{"id":39972,"date":"2020-04-27T14:09:09","date_gmt":"2020-04-27T18:09:09","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=39972"},"modified":"2020-04-27T14:09:09","modified_gmt":"2020-04-27T18:09:09","slug":"pandemia-sintomatologia-del-capitaloceno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2020\/04\/27\/pandemia-sintomatologia-del-capitaloceno\/","title":{"rendered":"Pandemia: sintomatolog\u00eda del Capitaloceno"},"content":{"rendered":"<p>Horacio Machado Araoz (Rebeli\u00f3n, 27-4-20)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>A primera vista, los virus, intermediarios entre la vida y la materia inerte, representan una forma particularmente humilde de la primera. Sin embargo, necesitan otros seres vivos para perpetuarse. Por lo tanto, lejos de haber podido precederlos en la evoluci\u00f3n, ellos la suponen e ilustran un estado relativamente avanzado de la misma. Por otro lado, la realidad del virus es casi intelectual. En efecto, su organismo se reduce pr\u00e1cticamente a la f\u00f3rmula gen\u00e9tica que se inyecta en seres simples o complejos, lo que obliga a sus c\u00e9lulas a traicionar su propia f\u00f3rmula para obedecer la suya y fabricar seres similares a \u00e9l. Para que nuestra civilizaci\u00f3n apareciera, tambi\u00e9n fue necesario que existieran otros, antes y al mismo tiempo. Y sabemos, desde Descartes, que su originalidad consiste esencialmente en un m\u00e9todo cuya naturaleza intelectual hace que sea inapropiado engendrar otras civilizaciones de carne y hueso, pero que puede imponerles su f\u00f3rmula y obligarlas a volverse similares a ella. En relaci\u00f3n con esas civilizaciones, cuyo arte vivo traduce el car\u00e1cter carnal porque -tanto en la concepci\u00f3n como en la ejecuci\u00f3n- est\u00e1 vinculado a creencias muy intensas y a un cierto estado de equilibrio entre el hombre y la naturaleza, nuestra propia civilizaci\u00f3n corresponde a un tipo animal, o viral\u00bb.<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Claude L\u00e9vi-Strauss, \u00abArte en 1985\u00bb, 1965 [1]<\/p>\n<p><strong>A modo de Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En el momento menos esperado, pero en el m\u00e1s necesario y oportuno que nunca; desde el lugar ontol\u00f3gico m\u00e1s imprevisto, la Tierra ha sido pol\u00edticamente convulsionada y no atina a\u00fan a reaccionar. Como un sutil y parad\u00f3jico terremoto hist\u00f3rico y geol\u00f3gico, el Coronavirus lo ha cambiado todo; pero no con movimientos bruscos, sino con una par\u00e1lisis masiva y global. Su irrupci\u00f3n en la biolog\u00eda humana, ha provocado una interpelaci\u00f3n may\u00fascula al conjunto de la poblaci\u00f3n global contempor\u00e1nea; probablemente el desaf\u00edo m\u00e1s cr\u00edtico que nos haya tocado afrontar en el breve lapso de nuestra aventura como especie.<\/p>\n<p>Pero aunque este virus nos interpela a todxs, debemos su visita no por causa de todos. Ha venido a poner en cuesti\u00f3n un modelo civilizatorio en concreto, que mucho tiene que ver con c\u00f3mo su irrupci\u00f3n se transform\u00f3 r\u00e1pidamente en una masiva crisis sanitaria mundial. Nos referimos a un modelo civilizatorio que, en el rel\u00e1mpago de su vigencia, ha puesto en crisis no apenas la continuidad de tal o cual forma de vida social, sino ya la de la mera continuidad de lo humano como tal. Hoy, en su crep\u00fasculo, podemos ver c\u00f3mo y en qu\u00e9 medida esa civilizaci\u00f3n ha comportado un dislocaci\u00f3n dr\u00e1stica en el devenir mismo del proceso de hominizaci\u00f3n\/humanizaci\u00f3n. Sin embargo, esto que es evidente y crucial, no todos lo ven. M\u00e1s bien pasa desapercibido; sobre todo para amplias mayor\u00edas que viven inmersas en su ritmo y en sus reglas. Una civilizaci\u00f3n que, con aguda lucidez, fuera caracterizada por su m\u00e9todo viral, viene a ser interpelada precisamente por un virus.<\/p>\n<p>De repente, las civilizaciones otras, que fueron infectadas por aquella civilizaci\u00f3n viral, ven en el virus, menos un enemigo y m\u00e1s un inesperado aliado. As\u00ed como las otras especies y el conjunto de los seres vivos que fueron arrinconados a los extremos de la sobrevivencia, esos pueblos otros re-existentes, ven este tiempo, claro, con angustia e incertidumbres, pero tambi\u00e9n con mucha esperanza. Sinti\u00e9ndonos parte de ellas y ellos, compartimos algunas reflexiones que procuran precisar la envergadura de los desaf\u00edos y los motivos de nuestras angustias, as\u00ed como dar cuenta de nuestras esperanzas. Trazamos ac\u00e1 una somera hermen\u00e9utica cr\u00edtica de la pandemia, como sintomatolog\u00eda del Capitaloceno. A trav\u00e9s de ella queremos compartir el diagn\u00f3stico sobre el r\u00e9gimen de relaciones sociales que nos est\u00e1 enfermando y abrir nuestros sentipensares, para seguir tejiendo con nuestrxs hermanxs, las rutas alternativas que nos lleven a otros rumbos. Un virus, es decir, un lenguaje de la Tierra, nos viene a ofrecer una opci\u00f3n terap\u00e9utica y una pr\u00e1ctica pedag\u00f3gica. Ojal\u00e1 podamos escucharle, aprender con \u00e9l, y sanar.<\/p>\n<p><strong>1. Paro<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>Marx dijo que las revoluciones son la locomotora de la historia mundial. Tal vez las cosas se presenten de otra manera. Puede ocurrir que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en el tren tira del freno de emergencia\u201d<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Walter Benjamin<\/p>\n<p>El a\u00f1o 2020 encuentra a la humanidad sumida en una par\u00e1lisis apabullante, tan imprevista como generalizada. De repente, el mundo se ha parado en seco. Como si el tiempo se hubiera congelado. Todo, pr\u00e1cticamente todo ha sido interrumpido. Puede decirse en cierto sentido, que el 2020 no ha comenzado a\u00fan. La vida social del mundo globalizado est\u00e1, por ahora, en suspenso. Salvo reveladoras excepciones, la inmensa mayor\u00eda de individuos que hoy conforman la poblaci\u00f3n de humanos vivientes, est\u00e1 atravesando estos d\u00edas confinada en sus recintos, bajo distintos reg\u00edmenes de aislamiento.<\/p>\n<p>Una elemental interacci\u00f3n microbiol\u00f3gica -de las miles de millones que acontecen a diario, a cada instante, en el planeta- desencaden\u00f3 semejante conmoci\u00f3n. Es que, esta vez, el desv\u00edo contingente de sus trayectorias zoon\u00f3ticas habituales hizo que una cepa de coronavirus fuera a parar en organismos humanos, para cuya visita no estaban biol\u00f3gicamente preparados. Ese min\u00fasculo acontecimiento fue el detonante. Luego, siguiendo las rutas m\u00e1s transitadas del turismo y el comercio internacional, se fue expandiendo a la velocidad del ritmo de vida contempor\u00e1neo, hasta encender las alarmas sanitarias del mundo entero.<\/p>\n<p>As\u00ed, la irrupci\u00f3n de un ignoto microorganismo en la fisiolog\u00eda humana, coloc\u00f3 a la especie ante una situaci\u00f3n in\u00e9dita. Nos puso a todxs, bajo un mismo prisma de sensaciones compartidas. Por primera vez en nuestra breve historia, afrontamos una misma experiencia vital, compartida en simult\u00e1neo a nivel global. Una vivencia que nos embarga a todxs. Porque, efectivamente,<em>\u00a0el virus nos afecta a todxs<\/em>. M\u00e1s all\u00e1 de las insoslayables diferencias intra-especie (aquellas que nos distinguen, y aquellas que nos separan y nos clasifican), ese ser infinitesimal nos ha afectado a todxs. A cada uno de los cuerpos de todos los agrupamientos humanos, en sus distintas escalas, alrededor del mundo.<\/p>\n<p>Se trata, por supuesto, de una afectaci\u00f3n\u00a0<em>diferencial<\/em>, que, por un lado, pone al desnudo todas las desigualdades creadas y vigentes, esas que hacen de ese \u201cnosotros-humanidad\u201d, una pir\u00e1mide de enormes distancias y fronteras inc\u00f3lumes. Pero que, por otro lado, al mismo tiempo, nos genera una afectaci\u00f3n\u00a0<em>radicalmente igualadora<\/em>; como queri\u00e9ndonos ense\u00f1ar que -aunque no nos sintamos y no nos reconozcamos como tales-, somos parte de una misma familia, de\u00a0<em>una misma Comunidad de Vida<\/em>; hermanadxs biol\u00f3gicamente, espec\u00edfica e interespec\u00edficamente, por el aire que respiramos; por el agua, de remotos tiempos geol\u00f3gicos, que corre por nuestras venas y que nos une, en un mismo destino, con todos los seres del planeta.<\/p>\n<p>Si al menos logr\u00e1ramos aprovechar este silencio, esta quietud, para percatarnos de ello, dir\u00edamos que esta pandemia, vali\u00f3 la pena. A pesar de todas las muertes y las represiones que vinieron y que vendr\u00e1n montadas en el virus como excusa, si s\u00f3lo pudi\u00e9ramos, aunque sea m\u00ednimamente, re-conocer-nos como delicad\u00edsimas hebras de ese tejido m\u00e1s vasto, que nos excede por completo y que a la vez nos contiene y nos hace ser; si fu\u00e9ramos capaces de sentir-nos, aunque sea por un instante, \u00edntimamente conectadxs a\u00a0<em>la trama de la vida<\/em>\u00a0[2], dir\u00edamos que s\u00ed, que vali\u00f3 la pena.<\/p>\n<p><strong>2. Tiempo<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c\u2018<em>Los cinco raqu\u00edticos decenios del homo sapiens\u201d, dice un bi\u00f3logo moderno, \u201crepresentan con relaci\u00f3n a la historia de la vida org\u00e1nica sobre la tierra algo as\u00ed como dos segundos al final de un d\u00eda de veinticuatro horas. Registrada seg\u00fan esta escala, la historia entera de la humanidad civilizada llenar\u00eda un quino del \u00faltimo segundo de la \u00faltima hora\u2019. El tiempo-ahora, que como modelo del tiempo mesi\u00e1nico resume en una abreviatura enorme la historia de toda la humanidad, coincide capilarmente con la figura que dicha historia compone en el universo\u201d.<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Walter Benjamin<em>, Conceptos de Filosof\u00eda de la Historia.<\/em><\/p>\n<p>Para una sociedad que ha hecho de la aceleraci\u00f3n del tiempo, de la velocidad de las interacciones, del movimiento, la innovaci\u00f3n y el crecimiento incesante sus marcas de origen, la par\u00e1lisis se le presenta como un fen\u00f3meno radicalmente disruptivo y perturbador.<\/p>\n<p>Sumergidxs ya en generaciones y generaciones nacidas bajo el imperativo de la productividad, para lxs habitantes de este mundo,\u00a0<em>vivir es correr<\/em>. Ir y venir, persiguiendo siempre objetivos, fijados qui\u00e9n sabe por qui\u00e9n y para qu\u00e9. Hasta para sus vacaciones tienen tiempos reglados y metas de \u2018disfrute\u2019 (im-)puestas. Por eso la par\u00e1lisis descoloca de forma absoluta. \u201cNo hacer nada\u201d, est\u00e1 fuera de nuestro genoma societal. Y de repente, un microorganismo lo hizo. Dej\u00f3 pr\u00e1cticamente en desuso, la primera y m\u00e1s emblem\u00e1tica de las m\u00e1quinas de nuestra Era [3]. Transitamos d\u00edas en los que el reloj no cuenta.<\/p>\n<p>A los miedos epidemiol\u00f3gicos, se suman los de clase -es decir, de hambres de un lado y lucros cesantes del otro-, los de piel y los de sexo, esos que distribuyen desigualmente las probabilidades de enfermar y de morir. El \u201ctiempo improductivo\u201d los aumenta a todos; provoca incertidumbres varias y desesperaciones diversas, pero generalizadas. (Mal)educadxs en formar parte de una maquinaria en movimiento perpetuo, de mercados que no cierran, de f\u00e1bricas que \u201ctrabajan\u201d las 24 horas, los 365 d\u00edas del a\u00f1o, la par\u00e1lisis es fuente de una angustia existencial inconmensurable.<\/p>\n<p>Un diminuto habitante de este planeta, que s\u00f3lo vive a condici\u00f3n de ser alojado en otros organismos m\u00e1s complejos, ha logrado hacer lo que muchxs, millones, hubi\u00e9ramos deseado: una gran huelga mundial masiva que corte, por un tiempo indefinido, las cadenas de la explotaci\u00f3n; la explotaci\u00f3n de los cuerpos y de los territorios. Que detenga las maquilas que expolian capacidades; las motosierras que arrasan los bosques; los pesqueros que azuelan los mares; las cosechadoras que esquilman los suelos; los explosivos que vuelan monta\u00f1as y exprimen las rocas del subsuelo. Un virus ha logrado, por unos d\u00edas, detener los vertidos t\u00f3xicos y las incontables fuentes de contaminaci\u00f3n que, d\u00eda a d\u00eda, envenenan las aguas y el cielo. La revoluci\u00f3n que so\u00f1\u00f3 el m\u00e1s osado \u2013y, probablemente, m\u00e1s l\u00facido- revolucionario de esta \u00e9poca, no la hizo (hasta ahora) un colectivo humano, sino un peque\u00f1o microorganismo. Como si fuera el enviado de Benjamin, el coronavirus ha activado -al menos por un tiempo- el<em>\u00a0freno de emergencia<\/em>.<\/p>\n<p>Estamos as\u00ed, paralizados. Pero no es apenas una par\u00e1lisis forzada. Es la par\u00e1lisis de una sociedad que ha perdido el rumbo. M\u00e1s que parada, somos una sociedad perdida. Una forma societal aturdida y desorientada. Que ha errado la concepci\u00f3n del espacio y del tiempo; que anda as\u00ed, ignorante de su geograf\u00eda y desubicada en la historia. Mientras, la peque\u00f1\u00edsima fracci\u00f3n de la especie que tiene el comando (si podr\u00eda decirse as\u00ed) cree que va en un tren de alta velocidad por un tiempo vac\u00edo y un espacio plano, sin poder ver lo que va dejando atr\u00e1s ni lo que tiene por delante. Corre as\u00ed, desenfrenadamente, por un camino sin rumbo y un horizonte sin sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Una civilizaci\u00f3n errante nos puede convertir en una especie fallida. Una especie fallida es aquella que, b\u00e1sicamente, desconoce su procedencia y su lugar en el cosmos; que reniega de su pertenencia geol\u00f3gica y su destino. As\u00ed, en lugar de lamentar la par\u00e1lisis, deber\u00edamos estar agradecidxs. Porque cuando unx est\u00e1 perdido, nada mejor que detenerse a revisar de d\u00f3nde venimos y hacia d\u00f3nde realmente querr\u00edamos ir.<\/p>\n<p>Si esta par\u00e1lisis nos llevara a preguntarnos seriamente a d\u00f3nde vamos, cu\u00e1l es la raz\u00f3n de nuestra prisa; si llevara a cuestionarnos qu\u00e9 nos urge y qu\u00e9 nos desvela, dir\u00edamos que esta pandemia vali\u00f3 la pena.<\/p>\n<p><strong>3. (Sin-)Raz\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>Y tal vez la primera prueba de fuego sea el abandono sin nostalgia de la herencia de un siglo XIX fascinado por el progreso de las ciencias y las t\u00e9cnicas, con la ruptura del lazo establecido en aquella \u00e9poca entre emancipaci\u00f3n (\u2026) y la f\u00e1bula del hombre \u2018creado para dominar la naturaleza\u2019 por la epopeya de una conquista de esa misma naturaleza por medio del trabajo humano. Definici\u00f3n seductora, pero que implica una apuesta por una naturaleza \u2018estable\u2019, disponible para esa conquista\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Isabelle Stengers,\u00a0<em>En tiempos de cat\u00e1strofes<\/em>, 2017<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>Hemos tenido m\u00e1s que suficiente de imperialismo \u2013de aquel impulso caracter\u00edstico de Bacon a \u2018ampliar los l\u00edmites del imperio humano\u2019. En esta era de mortales nubes en formas de hongo y otros venenos ambientales, creo ciertamente que ha llegado la hora de desarrollar una \u00e9tica m\u00e1s gentil y modesta hacia la Tierra. Y una \u00e9tica as\u00ed debe guiarnos, con toda humildad intelectual, a juzgar cr\u00edticamente el pasado cuando nos ha conducido en otra direcci\u00f3n\u201d<\/em>.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Donald Worster,\u00a0<em>Transformaciones de la Tierra<\/em>, 1991<\/p>\n<p>Vivimos en una sociedad nacida de la arrogancia de la Raz\u00f3n. Todav\u00eda mayoritariamente, hay quienes con orgullo se reivindican hijos de esa Raz\u00f3n imperial. Con esa l\u00f3gica y con ese esp\u00edritu, las \u00e9lites pol\u00edticas y cient\u00edficas del mundo enfrentan la pandemia. Apelando a una receta ya obsoleta, epidemi\u00f3logos y gobernantes de todo el globo interpelan a sus respectivos pueblos convoc\u00e1ndolos a \u201cla guerra contra el virus\u201d.<\/p>\n<p>Es asombroso ver con qu\u00e9 naturalidad este discurso de guerra se instala y circula aproblem\u00e1ticamente entre los habitantes contempor\u00e1neos del mundo globalizado. Si bien esto, hasta cierto punto, es bastante esperable \u2013pues nada m\u00e1s emblem\u00e1tico que la guerra como acto reflejo de este modelo civilizatorio-, no cabe desconocer que la l\u00f3gica de la guerra es doblemente inconveniente para estos tiempos.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos coyunturales, nos hace correr justamente hacia la direcci\u00f3n contraria a la que deber\u00edamos ir para buscar salidas de fondo. En lugar de ampliar y profundizar la cooperaci\u00f3n internacional, las reacciones pol\u00edticas han ido por el lado de cerrar fronteras, intensificar prejuicios y actitudes racistas-clasistas y xen\u00f3fobas, y abrir una competencia geopol\u00edtica por tecnolog\u00edas de gesti\u00f3n de la crisis y el acopio de materiales e insumos m\u00e9dicos. En el colmo, las principales potencias entablan a los codazos una carrera narcisista por ver qui\u00e9n logra \u201cdar con la vacuna\u201d. Al interior de las fronteras, la \u201cexcepcionalidad\u201d del estado de guerra \u2013como ha sido se\u00f1alado- intensifica la imposici\u00f3n y aceptaci\u00f3n de pol\u00edticas de control, policiamiento y militarizaci\u00f3n de la vida social, lo que esta vez, dado el poder de las tecnolog\u00edas disponibles, ha hecho palpables escenarios extremos de totalitarismo digital, antes s\u00f3lo reservados al campo de la ficci\u00f3n. As\u00ed, cuando m\u00e1s necesitar\u00edamos ensayar pr\u00e1cticas de cooperaci\u00f3n, de horizontalidad y organizaci\u00f3n social de abajo hacia arriba, la l\u00f3gica de la guerra exacerba el r\u00e9gimen del individualismo competitivo y el verticalismo tecno-burocr\u00e1tico.<\/p>\n<p>Esto que ya es muy grave, no es sin embargo todo. En un sentido m\u00e1s estructural y profundo, el paradigma de la guerra presupone una epistemolog\u00eda pol\u00edtica ya anacr\u00f3nica. Moviliza todo el imaginario modernista y reinstala subrepticiamente la legitimidad de todo el andamiaje institucional (la sant\u00edsima trinidad del sistema, Estado-Ciencia-Capital) que nos condujo justamente hasta donde nos hallamos hoy parados.<\/p>\n<p>Bajo reg\u00edmenes de necesidad y urgencia, la convocatoria a la guerra contra la pandemia activa, una vez m\u00e1s, la vieja y perimida cosmovisi\u00f3n antropoc\u00e9ntrica, expresada paradigm\u00e1ticamente en la axiom\u00e1tica separaci\u00f3n entre ciencias naturales y sociales. M\u00e1s a\u00fan, en nombre de la jerarqu\u00eda epist\u00e9mica de la ciencia, se profundiza la delegaci\u00f3n del gobierno de Lo Com\u00fan a un reducido c\u00edrculo de expertos. La pragm\u00e1tica de la guerra no deja lugar a problematizaciones, al pensamiento cr\u00edtico ni a epistemolog\u00edas de la complejidad. Mucho menos a una ecolog\u00eda de saberes.<\/p>\n<p>As\u00ed, en nombre de su presumida eficacia, la maquinaria b\u00e9lica se echa a andar. Las ciencias biol\u00f3gicas y m\u00e9dicas son convocadas a estar en la primera l\u00ednea de \u2018batalla\u2019; tienen la funci\u00f3n prioritaria de atender y procurar reducir las \u201cbajas\u201d, proponer medidas profil\u00e1cticas para contener la expansi\u00f3n del \u2018enemigo\u2019, y crear las armas para vencerlo. Las ciencias sociales, por su parte, son convocadas a estudiar c\u00f3mo se va a afectar la \u201cnormalidad\u201d del sistema, para luego idear medidas paliativas y de control, en lo econ\u00f3mico, en lo social y en lo pol\u00edtico; en todo caso, ac\u00e1 el objetivo es investigar qu\u00e9 y c\u00f3mo restablecer lo m\u00e1s pronto posible al\u00a0<em>normal funcionamiento de las instituciones.<\/em><\/p>\n<p>Por supuesto, no se trata (tal como lo hicieran pol\u00edticos e intelectuales de las m\u00e1s variadas corrientes), de desconocer la existencia del virus en s\u00ed, ni de minimizar su incidencia sobre la biolog\u00eda humana sino justamente de tomarlo en serio. Eso significa revisar y reconsiderar c\u00f3mo lo\u00a0<em>tratamos<\/em>. Y la verdad es que \u2013m\u00e1s all\u00e1 de diferencias superficiales- el trato que desde el poder se ha elegido dar al coronavirus es uniforme y t\u00edpicamente moderno. Porque no hay nada m\u00e1s radicalmente caracter\u00edstico de la Modernidad que esa actitud epist\u00e9mica y pol\u00edtica de absoluta desconsideraci\u00f3n antropoc\u00e9ntrica hacia el resto de los seres vivos que (co-)habitan (con nosotrxs) este planeta. El sujeto moderno trata al mundo como si no fuera parte de \u00e9l. Se para frente a la Tierra (incluso frente a lxs otrxs, de su propia especie) con la postura del\u00a0<em>conquistador<\/em>. Figura emblem\u00e1tica si la hay, -filos\u00f3ficamente enunciada por Descartes y Bacon en el siglo XVII, pero nacida antes, en el siglo XVI, como pr\u00e1ctica pol\u00edtica de los Col\u00f3n, los Cort\u00e9s, los Pizarro-,el conquistador como prototipo de la matriz de relaciones que entablamos con el mundo, condensa y resume todo nuestro tiempo y todo nuestro drama.<\/p>\n<p>Quienes dirigen los destinos de la humanidad han optado, una vez m\u00e1s, por esa anquilosada postura para \u201cenfrentar\u201d al virus. Se lo trata, b\u00e1sicamente, como\u00a0<em>algo in-significante.\u00a0<\/em>Es decir, algo absolutamente desprovisto de sentido. A lo sumo, s\u00f3lo lo considera en la medida en que afecta a los humanos (y ac\u00e1, tambi\u00e9n \u2013como es sabido, como parte de la pol\u00edtica del conquistador, unos grupos de humanos importan y valen m\u00e1s que otros). M\u00e1s all\u00e1 de eso, el sistema cient\u00edfico y pol\u00edtico hegem\u00f3nico no considera al virus, ni ontol\u00f3gica ni semi\u00f3ticamente en serio. No se les ocurre preguntarse sobre el sentido de su existencia en el mundo.<\/p>\n<p>Aunque parezca mentira, prominentes cient\u00edficos e intelectuales cr\u00edticos \u2013incluso encumbrados fil\u00f3sofos de la biopol\u00edtica contempor\u00e1nea- parecen seguir apegados al viejo paradigma newtoniano. No han tomado nota del\u00a0<em>giro ont\u00f3logico<\/em>\u00a0que \u2013desde el interior mismo del pensamiento occidental- se ha dado al respecto, abriendo la ciencia a una nueva y m\u00e1s compleja comprensi\u00f3n del mundo-de-la-vida y, correlativamente, replante\u00e1ndose el lugar de lo humano dentro del mismo. Desde la\u00a0<em>hybris<\/em>\u00a0moderna, se desconoce que un virus, como todo agente biol\u00f3gico, no s\u00f3lo existe, sino que tiene significaci\u00f3n en s\u00ed mismo; es un ser con capacidades teleon\u00f3micas [4] y semi\u00f3ticas. Un virus es parte de la densa red de almacenamiento y procesamiento de informaci\u00f3n biol\u00f3gica que se condensa en los genes; y, como tal, es tambi\u00e9n portador del proceso geol\u00f3gico general de (re)producci\u00f3n de conocimientos sobre los que \u2013hol\u00edsticamente- se sustenta la vida en general en la Tierra.<\/p>\n<p>S\u00f3lo tard\u00edamente, despu\u00e9s de un duro desierto obscurantista, las ciencias occidentales lograron \u201cdescubrir\u201d esta asombrosa capacidad autogenerativa y de excedencia semi\u00f3tica del mundo. De la mano de la revoluci\u00f3n cient\u00edfica operada por el paradigma de la complejidad en la f\u00edsica y la biolog\u00eda principalmente aunque no exclusivamente (desde Einstein, Bohr, Heisenberg y Bohm, hasta Prigogine, Zohar, Monod, Maturana, Varela, Margulis, Harding y un largo etc\u00e9tera), en convergencia con el llamado giro ontol\u00f3gico en las ciencias sociales y humanas (desde Morin, Capra y Boff, a Haraway, Descola, Viveiros de Castro y Danowski, Latour, De la Cadena, Escobar y otro largo etc\u00e9tera), se vino a \u201ccaer en la cuenta\u201d que habitamos un Planeta Vivo. Se empez\u00f3 a tomar nota de la inconmensurable complejidad de los sistemas vivos; a dimensionar la extraordinaria capacidad autopoi\u00e9tica- sympoi\u00e9tica, teleon\u00f3mica y semi\u00f3tica del conjunto de procesos y seres que conforman el mundo que habitamos y que \u2013con sus propias existencias- constituyen y producen nuestras propias condiciones de (co-)existencia.<\/p>\n<p>Y, fundamentalmente, como eje de esa revoluci\u00f3n cient\u00edfica, el nuevo paradigma de las ciencias de la vida, o de la complejidad, vino a producir una nueva comprensi\u00f3n de la propia condici\u00f3n humana, esta vez, no ajena y extra\u00f1a al mundo, sino precisamente como parte del tejido de la vida. Lo que llamamos el \u201cmundo\u201d, la Tierra, o la \u201cNaturaleza\u201d no es lo que est\u00e1 afuera de nosotros, no es lo \u201cexterior\u201d a la cultura, sino el \u00fatero nutricio de cuyo seno emerge lo humano como una expresi\u00f3n m\u00e1s de la biodiversidad del planeta. Ver y comprender la Tierra como sistema viviente, como una densa y compleja trama de materia viviente en continuo devenir, implica comprender que entre lo humano y lo no-humano no hay fracturas ontol\u00f3gicas, sino apenas membranas porosas por donde fluyen materia y energ\u00eda, por donde fluye la vida en s\u00ed, como trama, en la que los humanos actuamos y somos a trav\u00e9s del mundo, as\u00ed como el mundo se mueve y es tambi\u00e9n a trav\u00e9s de nuestros organismos.<\/p>\n<p>Siendo que esta constataci\u00f3n es un saber fundamentalmente pre-moderno, pero vivo y presente a\u00fan en muchas culturas y pueblos mal-tratados por Occidente como primitivos y\/o \u201catrasados\u201d, esta verdad primordial, a los fines que nos ocupan, viene a significar ni m\u00e1s ni menos que \u2013como especie- nuestras vidas\u00a0<em>dependen<\/em>\u00a0\u2013literalmente; es decir, materialmente- hasta de los m\u00e1s elementales seres y agentes microbianos y de los procesos y redes biogeoqu\u00edmicos m\u00e1s b\u00e1sicos y rutinarios. S\u00f3lo vivimos por gracia y a condici\u00f3n de mantenernos conectadxs al resto de las otras especies, a la biodiversidad en su conjunto, como expresi\u00f3n sinf\u00f3nica de la vitalidad de la Tierra. Cient\u00edficamente, hoy, no podemos seguir parados en el paradigma baconiano\/newtoniano de la ciencia. Necesitamos un cambio radical; una profunda mudanza civilizatoria. Contamos ya con otros horizontes epist\u00e9micos y pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Con esto no estamos diciendo que, en general, las medidas sanitarias que se est\u00e1n tomando (al menos en algunos pa\u00edses) en el mundo sean irrelevantes o inconducentes. Al contrario, son necesarias, pero a\u00fan as\u00ed, insuficientes. Y sobre todo, ser\u00e1n epistemol\u00f3gica y pol\u00edticamente erradas si no se pasa de la profilaxis a la etiolog\u00eda de la pandemia. No tenemos que descodificar el genoma del virus s\u00f3lo para conseguir una vacuna. Tenemos que abrirnos a ensayar otra hermen\u00e9utica del mundo vivo.<\/p>\n<p>Necesitamos ahora, en la urgencia, reactivos de testeo, barbijos, respiradores, lugares en salas de cuidados intensivos. Ser\u00e1 preciso seguir con medidas de aislamiento y\/o distanciamiento social, mientras no hallemos otros medios para evitar que la afecci\u00f3n que nos provoca el Covid-19 se propague. Pero teng\u00e1moslo claro, esas medidas no nos sanar\u00e1n. Para verdaderamente sanar, tenemos que atrevernos a abrir la pregunta respecto a qu\u00e9 es lo que realmente nos enferma y nos mata. Debemos abrirnos al sentido etiol\u00f3gico profundo, al sentido ontol\u00f3gico y pol\u00edtico del coronavirus: \u00bfcu\u00e1l es el r\u00e9gimen de relaciones sociales, biol\u00f3gicas, econ\u00f3micas, culturales y pol\u00edticas que incub\u00f3 este microorganismo que hoy nos interpela?<\/p>\n<p>Curar no es apenas sofocar los s\u00edntomas. Curar es mudar; es atreverse a cambiar la matriz de relaciones que caus\u00f3 la enfermedad. En este sentido, la ciencia de siglos pasados podr\u00e1 detener la expansi\u00f3n de la enfermedad y hasta reducir la cantidad de sus potenciales v\u00edctimas. Pero esa ciencia y esa pol\u00edtica son ya obsoletas para los desaf\u00edos que tenemos en este siglo. Esa ciencia, esa pol\u00edtica, y sobre todo ese modo de producci\u00f3n de la vida social que -hegem\u00f3nicamente- llevamos (o que nos lleva) seguir\u00e1 produciendo pandemias. Seguir\u00e1 produciendo guerras y hambrunas. Seguir\u00e1 malgastando esfuerzos y derramando sangre a escala y ritmo industrial. En fin, hasta que no la demos de baja, la Raz\u00f3n Imperial seguir\u00e1 sacrificando la vida en el altar del progreso. Para realmente sanar, dir\u00edamos que, como especie, tenemos que atrevernos a dejar de comportarnos como conquistares, y empezar a vivir como cuidadora\/es y cultivadora\/es de este mundo; el \u00fanico que tenemos y que somos.<\/p>\n<p>Si esta pandemia, con todo el dolor y el sufrimiento humano producido, nos ayudara a preguntar-nos de qu\u00e9 realmente estamos enfermos. Si pudiera ayudar-nos a descubrir y afrontar la etiolog\u00eda de nuestras dolencias, y hacer los cambios que debemos hacer para sanar, dir\u00edamos que s\u00ed, que esta pandemia vali\u00f3 la pena.<\/p>\n<p><strong>4. (Necro-)Econom\u00eda<\/strong><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>Sabemos que las sociedades industrializadas viven del pillaje acelerado de stocks cuya constituci\u00f3n ha exigido decenas de millones de a\u00f1os\u2026<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>La actividad humana encuentra su limitaci\u00f3n externa en la naturaleza y cuando se hace caso omiso de tal limitaci\u00f3n s\u00f3lo se consigue provocar una reacci\u00f3n que adopta en lo inmediato la forma de nuevas enfermedades y nuevos malestares; descenso de la esperanza de vida y de la calidad de vida, a\u00fan cuando el nivel de consumo est\u00e9 en alza.\u201d<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Andr\u00e9 Gorz, 1977.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>La agroindustria est\u00e1 tan centrada en los beneficios que considera que vale la pena correr el riesgo de ser afectada por un virus que podr\u00eda matar a mil millones de personas\u201d<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Rob Wallace, 2016.<\/p>\n<p>La Pandemia en curso ha sido usada como excusa para la m\u00e1s reciente declaraci\u00f3n de guerra. Ha forzado -se dice- una\u00a0<em>econom\u00eda de guerra<\/em>. Le llaman as\u00ed a la par\u00e1lisis temporaria de los mercados, los grandes flujos comerciales y gran parte del gigantesco aparato tecno-industrial global, con sus distintas ramificaciones sectoriales y geogr\u00e1ficas. En nombre de esa econom\u00eda de guerra, pa\u00edses de todos los rangos geopol\u00edticos y gobiernos de todos los tintes ideol\u00f3gicos, preparan enormes paquetes financieros para -se dice- \u201cpaliar la crisis\u201d.<\/p>\n<p>Bajo un enga\u00f1oso abandono de la raz\u00f3n neoliberal que muchos se precipitan a declarar, de repente, todos parecen haberse vuelto keynesianos. Desde la derecha a la izquierda, se aboga por la necesaria intervenci\u00f3n del estado. Sin embargo, tal como se est\u00e1n pensando, esos salvatajes no van dirigidos a acabar con la econom\u00eda de guerra, sino a profundizarla. Los enormes subsidios y ayudas financieras que se preparan, pueden ser las municiones que carguen las armas de una nueva ola de despojo. A juzgar por las condiciones previas, podemos estar ante un nuevo cap\u00edtulo de una vieja historia: el salvataje de los privilegiados de siempre; a costa de un nuevo expolio de lxs condenadxs de la Tierra.<\/p>\n<p>Aunque esto no tiene que ser necesariamente as\u00ed, para evitarlo y para tener chances de torcer el rumbo, es preciso que nos aclaremos primero la etiolog\u00eda de la guerra y de esta crisis. Partamos entonces por lo b\u00e1sico: el coronavirus no ha declarado ninguna guerra; mucho menos, una guerra econ\u00f3mica. En cualquier caso, su irrupci\u00f3n ha detenido -por un tiempo y parcialmente- la\u00a0<em>econom\u00eda de guerra\u00a0<\/em>en la que venimos inmersos. La econom\u00eda de guerra es -ni m\u00e1s ni menos, como ya sabemos y est\u00e1 a la vista de todo el mundo- la propia econom\u00eda capitalista.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n -somos conscientes- es tan evidente como problem\u00e1tica. Por un lado, desde una perspectiva de rigor hist\u00f3rico-cient\u00edfico y honestidad intelectual, resulta irrefutable; pero, por el otro, dada la contundencia y la radicalidad de los cambios que involucra asumirla, es f\u00e1cilmente rechazable por \u201cidealista\u201d, \u201crom\u00e1ntica\u201d, y cosas por el estilo. Lo sabemos, el capitalismo es el principal virus que ha afectado lo m\u00e1s profundo de los cuerpos -esto es, las estructuras perceptivas, emocionales, libidinales e intelectuales- de una enorme masa de poblaci\u00f3n humana. Es, en ese sentido, la verdadera pandemia. Desde esas subjetividades infectadas -como dijera Fredric Jameson-,\u00a0<em>\u201ces m\u00e1s f\u00e1cil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo\u201d<\/em>. Pero lo cierto es que nada m\u00e1s realista hoy, que reconsiderar la envergadura de los cambios que precisamos hacer. Porque ya no tenemos tiempo para perder en reformas gatopardistas. Necesitamos cambiar de manera significativa el actual curso civilizatorio hegem\u00f3nico.<\/p>\n<p>Para entenderlo, nada m\u00e1s claro que la pedagog\u00eda del coronavirus. \u00c9sta nos muestra que -tanto en un sentido biol\u00f3gico-econ\u00f3mico inmediato, como en un sentido ecol\u00f3gico y pol\u00edtico de fondo-\u00a0<em>la pandemia en curso es un s\u00edntoma del Capitaloceno<\/em>. Es el capitalismo lo que funciona como una econom\u00eda de guerra; una guerra de conquista, iniciada hace ya m\u00e1s de quinientos a\u00f1os, pero dr\u00e1sticamente acelerada e intensificada en las \u00faltimas siete d\u00e9cadas. Se trata, como dijimos, de la primera y \u00fanica guerra verdaderamente mundial; una guerra que tiene fecha de inicio, pero que hasta ahora no ha cesado. Una guerra declarada, en primer lugar, contra las mujeres y los pueblos agro-culturales, contra las culturas as\u00ed estigmatizadas como primitivas y salvajes; una guerra contra la Tierra en s\u00ed, y contra el conjunto de seres vivos, \u201cdescubiertos\u201d y \u201cpor descubrir\u201d en cuanto objetos mercantilizables. (Porque, en definitiva, el capitalismo es b\u00e1sicamente una gran m\u00e1quina de \u201cdescubrir\u201d seres vivientes y procesos biol\u00f3gicos, geol\u00f3gicos, atmosf\u00e9ricos y socioculturales para transformarlos en mercanc\u00eda).<\/p>\n<p>El capitalismo hace que lo que llamamos modernamente \u201ceconom\u00eda\u201d sea efectiva y literalmente una gran maquinaria de guerra que funciona en una din\u00e1mica de destructividad inercial, avanzando a paso firme, creciente e incesante sobre el mundo vivo; produciendo cada vez m\u00e1s, mercanc\u00edas y necesidades; due\u00f1os -cada vez m\u00e1s pocos due\u00f1os- y despojadxs a mansalva; bienes necesarios y -much\u00edsimos m\u00e1s \u2013 productos superfluos; residuos y m\u00e1s residuos. Como advert\u00eda Andr\u00e9 Gorz en los \u201970, \u201c<em>el desarrollo de las fuerzas productivas, gracias al cual la clase obrera deber\u00eda haber podido romper sus cadenas e instaurar la libertad universal, ha despose\u00eddo a los trabajadores de sus \u00faltimas parcelas de soberan\u00eda\u2026 El crecimiento econ\u00f3mico, que deb\u00eda garantizar la abundancia y el bienestar para todos, ha hecho crecer las necesidades [y la poblaci\u00f3n bajo condiciones humillantes de vida]\u201d (Ecolog\u00eda y Libertad, 1977).<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed, ya nada queda de aquella ciencia aristot\u00e9lica, la ciencia de la buena administraci\u00f3n de la Casa. La econom\u00eda -bajo las reglas del capital- se ha convertido exactamente en su ant\u00f3nimo. Por eso, hoy los debates en la esfera p\u00fablica hablan con tanta naturalidad acr\u00edtica de la paradoja de \u201ccuidar la salud\u201d o \u201catender la econom\u00eda\u201d. Hablan desde una mirada que ha naturalizado lo econ\u00f3mico como modo de producci\u00f3n que atenta contra la vida.<\/p>\n<p>En ese marco, la acci\u00f3n del virus ha abierto una tregua en el curso de una econom\u00eda de guerra. Por un tiempo, la paz volvi\u00f3 a la Tierra. Por todos lados, tras esta par\u00e1lisis, en un brev\u00edsimo lapso de tiempo, han proliferado indicadores y noticias reveladoras de la incre\u00edble recuperaci\u00f3n de la salud biosf\u00e9rica. Aqu\u00ed s\u00ed estamos ante una gran paradoja: un microorganismo que constituye una amenaza a nuestra salud, ha desatado un gran Jubileo de la Tierra; los cielos se han despejado y las aguas se han vuelto cristalinas. En todas las grandes ciudades, los niveles de concentraci\u00f3n de CO2 y de otros gases contaminantes se han reducido significativamente; lo mismo ha sucedido con r\u00edos y riberas mar\u00edtimas [5]. La vida silvestre ha empezado a salir t\u00edmidamente del confinamiento secular y cada vez m\u00e1s asfixiante a la que la tenemos sometida. En cuanto a nuestra especie, la aritm\u00e9tica epidemiol\u00f3gica no es lineal: a las tasas y n\u00fameros absolutos de morbilidad y mortalidad del covid-19, deber\u00edamos considerar tambi\u00e9n los millares de muertes, de accidentes y de agentes pat\u00f3genos que se han evitado a consecuencia del virus. La respiraci\u00f3n puede ser una v\u00eda de contagio; y parad\u00f3jicamente, eso que puede infectarnos, ha purificado tambi\u00e9n -al menos estos d\u00edas- el aire que oxigena nuestras c\u00e9lulas.<\/p>\n<p>Se trata entonces de la necesidad epocal de poner en cuesti\u00f3n una econom\u00eda que nos enferma y que nos mata. Entender la etiolog\u00eda profunda del coronavirus, lleva, por un lado, a ver los motivos inmediatos, directos y concretos que explican los detonantes espec\u00edficos de esta pandemia. Pero tambi\u00e9n, permiten echar luz sobre los factores estructurales, generales y de larga duraci\u00f3n que la incubaron. En cuanto a lo primero, las investigaciones m\u00e1s serias disponibles nos indican que m\u00e1s que buscar en costumbres ex\u00f3ticas y lejanos mundos salvajes, debemos buscar los or\u00edgenes de la pandemia en pr\u00e1cticas globalizadas de producci\u00f3n y consumo. Estamos m\u00e1s bien ante un virus de origen industrial [6], diseminado y propagado por las m\u00e1s usuales pr\u00e1cticas y rutas del mercado mundial. Lejos de ser los causantes, los murci\u00e9lagos desempe\u00f1an un incidental papel de reparto en una pel\u00edcula cuya producci\u00f3n y realizaci\u00f3n general corresponde a la gran industria agroalimentaria global [7].<\/p>\n<p>En su libro \u201cBig Farms make Big Flu\u201d [Las grandes granjas producen grandes gripes] (2016), el bi\u00f3logo evolutivo y fitoge\u00f3grafo especialista en estudios de salud p\u00fablica, Rob Wallace, apunta que, como consecuencia de la acelerada expansi\u00f3n agronegocio\u00a0<em>\u201cEl planeta Tierra se ha convertido ahora en la Granja del Planeta, tanto por la biomasa como por la porci\u00f3n de tierra utilizada<\/em>\u00a0(\u2026) Como resultado,\u00a0<em>se est\u00e1n liberando muchos de estos nuevos pat\u00f3genos que antes y durante largo tiempo se manten\u00edan bajo control por los ecosistemas de los bosques, amenazando al mundo entero (\u2026) La cr\u00eda de monocultivos gen\u00e9ticos de animales dom\u00e9sticos elimina cualquier tipo de barrera inmunol\u00f3gica capaz de frenar la transmisi\u00f3n. Las grandes densidades de poblaci\u00f3n facilitan una mayor tasa de transmisi\u00f3n. Las condiciones de tal hacinamiento debilitan la respuesta inmunol\u00f3gica. Los altos vol\u00famenes de producci\u00f3n, un aspecto recurrente de cualquier producci\u00f3n industrial, proporcionan un suministro continuo y renovado de los susceptibles de ser contagiados, la gasolina para la evoluci\u00f3n de la virulencia\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>En definitiva, el coronavirus emerge como s\u00edntoma de la expansi\u00f3n de los procesos de mercantilizaci\u00f3n hacia las \u00faltimas fronteras de la vida. La maquinaria agroindustrial est\u00e1 asfixiando la vida silvestre y la vida en s\u00ed. Estamos asistiendo a las \u00faltimas escenas del\u00a0<em>devenir<\/em>\u00a0<em>plantaci\u00f3n\u00a0<\/em>de la Tierra. Un proceso incesante y creciente de concentraci\u00f3n (de la tierra, de los mercados, de los insumos y los productos), de simplificaci\u00f3n y uniformizaci\u00f3n (biol\u00f3gica, de saberes, de sabores, de semillas, de alimentos, de consumidores) y de gigantismo (en las escalas y las unidades de producci\u00f3n, las infraestructuras de almacenamiento, procesamiento y transporte, y las distancias geogr\u00e1ficas involucradas en los circuitos del agronegocio).<\/p>\n<p>Del siglo XVI al siglo XXI hemos dejado que el\u00a0<em>r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n<\/em>\u00a0fuera demasiado lejos. Hoy es una pandemia. Una f\u00e1brica de pandemias [8]. Antes que una met\u00e1fora, la Gran Plantaci\u00f3n es una figura que condensa la trayectoria hist\u00f3rica seguida por este modelo civilizatorio.\u00a0<em>Da cuenta de la metamorfosis que el capital ha operado sobre Gea en poco m\u00e1s de cinco siglos<\/em>. Como tal, la figura de la gran plantaci\u00f3n nos conecta directamente a los problemas de fondo de este modelo, a sus ra\u00edces filos\u00f3ficas, ecol\u00f3gicas y ontol\u00f3gico-pol\u00edticas.<\/p>\n<p>La plantaci\u00f3n, en efecto, es la instituci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica que est\u00e1 en la matriz generadora de las formaciones sociales de Am\u00e9rica, pero tambi\u00e9n en la ra\u00edz de\u00a0<em>la producci\u00f3n capitalista de la Naturaleza<\/em>, en general. Se trata de un r\u00e9gimen de propiedad y de poder (sobre la tierra y los cuerpos esclavizados) que delata las ra\u00edces coloniales y patriarcales del capitalismo.<\/p>\n<p>M\u00e1s que un tipo de producci\u00f3n agraria, la plantaci\u00f3n es un r\u00e9gimen de relaciones sociales en s\u00ed mismo. Una tecnolog\u00eda pol\u00edtica y ecol\u00f3gica de expolio de la vitalidad de los cuerpos y de la Tierra. La plantaci\u00f3n es latifundio; vale decir, concentraci\u00f3n de la tierra y el poder en pocas manos, y su contracara, despojo de mayor\u00edas de sus medios de subsistencia e imposici\u00f3n de reg\u00edmenes diversos de trabajo forzado. La plantaci\u00f3n es mercantilizaci\u00f3n\/profanaci\u00f3n de los alimentos; es dejar de concebir la labranza de la tierra para producir lo que nos nutre y lo que nos da vida, para, en cambio pensarla, dise\u00f1arla y dirigirla como medio de maximizaci\u00f3n de ganancias.<\/p>\n<p>La plantaci\u00f3n, por eso, es monocultivo; es erosi\u00f3n de la diversidad biol\u00f3gica, agrocultural y tambi\u00e9n inmunol\u00f3gica de los sistemas vivientes, incluidos los humanos. No es\u00a0<em>agri-cultura<\/em>, sino su contrario: una forma de explotaci\u00f3n de la tierra; una t\u00e9cnica de guerra contra la fertilidad del suelo. Agricultura es el arte humano de cultivar la tierra para producir su propio sustento vital, y al hacerlo, es el modo tambi\u00e9n de cultivar lo propiamente humano, lo que nos deber\u00eda distinguir como especie. Agricultura es un metabolismo energ\u00e9tico que se basa en el aprovechamiento de la energ\u00eda solar captada a trav\u00e9s de la fotos\u00edntesis como medio de nutrici\u00f3n. El r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n, en cambio, nos ha llevado a comer petr\u00f3leo; ha provocado un dr\u00e1stico colapso geometab\u00f3lico, tanto a nivel de los suelos, como de los cielos. Eso que llamamos calentamiento global y cambio clim\u00e1tico, es, en buena medida, un derivado del r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos los trastornos ecol\u00f3gicos derivados del r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n, tienen su correlato en el plano ontol\u00f3gico-pol\u00edtico. Y es que, la plantaci\u00f3n, como tecnolog\u00eda pol\u00edtica, se funda y supone la figura del\u00a0<em>conquistador<\/em>. La plantaci\u00f3n, la estancia, el latifundio, la Gran Granja, tienen su origen hist\u00f3rico y pol\u00edtico en un individuo, var\u00f3n y generalmente armado, que a fuerza de violencia se erige como due\u00f1o absoluto de la tierra. Piensa la tierra como de su propiedad. Y piensa a los cuerpos que trabajan la tierra para \u00e9l, tambi\u00e9n como una extensi\u00f3n de su propiedad. Piensa el proceso econ\u00f3mico no como sustento, sino como explotaci\u00f3n; no como colaboraci\u00f3n humana en el proceso de re-producci\u00f3n ampliada de la vida en el mundo y del mundo-de-la vida, sino como maximizaci\u00f3n de la rentabilidad.<\/p>\n<p>En definitiva, al frente de la Gran Granja no hay un\/a agricultor\/a, sino un depredador. \u00c9se es el gran problema de este modelo civilizatorio. La ra\u00edz -ecol\u00f3gica, econ\u00f3mica y pol\u00edtica- de nuestros males y la tragedia del presente. El r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n es la matriz de la necroeconom\u00eda del capital; una econom\u00eda concebida y practicada como econom\u00eda de guerra; guerra de conquista y de explotaci\u00f3n de las energ\u00edas vitales para la valorizaci\u00f3n abstracta. No en vano, la antrop\u00f3loga Donna Haraway habla de nuestra Era, como la\u00a0<em>Era del Plantacionoceno<\/em>. Una Era donde el humano se desconoce como\u00a0<em>humus<\/em>, y empieza a comportarse como conquistador\/depredador del mundo de la vida.<\/p>\n<p>Por un tiempo, el coronavirus ha puesto en cuarentena al conquistador. Ha detenido la normalidad necroecon\u00f3mica de la depredaci\u00f3n. Ese parate, permite tambi\u00e9n que\u00a0<em>respire la bi\u00f3sfera<\/em>\u00a0y que\u00a0<em>resurja la bioeconom\u00eda<\/em>. En lugar de provocar desorden, dir\u00edamos m\u00e1s bien que ha venido a ponerle un freno; est\u00e1 poniendo a nuestro alcance la posibilidad de tomar conciencia del caos antropol\u00f3gico y geol\u00f3gico que ha provocado nuestra \u201cnormalidad\u201d, nuestro \u201corden\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed, en los umbrales del capitaloceno, un microorganismo nos viene a regalar la oportunidad de revalorizar la econom\u00eda del cuidado y de volver a practicar una econom\u00eda centrada en la reproducci\u00f3n de la vida. Nos invita a tomar conciencia de cu\u00e1les son realmente las actividades econ\u00f3micas esenciales, cu\u00e1les son los bienes y servicios vitales; y, en consecuencia, qui\u00e9nes son la\/ os trabajadora\/es imprescindibles; aquellxs que sostienen y hacen posible nuestras vidas. Honrar tanto dolor, tantas muertes y tanto sufrimiento provocado por esta pandemia, significar\u00eda no desaprovechar las ense\u00f1anzas y las oportunidades de cambio que nos est\u00e1 ofreciendo.<\/p>\n<p><strong>5. Nutrir la tierra, sanar los cuerpos, alimentar comunidades pol\u00edticas democr\u00e1ticas.\u00a0<\/strong><em><strong>Pistas para una salida m\u00e1s humanizada del Capitaloceno\u2026\u00a0<\/strong><\/em>(**)<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>En todas las divisiones\u00a0<\/em>[creadas por la Modernidad]<em>\u00a0veo que se repiten las mismas antinomias b\u00e1sicas: el ser humano como conquistador versus el ser humano como ciudadano\/a bi\u00f3tico\/a; la ciencia como afilador para su espada versus la ciencia como antorcha para explorar su universo; la tierra como esclava y sirviente versus la tierra como organismo o cuerpo colectivo<\/em>\u201d.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Aldo Leopold, 1949.<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>Deber\u00edamos haber construido las civilizaciones de la huerta y el jard\u00edn \u2013en vez de ello hemos levantado las econom\u00edas de la mina a cielo abierto\u201d<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Jorge Riechmann, 2018.<\/p>\n<p>Sin terminar de procesar la etiolog\u00eda de la pandemia, los an\u00e1lisis del presente est\u00e1n precipitadamente enfocados en c\u00f3mo vamos a salir de la \u201ccrisis\u201d. Tanto en lo econ\u00f3mico como en lo pol\u00edtico, predominan los discursos que hablan de la vuelta a la \u201cnormalidad\u201d. No se termina de comprender la envergadura de la crisis; por tanto, no se cae en la cuenta que una \u201cvuelta a la normalidad\u201d no s\u00f3lo no es posible, sino que tampoco ser\u00eda deseable. Mientras que en lo econ\u00f3mico el debate est\u00e1 planteado en t\u00e9rminos de una todav\u00eda mayor intensificaci\u00f3n neoliberal o un retorno a alguna forma de keynesianismo como presunta alternativa, en lo pol\u00edtico las discusiones est\u00e1n centradas en torno al tipo de Estado (o de gubernamentalidad) que se est\u00e1n gestando. Las perspectivas cr\u00edticas han centrado mayormente sus preocupaciones en los nuevos o mayores peligros que para la democracia y los derechos ciudadanos, se incuban en el gobierno de la crisis.<\/p>\n<p>En su mayor\u00eda, las advertencias se han dirigido a marcar el sobregiro de la biopol\u00edtica hasta los umbrales de nuevas formas de totalitarismo digital. La concentraci\u00f3n del poder de\u00a0<em>vigilar y castigar<\/em>\u00a0a manos del aparato estatal y c\u00f3mo ese reforzamiento biotecnol\u00f3gico de seguimiento minucioso de la poblaci\u00f3n, de lo que hace, piensa, dice, siente, y por d\u00f3nde y c\u00f3mo circula, que parece poner los cuerpos bajo reg\u00edmenes de algoritmos autocr\u00e1ticos, ha hecho que se pongan todos los ojos en el \u201cestado de excepci\u00f3n\u201d, como si fuera \u00e9se el\u00a0<em>locus<\/em>\u00a0desde el cual se ejerce efectivamente el poder concentrado de hacer vivir y\/o dejar morir.<\/p>\n<p>Muy agudas para describir sus tecnolog\u00edas, las miradas foucaultianas suelen ser, sin embargo, insuficientes para ver las ra\u00edces de ese poder totalitario en ciernes. No se vislumbra en toda su dimensi\u00f3n en qu\u00e9 medida, d\u00e9cadas de hegemon\u00eda neoliberal han reconfigurado la tierra en un sentido m\u00e1s bien hobbesiano; un mundo donde se ha exacerbado el individualismo competitivo, las desigualdades segregacionistas, el miedo y la violencia discriminatoria hacia las alteridades. En fin, un mundo donde la figura del\u00a0<em>conquistador<\/em>\u00a0ha impregnado los imaginarios como modo natural-izado de ser y estar en el mundo y como paradigma del \u201c\u00e9xito\u201d social y el sentido de la existencia. Y la verdad es que un mundo de conquistadores, donde encima ya queda poco y nada que conquistar, no es precisamente un ecosistema propicio para la vida democr\u00e1tica; incluso ni siquiera para la co-existencia pac\u00edfica.<\/p>\n<p>A juzgar por los an\u00e1lisis sobre los impactos de la pandemia, la teor\u00eda pol\u00edtica contempor\u00e1nea parece seguir presa de los presupuestos antropoc\u00e9ntricos de origen. Sigue pensando lo humano como excepcionalidad. Sigue concibiendo la historia como exclusividad humana. As\u00ed, no atina a advertir en qu\u00e9 medida la salubridad de los reg\u00edmenes pol\u00edticos est\u00e1 radicalmente imbricada en la matriz de relaciones materiales y energ\u00e9ticas que el cuerpo social establece con la Tierra, como soporte b\u00e1sico primordial de la reproducci\u00f3n de la vida en general, y de las sociedades humanas en particular.<\/p>\n<p>Desde nuestra perspectiva, adem\u00e1s o m\u00e1s all\u00e1 de las mudanzas en la estatalidad y\/o en las formas de gubernamentalidad, los actuales acontecimientos y procesos en curso, requieren ampliar la mirada tanto a las ra\u00edces ecol\u00f3gicas del autoritarismo y la violencia pol\u00edtica, como a las ra\u00edces pol\u00edticas de la pandemia. Nos parece necesario percibir la pandemia misma como producto y s\u00edntoma del grado de descomposici\u00f3n de los sistemas pol\u00edticos de nuestras sociedades contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>Es decir, es preciso poder vislumbrar hasta qu\u00e9 punto las posibilidades de la democracia se empiezan a erosionar decisivamente en los procesos de concentraci\u00f3n de la tierra y de monopolizaci\u00f3n de los flujos energ\u00e9ticos que nos constituyen como cuerpos vivientes, en particular, los flujos energ\u00e9tico-alimentarios. Hasta qu\u00e9 punto la concentraci\u00f3n de la capacidad de disposici\u00f3n sobre las dietas (el agua, las semillas, los saberes, los sabores), la uniformizaci\u00f3n y sobresimplificaci\u00f3n gen\u00e9tica y sociobiocultural de los territorios-poblaciones, son aspectos claves que est\u00e1n operando como vectores de fondo de las tendencias neofascistas del presente, la intensificaci\u00f3n de la violencia racial, machista y clasista, el surgimiento de liderazgos autoritarios con apoyo electoral y la regresi\u00f3n general de los valores democr\u00e1ticos en las sociedades contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>En este plano, se hace evidente que no estamos apenas ante una \u201ccrisis sanitaria\u201d que ha desencadenado una crisis pol\u00edtica o el peligro de los autoritarismos. La biopol\u00edtica opera sobre el trasfondo hist\u00f3rico y como contrapartida sist\u00e9mica de la necro-econom\u00eda. Esto significa que ni la pandemia es un \u201cdesastre natural\u201d, ni estamos ante una enfermedad que apenas afecta a los cuerpos biol\u00f3gicos. La noci\u00f3n de Capitaloceno alude justamente a la idea de una crisis sist\u00e9mica multidimensional; un evento l\u00edmite que marca la crisis terminal de un modelo civilizatorio. La pandemia como s\u00edntoma del Capitaloceno est\u00e1 marcando la crisis terminal de la salud tanto de los cuerpos biol\u00f3gicos, como del propio cuerpo pol\u00edtico, lo que a su vez remite a la crisis m\u00e1s general de la salud de la Tierra.<\/p>\n<p>Como planteamos, en el meollo generador y desencadenante de esta crisis situamos el\u00a0<em>r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n<\/em>; la matriz agroalimentaria moderna que progresivamente se fue imponiendo y mundializando como hegem\u00f3nica a fuerza de cacer\u00edas de \u201cbrujas\u201d y cercamientos, tr\u00e1fico de cuerpos humanos esclavizados, masacres coloniales y neocoloniales para el despojo de tierras y la generalizaci\u00f3n de reg\u00edmenes de trabajo forzado, misiones civilizatorias y campa\u00f1as \u201cnacionales\u201d de conquistas de desiertos\u201d contra los pueblos ind\u00edgenas y campesinos del mundo.<\/p>\n<p>Desde sus or\u00edgenes hasta nuestros d\u00edas -con mayor intensidad a partir de mediados del siglo pasado-, la mundializaci\u00f3n de esta matriz agroalimentaria hegem\u00f3nica ha engendrado una \u2018ontolog\u00eda (agro)t\u00f3xica\u2019 cuyo flujo de insalubridad sist\u00e9mica, circula entre la tierra, los cuerpos y las energ\u00edas sociales siendo fuente de enfermedades biol\u00f3gicas, ecol\u00f3gicas y pol\u00edticas. Desde una perspectiva de salud integral, un grupo de cient\u00edficos hablan de una \u201csindemia global\u201d para referir a los problemas correlativos y sin\u00e9rgicos entre \u201cobesidad, desnutrici\u00f3n y cambio clim\u00e1tico\u201d como efectos de este modelo (The Lancet, 2019). Desde la perspectiva de los pueblos originarios, se habla de \u00abterricidio\u00bb [9] para referir al curso exterminista de este modelo civilizatorio en general, que incluye, claro, al r\u00e9gimen agroalimentario. A nuestro entender, ese concepto advierte muy bien sobre el papel clave de la violencia como combustible pol\u00edtico de ese r\u00e9gimen y sobre sus consecuencias inseparablemente\u00a0<em>ecobiopol\u00edticas<\/em>.<\/p>\n<p>Es en este contexto, en el ep\u00edlogo de este derrotero hist\u00f3rico que cabe preguntarse:\u00a0<em>\u00bfqu\u00e9 tipo de democracia podemos aspirar en un mundo h\u00edper-concentraci\u00f3n de la tierra; en un mundo en manos de pocos due\u00f1os? \u00bfQu\u00e9 tipo de pluralismo y respeto de la alteridad podemos esperar, ante la descomunal homogeneizaci\u00f3n de los ecosistemas, la uniformizaci\u00f3n de los paisajes y los sue\u00f1os, el desmonte de la diversidad biol\u00f3gica y sociocultural del mundo? \u00bfQu\u00e9 tipo de poder y de libertades queda en manos de sujetos individuales y colectivos cuyos principales bienes y servicios vitales se hallan bajo el control oligop\u00f3lico de grandes maquinarias globalizadas de abastecimiento y producci\u00f3n de necesidades?\u00a0<\/em>La mercantilizaci\u00f3n del alimento y la apropiaci\u00f3n concentrada de la tierra no s\u00f3lo degrada la biodiversidad, el clima y las dietas; erosiona las condiciones m\u00e1s elementales de la democracia, al horadar los propios procesos de producci\u00f3n y sustento de las comunidades pol\u00edticas.<\/p>\n<p><em>-La comunidad (pol\u00edtica) de vida, del origen a la ruptura<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00abCada uno de nosotros, en nuestras relaciones mutuas, pasamos minutos en los que nos indignamos contra el credo estrechamente individualista, de moda en nuestros d\u00edas; sin embargo los actos en cuya realizaci\u00f3n los hombres son guiados por su inclinaci\u00f3n a la ayuda mutua constituyen una parte tan enorme de nuestra vida cotidiana que, si fuera posible ponerles t\u00e9rmino repentinamente, se interrumpir\u00eda de inmediato todo el progreso moral ulterior de la humanidad. La sociedad humana, sin la ayuda mutua, no podr\u00eda ser mantenida m\u00e1s all\u00e1 de la vida de una generaci\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">P. Kropotkin, 1902<\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">\u201c<em>La historia nos demuestra que producir com\u00fan es el principio mediante el cual los seres humanos han organizado su existencia durante miles de a\u00f1os\u201d.<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">George Caffentzis y Silvia Federici, 2018<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de cuestiones formales, y de otras dimensiones, que es preciso tener en cuenta, la discusi\u00f3n por la democracia no puede omitir una teor\u00eda de la tierra, que involucre tambi\u00e9n una comprensi\u00f3n sobre nuestra vinculaci\u00f3n espec\u00edfica como comunidades pol\u00edticas con ella. Desde los or\u00edgenes de nuestra especie, producir la vida ha significado\u00a0<em>producir comunidad<\/em>; porque la vida, materialmente hablando, es una producci\u00f3n; y una producci\u00f3n comunal. La vida espec\u00edficamente humana es producci\u00f3n comunal\u00a0<em>en<\/em>\u00a0la Tierra,\u00a0<em>con<\/em>\u00a0la Tierra;\u00a0<em>de<\/em>\u00a0la Tierra. De ah\u00ed, la naturaleza intr\u00ednseca e insoslayablemente pol\u00edtica de la condici\u00f3n humana, y tambi\u00e9n el car\u00e1cter primordial que -en la modulaci\u00f3n hist\u00f3rica concreta de lo pol\u00edtico- tiene el v\u00ednculo que se establece entre una comunidad humana con la tierra en la procuraci\u00f3n de su subsistencia.<\/p>\n<p>Entendi\u00e9ndola como un organismo vivo y complejo, como trama de interacciones inconmensurables en continuo devenir autopo\u00e9tico y simpoi\u00e9tico, la Tierra en su din\u00e1mica vital ha sido el \u00fatero material en cuyo seno se ha gestado la irrupci\u00f3n de nuestra especie. Entre otros millones de especies, fuimos misteriosamente habilitados a co-habitar este planeta y, desde esos or\u00edgenes, los procesos espec\u00edficamente humanos no han dejado de estar radicalmente conectados y afectados a la din\u00e1mica geometab\u00f3lica de la Madre-Tierra en general.<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente, nuestro propio proceso de constituci\u00f3n como especie -hominizaci\u00f3n- no fue sino el resultado de esa interacci\u00f3n metab\u00f3lica entre tierra y trabajo principalmente orientada a obtener y asegurar la alimentaci\u00f3n. As\u00ed, a lo largo de miles de a\u00f1os, la humanidad se lanz\u00f3 entonces a co-habitar y desplegar la aventura de la vida en la tierra, lo que primariamente implic\u00f3 resolver el requerimiento b\u00e1sico de asegurarse la provisi\u00f3n de alimentos. Habida cuenta de sus transformaciones socio-cognitivas, estas colectividades humanas diversificaron sus pr\u00e1cticas alimentarias, ampliaron sus horizontes geogr\u00e1ficos, y de forma paulatina echaron ra\u00edces en las m\u00e1s diversas geograf\u00edas. De la selva al \u00e1rtico,\u00a0<em>las poblaciones humanas se fueron asentando bajo el principio ecol\u00f3gico-pol\u00edtico de priorizar la satisfacci\u00f3n de las necesidades alimentarias de todos los miembros de la comunidad<\/em>.<\/p>\n<p>La irrupci\u00f3n de la agricultura -entre 10.000 y 15.000 a\u00f1os atr\u00e1s- no hizo sino intensificar ese v\u00ednculo inseparablemente material y simb\u00f3lico de flujos energ\u00e9ticos y materiales entre tierra y trabajo, como matriz fundamental a trav\u00e9s de la cual tuvo lugar la producci\u00f3n y el despliegue de la vida social humana. La diversidad ecol\u00f3gica de los territorios fue la materia prima a partir de la cual se fue moldeando la extraordinaria diversidad sociocultural de los pueblos. Desde tiempos inmemoriales, la diversidad de las dietas constituy\u00f3 un elemento emblem\u00e1tico de las culturas. Las dietas, en efecto, expresan sint\u00e9tica e integralmente todos los aspectos y dimensiones del modo de vida de los pueblos: su cosmovisi\u00f3n, sus saberes, sus modos de organizaci\u00f3n del trabajo y de la cooperaci\u00f3n social en general. Es en este sentido que los sistemas agroalimentarios constituyen un nudo vital -en el m\u00e1s literal de los sentidos- tanto en la configuraci\u00f3n de las sociedades humanas, como comunidades pol\u00edticas, como en la socializaci\u00f3n de la Naturaleza, como modo humano de habitar la Tierra.<\/p>\n<p>Como ense\u00f1an los estudios de antropolog\u00eda econ\u00f3mica, m\u00e1s all\u00e1 de esa extraordinaria sociobiodiversidad -o en el marco de la ella-, los sistemas agroalimentarios pre-modernos se estructuraron bajo el mismo principio compartido de\u00a0<em>organizaci\u00f3n comunal de la producci\u00f3n<\/em>. Esto b\u00e1sicamente significa que el proceso general de producci\u00f3n social de la vida en estas comunidades estaba regido y regulado por los principios de\u00a0<em>reciprocidad<\/em>\u00a0y\u00a0<em>redistribuci\u00f3n<\/em>\u00a0de las tareas y el goce de lo com\u00fanmente producido.<\/p>\n<p>Tales principios ten\u00edan el efecto de asegurar el\u00a0<em>balance energ\u00e9tico<\/em>\u00a0entre todos los miembros -humanos y no-humanos- de la comunidad-de-vida. En concreto, reciprocidad y redistribuci\u00f3n son la f\u00f3rmula a trav\u00e9s de la cual la comunidad es el alimento de sus miembros, as\u00ed como cada miembro provee a su vez a la nutrici\u00f3n de la comunidad. Reciprocidad y redistribuci\u00f3n se materializan en cadenas tr\u00f3ficas circulares y biodiversas, complementarias, donde el alimento fluye como medio de com\u00fan-uni\u00f3n que hace al sustento de la vida.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n prioritaria a la autoproducci\u00f3n para la satisfacci\u00f3n de necesidades vitales, ten\u00eda el efecto de regular los ritmos y niveles de producci\u00f3n, ajust\u00e1ndolos las posibilidades de los ecosistemas y los requerimientos energ\u00e9ticos b\u00e1sicos de cada miembro. Era lo que marcaba el l\u00edmite, el freno que la comunidad humana ten\u00eda que considerar para que sus tasas de consumo energ\u00e9tico no sobrecargaran los ecosistemas ni los cuerpos.<\/p>\n<p>Estos principios b\u00e1sicos eran el soporte material y espiritual de estas agro-culturas; la clave de su econom\u00eda y de su constituci\u00f3n pol\u00edtica. Su efecto, el balance energ\u00e9tico -lo que hoy llamar\u00edamos justicia socioecol\u00f3gica-, era el modo de ajustar la producci\u00f3n a la vida (bio-econom\u00eda) y era el modo (inseparablemente ecol\u00f3gico, econ\u00f3mico y pol\u00edtico) de (re)producir la comunidad pol\u00edtica. De all\u00ed que, en estos sistemas comunales, el alimento y el trabajo (los flujos energ\u00e9ticos vitales) se conceb\u00edan y produc\u00edan m\u00e1s como bienes pol\u00edticos antes que \u201cecon\u00f3micos\u201d; sus reglas de reparto y acceso estaban sujetas -como el mercado mismo- a la econom\u00eda moral de la comunidad.<\/p>\n<p>Por contraste, se torna evidente la gran fractura que involucr\u00f3 la transformaci\u00f3n capitalista de la agricultura, con la irrupci\u00f3n del r\u00e9gimen de plantaci\u00f3n. La Gran Transformaci\u00f3n -como la nombrara Karl Polanyi- fue, en realidad, un proceso dr\u00e1stico y traum\u00e1tico de destrucci\u00f3n de la econom\u00eda moral que hasta entonces regulaba el metabolismo social de la vida comunal. La ruptura de las reglas de reciprocidad y redistribuci\u00f3n en t\u00e9rminos comunales abri\u00f3 paso a la econom\u00eda de guerra; inaugur\u00f3 una era donde la producci\u00f3n de los medios de vida se transform\u00f3 en una maquinaria de destrucci\u00f3n de las fuentes de vida y de producci\u00f3n de desigualdades abismales y crecientes, al interior de la poblaci\u00f3n humana y entre \u00e9sta y el resto de las comunidades bi\u00f3ticas. Como sabemos, \u201cproducci\u00f3n\u201d pas\u00f3 a significar\u00a0<em>explotaci\u00f3n<\/em>; explotaci\u00f3n de los cuerpos y de los territorios. La prioridad de las necesidades vitales, se suplant\u00f3 por la ganancia como combustible de las subjetividades que dirigen el \u201caparato productivo\u201d.<\/p>\n<p>Los primeros estudiosos modernos del suelo, ya a mediados del siglo XIX, se percataron que la agricultura capitalista no era agricultura, sino una forma extrema de miner\u00eda. En base a los estudios de Liebig, Marx habl\u00f3 de la ruptura metab\u00f3lica que represent\u00f3 la irrupci\u00f3n del capital en las comunidades agrarias. La producci\u00f3n agraria se desentiende del sostenimiento de la vida; se producen\u00a0<em>commodities<\/em>, no alimentos. El suelo deja de ser organismo vivo y pasa a ser tratado como cantera. En el principio desencadenante de esas transformaciones, tenemos la violencia expropiatoria que se ejerce sobre la tierra y los cuerpos; el alimento y el trabajo pasan a regirse bajo las reglas del mercado. En el colmo, dejar de orientarse por el valor de uso y orientarse al valor de cambio, fue como romper la br\u00fajula: echar a andar una maquinaria poderosa y veloz, pero sin rumbo y sin freno.<\/p>\n<p>Las consecuencias de este proceso ya las sabemos: la destrucci\u00f3n de las econom\u00edas comunales fue el punto de partida de la necroeconom\u00eda del capital. Por eso, m\u00e1s que ruptura, cabr\u00eda decir que se trat\u00f3 de un profundo y dr\u00e1stico trastorno geosociometab\u00f3lico. La irrupci\u00f3n del capital afect\u00f3\u00a0<em>los ciclos de vida<\/em>, tanto a nivel geol\u00f3gico, como antropol\u00f3gico. Todos los desequilibrios que hoy vemos y padecemos tienen su ra\u00edz en ese trastorno originario.<\/p>\n<p>Desequilibrios tr\u00f3ficos a nivel biosf\u00e9rico y de las comunidades humanas: eso que llamamos cambio clim\u00e1tico, erosi\u00f3n de la biodiversidad y sexta extinci\u00f3n masiva de especies, crisis de los ciclos de nutrientes. Desequilibrios dr\u00e1sticos en el balance energ\u00e9tico de los organismos humanos vivientes: a la geograf\u00eda del hambre -advertida Josu\u00e9 de Castro- hay que sumar ahora la geograf\u00eda de la obesidad, la geograf\u00eda de la intoxicaci\u00f3n y la geograf\u00eda del c\u00e1ncer. Y los desequilibrios en el cuerpo no son sino un reflejo de los desequilibrios en la Tierra. Vivimos inmersos en una geograf\u00eda m\u00e1s que desequilibrada, desquiciada, que se nos muestra, de un lado como \u201cplaneta de ciudades miserias\u201d (Mike Davis) y del otro, como un mar de \u201cdesiertos verdes\u201d (Alimonda).<\/p>\n<p>Pero, en el fondo de todos los desequilibrios,\u00a0<em>en la ra\u00edz generadora de este caos geo-sociometab\u00f3lico est\u00e1 la propia di-soluci\u00f3n de la comunidad pol\u00edtica: la invenci\u00f3n\/creaci\u00f3n de una sociedad de individuos, autoconcebidos como due\u00f1os absolutos de \u201csus vidas\u201d y \u201csus propiedades\u201d; llamados a transformarse en conquistadores; y que definen el sentido de su existencia en t\u00e9rminos de un camino infinito de compra-venta<\/em>.<\/p>\n<p>La ruptura de las cadenas tr\u00f3ficas por los monocultivos, de las reglas de reciprocidad y responsabilidad mutua, la abstracci\u00f3n del valor, ha terminado as\u00ed, afectando la conciencia de la interdependencia, la necesidad y la centralidad de la econom\u00eda de cuidados y de crianza; la sensibilidad vital de la especie. Ha creado individuos que se creen el principio y el fin de todo. Que la vida empieza y termina con ellos. Que la felicidad es una ecuaci\u00f3n de consumo. Que la vida de los dem\u00e1s y las relaciones con los dem\u00e1s \u2013los de la propia especie y los de las otras especies- s\u00f3lo valen en tanto y cuanto le reporten alguna utilidad\/ganancia. En fin, individuos que creen que se valen por s\u00ed mismos, y que viven como si todo el mundo que le rodea le fuera absolutamente prescindente, in-significante, s\u00f3lo medible por su precio.<\/p>\n<p>En nuestro pa\u00eds, en nuestra regi\u00f3n, tenemos un ejemplo dram\u00e1tico de estos procesos. La dr\u00e1stica transformaci\u00f3n de las ecoregiones pampeanas y chaque\u00f1as en un mar de soja, la abrupta y soterrada reconfiguraci\u00f3n de la geograf\u00eda pol\u00edtica sudamericana para dar lugar a la constituci\u00f3n de la \u201crep\u00fablica unida de la soja\u201d, ha dado lugar a conformaci\u00f3n de una \u201cciudadan\u00eda sojera\u201d; una\u00a0<em>subjetividad sojera<\/em>. Una subjetividad pol\u00edtica que bien se ajusta a los moldes del individuo hobbesiano. He ah\u00ed la especificidad regional de la cepa viral que nos est\u00e1 infectando.<\/p>\n<p><em>-Volver-nos\u00a0<\/em><em>humus\u2026\u00a0<\/em><em>Para alimentar un nuevo horizonte pol\u00edtico<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>\u00abHablar del fin del mundo es hablar de la necesidad de imaginar, antes que un nuevo mundo en el lugar de este mundo presente nuestro, un nuevo pueblo; el pueblo que falta. Un pueblo que crea en el mundo que deber\u00e1 crear con lo que le dejamos de mundo\u00bb<\/em><\/p>\n<p class=\"has-text-align-right\">Viveiros de Castro y Danowski, 2019<\/p>\n<p>De alguna manera, el coronavirus nos devuelve la imagen del mundo que hemos creado y nos hemos cre\u00eddo. En la ra\u00edz de la necroeconom\u00eda del capital yace la antropolog\u00eda imaginaria de la filosof\u00eda pol\u00edtica liberal y la \u201ceconom\u00eda moderna\u201d: el individuo \u201cracional\u201d, maximizador de sus intereses\/utilidades, titular de \u201cderechos\u201d (b\u00e1sicamente\u00a0<em>derechos reales<\/em>) y que ahora, en el ep\u00edlogo de la carrera armament\u00edstico-tecnol\u00f3gica, pretende controlar-lo todo a trav\u00e9s de pantallas t\u00e1ctiles y algoritmos; el individuo que cree que todos los v\u00ednculos y las relaciones pueden reducirse a lo virtual y a la agenda de contactos de un celular; que el mundo digital es el presente y el futuro; ese individuo, encarnaci\u00f3n de las elucubraciones de Hobbes y de Smith, es el que hoy est\u00e1 puesto en cuarentena.<\/p>\n<p>Aislados, con medidas de \u201cdistanciamiento social\u201d, acuartelados en las respectivas condiciones de clase; ensimismados y cada vez m\u00e1s enfrascados en el \u201cmundo virtual\u201d y la industria global del entretenimiento,\u00a0<em>el virus refleja la imagen de una sociedad perdida<\/em>. Perdida en la historia y en el cosmos; pero tambi\u00e9n perdida\u00a0<em>como\u00a0<\/em>sociedad, como\u00a0<em>comunidad pol\u00edtica.\u00a0<\/em>Porque la disoluci\u00f3n de los principios de reciprocidad y redistribuci\u00f3n, es la disoluci\u00f3n misma de la sociedad humana como tal, como \u00e1mbito y sistema de con-vivencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>El desconocimiento de los v\u00ednculos y los flujos que nos ob-ligan a la Tierra, que nos hacen ser seres terrestres, con-vivientes con la biodiversidad toda, en una comunidad de comunidades, ha llevado al desconocimiento de la propia sociabilidad intra-espec\u00edfica. Nos hallamos en el umbral de una crucial encrucijada civilizatoria: o seguimos por la senda del mundo hobbesiano que esta crisis devel\u00f3, o nos atrevemos a avanzar por la senda contraria de re-crear y cultivar la comunidad, a cultivar un mundo de solidaridades ampliadas y de reciprocidades intensas, que esta crisis tambi\u00e9n ayud\u00f3 a visibilizar en los mundos re-existentes, confinados a los m\u00e1rgenes.<\/p>\n<p>As\u00ed, lo que est\u00e1 en juego no es apenas el grado de autoritarismo de los sistemas pol\u00edticos, sino las condiciones elementales de reproducci\u00f3n de vidas humanamente reconocibles como tales. No es posible detener ola de autoritarismos y pulsiones neofascistas que degradan las democracias realmente existentes, sin des-adue\u00f1ar el mundo. Sin restringir radicalmente los \u201cderechos de propiedad\u201d. Sin desmercantilizar los dos principales flujos energ\u00e9ticos en los que nos va la vida, el alimento y el trabajo, y sin desmercantilizar la tierra en s\u00ed, como la fuente primaria de todas las energ\u00edas.<\/p>\n<p>Hoy m\u00e1s que nunca se hace evidente que los principales desaf\u00edos pol\u00edticos son eminentemente (agro-)ecol\u00f3gicos. El desaf\u00edo pasa por la necesidad imperiosa de re-crearnos como comunidad pol\u00edtica, para lo cual, resulta indispensable recomponer los flujos geosociometab\u00f3licos a fin de detener la devastaci\u00f3n y empezar a recomponer la salud material y espiritual, de los cuerpos, de las sociedades humanas, y de la Tierra, como comunidad de comunidades. Necesitamos recuperar esa memoria ancestral que nos ense\u00f1a que \u201cproducir com\u00fan\u201d es la ley de la vida, expresi\u00f3n de una racionalidad encarnada, arraigada; la raz\u00f3n justamente denegada por imperio de la Raz\u00f3n abstracta. Recuperar el saber transmitido por generaciones de que la salud de la tierra, de los alimentos, de los cuerpos y de las comunidades pol\u00edticas forman todos una misma trama; son parte del complejo tejido de la vida.<\/p>\n<p>Para (tener chances de) recuperar la democracia, necesitamos primero, sanar la Tierra. Volver a\u00a0<em>las pr\u00e1cticas agroculturales de cuidado, crianza, reciprocidad, mutualidad, respeto de la diversidad biol\u00f3gica y sociocultural.<\/em>\u00a0Es preciso re-aprender nuestro lugar en el mundo. Volver a re-conocer-nos como\u00a0<em>humus, hijas e hijos de la Madre Tierra, en comuni\u00f3n de interdependencia vital, existencial con la comunidad de comunidades bi\u00f3ticas que la habitan.\u00a0<\/em>Un camino as\u00ed no es ni ut\u00f3pico, ni rom\u00e1ntico, ni idealista. Es la topolog\u00eda de la vida que respira en los pueblos reexistentes; una topolog\u00eda marginal y acechada, s\u00ed, pero que confronta y nos muestra alternativas frente a la distop\u00eda hegem\u00f3nica. Si tuvi\u00e9ramos la suficiente humildad epist\u00e9mica, podr\u00edamos aprender de ellas y ellos. La situaci\u00f3n de vulnerabilidad extrema en la que nos ha colocado un microorganismo debiera estimularnos a ello.<\/p>\n<p>En su an\u00e1lisis sobre la crisis en curso, el investigador brit\u00e1nico Naffez Ahmed plantea que \u201cSuperar el coronavirus ser\u00e1 un ejercicio no solo para desarrollar la resiliencia social, sino tambi\u00e9n para reaprender los valores de cooperaci\u00f3n, compasi\u00f3n, generosidad y amabilidad, y construir sistemas que institucionalicen estos valores\u201d. Estos valores, remarca, no son simples construcciones humanas o preferencias ideol\u00f3gicas. Se trata en realidad de principios vitales y categor\u00edas cognitivas que orientan a la materia viviente en general en su curso de evoluci\u00f3n y adaptaci\u00f3n. En tanto principios ecol\u00f3gicos que orientan la din\u00e1mica de la evoluci\u00f3n de la Vida en la Tierra, la reciprocidad y la solidaridad ampliada son hoy un requisito de sobrevivencia. Como ya en 1949 advert\u00eda el ec\u00f3logo norteamericano Aldo L\u00e9opold, precisamos entablar una relaci\u00f3n \u00e9tica con la Tierra, no ya para \u201csalvar el planeta\u201d, sino para recuperar nuestra propia condici\u00f3n humana. \u201cUna \u00e9tica de la tierra cambia el papel del Homo sapiens: de conquistador de la comunidad de la tierra al de simple miembro y ciudadano de ella. Esto implica el respeto por sus compa\u00f1eros-miembros y tambi\u00e9n el respeto por la comunidad como tal\u201d (\u201cLa \u00e9tica de la tierra\u201d, 1949).<\/p>\n<p>As\u00ed, mientras no abramos la posibilidad de reconsiderar el estatuto ontol\u00f3gico, pol\u00edtico y \u00e9tico de la Madre Tierra, veremos vedado el camino hacia una sociedad plenamente democr\u00e1tica, que aspire de modo realista a conjugar justicia, libertad, igualdad y con-fraternidad.<\/p>\n<p>En medio de tanto dolor, ante el panorama de tanto sufrimiento revelado y provocado, esta pandemia nos ha venido a ofrecer tambi\u00e9n, sin embargo, una acci\u00f3n terap\u00e9utica y una lecci\u00f3n pol\u00edtica. Nos ha mostrado el origen de nuestros males, de nuestra enfermedad civilizatoria. Pero nos ilumina tambi\u00e9n sobre caminos de sanaci\u00f3n posibles. Nos muestra la posibilidad terap\u00e9utica de dejar de comportarnos como conquistadores y empezar a concebir-nos y comportar-nos como nobles y humildes cultivadores de la Madre-Tierra. Volver a reconocernos\u00a0<em>humus<\/em>\u00a0para alentar otros futuros posibles; horizontes que sean dignos de nuestro nombre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Horacio Machado Araoz (Rebeli\u00f3n, 27-4-20) &nbsp; \u201cA primera vista, los virus, intermediarios entre la vida y la materia inerte, representan una forma particularmente humilde de la primera. Sin embargo, necesitan otros seres vivos para perpetuarse. 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