{"id":48901,"date":"2021-12-16T12:21:34","date_gmt":"2021-12-16T16:21:34","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.com\/inicio\/?p=48901"},"modified":"2021-12-16T12:21:34","modified_gmt":"2021-12-16T16:21:34","slug":"el-blanco-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2021\/12\/16\/el-blanco-mar\/","title":{"rendered":"El blanco mar"},"content":{"rendered":"<p>Por Gerardo Castillo<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><em>El blanco mar <\/em>(2021), de Amable Mej\u00eda, es la cuarta novela de este autor dominicano y uno de sus diez libros publicados. En esta novela breve, el poeta, narrador y articulista, hace gala del dominio de una t\u00e9cnica narrativa que le aproxima al boceto del pintor, del arquitecto. Los personajes quedan descritos por lo que dicen, por una actitud, por una postura moral o pol\u00edtica. Son los rasgos m\u00ednimos, el trazo suficiente para que percibamos la profundidad, la riqueza emocional de los personajes. La econom\u00eda de recursos y ciertos di\u00e1logos me han hecho recordar, de forma grata, a Juan Rulfo. La atinada selecci\u00f3n de personajes, nombres y circunstancias, a Garc\u00eda M\u00e1rquez. Eso es lo obvio. Lo no tanto, la fuerza y la iron\u00eda dram\u00e1tica de Samuel Beckett.<\/p>\n<p>Los eventos a los que asistimos al leer son escenificaciones que solo pueden producirse a trav\u00e9s de la lengua. De manera que, para mostrar \u00ablo que ocurre\u00bb el autor hace hablar a los personajes. Y para situar hist\u00f3ricamente el relato, el autor explica, de forma sucinta y amena, un asunto, un acontecimiento que es una coordenada. Consciente del manejo de la t\u00e9cnica, ofrece al lector los detalles m\u00ednimos, pues sabe que tanto en la seducci\u00f3n como en la narraci\u00f3n, el poder consiste en provocar la sed, no en saciarla (Lodge, 2006, p.185).<\/p>\n<p>Como la m\u00fasica, la literatura es un arte de tiempo. El tiempo, como ocurre con la coherencia textual, se manifiesta en dos planos. En el plano interno, determina el ritmo de la lectura; en el plano externo, provoca en el lector la percepci\u00f3n de que las horas, los d\u00edas y las estaciones se suceden. En <em>El blanco mar<\/em>, Amable Mej\u00eda consigue una especie de anulaci\u00f3n t\u00e9cnica. La brevedad en la literatura nos induce a pensar que el tiempo se acelera. Para comprobar esa percepci\u00f3n he vuelto sobre dos novelas breves que suelo releer: <em>Sostiene Pereira <\/em>(1998), de Antonio Tabucchi y <em>Seda <\/em>(1996), de Alessandro Baricco, pero al volver a <em>El blanco mar<\/em> no logro construir, no logro percibir que el tiempo avanza y descubro entonces que el hilo narrativo que tiende Amable Mej\u00eda est\u00e1 provisto de pocas o muy pocas referencias temporales que despierten en el lector la sensaci\u00f3n de que el tiempo avanza. En <em>El blanco mar<\/em> el tiempo parece estar detenido, casi como la ola en la fotograf\u00eda.<\/p>\n<p>La novela est\u00e1 atravesada por una forma matizada del suspenso. Sabemos que la t\u00e9cnica consiste en colocar al protagonista del relato en situaciones de peligro inminente que se suceden a trav\u00e9s de la historia de forma conveniente con el fin de mantener al lector en vilo. Amable aplica el procedimiento pero lo retarda, lo diluye y lo hace formar\u00a0 parte de la atm\u00f3sfera total del relato. Ese suspenso diluido provoca en el lector la certeza de que algo amenaza a los personajes. Es un suspenso que est\u00e1 m\u00e1s cerca de \u00abLuvina\u00bb,\u00a0 de Juan Rulfo, que de \u00abCasa tomada\u00bb, de Julio Cort\u00e1zar. A esa tensi\u00f3n suave contribuyen, tanto el cambio de punto de vista como la econom\u00eda de informaci\u00f3n que se provee al lector sobre los personajes y sus circunstancias.<\/p>\n<p>Como ocurre con Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez en algunas de sus historias, el manejo del punto de vista es lo que le imprime vida y movimiento al relato. En general, estamos ante un narrador omnisciente que parece contarnos, a trav\u00e9s de vi\u00f1etas puntuales sobre una construcci\u00f3n, lo que ocurre en un pueblito despu\u00e9s de la muerte de Trujillo. Sin embargo, la lectura atenta nos permitir\u00e1 acceder a otro nivel de representaci\u00f3n del relato y descubrir que la historia gira en torno al signo que une tanto las vidas de los personajes como la existencia del pueblo mismo: la soledad.<\/p>\n<p>Cada vez que abordamos un nuevo cap\u00edtulo, asistimos a una escena de soledad. La forma lac\u00f3nica en que suelen comunicarse los personajes, los ambientes cerrados en los que habitan, la tinta de calamar de las mentiras y la lluvia impertinente y pertinaz concitan una soledad que todo lo permea, como la lluvia o la humedad que le precede y le sigue. Esa soledad que pesa como una loza es, probablemente, una forma de simbolizar el peso del miedo por la tiran\u00eda que a\u00fan pervive. Y esa presencia de la soledad, que emana de las escenas, de las vidas de los personajes y de la lluvia, es lo \u00fanico que justifica el t\u00edtulo: la cerrada y cegadora soledad de la inmensidad del mar en contraste con el sentimiento de naufragio que dej\u00f3 la ruptura de un orden, aunque fuese para el bien todos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Lodge, David (2006), <em>El arte de la ficci\u00f3n<\/em>, Ediciones Pen\u00ednsula, Espa\u00f1a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Gerardo Castillo \u00a0 El blanco mar (2021), de Amable Mej\u00eda, es la cuarta novela de este autor dominicano y uno de sus diez libros publicados. En esta novela breve, el poeta, narrador y articulista, hace gala del dominio de una t\u00e9cnica narrativa que le aproxima al boceto del pintor, del arquitecto. 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