{"id":39741,"date":"2020-04-11T10:05:16","date_gmt":"2020-04-11T14:05:16","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=39741"},"modified":"2020-04-11T10:05:16","modified_gmt":"2020-04-11T14:05:16","slug":"desorden-y-agonia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2020\/04\/11\/desorden-y-agonia\/","title":{"rendered":"Desorden y agon\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Higinio Polo (Rebeli\u00f3n, 11-4-20)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando Francis Fukuyama, en su libro de 1992, divulg\u00f3 la tesis del \u201cfin de la historia\u201d, consigui\u00f3 una celebridad mundial. La formulaci\u00f3n era sencilla, pero demoledora para la izquierda: ante la evidencia de la desaparici\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, pod\u00eda afirmar que el comunismo hab\u00eda fracasado y que el capitalismo surg\u00eda victorioso como el \u00fanico sistema que garantizaba la paz, la libertad y la igualdad. Sin embargo, en 2010 Fukuyama reconoci\u00f3 que no hab\u00eda comprendido el significado de la desaparici\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y del bloque socialista europeo. Fukuyama hab\u00eda cre\u00eddo en el borracho Yeltsin (el rostro del sepulturero y ladr\u00f3n que se impuso a sangre y fuego, apoyado por Occidente, con el golpe de Estado en el Mosc\u00fa de 1993) y en la capacidad del liberalismo para satisfacer las necesidades humanas y, adem\u00e1s, en 1992 olvidaba la existencia de China, ella sola la quinta parte de la humanidad, aunque sin la fortaleza que tiene hoy: en la \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX, su presupuesto militar era a\u00fan inferior al de Espa\u00f1a. Pero muchos como Fukuyama resaltaron la victoria del capitalismo: era definitiva, la historia hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>Un siglo despu\u00e9s del libro de Lenin sobre el imperialismo como \u00faltima etapa del capitalismo, la jerarqu\u00eda entre las potencias depredadoras es evidente. La historia del imperialismo muestra sus dos objetivos principales: la ocupaci\u00f3n de territorios para convertirlos en colonias y el saqueo de recursos ajenos, que dieron lugar a disputas que culminaron en la\u00a0<em>gran guerra<\/em>. Tras la Segunda Guerra Mundial, su involuntario retroceso es debido a la lucha anticolonial (que es apoyada por la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) y a la debilidad de algunas metr\u00f3polis: Gran Breta\u00f1a metaboliza que no dispone ya de la fuerza militar y de los recursos suficientes para retener su vasto imperio colonial, que abarcaba entonces desde la India hasta Birmania, Kenia, Rhodesia y el Sud\u00e1n, entre otros muchos territorios. En nuestros d\u00edas, las diecisiete colonias que reconoce la ONU est\u00e1n en manos de Estados Unidos, Gran Breta\u00f1a y Francia: son peque\u00f1os territorios como las posesiones brit\u00e1nicas en el Caribe: Anguila, Bermuda, Islas Caim\u00e1n, Islas V\u00edrgenes Brit\u00e1nicas y Monserrat, que desempe\u00f1an casi siempre una funci\u00f3n de para\u00edsos fiscales, as\u00ed como las Malvinas, Gibraltar o Santa Elena; o las de Estados Unidos, que cuenta con las Islas V\u00edrgenes, Guam y Samoa; mientras que Francia retiene Nueva Caledonia y la Polinesia Francesa, en Ocean\u00eda. En total, apenas dos millones de habitantes. Sin embargo, el imperialismo no ha desaparecido, ni mucho menos: ha cambiado su configuraci\u00f3n y sus procedimientos, hoy m\u00e1s sofisticados, que se concretan en su gigantesca capacidad para imponer ideas e informaci\u00f3n (en prensa y televisi\u00f3n, cine e internet), en el robo de datos e intercambios entre miles de millones de personas; en la imposici\u00f3n de bases militares a pa\u00edses soberanos (Estados Unidos cuenta con m\u00e1s de setecientas en todos los continentes), en la intimidaci\u00f3n militar y diplom\u00e1tica, el recurso al terrorismo de Estado, el apoyo a grupos religiosos (evang\u00e9licos como en Am\u00e9rica Latina, islamistas en Oriente Medio) para que favorezcan sus objetivos, en la creaci\u00f3n de grupos terroristas, la organizaci\u00f3n y apoyo de golpes de Estado (como en Ucrania o Thailandia), el est\u00edmulo de protestas en pa\u00edses que escapan a su control (Venezuela, Siria o el Hong Kong chino, son algunos de ellos), en el llamado\u00a0<em>lawfare<\/em>\u00a0o golpe de estado jur\u00eddico (como en Brasil), la utilizaci\u00f3n de ej\u00e9rcitos de\u00a0<em>bots<\/em>\u00a0para colaborar en golpes de Estado y campa\u00f1as de descr\u00e9dito y para influir en procesos electorales; en la imposici\u00f3n de reg\u00edmenes clientes, y en la acci\u00f3n, chantajes y expolio de sus empresas multinacionales, la acci\u00f3n punitiva y castigo a distancia, como con los bombardeos de drones, e incluso la invasi\u00f3n y ocupaci\u00f3n militar, a veces prolongada en el tiempo: Estados Unidos invadi\u00f3 Afganist\u00e1n en 2001 y contin\u00faa manteniendo soldados all\u00ed, al igual que en Iraq, ocupado por sus tropas en 2003. El derrocamiento de gobiernos molestos, las invasiones y el inicio de guerras de agresi\u00f3n son caracter\u00edsticas del viejo y tambi\u00e9n del nuevo imperialismo del siglo XXI, que adem\u00e1s cuenta con el mayor poder militar de la historia: en 2020, Estados Unidos tiene un presupuesto para sus ej\u00e9rcitos de 738.000 millones de d\u00f3lares.<\/p>\n<p>La dominaci\u00f3n colonial cambi\u00f3 tras la era analizada por Hobsbawm, que termina en la\u00a0<em>gran guerra<\/em>, y, despu\u00e9s, a causa de la emergencia del nuevo poder norteamericano que desarrolla sistem\u00e1ticamente la\u00a0<em>guerra a\u00e9rea<\/em>\u00a0y los bombardeos sobre poblaciones civiles, y de forma m\u00e1s sustancial tras los procesos de liberaci\u00f3n nacional en Asia y \u00c1frica en la larga postguerra mundial que se inicia en 1945 cuando los\u00a0<em>condenados de la tierra<\/em>\u00a0de Fanon empiezan a protagonizar la descolonizaci\u00f3n. La conquista por la fuerza de territorios dej\u00f3 de ser el objetivo principal del imperialismo norteamericano y europeo, aunque no renunciase a guerras e invasiones, y su acci\u00f3n se centr\u00f3 en apoderarse de recursos, capitales y mercados, y en la imposici\u00f3n de una cultura de ra\u00edces estadounidenses basada en el viejo y tramposo<em>\u00a0american way of life\u00a0<\/em>que glorificaba el capitalismo y empezaba a ocultar sus resortes racistas a trav\u00e9s de los mecanismos del cine, la televisi\u00f3n, la industria musical, junto con la masiva difusi\u00f3n del ingl\u00e9s, y, a finales del siglo XX, con los nuevos recursos surgidos del mundo digital y de la progresiva universalizaci\u00f3n de internet.<\/p>\n<p>La crisis del capitalismo y de su acci\u00f3n imperialista empez\u00f3 a ser evidente desde la derrota norteamericana en Vietnam, pero no era\u00a0<em>visible<\/em>, y pudo transformarse. Por eso, el hundimiento del\u00a0<em>socialismo real<\/em>\u00a0europeo (cuya causa es una mezcla de acoso exterior, incapacidad para resolver su propia crisis, retroceso ideol\u00f3gico y renuncias del Mosc\u00fa de Gorbachov, que abandon\u00f3 a sus aliados europeos y desmantel\u00f3 el Pacto de Varsovia), y el posterior colapso sovi\u00e9tico (fruto, sobre todo, de la propia reacci\u00f3n interna, del caos\u00a0<em>gorbachoviano<\/em>\u00a0y del impulso y apoyo del gobierno ruso de Yeltsin a la fragmentaci\u00f3n de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica) dieron una oportunidad de oro al imperialismo, le permitieron penetrar en todo el Este de Europa, en el C\u00e1ucaso y Asia central, forjando el espejismo de su ilusoria\u00a0<em>victoria final<\/em>\u00a0y relanzando su intervencionismo mundial con el programa de los neoconservadores (Bush, Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Abrams, Perle) que tuvo en Oriente Medio su primer campo de acci\u00f3n: las guerras de Afganist\u00e1n e Iraq, y, tras ellas, las guerras de Siria y Libia, y el golpe de Estado en Ucrania. La \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX (los a\u00f1os de Yeltsin) y los primeros a\u00f1os del siglo XXI, vieron la destrucci\u00f3n de la econom\u00eda sovi\u00e9tica y el paralelo fortalecimiento de la norteamericana, que se propuso dominar el planeta. Incluso la incorporaci\u00f3n de China a la OMC, en 2001, se anunci\u00f3 como la culminaci\u00f3n de la victoria del capitalismo: las multinacionales norteamericanas iban a apoderarse de la estructura productiva china y del mayor mercado del planeta (hoy, con mil cuatrocientos millones de personas).<\/p>\n<p>No ha sido as\u00ed. La planificaci\u00f3n, bajo Clinton, y la aplicaci\u00f3n, con Bush, de un completo programa de dominaci\u00f3n planetaria se ha saldado con el fracaso, aunque el poder norteamericano sigue siendo preponderante en el mundo, con un grave inconveniente: Estados Unidos es capaz de iniciar guerras y destruir pa\u00edses, pero no puede imponer su voluntad a todo el planeta, singularmente a China y Rusia. Una de las paradojas de la acci\u00f3n imperialista es que Estados Unidos se ha convertido en el siglo XXI en una potencia m\u00e1s agresiva, iniciando m\u00e1s guerras y conflictos\u2026 pese a ver disminuida su fortaleza global y su porci\u00f3n de la producci\u00f3n y la econom\u00eda mundial. Ni siquiera durante la d\u00e9cada funesta de Yeltsin, con una Rusia paralizada y casi destruida, y con una China mucho m\u00e1s d\u00e9bil que la de nuestros d\u00edas impulsando su desarrollo con suma cautela y escaso protagonismo internacional, fue capaz Estados Unidos de asegurar su dominio global con una\u00a0<em>pax americana<\/em>\u00a0que reflejase su supremac\u00eda: las guerras en Yugoslavia, la intervenci\u00f3n en Kosovo, las guerras del Congo, la guerra en el C\u00e1ucaso checheno y en Tayikist\u00e1n, fueron instigadas o iniciadas por Estados Unidos (o escaparon a su control, como con la ca\u00edda de Mobutu o con el genocidio tutsi en Ruanda) para imponer su poder global, pero mostraron tambi\u00e9n las resistencias a su acci\u00f3n imperial: el poder norteamericano era determinante y hegem\u00f3nico, pero no tan abrumador como pensaba Washington. Sus limitaciones fueron claras en las guerras de Afganist\u00e1n, Iraq, Siria y Libia: el imperialismo norteamericano puede arrasar pa\u00edses, pero no puede controlar al mundo. Mataron a Gadafi, pero crearon un caos en Libia, que continua nueve a\u00f1os despu\u00e9s. El retroceso en Iraq (cuyo gobierno, tras diecisiete a\u00f1os de ocupaci\u00f3n, exige la retirada de tropas estadounidenses) y la derrota en Siria muestran los l\u00edmites del imperialismo. Y, pese a ello, con Trump, la agresividad imperialista ha llegado tan lejos que amenaza no s\u00f3lo a sus enemigos y adversarios (desde China y Rusia hasta Cuba, Venezuela, Ir\u00e1n o Corea del Norte) sino tambi\u00e9n a sus aliados: las disputas con Alemania y Francia han envenenado la relaci\u00f3n trasatl\u00e1ntica, hasta el punto de crear serias disputas en la OTAN. Los imperialismos secundarios (Francia, Gran Breta\u00f1a y Alemania) aunque tienen sus propios intereses (la intervenci\u00f3n francesa en el Sahel africano, por ejemplo, es constante), y aunque desempe\u00f1an un papel gregario acompa\u00f1ando al imperialismo dominante norteamericano y aceptando la mayor\u00eda de las agresiones exteriores lanzadas por Washington, se distancian en algunas ocasiones, como en la guerra de Iraq en 2003, gracias al empe\u00f1o franc\u00e9s, o como hace Alemania en la disputa del gasoducto b\u00e1ltico.<\/p>\n<p>Aunque los planes del nuevo imperialismo se han saldado con un fracaso, ese rev\u00e9s no ha impedido la reformulaci\u00f3n de algunos objetivos: la guerra en Siria y la inestabilidad en todo Oriente Medio favorece el prop\u00f3sito norteamericano de sabotear el desarrollo econ\u00f3mico de la\u00a0<em>nueva ruta de la seda<\/em>\u00a0china, dificultando el tr\u00e1nsito de mercader\u00edas por el ramal que lleva desde las ciudades chinas de Urumqi y Kasgar pasando por Ir\u00e1n para llegar despu\u00e9s a Turqu\u00eda, limitando as\u00ed la ruta hacia occidente a la v\u00eda principal que pasa por Astan\u00e1, Mosc\u00fa y Minsk. Al igual que la persistencia del conflicto en el Donb\u00e1s ucraniano, que complica la pol\u00edtica exterior rusa, mantiene un peligroso foco de crisis en sus fronteras europeas, y facilita el reforzamiento del dispositivo militar norteamericano y de la OTAN en el Este de Europa y en el Mar Negro. Todo ello, adem\u00e1s, obstaculiza el desarrollo de las relaciones pol\u00edticas y econ\u00f3micas entre Europa occidental, Rusia y China, porque Estados Unidos quiere mantener a la Uni\u00f3n Europea como una entidad subordinada a sus propios objetivos, y con un limitado protagonismo internacional, saboteando la mismo tiempo los prop\u00f3sitos de sus enemigos.<\/p>\n<p>El control por el imperialismo norteamericano y sus filiales europeas del sistema financiero internacional y de los canales de cr\u00e9dito y de transferencias monetarias, y la condici\u00f3n del d\u00f3lar como moneda de intercambio y de reserva, explican su capacidad para imponer sanciones econ\u00f3micas, aplicar extraterritorialmente su legislaci\u00f3n, dificultar transacciones bancarias y sabotear la venta de petr\u00f3leo y otras materias primas, como ha hecho con Venezuela, Ir\u00e1n y otros pa\u00edses. China y Rusia han optado por limitar los intercambios en d\u00f3lares, y han sido determinantes tambi\u00e9n para hacer posible la resistencia de Venezuela, Cuba, Siria y Corea del Norte, gracias a las ayudas econ\u00f3micas o militares (como en la guerra siria), al apoyo diplom\u00e1tico y el sost\u00e9n financiero. Es muy probable que sin el apoyo econ\u00f3mico y militar de China y Rusia, Corea del Norte hubiera sido ya atacada por Estados Unidos: la paralizaci\u00f3n de las negociaciones a seis bandas (las dos Coreas, China, Estados Unidos, Rusia y Jap\u00f3n) para la desnuclearizaci\u00f3n y pacificaci\u00f3n de la pen\u00ednsula coreana a causa de la negativa norteamericana a firmar un tratado de paz con Pyongyang y garantizar que no atacar\u00e1 al pa\u00eds, y los frecuentes ejercicios militares cerca de sus fronteras y de sus aguas territoriales, ilumina el objetivo de Washington: derribar a su gobierno, y eventualmente, mantener un peligroso foco de crisis en las fronteras chinas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de su apabullante fuerza militar, el imperialismo norteamericano dispone de su capacidad para imponer una determinada visi\u00f3n de los conflictos actuales y de la historia, de su destreza para presentar a mercenarios como libertadores, y de su habilidad para crear alarmas y crisis: por citar ejemplos recientes, del embuste de la \u201ccat\u00e1strofe humana\u201d y la\u00a0<em>limpieza \u00e9tnica<\/em>\u00a0y supuesta matanza en Kosovo, donde Alemania lleg\u00f3 a afirmar que Serbia hab\u00eda asesinado a cien mil albaneses y la mentira fue reproducida por la maquinaria propagand\u00edstica norteamericana, a las \u201carmas de destrucci\u00f3n masiva\u201d de Iraq; de los falsos bombardeos sobre la poblaci\u00f3n civil en Libia para justificar la agresi\u00f3n de la OTAN, a los inexistentes campos de concentraci\u00f3n para uigures en el Xinjiang chino. Si la mentira ha sido siempre un recurso utilizado por el imperialismo, en nuestros d\u00edas la intoxicaci\u00f3n informativa se ha convertido en un procedimiento habitual y en una eficaz arma de guerra sucia, amplificada por los nuevos canales de comunicaci\u00f3n. Pero esa fortaleza tropieza con graves problemas y evidencias inocultables de la realidad del capitalismo imperialista: hasta en la reciente reuni\u00f3n de Davos se ha abordado la conveniencia de impulsar un \u201ccapitalismo responsable\u201d, que supuestamente ser\u00eda receptivo ante los problemas del cambio clim\u00e1tico y la desigualdad, y se preocupar\u00eda por los trabajadores, algo que no deja de ser un intento para dise\u00f1ar un nuevo\u00a0<em>rostro amable<\/em>\u00a0del capitalismo depredador, ocultando la radical ferocidad del sistema: juntos, los dos mil multimillonarios del mundo poseen m\u00e1s riqueza que cinco mil millones de habitantes de la Tierra, y forman un Dr\u00e1cula capitalista que regenta y regula el banco de sangre del planeta, aunque el poder de las grandes corporaciones y multinacionales capitalistas haya cambiado. Como vio Lenin, la producci\u00f3n capitalista se ha concentrado en grandes consorcios y monopolios. Adem\u00e1s, los antiguos gerentes y ejecutivos ligados a la propiedad empresarial se han convertido en CEO\u2019s y su \u00fanica gu\u00eda es acumular las mayores ganancias con rapidez: no les preocupa s\u00f3lo la producci\u00f3n en s\u00ed, ni los riesgos ecol\u00f3gicos; son capaces de destruir territorios, de inundar el mundo de basura, de encargar a intermediarios la producci\u00f3n de sus empresas aunque impongan condiciones de trabajo esclavistas, de envenenar r\u00edos y de talar bosques, y de especular con la deuda de pa\u00edses ricos y pobres. Junto a ellos, se encuentran los mercaderes de la guerra, los fabricantes de armamento que consiguen contratos astron\u00f3micos, y los tiburones de las finanzas especializados en organizar gigantescas estafas, de imponer a los Estados el pago de subvenciones millonarias, y de jugar con los activos econ\u00f3micos y contratos de futuros siempre a costa de la poblaci\u00f3n, poniendo a los gobiernos a su servicio. Todos ellos componen un entramado criminal, y el imperialismo desarrolla su acci\u00f3n en el mundo en funci\u00f3n de sus objetivos.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n imperialista se debate hoy entre la tentaci\u00f3n nacionalista expresada por Trump, partidaria de la reindustrializaci\u00f3n de Estados Unidos y de un cierto repliegue militar sin abandonar su presencia planetaria, y el sector que apuesta por la globalizaci\u00f3n financiera, m\u00e1s ligado a los Clinton y al\u00a0<em>establishment\u00a0<\/em>tradicional, apoyado en los recursos del Pent\u00e1gono y en la OTAN. Esa contradicci\u00f3n envenena los organismos gubernamentales de Estados Unidos y se expresa, por ejemplo, en los anuncios de Trump de retirada de tropas en Siria, en su proclamado deseo de evacuarlas de Afganist\u00e1n en 2020, en la retirada parcial de Turqu\u00eda, en su promesa de replegarse de Iraq (aunque crea que ahora no es el momento adecuado), y en su declaraci\u00f3n, en 2018, asegurando que quer\u00eda retirar las tropas estacionadas en Corea del Sur\u2026 seguido semanas despu\u00e9s por la inauguraci\u00f3n del nuevo\u00a0<em>Camp\u00a0Humphreys<\/em>\u00a0cerca de Se\u00fal, la base a\u00e9rea m\u00e1s importante de Asia y una de las mayores del mundo, al tiempo que el Pent\u00e1gono dificulta y congela la evacuaci\u00f3n de soldados y prosigue la inercia del intervencionismo imperialista. Al mismo tiempo, la planificaci\u00f3n del Estado Mayor norteamericano no cesa de exhibir su fuerza: entre febrero y mayo de 2020, el\u00a0<em>US Army<\/em>\u00a0desarrollar\u00e1 en Europa los ejercicios militares denominados\u00a0<em>Defender Europe 20<\/em>, que suponen el mayor despliegue en el viejo continente de los \u00faltimos veinticinco a\u00f1os de tropas norteamericanas con base en Estados Unidos, y que implicar\u00e1n a siete pa\u00edses europeos (B\u00e9lgica, Holanda, Alemania, Polonia, Estonia, Letonia y Lituania) llevando soldados hasta las mismas fronteras rusas. El objetivo del Pent\u00e1gono apunta a Rusia y China, y su pretensi\u00f3n, revelada por la Bundeswehr, es manifiesta: \u201cproyectar poder a nivel mundial\u201d.<\/p>\n<p>El dispositivo militar norteamericano en el mundo abarca los cinco continentes habitados y es la expresi\u00f3n del m\u00e1s feroz imperialismo que ha conocido la humanidad. Sin embargo, el gobierno de Trump contempla las bases militares en el exterior de una forma distinta a sus antecesores: quiere que no supongan un gasto excesivo e, incluso, que reporten beneficios econ\u00f3micos para Estados Unidos. As\u00ed, Trump pretende que los pa\u00edses que acogen bases norteamericanas paguen la totalidad del gasto que ocasionan los militares y el armamento desplegados y, adem\u00e1s, una tasa del cincuenta por ciento: es el llamado\u00a0<em>Programa coste m\u00e1s 50<\/em>, aunque tanto Jap\u00f3n como Alemania (los pa\u00edses con mayor n\u00famero de militares estadounidenses acantonados) ya pagan una parte importante del coste de las bases, mientras que entusiastas nuevos aliados, como el gobierno de extrema derecha en Polonia, ofrecen contribuir con cantidades millonarias para que el Pent\u00e1gono abra una nueva base militar en su territorio. Estados Unidos pretende tambi\u00e9n que Corea del Sur y Espa\u00f1a, entre otros pa\u00edses, paguen por las bases estadounidenses operativas: Se\u00fal ya ha sufragado\u00a0<em>Camp\u00a0Humphreys<\/em>, en Pyeongtaek, inaugurada en junio de 2018, una de las mayores bases militares con que cuenta el Pent\u00e1gono fuera de sus fronteras. Con Trump, la nueva doctrina pretende hacer pasar el despliegue militar estadounidense en el mundo, que hist\u00f3ricamente ha tenido un marcado car\u00e1cter imperialista, por un \u201cprivilegio\u201d para los pa\u00edses que albergan bases y son \u201cdefendidos\u201d por Estados Unidos. No en vano, el candidato Trump identificaba el v\u00e9rtigo de su pa\u00eds ante su nueva realidad (desindustrializaci\u00f3n, decadencia y ruina de sus infraestructuras, y lacra de las drogas) achacando las causas, adem\u00e1s de a China, a la supuesta ayuda norteamericana a otros pa\u00edses, cuando, en realidad, la causa de sus dificultades es el despliegue militar y su desmesurado presupuesto en guerras y patrullaje planetario, junto a su gigantesca deuda, pese a que Estados Unidos cuenta con el recurso a la m\u00e1quina de imprimir d\u00f3lares. Inclinado a ocurrencias y declaraciones estrafalarias, Trump anunciaba tambi\u00e9n su obsesi\u00f3n nacionalista, hasta el punto de poner en tela de juicio a la OTAN.<\/p>\n<p>No por ello debe subestimarse el poder del imperialismo norteamericano, que sigue siendo dominante en el mundo, porque pese al err\u00e1tico proceder de Trump, Estados Unidos mantiene un elaborado programa que persigue su rearme nuclear y convencional, que estimula la intervenci\u00f3n sistem\u00e1tica para derrotar gobiernos molestos y quiere limitar la influencia de las otras grandes potencias (China y Rusia) para la ampliaci\u00f3n de su dominio: esa es la corriente profunda del imperialismo norteamericano, compartida por sus instituciones y sus centros de elaboraci\u00f3n estrat\u00e9gica, aunque enfrentamientos internos (como el despido de Tillerson), guerras inacabables, gastos desmesurados, corrupci\u00f3n y c\u00e1lculos precipitados dificulten a veces su propia acci\u00f3n: un estudio de expertos norteamericanos publicado en 2013 llegaba a la conclusi\u00f3n de que Estados Unidos gast\u00f3 en la d\u00e9cada posterior a la invasi\u00f3n de Afganist\u00e1n de 2001, un total de cuatro billones de d\u00f3lares en las guerras (en Afganist\u00e1n e Iraq, y en las operaciones en Pakist\u00e1n), y, pese a ello, su posici\u00f3n se ha complicado en Iraq, donde el propio gobierno de Mahdi ha exigido la retirada de las tropas norteamericanas. En 2018, incorporando los costes de la guerra en Siria, Estados Unidos hab\u00eda gastado ya seis billones de d\u00f3lares en sus intervenciones extranjeras. Esa apuesta por el rearme va acompa\u00f1ada de un objetivo: sabotear el desarrollo de la colaboraci\u00f3n econ\u00f3mica entre China, Rusia y la Uni\u00f3n Europea, a la que podr\u00eda incorporarse la India. Ese es el sentido de las sanciones impuestas por el gobierno norteamericano, en diciembre de 2019, a empresas europeas que colaboran en el\u00a0<em>Nord Stream\u00a0<\/em>2, el gasoducto que atraviesa el Mar B\u00e1ltico entre Rusia y Alemania. Estados Unidos, por las mismas razones, ha impuesto tambi\u00e9n sanciones al gasoducto\u00a0<em>Turk Stream<\/em>\u00a0que llevar\u00e1 gas ruso a Turqu\u00eda y Europa a trav\u00e9s del Mar Negro. Para conseguirlo, las amenazas han sido tajantes: senadores norteamericanos comunicaron al presidente de la empresa naviera suiza Allseas, Edward Heerema, que recibir\u00edan sanciones \u201cmortales\u201d si continuaban trabajando en el proyecto\u00a0<em>Nord Stream 2<\/em>. Diez d\u00edas despu\u00e9s del anuncio hecho por Trump, Allseas, encargada de la instalaci\u00f3n de las tuber\u00edas por el fondo del mar B\u00e1ltico, cedi\u00f3 al chantaje y abandon\u00f3 los trabajos. Mosc\u00fa asegura que culminar\u00e1 el proyecto, aunque reconoce que se retrasar\u00e1 hasta finales de 2020. La acci\u00f3n imperialista se revela despiadada, pero tambi\u00e9n compleja, desde una Casa Blanca convertida en una taberna, y con los generales de Arlington y los esp\u00edas de Langley decidiendo por su cuenta y llegando a sabotear iniciativas presidenciales. No ser\u00eda la primera vez en la historia de Estados Unidos que se sabotean decisiones de la Casa Blanca: durante el mandato de Nixon, James Schlesinger (que fue director de la CIA y despu\u00e9s jefe del Pent\u00e1gono) orden\u00f3 al Estado Mayor, sin tener competencia para ello, que consultasen con Kissinger y con \u00e9l antes de ejecutar una posible orden de Nixon para utilizar bombas at\u00f3micas: el secretario de Defensa tem\u00eda los delirios del alcoh\u00f3lico y drogadicto presidente.<\/p>\n<p>Viviendo en un mundo ag\u00f3nico, ese es el paisaje que las fuerzas de izquierda del mundo contemplan, a menudo con dificultades para articular un movimiento antiimperialista que tenga tambi\u00e9n el mantenimiento de la paz entre sus objetivos. La existencia de contradicciones entre el imperialismo dominante y los imperialismos menores (Francia, Gran Breta\u00f1a) ofrece un \u00e1mbito de trabajo para la izquierda aunque, a diferencia de las d\u00e9cadas de la posguerra mundial, sus componentes se hallan disgregados y sin centros de direcci\u00f3n y propuesta. La debilidad del movimiento por la paz, pese a que en ocasiones ha sido capaz de organizar gigantescas protestas, como en 2003 en v\u00edsperas de la agresi\u00f3n a Iraq, est\u00e1 ligada a esa dispersi\u00f3n, agravada porque a la hist\u00f3rica capacidad de los sindicatos y de la izquierda para movilizar a los trabajadores y a la poblaci\u00f3n, se a\u00f1ade hoy la habilidad de los centros de poder del imperialismo para estimular, articular y dar forma a movimientos de protesta dirigidos contra pa\u00edses que no acepten su subordinaci\u00f3n, hecho que crea confusi\u00f3n entre la izquierda, como ha ocurrido con la agresi\u00f3n a Siria o en las protestas conservadoras de Hong Kong.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n concertada de China y Rusia, opuestas a cualquier enfrentamiento militar con Estados Unidos, y la colaboraci\u00f3n (econ\u00f3mica, pero con consecuencias estrat\u00e9gicas) con otras potencias menores (India, Venezuela, Brasil, Ir\u00e1n, Sud\u00e1frica) constituye hoy la principal oposici\u00f3n en el planeta a la acci\u00f3n depredadora del imperialismo, aunque al mismo tiempo el retroceso pol\u00edtico en India y Brasil, con Modi y Bolsonaro cabalgando la nueva extrema derecha de identidad fascista, disminuye la solidez del bloque antiimperialista y complica los delicados equilibrios internacionales. Ni Pek\u00edn ni Mosc\u00fa quieren nuevas guerras, y mucho menos un conflicto generalizado en el planeta, pero la agresiva inercia del imperialismo estadounidense puede romper fronteras y cavar m\u00e1s tumbas. Es la gran paradoja de nuestros d\u00edas: en 1991, la victoria temporal del imperialismo escondi\u00f3 su alocada carrera hacia el desorden planetario y su propia agon\u00eda, sin que sepamos a\u00fan si el mundo podr\u00e1 escapar del abismo (la destrucci\u00f3n ecol\u00f3gica, y la amenaza de una guerra global) al que le ha conducido el capitalismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Higinio Polo (Rebeli\u00f3n, 11-4-20) &nbsp; Cuando Francis Fukuyama, en su libro de 1992, divulg\u00f3 la tesis del \u201cfin de la historia\u201d, consigui\u00f3 una celebridad mundial. 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