{"id":40005,"date":"2020-04-29T10:51:09","date_gmt":"2020-04-29T14:51:09","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=40005"},"modified":"2020-04-29T10:51:09","modified_gmt":"2020-04-29T14:51:09","slug":"la-tentacion-del-confinamiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2020\/04\/29\/la-tentacion-del-confinamiento\/","title":{"rendered":"La tentaci\u00f3n del confinamiento"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Santiago Alba Rico (CTXT, 29-4-20)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El capitalismo, que no piensa, es una estructura que nos obliga a pegarnos voluntariamente un tiro en la nuca para mantener con vida una estructura de la que dependemos para podernos pegar un tiro en la nuca unos d\u00edas m\u00e1s.<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"cols\">\n<p>Real, escrib\u00eda hace unas semanas, es la independencia del mundo.<\/p>\n<p>El ejemplo m\u00e1s banal es el hijo. Un hijo es real porque no se puede escapar de \u00e9l, porque no tiene final; porque no podemos querer \u2013ni siquiera imaginar\u2013 su final, a\u00fan m\u00e1s real que su existencia misma precisamente porque su existencia es lo m\u00e1s real que existe. No se puede escapar de \u00e9l; no podemos desprendernos del hijo como de una tablet o de un coche viejo. Nadie, que yo sepa, ha huido de un hijo que llora; es imposible, en efecto, imaginar a una madre de cualquier sexo que, al o\u00edr llorar a su beb\u00e9, suelta el pa\u00f1al y huye escaleras abajo. Esa barbaridad pusil\u00e1nime ni se nos pasa por la cabeza. Si el ni\u00f1o llora en su cuna, acudimos a tranquilizarlo o a alimentarlo o a cubrirlo con una manta. Es completamente real: sabemos que no hay escapatoria.<\/p>\n<p>Tampoco podemos escapar de los brazos del amado o de la amada. Y mientras estamos ah\u00ed, \u201ccual vid que entre el jazm\u00edn se va enredando\u201d, nos decimos y hasta lo decimos en voz alta: me pareces un sue\u00f1o. Todas aquellas cosas de las que no podemos escapar y de las que nos decimos que \u201cparecen so\u00f1adas\u201d son reales. La realidad, cuando aparece, parece irreal, lo que no deja de ser il\u00f3gico y extravagante. Porque al hijo lo hemos esperado durante nueve meses, sab\u00edamos de su inminente llegada, y, sin embargo, su nacimiento, su existencia, su estancia repentina en el mundo nos parece completamente inesperada. No nos lo esper\u00e1bamos. Eso ocurre tambi\u00e9n, s\u00ed, con el amor, pero asimismo, a escala colectiva, con la revoluci\u00f3n, la guerra o la cat\u00e1strofe. Por eso mismo la realidad, cuando se presenta, lo hace al modo de un\u00a0<em>d\u00e9j\u00e0 vu<\/em>. Es inesperado el hijo que esperamos nueve meses; y tambi\u00e9n al rev\u00e9s, lo inesperado, si comparece, revela hasta qu\u00e9 punto lo est\u00e1bamos esperando. Creo que todos tenemos la sensaci\u00f3n de que est\u00e1bamos esperando, sin saberlo, esta crisis: nos sorprende justamente porque nos hab\u00eda sido anunciada. Y eso explica en parte, m\u00e1s que el miedo o junto al miedo, la mansedumbre y el sentido de la responsabilidad con que hemos aceptado el confinamiento.<\/p>\n<p>La realidad, cuando aparece, parece irreal. \u00bfPero qu\u00e9 ha aparecido en este caso? \u00bfY por qu\u00e9 nos parece irreal?<\/p>\n<p>Por primera vez nuestras vidas, todas las vidas, en Roma, Madrid, T\u00fanez, Par\u00eds, est\u00e1n sincronizadas por el virus. No ha ocurrido nunca antes. La pandemia de coronavirus no es \u2013ni mucho menos\u2013 lo peor que le ha ocurrido a la humanidad, pero s\u00ed lo primero que le ocurre a la humanidad como sujeto-especie consciente. La amenaza nuclear desde 1945 y el cambio clim\u00e1tico, anunciado desde los a\u00f1os 70 del siglo pasado, defin\u00eda ya una temblorosa Humanidad com\u00fan, pero inalcanzable para la experiencia cotidiana. Todas las cat\u00e1strofes, hasta ahora, han sido \u201clocales\u201d o livianamente ignoradas desde lejos. Lo mismo puede decirse de las revoluciones y de los placeres. Por muchos millones de espectadores que vieran una final ol\u00edmpica o un Madrid-Bar\u00e7a, esa sincronizaci\u00f3n no era universal y adem\u00e1s duraba, como m\u00e1ximo, un par de horas. Por muchos millones de personas que murieran \u2013y mueran\u2013 en guerras y tsunamis esa experiencia era \u2013y es\u2013 invivible fuera del lugar de la tragedia, donde la realidad com\u00fan se ci\u00f1e a un espacio limitado. La sincronizaci\u00f3n entre las vidas que produce el virus es por primera vez, precisamente, la vida. Nuestra vida. Nuestra nueva vida, volteada por el virus y regulada por las medidas tomadas contra \u00e9l. \u00bfQu\u00e9 vida es \u00e9sta?<\/p>\n<p>He dicho que hasta hoy la humanidad no hab\u00eda compartido nada. No es verdad. Hay una cosa que\u00a0 compartimos todos los humanos al mismo tiempo mientras estamos vivos: la mortalidad. Ahora bien, de la mortalidad, como de la miseria, s\u00ed podemos huir por procedimientos antropol\u00f3gicos, estupefacientes o imaginarios; y eso es normal y casi bueno. Las sociedades humanas ser\u00edan inviables si estuviesen presididas por la conciencia inmediata de la muerte individual; si escuch\u00e1semos sin parar el tic-tac de la degradaci\u00f3n de los \u00f3rganos en nuestros cuerpos. Pero una cosa es no vivir ininterrumpidamente la mortalidad, condici\u00f3n de la supervivencia, y otra muy distinta no tomarla en cuenta ni siquiera delante de un cad\u00e1ver. De hecho, si algo caracterizaba a nuestras sociedades occidentales es que sus habitantes, m\u00e1s que compartir la realidad de la mortalidad, compart\u00edan la ilusi\u00f3n de la inmortalidad, y con tanta m\u00e1s seguridad cuanta m\u00e1s gente de otras razas u otras geograf\u00edas mor\u00eda a nuestro alrededor. Y de pronto el virus y las medidas tomadas contra \u00e9l hacen que nuestras vidas sincronizadas se vean sincronizadas por la realidad irreal de la mortalidad, as\u00ed como por unas rutinas de confinamiento que alteran de manera simult\u00e1nea el tiempo individual y el tiempo del capitalismo.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n es que esa realidad \u2013como el sexo en la conocida pel\u00edcula japonesa\u00a0<em>El imperio de los sentidos<\/em>, de Nagisa Oshima\u2013 se ha vuelto completamente dominante, y ello hasta el punto de que no s\u00f3lo ha desterrado las ilusiones de la normalidad fantasiosa en la que viv\u00edamos sino que ha puesto fuera de juego, cautelarmente, todas las otras realidades. El 27 de marzo, pocos d\u00edas despu\u00e9s del establecimiento del estado de alerta, en el pueblo donde paso el confinamiento muri\u00f3 un hombre. Muri\u00f3 a sesenta metros de mi casa, a dos calles de distancia. La sacudida de la noticia qued\u00f3 enseguida sumergida en una indiferencia fr\u00eda y casi desde\u00f1osa al enterarnos, pocos segundos despu\u00e9s, de que no hab\u00eda muerto a causa del coronavirus. \u00a1Hab\u00eda muerto asesinado a hachazos! Una noticia que en cualquier otro momento habr\u00eda conmovido y excitado a todos los habitantes del pueblo, y habr\u00eda generado habladur\u00edas febriles y estremecimientos numinosos, y abundante amarillismo period\u00edstico, nos dej\u00f3 a todos indiferentes y \u2013por qu\u00e9 no decirlo\u2013 aliviados. Frente a la sincron\u00eda de la pandemia, esa muerte \u2013tan espantosamente real\u2013 era una muerte acr\u00f3nica, a destiempo, que no sincronizaba nuestras vidas sino que m\u00e1s bien las desajustaba de un modo casi inoportuno y, por eso mismo, inatendible e irrelevante. Si no hab\u00eda muerto por el virus, \u00a1es que no hab\u00eda ocurrido nada! Me acord\u00e9 de las primeras p\u00e1ginas de\u00a0<em>La monta\u00f1a m\u00e1gica,\u00a0<\/em>cuando Hans Castorp empieza a \u201caclimatarse\u201d al tiempo enfermizo del sanatorio, presidido por la sombra de la Tuberculosis, que va desliz\u00e1ndose en todos los pulmones y que \u201cdistingue\u201d \u2013pero como una distinci\u00f3n nobiliaria\u2013 a los residentes en tratamiento en la Monta\u00f1a de los banales hombres sanos del valle (\u201call\u00e1 abajo\u201d), donde se muere siempre de otra cosa. Hasta tal punto el bacilo de Koch ha sincronizado esas vidas descritas por Thomas Mann que, cuando uno de los hu\u00e9spedes acude a la consulta m\u00e9dica aquejado de una enfermedad fulminante que lo matar\u00e1 sin remedio en pocos d\u00edas, el dr. Behren le dice, tranquilizador, tras examinarlo: \u201cNo tiene de qu\u00e9 preocuparse. No es tuberculosis\u201d. Cuando pase la pandemia, me temo, va a quedar un gran vac\u00edo en nuestras vidas. Tendremos mono, por as\u00ed decirlo, de realidad. Nos encontraremos en un mundo vac\u00edo de acontecimientos que habr\u00e1 que llenar de nuevo en una sociedad inevitablemente transformada. \u00bfLo haremos mejor que antes? \u00bfDejaremos entrar las otras realidades \u2013desigualdades sociales, guerras, cat\u00e1strofes clim\u00e1ticas\u2013 que la ilusi\u00f3n de inmortalidad llamada \u201cnormalidad\u201d exclu\u00eda o buscaremos y nos chutaremos dosis intensas de irrealidad elitista o \u2013del otro lado\u2013 de realidad salvaje, instant\u00e1nea y feroz? \u00bfTantearemos una nueva sincron\u00eda plural o nos entregaremos al \u201cs\u00e1lvese quien pueda\u201d de las acron\u00edas paralelas y los destiempos sin nexo (\u00e9poca neovieja de solitarios con mascarilla y comunidades enmascaradas y autoconfinadas en identidades de grupo sin ventanas y con troneras)?<\/p>\n<p>Lo inquietante, en todo caso, es que esta \u201csincronizacion vital\u201d sin precedentes es indisociable de nuestra dependencia tecnol\u00f3gica, que el confinamiento ha agravado, revelando todas sus ventajas y todos sus peligros. La \u201cconciencia de especie\u201d, digamos, es digital y, por eso mismo, impura, parad\u00f3jica, llena de riesgos antropol\u00f3gicos. No s\u00f3lo porque econ\u00f3micamente estamos reforzando el capitalismo digital (Amazon y compa\u00f1\u00eda) sino porque esta dependencia consuma una tendencia o tentaci\u00f3n de confinamiento tecnol\u00f3gico ya presente en nuestras vidas \u201cnormales\u201d de \u201call\u00e1 abajo\u201d.\u00a0 El confinamiento nos ha encerrado en el espacio f\u00edsico, del que huimos a trav\u00e9s de los intestinos de la red, de cuya existencia sin interrupciones dependemos para abastecernos no menos que para comunicarnos con el exterior. Telatrabajamos, tele-estudiamos, telecompramos. As\u00ed que el confinamiento, que entra\u00f1a la posibilidad de recuperar el cuerpo y su mortalidad, tambi\u00e9n induce la tentaci\u00f3n de abolirlo definitivamente. Especialmente las nuevas generaciones, nacidas y moldeadas en la \u201cdistancia social\u201d del m\u00f3vil y la tablet, \u00bfsentir\u00e1n la necesidad de volver a la calle o, por el contrario, la infinita pereza de tener que afrontar de nuevo el espacio lento y sin vida de las plazas, los autobuses, los cuerpos, las monta\u00f1as? En este sentido a\u00fan nos podr\u00eda ocurrir algo peor que una pandemia: y es un apag\u00f3n inform\u00e1tico, una cat\u00e1strofe digital que nos confinara en nuestros cuerpos y nos obligara, como en el neol\u00edtico, a usarlos para pedir amor y pan. Imagino que en alg\u00fan momento, antes de eso, cuando se levante el confinamiento, habr\u00e1 que hacer campa\u00f1as de recuperaci\u00f3n de la fisicidad; y hasta montar piquetes revolucionarios \u2013cuando ya no est\u00e9 prohibido pero s\u00ed mal visto\u2013 que agarren manos, roben arrimos y den palmaditas en la espalda a conocidos y desconocidos. Habr\u00e1 que ver asimismo c\u00f3mo cambian las relaciones sexuales. \u00bfSe producir\u00e1 un estallido de sexualidad indiscriminada o, al contrario, una inhibici\u00f3n onanista a la japonesa? Puede que, tras esta experiencia, un cuerpo desnudo y cercano nos parezca demasiado \u201ccrudo\u201d. Y vestido demasiado desnudo.<\/p>\n<p>\u00bfY el tiempo? El tiempo del aburrimiento es lento, es tiempo estancado en el cuerpo, pero en la memoria, retrospectivamente, se percibe como tiempo uniforme que ha pasado en un solo bloque y de una sola vez. El tiempo de la aventura, de la variedad, del acontecimiento, es al contrario r\u00e1pido, pero en la memoria se presenta diferenciado, rico y denso. En cuanto al tiempo del confinamiento, es parad\u00f3jico: porque, encajonado o aprisionado en un espacio estrecho, \u00e9l mismo se vuelve espacio, de manera que se recorre la jornada en los mismos cuatro pasos con que recorremos la habitaci\u00f3n: de un solo paso, s\u00ed, ha llegado la noche. \u00bfY el tiempo de las nuevas tecnolog\u00edas? No es tiempo estancado y no es tiempo variado. Es el discurso mismo del tiempo desplegado en una r\u00e1faga erosiva, pulverizado en una aceleraci\u00f3n de fotogramas m\u00e1s r\u00e1pidos que el universo. Hay memoria de la costumbre y hay memoria de la aventura. No hay memoria del tiempo tecnol\u00f3gico. Internet es un \u00f3rgano rumiante que no distingue entre la ingesti\u00f3n y la evacuaci\u00f3n. Y una escupidera que no devuelve la saliva.<\/p>\n<p>El capitalismo no es un sujeto y, por lo tanto, no piensa. Es una estructura que determina los m\u00e1rgenes de intervenci\u00f3n de los sujetos \u2013y sus pensamientos\u2013 y que se reproduce a su vez a trav\u00e9s de las decisiones individuales que moldea. Por este motivo se hace presente, de manera simult\u00e1nea, como un modo de producci\u00f3n, una civilizaci\u00f3n y una medida del tiempo que, por su propia din\u00e1mica interna, ha acabado por ce\u00f1ir los l\u00edmites mismos del universo, por fuera y por dentro: un estado del mundo y un estado del alma, como dir\u00eda Kafka. Por eso mismo, y al contrario que otros modos de producci\u00f3n y otros modelos civilizacionales, ya no tiene exterior. No hay ning\u00fan \u201cafuera\u201d en el que cultivar un huerto ni ning\u00fan desierto al que huir de las tentaciones. Todos dependemos de \u00e9l, los ricos y los pobres, los veganos y los can\u00edbales, los fachas y los comunistas. No cabe ya en \u00e9l ni un Thoreau ni un Unabomber. O mejor dicho, caben perfectamente en \u00e9l, y con sus extravagancias reproducen tambi\u00e9n esa estructura que no piensa ni desea pero que aquilata nuestros pensamientos y deseos; y que no tiene ning\u00fan plan pero que obliga a sus gestores y beneficiarios\u00a0 \u2013heterog\u00e9neos y pugnaces\u2013 a hacer solo planes a muy corto plazo.<\/p>\n<p>Que no piensa \u2013y que s\u00f3lo hace planes a corto plazo\u2013 se demuestra en el hecho de que ha generado un sistema de dependencias que, como dec\u00eda alguien hace poco, no es ni viable ni transformable, y ello precisamente porque convierte todas las bendiciones en maldiciones y todas las utop\u00edas en distop\u00edas. Un ejemplo particularmente paladino es el del petr\u00f3leo. Ayer le\u00eda en la p\u00e1gina\u00a0<em>The oil crash<\/em>, de Antonio Turiel,\u00a0<a href=\"https:\/\/crashoil.blogspot.com\/2020\/04\/la-tormenta-negra.html?m=1\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">una buena noticia<\/a>, de la que ofrezco aqu\u00ed una versi\u00f3n muy simplificada y narrativa: el consumo del petr\u00f3leo ha disminuido en un 30% gracias a la pandemia y es muy probable que su ca\u00edda \u2013tanto en consumo como en precio\u2013 se precipite en picado todav\u00eda m\u00e1s. Esto deber\u00eda ser saludable para el planeta y esperanzador para las econom\u00edas individuales. Pero resulta que no. Es una maldici\u00f3n. Porque el capitalismo se ha preparado para producir petr\u00f3leo, no para dejar de producirlo, y hay que sacarlo de la tierra sin parar, a riesgo de que los pozos se petrifiquen sin vuelta atr\u00e1s; y el ya sacado no se puede almacenar m\u00e1s de seis meses sin que su putrefacci\u00f3n genere m\u00e1s problemas ecol\u00f3gicos de los que ahorra su combusti\u00f3n en el aire. As\u00ed que, con independencia ya de los beneficios, la supervivencia material de todos depende de que minemos sin cesar las condiciones materiales de supervivencia de todos. O de otra manera: el capitalismo, que no piensa, es una estructura que nos obliga a pegarnos voluntariamente un tiro en la nuca para mantener con vida una estructura de la que dependemos para podernos pegar un tiro en la nuca unos d\u00edas m\u00e1s.<\/p>\n<p>Otro ejemplo \u2013para terminar\u2013 es el de la medicina. Hace unos d\u00edas le\u00eda con inquietud\u00a0<a href=\"https:\/\/www.quodlibet.it\/david-cayley-questions-about-the-current-pandemic-from-the-point\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">un art\u00edculo de David Cayley<\/a>, disc\u00edpulo y amigo del te\u00f3logo y fil\u00f3sofo Ivan Illich, en el que se resum\u00edan las advertencias recogidas en\u00a0<em>N\u00e9mesis M\u00e9dica,\u00a0<\/em>un pol\u00e9mico libro de finales de los a\u00f1os 70 del siglo pasado. All\u00ed Illich expon\u00eda los peligros de la instituci\u00f3n m\u00e9dica, a partir del presupuesto de que todas las instituciones empiezan haciendo el bien y, si no saben mantener el equilibrio, acaban haciendo el mal. La instituci\u00f3n m\u00e9dica, que naci\u00f3 para ampliar a todos los desconocidos \u2013seg\u00fan su visi\u00f3n religiosa\u2013 el radio de acci\u00f3n de la caridad cristiana, devino en la segunda mitad del siglo XX un \u201csistema\u201d aut\u00f3nomo y omniabarcante de anulaci\u00f3n y confiscaci\u00f3n de los cuerpos, expropiados de s\u00ed mismos y de su propia muerte. La medicalizaci\u00f3n de la vida se tradujo, seg\u00fan Illich, en una dictadura iatrog\u00e9nica; es decir, en una dictadura de los efectos colaterales negativos de esta intervenci\u00f3n m\u00e9dica masiva y minuciosa. Illich se refer\u00eda no s\u00f3lo a las muertes en hospitales, por errores o infecciones adventicias, sino, sobre todo, a la\u00a0iatrog\u00e9nesis social y cultural; al hecho, es decir, de que los ciudadanos occidentales hemos puesto nuestras vidas \u2013y nuestras muertes\u2013 en manos de una Medicina a la que pedimos y que promete garantizarnos una Seguridad Total; una Medicina \u201csistematizada\u201d que busca anticiparse siempre a todo riesgo y que, en nombre de la protecci\u00f3n prospectiva, induce y satisface \u201cun deseo patol\u00f3gico de salud\u201d, colaborando tentacularmente en lo que Foucault llam\u00f3 \u201cbiopol\u00edtica\u201d.<\/p>\n<p>A partir de aqu\u00ed, David Cayley cuestiona el modo en que se ha abordado, desde este Sistema M\u00e9dico, la pandemia del coronavirus, apostando de alg\u00fan modo por la necesidad de \u201ccorrer riesgos\u201d frente al confinamiento severo y universal. No es que Cayley asuma la posici\u00f3n inicial de Trump o de Johnson. Su texto es provocativo pero prudente. Lo que hace es utilizar las medidas de los gobiernos \u2013dictadas por expertos en epidemiolog\u00eda\u2013 para revelarnos esta \u201cdictadura m\u00e9dica\u201d que venimos asumiendo desde hace a\u00f1os como natural y beneficiosa, olvidando no s\u00f3lo los miles de muertos de la\u00a0iatrog\u00e9nesis cl\u00ednica sino, sobre todo, la dejaci\u00f3n de derechos existenciales que ella entra\u00f1a: de la farmacologizaci\u00f3n de la vida \u2013de tr\u00e1gica vigencia\u2013 a la muerte en residencias, en soledad y sin despedida ceremonial. Y Cayley se pregunta si no habr\u00e1 muchos abuelos que \u2013como \u00e9l mismo\u2013 elegir\u00edan, si se los dejara, sacrificarse en favor de los m\u00e1s j\u00f3venes: que elegir\u00edan, es decir, la libertad de arriesgarse y morir en lugar del \u201cconfinamiento en la supervivencia\u201d impuesto por una Medicina que, en su af\u00e1n de asegurar la salud, reprime libertades antropol\u00f3gicas y metaf\u00edsicas elementales. Este derecho a la \u201clibertad del riesgo\u201d, por cierto, se ha hecho presente en Espa\u00f1a estos d\u00edas en\u00a0<a href=\"https:\/\/m.europapress.es\/epsocial\/igualdad\/noticia-personas-mayores-piden-criterios-alejados-edadismo-no-alargar-confinamiento-patologia-previa-20200421114219.html\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">las protestas de nuestros mayores<\/a>, que exigen que no se les excluya, por razones de edad, del futuro alivio del confinamiento y se les reconozca, como ciudadanos mayores de edad, su derecho, no lesivo para los dem\u00e1s, a salir a la calle \u2013y exponerse, si as\u00ed lo deciden\u2013 en igualdad de condiciones que sus vecinos m\u00e1s j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Illich y Cayley explican mucho mejor que yo algunas de mis reflexiones de los \u00faltimos a\u00f1os. Lo \u00fanico que le reprochar\u00eda a Cayley, quien por lo dem\u00e1s, como digo, es bastante prudente en sus propuestas, es que la pandemia en ning\u00fan caso ha permitido plantear una alternativa fuera del Sistema. Lo m\u00e1s inquietante es que esta crisis ha revelado precisamente la ausencia de un exterior y, en todo caso, la lucha entre dos Sistemas muy entrelazados o \u2013dicho del modo m\u00e1s rotundo\u2013 \u00edntimamente conniventes, provisionalmente separados por la disrupci\u00f3n de la pandemia. Cuando Trump cuestiona el Sistema m\u00e9dico no lo hace desde el cristianismo\u00a0<em>illichiano<\/em>\u00a0sino desde el Sistema capitalista neoliberal, que ser\u00eda el que, en lugar del M\u00e9dico y en lugar del abuelo mismo, decidir\u00eda la cuesti\u00f3n de \u201cqu\u00e9 hacemos con el abuelo\u201d. Por desgracia nos movemos en esta disyuntiva, pues hace tiempo que hemos sobrepasado esa fase \u2013\u201cmesopotamia humana\u201d, la llamaba yo, \u201cequilibrio\u201d, dice Illich\u2013 en la que los seres humanos estaban lo bastante dotados de cuerpo como para ver en el cuerpo mismo un equilibrio re\u00f1ido entre la vida y la muerte y no un \u201csistema\u201d potencialmente confiado a la eternidad y amenazado desde fuera por una muerte siempre injusta y \u2013como el dios de los jud\u00edos\u2013 ya casi innombrable. El cuerpo como \u201csistema\u201d, tecnol\u00f3gicamente explorado y vigilado, es nuda vida; el cuerpo previo al sistema era tan vulnerable y friolero que ser\u00eda un error echar de menos la Peste Negra, pero integraba, en todo caso, la vida y la muerte en un solo molde, confundidas en el mismo lecho. Antes del capitalismo, por as\u00ed decirlo, \u00e9ramos b\u00edgamos: nos acost\u00e1bamos con la vida y con la muerte al mismo tiempo; y algo de eso habr\u00eda que salvar al hilo de la crisis. Creo que la obra de Illich es en estos momentos m\u00e1s valiosa que nunca, no para llamar a dejar morir a los ancianos, claro, sino para entender ese contexto sist\u00e9mico en el que ya no est\u00e1 en nuestras manos decidir, en ning\u00fan campo, sobre nuestros cuerpos. Y mucho menos sobre su final. Pero no nos equivoquemos. Porque la alternativa real, al contrario de lo que piensa o propone Cayley, no es \u201cque decida el abuelo\u201d. En estos momentos \u2013incluso en t\u00e9rminos de modelo de Estado\u2013 el conflicto no se da entre dictadura m\u00e9dica y libertad de morir; tampoco entre libertad de morir y dictadura de mercado. Se da entre Dictadura M\u00e9dica y Dictadura de Mercado. \u201cRiesgos\u201d y \u201csacrificios\u201d ya s\u00f3lo los pide esa econom\u00eda neoliberal que niega la corporalidad misma que ella explota, distribuye y encadena. Frente a eso el hospital p\u00fablico, incluso infradotado de recursos, se nos antoja Jauja y Cuca\u00f1a y Utop\u00eda. Habr\u00eda que arrancar esos t\u00e9rminos \u2013como tantos otros\u2013 de las manos de los neoliberales que citan a Adam Smith con el prop\u00f3sito de destruir pa\u00edses enteros y devolv\u00e9rselos a los \u201ccristianos\u201d como Illich y Cayley. No vamos desgraciadamente por ese camino. No queremos ni riesgos ni sacrificios y dejamos, por tanto, que se nos \u201carriesgue\u201d y se nos \u201csacrifique\u201d (como ocurre estos d\u00edas con los trabajadores no confinados o despedidos). Por eso deber\u00edamos aprovechar el confinamiento, que ha desmedicalizado radicalmente nuestra vida cotidiana (porque nadie va ya al hospital si no tiene el coronavirus y porque, seg\u00fan me cuenta un amigo m\u00e9dico, ha disminuido dr\u00e1sticamente el n\u00famero de ictus e infartos desde el 14 de marzo) para cuestionar tambi\u00e9n el Sistema M\u00e9dico, basado en los protocolos tecnol\u00f3gicos, las urgencias \u201cmasculinas\u201d y la farmacologizaci\u00f3n de la existencia. Ahora bien, para poder hacer eso no basta con oponerse al Sistema M\u00e9dico, que es s\u00f3lo relativamente aut\u00f3nomo, y defender en su lugar la medicina como ciencia y como arte; atrapados como moscas en la red de dependencias de la civilizaci\u00f3n capitalista, s\u00f3lo podremos desmedicalizarnos \u2013y recuperar nuestro cuerpo y su c\u00f3nyuge la Muerte\u2013 si cuestionamos el Sistema Capitalista, secuestrador de cuerpos y cuidados, que\u00a0<em>quiz\u00e1s<\/em>\u00a0es contempor\u00e1neamente inviable e indestructible; que\u00a0<em>quiz\u00e1s<\/em>\u00a0s\u00f3lo permite elegir entre la protecci\u00f3n institucional de vidas pasivizadas, con sus efectos iatrog\u00e9nicos a veces terribles, y la desprotecci\u00f3n selectiva de la mayor parte de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aferr\u00e9monos a este\u00a0<em>quiz\u00e1s\u00a0<\/em>con todas nuestras fuerzas colectivas.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santiago Alba Rico (CTXT, 29-4-20) &nbsp; El capitalismo, que no piensa, es una estructura que nos obliga a pegarnos voluntariamente un tiro en la nuca para mantener con vida una estructura de la que dependemos para podernos pegar un tiro en la nuca unos d\u00edas m\u00e1s. 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