{"id":39420,"date":"2020-03-24T13:21:04","date_gmt":"2020-03-24T17:21:04","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=39420"},"modified":"2020-03-24T13:21:04","modified_gmt":"2020-03-24T17:21:04","slug":"estamos-en-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2020\/03\/24\/estamos-en-guerra\/","title":{"rendered":"\u00bfEstamos en guerra?"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Santiago Alba Rico\/ Yayo Herrero (Sin Permiso, 24-3-20)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No es una guerra, es una cat\u00e1strofe. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos a\u00fan est\u00e1n por hacer. La cat\u00e1strofe es una oportunidad para \u2018fabricarlos\u2019.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"cols\">\n<p>Se ha impuesto con inquietante espontaneidad la met\u00e1fora de la \u201cguerra\u201d como imagen y justificaci\u00f3n de las radicales medidas tomadas contra el virus. Conte en Italia, Macron en Francia, S\u00e1nchez e Iglesias en Espa\u00f1a han declarado la \u201cguerra\u201d al virus o han hablado sin cesar de una \u201csituaci\u00f3n de guerra\u201d. En nuestro pa\u00eds, al mismo tiempo que se desplegaba el Ej\u00e9rcito en algunas ciudades, hemos visto al portavoz de Sanidad, Fernando Sim\u00f3n, escoltado en las ruedas de prensa por el JEMAD general Villarroya, cuyas intervenciones, por su parte, adoptan muchas veces el tono de una arenga de trinchera: habla de una \u201ccontienda b\u00e9lica\u201d y de una \u201cguerra irregular\u201d en la que todos \u201csomos soldados\u201d, invocando una \u201cmoral de combate\u201d y reivindicando los \u201cvalores militares\u201d para afrontar la amenaza colectiva.<\/p>\n<p>Dig\u00e1moslo con toda claridad: lo que estamos viviendo no es una guerra, es una cat\u00e1strofe. En una cat\u00e1strofe puede ser necesario movilizar todos los recursos disponibles para proteger a la sociedad civil, incluidos los equipos y la experiencia del Ej\u00e9rcito, pero el hecho de que una cat\u00e1strofe exija tomar medidas de excepci\u00f3n, no autoriza sin peligro a emplear una met\u00e1fora que, como todas las met\u00e1foras, transforma la sensibilidad de los oyentes y moldea la recepci\u00f3n misma de los mensajes. Llamar a las cosas por otro nombre, si no estamos haciendo poes\u00eda, si estamos hablando adem\u00e1s de cuidar, curar, repartir y proteger, puede resultar una p\u00e9sima pol\u00edtica sanitaria; una p\u00e9sima pol\u00edtica. Ahora que estamos afrontando la realidad \u2013frente al mundo de ilimitada fantas\u00eda en que hab\u00edamos vivido en Europa las \u00faltimas d\u00e9cadas\u2013 no deber\u00edamos deformarla con tropos extra\u00eddos del peor legado de nuestra tradici\u00f3n occidental. Como marco de apelaci\u00f3n, interpretaci\u00f3n y decisi\u00f3n, la met\u00e1fora de la guerra \u2013salvo que la utilicen los m\u00e9dicos y los sanitarios abrumados por las muertes que no pueden evitar\u2013 nos debe suscitar una enorme preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Guerra, \u00bfcontra qui\u00e9n? \u00bfQui\u00e9n es el enemigo? En cuanto pronunciamos la palabra \u201cguerra\u201d comparece ante nuestros ojos un humano negativo que merece ser eliminado. Con esta met\u00e1fora de la guerra, en efecto, ocurre algo parad\u00f3jico: se humaniza al virus, que adquiere de pronto personalidad y voluntad. Se le otorga agencia e intenci\u00f3n y se deshumaniza y criminaliza a sus portadores, que en realidad son las v\u00edctimas<sup>1<\/sup>. El enemigo de este desaf\u00edo sanitario, si se quiere, est\u00e1 potencialmente dentro de uno mismo, lo que excluye de entrada su transformaci\u00f3n en objeto de persecuci\u00f3n o agresi\u00f3n b\u00e9lica.<\/p>\n<p>Por eso, esta resbaladiza idea de \u201cguerra\u201d da raz\u00f3n sin querer a los que, llevados de un p\u00e1nico medieval, acaban convirtiendo en enemigos a los portadores del virus, olvid\u00e1ndose de que ellos mismos \u2013al menos potencialmente\u2013 tambi\u00e9n lo son. S\u00f3lo se puede hacer la guerra entre humanos y a otros humanos y, si hay que \u201cguerrear\u201d contra el virus, acabaremos haciendo la guerra contra los cuerpos que lo portan o, lo que es lo mismo, contra la propia humanidad que queremos b\u00e9licamente\u00a0 proteger. En estado de \u201ccat\u00e1strofe\u201d es sin duda muy necesario \u201creprimir\u201d severamente, como se hace con los transgresores del c\u00f3digo de circulaci\u00f3n, a quienes violan el confinamiento poni\u00e9ndose en peligro a s\u00ed mismos, a sus vecinos y al sistema sanitario en general, pero ni siquiera esos pueden ser los \u201cenemigos\u201d de una \u201ccontienda b\u00e9lica\u201d, salvo que queramos confundir, en efecto, el virus con sus potenciales portadores, y generar, adem\u00e1s, una \u201cguerra\u201d civil entre los potenciales portadores.<\/p>\n<p>\u00bfVale el discurso del enemigo para atajar el efecto de un virus? Los seres humanos somos vulnerables y fr\u00e1giles. Nuestra historia\u00a0 ha estado y est\u00e1 atravesada por la enfermedad y la exposici\u00f3n al hambre, los virus y el abandono. Hemos sobrevivido construyendo relaciones con la naturaleza y entre las personas para tratar de minimizar el riesgo y la inseguridad. El cuidado y la cautela, el apoyo mutuo, la cooperaci\u00f3n, la sanidad y educaci\u00f3n p\u00fablica, las cajas de resistencia, el reparto de la riqueza han sido los inventos que han ido poniendo las sociedades en marcha \u2013de forma marcadamente desigual e injusta en ocasiones\u2013 para asumir y bregar con el inconveniente de que la vida transcurra encarnada en cuerpos que son fr\u00e1giles y vulnerables e incapaces de vivir en solitario.<\/p>\n<p>Un virus no es un enemigo consciente y malvado, es un riesgo inherente a la propia vida. Lo terrible es construir sociedades ajenas e ignorantes de que los virus, la enfermedad, la mala cosecha o la tempestad existen. Construir econom\u00edas y pol\u00edticas sobre la fantas\u00eda del ser humano, como un ser sin cuerpo y sin anclaje en la tierra que le sustenta es lo que genera una guerra contra la vida,\u00a0 contra los ciclos, contra los l\u00edmites, los v\u00ednculos y las relaciones. En los momentos de bonanza se esconden e invisibilizan, rest\u00e1ndoles valor y despreciando, precisamente las tareas, oficios y tiempos de cuidado que solo se hacen visibles en las cat\u00e1strofes y en las guerras.<\/p>\n<p>La guerra, violencia armada, es precisamente la negaci\u00f3n del cuidado, masculinidad errada, justificaci\u00f3n del sacrificio de vidas humanas en aras de una causa superior. Ahora bien, no debemos olvidar que aqu\u00ed la \u201ccausa superior\u201d es precisamente la salvaci\u00f3n de todas y cada una de las vidas humanas en peligro. No se trata de dar virilmente la vida por la causa gritando viva la muerte, sino que la causa es el mantenimiento de la propia vida. No existir\u00e1 una victoria final que depender\u00e1 de la disciplina y de la conversi\u00f3n en soldados, como se\u00f1alaba en su comparecencia el General Villarroya. El sacrificio al que se apela, tanto en la cat\u00e1strofe como en la retaguardia de cualquier guerra, no es m\u00e1s que la intensificaci\u00f3n de la l\u00f3gica del cuidado, de la precauci\u00f3n, del sostenimiento cotidiano e intencional de la vida en tiempos de cat\u00e1strofe, que son los mismos esfuerzos que hay que hacer para sostenerla cotidianamente.<\/p>\n<p>En toda guerra, dec\u00eda Simone Weil, la humanidad se divide entre los que tienen armas y los que no tienen armas, y estos \u00faltimos est\u00e1n siempre completamente desprotegidos, con independencia del bando o la bandera. En el estado de cat\u00e1strofe actual, los espa\u00f1oles, todos potencialmente v\u00edctimas del virus, se dividen, en cambio, entre los que no pueden hacer confinamiento y los que s\u00ed pueden hacer confinamiento o, si se prefiere, entre los que se exponen m\u00e1s o se exponen menos al virus. Los que se exponen m\u00e1s al virus \u2013el personal m\u00e9dico, los transportistas, las cajeras de supermercado, las limpiadoras y cuidadoras, etc.\u2013 ni tienen armas ni se pelean entre s\u00ed con el prop\u00f3sito de proteger a los \u201csuyos\u201d. Al contrario de lo que ocurre en las guerras, este \u201canti-ej\u00e9rcito desarmado\u201d \u2013provisto solo de microscopios, term\u00f3metros, bayetas, manos y sentido del deber\u2013 ni se hace la guerra ni se la hace a los que est\u00e1n encerrados en sus casas, menos expuestos y completamente desarmados. Es, como dice Leila Nachawati, exactamente lo contrario: se exponen para protegernos a todos, a sabiendas de que de esa forma tambi\u00e9n se protegen a s\u00ed mismos y al orden civilizado del que dependen y que depende de ellos. Por eso debemos admirarlos y apoyarlos; y por eso es una irresponsabilidad inmoral y suicida incumplir la normativa sanitaria. Pero si hay una situaci\u00f3n distante de la guerra \u2013en su temperatura \u00e9tica, anti-identitaria y \u201cuniversal\u201d\u2013 es precisamente la cat\u00e1strofe que estamos viviendo. En todo caso, lo que opera en contra de la \u201ccausa superior\u201d \u2013la salvaci\u00f3n de todas y cada una de las vidas humanas en peligro\u2013 son las medidas econ\u00f3micas tomadas en la \u00faltima d\u00e9cada y las pol\u00edticas que ahora es necesario corregir a toda prisa para proteger a los socialmente vulnerables. En este sentido, y all\u00ed donde la responsabilidad individual y la institucional, donde lo com\u00fan y lo p\u00fablico, se cruzan, nuestros pol\u00edticos y nuestras \u00e9lites econ\u00f3micas son m\u00e1s responsables \u2013pues conjugan ambas condiciones\u2013 que los ciudadanos privados.<\/p>\n<p>No es una guerra, es una cat\u00e1strofe. Es verdad que para dos generaciones de europeos (en otros sitios la verdadera guerra es su normalidad cotidiana) esta paliza de realidad es lo m\u00e1s parecido a un conflicto b\u00e9lico que hemos vivido. Pero la crisis del coronavirus es en sustancia lo contrario de una guerra. Que sea \u201clo contrario\u201d de la guerra tambi\u00e9n merece un an\u00e1lisis en profundidad. Lo real no se nos ha presentado como mala voluntad o identidad belicosa sino como contingencia impersonal adversa en un contexto capitalista que (aqu\u00ed s\u00ed est\u00e1 justificada la met\u00e1fora) lleva a\u00f1os haciendo la guerra a la naturaleza, los cuerpos y las cosas. Es la \u201cimpersonalidad\u201d no b\u00e9lica de la cat\u00e1strofe capitalista la que hay que revertir y transformar: por eso es tan importante esta convergencia tr\u00e1gica de responsabilidad individual e institucional que nos muestra ahora la importancia de los cuidados personales y colectivos. El fin del capitalismo puede estar acompa\u00f1ado de guerras pero no ser\u00e1 una guerra: su anticipo y su met\u00e1fora, como colof\u00f3n de su din\u00e1mica interna de ilimitaci\u00f3n incivilizada, es este \u201cvirus\u201d sin cara y replicante que aparecer\u00e1 una y otra vez, y cada vez m\u00e1s, en forma de \u201ccat\u00e1strofe\u201d. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos a\u00fan est\u00e1n por hacer. La cat\u00e1strofe es una oportunidad para fabricarlos.<\/p>\n<p>No es una guerra, es una cat\u00e1strofe. La imagen del ej\u00e9rcito en la calle \u2013y hasta la de un general en una rueda de prensa\u2013 puede estar justificada pero tambi\u00e9n inquieta, pol\u00edtica y antropol\u00f3gicamente. Para que dejen de inquietar \u2013y hasta nos alegremos de su presencia, si es que es realmente necesaria\u2013 ser\u00eda indispensable que nuestros pol\u00edticos (todos hombres, por cierto) dejen de inscribir su intervenci\u00f3n en el marco de una \u201cguerra\u201d, de una \u201ccontienda b\u00e9lica\u201d, de una recuperaci\u00f3n de los \u201cvalores militares\u201d. S\u00f3lo los m\u00e9dicos pueden hablar de \u201cguerra\u201d y, en cuanto al esp\u00edritu de \u201csacrificio\u201d, citado por el general Villarroya, quiz\u00e1s deber\u00edan ser las \u201cmadres\u201d, y no los militares, las que nos diesen lecciones. Un amigo muy inteligente nos dice que necesitamos ejemplos movilizadores y \u00e9pica salv\u00edfica. Es verdad. Pero esto no es una guerra, es una cat\u00e1strofe. Bastante duro es afrontar una \u201ccat\u00e1strofe\u201d como para que, adem\u00e1s de temer al virus, acabemos temiendo a nuestras co-v\u00edctimas y a los que est\u00e1n intentando protegernos. Los ejemplos ya los tenemos y son tan banales como los de la maldad arendtiana a la que se oponen; y la \u00e9pica tambi\u00e9n existe y es igualmente de andar por casa: la de ese hombre o mujer que, en el balc\u00f3n de enfrente, a cuatro metros de distancia, descubre de pronto en su odioso vecino (al que hasta ayer estrechaba la mano con indiferencia o desagrado) una existencia af\u00edn y casi amiga a la que no puede abrazar. No deja de ser hermosamente paradigm\u00e1tico que sea en una situaci\u00f3n de aislamiento social impuesta, cuando los besos y los abrazo se proscriben, cuando de repente conocemos los nombres de quienes viven en nuestro bloque, nos preocupamos de si tienen alimento o necesitan medicinas.<\/p>\n<p>Esto no es una guerra, es una cat\u00e1strofe. Al contrario que en una guerra, no hay ninguna causa superior que la salvaci\u00f3n de todas y cada una de las vidas humanas. Venceremos s\u00f3lo si no hay v\u00edctimas humanas. O son las menos posibles.<\/p>\n<p>Venceremos quiz\u00e1s esta vez. Pero habr\u00e1 que prepararse para la siguiente y esta sacudida que reordena las prioridades puede ser un entrenamiento crucial.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santiago Alba Rico\/ Yayo Herrero (Sin Permiso, 24-3-20) &nbsp; No es una guerra, es una cat\u00e1strofe. Para esta batalla no se necesitan soldados sino ciudadanos; y esos a\u00fan est\u00e1n por hacer. La cat\u00e1strofe es una oportunidad para \u2018fabricarlos\u2019. 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