{"id":36721,"date":"2019-11-02T10:46:56","date_gmt":"2019-11-02T14:46:56","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=36721"},"modified":"2019-11-02T10:46:56","modified_gmt":"2019-11-02T14:46:56","slug":"destellos-de-antagonismo-en-america-latina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2019\/11\/02\/destellos-de-antagonismo-en-america-latina\/","title":{"rendered":"Destellos de antagonismo en Am\u00e9rica Latina"},"content":{"rendered":"<p>Massimo Modonesi (Rebelion, 2-11-19)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hay que festejar la renovada emergencia antagonista que hace frente a la derechizaci\u00f3n en Ecuador y en Chile y parece cubrir el vac\u00edo dejado por el progresismo. En este sentido, la irrupci\u00f3n de las protestas multitudinarias parece corresponder a la l\u00f3gica de un momento especifico de la estructura y las relaciones de poder: contra las derechas emergentes, m\u00e1s all\u00e1 o m\u00e1s ac\u00e1 del progresismo desgastado y derechizado. Por lo tanto, visto que se trata de un escenario difuso, a\u00fan con sus diferencias nacionales, no hay que excluir que aparezcan fen\u00f3menos similares en otros pa\u00edses y que, una vez m\u00e1s, se d\u00e9 cierto grado de sincron\u00eda latinoamericana en los procesos pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Podemos constatar que, si la variable son los colores de los gobiernos, la constante, aunque se manifieste de forma intermitente, sigue siendo la capacidad de lucha e insubordinaci\u00f3n de las clases subalternas latinoamericanas.<\/p>\n<p>En efecto, si bien las revoluciones pasivas progresistas cayeron por derecha, no han estado ausentes, en particular en los a\u00f1os posteriores al 2013, movilizaciones populares de tinte antineoliberal. En este sentido, el antagonismo no solo ha estado latente, sino que se ha manifestado, aunque sea de forma espor\u00e1dica e inorg\u00e1nico -para usar adjetivos gramscianos. La capacidad de irrupci\u00f3n que siguen conservando y utilizando las clases subalternas, se presenta bajo algunos formatos que ameritan ser brevemente registrados a la luz del impactante retorno en escena de esta modalidad disruptiva de la pol\u00edtica latinoamericana.<\/p>\n<p>A nivel temporal, se configuran como episodios que rompen y rebasan las rutinas de la conflictualidad ordinaria y cotidiana, de la cual, al mismo tiempo, se nutren. La intensa brevedad del antagonismo concentrado en estas irrupciones tiene su l\u00edmite y su prueba de fuego no tanto en la duraci\u00f3n sino en el impacto y la capacidad de modificaci\u00f3n de la correlaci\u00f3n de fuerzas. Al mismo tiempo, a nivel espacial, es decir de amplitud social, las irrupciones se montan sobre las pr\u00e1cticas y la acumulaci\u00f3n de experiencias y la formaci\u00f3n de tejidos sociales y comunitarios, pero se vuelven multitudinarias en la medida en que se ampl\u00edan a sectores no organizados, cuya politizaci\u00f3n y capacidad de movilizaci\u00f3n puede ser preexistente y latente o generarse al calor del conflicto. En todo caso, la activaci\u00f3n de franjas no organizadas de las clases subalternas confiere el car\u00e1cter masivo y le permite un impacto.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, ambas dimensiones de este formato antagonista que se expande y contrae han sido identificadas como problem\u00e1ticas en tanto que, en el reflujo de la marea, la evaluaci\u00f3n de los saldos es objeto de distintas interpretaciones. Se\u00f1alo dos de ellas, que configuran la antinomia de la pol\u00edtica latinoamericana de las \u00faltimas d\u00e9cadas: la autonomista y la hegemonista. En extrema s\u00edntesis, La autonomista enaltece la capacidad de lucha y de organizaci\u00f3n desde abajo y, por lo tanto, atribuye un valor absoluto a todo tipo de manifestaci\u00f3n de conflictualidad que sea expresi\u00f3n y que refuerce las capacidades y las reservas de politizaci\u00f3n, organizaci\u00f3n y autodeterminaci\u00f3n, poniendo en segundo plano o inclusive desconfiando radicalmente del saldo en t\u00e9rminos de modificaci\u00f3n de los equilibrios en el sistema pol\u00edtico partidario o institucional. La hegemonista, por el contrario, valora este tipo de manifestaciones solo en tanto sacuden equilibrios est\u00e1ticos y permiten dilatar la influencia y la capacidad de articulaci\u00f3n de un polo o una fuerza pol\u00edtica que intervenga en la disputa por el poder estatal, que sea en forma directa o delegada, es decir expresi\u00f3n de los movimientos y los sectores populares o solo en nombre de ellos. Bajo estos prismas, el fin del ciclo progresista y el retorno del formato del antagonismo de irrupci\u00f3n vuelve a colocar,\u00a0<i>mutatis mutandi<\/i>, cuestiones que fueron surcando los debates a partir del inicio del milenio. Valorar los movimientos en su espontaneidad relativa y su efecto simb\u00f3lico y experiencial de organizaci\u00f3n desde abajo y\/o lamentar su incapacidad de mantenerse en el centro del escenario y de producir resultados contundentes y tendencialmente irreversibles antes de refluir en la normalizaci\u00f3n sist\u00e9mica. Posturas que no son antit\u00e9ticas en sentido estricto, pero configuran \u00e9nfasis que dislocaron posturas que tienden a enfrentarse. El valor coyuntural de la irrupci\u00f3n se tradujo y sigue traduci\u00e9ndose en distintos lenguajes pol\u00edticos y se proyecta de maneras a veces contrastantes en la mediana duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La distancia entre una y otra perspectiva se achica cuando las derechas est\u00e1n en el gobierno y se ensanchan cuando partidos o movimientos progresistas lo ocupan o est\u00e1n en condici\u00f3n de hacerlo. En este sentido, un dato hist\u00f3rico y pol\u00edtico ha cambiado respecto a los a\u00f1os 90 y principio del 2000 ya que el fin del momento progresista, salvo \u2013por el momento- el caso mexicano, arroja la existencia desgastada o la simple sobrevivencia de las fuerzas que fueron protagonistas del ciclo gubernamental. Cabe entonces preguntarse qu\u00e9 tanto \u00e9stos son percibidos o pueden presentarse como alternativos a las derechas o a s\u00ed mismos, es decir capaces de superar sus l\u00edmites y contradicciones o, m\u00e1s sencillamente, ser aceptados como mal menor frente a derechas manifiestamente reaccionarias e incapaces de instituir una din\u00e1mica hegem\u00f3nica, como ha sido el caso en Argentina en las recientes elecciones. Qu\u00e9 tanto, en estas condiciones, en medio de una derechizaci\u00f3n epocal y cultural, desde las clases subalternas latinoamericanas, pueden constituirse, sostenerse y expandirse din\u00e1micas que, si bien no desde\u00f1en el impacto en el plano institucional, se sostengan principal y fundamentalmente en una labor de construcci\u00f3n de contrapoderes, de un recurso de mayor duraci\u00f3n y consistencia.<\/p>\n<p>Lo que podemos registrar, una vez m\u00e1s, es que la conflictualidad latinoamericana puede volverse incandescente y, a esta temperatura, hasta los metales m\u00e1s duros se vuelven moldeables y, como ocurri\u00f3 en los a\u00f1os 90 y a inicio del siglo XXI, pueden forjarse experiencias y escenarios inesperados. Nada lo garantiza, pero, una vez m\u00e1s, nadie se lo esperaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Massimo Modonesi (Rebelion, 2-11-19) &nbsp; Hay que festejar la renovada emergencia antagonista que hace frente a la derechizaci\u00f3n en Ecuador y en Chile y parece cubrir el vac\u00edo dejado por el progresismo. 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