{"id":52265,"date":"2022-12-12T12:14:23","date_gmt":"2022-12-12T16:14:23","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.com\/inicio\/?p=52265"},"modified":"2022-12-12T12:14:23","modified_gmt":"2022-12-12T16:14:23","slug":"la-utopia-de-america","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2022\/12\/12\/la-utopia-de-america\/","title":{"rendered":"\u00abLa Utop\u00eda de Am\u00e9rica\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Hoy (15-10-22)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No vengo a hablaros en nombre de la\u00a0<strong>Universidad de M\u00e9xico<\/strong>, no s\u00f3lo porque no me ha conferido ella su representaci\u00f3n para actos p\u00fablicos, sino porque no me atrever\u00eda a hacerla responsable de las ideas que expondr\u00e9. Y sin embargo, debo comenzar hablando largamente de M\u00e9xico porque aquel pa\u00eds, que conozco tanto como mi\u00a0<strong>Santo Domingo<\/strong>, me servir\u00e1 como caso ejemplar para mi tesis. Est\u00e1 M\u00e9xico ahora en uno de los momentos activos de su vida nacional, momento de crisis y de creaci\u00f3n. Est\u00e1 haciendo la cr\u00edtica de su vida pasada; est\u00e1 investigando qu\u00e9 corrientes de su formidable tradici\u00f3n lo arrastran hacia escollos al parecer insuperables y qu\u00e9 fuerzas ser\u00edan capaces de empujarlo hacia puerto seguro. Y M\u00e9xico est\u00e1 creando su vida nueva, afirmando su car\u00e1cter propio, declar\u00e1ndose apto para fundar su tipo de civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Advertir\u00e9is que no os hablo de M\u00e9xico como pa\u00eds joven, seg\u00fan es costumbre al hablar de nuestra Am\u00e9rica, sino como pa\u00eds de formidable tradici\u00f3n, porque bajo la organizaci\u00f3n espa\u00f1ola persisti\u00f3 la herencia ind\u00edgena, aunque empobrecida. M\u00e9xico es el \u00fanico pa\u00eds del Nuevo Mundo donde hay tradici\u00f3n, larga, perdurable, nunca rota, para todas las cosas, para toda especie de actividades: para la industria minera como para los tejidos, para el cultivo de la astronom\u00eda como para el cultivo de las letras cl\u00e1sicas, para la pintura como para la m\u00fasica.<\/p>\n<p>Aqu\u00e9l de vosotros que haya visitado una de las exposiciones de arte popular que empiezan a convertirse, para M\u00e9xico, en ben\u00e9fica costumbre, aqu\u00e9l podr\u00e1 decir qu\u00e9 variedad de tradiciones encontr\u00f3 all\u00ed representadas, por ejemplo, en cer\u00e1mica: la de Puebla, donde toma car\u00e1cter del\u00a0<strong>Nuevo Mundo<\/strong>\u00a0la loza de Talavera; la de Teotihuac\u00e1n, donde figuras primitivas se dibujan en blanco sobre negro; la de Guanajuato, donde el rojo y el verde juegan sobre fondo amarillo, como en el paisaje de la regi\u00f3n; la de Aguascalientes, de ornamentaci\u00f3n vegetal en blanco o negro sobre rojo oscuro; la de Oaxaca, donde la mariposa azul y la flor amarilla surgen, como de entre las manchas del cacao, sobre la tierra blanca; la de Jalisco, donde el bosque tropical pone sobre el f\u00e9rtil barro nativo toda su riqueza de l\u00edneas y su pujanza de color. Y aqu\u00e9l de vosotros que haya visitado las ciudades antiguas de M\u00e9xico, \u2014Puebla, Quer\u00e9taro,\u00a0<strong>Oaxaca, Morelia, M\u00e9rida, Le\u00f3n<\/strong>\u2014, aqu\u00e9l podr\u00e1 decir c\u00f3mo parecen hermanas, no hijas, de las espa\u00f1olas: porque las ciudades espa\u00f1olas, salvo las extremadamente arcaicas, como Avila y Toledo, no tienen aspecto medioeval sino el aspecto que les dieron los siglos XVI a XVIII, cuando precisamente se edificaban las viejas ciudades mexicanas. La capital, en fin, la triple M\u00e9xico \u2014azteca, colonial, independiente\u2014, es el s\u00edmbolo de la continua lucha y de los ocasionales equilibrios entre a\u00f1ejas tradiciones y nuevos impulsos, conflicto y armon\u00eda que dan car\u00e1cter a cien a\u00f1os de vida mexicana.<\/p>\n<p>Y de ah\u00ed que M\u00e9xico, a pesar de cuanto tiende a descivilizarlo, a pesar de las espantosas conmociones que lo sacuden y revuelven hasta los cimientos, en largos trechos de su historia, posea en su pasado y en su presente con qu\u00e9 crear o\u2014tal vez m\u00e1s exactamente\u2014con qu\u00e9 continuar y ensanchar una vida y una cultura que son peculiares, \u00fanicas, suyas.<\/p>\n<p>Esta empresa de civilizaci\u00f3n no es, pues, absurda, como lo parecer\u00eda a los ojos de aquellos que no conocen a M\u00e9xico sino a trav\u00e9s de la interesada difamaci\u00f3n del cinemat\u00f3grafo y del tel\u00e9grafo; no es caprichosa, no es mero deseo de Jouer \u00e0 l\u2019autochtone, seg\u00fan la opini\u00f3n esc\u00e9ptica. No: lo aut\u00f3ctono, en M\u00e9xico, es una realidad; y lo aut\u00f3ctono no es solamente la raza ind\u00edgena, con su formidable dominio sobre todas las actividades del pa\u00eds, la raza de Morelos y de Ju\u00e1rez, de Altamirano y de Ignacio Ram\u00edrez: aut\u00f3ctono es eso, pero lo es tambi\u00e9n el car\u00e1cter peculiar que toda cosa espa\u00f1ola asume en M\u00e9xico desde los comienzos de la era colonial, as\u00ed la arquitectura barroca en manos de los artistas de Taxco o de Tepozotl\u00e1n como la comedia de Lope y Tirso en manos de Don Juan Ruiz de Alarc\u00f3n.<\/p>\n<p>Con fundamentos tales, M\u00e9xico sabe qu\u00e9 instrumentos ha de emplear para la obra en que est\u00e1 empe\u00f1ado; y esos instrumentos son la cultura y el nacionalismo. Pero la cultura y el nacionalismo no los entiende, por dicha, a la manera del siglo XIX. No se piensa en la cultura reinante en la era del capital disfrazado de liberalismo, cultura de diletantes exclusivistas, huerto cerrado donde se cultivaban flores artificiales, torre de marfil donde se guardaba la ciencia muerta, como en los museos. Se piensa en la cultura social, ofrecida y dada realmente a todos y fundada en el trabajo: aprender no es s\u00f3lo aprender a conocer sino igualmente aprender a hacer. No debe haber alta cultura, porque ser\u00e1 falsa y ef\u00edmera, donde no haya cultura popular. Y no se piensa en el nacionalismo pol\u00edtico, cuya \u00fanica justificaci\u00f3n moral es, todav\u00eda, la necesidad de defender el car\u00e1cter genuino de cada pueblo contra la amenaza de reducirlo a la uniformidad dentro de tipos que s\u00f3lo el espejismo del momento hace aparecer como superiores: se piensa en otro nacionalismo, el espiritual, el que nace de las cualidades de cada pueblo cuando se traducen en arte y pensamiento, el que humor\u00edsticamente fue llamado, en el Congreso Internacional de Estudiantes celebrado all\u00ed, el nacionalismo de las j\u00edcaras y los poemas.<\/p>\n<p>El ideal nacionalista invade ahora, en M\u00e9xico,\u00a0<strong>todos los campos<\/strong>. Citar\u00e9 el ejemplo m\u00e1s claro: la ense\u00f1anza del dibujo se ha convertido en cosa puramente mexicana. En vez de la mec\u00e1nica copia de modelos triviales, Adolfo Best, pintor e investigador \u2014\u00bbpenetrante y sutil como una espada\u00bb\u2014, ha creado y difundido su nov\u00edsimo sistema, que consiste en dar al ni\u00f1o, cuando comienza a dibujar, solamente los siete elementos lineales de las artes mexicanas, ind\u00edgenas y populares (la l\u00ednea recta, la quebrada, el c\u00edrculo, el semic\u00edrculo, la ondulosa, la ese, la espiral) y decirle que los emplee a la manera mexicana, es decir, seg\u00fan reglas derivadas tambi\u00e9n de las artes de M\u00e9xico: as\u00ed, no cruzar nunca dos l\u00edneas sino cuando la cosa representada requiera de modo inevitable el cruce.<\/p>\n<p><strong>Le puede interesar:\u00a0<a href=\"https:\/\/hoy.com.do\/el-arpa-y-la-sombra-colon-y-los-males-del-siglo-presente\/\">El arpa y la sombra: Col\u00f3n y los males del siglo presente<\/a><\/strong><\/p>\n<p>Pero al hablar de M\u00e9xico como pa\u00eds de cultura aut\u00f3ctona, no pretendo aislarlo en Am\u00e9rica: creo que, en mayor o menor grado, toda nuestra Am\u00e9rica tiene parecidos caracteres, aunque no toda ella alcance la riqueza de las tradiciones mexicanas. Cuatro siglos de vida hisp\u00e1nica han dado a nuestra Am\u00e9rica rasgos que la distinguen.<\/p>\n<p>La unidad de su historia, la unidad de prop\u00f3sito en la vida pol\u00edtica y en la intelectual, hacen de nuestra Am\u00e9rica una entidad, una magna patria, una agrupaci\u00f3n de pueblos destinados a unirse cada d\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s. Si conserv\u00e1ramos aquella infantil audacia con que nuestros antepasados llamaban Atenas a cualquier ciudad de Am\u00e9rica, no vacilar\u00eda yo en compararnos con los pueblos, pol\u00edticamente disgregados pero espiritualmente unidos, de la Grecia cl\u00e1sica y la Italia del Renacimiento.<\/p>\n<p>Pero s\u00ed me atrever\u00e9 a compararnos con ellos para que aprendamos, de su ejemplo, que la desuni\u00f3n es el desastre.<\/p>\n<p>Nuestra Am\u00e9rica debe afirmar la fe en su destino, en el porvenir de la civilizaci\u00f3n. Para mantenerlo no me fundo, desde luego, en el desarrollo presente o futuro de las riquezas materiales, ni siquiera en esos argumentos, contundentes para los contagiados del delirio industrial, argumentos que se llaman\u00a0<strong>Buenos Aires, Montevideo, Santiago, Valpara\u00edso, Rosario<\/strong>. No, esas poblaciones demuestran que obligados a competir dentro de la actividad contempor\u00e1nea, nuestros pueblos saben, tanto como los Estados Unidos, crear en pocos d\u00edas colmenas formidables, tipos nuevos de ciudad que difieren radicalmente del europeo, y hasta acometer, como R\u00edo de Janeiro, haza\u00f1as no previstas por las urbes norteamericanas. Ni me fundar\u00eda, para no dar margen a censuras pueriles de los pesimistas, en la obra, exigua todav\u00eda, que representa nuestra contribuci\u00f3n espiritual al acervo de la civilizaci\u00f3n en el mundo, por m\u00e1s que la arquitectura colonial de M\u00e9xico, y la poes\u00eda contempor\u00e1nea de toda nuestra Am\u00e9rica, y nuestras maravillosas artes populares, sean altos valores.<\/p>\n<p>Me fundo s\u00f3lo en el hecho de que, en cada una de nuestras crisis de civilizaci\u00f3n, es el esp\u00edritu quien nos ha salvado, luchando contra elementos en apariencia m\u00e1s poderosos; el esp\u00edritu solo, y no la fuerza militar o el poder econ\u00f3mico. En uno de sus momentos de mayor decepci\u00f3n, dijo Bol\u00edvar que si fuera posible para los pueblos volver al caos, los de la\u00a0<strong>Am\u00e9rica Latina<\/strong>\u00a0volver\u00edan a \u00e9l. El temor no era vano: los investigadores de la historia nos dicen hoy que el \u00c1frica central pas\u00f3, y en tiempos no muy remotos, de la vida social organizada, de la civilizaci\u00f3n creadora, a la disoluci\u00f3n en que hoy la conocemos y en que ha sido presa f\u00e1cil de la codicia ajena: el puente fue la guerra incesante. Y el Facundo de Sarmiento es la descripci\u00f3n del instante agudo de nuestra lucha entre la luz y el caos, entre la civilizaci\u00f3n y la barbarie. La barbarie tuvo consigo largo tiempo la fuerza de la espada; pero el esp\u00edritu la venci\u00f3 en empe\u00f1o como de milagro. Por eso hombres magistrales como Sarmiento, como Alberdi, como Bello, como Hostos, son verdaderos creadores o salvadores de pueblos, a veces m\u00e1s que los libertadores de la independencia.<\/p>\n<p>Hombres as\u00ed, obligados a crear hasta sus instrumentos de trabajo, en lugares donde a veces la actividad econ\u00f3mica estaba reducida al m\u00ednimum de la vida patriarcal, son los verdaderos representativos de nuestro esp\u00edritu. Tenemos la costumbre de exigir, hasta al escritor de gabinete, la aptitud magistral: porque la tuvo, fue representativo Jos\u00e9 Enrique Rod\u00f3. Y as\u00ed se explica que la juventud de hoy, exigente como toda juventud, se ensa\u00f1e contra aquellos hombres de inteligencia poco amigos de terciar en los problemas que a ella le interesan y en cuya soluci\u00f3n pide la ayuda de los maestros.<\/p>\n<p>Si el esp\u00edritu ha triunfado, en nuestra Am\u00e9rica, sobre la barbarie interior, no cabe temer que lo rinda la barbarie de afuera. No nos deslumbre el poder ajeno: el poder es siempre ef\u00edmero. Ensanchemos el campo espiritual: demos el alfabeto a todos los hombres; demos a cada uno de los instrumentos mejores para trabajar en bien de todos; esforc\u00e9monos por acercarnos a la justicia social y a la libertad verdadera; avancemos, en fin, hacia nuestra utop\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfHacia la utop\u00eda? S\u00ed: hay que ennoblecer nuevamente la idea cl\u00e1sica. La utop\u00eda no es vano juego de imaginaciones pueriles: es una de las magnas creaciones espirituales del Mediterr\u00e1neo, nuestro gran mar antecesor. El pueblo griego da al mundo occidental la inquietud del perfeccionamiento constante. Cuando descubre que el hombre puede individualmente ser mejor de lo que es y socialmente vivir mejor de como vive, no descansa para averiguar el secreto de toda mejora, de toda perfecci\u00f3n. Juzga y compara; busca y experimenta sin descanso; no le arredra la necesidad de tocar a la religi\u00f3n y a la leyenda, a la f\u00e1brica social y a los sistemas pol\u00edticos. Es el pueblo que inventa la discusi\u00f3n, que inventa la cr\u00edtica. Mira al pasado, y crea la historia; mira al futuro, y crea las utop\u00edas.<\/p>\n<p>El antiguo Oriente se hab\u00eda conformado con la estabilidad de la organizaci\u00f3n social: la justicia se sacrificaba al orden, el progreso a la tranquilidad. Cuando alimentaron esperanzas de perfecci\u00f3n \u2014la victoria de Ahura Mazda entre los persas o la venida del Mes\u00edas para los hebreos\u2014 las situaron fuera del alcance del esfuerzo humano: su realizaci\u00f3n ser\u00eda obra de leyes o de voluntades m\u00e1s altas. Grecia cree en el perfeccionamiento de la vida humana por medio del esfuerzo humano. Atenas se dedic\u00f3 a crear utop\u00edas: nadie las revela mejor que Arist\u00f3fanes; el poeta que las satiriza no s\u00f3lo es capaz de comprenderlas sino que hasta se dir\u00eda simpatizador de ellas \u00a1tal es el esplendor con que llega a presentarlas! Poco despu\u00e9s de los intentos que atrajeron la burla de Arist\u00f3fanes, Plat\u00f3n crea, en La Rep\u00fablica, no s\u00f3lo una de las obras maestras de la filosof\u00eda y de la literatura, sino tambi\u00e9n la obra maestra en el arte singular de la utop\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando el espejismo del esp\u00edritu cl\u00e1sico se proyecta sobre Europa, con el Renacimiento, es natural que resurja la utop\u00eda. Y desde entonces, aunque se eclipse, no muere. Hoy, en medio del formidable desconcierto en que\u00a0<strong>se agita la humanidad<\/strong>, s\u00f3lo una luz unifica a muchos esp\u00edritus: la luz de una utop\u00eda, reducida, es verdad, a simples soluciones econ\u00f3micas por el momento, pero utop\u00eda al fin, donde se vislumbra la \u00fanica esperanza de paz entre el infierno social que atravesamos todos.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l ser\u00eda, pues, nuestro papel en estas cosas? Devolverle a la utop\u00eda sus caracteres plenamente humanos y espirituales, esforzarnos porque el intento de reforma social y justicia econ\u00f3mica no sea el l\u00edmite de las aspiraciones; procurar que la desaparici\u00f3n de las tiran\u00edas econ\u00f3micas concuerde con la libertad perfecta del hombre individual y social, cuyas normas \u00fanicas, despu\u00e9s del neminem laedere, sean la raz\u00f3n y el sentido est\u00e9tico. Dentro de nuestra utop\u00eda, el hombre llegar\u00e1 a ser plenamente humano, dejando atr\u00e1s los estorbos de la absurda organizaci\u00f3n econ\u00f3mica en que estamos prisioneros y el lastre de los prejuicios morales y sociales que ahogan la vida espont\u00e1nea; a ser, a trav\u00e9s del franco ejercicio de la inteligencia y de la sensibilidad, el hombre libre, abierto a los cuatro vientos del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>\u00bfY c\u00f3mo se concilia esta utop\u00eda, destinada a favorecer la definitiva aparici\u00f3n del hombre universal, con el nacionalismo antes predicado, nacionalismo de j\u00edcaras y poemas, es verdad, pero nacionalismo al fin? No es dif\u00edcil la conciliaci\u00f3n; antes al contrario, es natural. El hombre universal con que so\u00f1amos, a que aspira nuestra Am\u00e9rica, no ser\u00e1 descastado: sabr\u00e1 gustar de todo, apreciar todos los matices, pero ser\u00e1 de su tierra; su tierra, y no la ajena, le dar\u00e1 el gusto intenso de los sabores nativos, y \u00e9sa ser\u00e1 su mejor preparaci\u00f3n para gustar de todo lo que tenga sabor genuino, car\u00e1cter propio. La universalidad no es el descastamiento: en el mundo de la utop\u00eda no deber\u00e1n desaparecer las diferencias de car\u00e1cter que nacen del clima, de la lengua, de las tradiciones; pero todas estas diferencias, en vez de significar divisi\u00f3n y discordancia, deber\u00e1n combinarse como matices diversos de la unidad humana. Nunca la uniformidad, ideal de imperialismos est\u00e9riles; si la unidad, como armon\u00eda de las mult\u00e1nimes voces de los pueblos.<\/p>\n<p>Y por eso, as\u00ed como esperamos que nuestra Am\u00e9rica se aproxime a la creaci\u00f3n del hombre universal, por cuyos labios hable libremente el esp\u00edritu, libre de estorbos, libre de prejuicios, esperamos que toda Am\u00e9rica, y cada regi\u00f3n de Am\u00e9rica, conserve y perfeccione todas sus actividades de car\u00e1cter original, sobre todo en las artes: las literarias, en que nuestra originalidad se afirma cada d\u00eda; las pl\u00e1sticas, tanto las mayores como las menores, en que poseemos el doble tesoro, variable seg\u00fan las regiones, de la tradici\u00f3n espa\u00f1ola y de la tradici\u00f3n ind\u00edgena, fundidas ya en corrientes nuevas; y las musicales, en que nuestra insuperable creaci\u00f3n popular aguarda a los hombres de genio que sepan extraer de ella todo un sistema nuevo que ser\u00e1 maravilla del futuro.<\/p>\n<p>Y sobre todo, como s\u00edmbolos de nuestra civilizaci\u00f3n para unir y sintetizar las dos tendencias, para conservarlas en equilibrio y armon\u00eda, esperemos que nuestra Am\u00e9rica siga produciendo lo que es acaso su m\u00e1s alta caracter\u00edstica: los hombres magistrales, h\u00e9roes verdaderos de nuestra vida moderna, verbo de nuestro esp\u00edritu y creadores de vida espiritual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy (15-10-22) &nbsp; No vengo a hablaros en nombre de la\u00a0Universidad de M\u00e9xico, no s\u00f3lo porque no me ha conferido ella su representaci\u00f3n para actos p\u00fablicos, sino porque no me atrever\u00eda a hacerla responsable de las ideas que expondr\u00e9. 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