{"id":60629,"date":"2026-02-02T11:00:58","date_gmt":"2026-02-02T15:00:58","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=60629"},"modified":"2026-02-02T11:01:00","modified_gmt":"2026-02-02T15:01:00","slug":"el-comercio-de-la-devaluacion-global-el-dolar-en-letras-rojas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/02\/02\/el-comercio-de-la-devaluacion-global-el-dolar-en-letras-rojas\/","title":{"rendered":"El comercio de la devaluaci\u00f3n global, el d\u00f3lar en letras rojas"},"content":{"rendered":"\n<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El T\u00e1bano Economista, 2-2-26)<\/p>\n\n\n\n<p>Esta antigua verdad resume la encrucijada financiera global de nuestros d\u00edas, donde dos fen\u00f3menos distintos pero entrelazados, la desdolarizaci\u00f3n y la \u00abdesfiatizaci\u00f3n\u00bb est\u00e1n reconfigurando el orden econ\u00f3mico. Existe confusi\u00f3n entre ambos conceptos, aunque sus efectos son tangibles. La desdolarizaci\u00f3n es el proceso por el cual pa\u00edses y actores globales reducen su dependencia del d\u00f3lar estadounidense en el comercio, las reservas y las transacciones internacionales, optando por otras monedas como el euro, el yuan o sistemas de pagos bilaterales.<\/p>\n\n\n\n<p>La desfiatizaci\u00f3n, en cambio, es un movimiento m\u00e1s profundo, un alejamiento de toda moneda fiduciaria \u2014es decir, aquella emitida por un gobierno sin un respaldo f\u00edsico como el oro\u2014 hacia activos considerados de valor intr\u00ednseco, como el metal dorado o las criptomonedas. El disparado precio del oro, que a inicios de 2026 supera los 5.500 d\u00f3lares la onza, no es solo una huida hacia un valor seguro, es la se\u00f1al m\u00e1s clara de una desvalorizaci\u00f3n general de las monedas fiduciarias respecto a un patr\u00f3n hist\u00f3rico, una desfiatizaci\u00f3n en ciernes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos procesos se retroalimentan en el panorama actual. Una conjunci\u00f3n de factores \u2014una deuda p\u00fablica estadounidense que supera los 38 billones de d\u00f3lares, tasas de inter\u00e9s relativamente bajas, ventas significativas de bonos del Tesoro por parte de inversores extranjeros y una perceptible depreciaci\u00f3n del d\u00f3lar\u2014 crea un c\u00f3ctel vol\u00e1til. Este c\u00f3ctel eleva los riesgos de una crisis que podr\u00eda ser fiscal, financiera o monetaria, con repercusiones que trascienden las fronteras de Estados Unidos. La desdolarizaci\u00f3n, al minar la confianza en el d\u00f3lar, acelera la desfiatizaci\u00f3n, impulsando a bancos centrales de todo el mundo a acumular oro como un seguro contra la inestabilidad. En enero de 2026, esta din\u00e1mica es ya un hecho observable, no una mera teor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Las pol\u00edticas internas de Estados Unidos, en un a\u00f1o electoral como 2026, intensifican esta tormenta perfecta. La Administraci\u00f3n enfrenta la presi\u00f3n de maquillar los resultados econ\u00f3micos de cara a las elecciones de medio t\u00e9rmino. El camino que parece seguir tiene dos vectores principales. El primero es puramente econ\u00f3mico: una devaluaci\u00f3n deliberada del d\u00f3lar, combinada con tasas de inter\u00e9s bajas para contener el costo del servicio de la deuda y una potencial monetizaci\u00f3n de esa deuda \u2014es decir, que la Reserva Federal financie al Gobierno comprando sus bonos directamente\u2014. Esta receta busca un est\u00edmulo a corto plazo, un d\u00f3lar m\u00e1s d\u00e9bil hace las exportaciones estadounidenses m\u00e1s baratas y competitivas, lo que podr\u00eda aumentar el crecimiento y el empleo en sectores como la manufactura, un escenario ideal para la campa\u00f1a electoral.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los efectos secundarios de esta medicina son graves. Un d\u00f3lar depreciado encarece inmediatamente las importaciones, desde componentes electr\u00f3nicos hasta bienes de consumo, a\u00f1adiendo presi\u00f3n inflacionaria a la econom\u00eda. Las tasas bajas, al inyectar m\u00e1s liquidez (m\u00e1s d\u00f3lares en circulaci\u00f3n), avivan ese fuego inflacionario. Esto crea un c\u00edrculo vicioso: los inversores, temerosos de que el d\u00f3lar pierda valor, buscan refugio en el oro, impulsando a\u00fan m\u00e1s su precio en una espiral de desfiatizaci\u00f3n. Para el ciudadano com\u00fan, esto se traduce en un poder adquisitivo erosionado, especialmente para los bienes importados, y podr\u00eda forzar eventualmente a la Reserva Federal a subir las tasas de inter\u00e9s de nuevo, estrangulando el crecimiento que se pretend\u00eda estimular.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo vector es geopol\u00edtico y supone un riesgo a\u00fan mayor. Un escenario hipot\u00e9tico, pero plausible dada la ret\u00f3rica y las tensiones, implicar\u00eda un conflicto militar con Ir\u00e1n. Una escalada de este tipo, con ataques a instalaciones petroleras o el cierre del estrat\u00e9gico del Estrecho de Ormuz \u2014por donde pasa el 20% del petr\u00f3leo global\u2014 generar\u00eda una conmoci\u00f3n inmediata. Los precios del crudo podr\u00edan dispararse por encima de los 150 d\u00f3lares por barril, provocando un shock energ\u00e9tico global. Aunque Estados Unidos es ahora un productor neto de petr\u00f3leo gracias al&nbsp;<em>shale<\/em>, no ser\u00eda inmune. Los precios de la gasolina se elevar\u00edan, impulsando la inflaci\u00f3n interna de manera abrupta. Un conflicto prolongado podr\u00eda desencadenar d\u00e9ficits energ\u00e9ticos y una recesi\u00f3n, adem\u00e1s de un mayor gasto militar que agravar\u00eda la crisis fiscal.<\/p>\n\n\n\n<p>Las consecuencias externas de cualquiera de estos dos caminos son profundas. Un d\u00f3lar en declive y un petr\u00f3leo caro remodelan el panorama global. En el corto plazo, una crisis geopol\u00edtica podr\u00eda causar una apreciaci\u00f3n repentina del d\u00f3lar como refugio, pero este efecto ser\u00eda temporal. A largo plazo, tanto la devaluaci\u00f3n buscada como la inestabilidad acelerar\u00edan la desdolarizaci\u00f3n. Pa\u00edses emergentes con deudas denominadas en d\u00f3lares, como Argentina o Turqu\u00eda, ver\u00edan encarecerse brutalmente sus obligaciones, aumentando el riesgo de impagos. Las econom\u00edas asi\u00e1ticas, grandes importadoras de energ\u00eda, sufrir\u00edan desaceleraci\u00f3n e inflaci\u00f3n, aunque China, con sus acuerdos alternativos con Rusia e Ir\u00e1n, podr\u00eda amortiguar parcialmente el golpe. Europa, recuper\u00e1ndose de la crisis energ\u00e9tica post-Ucrania, se ver\u00eda condenada a precios del gas a\u00fan m\u00e1s altos. Todo esto empujar\u00eda a bloques como los BRICS a redoblar sus esfuerzos para comerciar en sus propias monedas, abandonando el d\u00f3lar.<\/p>\n\n\n\n<p>El n\u00facleo del problema, sin embargo, reside en la fr\u00e1gil base de la econom\u00eda estadounidense, su colosal deuda. Aqu\u00ed es donde la situaci\u00f3n actual se distingue de episodios hist\u00f3ricos como el Acuerdo de Plaza de 1985, cuando las potencias econ\u00f3micas coordinaron una devaluaci\u00f3n ordenada del d\u00f3lar. Entonces, la deuda de Estados Unidos era manejable, alrededor del 40% del PIB. Hoy, supera el 120%. Una devaluaci\u00f3n en este contexto es un arma de doble filo extremadamente peligrosa. Si bien puede actuar como un \u00abimpago suave\u00bb, al erosionar el valor real de la deuda y como una \u00abcompensaci\u00f3n\u00bb para los aranceles, su efecto en la confianza de los inversores podr\u00eda ser catastr\u00f3fico.<\/p>\n\n\n\n<p>El sistema se sostiene sobre la disposici\u00f3n del mundo a comprar y mantener bonos del Tesoro estadounidense. Si los acreedores extranjeros perciben que el d\u00f3lar es un cubo de hielo que se derrite de manera deliberada, exigir\u00e1n tasas de inter\u00e9s mucho m\u00e1s altas para seguir financiando la deuda. Esto desencadenar\u00eda una crisis fiscal. Un aumento brusco en los rendimientos de los bonos har\u00eda que el servicio de la deuda se disparara, consumiendo una parte cada vez mayor del presupuesto federal. Pero el da\u00f1o ser\u00eda m\u00e1s profundo: los bonos existentes, que pagan intereses m\u00e1s bajos, perder\u00edan valor instant\u00e1neamente. Los balances de bancos, fondos de pensiones y compa\u00f1\u00edas de seguros \u2014llenos de estos bonos\u2014 se debilitar\u00edan, pudiendo provocar una crisis financiera como la de 2008, pero con el Gobierno demasiado endeudado para rescatar al sistema con facilidad. El colapso de varios bancos regionales en 2023 fue un peque\u00f1o anticipo de este riesgo.<\/p>\n\n\n\n<p>En este escenario de p\u00e1nico, la Reserva Federal se ver\u00eda entre la espada y la pared. Podr\u00eda verse forzada a monetizar la deuda de manera masiva \u2014imprimiendo dinero para comprar los bonos que nadie m\u00e1s quiere\u2014, lo que alimentar\u00eda una inflaci\u00f3n galopante, una verdadera crisis monetaria. O podr\u00eda subir las tasas para defender el d\u00f3lar, hundiendo la econom\u00eda en una recesi\u00f3n profunda. Es el dilema entre una crisis inflacionaria y una deflacionaria. La llamada \u00abdominancia fiscal\u00bb, donde la pol\u00edtica fiscal dictada por la necesidad de financiar la deuda domina a la pol\u00edtica monetaria, se har\u00eda realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Las tensiones sociales y pol\u00edticas dentro de Estados Unidos, visibles en eventos como las protestas y la confrontaci\u00f3n federal en Minneapolis a principios de 2026, a\u00f1aden otra capa de riesgo. Un Gobierno que recurra a medidas autoritarias para contener el malestar, en medio de una crisis econ\u00f3mica, erosionar\u00eda a\u00fan m\u00e1s la confianza institucional, tanto interna como externa. Para el votante, la combinaci\u00f3n de una inflaci\u00f3n importada, la p\u00e9rdida del valor de sus ahorros y la inestabilidad social podr\u00eda ser determinante en las urnas de noviembre de 2026, castigando a quien est\u00e9 en el poder.<\/p>\n\n\n\n<p>En resumen, la encrucijada de 2026 presenta un panorama donde las herramientas econ\u00f3micas tradicionales de Estados Unidos est\u00e1n oxidadas por el peso de su deuda. La b\u00fasqueda de una ventaja competitiva a trav\u00e9s de un d\u00f3lar m\u00e1s d\u00e9bil y dinero barato, aunque tentadora a corto plazo, enciende las mechas de la desdolarizaci\u00f3n y la desfiatizaci\u00f3n a nivel global, mientras mina los cimientos financieros internos.<\/p>\n\n\n\n<p>El oro, que brilla en los balances de los bancos centrales y en las carteras de los inversores cautelosos, es el term\u00f3metro de esta fiebre. No mide solo el miedo a un conflicto o a una recesi\u00f3n, mide una erosi\u00f3n fundamental de la confianza en el sistema monetario construido alrededor del d\u00f3lar fiduciario. Las consecuencias internas \u2014inflaci\u00f3n persistente, riesgo de crisis fiscal y financiera, y p\u00e9rdida de poder adquisitivo\u2014 son el precio potencial de navegar esta tormenta sin un cambio de rumbo estructural. El gran comercio global ya no es solo de bienes, sino de confianza, y el d\u00f3lar, por primera vez en d\u00e9cadas, se negocia en letras rojas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El T\u00e1bano Economista, 2-2-26) Esta antigua verdad resume la encrucijada financiera global de nuestros d\u00edas, donde dos fen\u00f3menos distintos pero entrelazados, la desdolarizaci\u00f3n y la \u00abdesfiatizaci\u00f3n\u00bb est\u00e1n reconfigurando el orden econ\u00f3mico. 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