{"id":61307,"date":"2026-04-06T12:45:07","date_gmt":"2026-04-06T16:45:07","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=61307"},"modified":"2026-04-06T12:45:08","modified_gmt":"2026-04-06T16:45:08","slug":"cuanto-cuesta-y-quien-paga-la-guerra-de-iran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/04\/06\/cuanto-cuesta-y-quien-paga-la-guerra-de-iran\/","title":{"rendered":"\u00bfCu\u00e1nto cuesta y qui\u00e9n paga la guerra de Ir\u00e1n?"},"content":{"rendered":"\n<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El T\u00e1bano Economista, 6-4-26)<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el presidente Donald Trump orden\u00f3 los primeros ataques a\u00e9reos contra Ir\u00e1n el 28 de febrero de 2026, pocos imaginaron que la \u00abOperaci\u00f3n Furia \u00c9pica\u00bb se convertir\u00eda, en apenas un mes, en un espejo implacable de las guerras modernas: costosas, desiguales y pol\u00edticamente t\u00f3xicas. Lo que comenz\u00f3 como una operaci\u00f3n quir\u00fargica contra instalaciones nucleares y militares iran\u00edes se ha transformado en un conflicto que ya ha costado a Estados Unidos m\u00e1s de 16.500 millones de d\u00f3lares en solo doce d\u00edas de combates intensos. Una media de 1.500 millones diarios que, seg\u00fan estimaciones del&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.csis.org\/analysis\/iran-war-cost-estimate-update-113-billion-day-6-165-billion-day-12\">Center for Strategic and International Studies (CSIS<\/a>) actualizadas al 13 de marzo, no tiene precedentes desde la invasi\u00f3n de Irak en 2003.<\/p>\n\n\n\n<p>El Pent\u00e1gono report\u00f3 al Congreso que los primeros seis d\u00edas devoraron 11.300 millones de d\u00f3lares en gastos operativos no presupuestados. Esa cifra incluye m\u00e1s de 5.600 millones solo en municiones de alto costo: misiles Tomahawk (3,5 millones de d\u00f3lares cada uno), JASSM y sistemas de defensa Patriot y THAAD. Los primeros d\u00edas vieron un uso masivo que oblig\u00f3 a una \u00abtransici\u00f3n de municiones\u00bb hacia armas m\u00e1s baratas para evitar agotar inventarios cr\u00edticos. Pero el verdadero precio no est\u00e1 solo en esas facturas. La pregunta de qui\u00e9n paga realmente esta guerra revela la crudeza de su econom\u00eda moral.<\/p>\n\n\n\n<p>Los contribuyentes estadounidenses financian el grueso a trav\u00e9s de deuda adicional. El Congreso ya anticipa un suplemento de m\u00e1s de 50.000 millones de d\u00f3lares para reponer existencias y cubrir p\u00e9rdidas: tres cazas F-15 derribados en incidentes amistosos, once drones MQ-9 Reapers y un radar THAAD, cuyo costo conjunto asciende a 1.700 millones de d\u00f3lares. En este contexto se enmarca la petici\u00f3n formal al Congreso de unos 200.000 millones de d\u00f3lares adicionales. Esta solicitud representa aproximadamente el 24% del presupuesto total de defensa de 2026, que asciende a 839.000 millones, y equivale a casi el 50% del Producto Interior Bruto anual de Ir\u00e1n, que en 2025 fue de 356.510 millones. A estos costos no se suma la reparaci\u00f3n de las bases estadounidenses en el Golfo, cuyo valor asegurado ronda los 395.000 millones.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta monta\u00f1a de deuda se a\u00f1ade a los 39 billones de d\u00f3lares que ya acumula Estados Unidos. Se espera que la cifra alcance los 40 billones antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Los intereses anuales de esa deuda rondan ya el bill\u00f3n de d\u00f3lares. Las generaciones futuras pagar\u00e1n con recortes impl\u00edcitos en Medicaid, en los cupones de comida del programa SNAP o en infraestructura. Mientras tanto, los consumidores \u2014especialmente los del quintil inferior de ingresos, aquellos que ganan menos de 35.000 d\u00f3lares al a\u00f1o\u2014 absorben el golpe diario a trav\u00e9s de la inflaci\u00f3n energ\u00e9tica.<\/p>\n\n\n\n<p>El cierre del Estrecho de Ormuz, declarado por Ir\u00e1n el 4 de marzo y a\u00fan parcialmente bloqueado, ha disparado el precio del Brent por encima de los 100 d\u00f3lares por barril, con picos temporales de 120 d\u00f3lares. La gasolina en Estados Unidos ha subido a un promedio nacional de entre 3,90 y 4,50 d\u00f3lares por gal\u00f3n, un incremento de hasta 65 centavos que act\u00faa como un impuesto regresivo brutal. Porque el costo econ\u00f3mico de esta guerra no se distribuye de manera equitativa. Las cargas recaen de forma desproporcionada sobre los hombros de los hogares de menores ingresos, mientras que los m\u00e1s ricos se benefician de un efecto riqueza.<\/p>\n\n\n\n<p>Estados Unidos est\u00e1 experimentando lo que los economistas llaman una recuperaci\u00f3n en forma de \u00abK\u00bb. Los m\u00e1s ricos \u2014la rama superior de la K\u2014 ven crecer su patrimonio gracias a los activos financieros. Los m\u00e1s pobres \u2014la rama inferior\u2014 luchan por sobrevivir. El quintil m\u00e1s bajo de ingresos, ese 10% de los que menos ganan, destina casi el 4% de sus ingresos a la gasolina, en comparaci\u00f3n con apenas el 1,5% del 10% m\u00e1s rico. Cualquier aumento en el precio del combustible afecta su econom\u00eda de manera mucho m\u00e1s severa. A eso se suma que gastan cerca del 35% de sus ingresos en alimentos, que tambi\u00e9n se encarecen por la subida de los fertilizantes y el transporte. Y mientras tanto, las deudas se disparan: los saldos de las tarjetas de cr\u00e9dito alcanzaron la cifra r\u00e9cord de 1,27 billones de d\u00f3lares en marzo de 2026, y las tasas de morosidad entre los prestatarios de alto riesgo se encuentran en sus niveles m\u00e1s altos desde la crisis financiera de 2008.<\/p>\n\n\n\n<p>El consumo se contrae. El gasto con tarjetas de cr\u00e9dito cay\u00f3 un 20% en las primeras semanas en las zonas m\u00e1s vulnerables. El trabajo tambi\u00e9n sufre: en sectores como el transporte, la agricultura y la manufactura, los costos log\u00edsticos m\u00e1s altos erosionan los m\u00e1rgenes y amenazan los empleos. Goldman Sachs proyecta que cada aumento sostenido del 10% en el precio del petr\u00f3leo reduce el Producto Interior Bruto en 0,2 puntos y eleva la inflaci\u00f3n en 0,35 puntos. Hasta hoy, el petr\u00f3leo ha subido un 65%. Para el quintil superior, el impacto es marginal: su presupuesto destinado a energ\u00eda es solo del 7% al 10%, y pueden absorberlo con sus ahorros. Esta curva en K, donde los ricos ganan ingresos y los pobres caen, agrava la desigualdad que ya defin\u00eda la econom\u00eda post-pandemia.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo de la guerra y el destino del Estrecho de Ormuz son las variables que lo cambian todo. Ese estrecho, por donde pasa el 20% del petr\u00f3leo mundial, sigue en un limbo peligroso. Ir\u00e1n lo declar\u00f3 cerrado, con ataques a buques e infraestructura que provocaron una par\u00e1lisis casi total del tr\u00e1fico. Pero, adem\u00e1s, Teher\u00e1n ha encontrado una fuente inesperada de ingresos: cobra 2 millones de d\u00f3lares por cada buque que permite cruzar. Por sus aguas pasan un promedio de 144 buques al d\u00eda. A 2 millones por buque, eso supone 288 millones de d\u00f3lares diarios, 8.640 millones al mes y unos 103.000 millones al a\u00f1o, casi un 30% m\u00e1s del PIB iran\u00ed. El bloqueo, lejos de asfixiar a Ir\u00e1n, se ha convertido en un negocio<em>.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los escenarios de Goldman Sachs, Chatham House y Capital Economics son claros. Un conflicto corto, de semanas y con da\u00f1os limitados, producir\u00eda un pico temporal del petr\u00f3leo por encima de 100 d\u00f3lares por barril y un impacto global modesto. Pero un escenario prolongado, de meses, llevar\u00eda el Brent a 130 o 150 d\u00f3lares, recortar\u00eda el crecimiento mundial en medio punto porcentual y generar\u00eda estanflaci\u00f3n. La Organizaci\u00f3n Mundial del Comercio advierte que Europa, gran importadora de energ\u00eda, podr\u00eda perder al menos un punto de crecimiento. Para Estados Unidos, que es exportador neto modesto gracias al petr\u00f3leo de esquisto, el beneficio es relativo: los consumidores pagan m\u00e1s en los surtidores mientras la econom\u00eda resiste mejor que sus pares. Sin embargo, la duraci\u00f3n real del conflicto depende de si Ormuz se reabre plenamente o si persisten los \u00abtr\u00e1nsitos selectivos\u00bb con peajes iran\u00edes impl\u00edcitos. Cada d\u00eda extra multiplica los costos.<\/p>\n\n\n\n<p>La Organizaci\u00f3n para la Cooperaci\u00f3n y el Desarrollo Econ\u00f3mico (OCDE) public\u00f3 el 26 de marzo su \u00faltimo informe provisional. Las cifras son escalofriantes. El crecimiento global, que sin guerra habr\u00eda sido revisado al alza en 0,3 puntos porcentuales, se queda en el 2,7% para 2026. La eurozona apenas crecer\u00e1 un 0,8%. Estados Unidos, que part\u00eda con una proyecci\u00f3n del 2%, se ha quedado en el 1,7%. China mantiene el 4,4% gracias a sus reservas energ\u00e9ticas, pero Jap\u00f3n cae al 0,5%. En cuanto a la inflaci\u00f3n, el G20 pas\u00f3 del 2,8% previsto al 4,0% real. Estados Unidos salt\u00f3 del 3,0% al 4,2%. La eurozona, del 1,8% al 2,6%. El mundo entero paga la factura.<\/p>\n\n\n\n<p>El impacto en Israel ilustra c\u00f3mo una guerra regional contagia incluso a los aliados m\u00e1s cercanos. El Banco de Israel recort\u00f3 su pron\u00f3stico de crecimiento para 2026 del 5,2% al 3,8%, asumiendo que el conflicto termine a fines de abril. Si se extiende, el Ministerio de Finanzas habla de un crecimiento de apenas el 3,3%. La movilizaci\u00f3n de reservistas y las alertas de misiles han reducido la oferta laboral, afectado el turismo y contra\u00eddo el consumo: las compras con tarjeta cayeron un 20% en las primeras semanas.<\/p>\n\n\n\n<p>La inflaci\u00f3n anual se revis\u00f3 al alza hasta el 2,2% para 2026, impulsada por los costos energ\u00e9ticos globales, y el banco central mantuvo la tasa de inter\u00e9s en el 4% con posibles recortes limitados. Los da\u00f1os directos fueron contenidos por el no tan eficiente sistema Iron Dome, pero los costos operativos \u2014cientos de ataques a\u00e9reos con miles de bombas\u2014 presionan las finanzas p\u00fablicas. Israel resiste mejor que los pa\u00edses del Golfo, donde las ca\u00eddas del PIB alcanzan el 14% en Qatar y Kuwait, pero el gobernador del Banco de Israel advierte que una guerra prolongada causar\u00eda \u00abda\u00f1os severos\u00bb y podr\u00eda generar una inflaci\u00f3n alta con una contracci\u00f3n de doble d\u00edgito en escenarios extremos.<\/p>\n\n\n\n<p>En el frente dom\u00e9stico estadounidense, el conflicto con los bonos del Tesoro y la deuda nacional revela una tensi\u00f3n estructural. El rendimiento del bono a diez a\u00f1os subi\u00f3 m\u00e1s de 40 puntos b\u00e1sicos en las primeras semanas, desde el 3,96% hasta superar el 4,26%, impulsado por las expectativas inflacionarias y la necesidad de refinanciar 10 billones de d\u00f3lares este mismo a\u00f1o. Las subastas muestran una demanda m\u00e1s d\u00e9bil de lo habitual. La Reserva Federal enfrenta un dilema cl\u00e1sico: \u00bfsube las tasas para contener la inflaci\u00f3n energ\u00e9tica o las mantiene para no hundir una econom\u00eda que ya muestra signos de fatiga? Como en guerras pasadas \u2014Irak y Afganist\u00e1n costaron billones a largo plazo entre veteranos, intereses y deuda\u2014, los pagos anuales de intereses ya superan el bill\u00f3n de d\u00f3lares y desplazan prioridades nacionales. Los bonos del Tesoro, que deber\u00edan ser el refugio seguro por excelencia, reaccionan con una volatilidad in\u00e9dita: los rendimientos suben porque los inversores temen m\u00e1s la inflaci\u00f3n persistente que una recesi\u00f3n inmediata.<\/p>\n\n\n\n<p>Las consecuencias pol\u00edticas y sociales en Estados Unidos son, quiz\u00e1, las m\u00e1s corrosivas de todas. La popularidad del gobierno ha ca\u00eddo en picada. Encuestas de Fox News, Pew y YouGov muestran que el 59% de los estadounidenses desaprueba el manejo general de Trump, y el 61% rechaza espec\u00edficamente su gesti\u00f3n de la guerra con Ir\u00e1n. El 28 de marzo, manifestaciones masivas bajo el lema \u00abNo Kings\u00bb recorrieron m\u00e1s de 3.000 ciudades. Cientos de miles de personas salieron a las calles de Manhattan, Los \u00c1ngeles, Chicago y decenas de capitales estatales para denunciar lo que consideran una \u00abguerra ilegal\u00bb, la priorizaci\u00f3n del militarismo sobre las necesidades internas y los recortes en salud mientras el gasto b\u00e9lico se dispara.<\/p>\n\n\n\n<p>El sentimiento del consumidor, medido por la Universidad de Michigan, se ha derrumbado: los estadounidenses ven la econom\u00eda \u00abempeorando\u00bb cada d\u00eda que pasa, y la gasolina es el s\u00edmbolo visible de ese declive. El descontento une a los movimientos anti-guerra con las cr\u00edticas a la desigualdad: las protestas mezclan el pacifismo con demandas de justicia social como no se ve\u00eda desde la era de Vietnam.<\/p>\n\n\n\n<p>Este malestar amenaza directamente las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026. Hist\u00f3ricamente, el partido del presidente pierde esca\u00f1os en la C\u00e1mara de Representantes en ocho de cada diez elecciones de medio t\u00e9rmino. Pero esta vez, los dem\u00f3cratas han encontrado un mensaje que resuena: el de la \u00abaccesibilidad\u00bb. Mientras Trump prometi\u00f3 \u00ababundancia\u00bb en su campa\u00f1a de 2024, la realidad es que la gasolina cara erosiona cualquier beneficio fiscal que pudieran haber recibido los hogares del 30% inferior. En estados clave para la elecci\u00f3n de senadores \u2014Michigan, Pennsylvania, Wisconsin, Arizona, Nevada\u2014, el shock energ\u00e9tico golpea con m\u00e1s fuerza porque son econom\u00edas con largas distancias y alta dependencia del autom\u00f3vil.<\/p>\n\n\n\n<p>El escenario base, si los precios del petr\u00f3leo se mantienen altos, pero no se disparan<em>,&nbsp;<\/em>apunta a que los republicanos perder\u00e1n entre 15 y 25 esca\u00f1os en la C\u00e1mara baja, suficientes para devolver la mayor\u00eda a los dem\u00f3cratas. En el Senado, el mapa es m\u00e1s ajustado, pero el riesgo de perder dos o tres esca\u00f1os es real. El escenario optimista para el gobierno ser\u00eda una guerra corta y una reapertura r\u00e1pida del Estrecho de Ormuz antes del verano, lo que permitir\u00eda que los precios de la gasolina retrocedieran y que el descontento se disipara parcialmente. Pero el escenario pesimista \u2014prolongaci\u00f3n del conflicto hasta el oto\u00f1o, estanflaci\u00f3n, desempleo en ascenso y un sentimiento del consumidor en m\u00ednimos hist\u00f3ricos\u2014 convertir\u00eda el descontento en un tsunami electoral. Trump, que construy\u00f3 su identidad pol\u00edtica sobre la promesa de hacer a Estados Unidos \u00abgrande nuevamente\u00bb y de traer \u00ababundancia\u00bb, carga ahora con unas facturas que contradicen cada palabra de su narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00faltima instancia, esta guerra ilustra la falacia m\u00e1s profunda de las intervenciones militares por elecci\u00f3n propia: prometen seguridad y entregan desigualdad. Los costos directos \u2014decenas de miles de millones de d\u00f3lares\u2014 palidecen ante los indirectos. La inflaci\u00f3n que castiga a los pobres. La deuda que hipoteca el futuro de los hijos y los nietos. La polarizaci\u00f3n que erosiona la cohesi\u00f3n social. El posible rev\u00e9s electoral que castigue al partido en el poder. Los<em>&nbsp;think tanks<\/em>&nbsp;como Brookings Institution y el Costs of War Project de la Universidad de Brown llevan a\u00f1os advirtiendo que las guerras se pagan con tres monedas:&nbsp;<strong><em>vidas, d\u00f3lares y confianza p\u00fablica<\/em><\/strong>. La \u00abOperaci\u00f3n Furia \u00c9pica\u00bb no es una excepci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el Estrecho de Ormuz siga siendo un cuello de botella y los quintiles inferiores sigan apretando el cintur\u00f3n, la pregunta persiste, inc\u00f3moda y urgente: \u00bfvali\u00f3 la pena? La respuesta, como siempre en estas tragedias modernas, la dar\u00e1n los que menos pueden permit\u00edrselo. Pagar\u00e1n en los surtidores, en las facturas de la compra, en las cuotas de las tarjetas de cr\u00e9dito y, dentro de veinte a\u00f1os, en unos impuestos m\u00e1s altos para cubrir los intereses de una guerra que nunca pidieron. Y la historia, implacable y sin concesiones, ya est\u00e1 tomando nota.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Marc\u00f3 del Pont (El T\u00e1bano Economista, 6-4-26) Cuando el presidente Donald Trump orden\u00f3 los primeros ataques a\u00e9reos contra Ir\u00e1n el 28 de febrero de 2026, pocos imaginaron que la \u00abOperaci\u00f3n Furia \u00c9pica\u00bb se convertir\u00eda, en apenas un mes, en un espejo implacable de las guerras modernas: costosas, desiguales y pol\u00edticamente t\u00f3xicas. 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