{"id":60613,"date":"2026-01-30T13:03:40","date_gmt":"2026-01-30T17:03:40","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=60613"},"modified":"2026-01-30T13:03:41","modified_gmt":"2026-01-30T17:03:41","slug":"mark-carney-la-recalibracion-estetica-del-neoliberalismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/01\/30\/mark-carney-la-recalibracion-estetica-del-neoliberalismo\/","title":{"rendered":"Mark Carney, la recalibraci\u00f3n est\u00e9tica del neoliberalismo"},"content":{"rendered":"\n<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El T\u00e1bano Economista, 30-1-26)<\/p>\n\n\n\n<p>La admisi\u00f3n tard\u00eda de un espejismo fallido se reitera como una mentira convenientemente afinada. El an\u00e1lisis que disecciona con precisi\u00f3n la metamorfosis del discurso globalista frente a su propia crisis de legitimidad nos lleva a un personaje central: Mark Carney, el primer ministro de Canad\u00e1. Su ret\u00f3rica sugiere una ruptura con un mundo unipolar agonizante, prometiendo un \u00ab<strong><em>realismo basado en valores<\/em><\/strong>\u00bb como ant\u00eddoto al trumpismo. Sin embargo, una mirada m\u00e1s cercana revela que no se trata de una ruptura, sino de una recalibraci\u00f3n est\u00e9tica del neoliberalismo, un ajuste cosm\u00e9tico para que un orden desacreditado pueda sobrevivir en un mundo que ya no acepta el mito ingenuo del \u00ab<strong><em>orden basado en normas<\/em><\/strong>\u00ab.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta propuesta, elegantemente empaquetada, se revela como un esfuerzo superficial y sin fundamentos s\u00f3lidos, un intento de reinventar desde arriba un sistema que el propio Carney ayud\u00f3 a construir y que ahora colapsa bajo el peso de sus propias contradicciones. No obstante, esto no exonera en absoluto el enfoque de Donald Trump, que representa simplemente la versi\u00f3n cruda, autoritaria y descaradamente transaccional del mismo ego\u00edsmo estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>La verdadera crisis, la que alimenta a ambos, no es meramente diplom\u00e1tica; es el resultado acumulado de d\u00e9cadas de transferencia sistem\u00e1tica de riqueza de abajo hacia arriba, de la financiarizaci\u00f3n de la vida y del vaciamiento de la soberan\u00eda popular. Carney, como arquitecto financiero de la era post-2008, encarna a esa \u00e9lite que vaci\u00f3 el Estado al promover la austeridad para los ciudadanos mientras rescataba bancos con dinero p\u00fablico; extendi\u00f3 la l\u00f3gica del mercado a cada rinc\u00f3n de la vida p\u00fablica e ignor\u00f3 deliberadamente la desigualdad creciente, desigualdad que luego fertiliz\u00f3 el terreno para los mismos monstruos pol\u00edticos de derecha que hoy dice querer contener.<\/p>\n\n\n\n<p>El supuesto \u00abreinicio\u00bb que propone Carney es estructuralmente insuficiente porque nace del mismo n\u00facleo intelectual y social que gestion\u00f3 el declive. Su trayectoria lo define, un viaje fluido entre Goldman Sachs, los bancos centrales m\u00e1s poderosos del mundo (el de Canad\u00e1 y el de Inglaterra), la presidencia del Financial Stability Board del G20 y la direcci\u00f3n de un gigante financiero como Brookfield Asset Management. Esta hoja de vida no es la de un disruptor, sino la del globalista protot\u00edpico. Desde estos puestos, Carney admite ahora, cuando la presi\u00f3n es insostenible, que el \u00aborden internacional basado en normas\u00bb ha sido en gran medida un artificio.<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1ala, con raz\u00f3n, su hipocres\u00eda, la invasi\u00f3n de Irak en 2003 basada en mentiras, el apoyo occidental a la destrucci\u00f3n en Gaza a pesar del derecho internacional, las guerras interminables y una globalizaci\u00f3n financiera que concentr\u00f3 la riqueza en una \u00e9lite transnacional. Canad\u00e1, bajo gobiernos liberales que Carney ahora personifica, se benefici\u00f3 de este juego, exportando recursos, participando en misiones \u00abhumanitarias\u00bb de la OTAN y disfrutando del c\u00f3modo rol de \u00abmediador neutral\u00bb que enmascaraba una alineaci\u00f3n f\u00e9rrea con Washington.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero esta admisi\u00f3n es tard\u00eda y profundamente selectiva. Carney critica el sistema s\u00f3lo ahora que esta amenaza los intereses geopol\u00edticos y la estabilidad interna de Occidente, acorralado por el desaf\u00edo de Trump. Durante sus mandatos en los bancos centrales, fue un pilar de ese mismo&nbsp;<em>establishment<\/em>. Promovi\u00f3 pol\u00edticas de Quantitative Easing que inflaron burbujas de activos financieros, beneficiando a los ya ricos mientras erosionaban el poder adquisitivo de los trabajadores. Su obsesi\u00f3n por la \u00abestabilidad financiera\u00bb a menudo ignor\u00f3 la precariedad social que se acumulaba como gasolina bajo la econom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta no es una \u00abfalsedad canadiense\u00bb accidental; es el modus operandi de un pa\u00eds que se proyecta como campe\u00f3n de los derechos humanos en la ONU mientras sus empresas practican un extractivismo depredador en Am\u00e9rica Latina y \u00c1frica y apoya sanciones econ\u00f3micas que castigan a poblaciones enteras por la desobediencia de sus gobiernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, su \u00ab<strong><em>realismo basado en valores<\/em><\/strong>\u00bb es fundamentalmente un reempaquetado sin sustancia. Se presenta como una alternativa m\u00e1s humana y sofisticada al crudo &nbsp;transnacionalismo de Trump, donde el fuerte simplemente extorsiona al d\u00e9bil con aranceles. En teor\u00eda, la f\u00f3rmula de Carney implica alinear el poder duro con principios \u00e9ticos: comercio justo, acci\u00f3n clim\u00e1tica ambiciosa y cooperaci\u00f3n multilateral renovada. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, se traduce en la misma l\u00f3gica de siempre, pero con mejor vocabulario: acuerdos comerciales con China o Qatar que priorizan el acceso a mercados y recursos, disfrazados de cooperaci\u00f3n estrat\u00e9gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Un keynesianismo selectivo y privatizador donde el Estado subsidia con fondos p\u00fablicos la transici\u00f3n verde liderada por corporaciones como Brookfield, de quien era CEO, mientras se mantienen recortes de impuestos para las \u00e9lites y una austeridad t\u00e1cita para los servicios sociales. Es, en esencia, un \u00abkeynesianismo militar\u00bb y tecnocr\u00e1tico: presupuestos de defensa en alza para confrontar a Rusia, y tal vez a China, justificados ahora bajo un lenguaje de defensa de valores, y grandes inversiones en infraestructura cr\u00edtica que terminan en manos de consorcios privados.<\/p>\n\n\n\n<p>Este realismo carece de bases precisamente porque repite los errores del sistema que Carney dice querer reformar. Durante el auge neoliberal de las d\u00e9cadas de 1980 y 1990, pol\u00edticas gemelas de desregulaci\u00f3n financiera y tratados de libre comercio, como el TLCAN, erosionaron el pacto social de la posguerra. No generaron la prosperidad compartida que promet\u00edan, sino desigualdad extrema, econom\u00edas financiarizadas y vulnerables a las burbujas, y un debilitamiento profundo de la democracia, capturada por&nbsp;<em>lobbies<\/em>&nbsp;corporativos.<\/p>\n\n\n\n<p>Trump no surgi\u00f3 de la nada; es la criatura pol\u00edtica directa de este fracaso, la respuesta iracunda y nativista de las clases medias empobrecidas del&nbsp;<em>Rust Belt<\/em>&nbsp;estadounidense o de las regiones perif\u00e9ricas canadienses abandonadas por ese mismo modelo. Lo que Carney ofrece no es una ruptura con los fundamentos que crearon a Trump, sino una gesti\u00f3n m\u00e1s competente y est\u00e9ticamente presentable de la misma casa en llamas. Es, en el fondo, una disputa interna de las \u00e9lites financieras globales por el tim\u00f3n de un barco que hace agua, donde un sector (el representado por Carney, vinculado a Goldman Sachs, Davos y los fondos de inversi\u00f3n \u00abverdes\u00bb) busca salvar el capitalismo globalista adapt\u00e1ndolo tibiamente a las amenazas del populismo de derecha y la crisis clim\u00e1tica, pero sin ceder el control real sobre los flujos de capital.<\/p>\n\n\n\n<p>La prueba m\u00e1s clara de la inconsistencia de este \u00abrealismo basado en valores\u00bb es su selectividad flagrante y su falta de autocr\u00edtica genuina. \u00bfC\u00f3mo puede Carney erigirse en palad\u00edn de los valores cuando, como Gobernador del Banco de Inglaterra, retuvo ileg\u00edtimamente el oro venezolano \u201431 toneladas valuadas en 1.800 millones de d\u00f3lares\u2014 en 2019? Esta decisi\u00f3n, parte de un r\u00e9gimen de sanciones occidentales que reconoci\u00f3 al fantasmag\u00f3rico \u00abpresidente interino\u00bb Juan Guaid\u00f3, fue un acto de puro poder financiero disfrazado de legalidad, un instrumento de guerra econ\u00f3mica contra un pa\u00eds soberano.<\/p>\n\n\n\n<p>Su realismo aplica los \u00abvalores\u00bb como un arma, s\u00f3lo cuando conviene a los intereses geopol\u00edticos de Occidente. Al asumir el liderazgo de Canad\u00e1, Carney no abandon\u00f3 su mundo; lo trasplant\u00f3 a la pol\u00edtica. Su programa de desarrollo econ\u00f3mico \u00absubsidiado p\u00fablicamente, pero liderado privadamente\u00bb es el credo de Brookfield llevado a escala nacional: el Estado asume los riesgos y costos iniciales de la transici\u00f3n energ\u00e9tica o de la modernizaci\u00f3n de infraestructuras, para que luego los beneficios y el control fluyan hacia gestores de activos y conglomerados financieros.<\/p>\n\n\n\n<p>Las \u00e9lites bancarias y mineras canadienses, ya enormemente enriquecidas por d\u00e9cadas de neoliberalismo \u2014con bancos como el RBC o TD dominando mercados vulnerables en el Caribe, o mineras como Barrick Gold operando con impunidad en el Sur Global\u2014 ven en Carney no a un reformador, sino al garante definitivo de su continuaci\u00f3n. Incluso en el \u00e1mbito de la defensa, su promesa de una&nbsp;<em>Defence Investment Agency<\/em>&nbsp;y de billones en gasto militar, si bien se viste de seguridad nacional, alimenta el complejo industrial-b\u00e9lico y un \u00abkeynesianismo militar\u00bb que desv\u00eda recursos p\u00fablicos hacia contratistas privados.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, el proyecto de Mark Carney es un salvavidas de lujo para un sistema fallido que \u00e9l mismo co-cre\u00f3. Es una fachada de pragmatismo \u00e9tico dise\u00f1ada para perpetuar los beneficios neoliberales para una \u00e9lite transnacional, ignorando una vez m\u00e1s el costo social en Canad\u00e1 y en el mundo. Trump, por su parte, ofrece la barbarie desnuda, el ego\u00edsmo nacional sin m\u00e1scara alguna. Ambos, sin embargo, comparten un punto ciego fundamental: ven al Sur Global como objeto de pol\u00edtica, nunca como agente de cambio; como campo de extracci\u00f3n o de contenci\u00f3n, nunca como fuente de soluciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Canad\u00e1, con su hist\u00f3rica \u201cfalsa\u00bb neutralidad benigna, se enfrenta ahora a un espejo que muestra su complicidad. Un mundo mejor y m\u00e1s estable no surgir\u00e1 de los discursos recalibrados en los foros de Davos ni de la brutalidad arancelaria, sino de solidaridades Sur-Sur aut\u00e9nticas, de movimientos populares que exijan justicia redistributiva y de una desafiante reapropiaci\u00f3n democr\u00e1tica del poder sobre el capital. La elecci\u00f3n entre Carney y Trump es, en gran medida, una ilusi\u00f3n; la verdadera disyuntiva est\u00e1 entre el continuismo elegante de las \u00e9lites y la audacia de una transformaci\u00f3n real. Sigue siendo una disputa de las elites globalistas versus las soberanistas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El T\u00e1bano Economista, 30-1-26) La admisi\u00f3n tard\u00eda de un espejismo fallido se reitera como una mentira convenientemente afinada. El an\u00e1lisis que disecciona con precisi\u00f3n la metamorfosis del discurso globalista frente a su propia crisis de legitimidad nos lleva a un personaje central: Mark Carney, el primer ministro de Canad\u00e1. Su ret\u00f3rica [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":60614,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3,14],"tags":[],"class_list":["post-60613","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-economia","category-internacionales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60613"}],"collection":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=60613"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60613\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":60615,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/60613\/revisions\/60615"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media\/60614"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=60613"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=60613"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=60613"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}