{"id":51888,"date":"2022-11-09T11:51:31","date_gmt":"2022-11-09T15:51:31","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.com\/inicio\/?p=51888"},"modified":"2022-11-09T11:51:31","modified_gmt":"2022-11-09T15:51:31","slug":"el-autoritarismo-social-brasileno-en-tiempos-de-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2022\/11\/09\/el-autoritarismo-social-brasileno-en-tiempos-de-esperanza\/","title":{"rendered":"El autoritarismo social brasile\u00f1o en tiempos de esperanza"},"content":{"rendered":"<p>Ricardo Orozco (Rebelion, 9-11-22)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La sociedad brasile\u00f1a acaba de pasar por una de sus jornadas electorales m\u00e1s tensas y llenas de contradicciones en lo que va de su\u00a0<em>vida post-dictadura de seguridad nacional<\/em>. Y, sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de los \u00e1nimos y hasta de la\u00a0<em>esperanza<\/em>\u00a0que la victoria de Luiz Inacio \u201cLula\u201d da Silva ha vuelto a despertar entre quienes buscan hacer de este mundo, en general; y de esta Am\u00e9rica, en particular; un lugar de convivencia social mucho m\u00e1s libre, m\u00e1s justo, m\u00e1s democr\u00e1tico e igualitario para todos y todas sus habitantes, hay un par de preguntas que no dejan de flotar en el aire enrareciendo la atm\u00f3sfera triunfalista que ya se vive en distintas latitudes del continente y m\u00e1s all\u00e1 de ambos oc\u00e9anos.<\/p>\n<p>La primera y m\u00e1s importante de ellas, aunque en apariencia resulte obvia, tiene que ver con discernir qui\u00e9n gan\u00f3 en verdad en este proceso electoral. La segunda, en comprender qu\u00e9 se gan\u00f3. Y es que, por supuesto, cualquier persona que cuente con un conocimiento m\u00ednimo del panorama pol\u00edtico que domina en Brasil sin ninguna dificultad podr\u00eda afirmar que, por cuanto a los vencedores, es innegable que en las urnas ganaron Lula, el Partido de los Trabajadores y las bases sociales de apoyo tanto del personaje como del movimiento pol\u00edtico por \u00e9l encabezado; mientras que, en relaci\u00f3n con los derrotados, es claro que perdieron Jair Bolsonaro, el Partido Liberal y las bases sociales de apoyo respectivas de este candidato y de su plataforma pol\u00edtica. \u00bfQu\u00e9 tanto esto es, sin embargo, verdad, y en qu\u00e9 medida se comprueba que vencedores y vencidos, en efecto, se han repartido as\u00ed lo ganado y lo perdido?<\/p>\n<p>La pregunta viene a cuento, sobre todo, porque si se mira al proceso electoral enfocando la atenci\u00f3n no en los actores singulares que saltan a la vista de inmediato sino, antes bien, poniendo el ojo sobre la manera en la que se terminaron configurando las fuerzas sociales y pol\u00edticas en disputa, el abierto y claro contraste entre un bando (la izquierda) y el otro (la derecha), que domina en la narrativa general de los medios de comunicaci\u00f3n regionales, ya no parece del todo una divisi\u00f3n entre dos absolutos antit\u00e9ticos, irreconciliables y mutuamente excluyentes, sino que, antes bien, aparecen en toda su complejidad y en todas sus contradicciones dos grandes movimientos de masas, populares, en los cuales es posible hallar matices de izquierda y de derecha en cada uno.<\/p>\n<p>En el caso del bando que ahora se da por vencedor incuestionable, por ejemplo, esto se evidencia de manera clara cuando se presta atenci\u00f3n al hecho de que, en esta ocasi\u00f3n, a diferencia de lo que ocurri\u00f3 en sus dos candidaturas presidenciales previas, Lula tuvo que desplazarse ideol\u00f3gicamente mucho m\u00e1s hacia el centro, concertar alianzas estrat\u00e9gicas (no necesariamente coyunturales ni v\u00e1lidas s\u00f3lo para ganar los comicios) con fuerzas sociales y pol\u00edticas mucho m\u00e1s cargadas hacia los espectros de la derecha que de la izquierda y, por si ello fuese poco, mesurar mucho m\u00e1s la radicalidad de su proyecto de naci\u00f3n. Lula tuvo que mostrarse, pues, como un personaje ya no tan abiertamente radical como lo fue en su momento, hace una d\u00e9cada, en la medida en la que, en el pasado, el enemigo a vencer parec\u00eda ser un monstruo de mil cabezas nacido fuera de Brasil, pero cuyos tent\u00e1culos alcanzaban a esta naci\u00f3n: la explotaci\u00f3n imperialista de las corporaciones transnacionales, el neoliberalismo de autor\u00eda intelectual estadounidense, el neocolonialismo occidental, el militarismo\u00a0<em>gringo<\/em>, etc\u00e9tera. Y por supuesto que ello es comprensible: si el enemigo no es el propio Brasil, sino\u00a0<em>un proyecto civilizatorio venido desde afuera,\u00a0<\/em>pero que atenta en contra de la dignidad del pueblo brasile\u00f1o, ser radical es una apuesta mucho m\u00e1s sencilla de hacer y, hasta cierto punto, mucho m\u00e1s f\u00e1cil de ganar, porque no hay que responsabilizar ni culpar al propio pueblo del que depende la vitoria de la izquierda de la situaci\u00f3n en la que se est\u00e1.<\/p>\n<p>Ahora, sin embargo, las cosas son esencialmente distintas a como se dieron en aquel entonces porque el enemigo identificado por Lula (el mal que aqueja a la sociedad brasile\u00f1a y la enfermedad de la cual \u00e9l, Lula, pretende sacar a su pa\u00eds) no es ni una fuerza ni un programa ni un proyecto que, en principio, se pueda pensar como una imposici\u00f3n desde el exterior y que, mucho menos, se puede achacar a un \u00fanico personaje, como si este fuese el responsable de todos los males que aquejan a la sociedad; ll\u00e1mese Bolsonaro o como se lo quiera personificar. Ese\u00a0<em>enemigo<\/em>\u00a0de ahora, pues, alrededor del cual Lula hizo gravitar toda su campa\u00f1a, es el autoritarismo social brasile\u00f1o y no tiene otra expresi\u00f3n que los casi sesenta millones de brasile\u00f1os y de brasile\u00f1as que refrendaron no s\u00f3lo la viabilidad pol\u00edtico-administrativa de Bolsonaro y de su gabinete, sino, asimismo, la legitimidad propia de su modo de ver el mundo y de vivir en ese mundo.<\/p>\n<p>Cuesta reconocerlo, pero la moderaci\u00f3n actual de Lula se debe a un imperativo moral que hoy, en toda Am\u00e9rica, es irrenunciable, pese a ser producto de una paradoja: en unas sociedades en las que la extrema derechizaci\u00f3n de su ciudadan\u00eda demanda una mayor radicalizaci\u00f3n (o una menor moderaci\u00f3n) de la izquierda para contenerla y contrarrestar sus efectos (sin recurrir a estrategias que sean sim\u00e9tricas a las de la derecha), s\u00f3lo la moderaci\u00f3n se ha vuelto una alternativa hist\u00f3rica viable porque en una posici\u00f3n as\u00ed es posible reconocer al enemigo nacional sin obligarlo a cobrar conciencia de s\u00ed como un antag\u00f3nico al que se est\u00e1 atacando o, habr\u00eda que decir: al que se est\u00e1 se\u00f1alando como el principal problema de la sociedad en cuesti\u00f3n. Y es que, en efecto, ante cualquier tentativa de radicalizaci\u00f3n de la izquierda en una poblaci\u00f3n en la que ya se instalaron como sentido com\u00fan imperante, como ideolog\u00eda dominante y como cultura pol\u00edtica hegem\u00f3nica el autoritarismo social y la derechizaci\u00f3n sistem\u00e1tica de lo social, el principal problema que se presenta es el de la tentativa derechista de zanjar el atrevimiento de la izquierda a trav\u00e9s de la instauraci\u00f3n de un Estado de contrainsurgencia.<\/p>\n<p>De ah\u00ed, pues, que, al preguntar sobre\u00a0<em>qui\u00e9n gan\u00f3 las elecciones de este octubre<\/em>\u00a0en Brasil la respuesta clara sea que el proyecto esperanzador que encabezan Lula y sus bases sociales de apoyo, s\u00ed, pero al precio de haber aceptado un corrimiento excesivo hacia el centro, edificado en un frente amplio en donde una multiplicidad y una diversidad de derechas cuentan con la capacidad suficiente como para restringir el alcance y la profundidad de los cambios que, por lo menos en el discurso, el nuevo presidente brasile\u00f1o tiene planeado conseguir. Corrimiento al centro, asimismo, que, adem\u00e1s de tener que lidiar con una Legislatura nacional dominada por tendencias pol\u00edtico-ideol\u00f3gicas ubicadas en distintos matices del espectro de la derecha (con el Partido Liberal como primera minor\u00eda) y de tener que hacer frente a una geograf\u00eda nacional con presencia mayoritaria (simple, pero mayoritaria) de gobiernos locales de oposici\u00f3n, tendr\u00e1 que encontrar la manera de salir del marco de referencia discursivo que la derechizaci\u00f3n y el autoritarismo social por los que atraviesa el Brasil contempor\u00e1neo le han impuesto a la izquierda al momento de definir los horizontes de posibilidad de su propio proyecto de naci\u00f3n (y lo que ello implica en relaci\u00f3n con las prioridades de su gobierno, los t\u00e9rminos de la discusi\u00f3n p\u00fablica en los que debe de ser planteada cada prioridad, la posibilidad de redefinir lo que implica ser una izquierda radical en medio de un contexto cultural en el cual el conservadurismo derechizante hace pasar por radicales hasta las medidas m\u00e1s moderadas de la izquierda, etc\u00e9tera).<\/p>\n<p>Entre la intelectualidad y entre los sectores populares que constituyen las bases de apoyo de Lula, en este sentido, se debe de cobrar plena conciencia de que esta victoria electoral no es sin\u00f3nimo de una victoria pol\u00edtica ni, mucho menos, consecuencia de una victoria ideol\u00f3gico-cultural. Bolsonaro, despu\u00e9s de todo, no fue en ning\u00fan momento el art\u00edfice ni de la derechizaci\u00f3n ni de la agudizaci\u00f3n y la ampliaci\u00f3n del autoritarismo social en el Brasil. Seguro, durante su periodo de gobierno su persona oper\u00f3 como una caja de resonancia que magnific\u00f3 tendencias que ya estaban ah\u00ed, sembradas y germinando en la sociedad brasile\u00f1a desde mucho tiempo antes de que Bolsonaro si quiera fuese candidato para gobernar el pa\u00eds, pero \u00e9l no las engendr\u00f3 en su origen. La izquierda brasile\u00f1a (y, por extensi\u00f3n, la regional) debe de tener claro que este autoritarismo y esta derechizaci\u00f3n ya exist\u00edan antes de \u00e9l, y, ante su derrota en los comicios, tambi\u00e9n lo van a sobrevivir. Es ah\u00ed, de hecho, en donde lo ganado en las urnas a\u00fan no se convierte en un triunfo integral: \u00e9tico-pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia, despu\u00e9s de todo, esta necesidad de llevar a cabo una renovaci\u00f3n \u00e9tico-pol\u00edtica tanto de la sociedad civil como de la sociedad pol\u00edtica en Brasil no puede ni debe de ser pensada (a la manera en que se hace, en estos momentos, desde cierta izquierda intelectual autocomplaciente con los progresismos en los que monta sus banderas de lucha y en los que cifra sus aspiraciones) como una cuesti\u00f3n ajena al imperativo de pensar y de llevar a la pr\u00e1ctica un proyecto que sea capaz de trascender a Lula en dos sentidos elementales: primero, a \u00e9l como persona (lo que implica formar nuevos cuadros pol\u00edticos y, sobre todo, relevos generacionales, para que la esperanza no dependa del carisma de un \u00fanico individuo) y, en seguida, a \u00e9l como presidente, con un mandato constitucional claro y acotado (lo cual conduce a abandonar la idea de los\u00a0<em>ciclos<\/em>\u00a0progresistas y, m\u00e1s bien, abrazar al proyecto que ahora \u00e9l encarna como una demanda colectiva de larga duraci\u00f3n: una suerte de revoluci\u00f3n permanente que sea consciente de que las victorias electorales de la izquierda no significan, en autom\u00e1tico, victorias pol\u00edticas y\/o culturales).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Orozco (Rebelion, 9-11-22) &nbsp; La sociedad brasile\u00f1a acaba de pasar por una de sus jornadas electorales m\u00e1s tensas y llenas de contradicciones en lo que va de su\u00a0vida post-dictadura de seguridad nacional. 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