{"id":61216,"date":"2026-03-25T11:41:44","date_gmt":"2026-03-25T15:41:44","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=61216"},"modified":"2026-03-25T11:41:46","modified_gmt":"2026-03-25T15:41:46","slug":"etiopia-sudan-chad-las-nuevas-guerras-del-capitalismo-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/03\/25\/etiopia-sudan-chad-las-nuevas-guerras-del-capitalismo-global\/","title":{"rendered":"Etiopia, Sud\u00e1n, Chad: las nuevas guerras del capitalismo global"},"content":{"rendered":"\n<p>Tito Ura (Rebeli\u00f3n, 25-3-26)<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ocurre hoy entre Sud\u00e1n y Etiop\u00eda no es un simple incidente fronterizo ni una escaramuza m\u00e1s en la cartograf\u00eda inestable del Cuerno de \u00c1frica.<\/p>\n\n\n\n<p>Drones que cruzan la frontera y golpean objetivos en territorio sudan\u00e9s \u2014como afirma Jartum\u2014 muestran que estamos ante algo m\u00e1s profundo: la expresi\u00f3n visible de una reorganizaci\u00f3n violenta del capitalismo global en una de sus periferias estrat\u00e9gicas. No es una \u201cnueva guerra\u201d en el sentido cl\u00e1sico; es la expansi\u00f3n org\u00e1nica de un sistema que necesita zonas de fricci\u00f3n permanente para reconfigurar poder, recursos y rutas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sud\u00e1n no es hoy un Estado soberano en plenitud. Es un territorio fracturado por una guerra interna entre las Fuerzas Armadas Sudanesas y las Fuerzas de Apoyo R\u00e1pido, una guerra financiada por redes de oro, contrabando, apoyos regionales y silencios internacionales. En ese vac\u00edo de soberan\u00eda efectiva, cualquier frontera deja de ser una l\u00ednea jur\u00eddica y se convierte en una l\u00ednea de oportunidad estrat\u00e9gica. All\u00ed donde el Estado se debilita, el capital geopol\u00edtico penetra. All\u00ed donde la autoridad se fragmenta, la guerra encuentra condiciones \u00f3ptimas de reproducci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Etiop\u00eda, por su parte, no es un actor pasivo. Es una potencia demogr\u00e1fica en ascenso, con ambici\u00f3n regional, atravesada por su propia guerra reciente en Tigray y por la obsesi\u00f3n estrat\u00e9gica de garantizar su proyecci\u00f3n hacia el Mar Rojo. La disputa hist\u00f3rica por la regi\u00f3n de Al-Fashaga, f\u00e9rtil y agr\u00edcola, y la tensi\u00f3n estructural en torno a la Gran Presa del Renacimiento en el Nilo Azul, colocan a Sud\u00e1n en una posici\u00f3n bisagra: territorio de amortiguaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n de presi\u00f3n. En un mundo donde el agua se vuelve recurso estrat\u00e9gico y la seguridad alimentaria se militariza, las fronteras agr\u00edcolas ya no son m\u00e1rgenes; son activos.<\/p>\n\n\n\n<p>El uso de drones es el signo m\u00e1s revelador de esta fase. La guerra del capitalismo tard\u00edo ya no necesita movilizaciones masivas ni declaraciones formales. Opera con tecnolog\u00edas de bajo costo pol\u00edtico y alta eficacia t\u00e1ctica. El dron es el arma perfecta de la ambig\u00fcedad: permite atacar sin ocupar, castigar sin invadir, intimidar sin asumir plenamente la responsabilidad. Es la herramienta ideal para un orden internacional que ha naturalizado la violencia transfronteriza siempre que esta no altere el flujo global de mercanc\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cuerno de \u00c1frica se ha convertido en un laboratorio de esta transformaci\u00f3n. Yibuti alberga bases militares de Estados Unidos, China, Francia y otras potencias. El Mar Rojo es arteria vital del comercio mundial. El colapso parcial de Sud\u00e1n y la inestabilidad et\u00edope no son anomal\u00edas aisladas, sino eslabones en una cadena de militarizaci\u00f3n que responde a la competencia entre potencias en un sistema que ya no es unipolar, pero tampoco estable. En la transici\u00f3n multipolar, las periferias arden primero.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata \u00fanicamente de rivalidades nacionales. Se trata de la l\u00f3gica estructural de un sistema que, ante la saturaci\u00f3n de mercados y la crisis clim\u00e1tica, convierte recursos b\u00e1sicos \u2014agua, tierra, minerales, rutas mar\u00edtimas\u2014 en objetos de securitizaci\u00f3n. La pol\u00edtica exterior deja de ser diplomacia y se transforma en gesti\u00f3n armada de la escasez. En ese contexto, el conflicto Sud\u00e1n\u2013Etiop\u00eda no es un error del sistema; es su manifestaci\u00f3n coherente.<\/p>\n\n\n\n<p>La guerra interna sudanesa ya estaba internacionalizada de facto: flujos de armas, financiamiento cruzado, intereses en el oro sudan\u00e9s que alimentan mercados globales. Si ahora se suma la dimensi\u00f3n interestatal directa, el conflicto se densifica. Y cuando los conflictos se densifican en zonas estrat\u00e9gicas, las potencias no intervienen necesariamente para apagar el fuego, sino para administrarlo. El desorden controlado es funcional cuando permite redibujar alianzas, justificar presencia militar o asegurar corredores log\u00edsticos.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, hablar de \u201cviolaci\u00f3n de soberan\u00eda\u201d tiene una dimensi\u00f3n tr\u00e1gica. Porque la soberan\u00eda en muchos Estados perif\u00e9ricos ha sido progresivamente erosionada no solo por actores externos, sino por la inserci\u00f3n subordinada en un sistema econ\u00f3mico que impone dependencia financiera, fragilidad institucional y militarizaci\u00f3n como mecanismo de supervivencia. Cuando un Estado debilitado denuncia agresi\u00f3n, lo hace desde una estructura que ya ha sido vaciada en parte de su capacidad real de decisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La acusaci\u00f3n de ataques con drones desde Etiop\u00eda, confirmada o no en todos sus detalles, cumple adem\u00e1s una funci\u00f3n pol\u00edtica: reconfigura percepciones, prepara narrativas, habilita alianzas. En un entorno donde la informaci\u00f3n es tambi\u00e9n campo de batalla, la denuncia es parte de la estrategia. La guerra contempor\u00e1nea es h\u00edbrida no solo por sus medios, sino por su dimensi\u00f3n simb\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>El peligro no es \u00fanicamente una guerra abierta entre Sud\u00e1n y Etiop\u00eda. El peligro es la normalizaci\u00f3n de una regi\u00f3n en permanente estado de fricci\u00f3n, donde conflictos internos y externos se superponen hasta volverse indistinguibles. Esa superposici\u00f3n crea un ecosistema de violencia cr\u00f3nica que beneficia a proveedores de armas, contratistas de seguridad, actores financieros que especulan con deuda soberana y potencias que consolidan posiciones estrat\u00e9gicas sin asumir costos directos elevados.<\/p>\n\n\n\n<p>En la fase actual del capitalismo global, la guerra no siempre busca conquista territorial cl\u00e1sica; busca influencia, acceso, control de flujos. No necesita declarar estados de excepci\u00f3n formales, porque muchas periferias viven en excepci\u00f3n permanente. Sud\u00e1n es hoy uno de esos espacios donde la crisis interna se entrelaza con la competencia regional y global. Etiop\u00eda, en su b\u00fasqueda de proyecci\u00f3n, act\u00faa dentro de una l\u00f3gica de poder que el sistema incentiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el siglo XX estuvo marcado por guerras mundiales declaradas, el siglo XXI parece consolidar un mosaico de guerras regionales interconectadas, m\u00e1s difusas pero igualmente estructurales. El Cuerno de \u00c1frica es uno de los tableros donde se ensaya este nuevo patr\u00f3n. All\u00ed, la l\u00ednea entre conflicto local y disputa global se desdibuja.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta no es solo si habr\u00e1 una guerra abierta entre Sud\u00e1n y Etiop\u00eda. La pregunta es si el orden mundial en transici\u00f3n necesita precisamente esta proliferaci\u00f3n de conflictos para reacomodar jerarqu\u00edas. Si la historia reciente ense\u00f1a algo, es que cuando el sistema entra en fase de reconfiguraci\u00f3n profunda, las periferias pagan el precio m\u00e1s alto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sud\u00e1n arde desde dentro. Si ahora el fuego cruza fronteras en forma de drones, no estamos ante un accidente geogr\u00e1fico. Estamos ante la evidencia de que la guerra, lejos de ser excepci\u00f3n, se ha convertido en m\u00e9todo. Y mientras los discursos oficiales hablen de soberan\u00eda y defensa, el trasfondo estructural seguir\u00e1 siendo el mismo: la lucha por recursos estrat\u00e9gicos y posiciones geopol\u00edticas en un sistema que solo sabe reorganizarse mediante la tensi\u00f3n y el conflicto armado.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese espejo, la acusaci\u00f3n sudanesa no es un episodio aislado. Es una se\u00f1al de que la tormenta regional puede intensificarse. Y cuando las tormentas se forman en nodos estrat\u00e9gicos del comercio mundial, rara vez permanecen locales.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo ocurrido en la ciudad fronteriza de Tin\u00e9, en Chad \u2014donde un dron procedente de Sud\u00e1n habr\u00eda matado al menos a 16 personas y provocado una respuesta militar inmediata del gobierno chadiano\u2014 no es simplemente la \u201cexpansi\u00f3n\u201d de la guerra sudanesa: es el paso cualitativo hacia una nueva fase del conflicto, una fase donde la guerra deja de ser contenible incluso en t\u00e9rminos regionales y comienza a desbordarse como l\u00f3gica estructural del territorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo primero que hay que desmontar es la narrativa de \u201cderrame\u201d o \u201cspillover\u201d, como si la guerra fuera un l\u00edquido que accidentalmente se desborda de un recipiente. No. Lo que estamos viendo es la transformaci\u00f3n de Sud\u00e1n en un n\u00facleo activo de irradiaci\u00f3n de violencia, donde las fronteras no contienen, sino que transmiten el conflicto. Chad no es una v\u00edctima colateral: es el siguiente eslab\u00f3n l\u00f3gico en una cadena de descomposici\u00f3n regional.<\/p>\n\n\n\n<p>La frontera entre Sud\u00e1n y Chad \u2014m\u00e1s de 1.400 kil\u00f3metros de extensi\u00f3n, des\u00e9rtica, porosa, hist\u00f3ricamente atravesada por flujos humanos, comerciales y armados\u2014 nunca fue una l\u00ednea s\u00f3lida. Pero en el contexto actual del capitalismo global, esa porosidad adquiere una funci\u00f3n distinta: deja de ser una debilidad estatal y se convierte en una infraestructura de guerra. Por esa frontera no solo cruzan refugiados \u2014casi un mill\u00f3n seg\u00fan la ONU\u2014, sino tambi\u00e9n armas, milicias, econom\u00edas ilegales y ahora, de manera creciente, tecnolog\u00edas de guerra remota.<\/p>\n\n\n\n<p>El dato clave no es \u00fanicamente el n\u00famero de muertos, sino el medio: drones. La guerra ha cambiado de forma. Ya no necesita columnas de tanques cruzando fronteras ni declaraciones formales. Un dron puede redibujar el mapa pol\u00edtico de una regi\u00f3n en minutos. Y cuando ese dron cruza de un pa\u00eds a otro, lo que est\u00e1 en juego no es solo un ataque, sino la disoluci\u00f3n pr\u00e1ctica del orden interestatal heredado del siglo XX.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed aparece la primera gran clave de esta nueva fase: la&nbsp;<strong>desfronterizaci\u00f3n de la guerra<\/strong>. Sud\u00e1n ya no libra una guerra \u201cinterna\u201d. Las RSF, que controlan amplias zonas de Darfur \u2014incluyendo \u00e1reas cercanas a la frontera con Chad\u2014 operan como una entidad h\u00edbrida: no son un Estado, pero tampoco una simple milicia. Controlan territorio, recursos, rutas y ahora proyectan fuerza m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00edmites inmediatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es crucial: cuando actores no estatales adquieren capacidad de proyecci\u00f3n transfronteriza mediante tecnolog\u00edas como drones, el sistema internacional entra en una zona gris donde la noci\u00f3n cl\u00e1sica de guerra entre Estados pierde sentido. Chad responde como Estado, movilizando su ej\u00e9rcito y declarando que contestar\u00e1 cualquier ataque. Pero \u00bfcontra qui\u00e9n responde realmente? \u00bfContra Sud\u00e1n como Estado? \u00bfContra una milicia? \u00bfContra una red difusa financiada por intereses externos?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta es inc\u00f3moda: responde contra una estructura que no puede ser plenamente localizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Y es ah\u00ed donde el marco del capitalismo y la guerra revela su potencia anal\u00edtica. Porque esta indeterminaci\u00f3n no es un fallo del sistema: es su nueva forma de operar. La guerra se descentraliza porque as\u00ed reduce costos, diluye responsabilidades y permite m\u00faltiples niveles de intervenci\u00f3n sin compromisos directos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cuerno de \u00c1frica y el Sahel est\u00e1n convergiendo como un continuo de inestabilidad funcional. Sud\u00e1n en guerra, Chad bajo presi\u00f3n, Libia fragmentada, N\u00edger desestabilizado, Rep\u00fablica Centroafricana militarizada: no son crisis aisladas, son nodos de una misma geograf\u00eda de conflicto. Una geograf\u00eda donde los recursos \u2014oro en Sud\u00e1n, uranio en N\u00edger, rutas migratorias, corredores log\u00edsticos hacia el Mediterr\u00e1neo\u2014 se entrelazan con intereses globales.<\/p>\n\n\n\n<p>En este contexto, la guerra cumple varias funciones simult\u00e1neas:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Reconfigura el control territorial de recursos estrat\u00e9gicos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Justifica la presencia militar extranjera directa o indirecta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Alimenta econom\u00edas de guerra (tr\u00e1fico de armas, miner\u00eda ilegal, mercenarismo).<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013 Genera desplazamientos masivos que reordenan la fuerza de trabajo regional.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de Tin\u00e9 es paradigm\u00e1tico porque condensa todos estos elementos: una ciudad fronteriza gemela, separada solo por un r\u00edo seco, convertida en punto de impacto de una guerra que ya no reconoce l\u00edmites.<\/p>\n\n\n\n<p>La reacci\u00f3n del presidente chadiano, Mahamat Idriss D\u00e9by, ordenando responder inmediatamente a cualquier ataque, marca otro umbral: la posibilidad de una escalada directa. Pero incluso esa escalada, si ocurre, no necesariamente adoptar\u00e1 la forma de una guerra convencional. Es m\u00e1s probable que veamos una intensificaci\u00f3n de ataques puntuales, represalias asim\u00e9tricas y una creciente militarizaci\u00f3n de la frontera.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir: m\u00e1s guerra, pero no necesariamente m\u00e1s claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed emerge la segunda clave de esta nueva fase: la&nbsp;<strong>guerra como estado permanente de baja intensidad expandida<\/strong>. No hay inicio claro, no hay declaraci\u00f3n formal, no hay final visible. Solo hay intensificaciones y desplazamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo m\u00e1s inquietante es que este tipo de conflicto no tiende a resolverse, sino a estabilizarse en su propia inestabilidad. Para el sistema global, estas zonas funcionan como amortiguadores de tensiones mayores. Mantienen ocupados a actores regionales, justifican intervenciones selectivas y aseguran que el desorden permanezca contenido dentro de ciertos m\u00e1rgenes geogr\u00e1ficos\u2026 hasta que deja de estarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>La presencia impl\u00edcita o expl\u00edcita de actores externos \u2014ya sea a trav\u00e9s de financiamiento, armamento o alianzas\u2014 a\u00f1ade otra capa. Porque ning\u00fan conflicto de esta magnitud en una regi\u00f3n estrat\u00e9gica ocurre en aislamiento real. La competencia global por influencia en \u00c1frica \u2014China, Estados Unidos, Rusia, potencias regionales del Golfo\u2014 no siempre se manifiesta en confrontaci\u00f3n directa, sino en la habilitaci\u00f3n de condiciones para que estos conflictos se desarrollen.<\/p>\n\n\n\n<p>No es necesario intervenir masivamente si el terreno ya est\u00e1 fragmentado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que estamos viendo, entonces, no es solo la expansi\u00f3n de la guerra sudanesa hacia Chad. Es la consolidaci\u00f3n de un modelo: conflictos que nacen como guerras civiles, se hibridan con disputas regionales, incorporan tecnolog\u00edas de guerra remota y terminan configurando espacios de violencia estructural persistente.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese modelo, la soberan\u00eda se vuelve reactiva, las fronteras permeables, y la guerra una condici\u00f3n de fondo.<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte de 16 personas en Tin\u00e9 no es solo una tragedia local. Es un indicador. Un punto de inflexi\u00f3n que muestra que la guerra en Sud\u00e1n ha dejado de ser contenible y ha entrado en una fase de proyecci\u00f3n regional activa. Y cuando eso ocurre en un nodo como el Sahel\u2013Cuerno de \u00c1frica, la pregunta ya no es si el conflicto se expandir\u00e1, sino hasta d\u00f3nde y bajo qu\u00e9 formas mutar\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque en esta fase del capitalismo global, la guerra ya no avanza \u00fanicamente con ej\u00e9rcitos. Avanza con fragmentos, con drones, con milicias, con fronteras que dejan de existir en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando las fronteras dejan de existir para la guerra, pero siguen existiendo para quienes huyen de ella, lo que emerge no es solo un conflicto, sino un orden. Un orden construido sobre la movilidad de la violencia y la inmovilidad de las v\u00edctimas.<\/p>\n\n\n\n<p>El cruce entre Sud\u00e1n, Etiop\u00eda y Chad no solo revela la expansi\u00f3n geogr\u00e1fica de la guerra, sino algo m\u00e1s profundo: la consolidaci\u00f3n de una forma hist\u00f3rica distinta, donde la violencia deja de ser un instrumento excepcional y se convierte en infraestructura. No estamos ante conflictos aislados, sino ante la emergencia de un patr\u00f3n donde tecnolog\u00eda, crisis clim\u00e1tica y econom\u00eda pol\u00edtica convergen para producir un tipo de inestabilidad que ya no es transitoria, sino funcional y persistente.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer elemento que termina de cerrar este cuadro es la tecnolog\u00eda. El uso de drones no es un detalle t\u00e1ctico, sino un punto de inflexi\u00f3n. La proliferaci\u00f3n de drones comerciales modificados \u2014baratos, accesibles, adaptables\u2014 est\u00e1 alterando de manera irreversible la relaci\u00f3n entre territorio y violencia. Durante d\u00e9cadas, la capacidad de proyectar fuerza a distancia era monopolio de los Estados o de grandes estructuras militares. Hoy, ese monopolio se erosiona. No desaparece, pero se fragmenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto tiene una consecuencia directa: la&nbsp;<strong>desfronterizaci\u00f3n de la guerra ya no depende exclusivamente de decisiones estatales<\/strong>, sino de la capacidad t\u00e9cnica de actores m\u00faltiples. Milicias, grupos armados, redes h\u00edbridas pueden cruzar fronteras sin moverse f\u00edsicamente. El espacio deja de ser una barrera y se convierte en un medio atravesable. La frontera sigue existiendo jur\u00eddicamente, pero pierde eficacia material.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfEs esto una democratizaci\u00f3n de la violencia? En un sentido limitado, s\u00ed: m\u00e1s actores pueden ejercerla. Pero no es una democratizaci\u00f3n emancipadora, sino una&nbsp;<strong>difusi\u00f3n de la capacidad destructiva dentro de un sistema que no ha democratizado el poder real<\/strong>. El resultado no es equilibrio, sino multiplicaci\u00f3n del caos controlado. El sistema no pierde el control completamente; lo redistribuye de forma tal que la violencia se vuelve m\u00e1s dif\u00edcil de atribuir, de regular y, sobre todo, de contener.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese escenario, la guerra se vuelve ubicua. No necesita l\u00edneas de frente. Puede aparecer en cualquier punto donde exista vulnerabilidad, conectividad m\u00ednima y un actor dispuesto a operar en esa zona gris. Lo que vemos en el Cuerno de \u00c1frica es la forma m\u00e1s visible de esta transici\u00f3n, pero no necesariamente su l\u00edmite.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo elemento es el clima, que funciona como acelerador estructural. La crisis clim\u00e1tica no solo genera escasez; redefine qu\u00e9 recursos son estrat\u00e9gicos y d\u00f3nde se concentran las tensiones. Agua, tierra f\u00e9rtil, rutas de movilidad humana: todo ello entra en un proceso de securitizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el agua se vuelve escasa, deja de ser solo un recurso y se convierte en un activo geopol\u00edtico. Cuando la tierra cultivable disminuye, la frontera agr\u00edcola se militariza. Cuando millones de personas se ven obligadas a desplazarse, las rutas migratorias dejan de ser corredores humanitarios y pasan a ser espacios de control, contenci\u00f3n o conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sentido, el cambio clim\u00e1tico no crea la guerra, pero la intensifica, la prolonga y la fija en el territorio. Transforma la \u201cinestabilidad funcional\u201d en algo m\u00e1s profundo: una&nbsp;<strong>inestabilidad estructural permanente<\/strong>, donde las condiciones que generan conflicto no solo no desaparecen, sino que se agravan con el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de la presa et\u00edope sobre el Nilo Azul es ilustrativo: no es solo una disputa t\u00e9cnica o energ\u00e9tica, es una manifestaci\u00f3n de c\u00f3mo el control del agua se integra en la l\u00f3gica de poder regional. Lo mismo ocurre en otras zonas del Sahel, donde la desertificaci\u00f3n empuja comunidades enteras a competir por recursos cada vez m\u00e1s limitados. En ese contexto, la violencia deja de ser un episodio y se convierte en una forma de gesti\u00f3n de la escasez.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed se conecta con el tercer elemento, quiz\u00e1s el m\u00e1s inc\u00f3modo: la cuesti\u00f3n de la paz.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la guerra, se ha convertido en m\u00e9todo \u2014en mecanismo de reorganizaci\u00f3n de poder, control territorial y gesti\u00f3n de recursos\u2014 entonces la paz ya no puede entenderse simplemente como ausencia de conflicto armado. En muchos de estos escenarios, lo que se denomina \u201cpaz\u201d es en realidad una&nbsp;<strong>pausa operativa<\/strong>, un reacomodo temporal que permite al sistema absorber tensiones antes de que reaparezcan bajo otra forma.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto no implica que la paz sea imposible, pero s\u00ed que su significado est\u00e1 en disputa. Una paz funcional al sistema es aquella que estabiliza lo suficiente como para garantizar flujos econ\u00f3micos, control territorial y previsibilidad m\u00ednima. No elimina las causas del conflicto; las administra.<\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta m\u00e1s dif\u00edcil es si puede existir una paz que no est\u00e9 subordinada a esa l\u00f3gica. Es decir, una paz que no sea simplemente la antesala de la siguiente fase de violencia. Esa posibilidad implicar\u00eda transformar no solo las din\u00e1micas locales de conflicto, sino las estructuras m\u00e1s amplias que las condicionan: desigualdad, dependencia econ\u00f3mica, acceso desigual a recursos, y la tendencia a responder a crisis complejas mediante dispositivos de seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que muestran Sud\u00e1n, Etiop\u00eda y Chad \u2014y en otro registro, regiones de Am\u00e9rica Latina o Medio Oriente\u2014 es que, en ausencia de esos cambios, la \u201cpaz\u201d tiende a ser fr\u00e1gil, intermitente y, en \u00faltima instancia, funcional a la continuidad del conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>El cierre de este ciclo anal\u00edtico es inc\u00f3modo porque no ofrece una resoluci\u00f3n clara. Lo que emerge no es una guerra total ni una paz estable, sino un estado intermedio que se expande: territorios donde la violencia es recurrente, donde la tecnolog\u00eda amplifica su alcance, donde el clima intensifica sus causas y donde la paz, cuando aparece, no logra romper el patr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese marco, el Cuerno de \u00c1frica no es una excepci\u00f3n, sino un adelanto. Un espacio donde las tendencias del sistema se manifiestan de forma m\u00e1s descarnada. Y si algo deja claro el cruce entre estos escenarios es que la guerra contempor\u00e1nea ya no avanza \u00fanicamente ocupando territorios, sino reorganizando las condiciones mismas en las que esos territorios existen.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n ya no es d\u00f3nde empieza o termina la guerra. La cuesti\u00f3n es en qu\u00e9 medida el mundo est\u00e1 entrando en una fase donde la distinci\u00f3n entre guerra y paz pierde sentido operativo, y donde la inestabilidad deja de ser un problema a resolver para convertirse en el terreno sobre el cual todo lo dem\u00e1s se organiza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tito Ura (Rebeli\u00f3n, 25-3-26) Lo que ocurre hoy entre Sud\u00e1n y Etiop\u00eda no es un simple incidente fronterizo ni una escaramuza m\u00e1s en la cartograf\u00eda inestable del Cuerno de \u00c1frica. Drones que cruzan la frontera y golpean objetivos en territorio sudan\u00e9s \u2014como afirma Jartum\u2014 muestran que estamos ante algo m\u00e1s profundo: la expresi\u00f3n visible de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":61217,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[14,12],"tags":[],"class_list":["post-61216","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-internacionales","category-politica-3"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61216"}],"collection":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=61216"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61216\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":61218,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/61216\/revisions\/61218"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media\/61217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=61216"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=61216"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/debateplural.net\/site\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=61216"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}