{"id":61683,"date":"2026-08-12T12:32:54","date_gmt":"2026-08-12T16:32:54","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=61683"},"modified":"2026-08-12T12:32:55","modified_gmt":"2026-08-12T16:32:55","slug":"despues-de-nagasaki-contra-la-politica-del-entumecimiento-psiquico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/08\/12\/despues-de-nagasaki-contra-la-politica-del-entumecimiento-psiquico\/","title":{"rendered":"Despu\u00e9s de Nagasaki: contra la pol\u00edtica del entumecimiento ps\u00edquico"},"content":{"rendered":"\n<p>Henry Giroux (Voces del Mundo, 12-8-26)<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo todo lo que se afronta puede cambiarse, pero nada puede cambiarse hasta que se afronte\u00bb, James Baldwin.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo se puede entender el siglo XX sin Hiroshima\u00bb, Robert J. Lifton y Greg Mitchell<\/p>\n\n\n\n<p>Cada d\u00eda nos desplazamos por la pantalla pasando por alto fotograf\u00edas de ni\u00f1os quemados, barrios arrasados por las bombas, familias rebuscando entre los escombros con las propias manos y padres que cargan con los cuerpos de sus hijos e hijas muertos bajo el hormig\u00f3n derrumbado. Esas im\u00e1genes rara vez perturban nuestra conciencia, provocan indignaci\u00f3n o despiertan una exigencia de justicia. Cada vez m\u00e1s, no provocan nada de todo esto. Se registran brevemente antes de disolverse en otra estad\u00edstica, otro titular, otra imagen fugaz en el interminable flujo digital. La violencia se ha vuelto familiar, el sufrimiento, una rutina, y el propio genocidio corre el peligro de convertirse en una imagen m\u00e1s que se consume y se olvida.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata meramente de un fen\u00f3meno pol\u00edtico; es uno de los grandes desastres morales y culturales de nuestra \u00e9poca. No solo nos hemos acostumbrado a vivir en medio de una violencia sin precedentes, sino que se nos ha educado para aceptarla. La crueldad ya no se nos presenta como una ruptura \u00e9tica que exige un juicio y una acci\u00f3n. Se ha integrado en los ritmos de la vida cotidiana, despojada de su capacidad de conmocionar y transformada en un espect\u00e1culo m\u00e1s que compite por nuestra distra\u00edda atenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En tales condiciones, la deshumanizaci\u00f3n de los dem\u00e1s es inseparable de la transformaci\u00f3n de la maquinaria de la muerte en un espect\u00e1culo que se consume con fascinaci\u00f3n m\u00e1s que con horror. La victoria m\u00e1s profunda de la pol\u00edtica autoritaria en el siglo XXI radica no solo en su capacidad para producir un inmenso sufrimiento, dolor y muerte, sino en su capacidad para cultivar la indiferencia moral al tiempo que hace que la violencia parezca seductora, entretenida o inevitable. Cuando las personas dejan de sentir el dolor ajeno, la violencia ya no requiere un consentimiento generalizado; solo necesita una indiferencia generalizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando sobreviene un nuevo aniversario de Hiroshima y Nagasaki, lo hace en gran medida eclipsado por la transformaci\u00f3n que la administraci\u00f3n Trump ha dado al&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.theatlantic.com\/politics\/2026\/06\/trump-250-great-american-state-fair\/687456\/\">250\u00ba aniversario de la naci\u00f3n en un espect\u00e1culo de patriotismo militarizado, creaci\u00f3n de mitos hist\u00f3ricos y triunfalismo estadounidense<\/a><\/strong>. La pompa celebra un relato de inocencia nacional al tiempo que eclipsa una de las mayores atrocidades del siglo XX cometidas en su nombre. La cuesti\u00f3n m\u00e1s urgente, por lo tanto, no es simplemente qu\u00e9 ocurri\u00f3 en agosto de 1945. Es qu\u00e9 ha sido de una sociedad cuyas instituciones formativas educan cada vez m\u00e1s a la gente para que acepte la violencia en lugar de resistirse a ella.<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta va m\u00e1s all\u00e1 de lo que&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.wsws.org\/en\/articles\/2014\/06\/02\/vida-j02.html\">Gore Vidal<\/a><\/strong>&nbsp;describi\u00f3 en su d\u00eda como la \u00abamnesia hist\u00f3rica cultivada\u00bb de Estados Unidos. Bajo el capitalismo mafioso, el olvido se ha convertido en un principio rector del poder. Vivimos en un r\u00e9gimen de&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/searchworks.stanford.edu\/view\/10643489\">olvido organizado<\/a><\/strong>&nbsp;que borra a las personas de la conciencia p\u00fablica al mismo tiempo que borra la propia memoria hist\u00f3rica. Nos ense\u00f1a a mirar sin ver, a presenciar sin sentir y a consumir el sufrimiento ajeno como un espect\u00e1culo m\u00e1s en un ciclo interminable de distracci\u00f3n, entretenimiento y olvido. Estos reg\u00edmenes no son abstracciones. Se hacen visibles cada vez que las pol\u00edticas capaces de provocar un inmenso sufrimiento humano desaparecen bajo el ruido del espect\u00e1culo pol\u00edtico \u2014como en el desmantelamiento por parte de la administraci\u00f3n Trump de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, una pol\u00edtica que, seg\u00fan estimaciones recientes, ha contribuido ya a \u00ab<strong><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/07\/29\/opinion\/elon-musk-far-right-remigration.html\">unas 700.000 muertes en todo el mundo<\/a><\/strong>\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 otra forma podemos entender un mundo en el que&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.unicefusa.org\/stories\/more-50000-children-killed-or-injured-gaza\">m\u00e1s de 64.000 ni\u00f1os palestinos han sido asesinados o heridos en Gaza desde octubre de 2023<\/a><\/strong>, mientras su sufrimiento desaparece casi tan r\u00e1pido como los titulares que lo reconocen brevemente? \u00bfDe qu\u00e9 otra forma explicamos&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.amnestyusa.org\/blog\/u-s-responsible-for-killing-over-100-children-in-iran-school-attack\/\">las muertes de m\u00e1s de cien ni\u00f1as en el bombardeo de una escuela de primaria en Ir\u00e1n<\/a><\/strong>, un suceso que apenas tuvo repercusi\u00f3n antes de ser desplazado por el siguiente espect\u00e1culo fabricado? No se trata de tragedias aisladas. Revelan una condici\u00f3n cultural m\u00e1s amplia en la que la atrocidad se consume, se difunde y se olvida con asombrosa rapidez.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la herida m\u00e1s profunda que inflige la cultura autoritaria. No se limita a normalizar la violencia, sino que reorganiza la conciencia. Separa el sufrimiento de la compasi\u00f3n, la historia de la responsabilidad y la muerte del duelo. Cuando las v\u00edctimas desaparecen de la memoria casi tan r\u00e1pido como desaparecen de la vida, el poder logra uno de sus mayores triunfos: destruye no solo los cuerpos, sino tambi\u00e9n la capacidad p\u00fablica de reconocer su p\u00e9rdida. En ese momento, el olvido se convierte en el acto definitivo de violencia, completando en la conciencia lo que las bombas, las prisiones, los ej\u00e9rcitos y las ocupaciones comienzan en la historia. Robert Jay Lifton ha analizado esta condici\u00f3n cultural de forma muy contundente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.bostonreview.net\/articles\/psychic-numbing\/\">Robert Jay Lifton dio un nombre a esta condici\u00f3n: \u00abentumecimiento ps\u00edquico\u00bb<\/a><\/strong>. Utiliz\u00f3 la expresi\u00f3n para describir la capacidad mermada de sentir ante una violencia abrumadora. Lo que comienza como una defensa psicol\u00f3gica frente a un sufrimiento insoportable puede convertirse en una condici\u00f3n cultural y pol\u00edtica. Sociedades enteras aprenden a mirar sin ver, a presenciar sin sentir y, finalmente, a olvidar. Esta condici\u00f3n no es meramente una aflicci\u00f3n individual, ni un tipo de \u00ab<strong><a href=\"https:\/\/www.bostonreview.net\/articles\/psychic-numbing\/\">duelo alterado<\/a><\/strong>\u00bb; es una forma de pedagog\u00eda p\u00fablica. La cultivan las escuelas vaciadas de pensamiento cr\u00edtico, conciencia hist\u00f3rica y prop\u00f3sito c\u00edvico; la producen&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.versobooks.com\/products\/214-scorched-earth\">las culturas medi\u00e1ticas<\/a><\/strong>&nbsp;organizadas en torno al espect\u00e1culo, las plataformas digitales que premian la distracci\u00f3n, una cultura de la inmediatez y los relatos pol\u00edticos que nos ense\u00f1an a acomodarnos a la crueldad en lugar de enfrentarnos a ella. Frente a esta pedagog\u00eda del olvido se erige la dif\u00edcil y, necesariamente, inquietante labor de la memoria hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas cuestiones son importantes porque el recuerdo no es lo mismo que la memoria hist\u00f3rica. Los rituales oficiales de recuerdo a menudo nos consuelan al confinar la cat\u00e1strofe de forma segura al pasado. Como se\u00f1ala Eddie S. Glaude Jr. en&nbsp;<strong><em><a href=\"https:\/\/www.penguinrandomhouse.com\/books\/673832\/america-usa-by-eddie-s-glaude-jr\/\">America, U.S.A.<\/a><\/em><\/strong>, la memoria hist\u00f3rica desempe\u00f1a una funci\u00f3n muy diferente. Nos devuelve a historias inconclusas cuyas consecuencias siguen presentes en el presente.&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2016\/06\/20\/opinion\/the-violence-of-forgetting.html\">Nos inquieta en lugar de tranquilizarnos<\/a><\/strong>. Rechaza el consuelo de la distancia e insiste en que el pasado nunca es verdaderamente pasado cuando las condiciones que lo generaron perduran en formas alteradas. La memoria hist\u00f3rica no nos pide simplemente que recordemos lo que ocurri\u00f3. Exige que reconozcamos c\u00f3mo las l\u00f3gicas que hicieron posible la cat\u00e1strofe siguen configurando el presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Hiroshima y Nagasaki pertenecen precisamente a este tipo de memoria hist\u00f3rica porque nos recuerdan que las atrocidades comienzan mucho antes de que caiga la primera bomba. Comienzan cuando el lenguaje se desvincula de la responsabilidad moral, cuando la historia se borra o se reescribe mediante el vocabulario de la conquista y la colonizaci\u00f3n, y cuando poblaciones enteras se consideran prescindibles antes de ser destruidas. Todo genocidio es, ante todo, una crisis del lenguaje, de la memoria y de la imaginaci\u00f3n moral. Para cuando la maquinaria de la muerte se pone en marcha, el trabajo m\u00e1s profundo ya se ha llevado a cabo: se ha debilitado la compasi\u00f3n, se ha desmantelado la conciencia hist\u00f3rica y se ha normalizado la violencia como si fuera de sentido com\u00fan. Hiroshima y Nagasaki no solo son s\u00edmbolos de una destrucci\u00f3n sin precedentes, sino tambi\u00e9n advertencias sobre la cultura pol\u00edtica que hace que tal destrucci\u00f3n sea imaginable. Pocos han expresado esta verdad con m\u00e1s contundencia que el difunto&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.howardzinn.org\/collection\/the-bombs-of-august\/\">Howard Zinn<\/a><\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 medios podr\u00edan ser m\u00e1s horribles que la quema, la mutilaci\u00f3n, la ceguera y la irradiaci\u00f3n de cientos de miles de hombres, mujeres y ni\u00f1os japoneses? Y, sin embargo, es absolutamente esencial que nuestros l\u00edderes pol\u00edticos defiendan el bombardeo, porque si se consigue que los estadounidenses acepten eso, entonces podr\u00e1n aceptar cualquier guerra, cualquier medio, siempre y cuando los belicistas puedan aportar una raz\u00f3n. Y siempre hay razones plausibles que llegan desde lo alto, como las que recibi\u00f3 Mois\u00e9s en el Monte.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><a href=\"https:\/\/us.macmillan.com\/books\/9781250070050\/hiroshimanagasaki\/\">Los bombardeos at\u00f3micos no fueron meros acontecimientos militares que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial<\/a><\/strong>. Inauguraron una nueva formaci\u00f3n hist\u00f3rica en la que los logros cient\u00edficos se hicieron inseparables de la matanza industrializada, la racionalidad tecnol\u00f3gica se impuso al juicio \u00e9tico y la aniquilaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n civil pudo justificarse mediante el lenguaje edulcorado de la necesidad militar, la seguridad nacional y la inevitabilidad hist\u00f3rica. Mucho antes de que las bombas incineraran ciudades, ya se hab\u00eda producido otra devastaci\u00f3n. Los seres humanos se hab\u00edan transformado en abstracciones, deshumanizados a trav\u00e9s de insultos racistas, c\u00e1lculos estrat\u00e9gicos y da\u00f1os colaterales.<\/p>\n\n\n\n<p>La bomba estall\u00f3 primero en la conciencia.&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.rile.space\/books\/decolonising-the-mind-the-politics-of-language-in-african-literature\">Como nos recuerda Ng\u0169g\u0129 wa Thiong\u2019o<\/a><\/strong>: \u00abEl lenguaje, como cultura, es el banco de memoria colectivo de la experiencia de un pueblo a lo largo de la historia\u00bb. Cuando el lenguaje es colonizado, la propia memoria se vuelve vulnerable a la conquista, que se apodera de la conciencia mucho antes de apoderarse del territorio. Mucho antes de que Hiroshima y Nagasaki quedaran reducidas a cenizas, el lenguaje ya hab\u00eda sido despojado de toda responsabilidad moral, la memoria hab\u00eda sido reescrita al servicio del imperio y poblaciones enteras hab\u00edan quedado convertidas en prescindibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa ruptura moral no desapareci\u00f3 con las nubes en forma de hongo que se alzaron sobre Hiroshima y Nagasaki. Qued\u00f3 arraigada en instituciones, pol\u00edticas, relatos culturales y pr\u00e1cticas educativas que normalizaban el militarismo al tiempo que ensalzaban el dominio tecnol\u00f3gico, desvinculado de cualquier restricci\u00f3n \u00e9tica. La bomba se transform\u00f3 en un s\u00edmbolo de virtud nacional, en lugar de una advertencia sobre el abismo al que hab\u00eda ca\u00eddo la civilizaci\u00f3n moderna.&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.abebooks.com\/first-edition\/Hiroshima-America-Lifton-R-Putnam-Adult\/32390782043\/bd\">Como observaron Robert Jay Lifton y Greg Mitchell<\/a><\/strong>, la cultura pol\u00edtica estadounidense construy\u00f3 un relato oficial que no buscaba afrontar la cat\u00e1strofe moral de Hiroshima, sino redimirla, convirtiendo un acto de destrucci\u00f3n sin precedentes en una historia de inocencia y salvaci\u00f3n nacionales. Ese relato hizo algo m\u00e1s que justificar la bomba. Reorganiz\u00f3 la conciencia moral.<\/p>\n\n\n\n<p>Lifton sosten\u00eda que Hiroshima no solo caus\u00f3 da\u00f1o a sus v\u00edctimas, sino que tambi\u00e9n dej\u00f3 una profunda huella en el imaginario estadounidense, y foment\u00f3 una cultura de negaci\u00f3n, justificaci\u00f3n moral y entumecimiento emocional. Sin embargo, nunca consider\u00f3 a Hiroshima \u00fanicamente como una fuente de desesperaci\u00f3n. Insisti\u00f3 en que afrontar con honestidad su legado moral pod\u00eda fomentar la resiliencia, la renovaci\u00f3n y lo que \u00e9l denomin\u00f3 \u00ab<strong><a href=\"https:\/\/www.psychologytoday.com\/ca\/blog\/psychology-and-history\/202301\/retooling-for-coping-with-the-assault-on-democracy\">sabidur\u00eda de los supervivientes<\/a><\/strong>\u00bb, y restaurar la memoria hist\u00f3rica y la imaginaci\u00f3n moral necesarias para resistir futuras cat\u00e1strofes. Esa visi\u00f3n resulta a\u00fan m\u00e1s urgente hoy en d\u00eda, ya que los h\u00e1bitos de negaci\u00f3n e indiferencia que \u00e9l identific\u00f3 han traspasado los l\u00edmites de la era nuclear y se han convertido en rasgos definitorios de la cultura pol\u00edtica contempor\u00e1nea.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre los supervivientes de Hiroshima, esta capacidad disminuida para sentir funcion\u00f3 inicialmente como una forma tr\u00e1gica de supervivencia psicol\u00f3gica. Ante escenas demasiado horribles de asimilar, muchos se vieron emocionalmente paralizados, temporalmente incapaces de responder al panorama de muerte que les rodeaba. Pero Lifton ampli\u00f3 el concepto mucho m\u00e1s all\u00e1. Sostuvo que esa misma condici\u00f3n tambi\u00e9n caracterizaba a quienes dise\u00f1aron la bomba, autorizaron su uso, justificaron su necesidad y, posteriormente, defendieron su legitimidad moral. Lo que comenz\u00f3 como una defensa psicol\u00f3gica de emergencia se convirti\u00f3 gradualmente en una condici\u00f3n cultural.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta reflexi\u00f3n va mucho m\u00e1s all\u00e1 de Hiroshima. Lo que comienza como una defensa frente a un sufrimiento insoportable puede convertirse en una cultura pol\u00edtica organizada en torno a la indiferencia. Una sociedad que aprende a no sentir una atrocidad adquiere gradualmente la capacidad de ignorar otras. Lifton advirti\u00f3 que, una vez que los estadounidenses construyeron lo que \u00e9l denomin\u00f3 un \u00abcord\u00f3n sanitario\u00bb alrededor de Hiroshima \u2014una barrera que les proteg\u00eda de enfrentarse a sus implicaciones morales\u2014, ese h\u00e1bito de evasi\u00f3n se extendi\u00f3 a otras formas de sufrimiento colectivo. El entumecimiento no se detuvo en Hiroshima. Se convirti\u00f3 en una forma de habitar el mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada podr\u00eda describir mejor nuestro momento hist\u00f3rico actual. Vivimos en sociedades saturadas de im\u00e1genes de cat\u00e1strofes. Sin embargo, en lugar de ampliar nuestra imaginaci\u00f3n \u00e9tica, esta exposici\u00f3n implacable suele provocar agotamiento, indiferencia y resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y lo que es a\u00fan m\u00e1s preocupante, alimenta una cultura b\u00e9lica resurgente que glorifica la dominaci\u00f3n, celebra la masculinidad militarizada y equipara la fuerza f\u00edsica con el valor moral. Como argument\u00f3 Susan Sontag en su cl\u00e1sico ensayo sobre la est\u00e9tica fascista, la cultura autoritaria hace algo m\u00e1s que justificar la violencia; la estetiza. La dominaci\u00f3n se vuelve seductora, la jerarqu\u00eda hermosa, la sumisi\u00f3n deseable y el espect\u00e1culo del poder se desvincula del sufrimiento que produce. La violencia ya no se presenta como una cat\u00e1strofe moral, sino como una emocionante demostraci\u00f3n de fuerza, disciplina, virilidad y renovaci\u00f3n nacional.&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.counterpunch.org\/2026\/03\/20\/trumps-crusade-christian-nationalism-and-the-making-of-a-holy-war\/\">La celebraci\u00f3n de la masculinidad militarizada por parte del secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth<\/a><\/strong>, no es simplemente una postura pol\u00edtica; es la expresi\u00f3n contempor\u00e1nea de esta est\u00e9tica fascista. Transforma la dominaci\u00f3n en virtud, la fuerza f\u00edsica en autoridad moral, la misoginia en autenticidad masculina y la violencia en la m\u00e1xima expresi\u00f3n de la ciudadan\u00eda. Al hacerlo, redefine la propia ciudadan\u00eda, sustituyendo la responsabilidad democr\u00e1tica por la obediencia militarizada, el valor c\u00edvico por la masculinidad guerrera y la vida p\u00fablica por un teatro de la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>En una cultura as\u00ed, la violencia se convierte en otro g\u00e9nero de entretenimiento, otro espect\u00e1culo en la econom\u00eda de la distracci\u00f3n. La circulaci\u00f3n constante del sufrimiento ya no aumenta la compasi\u00f3n; la erosiona, ense\u00f1ando a la gente no solo a presenciar la violencia, sino, cada vez m\u00e1s, a admirarla, consumirla y normalizarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Lifton anticip\u00f3 esta transformaci\u00f3n con extraordinaria claridad. A medida que se extiende esta desensibilizaci\u00f3n moral \u2014argumentaba\u2014, las personas necesitan espect\u00e1culos de violencia cada vez mayores simplemente para sentir algo. El desastre se normaliza y el sufrimiento cotidiano pierde su capacidad para conmovernos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed es donde el legado de Hiroshima converge con la cultura digital del siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p>Los algoritmos premian la indignaci\u00f3n y desalientan la reflexi\u00f3n. Las redes sociales sacan provecho del miedo, el resentimiento y la humillaci\u00f3n. Los medios de comunicaci\u00f3n corporativos reducen la guerra a un espect\u00e1culo, comprimiendo historias insoportables en im\u00e1genes desechables. La inteligencia artificial acelera la difusi\u00f3n de la propaganda, las teor\u00edas conspirativas y los mitos raciales, al tiempo que reduce el tiempo necesario para emitir un juicio reflexivo. Cada vez m\u00e1s, nos encontramos con el sufrimiento no como seres humanos, sino como datos, contenidos o im\u00e1genes que se desplazan por la pantalla. La distancia se vuelve permanente. La responsabilidad se desvanece.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata simplemente de una crisis tecnol\u00f3gica. Es una crisis pedag\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada cultura ense\u00f1a a las personas c\u00f3mo ver, qu\u00e9 valorar, qu\u00e9 vidas importan y qu\u00e9 muertes pueden ignorarse. Las instituciones educativas m\u00e1s poderosas de hoy en d\u00eda ya no son solo las escuelas. Son las plataformas digitales, los medios de comunicaci\u00f3n corporativos, las industrias del entretenimiento y los sistemas algor\u00edtmicos que organizan la propia atenci\u00f3n. Estas instituciones hacen m\u00e1s que distribuir informaci\u00f3n. Moldean la conciencia, organizan la atenci\u00f3n y cultivan h\u00e1bitos emocionales. Fabrican formas de identificaci\u00f3n al tiempo que ense\u00f1an la indiferencia hacia los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>En tales condiciones, el fascismo ya no necesita m\u00edtines espectaculares ni uniformes para reproducirse. Act\u00faa de forma m\u00e1s silenciosa y, por ello, a menudo con mayor eficacia. Remodela la percepci\u00f3n, coloniza el lenguaje, erosiona la memoria hist\u00f3rica y ense\u00f1a a la gente a considerar a poblaciones enteras como invasores, par\u00e1sitos, delincuentes, terroristas o amenazas demogr\u00e1ficas, en lugar de como seres humanos como nosotros. Para cuando la maquinaria de la violencia se pone en marcha, su victoria m\u00e1s profunda ya se ha conseguido: la imaginaci\u00f3n democr\u00e1tica se ha vaciado de contenido, la compasi\u00f3n ha cedido ante el miedo y la idea de que las personas son prescindibles se ha convertido en sentido com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda esta pedagog\u00eda de la deshumanizaci\u00f3n se est\u00e1 normalizando una vez m\u00e1s. Los llamamientos a la deportaci\u00f3n masiva, las fantas\u00edas de purificaci\u00f3n \u00e9tnica disfrazadas de \u00abreemigraci\u00f3n\u00bb, los ataques contra los inmigrantes, las teor\u00edas de la conspiraci\u00f3n raciales y la ret\u00f3rica genocida dirigida contra los palestinos dependen todos de un logro educativo previo: ense\u00f1ar a la gente a considerar ciertas vidas como desechables.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/video\/opinion\/100000011062430\/its-time-to-see-elon-musk-for-what-he-is.html\">Por eso son importantes figuras como Elon Musk<\/a><\/strong>. Son importantes no porque sean excepcionalmente malvadas, sino porque ocupan puestos de mando dentro de los aparatos culturales que ahora educan a cientos de millones de personas. Cuando las conspiraciones racistas, el p\u00e1nico demogr\u00e1fico y las fantas\u00edas autoritarias se amplifican a trav\u00e9s de plataformas que llegan a gran parte del mundo, la propaganda supremacista blanca se transforma en sentido com\u00fan. El odio se normaliza precisamente porque se repite, se difunde, se recompensa y se despoja de su genealog\u00eda hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/07\/29\/opinion\/elon-musk-far-right-remigration.html\">Como ha se\u00f1alado Jamelle Bouie<\/a><\/strong>, la ret\u00f3rica de Musk ya no se limita a insinuaciones veladas o a provocaciones en Internet. Se hace cada vez m\u00e1s eco de temas extra\u00eddos del imaginario nacionalista blanco contempor\u00e1neo: esl\u00f3ganes afirmativos como \u00abPrimero los traidores, luego los invasores\u00bb; declaraciones como que \u00abcualquiera que se oponga a la reemigraci\u00f3n es un traidor\u00bb; la amplificaci\u00f3n del p\u00e1nico demogr\u00e1fico ante el descenso de la natalidad entre la poblaci\u00f3n blanca; y la normalizaci\u00f3n del lenguaje del \u00abreemplazo racial\u00bb y la \u00ablimpieza \u00e9tnica\u00bb. Bouie tambi\u00e9n se\u00f1ala la inquietante resonancia entre esta ret\u00f3rica y el imaginario pol\u00edtico de&nbsp;<em>The Turner Diaries<\/em>, donde los \u00abtraidores\u00bb que defienden una democracia multirracial son se\u00f1alados para su eliminaci\u00f3n antes de que comience la campa\u00f1a contra los supuestos \u00abinvasores\u00bb. Esto no debe descartarse simplemente como ret\u00f3rica incendiaria.&nbsp; Un lenguaje de este tipo no se limita a describir el mundo; prepara a la gente para vivir en uno en el que la exclusi\u00f3n, la purificaci\u00f3n racial y la violencia pol\u00edtica parecen no solo leg\u00edtimas, sino necesarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, debemos resistir la tentaci\u00f3n de describir a figuras como Elon Musk, Donald Trump, Benjamin Netanyahu o Stephen Miller simplemente como monstruos.&nbsp;<strong><a href=\"https:\/\/www.savageminds.co\/p\/nuremberg-for-itself\">Como observa Jorge Gonz\u00e1lez Arocha<\/a><\/strong>, el lenguaje de la monstruosidad puede satisfacer nuestra indignaci\u00f3n moral, pero, en \u00faltima instancia, oscurece los mecanismos m\u00e1s profundos del poder. Los monstruos existen al margen de la historia. Se imaginan como aberraciones, excepciones a la vida cotidiana. El fascismo no es ninguna de las dos cosas. Se produce dentro de la historia, se cultiva a trav\u00e9s de las instituciones, se sustenta mediante las burocracias, se legitima por ley, se amplifica por los medios de comunicaci\u00f3n y se normaliza a trav\u00e9s de las pr\u00e1cticas pedag\u00f3gicas cotidianas de las escuelas, las plataformas digitales, las industrias del entretenimiento y la cultura pol\u00edtica. Cuando imaginamos el autoritarismo como obra de monstruos, confundimos los s\u00edntomas con las causas, pasando por alto las relaciones sociales, los mecanismos institucionales y las fuerzas culturales que hacen posible ese tipo de pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>La lecci\u00f3n perdurable de Hiroshima no es que los monstruos se hagan con el poder de vez en cuando. Es que personas cultas, instituciones respetadas, cient\u00edficos aclamados, periodistas complacientes y ciudadanos de a pie pueden convertirse en participantes de sistemas que separan la inteligencia t\u00e9cnica de la responsabilidad moral. Los bur\u00f3cratas que planearon Hiroshima no eran monstruos. Los cient\u00edficos que perfeccionaron la bomba no eran monstruos. Los periodistas que la alabaron no eran monstruos. Eran producto de instituciones que transformaron la muerte masiva en una necesidad administrativa y una obligaci\u00f3n moral. Los mayores cr\u00edmenes de la modernidad rara vez se cometen al margen de la civilizaci\u00f3n; se cometen en su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>El peligro pol\u00edtico del lenguaje de la monstruosidad radica en que individualiza lo que es, en esencia, sist\u00e9mico. Nos anima a buscar personalidades malvadas en lugar de culturas autoritarias, l\u00edderes patol\u00f3gicos en lugar de los aparatos pedag\u00f3gicos que educan a las personas para que acepten la crueldad, la desechabilidad y el olvido organizado. Si se elimina a un l\u00edder autoritario, otro ocupar\u00e1 su lugar mientras permanezcan intactas las instituciones, los intereses econ\u00f3micos, los ecosistemas medi\u00e1ticos y las fuerzas educativas que fabrican la conciencia autoritaria. Esa es la lecci\u00f3n perdurable de Hiroshima, y sigue siendo la lecci\u00f3n pol\u00edtica central de nuestra propia \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia nunca se repite de forma mec\u00e1nica. Gaza no es Hiroshima. Nagasaki no es Gaza. Sus historias son diferentes, sus contextos distintos. Pero revelan una l\u00f3gica pol\u00edtica recurrente: poblaciones civiles convertidas en prescindibles, violencia abrumadora justificada como necesidad, lenguaje burocr\u00e1tico que sustituye al juicio \u00e9tico y superioridad tecnol\u00f3gica confundida con legitimidad moral. Siempre que los seres humanos se convierten en abstracciones en lugar de personas, las condiciones para la atrocidad ya est\u00e1n presentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso es importante recordar Nagasaki. La comparaci\u00f3n hist\u00f3rica es valiosa no porque borre las diferencias, sino porque revela l\u00f3gicas pol\u00edticas recurrentes.<\/p>\n\n\n\n<p>La memoria hist\u00f3rica rompe el hechizo de la indiferencia moral. Restablece el v\u00ednculo entre el sentimiento y el juicio, la conciencia y la pol\u00edtica. Nos recuerda que todo genocidio no comienza con la maquinaria de la muerte, sino con la pedagog\u00eda de la deshumanizaci\u00f3n. Mucho antes de que se destruyan los cuerpos, se corrompe el lenguaje, se borra la historia, se ridiculiza la compasi\u00f3n y se ense\u00f1a a poblaciones enteras a desaparecer moralmente antes de desaparecer f\u00edsicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lifton cre\u00eda que afrontar Hiroshima pod\u00eda convertirse en una fuente de renovaci\u00f3n porque nos permit\u00eda recuperar nuestra imaginaci\u00f3n moral, volver a aprender a sentir y reconectarnos con el proyecto humano en su conjunto. Esa puede ser la lecci\u00f3n m\u00e1s importante que nos ofrece hoy Nagasaki.<\/p>\n\n\n\n<p>La lucha contra el fascismo comienza no solo resistiendo a las instituciones autoritarias, sino rechazando la indiferencia moral de la que dependen. Frente al olvido organizado y a la fabricaci\u00f3n del analfabetismo y la amnesia, debemos recuperar la memoria hist\u00f3rica. Frente a la pol\u00edtica de lo desechable, debemos insistir en la dignidad irreducible de toda vida humana. Frente a los seductores mitos de la omnipotencia tecnol\u00f3gica y la guerra permanente, debemos recuperar un lenguaje capaz de nombrar tanto la verdad como la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>El abismo autoritario ya no es una posibilidad lejana. Ha entrado en el presente. Aparece all\u00ed donde la democracia cede ante el militarismo, all\u00ed donde la crueldad se celebra como fortaleza, all\u00ed donde se borra la memoria hist\u00f3rica y all\u00ed donde se despoja a pueblos enteros de su humanidad en nombre de la seguridad, la pureza racial o el destino nacional. Las fuerzas que provocaron Hiroshima y Nagasaki no han desaparecido; han adoptado nuevos lenguajes, nuevas tecnolog\u00edas y nuevas justificaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n ya no es si recordamos Hiroshima y Nagasaki. La cuesti\u00f3n es si somos capaces de recuperar la urgencia moral necesaria para impedir que su l\u00f3gica se convierta en la gram\u00e1tica pol\u00edtica definitoria del siglo XXI. La memoria hist\u00f3rica ya no es simplemente un acto de recuerdo; se ha convertido en una condici\u00f3n para la supervivencia. Recordar es resistir. Pero la memoria no puede seguir siendo un santuario para la conciencia; debe convertirse en un catalizador de la lucha colectiva. Su prop\u00f3sito m\u00e1s elevado no es simplemente preservar el pasado, sino interrumpir, romper o transformar el presente. Solo cuando el recuerdo da lugar a la solidaridad, a la resistencia organizada y a la lucha por crear un mundo m\u00e1s justo, honra a aquellos cuyas vidas la historia ha intentado borrar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Henry Giroux (Voces del Mundo, 12-8-26) \u00abNo todo lo que se afronta puede cambiarse, pero nada puede cambiarse hasta que se afronte\u00bb, James Baldwin. \u00abNo se puede entender el siglo XX sin Hiroshima\u00bb, Robert J. 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