional, como refleja su tesis de los tres sectores de la revoluci\u00f3n mundial: revoluci\u00f3n obrera y estudiantil en Occidente-revoluciones anticoloniales-revoluciones antiburocr\u00e1ticas en el Este), pero, a pesar de su fuerte influencia intelectual, siempre lo hizo desde la periferia del movimiento obrero. La respuesta de los partidos comunistas oficiales al 68 fue muy distinta a la que propon\u00eda el marxista belga.<\/p>\n<p>El eurocomunismo nace como respuesta a un\u00a0<em>impasse<\/em>\u00a0real en el que estaban instalados los partidos comunistas oficiales, fundamentalmente en Italia y Francia. Con organizaciones con decenas de miles de afiliados y un entramado social poderoso (cooperativas, sindicatos, frentes culturales), comienzan a percibir, aunque de una forma confusa, el agotamiento del paradigma de la posguerra. El 68 los hab\u00eda colocado (de nuevo) como partidos que descartaban cualquier posibilidad insurreccional o confrontaci\u00f3n sostenida en el tiempo con los sistemas pol\u00edticos surgidos despu\u00e9s de la II Guerra Mundial. Llegados a ese punto, atrapados entre los nuevos y din\u00e1micos sectores neorrevolucionarios y su propia inercia inmovilista, el eurocomunismo aparece como una nueva estrategia heredera del viejo frentepopulismo, capaz de desatascar la situaci\u00f3n en la que se encuentran los grandes partidos comunistas.<\/p>\n<p>Aunque el eurocomunismo se present\u00f3 como un\u00a0<em>nuevo paradigma estrat\u00e9gico<\/em>, m\u00e1s bien sintetizaba las pr\u00e1cticas ya efectivas de los partidos, como trat\u00f3 de hacer Bernstein en el SPD alem\u00e1n. Es decir: fidelidad fetichista al r\u00e9gimen constitucional, reconocimiento de la v\u00eda electoral como \u00fanica v\u00eda posible para conquistar el poder, lealtad a los consensos de Estado, b\u00fasqueda de alianzas con los partidos capitalistas para llegar al gobierno y, sobre todo, una pol\u00edtica profundamente moderada en el terreno de la transformaci\u00f3n econ\u00f3mica. En la pr\u00e1ctica, el eurocomunismo signific\u00f3 la socialdemocratizaci\u00f3n de los grandes partidos surgidos de la ola revolucionaria de Octubre en Occidente. El final es bien conocido. El PCI acab\u00f3 disuelto y transformado en ese engendro amorfo llamado Partido Democr\u00e1tico, aplastado por la ca\u00edda del muro y la frustraci\u00f3n por no llegar al poder. El Partido Comunista Franc\u00e9s sali\u00f3 escaldado de la Uni\u00f3n de la Izquierda con el Partido Socialista de Fran\u00e7ois Mitterrand y se repleg\u00f3 a una vida identitaria, que lo ha convertido en un grup\u00fasculo impotente.<\/p>\n<p>El caso espa\u00f1ol me parece diferente. Para empezar, el eurocomunismo aparece en los estertores de una dictadura, un contexto completamente diferente al de las democracias consolidadas de Francia e Italia. Carrillo, como buen contrabandista, trata de utilizar los impulsos que llegan de Europa para alejar el fantasma de una posible insurrecci\u00f3n\u00a0<em>a la portuguesa<\/em>, tratando de mostrarse como un aliado firme de la Transici\u00f3n hacia un r\u00e9gimen liberal-capitalista. Por otra parte, al PCE no se le plante\u00f3 nunca el problema del gobierno, pues careci\u00f3 de la fuerza para ello, m\u00e1s all\u00e1 de las elucubraciones delirantes de su secretario general, que vio el eurocomunismo como una v\u00eda para\u00a0<em>colarse<\/em>\u00a0en un gobierno de unidad nacional.<\/p>\n<p>Lo parad\u00f3jico es que, aunque el eurocomunismo signific\u00f3 finalmente m\u00e1s un agotamiento estrat\u00e9gico que una apertura, provoc\u00f3 la aparici\u00f3n de nuevas formulaciones que trataban de retomar el debate estrat\u00e9gico. Nos referiremos a dos: la figura de Poulantzas y la recuperaci\u00f3n del pensamiento de Gramsci, con sus correspondientes variaciones.<\/p>\n<p><strong>Estado, poder y socialismo<\/strong><\/p>\n<p>Nicos Poulantzas viv\u00eda en Par\u00eds y estaba vinculado al Partido Comunista del Interior Griego, de orientaci\u00f3n eurocomunista. Sin embargo, Poulantzas desarrolla una serie de planteamientos originales que le llevan a proponer una variante de izquierdas del eurocomunismo que ha tenido gran influencia en los debates estrat\u00e9gicos posteriores. En concreto, la idea fuerza de Poulantzas es que el Estado capitalista (que no burgu\u00e9s, pues su funci\u00f3n es la de un aparato sist\u00e9mico del capital, herencia del estructuralismo) es una relaci\u00f3n, es decir, una estructura que condensa las relaciones de fuerza entre las clases. Por lo tanto, el Estado no es una ciudadela a asaltar desde fuera; es un nodo de relaciones que puede transformarse llevando la lucha de clases a su interior.<\/p>\n<p>El debate en torno al Estado fue central durante la d\u00e9cada de los 70 (el debate alem\u00e1n sobre la derivaci\u00f3n del Estado, los trabajos de Ralph Miliband\u2026), pero la fuerza de Poulantzas radicaba en sugerir estrategias de transici\u00f3n que se correlacionaban con su an\u00e1lisis. Poulantzas (1979) propon\u00eda una estrategia de\u00a0<em>doble poder a largo plazo<\/em>. Es decir, asum\u00eda que la ruptura ser\u00eda un proceso largo, farragoso, incluso no revolucionario:<\/p>\n<p>\u201cEstaremos entonces en una situaci\u00f3n caracterizada por una crisis de Estado, pero no ser\u00e1 una crisis revolucionaria; una izquierda en el poder, con un programa mucho m\u00e1s radical que el que haya habido nunca en Italia; comprometida a aplicarlo, lo que es muy fastidioso para algunos de sus componentes; una izquierda que aborda ya un proceso de democratizaci\u00f3n del Estado, confrontada con una enorme movilizaci\u00f3n popular que crea formas de democracia directa de base\u2026\u201d\u00a0<strong>1\/<\/strong>.<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis no deja de ser sugerente y \u00fatil para pensar la transici\u00f3n socialista en una democracia liberal. Sin embargo, las tesis de Poulantzas tienen un reverso que no se puede obviar. Con sus planteamientos se consolida, por as\u00ed decirlo, el desplazamiento de la clase al Estado como sujeto protagonista de la transformaci\u00f3n socialista. Su insistencia en utilizar los aparatos del Estado como palanca, unida a su an\u00e1lisis de la composici\u00f3n de clase (restrictivo a la hora de delimitar el proletariado, amplio a la hora de definir las clases medias, v\u00e9ase la cr\u00edtica de Michael Lowy en\u00a0<em>Para una sociolog\u00eda de los intelectuales revolucionarios<\/em>) tendi\u00f3 a reforzar la idea de que ya no era necesario poner el foco primario en c\u00f3mo organizar a la clase, sino en c\u00f3mo iniciar la transformaci\u00f3n desde el Estado. Las r\u00e9plicas que gener\u00f3 y el campo de discusi\u00f3n que abri\u00f3 (v\u00e9ase Laclau, Miliband) ya estaban determinadas por ese desplazamiento.<\/p>\n<p><strong>La marea gramsciana<\/strong><\/p>\n<p>Si hay un autor recuperado en las \u00faltimas d\u00e9cadas para debatir de estrategia socialista es Antonio Gramsci. Gramsci fue una figura h\u00edbrida, de transici\u00f3n, y quiz\u00e1s esa es una de las razones por las que despierta tanta fascinaci\u00f3n. Podr\u00eda considerarse el \u00faltimo marxista cl\u00e1sico y el primer marxista occidental.<\/p>\n<p>Es pr\u00e1cticamente imposible enunciar (y menos en un art\u00edculo como este) toda la literatura gramsciana que se produce a partir de los 70. Lo interesante desde nuestro punto de vista es que Gramsci (2007) es capaz de generar un aparato conceptual protocom\u00fan en torno a la estrategia.\u00a0<em>Guerra de posiciones, guerra de maniobras, bloque hist\u00f3rico, centro de anudamiento\u2026<\/em>\u00a0En Gramsci se encuentran una serie de conceptos (esbozados de forma antin\u00f3mica, como explica Perry Anderson (2018) que permiten generar la sensaci\u00f3n de que hay un camino para volver a reunificar el lenguaje estrat\u00e9gico marxista.<\/p>\n<p>Sin duda, el concepto de\u00a0<em>hegemon\u00eda<\/em>\u00a0es el que m\u00e1s \u00e9xito ha tenido. En Gramsci,\u00a0<em>hegemon\u00eda<\/em>\u00a0tiene dos posibles acepciones. Por una parte, trata de pensar el\u00a0<em>modo de gobierno<\/em>\u00a0de las clases capitalistas. No es casualidad que emplee los conceptos\u00a0<em>clase dominante<\/em>\u00a0y\u00a0<em>clases subalternas<\/em>. No trata de sustituir la concepci\u00f3n de la clase como\u00a0<em>posici\u00f3n en las relaciones de producci\u00f3n<\/em>, sino de apuntar a la forma pol\u00edtica de dominaci\u00f3n a trav\u00e9s de la cual se reproduce el capital, que no es otra que una forma de dominaci\u00f3n en la cual el consenso se articula con la coerci\u00f3n, pero integrando en la din\u00e1mica social del poder a los que no lo tienen. Por otra parte, Gramsci retoma la tradici\u00f3n leninista y emplea el concepto de\u00a0<em>hegemon\u00eda\u00a0<\/em>como equivalente a\u00a0<em>direcci\u00f3n pol\u00edtica<\/em>. As\u00ed articula no solo una teor\u00eda del poder, sino una propuesta de articulaci\u00f3n estrat\u00e9gica a varios niveles, que incluye un\u00a0<em>pr\u00edncipe<\/em>\u00a0(partido), la capacidad de una clase de nuclear con una pol\u00edtica de alianzas a diferentes sectores sociales\u2026<\/p>\n<p>Las derivaciones gramscianas, con algunas excepciones (v\u00e9ase Laclau\/Mouffe, Stuart Hall o Peter Thomas), han tendido a centrarse en la primera acepci\u00f3n de\u00a0<em>hegemon\u00eda<\/em>, obviando la segunda. Es decir, ha existido un claro sesgo, una tendencia, a asumir al Gramsci\u00a0<em>marxista occidental<\/em>\u00a0(cr\u00edtico de la dominaci\u00f3n) y a ignorar al Gramsci\u00a0<em>marxista cl\u00e1sico<\/em>\u00a0(te\u00f3rico y estratega comunista). Una tendencia que, sin embargo, se ha comenzado a revertir en los \u00faltimos a\u00f1os a ra\u00edz de los debates latinoamericanos o en torno a la experiencia de Podemos. Los usos de Gramsci, sin duda, son un buen ejemplo de c\u00f3mo la presencia de la autoactividad de las masas en pol\u00edtica determina la construcci\u00f3n de la teor\u00eda pol\u00edtica (Anderson, 2016).<\/p>\n<p><strong>Bensa\u00efd o la conservaci\u00f3n de la estrategia<\/strong><\/p>\n<p>Tras el fin de la URSS, la estrategia socialista pas\u00f3 de la crisis al colapso. El marxismo autonomista, en un ejercicio que trataba de convertir la necesidad en virtud, se lanz\u00f3 a la teorizaci\u00f3n de\u00a0<em>cambiar el mundo sin tomar el poder<\/em>\u00a0(Holloway) o en planes de fuga frente a un capitalismo desterritorializado (Negri). Otros, como Mario Tronti, prefirieron asumir la derrota y reflexionar en torno a ella sin proponer m\u00e1s que salvaguardar los restos de la ciudadela derrumbada.<\/p>\n<p>El papel de Bensa\u00efd es relevante en cuanto que representa una actitud\u00a0<em>marrana<\/em>\u00a0frente al colapso del socialismo. Frente a la desesperaci\u00f3n, propone una\u00a0<em>lenta impaciencia<\/em>. Frente al repliegue a las esencias o al abandono de la tradici\u00f3n, propone el ejercicio de conectar la tradici\u00f3n cl\u00e1sica con las problem\u00e1ticas posmodernas. La importancia de Bensa\u00efd (2009, 2018) se aprecia en su capacidad de di\u00e1logo y fusi\u00f3n entre el nuevo pensamiento cr\u00edtico (Derrida, Deleuze), el marxismo olvidado, c\u00e1lido y her\u00e9tico (Bloch, Benjamin) y el paradigma estrat\u00e9gico del marxismo cl\u00e1sico. Discutiendo sin concesiones, pero desde la apertura dial\u00f3gica, con las propuestas estrat\u00e9gicas como el neoproudhonismo del marxismo autonomista o el posmo-marxismo policlasista de Laclau\/Mouffe, ha permitido la\u00a0<em>supervivencia orgullosa<\/em>\u00a0de la pol\u00edtica marxista que se revaloriza a medida que pasa el tiempo y se constata que el colapso de la estrategia socialista est\u00e1 lejos de ser superado. Al retomar, por ejemplo, conceptos como el leninista de\u00a0<em>coyuntura<\/em>, Bensa\u00efd nos permite pensar la pol\u00edtica como algo m\u00e1s que la espera, como preparaci\u00f3n estrat\u00e9gica.<\/p>\n<p>Sin embargo, Bensa\u00efd era perfectamente consciente de que sus escritos y sus textos ten\u00edan, antes que nada, la labor de conservaci\u00f3n de un legado y ciertas claves para el futuro, pero no la resoluci\u00f3n y la reconstrucci\u00f3n de una nueva estrategia revolucionaria. Sus ensayos pr\u00e1cticos fueron sin duda importantes (por ejemplo, su papel como animador y dirigente del NPA), pero insuficientes como para rehacer el paradigma estrat\u00e9gico marxista roto por d\u00e9cadas de derrota y reflujo. Siempre nos quedar\u00e1 la duda de qu\u00e9 hubiese pasado si Bensa\u00efd hubiera podido actualizar su\u00a0<em>estrategia<\/em>\u00a0al calor del ciclo global de luchas que se abre a partir de la crisis capitalista de 2008.<\/p>\n<p><strong>El viejo camino hacia lo nuevo<\/strong><\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os ha habido cierta reapertura de lo estrat\u00e9gico. Sin duda, el principal laboratorio ha estado en Am\u00e9rica Latina, con un fuerte auge y declive de las tesis populistas. Otros fen\u00f3menos socialistas han decidido mirar m\u00e1s hacia los debates cl\u00e1sicos, como por ejemplo la exitosa revista\u00a0<em>Jacobin<\/em>, en la cual se han rescatado muchas de las discusiones de la II Internacional. En Europa, el hito clave ha sido la experiencia griega en torno a Syriza. Por primera vez en Europa, un partido a la izquierda de la socialdemocracia acced\u00eda al gobierno por la v\u00eda electoral. Con un programa fuertemente reformista, pero con la presencia de corrientes anticapitalistas en su interior, con un apoyo popular producto de un duro ciclo de luchas, la experiencia de Syriza ha prefigurado un modelo de c\u00f3mo alcanzar el poder (curiosamente, lo que menos se ha trabajado desde un punto de vista te\u00f3rico durante los \u00faltimos 30 a\u00f1os) y un aut\u00e9ntico fracaso en c\u00f3mo gestionarlo (el problema del Estado, de la transici\u00f3n\u2026, quiz\u00e1s el campo que m\u00e1s se ha trabajado desde la izquierda).<\/p>\n<p>Creo que la propuesta m\u00e1s sugerente para rehacer la estrategia revolucionaria pasa por actualizar la articulaci\u00f3n totalizante del marxismo cl\u00e1sico (formaci\u00f3n social-clase-organizaciones-toma del poder del Estado) bajo las actuales condiciones. Un marxismo posmoderno que no ser\u00eda ni mucho menos la aceptaci\u00f3n del fin de la gran estrategia que ha propuesto el posestructuralismo, sino que, m\u00e1s bien, podr\u00eda resumirse en este horizonte de Lyotard que plantea Jameson (2002):<\/p>\n<p>\u201cJean-Francois Lyotard propone que su propio compromiso vital con lo nuevo y lo emergente, con una producci\u00f3n cultural contempor\u00e1nea o poscontempor\u00e1nea hoy ampliamente caracterizada como\u00a0<em>posmoderna<\/em>, se comprenda como parte integrante de una reafirmaci\u00f3n de los aut\u00e9nticos altos modernismos anteriores, en una vena muy similar a la de Adorno. El ingenioso giro o viraje de su propuesta implica la proposici\u00f3n de que algo llamado posmodernismo no sigue al alto modernismo propiamente dicho, como su producto residual, sino que, antes bien, precisamente lo precede y lo prepara, de modo que los posmodernismos contempor\u00e1neos que nos rodean pueden verse como la promesa del retorno y la reinvenci\u00f3n, la reaparici\u00f3n triunfante, de alg\u00fan nuevo alto modernismo dotado de su antiguo poder y nueva vida\u201d.<\/p>\n<p><em>Brais Fern\u00e1ndez<\/em>\u00a0es miembro de la redacci\u00f3n de\u00a0<em><strong>viento<\/strong><\/em><strong>\u00a0sur<\/strong>\u00a0y militante de Anticapitalistas<\/p>\n<p><strong>Notas:<\/strong><\/p>\n<p><strong>1\/<\/strong>\u00a0Hay algo curioso en este planteamiento: recuerda al de Stalin, Zinoviev y Kamenev en 1917, cuando consideraban que la forma democr\u00e1tico-revolucionaria pasaba por una convivencia entre el parlamento representativo y los s\u00f3viets, que jugar\u00edan el papel de fiscalizador y dinamizador de esa constituci\u00f3n del orden pol\u00edtico. Lenin combati\u00f3 con dureza esa posici\u00f3n y termin\u00f3 imponi\u00e9ndose la idea de que el doble poder era temporal.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Anderson, Perry (2012 [1976])\u00a0<em>Consideraciones sobre el marxismo occidental<\/em>. Madrid: Siglo XXI.<\/p>\n<p>(2016) \u201cLos herederos de Gramsci\u201d,\u00a0<em>New Left Review<\/em>, num. 100, pp. 79-110.<\/p>\n<p>(2018)\u00a0<em>Las antinomias de Antonio Gramsci<\/em>. Madrid: Akal.<\/p>\n<p>Bensa\u00efd, Daniel (2009)\u00a0<em>Elogio de la pol\u00edtica profana<\/em>. Barcelona: Pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>(2018)\u00a0<em>Una lenta impaciencia<\/em>. Barcelona: Sylone y viento sur.<\/p>\n<p>Elliot, Gregory (2004)\u00a0<em>Perry Anderson. El laboratorio implacable de la historia<\/em>. Val\u00e8ncia: PUV.<\/p>\n<p>Gramsci, Antonio (2007)\u00a0<em>Antolog\u00eda<\/em>. Madrid: Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p>Jameson, Fredric (2016)\u00a0<em>Marxismo y Forma<\/em>. Madrid: Akal.<\/p>\n<p>(2002)\u00a0<em>El giro cultural<\/em>. Buenos Aires: Manantial.<\/p>\n<p>Poulantzas, Nicos (1979)\u00a0<em>Estado, poder y socialismo<\/em>. Madrid: Siglo XXI<\/p>\n<p>vientosur.info\/spip.php?article15063<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Brais Fern\u00e1ndez (Kaosenlared, 16-9-19) &nbsp; \u201cUna acertada teor\u00eda revolucionaria solo se forma de manera definitiva en estrecha conexi\u00f3n con la experiencia pr\u00e1ctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario\u201d (Lenin). En 1976, Perry Anderson publicaba su ya m\u00edtico\u00a0Consideraciones sobre el marxismo occidental. 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