{"id":40012,"date":"2020-04-29T11:07:10","date_gmt":"2020-04-29T15:07:10","guid":{"rendered":"http:\/\/debateplural.com\/?p=40012"},"modified":"2020-04-29T11:07:10","modified_gmt":"2020-04-29T15:07:10","slug":"apuntes-desde-el-confinamiento-por-coronavirus-en-damasco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2020\/04\/29\/apuntes-desde-el-confinamiento-por-coronavirus-en-damasco\/","title":{"rendered":"Apuntes desde el confinamiento por coronavirus en Damasco"},"content":{"rendered":"<p>Karam Mansour (Rebeli\u00f3n, 29-4-20)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Son las diez de la noche. La oscuridad me envuelve mientras escribo estas palabras, despu\u00e9s de que la \u00faltima vela se agotara hace una media hora. Los cortes de electricidad implican carencia de Internet, la arteria de informaci\u00f3n que me conecta con el mundo virtual exterior. Me siento desvinculado de mi entorno f\u00edsico, tengo prohibido salir de mi casa a causa del toque de queda ordenado cada d\u00eda al dar las seis de la tarde; un toque de queda que se impuso tras las persistentes\u00a0<a href=\"https:\/\/www.aljumhuriya.net\/en\/content\/covid-19-syria-disaster-waiting-happen\">denegaciones oficiales<\/a>\u00a0sobre la presencia de un solo caso de coronavirus en el pa\u00eds. Apenas tres d\u00edas despu\u00e9s de la \u00faltima negaci\u00f3n, los Ministerios de Educaci\u00f3n y Patrimonio Religioso suspendieron las clases en todas las escuelas y comenzaron a cerrar mezquitas inmediatamente despu\u00e9s de la oraci\u00f3n, aunque\u00a0 las autoridades continuaron diciendo que no hab\u00eda Covid-19 en Siria.<\/p>\n<p>Estas negaciones prosiguieron en d\u00edas posteriores, a pesar de la emisi\u00f3n de nuevas decisiones que dejaban en suspenso la vida p\u00fablica y prohib\u00edan las reuniones. Se orden\u00f3 el cierre de todos los restaurantes y cafeter\u00edas de la capital, y muchas instituciones gubernamentales dejaron de funcionar. Estas medidas tuvieron el efecto de detener la vida en Damasco, que jam\u00e1s hab\u00eda visto sin sus cacofon\u00edas y multitudes. Poco a poco, esas decisiones comenzaron a ralentizar el pulso de la ciudad hasta que otro decreto impuso un toque de queda nocturno y suspendi\u00f3 toda actividad, excepto las relativas a los alimentos. La capital se hundi\u00f3 en un silencio y cautela como nunca antes hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>Ahora, este silencio es lo \u00fanico que vaga por las calles y callejones de Damasco, interrumpido solo por el sonido de la marcha de los soldados, armados hasta los dientes como para emprender un tiroteo con el virus. El toque de queda se impuso hace unos d\u00edas, con patrullas policiales acompa\u00f1adas por milicianos de la \u201cDefensa Nacional\u201d en busca de infractores. Ya no escuchamos ning\u00fan ruido, excepto las conversaciones de esos soldados y los ladridos de perros callejeros, que ahora disfrutan de m\u00e1s libertad que los humanos por las calles de la capital.<\/p>\n<p>En Facebook, la gente sugiere formas de aliviar el aburrimiento de estar confinado en casa. Algunos recomiendan videojuegos, otros hacen listas de pel\u00edculas y series de televisi\u00f3n y d\u00f3nde pueden encontrarse\u00a0<em>online<\/em>. Todo esto me parece un lujo gratuito. La llegada de la electricidad deber\u00eda utilizarse de forma m\u00e1s seria, como seguir los \u00faltimos decretos que controlan nuestros movimientos tanto dentro como fuera de casa. Desde la habitaci\u00f3n de al lado, mi hermana grita: \u201c\u00a1A partir del domingo, la gente del campo tiene prohibido entrar en las ciudades!\u201d Esto significa que la mayor\u00eda de los residentes de los barrios de clase trabajadora, incluidos los del este y oeste de Ghuta, no podr\u00e1n entrar en Damasco hasta nuevo aviso. A pesar de la justificaci\u00f3n dada para esto, con el argumento de imponer el \u201cdistanciamiento social\u201d, no puedo evitar que me recuerden la noci\u00f3n del binario urbano-rural y el trato degradante que sufren las personas de las \u00e1reas rurales cada vez que se adentran por las ciudades.<\/p>\n<p>Cuando la electricidad llega finalmente a nuestra casa, en un vecindario de la periferia de Damasco, nos sumergimos en el oc\u00e9ano azul de Facebook para ver las \u00faltimas noticias. \u201c1.000 muertos por coronavirus hoy en Italia\u201d. Mi madre se vuelve hacia el cielo con los brazos abiertos: \u201cQuerido Se\u00f1or, si tanta gente muere en la Europa desarrollada, \u00bfa cu\u00e1ntos matar\u00e1 cuando nos alcance? Querido Se\u00f1or\u2026\u201d Mi madre considera el virus como si fuera un hurac\u00e1n, con el miedo y la oraci\u00f3n como \u00fanicos medios de enfrentarlo.<\/p>\n<p>A lo largo de estos nueve a\u00f1os de matanzas en Siria hemos prestado poca atenci\u00f3n al n\u00famero de v\u00edctimas fuera de nuestras fronteras. La muerte en nuestro pa\u00eds, inmensa y siempre presente, ha sido nuestra \u00fanica preocupaci\u00f3n, distray\u00e9ndonos de sucesos y v\u00edctimas en otros lugares. Hoy, sin embargo, nos sentimos m\u00e1s conectados con el mundo exterior; el virus nos ha convertido en v\u00edctimas a todos, independientemente del pa\u00eds en el que nos encontremos. El n\u00famero de muertos en Italia y China, y la velocidad con la que el virus se extendi\u00f3 por toda Europa\u00a0 aviv\u00f3 a\u00fan m\u00e1s nuestras preocupaciones sobre un posible brote aqu\u00ed. Comenzamos a hacer el seguimiento de la cantidad de casos en todo el mundo, sintiendo simpat\u00eda y preocupaci\u00f3n por ellos a pesar de nuestra separaci\u00f3n geogr\u00e1fica. Recib\u00edamos la noticia de la propagaci\u00f3n del virus del mismo modo en que sol\u00edamos escuchar la noticia de que los\u00a0<em>shabiha<\/em>\u00a0pror\u00e9gimen entraban en esta o aquella ciudad siria, a la espera del recuento de v\u00edctimas. Ahora los muertos est\u00e1n en lugares nuevos y los\u00a0<em>shabiha<\/em>\u00a0se han convertido en un virus que asola todo el planeta mientras observamos con miedo y sospecha: \u00bfhan invadido ya las brigadas de la Covid-19 nuestro pa\u00eds?<\/p>\n<p>El toque de queda ha dado un cierto sentido de justicia po\u00e9tica a quienes huyen del servicio militar obligatorio o se esconden de las autoridades por actividad pol\u00edtica disidente. Ahora, millones de personas est\u00e1n pasando por la misma cuarentena que ellos ya se hab\u00edan impuesto por miedo a que les arrestaran.<\/p>\n<p>Un hombre que conozco est\u00e1 siendo buscado por la rama de seguridad militar, por lo que vive escondido y con un miedo constante ante la posibilidad de que le detengan. Me cuenta que siente una especie de justicia cuando ve que todo el mundo esta encerrado en su hogar, y agrega que hace mucho tiempo que se acostumbr\u00f3 al aburrimiento que otros est\u00e1n experimentando ahora. Mientras habl\u00e1bamos del miedo al arresto, las im\u00e1genes de los detenidos pasaban por mi mente. \u00bfQu\u00e9 pasa si el coronavirus se introduce en sus c\u00e9lulas?<\/p>\n<p>El miedo a la pandemia llev\u00f3 a Bashar al-Asad a emitir una amnist\u00eda general por cr\u00edmenes cometidos antes del 22 de marzo de este a\u00f1o, pero esta amnist\u00eda no inclu\u00eda a los detenidos pol\u00edticos arrestados por las ramas de seguridad, a quienes el r\u00e9gimen no reconoce en absoluto. Poco despu\u00e9s, otro decreto despidi\u00f3 a numerosos oficiales superiores y suboficiales a los que segu\u00eda reteniendo despu\u00e9s de su servicio militar obligatorio; algo que ven\u00edan exigiendo en vano desde hace a\u00f1os. Estas medidas avivaron a\u00fan m\u00e1s las ansiedades y las preguntas sobre la extensi\u00f3n de la propagaci\u00f3n del virus y la probabilidad de un brote masivo.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Las autoridades est\u00e1n ocultando datos. Un c\u00edrculo de preocupaci\u00f3n y sospecha nos envuelve como un halo. Escuchamos informes contradictorios. \u201c\u00a1Tres casos descubiertos en el hospital al-Mujtahid!\u201d dice alguien. La gente hace circular mensajes de voz por WhatsApp de enfermeras que revelan el n\u00famero de muertes en el Hospital al-Muwasat. M\u00e1s tarde, una fuente m\u00e9dica oficial niega estas afirmaciones, atribuyendo las muertes a la neumon\u00eda. Las medidas oficiales; los relatos contradictorios; la falta total de confianza en la credibilidad de las cifras del r\u00e9gimen incluso entre sus leales; todo esto exacerba nuestros miedos d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n<p>Dentro de los hospitales no pas\u00f3 mucho tiempo antes de que se emitiera una circular que prohib\u00eda la difusi\u00f3n de informaci\u00f3n m\u00e9dica fuera de los centros de salud, la toma de fotos con tel\u00e9fono m\u00f3vil e incluso hacerse amigo de los enfermos, seg\u00fan numerosas personas que trabajan en ellos. En cualquier caso, los estudiantes de medicina de quinto y sexto a\u00f1o est\u00e1n obligados a cumplir sus turnos en los hospitales a pesar de que el transporte p\u00fablico est\u00e1 suspendido.<\/p>\n<p>Muchos de estos estudiantes llegan temprano por la ma\u00f1ana tras haber tenido que subirse en camiones de transporte de verduras; los \u00fanicos veh\u00edculos permitidos en Damasco desde las zonas rurales circundantes. Algunas personas, especialmente quienes viven en suburbios cercanos, van en bicicleta al trabajo. Los taxis exigen ahora cuatro veces su tarifa habitual, lo que es insostenible para los viajeros diarios de bajos ingresos. Las cl\u00ednicas de cosm\u00e9ticos y depilaci\u00f3n han permanecido abiertas, con la condici\u00f3n de que se conviertan en centros de salud que ofrezcan servicios m\u00e9dicos. Algunos de esos centros en Damasco han cumplido esa misi\u00f3n, mientras que los que est\u00e1n fuera de la capital han optado por cerrar sus puertas.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>La cuarentena impuesta mediante decretos oficiales y el incremento del racionamiento el\u00e9ctrico nos han dado un sentido diferente del tiempo. El final oficial del d\u00eda es a las seis de la tarde, cuando entra en vigor el toque de queda nocturno. La reducci\u00f3n de cada d\u00eda a las doce horas en que es posible salir de la casa ha cambiado nuestro concepto de tiempo. Las doce horas se dividen en cuatro grupos de tres horas, que se alternan entre los cortes de electricidad. Algunos de nosotros salimos de la casa todos los d\u00edas en busca de los productos b\u00e1sicos para el hogar, mientras que el resto se queda dentro para aprovechar las horas de electricidad, sobre todo ante la grave escasez de combustible.<\/p>\n<p>Es decir, nuestro d\u00eda comienza ahora tan temprano como el de los agricultores. Nos levantamos a las 6 de la ma\u00f1ana y programamos nuestro itinerario de acuerdo con los cortes de electricidad. Despu\u00e9s de salir de la casa, tengo cuidado mientras camino para no tocar ninguna pared o superficie. Despu\u00e9s de a\u00f1os de vivir sin preocupaciones, considerando que es inevitable haber entrado en contacto con cosas durante todo el d\u00eda, mi cuerpo tiene una nueva sensaci\u00f3n de centralidad. Soy m\u00e1s consciente de sus l\u00edmites y me aseguro de no tocar nada fuera de ellos. Antes sol\u00eda temer cosas bien diferentes: un balc\u00f3n en ruinas alcanzado por una granada de mortero que pudiera derrumbarse sobre m\u00ed; un auto sospechoso estacionado que pod\u00edan hacer detonar cuando pasaba por delante; o una patrulla policial al acecho en este o aquel barrio. Ahora, estos temores han disminuido o se han visto eclipsados ante el miedo al coronavirus.<\/p>\n<p>En las calles de la capital ya no se ven personas sin hogar. En el pasado inundaban la ciudad como consecuencia de una situaci\u00f3n econ\u00f3mica terrible. Dorm\u00edan en los parques p\u00fablicos o en las esquinas de las calles, bajo mantas sucias en el mejor de los casos. Sin embargo, una vez que se declar\u00f3 el toque de queda, han desaparecido sin dejar rastro. El gobernorado de Damasco oblig\u00f3 a la mayor\u00eda de ellas a mudarse a otras ciudades cercanas, mientras que las pocas que quedan son atendidas por organizaciones ben\u00e9ficas a trav\u00e9s del Ministerio de Asuntos Sociales y Trabajo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del cierre de todas las tiendas en las zonas controladas por el r\u00e9gimen, a excepci\u00f3n de las tiendas de alimentaci\u00f3n, esta par\u00e1lisis ha reestructurado muchas de las relaciones econ\u00f3micas entre compradores y vendedores. Caminando por el mercado de electr\u00f3nica de al-Bahsa, o la calle Rami, donde tambi\u00e9n venden electrodom\u00e9sticos, todas las puertas de las tiendas est\u00e1n cerradas. Reina un silencio absoluto, tan solo roto por unos cuantos j\u00f3venes que te miran como si te reconocieran, para que comiences a pedirles lo qu\u00e9 necesitas. Ocultan sus identidades como due\u00f1os de tiendas o empleados, esperando que comiences a hacer las preguntas. \u201c\u00bfCu\u00e1nto tiempo durar\u00e1 este confinamiento? \u00bfD\u00f3nde puedo comprar tal y cual? Sin lugar a dudas, la respuesta es: \u201cEst\u00e1 disponible, puedo consegu\u00edrtelo en cinco minutos\u201d; al doble de su precio, por supuesto.<\/p>\n<p>Todas las formas de compra y venta recuerdan ahora el mercado negro o la econom\u00eda sumergida, donde las cosas se obtienen con el secretismo del hach\u00eds o los tranquilizantes. El vendedor tiene un control total sobre el precio y la calidad de sus productos, y usted, como comprador, no puede protestar, negociar o incluso buscar opciones alternativas, con un suministro tan limitado como el que hay. Esta forma de comercio encapsula perfectamente la realidad de Siria, donde existen leyes en el papel pero es el mercado negro el motor central de la econom\u00eda.<\/p>\n<p>Mi barbero del barrio ha logrado sortear la cuarentena con una estratagema que \u00e9l piensa que es inteligente. Atiende sus citas temprano en la ma\u00f1ana, y los clientes entran uno a uno en su antigua casa adyacente a su barber\u00eda; entran por la cocina y luego pasan a la barber\u00eda por la puerta trasera. Las patrullas policiales que pasan creen que la tienda est\u00e1 cerrada, aunque en realidad los clientes se re\u00fanen adentro, beben t\u00e9 de mate, fuman\u00a0<em>shisha<\/em>\u00a0y se cortan el pelo. Naturalmente, el barbero no deja de recordarles que guarden el secreto para s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>Los mec\u00e1nicos de coches tambi\u00e9n cerraron sus garajes, sustituy\u00e9ndolos por una bolsa como la de un param\u00e9dico. Reparan veh\u00edculos dentro de callejones estrechos fuera de la vista de la polic\u00eda. La vida contin\u00faa como antes, solo que ahora est\u00e1 oculta a las autoridades y es dos o tres veces m\u00e1s cara.<\/p>\n<p>Vuelvo a casa en autob\u00fas. Nos empujamos unos a otros cuando llega, como si el virus dejara de existir cuando uno necesita un asiento. Los que consiguen asientos sonr\u00eden triunfantes. La radio transmite amenazas del gobierno contra cualquiera que viole el toque de queda; mientras tanto, estamos ocupados recogiendo los billetes de todos los pasajeros. El locutor de la radio est\u00e1 hablando con el juez supremo de la\u00a0<em>sharia<\/em>, Mahmud al-Marawi, que dice que violar las directivas del gobierno es una violaci\u00f3n de la propia ley de Dios, ya que desobedecer a quien nos tutela es pecado. El discurso oficial no ha cambiado ni una pizca en cincuenta a\u00f1os, manteniendo siempre ese tono de custodia condescendiente. Solo el gobierno sabe lo que nos conviene; nosotros, la gente, somos demasiado ignorantes para decidir por nosotros mismos.<\/p>\n<p>Nos detenemos en un punto de control y el conductor baja la radio. Una larga fila de coches se extiende como una hilera de hormigas, cada uno de los cuales pasa a un ritmo determinado siguiendo el movimiento de la mano del soldado. A veces, esa mano est\u00e1 ocupada con una llamada telef\u00f3nica o tratando de encender un cigarrillo. En otras ocasiones, el soldado inspecciona las identificaciones de los conductores con matr\u00edculas de Idlib o Deir al-Zor, o pierde m\u00e1s tiempo admirando descaradamente a una pasajera del autob\u00fas. Cada uno de nosotros es reh\u00e9n de la mano de este soldado, la mano que decide si se nos permite o no pasar al \u00e1rea siguiente.<\/p>\n<p>Desde el momento en que comenz\u00f3 la campa\u00f1a contra el coronavirus, el aspecto de estos puntos de control cambi\u00f3. Los soldados todav\u00eda visten sus uniformes de color caqui y enarbolan sus rifles, solo que ahora usan tambi\u00e9n mascarillas y guantes. Seg\u00fan un soldado, este nuevo atuendo m\u00e9dico debe considerarse como parte del uniforme, sin prestar atenci\u00f3n al prop\u00f3sito que se supone servir: se permite que la mascarilla se use alrededor el cuello, en lugar de sobre el rostro, pero bajo ninguna circunstancia un soldado puede violar el decreto elimin\u00e1ndola por completo.<\/p>\n<p>El soldado abre la puerta del autob\u00fas y suelta lo que supone que es una broma: \u00ab\u00bf<em>Alguien aqu\u00ed tiene corona<\/em>?\u201d La mayor\u00eda de los pasajeros responden con id\u00e9nticas sonrisas complacientes. Me recuerda la pregunta que sol\u00edan hacer en los puntos de control en los primeros d\u00edas de la revoluci\u00f3n: \u201c\u00bf<em>Tienes Facebook<\/em>?\u201d<\/p>\n<p>La puerta del autob\u00fas permanece abierta mientras el soldado busca un cigarrillo en su bolsillo, una tarea que los obligatorios guantes hacen m\u00e1s dif\u00edcil. Enciende su cigarrillo y nos echa el humo a la cara, mira al conductor y dice: \u201cAdelante\u201d. Estas palabras nos brindan un gran consuelo, ya que significan que no hay inspecci\u00f3n ni identificaci\u00f3n y nos dan m\u00e1s tiempo para llegar a casa antes de que comience el toque de queda a las seis.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<p>Acerca de Facebook, se habla mucho de solidaridad global, tolerancia y unidad, junto con invitaciones para disfrutar de nuestro tiempo a solas y el aislamiento impuesto por la pandemia. Nada de esto sirve de consuelo a los sirios, a quienes se les niega la serenidad de la introspecci\u00f3n durante su soledad. Todo lo que la nueva situaci\u00f3n ha hecho es aumentar nuestro miedo y p\u00e1nico, no solo por el virus en s\u00ed, sino tambi\u00e9n por sus efectos calamitosos en nuestra vida cotidiana y nuestro bienestar. Los sirios estamos exhaustos, y el confinamiento ha vaciado nuestros bolsillos de lo poco que nos quedaba, poni\u00e9ndonos ahora ante la posibilidad de morir de hambre.<\/p>\n<p>Las directivas, videos y declaraciones oficiales contin\u00faan lleg\u00e1ndonos a raudales, advirtiendo contra el contacto con otras personas y ordenando que todo se desinfecte. En general se respetan hasta que se llega a las puertas de una tienda, o \u201cestablecimiento del consumidor\u201d, administrada por el gobierno o a una panader\u00eda. All\u00ed, todos los est\u00e1ndares de cuarentena dejan de existir. Los est\u00f3magos vac\u00edos son sordos a los consejos m\u00e9dicos, y solo buscan su sustento diario antes del toque de queda al final del d\u00eda. Muchas personas pasan las primeras horas de la ma\u00f1ana haciendo fila en el establecimiento del consumidor, tratando de comprar productos a precios subsidiados para poder escapar de la inflaci\u00f3n de los comerciantes privados. Aunque el establecimiento solo ofrece productos de segunda o incluso de tercera categor\u00eda, las cuestiones relativas a la calidad se han convertido en un lujo para quienes tienen los bolsillos vac\u00edos, de tal manera que recuerda a la d\u00e9cada de 1980, cuando los pl\u00e1tanos y las cajas de pa\u00f1uelos se consideraban art\u00edculos para opulentos en Siria.<\/p>\n<p>Puede que el mundo est\u00e9 aterrorizado ante esta pandemia, pero las personas aqu\u00ed, en Siria, est\u00e1n a\u00fan m\u00e1s preocupadas por su sustento diario. Hay ahora un miedo real a la indigencia y al hambre, dada la gran ansiedad existente acerca de la capacidad del r\u00e9gimen para tomar las medidas econ\u00f3micas necesarias para satisfacer las necesidades diarias de las personas, especialmente a la luz de la grave escasez de combustible y el colapso de la moneda local. La pobreza de los sirios hoy es diferente a cualquier otra en el pasado. Un gran n\u00famero de personas depende completamente de transferencias de efectivo y remesas de familiares en el extranjero. Sin embargo, el mundo entero ha entrado ahora en su propia recesi\u00f3n econ\u00f3mica, y transferir dinero a Siria se ha vuelto mucho m\u00e1s dif\u00edcil desde que los locutorios de transferencias cerraron en respuesta al brote, privando a muchas de las \u00fanicas fuentes de ingresos que les permit\u00edan sobrevivir. Agreguen a esto las carencias de equipamientos m\u00e9dicos en los hospitales p\u00fablicos; el alto coste de los servicios m\u00e9dicos en los privados; y el constante hacinamiento y la escasez de medicamentos que afligen a todos. Un miedo silencioso reina hoy en Damasco porque el espectro de la muerte por enfermedad o hambre est\u00e1 adue\u00f1\u00e1ndose de todos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Karam Mansour (Rebeli\u00f3n, 29-4-20) &nbsp; Son las diez de la noche. 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