{"id":59894,"date":"2025-11-20T11:27:28","date_gmt":"2025-11-20T15:27:28","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=59894"},"modified":"2025-11-20T11:27:29","modified_gmt":"2025-11-20T15:27:29","slug":"aventura-militar-o-continuidad-del-orden-neoliberal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2025\/11\/20\/aventura-militar-o-continuidad-del-orden-neoliberal\/","title":{"rendered":"\u00bfAventura militar o continuidad del orden neoliberal?"},"content":{"rendered":"\n<p>Fabricio Mu\u00f1oz (Rebeli\u00f3n, 20-11-25)<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa violencia del Estado no es m\u00e1s que la violencia organizada de una clase para la opresi\u00f3n de otra.\u201d<br>\u2014 Vladimir Ilich Lenin<\/p>\n\n\n\n<p>El reciente bombardeo ordenado por el presidente Gustavo Petro contra campamentos del Estado Mayor Central vuelve a colocar al pa\u00eds frente a la nitidez de una violencia que pretende ser quir\u00fargica, aunque en realidad se despliega como un mecanismo devastador cuyos efectos no pueden revertirse. En Guaviare, en \u00e1reas amaz\u00f3nicas y en Arauca, operaciones semejantes desembocaron en la muerte de menores presentes en los campamentos. La sola presencia de estos adolescentes evidencia el crimen cometido por los grupos armados, pero tambi\u00e9n la falla profunda de unas condiciones materiales que el Estado nunca garantiz\u00f3 y que llevaron a tantos j\u00f3venes rurales a ver en la insurgencia no un destino impuesto sino una posibilidad de existencia frente a un horizonte de precariedad. Este doble movimiento no aten\u00faa la gravedad del hecho; por el contrario, ilumina con mayor intensidad la decisi\u00f3n estatal de emplear explosivos en espacios donde la presencia de menores era previsible, una decisi\u00f3n que revela un modo de gobernar en el que la vida se administra bajo una l\u00f3gica que separa cuerpos dignos de amparo de cuerpos condenados a desaparecer en silencio dentro de los m\u00e1rgenes invisibles de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>En este escenario la pregunta, que da inicio a esta reflexi\u00f3n, adquiere un espesor mayor. Los hechos no pueden entenderse como un exceso t\u00e1ctico ni como una decisi\u00f3n apresurada, sino como expresi\u00f3n de tensiones que atraviesan la manera en que el Estado colombiano ejerce el poder. La interrogaci\u00f3n se impone con fuerza: \u00bfAsistimos a una maniobra que busca recomponer gobernabilidad mediante la exhibici\u00f3n de la fuerza o a la continuidad silenciosa de un orden contrainsurgente que, pese a los discursos reformistas, sigue organizando la econom\u00eda y el territorio bajo la primac\u00eda del control militar? Esta pregunta abre un surco que permite observar c\u00f3mo incluso un gobierno que prometi\u00f3 otro camino puede terminar atrapado en una estructura hist\u00f3rica que mantiene intactos sus mecanismos de coerci\u00f3n, vigilancia y excepcionalidad permanente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que muestran estos hechos es que la muerte de menores no constituye solamente un saldo tr\u00e1gico de la confrontaci\u00f3n. Es tambi\u00e9n el s\u00edntoma de un orden que permanece activo y que regula la vida de las periferias dentro de un c\u00e1lculo donde la protecci\u00f3n se distribuye de manera desigual. El Estado contin\u00faa operando bajo una matriz que privilegia la coerci\u00f3n sobre la pol\u00edtica, que confunde control con legitimidad y que administra las poblaciones rurales como si fueran riesgos antes que sujetos pol\u00edticos y de derechos. En este marco la guerra se repite, puede cambiar la ret\u00f3rica gubernamental, pero no se transforman las condiciones que la alimentan; y mientras esas condiciones permanezcan intactas, cualquier promesa de paz se vuelve un eco que se desvanece antes de llegar a los territorios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Gobernabilidad mediante fuerza, entre hegemon\u00eda erosionada y control espectacular<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La decisi\u00f3n del gobierno de recurrir al bombardeo como instrumento privilegiado para demostrar autoridad evidencia la profundidad de una crisis donde la palabra p\u00fablica ha dejado de convocar. Cuando las instituciones pierden la capacidad de orientar moralmente a la sociedad, la fuerza se convierte en un sustituto precario del consenso. Y la fuerza, por m\u00e1s estruendo que produzca, no puede reemplazar lo que se construye con legitimidad y confianza. Por eso estos ataques, lejos de fortalecer al Estado, exponen sus fisuras.<\/p>\n\n\n\n<p>Este deterioro de la autoridad se manifiesta en diversos planos. Las \u00e9lites dudan de la capacidad del progresismo para garantizar el orden. Los sectores populares no perciben cambios reales en sus vidas. Las comunidades rurales contin\u00faan sintiendo la presencia estatal como fragmentaria y tard\u00eda. Y los actores armados disputan control sin reconocer la autoridad oficial. En este escenario los bombardeos aparecen como gestos que buscan generar una impresi\u00f3n de decisi\u00f3n, aunque la impresi\u00f3n se desvanece con rapidez porque la autoridad no surge del impacto de un explosivo sino de la capacidad de construir instituciones que protejan la vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La espectacularidad del bombardeo, con su promesa de precisi\u00f3n absoluta, oculta la fragilidad de un Estado que recurre a la violencia para suplir la ausencia de consenso. Puede parecer una demostraci\u00f3n de fuerza, pero en realidad es un signo de debilidad pol\u00edtica. Y cuando su resultado es la muerte de j\u00f3venes que ya hab\u00edan sido empujados a los m\u00e1rgenes de la existencia, el gesto se invierte. Lo que pretend\u00eda ser una afirmaci\u00f3n del Estado termina convirti\u00e9ndose en evidencia de su incapacidad de gobernar mediante el reconocimiento y la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Cauca despu\u00e9s de Perseo, una ofensiva que no ordena el territorio y que dispersa el conflicto<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El Cauca ofrece una imagen precisa de lo que ocurre cuando la intervenci\u00f3n estatal se reduce al \u00e1mbito militar. La ofensiva no debilit\u00f3 a la insurgencia, la reacomod\u00f3, le permiti\u00f3 dispersarse en nuevas zonas, reorganizar sus redes y fortalecer sus din\u00e1micas locales. La guerra, lejos de menguar, se adapt\u00f3 al nuevo escenario; y esa adaptaci\u00f3n es posible porque la insurgencia opera en un territorio donde su presencia est\u00e1 entrelazada con historias comunitarias, econom\u00edas informales, geograf\u00edas dif\u00edciles y una memoria persistente de abandono estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>La operaci\u00f3n Perseo intensific\u00f3 la presencia militar, aunque no estuvo acompa\u00f1ada de instituciones civiles que fortalecieran la justicia, la salud, la educaci\u00f3n o el trabajo. Sin estos elementos la fuerza estatal produce control temporal, pero no genera autoridad. Puede desplazar campamentos insurgentes, aunque no transforma las condiciones que sostienen el conflicto. El territorio se administra como un tablero donde se ubican unidades y objetivos, mientras la vida cotidiana contin\u00faa organizada por din\u00e1micas que exceden la presencia estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>El resultado es un territorio m\u00e1s fragmentado que antes. La insurgencia no desaparece, cambia de forma, se mueve con soltura dentro de un paisaje que conoce con una profundidad que el Estado no posee. Y el conflicto, lejos de reducirse, se redistribuye. El Estado incrementa su presencia armada, pero no su capacidad de conducir pol\u00edticamente la vida del territorio. La guerra no se resuelve, se desplaza.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Reclutamiento juvenil, subalternidad activa y condiciones materiales de existencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El reclutamiento juvenil exige una lectura m\u00e1s amplia que la simple constataci\u00f3n del delito cometido por los grupos armados. En muchas zonas del pa\u00eds la juventud crece en un entorno de precariedad extrema. Las escuelas est\u00e1n debilitadas, el trabajo es escaso, las econom\u00edas ilegales sustituyen las oportunidades de vida. Y el Estado aparece, cuando aparece, como una presencia lejana y difusa. En este escenario la insurgencia ofrece aquello que las instituciones no entregan, pertenencia, ingreso, movilidad social, reconocimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Muchos adolescentes no llegan a la insurgencia \u00fanicamente porque son forzados, llegan porque la insurgencia aparece como una salida en medio de un mundo que les niega posibilidades. Esta decisi\u00f3n no elimina su condici\u00f3n de v\u00edctimas, aunque revela una dimensi\u00f3n que el Estado parece no querer afrontar, la b\u00fasqueda desesperada de dignidad en un entorno que les ha cerrado las puertas; son j\u00f3venes que intentan escapar a la precariedad y encuentran en las armas una forma precaria de autonom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta estatal, en cambio, trata estas vidas como amenazas y no como sujetos de derechos, se aplican estrategias que administran su desaparici\u00f3n antes que pol\u00edticas que ampl\u00eden su horizonte. El bombardeo se convierte entonces en el \u00faltimo eslab\u00f3n de una cadena de abandonos, no elimina la causa del conflicto, elimina las vidas que lo encarnan. Y en ese gesto se revela un Estado que interviene demasiado tarde, que llega con violencia donde nunca lleg\u00f3 con protecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El trasfondo neoliberal del dispositivo contrainsurgente<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La intensificaci\u00f3n de la guerra en regiones donde confluyen intereses extractivos, proyectos energ\u00e9ticos y corredores log\u00edsticos demuestra que la seguridad militar y la econom\u00eda no funcionan como esferas separadas. En Colombia la expansi\u00f3n del mercado ha estado acompa\u00f1ada por la estabilizaci\u00f3n forzada de los territorios. El orden econ\u00f3mico necesita un territorio pacificado y, al no estar dispuesto a construir esa paz mediante justicia social, recurre a la fuerza para producirla. La guerra se convierte as\u00ed en una herramienta de planificaci\u00f3n territorial.<\/p>\n\n\n\n<p>Este v\u00ednculo entre seguridad y econom\u00eda opera bajo una l\u00f3gica sencilla. Para que los proyectos extractivos avancen, las zonas donde se ubican deben estar controladas; para que los corredores log\u00edsticos funcionen, las comunidades deben ser desmovilizadas o desplazadas; para que la inversi\u00f3n fluya, la inestabilidad debe ser contenida. En esta ecuaci\u00f3n la violencia no aparece como una disfunci\u00f3n, sino como una condici\u00f3n de posibilidad. Un territorio se convierte en mercanc\u00eda solo cuando ha sido despejado de quienes se resisten o estorban.<\/p>\n\n\n\n<p>En regiones rurales esta convergencia se vuelve especialmente visible. La presencia militar reorganiza la geograf\u00eda, abre caminos para la explotaci\u00f3n minera, asegura \u00e1reas donde se proyectan redes energ\u00e9ticas y vigila corredores que interesan a la econom\u00eda global. La vida comunitaria se subordina a las necesidades del capital. El territorio se redefine seg\u00fan su utilidad econ\u00f3mica y la guerra se convierte en el idioma silencioso que acompa\u00f1a este proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso gobiernos que se anuncian como transformadores terminan atrapados en esta arquitectura; no por falta de voluntad, sino porque el modelo econ\u00f3mico establece l\u00edmites que son dif\u00edciles de romper. Para gobernar se requiere asegurar territorios estrat\u00e9gicos y para asegurar esos territorios, la l\u00f3gica estatal recurre a mecanismos que contradicen su propia promesa de paz. La guerra no se interrumpe, se administra, se regula, se ejecuta como parte de la maquinaria que mantiene funcionando la econom\u00eda nacional.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que emerge es un dispositivo contrainsurgente que act\u00faa como engranaje del orden neoliberal; es un dispositivo que vigila, desplaza, bombardea y reconfigura poblaciones, un dispositivo que clasifica vidas seg\u00fan su utilidad para el mercado y que emplea la fuerza como m\u00e9todo para producir las condiciones que el capital exige. La guerra, bajo esta estructura, deja de ser un problema que se busca resolver, se convierte en una sombra inevitable del modelo econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>***<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los bombardeos que terminaron con la vida de menores en Guaviare, Amazonas y Arauca revelan una forma de gobernar que no protege la vida, sino que la administra como variable dentro de un c\u00e1lculo militar. La autoridad estatal, lejos de fortalecerse, se diluye cuando la fuerza reemplaza a la pol\u00edtica; un Estado que elimina vidas vulnerabilizadas no puede construir el consenso que necesita para gobernar y termina atrapado en una paradoja, intenta demostrar poder, aunque lo que exhibe es su incapacidad para transformar las condiciones que sostienen el conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el Estado intervenga mediante mecanismos que administran la muerte y no mediante pol\u00edticas que expandan la vida, la guerra seguir\u00e1 reproduci\u00e9ndose. Las juventudes rurales seguir\u00e1n viendo en la insurgencia una opci\u00f3n de supervivencia y cualquier promesa de paz ser\u00e1 incompatible con un modelo que utiliza la violencia para garantizar estabilidad econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p>El bombardeo que pretend\u00eda afirmar la autoridad del Estado termina mostrando su l\u00edmite m\u00e1s profundo, un Estado que no logra gobernar mediante el consenso, que no garantiza derechos, que no protege a quienes deber\u00eda proteger y que, atrapado en una estructura hist\u00f3rica que nunca ha sido desmontada, contin\u00faa administrando una guerra que dijo querer superar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fabricio Mu\u00f1oz (Rebeli\u00f3n, 20-11-25) \u201cLa violencia del Estado no es m\u00e1s que la violencia organizada de una clase para la opresi\u00f3n de otra.\u201d\u2014 Vladimir Ilich Lenin El reciente bombardeo ordenado por el presidente Gustavo Petro contra campamentos del Estado Mayor Central vuelve a colocar al pa\u00eds frente a la nitidez de una violencia que pretende [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":59895,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14,12],"tags":[],"class_list":["post-59894","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-internacionales","category-politica-3"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59894"}],"collection":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=59894"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59894\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":59896,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59894\/revisions\/59896"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media\/59895"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=59894"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=59894"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=59894"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}