{"id":60187,"date":"2025-12-12T11:44:41","date_gmt":"2025-12-12T15:44:41","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=60187"},"modified":"2025-12-12T11:44:43","modified_gmt":"2025-12-12T15:44:43","slug":"el-capitalismo-subvierte-la-democracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2025\/12\/12\/el-capitalismo-subvierte-la-democracia\/","title":{"rendered":"El capitalismo subvierte la democracia"},"content":{"rendered":"\n<p>Matt McManus (Jacobin, 12-12-25)<\/p>\n\n\n\n<p>El art\u00edculo que sigue es una rese\u00f1a de \u00abThe Democratic Marketplace: How a More Equal Economy Can Save Our Political Ideals\u00bb, de Lisa Herzog (Harvard University Press, 2025).<\/p>\n\n\n\n<p>Durante gran parte de la era posterior a la Guerra Fr\u00eda, se pensaba que la combinaci\u00f3n de capitalismo y democracia era clave para la prosperidad de Occidente. Hoy esa asociaci\u00f3n parece cada vez m\u00e1s t\u00f3xica.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00faltimas d\u00e9cadas se caracterizaron por un aumento brutal la desigualdad y una creciente concentraci\u00f3n del poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico, lo que debilita cada vez m\u00e1s los ideales democr\u00e1ticos con los que los gobiernos occidentales dicen estar comprometidos.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de que los trabajadores estadounidenses trabajan muchas horas y son uno de los \u00fanicos pa\u00edses sin vacaciones obligatorias, el costo de vida en los Estados Unidos sigue aumentando a pasos agigantados por encima de lo que la gente gana. No est\u00e1n recibiendo ayuda de la Administraci\u00f3n de Trump, que ha trabajado para castrar a la Junta Nacional de Relaciones Laborales mientras redistribuye miles de millones hacia arriba a los multimillonarios a trav\u00e9s de generosos recortes de impuestos. No es de extra\u00f1ar que \u00aboligarqu\u00eda\u00bb sea una palabra en boca de todos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en una situaci\u00f3n tan dif\u00edcil, es posible que la gente se muestre m\u00e1s abierta a debatir los cambios integrales necesarios para construir una econom\u00eda que funcione para la gente com\u00fan; la exitosa campa\u00f1a de Zohran Mamdani en favor de una ciudad de Nueva York asequible es un buen ejemplo de ello. Con su&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.hup.harvard.edu\/books\/9780674294516\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">nuevo libro<\/a>,&nbsp;<em>The Democratic Marketplace: How a More Equal Economy Can Save Our Political Ideals<\/em>, Lisa Herzog, profesora de filosof\u00eda pol\u00edtica en la Universidad de Groningen, ha realizado recientemente una contribuci\u00f3n te\u00f3rica accesible y l\u00facida al debate sobre c\u00f3mo podr\u00eda ser una econom\u00eda m\u00e1s justa. Sus argumentos concisos y basados en pruebas sobre las deficiencias de nuestro sistema econ\u00f3mico y las posibles reformas para mejorarlo ser\u00e1n bien recibidos tanto por los progresistas como por los socialistas, aunque adolezcan de una falta de compromiso con tradiciones te\u00f3ricas m\u00e1s radicales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La alianza capitalista contra la democracia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Herzog comienza catalogando los profundos problemas que aquejan actualmente a la econom\u00eda estadounidense. Durante muchos a\u00f1os, se pens\u00f3 que la uni\u00f3n ideal entre los mercados capitalistas y la democracia era la \u00abf\u00f3rmula del \u00e9xito de Occidente\u00bb. Pero desde entonces, este matrimonio se ha vuelto cada vez m\u00e1s t\u00f3xico.<\/p>\n\n\n\n<p>La desigualdad se ha disparado desde la d\u00e9cada de 1970, hasta tal punto que \u00abla relaci\u00f3n entre el salario de los directores ejecutivos y el salario medio en las grandes empresas estadounidenses es ahora de casi 300:1\u00bb, se\u00f1ala Herzog. \u00abLas diferencias que se est\u00e1n abriendo entre los distintos niveles del espectro econ\u00f3mico son a\u00fan mayores en lo que respecta a la riqueza que a los ingresos, ya que los ricos se enriquecen m\u00e1s r\u00e1pido que nadie\u00bb. Impulsados en gran medida por la disminuci\u00f3n de las tasas de sindicalizaci\u00f3n, los trabajadores tambi\u00e9n dedican mucho m\u00e1s tiempo al trabajo del que desear\u00edan. En Estados Unidos, \u00abel empleo a tiempo completo supone una media de cuarenta y siete horas semanales, unas diez horas m\u00e1s que en la mayor\u00eda de los pa\u00edses europeos\u00bb, observa. \u00abLas opciones a tiempo parcial son m\u00e1s escasas y, para muchos, simplemente no son asequibles\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las razones de estas tr\u00e1gicas circunstancias es que los trabajadores tienen muy poco control democr\u00e1tico sobre los lugares donde pasan gran parte (si no la mayor parte) de su vida activa. Las estructuras corporativas son decididamente jer\u00e1rquicas e intolerantes, lo que significa que los trabajadores tienen poca capacidad para movilizarse en su nombre, incluso cuando est\u00e1 justificado. Como se\u00f1al\u00f3 el propio Karl Marx en&nbsp;<em>El capital<\/em>, vol. I, en el lugar de trabajo \u00abel capital formula, como un legislador privado y a su propia voluntad, su autocracia sobre sus trabajadores\u00bb. Lo mismo ocurre en la gran mayor\u00eda de las empresas actuales, tanto en las f\u00e1bricas como fuera de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, el autogobierno del pueblo, para el pueblo, se ve cada vez m\u00e1s amenazado por el capitalismo. Al describir una \u00abalianza\u00bb de los mercados y las empresas contra la democracia, Herzog analiza c\u00f3mo las grandes empresas han traducido su poder econ\u00f3mico en poder pol\u00edtico. Herzog sostiene, citando al economista Thomas Philippon, que \u00abla econom\u00eda estadounidense se ha vuelto menos competitiva en las \u00faltimas d\u00e9cadas debido a los niveles de concentraci\u00f3n industrial que han creado oligopolios en muchos sectores. En estos mercados dominados por unas pocas empresas, los beneficios son mayores y las ventajas para los clientes menores; esto es v\u00e1lido, por ejemplo, para los servicios de telecomunicaciones y las l\u00edneas a\u00e9reas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La raz\u00f3n, afirma Herzog, siguiendo de nuevo a Philippon, es que las empresas han presionado para limitar la regulaci\u00f3n y asegurarse as\u00ed de poder sacar m\u00e1s provecho de los trabajadores y los consumidores. Como resultado del descenso de la competencia empresarial debido a las pr\u00e1cticas oligop\u00f3licas, Philippon estima que los ciudadanos estadounidenses se han visto \u00abprivados de 1,5 billones de d\u00f3lares de valor que se habr\u00edan creado si la industria estadounidense hubiera seguido siendo tan competitiva como antes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En otras palabras, la alianza de los mercados y las empresas contra la democracia ha obtenido grandes victorias. Los perdedores son la democracia y los trabajadores comunes y corrientes.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 dicen los cr\u00edticos?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Hay que reconocer que Herzog es consciente de las respuestas m\u00e1s plausibles a sus cr\u00edticas al capitalismo contempor\u00e1neo y se propone refutarlas cuidadosamente. Algunas de las secciones m\u00e1s interesantes de&nbsp;<em>The Democratic Marketplace<\/em>&nbsp;son aquellas en las que desmonta sistem\u00e1ticamente las piedades procapitalistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ejemplo, Herzog anticipa una objeci\u00f3n a sus afirmaciones sobre nuestro tiempo libre limitado. Para cualquiera que se haya imaginado alguna vez libre de ataduras al llegar a casa despu\u00e9s del trabajo, tener m\u00e1s tiempo libre puede parecer una especie de libertad. Pero, por supuesto, muchos sostienen que, en realidad, es nuestra elecci\u00f3n si queremos trabajar muchas horas o si queremos m\u00e1s tiempo libre (y, por lo tanto, menos dinero).&nbsp;Herzog ofrece varias respuestas a este argumento. En primer lugar, se\u00f1ala que los mercados laborales siempre<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab<em>contienen un elemento de coacci\u00f3n, al menos en las sociedades que carecen de sistemas de bienestar incondicionales. En estas sociedades, a menos que se sea rico por cuenta propia, hay que trabajar para evitar la indigencia. Y, dependiendo del coste de la vida y de los derechos que tengan las personas frente a sus empleadores, su elecci\u00f3n sobre cu\u00e1ntas horas trabajar puede ser muy limitada<\/em>\u00ab<\/p>\n\n\n\n<p>Herzog se\u00f1ala que las encuestas muestran con frecuencia que las personas preferir\u00edan trabajar menos de lo que lo hacen, si pudieran permit\u00edrselo. La raz\u00f3n principal por la que nos vemos obligados a trabajar m\u00e1s es que el tiempo libre que muchos de nosotros preferir\u00edamos disfrutar no se considera econ\u00f3micamente \u00abproductivo\u00bb, un caso en el que las necesidades humanas m\u00e1s amplias contradicen las estrechas exigencias de la rentabilidad capitalista.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, Herzog sostiene que no tiene por qu\u00e9 ser as\u00ed. Los experimentos con la semana laboral de cuatro d\u00edas en el Reino Unido e Islandia han dado resultados prometedores, y los empleados afirman \u00absentirse menos estresados y agotados al disponer de m\u00e1s tiempo para la familia, los amigos, las aficiones y el ejercicio\u00bb. Ella especula adem\u00e1s que m\u00e1s tiempo libre podr\u00eda ayudar a reforzar la sociabilidad y el sentido de comunidad en declive en Estados Unidos, ya que las personas tendr\u00edan m\u00e1s tiempo para pasar de manera significativa con los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las secciones m\u00e1s d\u00e9biles del libro es su respuesta a los argumentos meritocr\u00e1ticos de que el capitalismo recompensa a los virtuosos y castiga a los perezosos e imprudentes (los veintea\u00f1eros ociosos, por ejemplo, que pierden el d\u00eda en Discord).<\/p>\n\n\n\n<p>Herzog llama la atenci\u00f3n sobre el hecho de que \u00abcuanto m\u00e1s se impregna una sociedad de la l\u00f3gica del mercado, m\u00e1s nos lo tomamos como algo personal: interpretamos err\u00f3neamente el \u00e9xito en los mercados como una prueba de virtud y el fracaso como un signo de vicio\u00bb. Incluso Friedrich Hayek vio que esto era una tonter\u00eda, observa Herzog; en el mejor de los casos, los mercados recompensan a quienes satisfacen los deseos subjetivos humanos y, a menudo, solo los recompensan por ganar la loter\u00eda y nacer ricos.<\/p>\n\n\n\n<p>En otra parte, argumenta en contra del \u00abmito\u00bb social darwinista de que la econom\u00eda debe ser una competici\u00f3n en la que los ganadores son \u00abde alguna manera seres morales mejores\u00bb. Escribe: \u00abUna visi\u00f3n completamente irrealista de los logros individuales \u2014que mezcla una comprensi\u00f3n err\u00f3nea de la meritocracia con ideas equivocadas sobre los mercados\u2014 parece surgir de los contextos sociales altamente desiguales en los que se producen dichos logros\u00bb. Reemplazar este mito social darwinista deber\u00eda ser una toma de conciencia de que nuestra econom\u00eda se basa en una \u00abcomplementariedad de diferentes tareas\u00bb (quiz\u00e1s algo as\u00ed como una actitud de \u00abde cada uno seg\u00fan su capacidad, a cada uno seg\u00fan sus necesidades\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque estoy muy de acuerdo con Herzog en este punto, sus argumentos al respecto son bastante endebles como respuesta a una de las concepciones ideol\u00f3gicas m\u00e1s poderosas que se utilizan para defender la desigualdad econ\u00f3mica y las jerarqu\u00edas en el lugar de trabajo. En&nbsp;<em>The Democratic Marketplace<\/em>, no dedica mucho tiempo a abordar los argumentos basados en la meritocracia a favor del capitalismo, y limita el debate a dos p\u00e1ginas en las que lo califica de \u00ababsurdo\u00bb por las razones que acabamos de mencionar.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los fil\u00f3sofos acad\u00e9micos, los argumentos meritocr\u00e1ticos llevan d\u00e9cadas en declive, y hasta pensadores procapitalistas como Hayek y Robert Nozick suelen evitarlos. Pero siguen jugando un papel importante en el discurso popular, con defensores ac\u00e9rrimos de la clase yate como Ben Shapiro publicando libros enteros que dividen el mundo en \u00ableones\u00bb productivos y \u00abcarro\u00f1eros\u00bb que no hacen nada. El continuo atractivo de estas ideas para la mayor\u00eda significa que merecen algo m\u00e1s que una simple menci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Afortunadamente, se est\u00e1n dando algunos giros. Una de las cr\u00edticas m\u00e1s incisivas a los argumentos meritocr\u00e1ticos contempor\u00e1neos proviene del libro del fil\u00f3sofo Michael Sandel de 2020, La tiran\u00eda del m\u00e9rito. Sandel sostiene que los ideales meritocr\u00e1ticos no solo se basan en premisas err\u00f3neas, sino que tienen consecuencias sociales destructivas. Sandel se\u00f1ala que nuestra clase dominante contempor\u00e1nea es, en muchos aspectos, la m\u00e1s t\u00f3xica de la historia; al menos las \u00e9lites anteriores imaginaban que su posici\u00f3n se la deb\u00eda a Dios y que, a su vez, ten\u00edan obligaciones con las clases m\u00e1s bajas (<em>noblesse oblige<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>Los \u00abganadores\u00bb en el mercado capitalista actual son las primeras \u00e9lites de la historia que imaginan que est\u00e1n donde est\u00e1n gracias a su propia perspicacia y esfuerzo (dejando de lado, por supuesto, los dos millones de d\u00f3lares que han heredado de sus padres) y que, por lo tanto, no le deben nada a la gente de abajo. La tendencia cultural inversa es que las clases m\u00e1s bajas suelen interiorizar la idea de que su propia subyugaci\u00f3n se debe a una falta moral por su parte. Esta l\u00f3gica cultural perversa es insostenible, ya que genera, como era de esperar, desconfianza social y resentimiento generalizado.&nbsp;<em>The Democratic Workplace<\/em>&nbsp;se habr\u00eda beneficiado de prestar m\u00e1s atenci\u00f3n a este destructivo esp\u00edritu meritocr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Democracia, capitalismo y socialismo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una de las rarezas de&nbsp;<em>The Democratic Workplace<\/em>&nbsp;es lo poco que aparece la historia del pensamiento socialista. En muchos aspectos, se presenta como la tradici\u00f3n que no puede decir su nombre. Herzog es taciturna sobre el socialismo y afirma que si su libro es un llamamiento a abolir el capitalismo o no \u00abdepende de lo que se entienda por capitalismo y de lo que se considere como alternativas\u00bb. Rechaza la dicotom\u00eda entre \u00abcapitalismo frente a socialismo\u00bb como una reliquia in\u00fatil de la Guerra Fr\u00eda, y subraya que el capitalismo y el socialismo pueden significar muchas cosas diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien es cierto que el socialismo se expresa de muchas maneras, parafraseando a Arist\u00f3teles, son los pensadores socialistas y socialdem\u00f3cratas quienes llevan mucho tiempo llamando la atenci\u00f3n sobre los problemas que diagnostica Herzog, y el abandono (a menudo deliberado) de esta tradici\u00f3n en el mundo anglosaj\u00f3n ha contribuido a la falta de recursos intelectuales necesarios para resolver esos problemas.<\/p>\n\n\n\n<p>La fil\u00f3sofa Elizabeth Anderson ha destacado acertadamente la necesidad de que los acad\u00e9micos recuperen la historia del pensamiento socialdem\u00f3crata y socialista democr\u00e1tico en respuesta a la expansi\u00f3n del neoliberalismo. Esa tradici\u00f3n incluye una fuente de ideas sobre c\u00f3mo podr\u00edan ser las alternativas al capitalismo, as\u00ed como un rico pensamiento estrat\u00e9gico sobre los obst\u00e1culos para lograr una sociedad m\u00e1s justa. Mientras los cr\u00edticos del capitalismo contempor\u00e1neo sigan ignorando estas ideas, es dif\u00edcil imaginar que puedan encontrar soluciones convincentes para los males que aquejan a nuestra sociedad actual.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejando de lado estas cuestiones,&nbsp;<em>The Democratic Workplace<\/em>&nbsp;es una \u00fatil y breve pol\u00e9mica contra la expansi\u00f3n del gobierno privado iliberal y antidemocr\u00e1tico. Condensa argumentos importantes, datos y sabidur\u00eda hist\u00f3rica en un paquete conciso, bien escrito y discretamente apasionado, un buen punto de partida intelectual para quienes comienzan a dudar de que las democracias capitalistas funcionen como se prometi\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Matt McManus (Jacobin, 12-12-25) El art\u00edculo que sigue es una rese\u00f1a de \u00abThe Democratic Marketplace: How a More Equal Economy Can Save Our Political Ideals\u00bb, de Lisa Herzog (Harvard University Press, 2025). 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