{"id":60396,"date":"2026-01-09T12:30:26","date_gmt":"2026-01-09T16:30:26","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=60396"},"modified":"2026-01-09T12:30:27","modified_gmt":"2026-01-09T16:30:27","slug":"estados-unidos-es-un-imperio-debilitado-y-peligroso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/01\/09\/estados-unidos-es-un-imperio-debilitado-y-peligroso\/","title":{"rendered":"Estados Unidos es un imperio debilitado y peligroso"},"content":{"rendered":"\n<p>Nathan Akehurst (Jacobin Am\u00e9rica Latina, 9-1-26)<\/p>\n\n\n\n<p>El secuestro del presidente venezolano Nicol\u00e1s Maduro ilustra la debilidad del liderazgo estadounidense, en su intento de afianzar el control sobre el hemisferio occidental.<\/p>\n\n\n\n<p>En lo m\u00e1s profundo de una noche invernal, fuerzas aerotransportadas estadounidenses surcan aullando los cielos del Caribe. Aviones a reacci\u00f3n lanzan fuego sobre infraestructuras clave, mientras helic\u00f3pteros de ataque despliegan comandos de fuerzas especiales en objetivos terrestres. En medio del espect\u00e1culo de conmoci\u00f3n y pavor, un presidente es secuestrado e imputado por cargos de narcotr\u00e1fico. Se trata de un caso de prueba clave para entender c\u00f3mo una ambiciosa administraci\u00f3n republicana pretende manejar una era de cambios s\u00edsmicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto ocurri\u00f3 el 20 de diciembre de 1989; la operaci\u00f3n en cuesti\u00f3n fue la destituci\u00f3n del hombre fuerte paname\u00f1o y antiguo activo de la CIA Manuel Noriega. Pero existe un paralelismo inconfundible con el secuestro ordenado por Donald Trump del presidente venezolano Nicol\u00e1s Maduro y su esposa. El episodio ilustra todo lo que ha cambiado, y lo que ha permanecido igual, en las tres d\u00e9cadas que separan estos dos actos de agresi\u00f3n. El primero tuvo lugar al inicio de una nueva era de hiperpoder estadounidense. El segundo es un s\u00edntoma del declive ca\u00f3tico y violento de esa era.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Dos secuestros<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>La destituci\u00f3n de Noriega por parte de George H. W. Bush marc\u00f3 el comienzo de una nueva etapa de construcci\u00f3n del orden mundial estadounidense en la posguerra fr\u00eda. En pocos a\u00f1os, Estados Unidos se lanz\u00f3 con fuerza a la Guerra del Golfo P\u00e9rsico y a nuevos conflictos en tres continentes. Al igual que Noriega, en Irak Saddam Hussein aprender\u00eda r\u00e1pidamente que servir a los intereses de Washington no garantizaba protecci\u00f3n alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>El colapso de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica seguramente diluy\u00f3 el atractivo del anticomunismo como justificaci\u00f3n para la guerra permanente. Pero la llamada Guerra contra las Drogas ya se hab\u00eda consolidado como un reemplazo argumental para las guerras eternas, devorando vidas y recursos a escala global. El repliegue sovi\u00e9tico no le trajo mucha paz a Am\u00e9rica Latina en relaci\u00f3n con el militarismo estadounidense. M\u00e1s bien ocurri\u00f3 lo contrario, con Washington desempe\u00f1ando un papel clave en la prolongaci\u00f3n de la guerra civil colombiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La regi\u00f3n tambi\u00e9n ofreci\u00f3 un estudio singular sobre el resurgimiento de la izquierda durante un per\u00edodo de hegemon\u00eda neoliberal. Los barrios populares de Venezuela llevaron a Hugo Ch\u00e1vez al poder en 1998 y una nueva alianza liderada por pueblos ind\u00edgenas impuls\u00f3 a Evo Morales y al Movimiento al Socialismo (MAS) al gobierno en Bolivia en 2005, en el marco de la llamada \u00abmarea rosa\u00bb continental.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese proyecto experiment\u00f3 un renacimiento a comienzos de la d\u00e9cada de 2020, pero sufri\u00f3 reveses severos: el colapso del gobierno del MAS en Bolivia; la fragilidad econ\u00f3mica y pol\u00edtica de Venezuela, que dio lugar a una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo; y las victorias de f\u00e9rreos aliados de Trump como Jos\u00e9 Antonio Kast en Chile, Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina. El apoyo estadounidense es solo una variable dentro de estos procesos complejos, pero una variable significativa.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, el ataque de Trump contra Venezuela parece una pieza bastante directa de teatro imperial. El secuestro de un presidente, el humo elev\u00e1ndose desde los puertos, los barcos inmovilizados y la escasa probabilidad de que Venezuela tenga capacidad de represalia, incluso si su gobierno se mantiene firme, aportan consuelo a los amigos reaccionarios de Washington y siembran temor entre sus enemigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es parte de lo que est\u00e1 ocurriendo, pero no es toda la historia.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cerrando filas<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Hace dos a\u00f1os, mientras investigaba la pol\u00edtica exterior de Estados Unidos en la regi\u00f3n, mantuve en Bogot\u00e1, la capital colombiana, una larga conversaci\u00f3n con un exfuncionario de inmigraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin ser necesariamente un entusiasta del gobierno de izquierda de Gustavo Petro, \u00e9l celebraba la posibilidad de una nueva etapa de independencia estrat\u00e9gica. El gobierno acababa de rechazar un vuelo de deportaci\u00f3n que devolv\u00eda a Colombia a un grupo de personas acusadas de haber ingresado ilegalmente a los Estados Unidos. Aunque Bogot\u00e1 segu\u00eda cooperando con los intentos estadounidenses de frenar la migraci\u00f3n a trav\u00e9s del letal Tap\u00f3n del Dari\u00e9n, en la frontera con Panam\u00e1, estaba dispuesta a exhibir una cuota de autonom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Trump lleg\u00f3 al poder, los l\u00edmites de ese enfoque quedaron a la vista. El intento renovado de Petro de rechazar estos vuelos fue r\u00e1pidamente golpeado por amenazas de aranceles punitivos. La apuesta del presidente colombiano pareci\u00f3 haber ido demasiado lejos, algo que sin duda influy\u00f3 en la actitud m\u00e1s cautelosa adoptada frente a Washington por la presidenta de M\u00e9xico, Claudia Sheinbaum.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta controversia refleja hasta qu\u00e9 punto el control migratorio desplaz\u00f3 a fantasmas como el comunismo, las drogas y el terrorismo como justificaci\u00f3n de turno para el belicismo estadounidense. Las historias sensacionalistas del complejo de pol\u00edtica exterior de Washington sobre un supuesto \u00abnarcoterrorismo\u00bb que abarcar\u00eda a Hezbollah, a bandas narco y al Estado venezolano pueden haber servido de anclaje para el refuerzo militar estadounidense en el Caribe en los \u00faltimos meses. Pero la atribuci\u00f3n de responsabilidad a Caracas por los flujos migratorios irregulares fue central para vender la guerra, tanto dentro de la administraci\u00f3n Trump como ante la opini\u00f3n p\u00fablica estadounidense.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo esto tiene un aire extra\u00f1amente europeo. La afirmaci\u00f3n de que actores hostiles utilizan la migraci\u00f3n como t\u00e1ctica de desestabilizaci\u00f3n fue clave para el desarrollo de un r\u00e9gimen de abusos de derechos humanos militarizados en las fronteras orientales de la Uni\u00f3n Europea. Al mismo tiempo, la impunidad frente a conductas letales en el mar, como los ataques estadounidenses contra supuestas embarcaciones vinculadas al narcotr\u00e1fico, recuerda el respaldo europeo a las milicias que atacan barcos de migrantes y de rescate, o a las agresiones contra naves que transportan ayuda a Palestina.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s directamente, Estados Unidos est\u00e1 negociando acuerdos de deportaci\u00f3n con una variedad de pa\u00edses en los que los Estados europeos act\u00faan desde hace tiempo, como Uganda, Kosovo y Libia. Pero ahora va m\u00e1s lejos que Europa. Tras verse obligado a aceptar el regreso de un ciudadano salvadore\u00f1o deportado ilegalmente la primavera pasada, Estados Unidos emprendi\u00f3 una fren\u00e9tica ronda de negociaciones con decenas de pa\u00edses africanos, presionando a algunos de los lugares m\u00e1s pobres del mundo para que acepten deportados del ICE.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no tiene que ver realmente con las cifras migratorias. Ninguno de estos acuerdos involucra cantidades especialmente grandes de personas deportadas. Las evidencias indican que Trump ignor\u00f3 advertencias que se\u00f1alaban que la intervenci\u00f3n estadounidense en Venezuela es uno de los factores que impulsa la llegada de refugiados a la frontera sur.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco se trata \u00fanicamente de proyectar una imagen de dureza frente a la migraci\u00f3n, aunque ese aspecto juega un papel. La estrategia africana de Trump estuvo acompa\u00f1ada por una demostraci\u00f3n de fuerza m\u00e1s amplia en la regi\u00f3n, desde bombardeos en Nigeria el d\u00eda de Navidad hasta una campa\u00f1a ficticia contra un supuesto \u00abgenocidio blanco\u00bb en Sud\u00e1frica. Existe una fuerte correlaci\u00f3n entre los pa\u00edses donde se firmaron acuerdos de deportaci\u00f3n, y donde presumiblemente se le otorgaron contratos lucrativos a empresas penitenciarias estadounidenses, y aquellos donde Estados Unidos tiene intereses en minerales cr\u00edticos, en un contexto en el que Washington supera a Pek\u00edn en inversiones en \u00c1frica. Como muestra la fijaci\u00f3n de Trump con el petr\u00f3leo venezolano, el control de los recursos sigue siendo fundamental.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00e9nfasis casi tot\u00e9mico en la inmigraci\u00f3n refleja una evoluci\u00f3n m\u00e1s profunda del pensamiento estadounidense. La visi\u00f3n de Washington como garante del orden mundial, muy central tanto para el liberalismo como para el conservadurismo durante la Guerra Fr\u00eda y la Guerra contra el Terror, ya no inspira ni a la opini\u00f3n p\u00fablica ni a los estrategas. Por eso fue reemplazada por algo mucho m\u00e1s parroquial y defensivo. La agresi\u00f3n externa sigue present\u00e1ndose como una amenaza, pero se vende principalmente como un m\u00e9todo para levantar muros m\u00e1s altos alrededor de un Estado fr\u00e1gil y amenazado.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no se limita a la frontera, sino a un sentido m\u00e1s amplio de amenaza estrat\u00e9gica. El control migratorio se volvi\u00f3 central porque es uno de los pocos puntos de consenso en una administraci\u00f3n que carece de un modelo estrat\u00e9gico compartido y que oscila entre distintos intentos de reconciliar ambiciones fant\u00e1sticas con una reducci\u00f3n marcada de sus capacidades materiales.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Ambig\u00fcedad estrat\u00e9gica<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>El enfoque de Trump hacia la estrategia internacional parece contener dos elementos clave.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero es una aceleraci\u00f3n de un m\u00e9todo propio de la era de George W. Bush, en el que peque\u00f1os grupos de personal clave avanzan a toda velocidad a trav\u00e9s de intervenciones legales, pol\u00edticas y militares, eludiendo las instituciones. En el caso venezolano, esto deriv\u00f3 en una serie de ejecuciones extrajudiciales en alta mar, condenadas como cr\u00edmenes de guerra por un variado conjunto de funcionarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo es una din\u00e1mica que recuerda a la de los reyes que permit\u00edan que sus cortesanos disputaran entre s\u00ed las estrategias, para que la mejor opci\u00f3n emergiera mediante una suerte de selecci\u00f3n darwiniana. En el caso venezolano, esto parece haber generado una confluencia de intereses en torno a un centro de gravedad caribe\u00f1o. Los halcones migratorios vieron una oportunidad para escalar las deportaciones masivas hacia una Venezuela posterior a la intervenci\u00f3n; los observadores del sector energ\u00e9tico detectaron ganancias y seguridad energ\u00e9tica; y los ide\u00f3logos percibieron la posibilidad de eliminar una espina clavada desde hace tiempo. Para Trump, se trata de una ocasi\u00f3n para hacer lo que Karl Rove habr\u00eda llamado \u00abcrear nuestra propia realidad\u00bb: establecer circunstancias en las que Washington hace lo que quiere, donde quiere y cuando quiere.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta conveniente coincidencia en torno a Venezuela oculta una profunda desuni\u00f3n entre facciones. Persiste una corriente que objeta genuinamente el \u00abglobalismo\u00bb como una quimera liberal y que comparte ciertos puntos con la izquierda antib\u00e9lica, al sostener que poner a \u00abEstados Unidos primero\u00bb implica retirarse de las \u00abguerras eternas\u00bb. Otras corrientes, m\u00e1s amplias, est\u00e1n impulsadas por el deseo de priorizar una regi\u00f3n por sobre otra. Los halcones de Am\u00e9rica Latina, quienes est\u00e1n obsesionados con armar a Israel y hostigar a Ir\u00e1n y quienes se enfrentaron por la pol\u00edtica hacia Rusia son los tres ejemplos m\u00e1s evidentes. Aunque sus m\u00e9todos frustraron a sectores internos del gobierno, Elbridge Colby intent\u00f3 aportar una l\u00f3gica de articulaci\u00f3n para los compromisos internos sobre Rusia y Medio Oriente, mediante un enfoque implacable en la contenci\u00f3n de China.<\/p>\n\n\n\n<p>Este encuadre de suma cero se intensific\u00f3 por una raz\u00f3n concreta. En los \u00faltimos d\u00edas de la administraci\u00f3n de Joe Biden, qued\u00f3 claro que el armamento simult\u00e1neo de Ucrania e Israel estaba llevando al l\u00edmite la capacidad del complejo militar-industrial estadounidense, pese a unos presupuestos militares absurdamente inflados. El r\u00e1pido redespliegue durante el oto\u00f1o pasado del Gerald R. Ford, el portaaviones m\u00e1s grande del mundo, desde Medio Oriente hacia el Caribe refuerza esta imagen de un imperio desorientado que corre de un lugar a otro apagando, o en realidad alimentando, incendios.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n lo demuestra la disposici\u00f3n de Estados Unidos a romper su tradicional contrato social-militar con Europa, en el que contribu\u00eda de manera desproporcionada a cambio de la aceptaci\u00f3n europea de sus prioridades estrat\u00e9gicas y de la dependencia de su equipamiento militar.<\/p>\n\n\n\n<p>Este ajuste de cuentas con un poder menguante emergi\u00f3 durante la administraci\u00f3n Biden, en su intento de una \u00abpol\u00edtica exterior para la clase media\u00bb, caracterizada por un mayor \u00abfriend-shoring\u00bb y una estrategia industrial que puede verse como el reverso de las guerras comerciales de Trump con sus aliados, as\u00ed como por la ca\u00f3tica retirada de Afganist\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Una cr\u00edtica frecuente al ataque contra Venezuela sostiene que Estados Unidos abandon\u00f3 cualquier pretensi\u00f3n de sostener el orden liberal internacional. Esto es cierto, pero pierde de vista el punto central. Ese orden, en el que Estados Unidos promet\u00eda apoyo incondicional a sus aliados, ayuda econ\u00f3mica cuando era necesaria y el mantenimiento de la arquitectura financiera y pol\u00edtica global, a cambio del consentimiento para su preeminencia, ya no es estructuralmente viable.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta es qu\u00e9 viene despu\u00e9s. El ataque a Venezuela ofrece muchas de las respuestas.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><strong>Cuando los imperios terminan<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Si bien como pieza de arte operacional el ataque se asemeja superficialmente a la invasi\u00f3n de Panam\u00e1, sus ra\u00edces intelectuales est\u00e1n m\u00e1s cerca del intento desquiciado de golpe en Venezuela llevado adelante por un grupo de aventureros en 2020. Es cortoplacista y desordenado. No parece especialmente \u00abestrat\u00e9gico\u00bb en un sentido amplio, y ese es precisamente el punto.<\/p>\n\n\n\n<p>La administraci\u00f3n Trump encontr\u00f3 una respuesta al problema de las limitaciones a su poder global \u00abinundando la zona de mierda\u00bb, tal como lo formul\u00f3 Steve Bannon. Al igual que el guardia de la prisi\u00f3n en el pan\u00f3ptico de Michel Foucault, Washington carece de recursos para atacar en todas partes, pero puede hacerlo de manera imprevisible en cualquier lugar. Hoy Nigeria y Venezuela; ma\u00f1ana, qui\u00e9n sabe d\u00f3nde. El mensaje es claro: hay que prepararse para m\u00e1s secuestros y bombardeos aleatorios.<\/p>\n\n\n\n<p>Gran parte de la pol\u00edtica exterior estadounidense puede leerse hoy como un intento de gestionar el declive mediante la ambig\u00fcedad y las amenazas. Su lealtad inquebrantable a Israel, incluso mientras ese Estado socava los fundamentos del derecho internacional humanitario, debe entenderse al menos en parte como una se\u00f1al de compromiso hacia otros aliados. Washington exhibe deliberadamente una ausencia de l\u00edmites morales. Su obsesi\u00f3n con los recursos no es nueva, pero en el contexto de las presiones clim\u00e1ticas y de nuevas competencias geoecon\u00f3micas, probablemente adopte din\u00e1micas m\u00e1s fren\u00e9ticas y existenciales. La apuesta desesperada de una econom\u00eda estadounidense asediada por la revoluci\u00f3n de la inteligencia artificial, y la subordinaci\u00f3n del Estado a oligarcas tecnol\u00f3gicos de tinte milenarista y al complejo penitenciario-militar-fronterizo-industrial, casi con seguridad enmarca sus acuerdos de deportaci\u00f3n carcelaria en \u00c1frica, y probablemente muchas otras cuestiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Los imperios no se apagan suavemente. La era imperial europea fue abruptamente truncada por la destrucci\u00f3n de la Segunda Guerra Mundial. Incluso as\u00ed, su retirada fue prolongada, sangrienta y, en muchos lugares, a\u00fan inconclusa. Entre sectores de izquierda es habitual hablar del declive y la ca\u00edda del imperio estadounidense, pero ese declive se mide en relaci\u00f3n con otros y proviene de una era de hiperpoder hist\u00f3ricamente sin precedentes. Incluso derrotas estrat\u00e9gicas estadounidenses, como las de Vietnam y Afganist\u00e1n, devastaron a los pa\u00edses donde tuvieron lugar.<\/p>\n\n\n\n<p>Al mismo tiempo, Estados Unidos no existe en el vac\u00edo. Est\u00e1 claro que Trump enfrenta pocos l\u00edmites internos y que muchos de sus opositores se alinean en lo que hace a la pol\u00edtica exterior. M\u00e1s all\u00e1 de las quejas de Bruselas, la Uni\u00f3n Europea no puede ni quiere ejercer una influencia moderadora. Para el resto del mundo, esto fortalecer\u00e1 inevitablemente el incentivo hacia una visi\u00f3n c\u00ednica y hobbesiana de las relaciones internacionales, en la que demostraciones constantes e imitativas de agresi\u00f3n e imprevisibilidad se vuelven necesarias para la supervivencia. A trav\u00e9s del humo de los incendios en Caracas, se vislumbran innumerables futuros sombr\u00edos.<\/p>\n\n\n\n<p>En medio de este panorama desolador, vale la pena mencionar algo m\u00e1s que ocurri\u00f3 en Estados Unidos en los \u00faltimos d\u00edas: la asunci\u00f3n de nuevos l\u00edderes locales del socialismo democr\u00e1tico, como Zohran Mamdani y Katie Wilson, surgidos de campa\u00f1as marcadamente internacionalistas. En Estados Unidos y m\u00e1s all\u00e1, las fuerzas del militarismo desenfrenado intentaron imponer la idea de que su enfoque destructivo y nihilista del mundo es el \u00fanico capaz de proteger a la poblaci\u00f3n en tiempos peligrosos. Har\u00e1n falta liderazgos con ra\u00edces locales y una comprensi\u00f3n firme de las dimensiones nacionales e internacionales para demostrar lo contrario, para ofrecer mejores formas de atravesar las convulsiones r\u00e1pidas y traum\u00e1ticas del mundo y para imaginar un orden global distinto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nathan Akehurst (Jacobin Am\u00e9rica Latina, 9-1-26) El secuestro del presidente venezolano Nicol\u00e1s Maduro ilustra la debilidad del liderazgo estadounidense, en su intento de afianzar el control sobre el hemisferio occidental. En lo m\u00e1s profundo de una noche invernal, fuerzas aerotransportadas estadounidenses surcan aullando los cielos del Caribe. 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