{"id":61834,"date":"2026-08-26T11:19:34","date_gmt":"2026-08-26T15:19:34","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=61834"},"modified":"2026-08-26T11:19:36","modified_gmt":"2026-08-26T15:19:36","slug":"por-que-atacan-al-nobel-que-defiende-a-la-clase-trabajadora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/08\/26\/por-que-atacan-al-nobel-que-defiende-a-la-clase-trabajadora\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 atacan al Nobel que defiende a la clase trabajadora?"},"content":{"rendered":"\n<p>Alberto Garz\u00f3n Espinosa (El Diario, 26-8-26)<\/p>\n\n\n\n<p>Daron Acemoglu ha utilizado las herramientas de la econom\u00eda convencional para mostrar que la tecnolog\u00eda y el mercado no producen autom\u00e1ticamente una prosperidad compartida. Aceptar ese razonamiento pone en tela de juicio todas las promesas de los promotores de la IA y aboga por pol\u00edticas p\u00fablicas totalmente distintas a las que se defienden desde los centros de poder vinculados a las grandes tecnol\u00f3gicas<\/p>\n\n\n\n<p>Daron Acemoglu, economista ganador del llamado premio Nobel de econom\u00eda en 2024, acaba de publicar un nuevo libro titulado What Happened to Liberal Democracy? (\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 con la democracia liberal?) y la famosa revista The Economist, fundada en 1843 y paradigma de la defensa del libre comercio y del liberalismo econ\u00f3mico, ha aprovechado para pasarle algunas facturas. En un art\u00edculo que ha sorprendido a todos, la revista aprovech\u00f3 para lanzar unas dispersas cr\u00edticas te\u00f3ricas a su trabajo y, sobre todo, para impugnar el estatus del reputado economista. Quiz\u00e1s la mejor prueba es que The Economist afirma en su titular que Acemoglu es extra\u00f1amente poco convincente y que sus argumentos \u201csobre la IA son adem\u00e1s pesimistas hasta el punto de perder credibilidad\u201d. No es de extra\u00f1ar que el afectado haya considerado el ataque como algo personal y haya tenido que responder p\u00fablicamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo apunta a que la causa \u00faltima del desencuentro se encuentra en el hecho de que el trabajo acad\u00e9mico de Acemoglu, que gira en torno al cambio t\u00e9cnico y el papel de la inteligencia artificial, ha desembocado en una propuesta para reforzar a la clase trabajadora. Este punto es precisamente uno de los atacados por The Economist, que etiqueta su enfoque como pesimista e inespec\u00edfico. La economista M\u00f2nica Mart\u00ednez Bravo sintetiz\u00f3 bien esta tensi\u00f3n al escribir: \u201cQu\u00e9 cosas tan curiosas pasan cuando un Nobel de Econom\u00eda escribe un libro defendiendo volver a poner a la clase trabajadora en el centro de la pol\u00edtica econ\u00f3mica\u201d. En este an\u00e1lisis vamos a ver en qu\u00e9 sentido y hasta qu\u00e9 punto la visi\u00f3n de Mart\u00ednez Bravo es cierta. Y, de paso, aprovechamos para meternos en el apasionante y preocupante mundo de las consecuencias socioecon\u00f3micas de la inteligencia artificial.<\/p>\n\n\n\n<p>El papel de la automatizaci\u00f3n<br>Uno de los grandes interrogantes de la econom\u00eda es averiguar cu\u00e1les son los efectos de la automatizaci\u00f3n, es decir, de la sustituci\u00f3n de trabajadores humanos por m\u00e1quinas. \u00bfSe destruye empleo?, \u00bfse deprimen los salarios?, \u00bfse modifica la correlaci\u00f3n de fuerzas entre capital y trabajo? Se trata de un debate que, despu\u00e9s de doscientos a\u00f1os, no ha derivado en consenso alguno, sino en diferentes enfoques con los que pensar un proceso tan complejo. Y, para entenderlo bien, tenemos que remontarnos a comienzos del siglo XIX.<\/p>\n\n\n\n<p>David Ricardo es considerado uno de los padres fundadores de la econom\u00eda pol\u00edtica. Con veintipocos a\u00f1os se hizo millonario especulando en bolsa y pudo retirarse a sus propiedades a escribir. Su libro Principios de Econom\u00eda Pol\u00edtica y Tributaci\u00f3n se convirti\u00f3 pronto en un indispensable, y sigue siendo la base de la actual teor\u00eda del comercio internacional e incluso de la teor\u00eda del valor-trabajo del marxismo. En las dos primeras ediciones Principios, Ricardo apenas tuvo nada que decir especial sobre el proceso de automatizaci\u00f3n, pues compart\u00eda el criterio convencional y optimista de los economistas de la \u00e9poca. Es importante que entendamos esta forma de pensar la automatizaci\u00f3n, porque es a grandes rasgos la que domina en la profesi\u00f3n todav\u00eda. Seg\u00fan esta visi\u00f3n, cuando las m\u00e1quinas sustituyen a trabajadores en un proceso productivo se producen dos efectos. El primero, el obvio de que un cierto n\u00famero de personas pierden su empleo. El segundo, que la propia introducci\u00f3n de las nuevas m\u00e1quinas es capaz de crear nuevos puestos de trabajo que absorber\u00e1n el empleo previamente expulsado.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, para los economistas no estamos ante un problema preocupante porque la econom\u00eda se regula de manera que la introducci\u00f3n de m\u00e1quinas (la incorporaci\u00f3n de nueva tecnolog\u00eda) es capaz de mantener el nivel de empleo. Y Ricardo pensaba m\u00e1s o menos esto, pero s\u00f3lo hasta 1821.<\/p>\n\n\n\n<p>En su famosa tercera edici\u00f3n de los Principios, Ricardo introdujo un nuevo cap\u00edtulo donde consider\u00f3 err\u00f3nea la visi\u00f3n convencional y reconoci\u00f3 que \u201cestoy convencido ahora de que la sustituci\u00f3n del trabajo humano por la maquinaria es, a menudo, muy perjudicial a los intereses de la clase trabajadora\u201d. El impacto de este cambio fue enorme, y su disc\u00edpulo John Ramsay McCulloch se quej\u00f3 ante \u00e9l amargamente (p. 381) porque entend\u00eda que daba p\u00e1bulo a los movimientos obreros antimaquinaria. Era un tiempo de enorme agitaci\u00f3n social, ya que la Revoluci\u00f3n Industrial se estaba desplegando en el Reino Unido y estaba transformando radicalmente el modo de vida de la clase trabajadora.<\/p>\n\n\n\n<p>En un art\u00edculo acad\u00e9mico de 2024, Daron Acemoglu y Simon Johnson trataron justamente este momento hist\u00f3rico. Para ellos el cambio de Ricardo respecto de la maquinaria tuvo que ver con que el hecho de que fuera elegido miembro de la C\u00e1mara de los Comunes, es decir, diputado. Gracias a eso, Ricardo fue testigo de lo que realmente estaba ocurriendo en la industria del algod\u00f3n y, de ese modo, pudo corregir sus ideas previas. Porque lo que estaba pasando no ten\u00eda nada que ver con la visi\u00f3n optimista de los economistas, sino que la Revoluci\u00f3n Industrial estaba deteriorando gravemente las condiciones de vida de la clase trabajadora.<\/p>\n\n\n\n<p>El art\u00edculo, por cierto, se apoya en gran medida en los trabajos de dos gigantes de la historiograf\u00eda marxista brit\u00e1nica, Edward Palmer Thompson y Eric Hobsbawm (aunque tambi\u00e9n cita, de manera complementaria, al reputado \u2014l\u00e9ase, convencional\u2014 historiador Joel Mokyr). Los n\u00fameros de Acemoglu indican que, con la automatizaci\u00f3n, los salarios reales de los tejedores manuales cayeron un m\u00ednimo de un 25%, sin que esos trabajadores pudieran trasladarse a nuevos sectores emergentes. Simplemente, sus condiciones de vida fueron arrasadas por la introducci\u00f3n de maquinaria en la industria. La paradoja es que como la productividad estaba creciendo, y los salarios no, los empresarios ganaron enormes beneficios que elevaron la desigualdad. En palabras que repite mucho Acemoglu, la prosperidad no fue compartida.<\/p>\n\n\n\n<p>La l\u00f3gica de esta lectura cr\u00edtica del proceso de automatizaci\u00f3n ya hab\u00eda sido incorporada en el trabajo de Acemoglu mucho antes. Donde aparece de forma divulgativa con m\u00e1s claridad es en su libro de 2023 Power and Progress (Poder y progreso), coescrito tambi\u00e9n con Simon Johnson, donde subrayaban que no hay nada autom\u00e1ticamente beneficioso para la sociedad en la introducci\u00f3n de nueva tecnolog\u00eda. Seg\u00fan ellos, que los incrementos de productividad sean compartidos depende de aspectos como el tipo de tecnolog\u00eda, las instituciones (normas, costumbres, leyes) y la orientaci\u00f3n que se quiera imprimir desde la sociedad. De manera significativa, Acemoglu y Johnson aceptan que la prosperidad s\u00f3lo es compartida cuando los avances de la tecnolog\u00eda se apartan del inter\u00e9s ego\u00edsta de las \u00e9lites. De ah\u00ed que los autores explicaran que la clave para entender los aumentos de calidad de vida de la clase trabajadora durante la segunda mitad del siglo XIX tuvieran que ver con la democratizaci\u00f3n del sistema pol\u00edtico, el crecimiento de los sindicatos y la legislaci\u00f3n para proteger los derechos de los trabajadores; elementos todos que obligaban a orientar el cambio tecnol\u00f3gico en otra direcci\u00f3n distinta a la de los meros intereses econ\u00f3micos de las \u00e9lites. Cualquiera familiarizado con la historia del movimiento obrero puede ver en este razonamiento de Acemoglu y Johnson un elemento pol\u00edtico claramente subversivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que cuidarse mucho de pensar que esto es solo historia econ\u00f3mica, o econom\u00eda pol\u00edtica del siglo XIX. El punto de referencia de Acemoglu es siempre el cambio tecnol\u00f3gico actual, y m\u00e1s concretamente la adopci\u00f3n de la inteligencia artificial en los procesos productivos actuales. Pero Acemoglu usa la historia econ\u00f3mica para reflexionar sobre el proceso contempor\u00e1neo, pregunt\u00e1ndose (en Power and Progress) qu\u00e9 pasa si los economistas convencionales est\u00e1n equivocados y la IA fundamentalmente provoca distorsiones en el mercado de trabajo que incrementan la desigualdad de salarios y empleo, su impacto redistribuye poder hacia las \u00e9lites, empobrece a miles de millones de personas en el mundo no desarrollado, si refuerza prejuicios \u00e9tnicos o sociales, o si destruye las instituciones democr\u00e1ticas. Su conclusi\u00f3n ha sido que lo que necesita la sociedad contempor\u00e1nea es, como ocurri\u00f3 en el siglo XIX, el crecimiento de contraargumentos y organizaciones que puedan contrarrestar al pensamiento convencional. Para hacerse una idea m\u00e1s completa, baste decir que uno de los \u00faltimos art\u00edculos de Acemoglu, firmado con David Autor y Simon Johnson, se llama \u201cBuilding pro-worker artificial intelligence\u201d (Construir una inteligencia artificial favorable a los trabajadores).<\/p>\n\n\n\n<p>No es un economista heterodoxo, lo que lo hace m\u00e1s peligroso<br>Aunque a algunos les haya parecido demasiado disidente, debemos recordar que Daron Acemoglu no es un revolucionario en el sentido cl\u00e1sico. Ni siquiera en su disciplina. El primer libro suyo que lleg\u00f3 a mi biblioteca no fue un ensayo, sino su manual Introduction to Modern Economic Growth de 2009. Se trata de un texto de posgrado con \u00e1lgebra sumamente avanzada y en el que se repasan los modelos de crecimiento econ\u00f3mico desde una \u00f3ptica unilateral: la neocl\u00e1sica (una teor\u00eda ahist\u00f3rica que abandona muchas de las preocupaciones de los economistas cl\u00e1sicos, como Adam Smith, David Ricardo o Karl Marx). Esta es la dominante en las facultades de econom\u00eda, y frente a ella se han elevado hist\u00f3ricamente otras escuelas de pensamiento, como la poskeynesiana o la marxista, consideradas por ello como heterodoxas. Acemoglu pertenece a esta escuela de pensamiento, y de hecho recientemente ha afirmado que encuentra la discusi\u00f3n sobre el capitalismo \u201cdescerebrada\u201d. En la cosmovisi\u00f3n subyacente a los modelos de Acemoglu no hay relaciones de producci\u00f3n, el poder entra como una categor\u00eda de capacidad de negociaci\u00f3n y captura regulatoria y la visi\u00f3n de las instituciones es d\u00e9bil y nunca estructural. Consecuentemente, su concepto de clase trabajadora no es marxista, pero conduce a lo que \u00e9l denomina \u201cliberalismo de clase trabajadora\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todo esto es, para los economistas convencionales, lo que realmente supone un peligro. Porque Acemoglu llega a sus \u201cradicales\u201d conclusiones desde dentro de la profesi\u00f3n y del mainstream. Todo su trabajo acad\u00e9mico es una l\u00facida (y algebraicamente compleja) reformulaci\u00f3n de los modelos neocl\u00e1sicos de progreso t\u00e9cnico. Y cada paso que ha dado en los \u00faltimos veinte a\u00f1os, como considerar el reparto del ingreso entre capital y trabajo end\u00f3geno al cambio t\u00e9cnico, lo hace sin recurrir a la vast\u00edsima cantidad de trabajos heterodoxos que ya pisaron ese camino mucho antes que \u00e9l. Hoy Acemoglu tiene una visi\u00f3n del comercio que no ser\u00eda extra\u00f1a para los autores marxistas, y una visi\u00f3n de la distribuci\u00f3n de la renta que reconocer\u00edan autores poskeynesianos como Joan Robinson o Nicholas Kaldor. Y ya hemos visto que su lectura de algunos aspectos de la historia econ\u00f3mica del siglo XIX presenta sorprendentes puntos de contacto con la historiograf\u00eda marxista.<\/p>\n\n\n\n<p>La clave es que Acemoglu ha llegado a conclusiones muy similares a la de las escuelas postkeynesianas e incluso marxistas, pero empleando otros conceptos y m\u00e9todos. Los economistas convencionales no pueden criticarle por falta de brillantez t\u00e9cnica, ampliamente acreditada, pero est\u00e1n asustados por las conclusiones pol\u00edticas que se extraen de su desviaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con Joseph Stiglitz ya se hab\u00eda ensayado la jugada. El economista estadounidense recibi\u00f3 el Nobel en el a\u00f1o 2001 por sus contribuciones a la teor\u00eda neocl\u00e1sica, en particular por sus an\u00e1lisis con informaci\u00f3n asim\u00e9trica, y durante los a\u00f1os noventa destac\u00f3, entre otras cosas, por su cr\u00edtica a la versi\u00f3n dura de la econom\u00eda ecol\u00f3gica. Gracias a todo ello se convirti\u00f3 en el economista jefe del Banco Mundial, una de las instituciones encargadas de promover el \u2018Consenso de Washington\u2019 entre los pa\u00edses en desarrollo, es decir, de imponer pol\u00edticas neoliberales. Antes de terminar su mandato, Stiglitz abandon\u00f3 su cargo y en 2002 public\u00f3 su libro Globalization and Its Discontents, donde cuestion\u00f3 gran parte de la pol\u00edtica neoliberal. Se trataba de un duro diagn\u00f3stico que a los estudiantes de posgrado de Econom\u00eda Internacional y del Desarrollo siempre nos pareci\u00f3 ilustrativo: un neocl\u00e1sico criticando las conclusiones de su viejo paradigma.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ahora, tambi\u00e9n The Economist fue punta de lanza contra lo que les parec\u00eda un giro inadmisible, afirmando con iron\u00eda que \u201cStliglitz podr\u00eda haber escrito un buen libro sobre globalizaci\u00f3n. Quiz\u00e1s la pr\u00f3xima vez\u201d y reconociendo que era un economista brillante antes de rebajar completamente su estatus. No fue el \u00fanico ejemplo, ya que el entonces director de investigaci\u00f3n del FMI (la otra pata neoliberal en el sistema internacional), Kenneth Rogoff, atac\u00f3 duramente a Stiglitz y asent\u00f3 la conclusi\u00f3n generalizada entre los economistas convencionales, a saber, que como acad\u00e9mico Stiglitz era un genio con una mente maravillosa, pero que como pol\u00edtico era mucho menos impresionante. Es el precedente m\u00e1s claro del art\u00edculo de The Economist contra Daron Acemoglu.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que podemos esperar en los pr\u00f3ximos a\u00f1os es un proceso, encabezado por parte de la comunidad mainstream y del que The Economist es solo la avanzadilla, para intentar devaluar la reputaci\u00f3n de Acemoglu, no tanto en sus bases t\u00e9cnicas sino por sus \u201cextravagancias\u201d pol\u00edticas. Como ya hemos visto, no es el primer caso y probablemente no ser\u00e1 el \u00faltimo, pero la l\u00f3gica est\u00e1 impresa desde hace mucho tiempo. El aura de respetabilidad en la comunidad de los economistas convencionales es dependiente tanto de las bases t\u00e9cnicas (con una alta sofisticaci\u00f3n matem\u00e1tica, lo que hace muy inaccesible su comprensi\u00f3n para el p\u00fablico general) como de la \u201crazonabilidad\u201d de las conclusiones pol\u00edticas. Recordemos que el premio Nobel de Econom\u00eda no es tal, ya que Alfred Nobel nunca consider\u00f3 entregar uno de esta materia. Que hoy exista un premio Nobel de Econom\u00eda es resultado del inter\u00e9s del banco central sueco que, en 1968 y en un contexto de duro enfrentamiento con los socialdem\u00f3cratas suecos (que estaban desplegando su v\u00eda reformista al socialismo), necesitaba mejorar la reputaci\u00f3n de quienes defend\u00edan sus posiciones pol\u00edticas (conservadoras). El gran economista sueco Gunnar Myrdal recibi\u00f3 el premio en 1974, pero su propia interpretaci\u00f3n es que como era un \u201cradical\u201d (sus propias palabras) le hicieron compartirlo con un \u201creaccionario\u201d, Friedrich Hayek. En 1977, escribi\u00f3 un breve art\u00edculo reconociendo que se equivoc\u00f3 al aceptarlo, que la econom\u00eda no es una ciencia equivalente a la f\u00edsica o las \u201cciencias duras\u201d y que, ojo, no deber\u00eda existir el premio Nobel. Lo que suger\u00eda, en \u00faltima instancia, es que se trataba de un reconocimiento muy cargado de valores y principios pol\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Consecuencias para la actualidad<br>El trabajo de Daron Acemoglu tiene, para m\u00ed, muchos l\u00edmites. Quiz\u00e1s el m\u00e1s obvio es que, a pesar de girar en torno a la tecnolog\u00eda y el cambio t\u00e9cnico, toda consideraci\u00f3n sobre la energ\u00eda est\u00e1 ausente. Hablar de la transformaci\u00f3n de la econom\u00eda del siglo XIX en el Reino Unido sin mencionar el papel del carb\u00f3n es extra\u00f1o. Tambi\u00e9n resulta problem\u00e1tica la escasa atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n imperial de la industrializaci\u00f3n brit\u00e1nica, es decir, al hecho de que el comercio colonial, la esclavitud, la extracci\u00f3n de recursos y la posici\u00f3n de Gran Breta\u00f1a en la econom\u00eda mundial formaron parte de las condiciones hist\u00f3ricas en las que se produjo la Revoluci\u00f3n Industrial. Esto tiene que ver con otro punto ampliamente criticado a Acemoglu, esta vez desde la heterodoxia, y presente en libros anteriores como Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty (Por qu\u00e9 fracasan los pa\u00edses), coescrito con James Robinson. La visi\u00f3n del desarrollo econ\u00f3mico de Acemoglu es institucionalista, atribuyendo a aspectos tales como la innovaci\u00f3n, la democracia o los tipos de gobierno la variable central que determina qu\u00e9 pa\u00edses crecen y cu\u00e1les no.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero su interpretaci\u00f3n sobre la inteligencia artificial y su \u00e9nfasis en el modelo de tareas \u2014que no se automatizan empleos sino tareas\u2014 y la constataci\u00f3n de que los efectos de la automatizaci\u00f3n dependen del poder y de instituciones como las leyes es correcto y crucial para nuestro presente. Es cierto que otras tradiciones pueden ofrecer enfoques m\u00e1s agudos y estructurales sobre el papel de la tecnolog\u00eda, pero la originalidad y brillantez de Acemoglu es que ha llegado al mismo destino que autores heterodoxos, aunque por otro camino. Existen complementariedades entre las diferentes tradiciones que merecen la pena explotar. Por ejemplo, su insistencia en diferentes trabajos en que la tecnolog\u00eda puede usarse (mal) para elevar el control sobre los trabajadores (cosa que la IA ya est\u00e1 haciendo) puede beneficiarse mucho de toda la tradici\u00f3n marxista que nace con el fant\u00e1stico libro del marxista Harry Braverman y que revolucion\u00f3 toda la teor\u00eda sobre el mercado de trabajo. O el papel de la distribuci\u00f3n del ingreso, que es no s\u00f3lo un aspecto moral sino tambi\u00e9n de eficiencia econ\u00f3mica (sobre todo en modelos donde la demanda juega un papel importante).<\/p>\n\n\n\n<p>Para terminar, apuntar que hay muchos aspectos sin concluir en el trabajo de Daron Acemoglu que merecer\u00e1n un desarrollo en los pr\u00f3ximos meses y a\u00f1os, y que son claves para la pol\u00edtica p\u00fablica. La proposici\u00f3n central de Acemoglu es que la tecnolog\u00eda, para que promueva una prosperidad compartida, tiene que estar dirigida. Los cr\u00edticos, incluido el texto de The Economist, se\u00f1alan lo ambiguo que resulta eso en la pr\u00e1ctica. Tienen raz\u00f3n en este punto, ya que el trazo de Acemoglu y sus coautores apunta en la direcci\u00f3n de intervenir en los destinos del mercado autorregulado a fin de dirigir la tecnolog\u00eda \u2018hacia otra parte\u2019. Por la comparaci\u00f3n hist\u00f3rica se deduce que el efecto buscado es el fortalecimiento de los sindicatos, de la democracia y del poder frente a las \u00e9lites (l\u00e9ase, los tecnooligarcas), pero est\u00e1 ausente todav\u00eda el \u2018c\u00f3mo\u2019 lograr todo eso.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, Acemoglu insiste en que la sociedad tiene alternativas a la implantaci\u00f3n de tecnolog\u00eda en formas que provocan graves da\u00f1os a la clase trabajadora. \u00c9l acepta que los empresarios buscan elevar sus beneficios y aumentar la productividad promedio del trabajo, aunque esa implantaci\u00f3n no produzca bienestar social (en su terminolog\u00eda, que no incremente la productividad marginal del trabajo). Un an\u00e1lisis estructural objetar\u00e1 que un empresario asume una determinada tecnolog\u00eda maximizadora de beneficios porque est\u00e1 obligado por la competencia, de modo que no est\u00e1 claro c\u00f3mo podr\u00eda ser de otra forma sin recurrir a instrumentos cl\u00e1sicos como la regulaci\u00f3n estatal. En el fondo, la gram\u00e1tica habitual de un proceso de \u201cdirecci\u00f3n tecnol\u00f3gica\u201d es la que tiene que ver con la planificaci\u00f3n, el Estado y la protecci\u00f3n social; y probablemente por ah\u00ed vendr\u00e1n las pr\u00f3ximas discusiones en el campo.<\/p>\n\n\n\n<p>En definitiva, espero haber mostrado por qu\u00e9 creo, junto con otros economistas, que se explica la cr\u00edtica de The Economist a un economista ampliamente reputado y brillante. El problema de Acemoglu para el mainstream es que ha utilizado las propias herramientas conceptuales de la econom\u00eda convencional para mostrar que la tecnolog\u00eda y el mercado no producen autom\u00e1ticamente una prosperidad compartida. Aceptar ese razonamiento implica poner en tela de juicio todas las promesas de los promotores de la IA (y tambi\u00e9n los costes que lleva asociados, donde la energ\u00eda de nuevo juega un papel central) y abogar por pol\u00edticas p\u00fablicas totalmente distintas a las que se defienden desde los centros de poder vinculados a las grandes empresas tecnol\u00f3gicas. Para m\u00ed, ese camino es muy fruct\u00edfero y es claro que necesitamos m\u00e1s prosperidad compartida, es decir, m\u00e1s intervenciones y pol\u00edticas como las de Acemoglu.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Garz\u00f3n Espinosa (El Diario, 26-8-26) Daron Acemoglu ha utilizado las herramientas de la econom\u00eda convencional para mostrar que la tecnolog\u00eda y el mercado no producen autom\u00e1ticamente una prosperidad compartida. 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