{"id":50660,"date":"2022-06-08T09:43:43","date_gmt":"2022-06-08T13:43:43","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.com\/inicio\/?p=50660"},"modified":"2022-06-08T11:51:59","modified_gmt":"2022-06-08T15:51:59","slug":"oro-negro-sangre-del-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2022\/06\/08\/oro-negro-sangre-del-diablo\/","title":{"rendered":"Oro negro, sangre del diablo"},"content":{"rendered":"<p>Jorge Pinedo (El cohete a la luna, 8-6-22)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde tiempos precolombinos hasta hoy, los pueblos que habitaban los Andes y sus estribaciones ostentan con orgullo un espor\u00e1dico modo de producci\u00f3n solidario que ni el feudalismo clerical ni el capitalismo posteriores lograron corromper: la\u00a0<em>minga<\/em>. Es muy simple: cuando se trata de realizar una obra para la comunidad (reparar un puente, construir un local, optimizar el abastecimiento de agua, lo que fuera) o, eventualmente, para un vecino (esquila, techado, cosecha, etc.) sin brazos parentales suficientes, un grupo se re\u00fane y de un tir\u00f3n concreta la tarea. El beneficiado, en este \u00faltimo caso, o bien la cofrad\u00eda, disponen para el fin del trabajo una contundente y bien regada festichola. Regida por un ancestral dispositivo de reciprocidad distributiva, los beneficiarios de la\u00a0<em>minga<\/em>\u00a0quedan comprometidos a realizar similar tarea para con quienes participaron. Un \u201cHoy por mi, ma\u00f1ana por ti\u201d andino, regulado, con variantes en las prestaciones y contraprestaciones en diferentes latitudes, no demasiado distinto a cuando les compa\u00f1eres ponen el hombro en la mudanza o en la pintura de la casa de uno que, al terminar, invita el vino y los choripanes; hasta la pr\u00f3xima viceversa.<\/p>\n<p>Con tama\u00f1a carga simb\u00f3lica, cuatro militantes pol\u00edticos independientes aunados en el ambientalismo, caracterizan su tan espont\u00e1nea como ocasional asociaci\u00f3n \u201cminga transamaz\u00f3nica\u201d. El acuerdo tiene lugar en octubre de 2019 en la peque\u00f1a ciudad de Lago Agrio al norte de Ecuador, donde fluyen los r\u00edos que luego conformar\u00e1n la cuenca del Amazonas. Urbe creada a mediados de los a\u00f1os \u201960 por las multinacionales petroleras Texaco, Shell, Exxon, etc; all\u00ed enclavadas a fin de explotar los yacimientos reci\u00e9n descubiertos, adjudicados por la dictadura militar de turno. Lago Agrio no tiene lago, ni dulce ni agrio, m\u00e1s bien amargo por la cat\u00e1strofe humana y ecol\u00f3gica que dejaron las transnacionales. La denominaci\u00f3n viene en honor al primer pozo de petr\u00f3leo encontrado en Texas,\u00a0<em>Sour Lake<\/em>, en el siglo XIX \u2014 colonialismo desde el lenguaje, es poco.<\/p>\n<p>Durante las cinco d\u00e9cadas de explotaci\u00f3n intensiva, las aguas de formaci\u00f3n de los pozos se vertieron en cavas tapadas por ramajes, \u201cun m\u00e9todo mucho m\u00e1s barato que tratar esos residuos. S\u00f3lo que, por debajo de los fosos, la tierra absorb\u00eda el crudo, pues ni con lona los aislaron. Por arriba, las lluvias los desbordaban y la brea discurr\u00eda por esteros y quebradas hasta los r\u00edos\u201d. Los cultivos nacieron muertos, los peces se esfumaron, un c\u00e1ncer pand\u00e9mico atac\u00f3 en forma indiscriminada. \u201cLa Texaco \u2014despu\u00e9s reciclada Chevron\u2014 consigui\u00f3 mantener soterrado el desastre hasta su huida, evitando que declararan la zona catastr\u00f3fica y que evacuaran a una poblaci\u00f3n que ya relacionaba las desgracias sobrevenidas con el petr\u00f3leo y ahora no lo llamaba oro negro sino sangre de diablo. A\u00fan hoy, nadie ha limpiado esos agujeros y el crudo contin\u00faa coagulado en la tierra\u201d. Por supuesto, las v\u00edctimas son comunidades originarias y un pu\u00f1ado de colonos.<\/p>\n<p>Con el prop\u00f3sito de organizar una acci\u00f3n mancomunada la Uni\u00f3n de Afectados por la Texaco (UDAPT) dispone unas jornadas en su sede de Lago Agrio y all\u00ed, m\u00e1s los ideales comunes que el esquivo destino, hace que se encuentren los cuatro protagonistas de\u00a0<em>Derrotero<\/em>, la sorprendente novela inaugural del jurista espa\u00f1ol Antonio S\u00e1nchez G\u00f3mez (Extremadura, 1981). Hay un brasile\u00f1o p\u00edcaro de abundantes recursos y contactos; una bi\u00f3loga boliviana de Vallegrande, de ascendencia aymara y generosa capacidad did\u00e1ctica para determinar caracter\u00edsticas y usos de cuanta planta o bicho se les cruce; un indio cofan colombiano \u2014aunque en esa selvas las fronteras funcionan menos que poco\u2014, afectuoso con los propios, diestro en la cerbatana y el curare con los otros. Finalmente, el militante ecuatoriano, concientizado tras la inundaci\u00f3n de su pueblo, San Pablo de Amal\u00ed, por la desidia de una empresa hidroel\u00e9ctrica. Este \u00faltimo asume la voz narrativa \u00e1gil, detallista, jam\u00e1s redundante y, no es errado presumir, gentil emboscada del autor.<\/p>\n<p>Dudosos de si asistir a un taller de cosmovisi\u00f3n posmoderna, seguir comentando las actividades de la UDAPT, revelar propias experiencias y las declinantes realidades pol\u00edticas de sus respectivos pa\u00edses, apoltronados en un bar son invadidos por el escepticismo derrotista. \u201cNosotros no declaramos esta guerra, pero la libramos a la defensiva\u201d, comenta alguien. Tras idas y vueltas, otro mociona pasar a la acci\u00f3n directa, \u201cdar un golpe y confiar en que forme ola\u201d. Aparece el rumor de un pozo petrolero cercano, paralizado temporalmente por un orden judicial, proclive a \u201cdejar bien troceada la tuber\u00eda. As\u00ed, al levantarse la medida cautelar (\u2026) no podr\u00eda operar de inmediato\u201d; es decir \u201cuna medida simb\u00f3lica\u201d. Dicho y hecho. La cuesti\u00f3n es que la empresa propietaria del ducto desoy\u00f3 la orden, segu\u00eda bombeando y cuando nuestros h\u00e9roes rompen el ca\u00f1o matriz, producen un enchastre. Los corren a los tiros, deben escapar a trav\u00e9s de la salva, como pueden, d\u00edas y d\u00edas, sin descanso. Pueden m\u00e1s o menos bien de a ratos, mal la mayor\u00eda del tiempo. Porque aqu\u00ed reci\u00e9n arrancan las peripecias.<\/p>\n<p>A todo esto las poblaciones ind\u00edgenas vecinas junto a los trabajadores de todo Ecuador confluyen\u00a0 hacia Quito en protesta en favor del programa nacional y popular que hab\u00edan votado y el Presidente Len\u00edn Moreno traicionaba. La novela no da nombres ni fechas y sin embargo las circunstancias resultan evidentes. Magia literaria de S\u00e1nchez G\u00f3mez la que instala al cuarteto reivindicador alternando justicia popular y desastres fuera de cauce, al modo de manifestaci\u00f3n voluntarista de un esp\u00edritu revolucionario en pos de su sujeto social, al mismo tiempo que representantes simb\u00f3licos de esas masas inorg\u00e1nicas que conflu\u00edan sobre la capital y a las que al mismo tiempo dan la espalda. Marchas, contramarchas y contradicciones: la vida misma. Las andanzas de los cuatro prosiguen entre zambullidas, embarradas y nuevas explosiones, en un recorrido \u2014el\u00a0<em>Derrotero<\/em>\u00a0del t\u00edtulo\u2014 fluvial, selv\u00e1tico por sobre las huellas de otros latrocinios extractivistas. Aparece el extinto reino del caucho, el actual y soterrado esclavismo del oro, el \u201crito evang\u00e9lico. La otra industria extractiva de\u00a0 la Amazonia (\u2026) la que extrae almas\u201d.<\/p>\n<p>Todo transcurre en 18 d\u00edas, relatados en orden de diario de viaje pero en un tiempo real aglutinado en la resina po\u00e9tica de una prosa que sorprende tanto en su profundidad como en la diversidad de hablas. S\u00e1nchez Garc\u00eda hace generoso usufructo de los modismos localistas de sus cuatro personajes, cada uno portador de un habla popular y, mirada de lejos, arcana. No obstante, al lector deja de importarle el sabor de anticuchos y chontacuros, si en las estanter\u00edas se amontonan pijuayos, aguajes, aninas y camu-camus. Est\u00e1 absorbido por la trama y cautivado dentro de una escritura que se desplaza al ritmo asim\u00e9trico del cauce fluvial que va de la sierra a la llanura, se detiene en los meandros, se dispara en los pliegues del terreno literario. Recursos, inherentes al relato que al principio pueden costar, hasta que el entusiasmo se contagia a la retina. Hay detalles, gui\u00f1os, n\u00e9ctares sobre los que posarse, absorber y continuar el vuelo, o permanecer y buscar m\u00e1s: la entrada correspondiente al 8 de octubre (muerte del Che Guevara, que no se dice) abre as\u00ed: \u201cUna amanecida roja e intempestiva se insin\u00faa tras los \u00e1rboles circundantes, su claridad me alcanza para repasarme la piel, agujereada por arenillas y zancudos (\u2026) La excitaci\u00f3n que ha seguido al sabotaje y que nos ha mantenido acelerados toda la noche empieza a diluirse en cansancio\u201d. As\u00ed, a cada paso; un fest\u00edn.<\/p>\n<p>Quienes entienden del tema enarbolan la inclaudicable premisa de que el ambientalismo sin pol\u00edtica es mera jardiner\u00eda. Lo que hace Antonio S\u00e1nchez G\u00f3mez con\u00a0<em>Derrotero<\/em>\u00a0es eso y mas que eso: pasa a la acci\u00f3n directa con la escritura como arma. Cada hecho mentado, cada personaje, cada m\u00e1rtir y v\u00edctima nombrado con nombre y apellido, cada locaci\u00f3n existen en la realidad efectiva. Se incorporan a la ficci\u00f3n con el debido respeto hist\u00f3rico que la militancia y el compromiso merecen. Esto es, sin panfleto, sin alharaca, con la modestia de quien participa de una causa pol\u00edtica a voluntad y conciencia de las limitaciones en su aporte. Manifestaci\u00f3n plena de tal posici\u00f3n es que el autor abdica de la propiedad materna de la lengua castellana para brindar alas y espacio fresco a sus varianzas latinoamericanas. Confluencia que, como la de las aguas convergentes en esa tremenda cuenca amaz\u00f3nica, encierran pueblos, territorios y zonas enteras casi desconocidas, siempre en peligro, tambi\u00e9n a la defensiva. Por el momento.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jorge Pinedo (El cohete a la luna, 8-6-22) &nbsp; Desde tiempos precolombinos hasta hoy, los pueblos que habitaban los Andes y sus estribaciones ostentan con orgullo un espor\u00e1dico modo de producci\u00f3n solidario que ni el feudalismo clerical ni el capitalismo posteriores lograron corromper: la\u00a0minga. 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