{"id":58569,"date":"2025-07-21T11:27:28","date_gmt":"2025-07-21T15:27:28","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=58569"},"modified":"2025-07-21T11:27:30","modified_gmt":"2025-07-21T15:27:30","slug":"el-imperio-del-miedo-guerra-perpetua-y-poder-corporativo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2025\/07\/21\/el-imperio-del-miedo-guerra-perpetua-y-poder-corporativo\/","title":{"rendered":"El Imperio del miedo: guerra perpetua y poder corporativo"},"content":{"rendered":"\n<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El t\u00e1bano economista, 21-7-25)<\/p>\n\n\n\n<p>No hay ganadores sociales con la guerra eterna, solo corporaciones (El T\u00e1bano Economista)<\/p>\n\n\n\n<p>Desde diversos sectores \u2013analistas, acad\u00e9micos, medios y estrategas\u2013 se plantea la inquietante posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, evocando el fantasma de los grandes conflictos del siglo XX. La guerra ha mutado, ya no se limita a trincheras ni invasiones masivas, sino que se manifiesta de manera constante, difusa y estructural. En ese sentido, lo que muchos observadores interpretan como la antesala de un nuevo gran conflicto puede ser, en realidad, una fase m\u00e1s de lo que desde la era de George W. Bush se denomin\u00f3 \u201c<strong><em>guerra perpetua<\/em><\/strong>\u201d. Esta idea cobr\u00f3 impulso tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando Estados Unidos redefini\u00f3 su pol\u00edtica exterior en funci\u00f3n de enemigos difusos y frentes m\u00f3viles.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, Washington ha estado involucrado en al menos 14 conflictos armados. La llamada \u201cguerra contra el terrorismo\u201d en Afganist\u00e1n e Irak fue solo el inicio de una nueva doctrina b\u00e9lica donde los objetivos no siempre son geogr\u00e1ficos, y donde la narrativa de seguridad reemplaza a la declaraci\u00f3n formal de guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>A medida que avanzaba el siglo XXI, emergieron nuevos focos de conflicto: la anexi\u00f3n de Crimea por parte de Rusia en 2014, el inicio de la guerra comercial de EEUU con China en 2017 y, m\u00e1s recientemente, la breve pero simb\u00f3lica \u201cGuerra de los 12 d\u00edas\u201d contra Ir\u00e1n en 2025. Todos estos episodios marcan un patr\u00f3n: una creciente tensi\u00f3n entre potencias tradicionales y emergentes. As\u00ed, la hip\u00f3tesis de una guerra perpetua se sostiene en la activaci\u00f3n continua de nuevos frentes, lo cual responde a un fen\u00f3meno m\u00e1s profundo: el cambio en el equilibrio del poder global.<\/p>\n\n\n\n<p>China y Rusia son hoy, sin ambig\u00fcedades, rivales estrat\u00e9gicos de Estados Unidos. Esta competencia se da en m\u00faltiples dimensiones: econ\u00f3mica, tecnol\u00f3gica, militar y geopol\u00edtica. Occidente, liderado por Washington y acompa\u00f1ado por sus socios europeos, intenta frenar el ascenso de estos competidores a trav\u00e9s de una estrategia que prioriza la contenci\u00f3n. En otras palabras, la meta no es conquistar territorios, sino impedir que otros los lideren.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Dmitri_Trenin\">Dimitri Trenin<\/a>, miembro del&nbsp;<a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/w\/index.php?title=Russia%27s_Foreign_and_Defence_Policy_Council&amp;action=edit&amp;redlink=1\">Consejo de Pol\u00edtica Exterior y de Defensa de Rusia<\/a>, ha advertido que el objetivo occidental ya no es una derrota puntual de Mosc\u00fa, sino su debilitamiento sostenido. Rusia, junto con Ir\u00e1n, China y Corea del Norte, aparece en la narrativa de Washington y Londres como un enemigo sist\u00e9mico, no circunstancial. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca gener\u00f3 expectativas sobre una posible distensi\u00f3n, pero sus intentos por desactivar estos conflictos fueron bloqueados por sectores belicistas en Estados Unidos y por aliados europeos que, en muchos casos, parecen m\u00e1s comprometidos con el conflicto que con la diplomacia.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00e9lite global, en especial las facciones posnacionales vinculadas al poder financiero y tecnol\u00f3gico, teme perder el control de un sistema que les ha sido hist\u00f3ricamente favorable. Esta es la clave del dise\u00f1o actual: construir un mundo cr\u00f3nicamente inseguro, inestable, plagado de amenazas e incertidumbre. Un mundo al borde del colapso econ\u00f3mico, donde la guerra act\u00faa como mecanismo de disuasi\u00f3n del desarrollo ajeno. Este entorno beneficia al statu quo, frenando a potencias como China, cuyo crecimiento sostenido desaf\u00eda la hegemon\u00eda occidental.<\/p>\n\n\n\n<p>Los efectos de esta estrategia son visibles. El crecimiento del PIB mundial, que promediaba el 4,5% en la d\u00e9cada del 2000, hoy ronda apenas el 2,5%.El comercio internacional, que crec\u00eda a tasas del 6% anual, ha ca\u00eddo a la mitad. Y el caso m\u00e1s paradigm\u00e1tico es China, cuyo crecimiento econ\u00f3mico \u2014de entre 11% y 14% hace dos d\u00e9cadas\u2014 ha descendido a un 5%. Este enlentecimiento no es casual es parte de una arquitectura pensada para prolongar el conflicto y sembrar caos e inseguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>A esta estrategia se suman las sanciones econ\u00f3micas. Ambas herramientas \u2014guerra prolongada y sanciones\u2014 tienen el mismo prop\u00f3sito, desestabilizar. Ya no se trata de ocupar territorios, sino de erosionar internamente a los adversarios. El nuevo campo de batalla es psicol\u00f3gico, social y econ\u00f3mico. Se trata de provocar malestar civil, sabotear la producci\u00f3n, alimentar la disidencia y, eventualmente, fomentar el colapso interno. Las sanciones, como se\u00f1alamos en&nbsp;<a href=\"https:\/\/eltabanoeconomista.wordpress.com\/2025\/07\/16\/sanciones-la-geopolitica-del-genocidio-economico\/\">un art\u00edculo anterior<\/a>, act\u00faan como una forma de \u201cgenocidio econ\u00f3mico\u201d, donde las poblaciones pagan el precio de las ambiciones geopol\u00edticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Este modelo es sostenido, en buena medida, por las grandes corporaciones tecnol\u00f3gicas, militares y financieras. Estas entidades no s\u00f3lo influyen en las decisiones pol\u00edticas, sino que a menudo las determinan. El caso de Ucrania es ilustrativo: lejos de tratarse de una defensa desinteresada de la democracia, el conflicto es un desgaste de Rusia, un negocio para fabricantes de armas, contratistas de defensa y empresas energ\u00e9ticas. La \u00e9lite occidental, particularmente en Estados Unidos y Europa, sigue viendo a Rusia con desconfianza y hostilidad, y ha convertido el enfrentamiento en un fin en s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este escenario, el complejo militar-industrial-digital no solo sobrevive, sino que prospera. Estas guerras no son improvisadas, sino dise\u00f1adas para beneficiar a quienes venden armas, tecnolog\u00edas de vigilancia y servicios de inteligencia. En muchos casos, las decisiones de guerra no pasan por los gobiernos, sino por los consejos de administraci\u00f3n de estas corporaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra moderna es una guerra tridimensional: militar, medi\u00e1tica y psicol\u00f3gica. La dimensi\u00f3n militar incorpora alta tecnolog\u00eda y precisi\u00f3n quir\u00fargica. Un ejemplo claro fue el conflicto entre Ir\u00e1n e Israel, donde por primera vez Ir\u00e1n lanz\u00f3 un ataque directo desde su propio territorio. El hecho de que sus misiles de largo alcance hayan penetrado el sistema de defensa israel\u00ed, la llamada \u00abC\u00fapula de Hierro\u00bb, represent\u00f3 un giro estrat\u00e9gico. La respuesta de Israel \u2014una mezcla de contraataques a\u00e9reos y ciberoperaciones\u2014 mostr\u00f3 tanto su capacidad t\u00e9cnica como sus debilidades inesperadas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el plano medi\u00e1tico, la guerra es una competencia por el control de la narrativa. El caso Ir\u00e1n-Israel tambi\u00e9n fue pionero en lo que podr\u00eda llamarse la primera \u201cguerra de&nbsp;<em>hashtags<\/em>\u201d. La victoria no se mide solo en bajas o conquistas, sino en viralidad y percepci\u00f3n. Los medios iran\u00edes saturaron canales de Telegram con videos espectaculares de sus ataques, mientras que&nbsp;<em>influencers<\/em>&nbsp;israel\u00edes convert\u00edan sus experiencias en refugios antia\u00e9reos en actos de resistencia heroica. Ambos bandos utilizaron ej\u00e9rcitos digitales, pero la novedad fue la participaci\u00f3n activa de la ciudadan\u00eda: cada tel\u00e9fono celular se convirti\u00f3 en una c\u00e1mara de guerra, transformando las redes sociales en frentes de batalla en tiempo real.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra psicol\u00f3gica, quiz\u00e1s la m\u00e1s silenciosa, es tambi\u00e9n la m\u00e1s duradera. En ciudades como Tel Aviv, el sonido de las sirenas erosion\u00f3 la sensaci\u00f3n de seguridad de la poblaci\u00f3n. Si Ir\u00e1n pod\u00eda atacar a voluntad, \u00bfpod\u00eda el Estado garantizar la protecci\u00f3n de sus ciudadanos? La ruptura del tab\u00fa de un ataque directo entre enemigos tradicionales tuvo un fuerte impacto en toda Asia Occidental. Pa\u00edses como Arabia Saudita o Turqu\u00eda observaban con atenci\u00f3n, sabiendo que el equilibrio regional hab\u00eda cambiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas tres dimensiones \u2014militar, medi\u00e1tica y psicol\u00f3gica\u2014 se combinan en la llamada guerra h\u00edbrida, donde cada misil puede ser al mismo tiempo una acci\u00f3n b\u00e9lica, un mensaje medi\u00e1tico y un golpe al \u00e1nimo de la sociedad. Quien logre dominar estos tres planos tendr\u00e1 la ventaja decisiva en los conflictos del futuro.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero para ello, es indispensable la colaboraci\u00f3n del complejo militar-industrial-tecnol\u00f3gico. Corporaciones como Google (Alphabet), Apple, Amazon, Meta, Microsoft y Palantir no son solo actores econ\u00f3micos, son herramientas de guerra. Controlan la informaci\u00f3n, moderan el discurso p\u00fablico, gestionan plataformas de comunicaci\u00f3n e imponen narrativas. A trav\u00e9s del manejo de datos masivos, se convierten en fuentes privilegiadas de inteligencia, \u00fatiles tanto para gobiernos como para empresas.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas grandes tecnol\u00f3gicas tambi\u00e9n proporcionan la infraestructura cr\u00edtica sobre la que se apoyan tanto las econom\u00edas como los sistemas de defensa. Su liderazgo en inteligencia artificial, computaci\u00f3n cu\u00e1ntica y biotecnolog\u00eda les otorga un rol protag\u00f3nico en la configuraci\u00f3n del poder global. Ya no son simplemente compa\u00f1\u00edas privadas: son actores geopol\u00edticos de primer orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, el complejo militar-industrial representado por gigantes como Lockheed Martin, Raytheon, Boeing o Northrop Grumman sigue promoviendo la expansi\u00f3n de presupuestos de defensa. Justifican sus exigencias en funci\u00f3n de amenazas externas, pero en muchos casos act\u00faan como generadores de esas amenazas. Las guerras prolongadas y las tensiones permanentes son parte del negocio.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos contratistas tambi\u00e9n impulsan agresivamente la venta de armas a pa\u00edses aliados, fortaleciendo los v\u00ednculos militares de Occidente y expandiendo su influencia global. Las alianzas no se basan tanto en valores compartidos como en intereses comerciales. La ciberseguridad, la vigilancia digital y la inteligencia artificial se convierten en armas de guerra tanto como los misiles y los tanques.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, el \u201cEstado profundo\u201d ya no es un mito. Est\u00e1 compuesto por una red de intereses corporativos \u2014tecnol\u00f3gicos, militares y financieros\u2014 que opera m\u00e1s all\u00e1 de los ciclos electorales y de la voluntad popular. Su influencia es indirecta pero eficaz. Frente al ascenso de potencias como China, Rusia e Ir\u00e1n, estas corporaciones act\u00faan para mantener el dominio occidental, muchas veces desde las sombras, aunque su accionar sea visible para quien se tome el tiempo de mirar.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, la guerra eterna no es un accidente hist\u00f3rico, sino un dise\u00f1o funcional. Es un negocio. Un sistema que produce ganadores: las \u00e9lites que venden armas controlan datos, gestionan el miedo y sacan provecho del desorden.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El t\u00e1bano economista, 21-7-25) No hay ganadores sociales con la guerra eterna, solo corporaciones (El T\u00e1bano Economista) Desde diversos sectores \u2013analistas, acad\u00e9micos, medios y estrategas\u2013 se plantea la inquietante posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, evocando el fantasma de los grandes conflictos del siglo XX. 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