{"id":61856,"date":"2026-08-27T11:26:53","date_gmt":"2026-08-27T15:26:53","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=61856"},"modified":"2026-08-27T11:26:54","modified_gmt":"2026-08-27T15:26:54","slug":"reformar-el-capitalismo-no-es-suficiente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/08\/27\/reformar-el-capitalismo-no-es-suficiente\/","title":{"rendered":"Reformar el capitalismo no es suficiente"},"content":{"rendered":"\n<p>Bhaskar Sunkara (Jacobin, 27-8-26)<\/p>\n\n\n\n<p>Apostar por el retorno de algo parecido a una era de compromiso entre las clases es una ilusi\u00f3n y un error de diagn\u00f3stico. Cualquier proyecto pol\u00edtico de izquierda comprometido con el socialismo y la democracia debe apostar por una estrategia de ruptura con el capitalismo. El lema de las ocho horas \u2014ocho, ocho y ocho\u2014 sigue siendo relevante hoy en d\u00eda. No era una simple demanda reformista; era una reivindicaci\u00f3n revolucionaria sobre el prop\u00f3sito de la vida humana. Y quiero argumentar que todo el proyecto socialista es, al final, una lucha sobre esa cuesti\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Hist\u00f3ricamente, se podr\u00eda decir que nuestro movimiento socialista hizo tres cosas dentro de un movimiento obrero m\u00e1s amplio. Primero, dio una versi\u00f3n agitadora de los cr\u00edmenes del capitalismo y el imperialismo, para recordar a la gente las realidades cotidianas del sistema al que nos enfrent\u00e1bamos. En segundo lugar, nos dio una visi\u00f3n de un mundo despu\u00e9s del capitalismo. Y en tercer lugar \u2014la parte que distingui\u00f3 al movimiento socialista de nuestros compa\u00f1eros anarquistas\u2014 proporcion\u00f3 una explicaci\u00f3n convincente de c\u00f3mo llegar de aqu\u00ed a all\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero centrarme en esta \u00faltima cuesti\u00f3n, la de la estrategia socialista y la transici\u00f3n, y luego abordar la necesidad de tener realmente una visi\u00f3n convincente de c\u00f3mo podr\u00eda ser un socialismo despu\u00e9s del capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me interesa aqu\u00ed plantear algunos argumentos: quiero explicar por qu\u00e9 la socialdemocracia se encuentra en una encrucijada de la que nunca podr\u00e1 recuperarse por completo. Quiero explicar por qu\u00e9, parad\u00f3jicamente, el colapso del socialismo reformista ha sido una cat\u00e1strofe, incluso y especialmente para los revolucionarios que siempre se han situado a su izquierda y predijeron su impasse. Y quiero explicar c\u00f3mo ser\u00eda una tercera v\u00eda viable y por qu\u00e9 esta tercera v\u00eda no puede eludir la cuesti\u00f3n de la ruptura, por mucho que nos gustar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, quiero afirmar la viabilidad&nbsp;<em>t\u00e9cnica<\/em>&nbsp;de un socialismo despu\u00e9s del capitalismo y por qu\u00e9 esbozar \u00abrecetas para las cocinas del futuro\u00bb es en realidad una necesidad para todos los que luchamos hoy por un mundo m\u00e1s all\u00e1 del capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El dilema<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando miramos la edad de oro socialdem\u00f3crata de la posguerra, existe la tentaci\u00f3n de tratarla como un tipo diferente de receta. Suecia prepar\u00f3 esto, Australia hizo una variante, los daneses y los austriacos le dieron su toque: sindicatos fuertes, pleno empleo, salarios en alza, estados de bienestar. A menudo miramos ese mundo que a\u00fan est\u00e1 en la memoria viva y, naturalmente, decimos: \u00abEso funcion\u00f3; solo hay que traer de vuelta a los chefs a la cocina\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta idea tiene un poder real. El recuerdo de los acuerdos de la posguerra, la nostalgia por aspectos de la estabilidad y la dignidad que brindaba a la gente, y la idea de que la avaricia de los patrones y la corrupci\u00f3n de los pol\u00edticos son la raz\u00f3n por la que hoy, como dice el refr\u00e1n, \u00abno podemos tener cosas bonitas\u00bb, ha beneficiado significativamente a nuestra generaci\u00f3n de la izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero para los cuadros de nuestra nueva izquierda, vale la pena reflexionar sobre el conjunto particular de condiciones de los a\u00f1os 50 y 60 que dieron lugar a la socialdemocracia de la posguerra. Un alto crecimiento econ\u00f3mico y el r\u00e1pido aumento de la productividad que lo acompa\u00f1\u00f3. Sindicatos fuertes, con gran arraigo en las masas, que luchaban por salarios m\u00e1s altos en el lugar de producci\u00f3n y aportaban votos a los partidos obreros en las elecciones. Econom\u00edas nacionales relativamente cerradas y una movilidad de capital limitada. El empleo industrial en expansi\u00f3n, lo que significaba que la clase trabajadora se concentraba en grandes lugares de trabajo donde era f\u00e1cil organizarse, en lugar de estar dispersa. Y una estructura demogr\u00e1fica favorable: mucha gente en edad de trabajar y relativamente pocos jubilados, por lo que el emergente estado de bienestar era m\u00e1s barato de financiar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas condiciones encubr\u00edan la contradicci\u00f3n central de la socialdemocracia. Permitieron que un movimiento que, en general, nunca cuestion\u00f3 qui\u00e9n pose\u00eda los medios de producci\u00f3n, transformara, no obstante, partiendo de una base baja, radicalmente las vidas de los trabajadores y la trayectoria de sociedades enteras. Un trabajador en 1945 y el hijo de ese mismo trabajador en 1975 viv\u00edan en mundos casi diferentes, y la socialdemocracia pod\u00eda atribuirse gran parte del m\u00e9rito. Durante un tiempo, la contradicci\u00f3n \u2014el haber empoderado a los trabajadores pol\u00edticamente y en el lugar de trabajo, al tiempo que se dejaba en manos privadas el poder de dirigir la inversi\u00f3n y generar riqueza\u2014 no abrum\u00f3 al sistema. Hab\u00eda suficiente para salarios m\u00e1s altos, suficiente para las ganancias y suficiente para el estado de bienestar adem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Y entonces las condiciones cambiaron dr\u00e1sticamente. En las econom\u00edas capitalistas avanzadas de hoy, la producci\u00f3n se organiza en redes globalizadas que son m\u00e1s dif\u00edciles de controlar para los gobiernos nacionales. El capital financiero es extraordinariamente poderoso y m\u00f3vil; y disciplina a cualquier gobierno que intente desafiarlo o le genere desconfianza, tal como disciplin\u00f3 a la Francia de Fran\u00e7ois Mitterrand en 1983, y tal como los mercados de bonos le recuerdan a todo ministro de Hacienda hasta el d\u00eda de hoy. Sin mencionar que existen enormes sectores tecnol\u00f3gicos que seguir\u00e1n transformando r\u00e1pidamente las econom\u00edas de formas dif\u00edciles de anticipar.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de eso, las poblaciones est\u00e1n envejeciendo, por lo que la tasa de dependencia que abarataba el estado de bienestar se ha invertido. El crecimiento de la productividad se ha desacelerado, especialmente en Europa, lo que hace que el capital est\u00e9 menos dispuesto a aceptar compromisos corporativistas. En relaci\u00f3n con esto, la densidad sindical se ha desplomado en casi todo el mundo capitalista avanzado. Y en un mundo m\u00e1s globalizado, los Estados compiten a\u00fan m\u00e1s entre s\u00ed para atraer inversiones, rebajando sus propios impuestos y est\u00e1ndares laborales en el proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>Un gobierno que llega hoy al poder con un programa socialdem\u00f3crata tradicional se enfrenta a restricciones que eran mucho menos estrictas en el per\u00edodo de la posguerra. Estoy convencido, a nivel pol\u00edtico, de que un \u00abmanual de 1970\u00bb todav\u00eda puede utilizarse para ganar elecciones en 2026, pero estoy igualmente convencido de que est\u00e1 condenado al fracaso como programa de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, no se trata solo de que las restricciones sean m\u00e1s estrictas. Es que la socialdemocracia ha perdido su base social. La densa clase trabajadora industrial que constitu\u00eda el cuerpo de esos partidos se ha reducido en n\u00famero y se ha dispersado ideol\u00f3gicamente. En este entorno, creado solo en parte por ellos mismos, los socialdem\u00f3cratas han tenido que ampliar su atractivo a una base de clase menos cohesionada.<\/p>\n\n\n\n<p>A trav\u00e9s de estas adaptaciones, en la mayor\u00eda de los partidos del mundo, los partidos socialdem\u00f3cratas siguen siendo viables como amplias coaliciones electorales&nbsp;<em>progresistas<\/em>. Pero es probable que estas coaliciones sean m\u00e1s propensas a limitar su programa a la redistribuci\u00f3n a posteriori mediante impuestos y transferencias que a lo que realmente hizo que la socialdemocracia de la posguerra fuera revolucionaria en sus efectos: el control estrat\u00e9gico de la inversi\u00f3n y la configuraci\u00f3n de la econom\u00eda antes de la distribuci\u00f3n (o \u00abpredistribuci\u00f3n\u00bb).<\/p>\n\n\n\n<p>Las crisis econ\u00f3micas de la d\u00e9cada de 1970 desempe\u00f1aron un papel m\u00e1s importante en la transformaci\u00f3n de la socialdemocracia en una p\u00e1lida imitaci\u00f3n de s\u00ed misma que la evidente falta de fibra moral de algunos l\u00edderes socialdem\u00f3cratas. Qued\u00f3 claro que el viejo modelo no pod\u00eda continuar y que hab\u00eda que cambiarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>A la derecha de la socialdemocracia, se observ\u00f3 una aceptaci\u00f3n m\u00e1s precipitada del nuevo entorno. Pensemos en el Nuevo Laborismo de Tony Blair, que acept\u00f3 el acuerdo thatcherista sobre los mercados laborales y la desregulaci\u00f3n financiera y adopt\u00f3 la ret\u00f3rica de los mercados flexibles y la condicionalidad laboral de la asistencia social (el&nbsp;<em>welfare-to-work<\/em>), al tiempo que combinaba estas pol\u00edticas con la defensa de las instituciones existentes del estado de bienestar, como el Servicio Nacional de Salud brit\u00e1nico, y la redistribuci\u00f3n selectiva para ayudar a quienes se encontraban en la situaci\u00f3n de mayor necesidad, como la campa\u00f1a de Blair contra la pobreza infantil.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que s\u00e9 de la propia historia de Australia, el Acuerdo [una serie de pactos alcanzados entre el gobierno de Hawke-Keating y el movimiento sindical en los a\u00f1os 80 y principios de los 90] fue uno de los intentos m\u00e1s ambiciosos de gestionar la crisis mediante una negociaci\u00f3n centralizada. Los trabajadores aceptaron moderar sus demandas salariales; a cambio, se les prometi\u00f3 un \u00absalario social\u00bb como compensaci\u00f3n. Puede que hayan obtenido mayores concesiones que sus pares de otros pa\u00edses, pero a\u00fan as\u00ed sufrieron la misma dosis de financiarizaci\u00f3n y desregulaci\u00f3n de la econom\u00eda australiana, as\u00ed como los cambios que hicieron que el capital fuera m\u00e1s m\u00f3vil y la mano de obra m\u00e1s d\u00e9bil.<\/p>\n\n\n\n<p>Compare estas respuestas de la derecha y el centro de la socialdemocracia con el camino no tomado. En la Suecia de los a\u00f1os 70, ante la disminuci\u00f3n de la inversi\u00f3n y la creciente crisis econ\u00f3mica, la federaci\u00f3n sindical LO propuso tomar una parte de las ganancias cada a\u00f1o y transferir gradualmente la propiedad de las grandes empresas a fondos controlados por los trabajadores \u2014un verdadero puente de la socialdemocracia hacia el socialismo, financiado por la moderaci\u00f3n salarial que los trabajadores ya practicaban en el sistema sueco de negociaci\u00f3n salarial centralizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Apuntaba tanto a la crisis econ\u00f3mica como a la contradicci\u00f3n m\u00e1s amplia de la propia socialdemocracia al abordar directamente la cuesti\u00f3n de la propiedad de los medios de producci\u00f3n. Pero, en \u00faltima instancia, la propuesta fue licuada no solo por errores estrat\u00e9gicos y la oposici\u00f3n del capital, sino tambi\u00e9n por la oposici\u00f3n de la propia direcci\u00f3n del Partido Socialdem\u00f3crata. No hab\u00eda construido el apoyo de masas para la socializaci\u00f3n de la producci\u00f3n y \u2014aunque hubiera querido, cosa que no hizo\u2014 no pudo movilizar a nadie m\u00e1s que a los trabajadores con mayor conciencia de clase para la transformaci\u00f3n de las relaciones de propiedad. Un partido que se hab\u00eda construido para gestionar el capitalismo en inter\u00e9s de los trabajadores no pudo gestionar una transici\u00f3n al socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda, los socialdem\u00f3cratas, en lugar de debatir una mayor propiedad social, luchan en un nuevo entorno social y econ\u00f3mico por mantener incluso los compromisos existentes que hicieron con el capital.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que ese es el dilema. La izquierda todav\u00eda es capaz de lograr victorias electorales mediante la ret\u00f3rica socialdem\u00f3crata, pero la profundidad social de nuestras coaliciones ganadoras es mucho m\u00e1s escasa, y el margen para gobernar dentro del capitalismo es a\u00fan m\u00e1s estrecho que antes. El simple hecho de desear volver a 1970 no es una estrategia viable.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La paradoja<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Algunos de ustedes en la multitud podr\u00edan estar diciendo: \u00abEste no es mi problema. Nunca fui ni ser\u00e9 socialdem\u00f3crata\u00bb. Pero el declive del socialismo reformista ha sido una cat\u00e1strofe tambi\u00e9n para el socialismo revolucionario. Durante la mayor parte del siglo XX, los revolucionarios consideraban a los l\u00edderes reformistas \u2014los bur\u00f3cratas sindicales, los socialistas parlamentarios, los punteros o caudillos locales\u2014 como obst\u00e1culos para una pol\u00edtica m\u00e1s radical. Gente que llevar\u00eda a los trabajadores al borde de un momento decisivo de la verdad frente al poder capitalista y luego se acobardar\u00eda o se vender\u00eda. Y hab\u00eda algo de verdad en eso, por supuesto.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, miren el universo que esos partidos y sindicatos reformistas ayudaron a crear. Politizaron a los trabajadores: tomaron a personas de los m\u00e1s diversos or\u00edgenes y les dieron una identidad como miembros subjetivos de una clase basada en su posici\u00f3n objetiva en la econom\u00eda. Construyeron y mantuvieron las instituciones en las que viv\u00eda esa identidad: los sindicatos, las cooperativas, las sociedades de trabajadores, la prensa obrera y salones como este. Capacitaron a organizadores y ense\u00f1aron a la gente c\u00f3mo dirigir reuniones, c\u00f3mo hacer una colecta, c\u00f3mo montar un piquete y c\u00f3mo pronunciar un discurso. Y lo hicieron a gran escala, tocando las vidas de millones de personas.<\/p>\n\n\n\n<p>La izquierda revolucionaria surgi\u00f3 del mismo terreno del movimiento obrero que la izquierda reformista, pero, aun cuando las escisiones la convirtieron en una minor\u00eda, sigui\u00f3 aliment\u00e1ndose de la pol\u00edtica de masas de clase que a menudo lideraban los reformistas. Un partido comunista pod\u00eda salir a reclutar a los trabajadores m\u00e1s militantes y con mayor conciencia de clase precisamente porque hab\u00eda&nbsp;<em>millones<\/em>&nbsp;de trabajadores organizados de&nbsp;<em>entre los<\/em>&nbsp;que reclutar. Aunque estos partidos aspiraban a m\u00e1s que esto, como m\u00ednimo, estaban seleccionando a la capa m\u00e1s avanzada de la c\u00faspide de un movimiento que la pol\u00edtica reformista de masas era en gran medida responsable de mantener.<\/p>\n\n\n\n<p>El capitalismo mismo produjo a la clase trabajadora como una categor\u00eda&nbsp;<em>objetiva<\/em>, como una condici\u00f3n de explotaci\u00f3n que pretendemos abolir. Pero el trabajador como sujeto&nbsp;<em>pol\u00edtico<\/em>&nbsp;fue construido deliberadamente, a trav\u00e9s de instituciones, y como sabemos muy bien en nuestros tiempos sombr\u00edos, la pol\u00edtica de clase de masas no es una caracter\u00edstica garantizada de la pol\u00edtica bajo el capitalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se desplom\u00f3 la afiliaci\u00f3n sindical, cuando los partidos obreros se desviaron y se debilitaron, cuando las asociaciones de la clase trabajadora, capturadas desde hac\u00eda tiempo por los reformistas, cerraron sus puertas, los trabajadores no se volvieron m\u00e1s revolucionarios. Privados de las instituciones que los hab\u00edan convertido en una clase, se volvieron, en cambio, m\u00e1s desvinculados pol\u00edticamente, individualizados y, a veces, m\u00e1s nacionalistas o xen\u00f3fobos, o al menos m\u00e1s profundamente c\u00ednicos respecto a cualquier tipo de pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00abescuela del socialismo\u00bb \u2014la idea, que incluso sosten\u00edan cr\u00edticas agudas del reformismo como Rosa Luxemburg, de que la lucha cotidiana por los salarios, las horas y las condiciones&nbsp;<em>educa<\/em>&nbsp;a la clase trabajadora, desarrolla sus capacidades y le ense\u00f1a su propio poder\u2014 ahora parece cerrada. Si la acci\u00f3n colectiva resulta demasiado dif\u00edcil o peligrosa, o no parece viable para la gente \u2014y la mayor\u00eda de los trabajadores solo experimentan el trabajo y las estrategias individuales frente al costo de vida, no luchas coordinadas por los salarios, la vivienda y la democracia en el lugar de trabajo\u2014, entonces los llamamientos de la izquierda revolucionaria tienen a\u00fan menos resonancia en el d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Insisto en esto porque tiene una implicaci\u00f3n estrat\u00e9gica: no hay atajos para el paciente reconstruccionismo de la organizaci\u00f3n y la identidad de la clase trabajadora. Tanto el revolucionario que intenta crear un avance radical desde el bajo nivel de politizaci\u00f3n actual como el socialdem\u00f3crata nost\u00e1lgico que quiere arrancar su cup\u00e9 de 1970 de inmediato se encontrar\u00e1n con la falta de un agente de clase y de un clima organizativo que solo existir\u00e1 si lo construimos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La tercera v\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La tercera v\u00eda no es una socialdemocracia zombi, ni es una oposici\u00f3n pura. Es un socialismo democr\u00e1tico cuyo prop\u00f3sito no es&nbsp;<em>administrar de manera estable<\/em>&nbsp;el capitalismo en inter\u00e9s de los trabajadores \u2014porque hemos visto que las condiciones para una administraci\u00f3n estable se han evaporado en gran medida\u2014, sino impulsar los ejes de la democratizaci\u00f3n y la socializaci\u00f3n. Utilizar cada cargo que gane, cada reforma que apruebe, cada instituci\u00f3n que construya, para ampliar las capacidades democr\u00e1ticas de los trabajadores y expandir la esfera de la propiedad social. Y hacerlo a trav\u00e9s de partidos de masas a los que miles de personas comunes puedan realmente unirse y dar forma, pero que, no obstante, est\u00e9n&nbsp;<em>program\u00e1ticamente comprometidos con el socialismo<\/em>&nbsp;como un destino abiertamente articulado y como una pr\u00e1ctica cotidiana.<\/p>\n\n\n\n<p>La apertura y el compromiso program\u00e1tico con el socialismo deben ir de la mano. Un partido que es abierto pero no tiene un destino claro se convierte en un progresismo laxo donde cabe cualquier cosa que navega a la deriva all\u00e1 donde soplen los vientos electorales. Un partido que tiene un destino pero es cerrado \u2014con criterios de afiliaci\u00f3n excesivamente estrictos\u2014 tendr\u00e1 m\u00e1s dificultades tanto para construir como para, en \u00faltima instancia, fusionarse con un movimiento obrero m\u00e1s amplio. Necesitamos ambas cosas: un partido de masas amplio y acogedor con un horizonte socialista claro, as\u00ed como un plan de transici\u00f3n socialista plasmado en su programa y en sus declaraciones p\u00fablicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta no es una propuesta novedosa, pero es diferente del enfoque populista de izquierda que sigue siendo dominante en la izquierda global. Que construyamos nuevos partidos socialistas o transformemos los partidos existentes en partidos socialistas de masas depende del pa\u00eds en el que nos organicemos. Pero no sirve de mucho construir sin cr\u00edtica alguna partidos de todo tipo que solo est\u00e9n comprometidos con una forma m\u00e1s pura de socialdemocracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestros partidos socialistas deben lograr reformas que&nbsp;<em>mejoren materialmente la vida de la gente<\/em>, porque si no podemos hacer eso, es seguro decir que nadie confiar\u00e1 en nuestra capacidad para lograr cualquier otra cosa. Pero debemos priorizar las reformas en parte seg\u00fan un segundo criterio: \u00bfAmpl\u00edan las capacidades democr\u00e1ticas de los trabajadores y prefiguran las transformaciones socialistas m\u00e1s radicales que esperamos ver en el futuro?<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos buscar reformas que fortalezcan (y democraticen) los sindicatos y construyan cooperativas e instituciones p\u00fablicas democr\u00e1ticas para reconstruir la infraestructura de la clase trabajadora que hemos perdido en las \u00faltimas d\u00e9cadas. Debemos aumentar constantemente la esfera de la propiedad social y el control de los trabajadores. Y debemos crear deliberadamente bases de apoyo con un inter\u00e9s material en ir&nbsp;<em>m\u00e1s all\u00e1<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>El capitalismo del estado de bienestar no puede ser nuestro destino final, pero en cada momento y en cada nivel de gobierno, los socialistas nos enfrentaremos a una contradicci\u00f3n que debemos resolver: nuestra dependencia de la acumulaci\u00f3n de capitalistas privados para financiar el estado y proporcionar empleo productivo a los trabajadores. Incluso podr\u00edamos ser nosotros mismos quienes pisemos el freno. Nada es menos deseable como programa que un proceso que vaya demasiado lejos para el capitalismo, pero no lo suficientemente a fondo para el socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La estrategia general de lo que una tradici\u00f3n m\u00e1s antigua denominaba \u00abreformas no reformistas\u00bb \u2014reformas que se miden no solo por el bien que hacen hoy, sino por si cambian el equilibrio de poder y abren la puerta al ma\u00f1ana\u2014 sigue pareciendo nuestra mejor v\u00eda para salir de este atolladero. Pero tal estrategia solo tiene sentido si ponemos en primer plano nuestro destino final: el socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy en d\u00eda casi no hay ning\u00fan partido de izquierda en crecimiento \u2014desde Die Linke hasta La France Insoumise\u2014 que articule sistem\u00e1ticamente el socialismo como teor\u00eda y pr\u00e1ctica. Ante el dilema estructural de la socialdemocracia en nuestra \u00e9poca, no hay raz\u00f3n para creer que estos partidos, y mucho menos los partidos Verdes europeos o la centroizquierda tradicional, vayan a seguir un programa muy diferente al de los actuales partidos de centroizquierda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cuesti\u00f3n de la ruptura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Vale la pena reconocer que, en la pr\u00e1ctica, las \u00abreformas no reformistas\u00bb se han utilizado a menudo como tapadera ret\u00f3rica para un gradualismo c\u00f3modo que deber\u00edamos rechazar por varias razones. Incluso si existe un camino socialdem\u00f3crata&nbsp;<em>hacia<\/em>&nbsp;un socialismo poscapitalista \u2014incluso si la secuencia relativamente paciente que acabo de describir es la correcta\u2014, no podemos eludir la cuesti\u00f3n de la ruptura.<\/p>\n\n\n\n<p>En alg\u00fan momento, en alg\u00fan punto de esa secuencia, tiene que haber una ruptura definitiva con las relaciones de propiedad capitalistas, un punto en el que la propiedad de los medios de producci\u00f3n estrat\u00e9gicos de la sociedad pase de manos privadas. No se puede llegar a la abolici\u00f3n de las clases mediante una serie infinita de ajustes infinitamente peque\u00f1os, para inclinar la balanza en contra del capital. En alg\u00fan momento, debe haber un gran cambio que requiera apoyo popular y movilizaci\u00f3n extraparlamentaria para llevarse a cabo, con un riesgo considerable para la estabilidad de un gobierno socialista democr\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>La vieja imagen, que podemos encontrar en antiguos textos de la izquierda de la socialdemocracia y en las tradiciones gramscianas del eurocomunismo de izquierda, es la del movimiento obrero rodeando lentamente la fortaleza del capital. Se cavan las trincheras, se construyen los fosos y las m\u00e1quinas de asedio, se rodea la ciudadela con contrainstituciones, y un d\u00eda se gana la guerra de posiciones y la fortaleza cae.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema es que la fortaleza no es est\u00e1tica. El capital no es un castillo; es un enemigo din\u00e1mico. Mientras nosotros cavamos pacientemente nuestras trincheras, \u00e9l est\u00e1 reestructurando la producci\u00f3n, trasladando la actividad al extranjero, automatizando nuestros sectores sindicales m\u00e1s combativos, apoder\u00e1ndose de nuestras instituciones, dividiendo nuestra coalici\u00f3n y alterando el terreno en el que nos apoyamos. Cuanto m\u00e1s se prolongue la transici\u00f3n al socialismo, m\u00e1s fuerte ser\u00e1 la contraofensiva capitalista y m\u00e1s agotado estar\u00e1 el movimiento obrero. Y en el contexto del agotamiento y la necesidad de institucionalizar las victorias, m\u00e1s se intensifican las presiones de la burocratizaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiero hablar brevemente sobre la burocratizaci\u00f3n, porque creo que en ciertas tradiciones es f\u00e1cil tratarla simplemente como una falla moral, una historia de buenos radicales que se ablandaron y de malos l\u00edderes que se vendieron. Pero la mayor\u00eda de las veces, el proceso surge de algo necesario: la necesidad de consolidar una victoria, de hacer que una ganancia sea permanente, de institucionalizar las lecciones de una lucha para que la pr\u00f3xima generaci\u00f3n no tenga que volver a aprenderlas. No podemos mantener a nuestros militantes permanentemente movilizados al m\u00e1ximo nivel.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema es que el mismo aparato construido para defender la victoria de ayer desarrolla un inter\u00e9s en no arriesgar esa victoria por las victorias inciertas del ma\u00f1ana. La maquinaria del partido que protege un logro comienza a osificarse a su alrededor. La direcci\u00f3n sindical radical que conquist\u00f3 un convenio colectivo se acomoda en su administraci\u00f3n. No tengo una respuesta real a este problema, salvo que debemos comprenderlo y anticiparlo, y generar la presi\u00f3n necesaria para mantener el impulso en nuestra lucha por el socialismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo que esto significa, en t\u00e9rminos generales, es que necesitamos dos cosas a la vez en una tensi\u00f3n productiva. Necesitamos un movimiento de clase libre y&nbsp;<em>extraparlamentario<\/em>: organizaciones de inquilinos, comit\u00e9s de trabajo, luchas contra la opresi\u00f3n y otras instituciones de una clase trabajadora politizada. Y necesitamos un partido socialista democr\u00e1tico que aspire genuinamente a gobernar, sobre la base de un programa socialista claro y un programa expl\u00edcito de transici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Si todo eso suena fantasioso, es porque estamos muy lejos del socialismo. No quiero fingir lo contrario. La distancia entre donde nos encontramos y la sociedad que describo es enorme y no se recorre con solo uno o dos buenos ciclos electorales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero incluso siendo conscientes de nuestra debilidad actual y de nuestra relativa falta de arraigo en la propia clase, no tenemos otra opci\u00f3n honesta que mantener la ruptura en la mira. Si lo que queremos es simplemente un capitalismo un poco m\u00e1s humano, entonces est\u00e1 bien, podemos rebajar nuestras expectativas y unirnos al centroizquierda y, con suerte, encontrar formas de mantener a raya a la extrema derecha. Pero si realmente creemos, en lo m\u00e1s profundo de nuestro ser, no solo en una sociedad m\u00e1s amable, sino en una sociedad que se libere de la explotaci\u00f3n y la opresi\u00f3n, entonces un capitalismo humanizado no puede ser el destino. Y si no podemos deshacernos de esa creencia en el socialismo, tenemos que rechazar tanto el callej\u00f3n sin salida de la socialdemocracia nost\u00e1lgica como el callej\u00f3n sin salida de la pol\u00edtica sectaria, e intentar construir una pol\u00edtica socialista de masas de gobernanza, transici\u00f3n y ruptura.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfEs siquiera posible?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esto me lleva a lo \u00faltimo y m\u00e1s importante, porque todo lo que acabo de decir sobre estrategia asume algo que ya no tenemos derecho a dar por sentado: que las personas a las que intentamos ganar para nuestro programa realmente crean que el socialismo podr\u00eda&nbsp;<em>funcionar<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La lecci\u00f3n que el siglo XX ense\u00f1\u00f3 a mucha gente \u2014no solo a trav\u00e9s de la propaganda capitalista, sino tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la experiencia hist\u00f3rica real\u2014 es que todas las variedades dispares de socialismo fracasaron de una forma u otra. La socialdemocracia se estanc\u00f3. Se top\u00f3 con la contradicci\u00f3n que discutimos antes, el enfrentamiento entre un movimiento obrero empoderado y una clase capitalista que a\u00fan controlaba la inversi\u00f3n, y cuando el crecimiento se desaceler\u00f3, los socialdem\u00f3cratas sintieron que no ten\u00edan m\u00e1s remedio que batir en retirada.<\/p>\n\n\n\n<p>El socialismo de Estado de planificaci\u00f3n centralizada, por su parte, colaps\u00f3 de manera mucho m\u00e1s dram\u00e1tica. Y no colaps\u00f3 solo por la represi\u00f3n pol\u00edtica, la carrera armamentista o la subversi\u00f3n occidental; colaps\u00f3 porque, en sus propios t\u00e9rminos, no pudo cumplir lo prometido. Cualquier partido socialista democr\u00e1tico radical que se tome en serio tiene que reconocer estos fracasos, y no solo a nivel pol\u00edtico, sino tambi\u00e9n a nivel econ\u00f3mico.<\/p>\n\n\n\n<p>La planificaci\u00f3n administrativa del socialismo de Estado fracas\u00f3 por dos razones clave. La primera fue el&nbsp;<em>c\u00e1lculo<\/em>. Gosplan, la agencia de planificaci\u00f3n sovi\u00e9tica, era responsable de coordinar una econom\u00eda que inclu\u00eda casi 50 mil f\u00e1bricas, 26 mil empresas de construcci\u00f3n, 47 mil unidades agr\u00edcolas, 260 mil establecimientos de servicios y m\u00e1s de un mill\u00f3n de tiendas minoristas (que produc\u00edan unos 12 millones de productos distintos, cada uno de los cuales requer\u00eda los insumos adecuados de los proveedores adecuados en los lugares adecuados y en los plazos adecuados, con cadenas de suministro que se extend\u00edan a lo largo de once zonas horarias). En total, esto significaba decenas de miles de millones de variables, que se elevaban a billones cuando se ampliaba el horizonte de planificaci\u00f3n a lo largo del tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>La informaci\u00f3n necesaria para planificar plenamente una econom\u00eda compleja no existe en una forma que pueda recopilar ninguna autoridad central, sin importar qu\u00e9 tipo de potencia computacional la respalde. Como resultado, aunque el sistema sovi\u00e9tico se promocionaba como uno que presum\u00eda de un dominio racional y cient\u00edfico sobre la econom\u00eda, en realidad era un sistema atrapado en una lucha perpetua por mantenerse al d\u00eda con ella. Los planes se elaboraban a partir de informaci\u00f3n incompleta, se revisaban mediante negociaciones burocr\u00e1ticas y se remendaban con innumerables intercambios informales \u2014favores, trueques y soluciones alternativas que funcionaban en paralelo al sistema oficial.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos arreglos ayudaban a mantener la econom\u00eda en marcha, pero no resolv\u00edan el problema subyacente: los planificadores segu\u00edan careciendo de la informaci\u00f3n necesaria para coordinar la producci\u00f3n de manera eficiente en todo el sistema en su conjunto. El resultado fueron escaseces recurrentes, excedentes de bienes no deseados y una gran cantidad de ineficiencias en toda la econom\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo problema central giraba en torno a los incentivos. Todos los gerentes sab\u00edan que la meta del a\u00f1o siguiente depend\u00eda de la producci\u00f3n reportada de este a\u00f1o, por lo que subestimaban su capacidad, acaparaban mano de obra y materiales, y ment\u00edan. A las empresas d\u00e9biles nunca se les permit\u00eda quebrar \u2014la restricci\u00f3n presupuestaria laxa, como la denomin\u00f3 el economista h\u00fangaro J\u00e1nos Kornai\u2014 porque la quiebra significaba desempleo y cadenas de suministro interrumpidas, por lo que la ineficiencia nunca se castigaba ni se eliminaba. El resultado fue un tremendo desperdicio de mano de obra y recursos humanos y una econom\u00eda de escasez que no satisfac\u00eda las necesidades sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Y ya hemos discutido el impasse de la socialdemocracia, uno que el socialista polaco Micha\u0142 Kalecki vio venir en la d\u00e9cada de 1940. \u00c9l se\u00f1al\u00f3 que el pleno empleo genuino y sostenido es pol\u00edticamente inestable bajo el capitalismo \u2014no econ\u00f3micamente imposible, sino&nbsp;<em>pol\u00edticamente<\/em>&nbsp;inestable\u2014 porque cuando los trabajadores ya no temen el desempleo, la disciplina del mercado laboral se desvanece, el equilibrio de poder en el lugar de trabajo se inclina hacia los trabajadores, las ganancias se ven reducidas y la clase capitalista, que a\u00fan controla la inversi\u00f3n, eventualmente responde para restablecer la disciplina y encontrar un camino para recuperar la tasa de ganancia. Esta es, m\u00e1s o menos, la historia de la d\u00e9cada de 1970 y, combinada con los intereses racionales de los trabajadores de preservar su empleo y, por lo tanto, la rentabilidad de las empresas capitalistas en las que trabajan, resume el impasse socialdem\u00f3crata. No se puede reformar para sortearlo mientras se deja la inversi\u00f3n en manos privadas.<\/p>\n\n\n\n<p>En pocas palabras, si eres socialista, no hay vuelta atr\u00e1s a ninguno de los dos modelos. El sue\u00f1o de gestionar toda una econom\u00eda moderna mediante la planificaci\u00f3n administrativa no puede ni debe revivirse. Y el sue\u00f1o de transformar el capitalismo dejando a sus propietarios al mando de la inversi\u00f3n se topar\u00e1 con el muro de Kalecki cada vez (o probablemente encallar\u00e1 incluso antes de eso).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un socialismo viable<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, si hay problemas con los dos modelos de socialismo que surgieron del movimiento obrero del siglo XIX y de la fuente com\u00fan de los partidos de la Segunda Internacional, entonces debemos empezar a discutir c\u00f3mo ser\u00eda una alternativa.&nbsp;No existe un \u00fanico modelo fijo de socialismo viable, pero junto con mis colega Mike Beggs y Ben Burgis tenemos un libro de pr\u00f3xima publicaci\u00f3n,&nbsp;<a rel=\"noreferrer noopener\" href=\"https:\/\/www.versobooks.com\/products\/2843-the-blueprint?srsltid=AfmBOoqnHy5rs4ey5QBBPdiNnZQd6arDfE3Dx-E7fq3GNpEnotk3gBvI\" target=\"_blank\"><em>The Blueprint<\/em><\/a>, que profundiza en algunas de estas ideas.<\/p>\n\n\n\n<p>Un socialismo del siglo XXI tiene que hacer dos cosas a la vez que suenan contradictorias. Tiene que&nbsp;<em>abolir la dependencia del mercado<\/em>&nbsp;\u2014la condici\u00f3n en la que tu propia supervivencia depende del \u00e9xito en el mercado\u2014 mientras&nbsp;<em>preserva los mercados<\/em>&nbsp;como herramienta para coordinar una econom\u00eda compleja. Necesitamos algunos mercados, pero no necesitamos capitalistas. Y queremos aprovechar esos mercados sin que nos dominen.<\/p>\n\n\n\n<p>En la pr\u00e1ctica, eso significa desmercantilizar la infraestructura b\u00e1sica de la vida humana \u2014cosas como la salud, la educaci\u00f3n, el transporte, la energ\u00eda, la vivienda y las telecomunicaciones\u2014. Estas no deben racionarse por el precio, sino que deben proporcionarse seg\u00fan la necesidad, porque organizarlas a trav\u00e9s de empresas con fines de lucro es menos justo y, a menudo, menos eficiente.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego, en la econom\u00eda m\u00e1s amplia de bienes y servicios comunes, los mercados pueden ser excelentes herramientas para el socialismo, con precios que transmiten informaci\u00f3n sobre lo que es escaso y lo que se desea. Pero las empresas en esa econom\u00eda son controladas por las personas que trabajan en ellas, no por accionistas externos o capitalistas privados. La gobernanza est\u00e1 vinculada a la participaci\u00f3n, no a una participaci\u00f3n financiera, y la pertenencia a una empresa se vuelve similar a la pertenencia a una comunidad pol\u00edtica, con voz y voto, que no se puede comprar ni vender.<\/p>\n\n\n\n<p>El excedente despu\u00e9s de impuestos que generan esas empresas gestionadas por los trabajadores es controlado por las personas que lo producen, pero la inversi\u00f3n&nbsp;<em>no<\/em>&nbsp;se deja en manos de empresas individuales, sino que se socializa. Esto se lleva a cabo a trav\u00e9s de un sistema de bancos p\u00fablicos que rinden cuentas a un Estado democr\u00e1tico que mantiene en com\u00fan la riqueza productiva de la sociedad y la presta de manera productiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Si el sistema se basara en la propiedad por empresa de los trabajadores \u2014y no solo en el control obrero\u2014, habr\u00eda que lidiar, entre otros problemas, con las distorsiones de los sectores intensivos en capital: los trabajadores buscar\u00edan migrar en masa a las empresas que generan mayores dividendos, convirtiendo al mercado laboral en una especie de loter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta versi\u00f3n del socialismo, sin embargo, a las empresas se les sigue otorgando una amplia autonom\u00eda dentro de mercados regulados. Y se permite que las empresas ineficientes quiebren al ser superadas por la competencia de sus pares como una caracter\u00edstica clave del sistema, porque satisfacer las necesidades de las personas con bienes y servicios de manera efectiva es algo bueno y, en un nivel m\u00e1s filos\u00f3fico, desperdiciar la fuerza de trabajo humana a trav\u00e9s de la ineficiencia es algo que los igualitarios deber\u00edan negarse a tolerar.<\/p>\n\n\n\n<p>Para contribuir a\u00fan m\u00e1s a que un sistema socialista sea a la vez altamente productivo e igualitario, podr\u00edamos recurrir a valores de referencia salariales \u2014salarios m\u00ednimos, diferenciados por ocupaci\u00f3n\u2014 que establezcan un piso que refleje las prioridades colectivas en materia de dignidad, cualificaci\u00f3n y contribuci\u00f3n, en lugar de dejar que el poder de negociaci\u00f3n local fije el precio de la hora de trabajo. Esto, obviamente, tiene ciertos ecos en el antiguo sistema de fijaci\u00f3n centralizada de salarios y en los efectos operativos de la negociaci\u00f3n salarial centralizada en Suecia en el apogeo de la socialdemocracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los salarios m\u00ednimos aportan estabilidad a los trabajadores, ya que no dependen totalmente de los dividendos de las ganancias de su empresa, y tambi\u00e9n sirven para impulsar a las empresas hacia una \u00abv\u00eda noble\u00bb de desarrollo. Un grupo de trabajadores de una empresa autogestionada que quiera competir no podr\u00eda hacerlo rebajando los salarios por debajo del piso legal para ganar cuota de mercado; se ver\u00eda obligado a innovar, capacitarse y reorganizar la producci\u00f3n. La econom\u00eda se orienta hacia la recompensa de los avances tecnol\u00f3gicos y las nuevas t\u00e9cnicas de producci\u00f3n, en lugar de limitarse a explotar la mano de obra barata.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto, el objetivo de toda esa productividad&nbsp;<em>no<\/em>&nbsp;es la productividad en s\u00ed misma. El objetivo de una econom\u00eda socialista din\u00e1mica es convertir esa econom\u00eda din\u00e1mica en jornadas m\u00e1s cortas, vidas m\u00e1s largas y m\u00e1s tiempo fuera de la producci\u00f3n. En otras palabras, eliminar\u00eda la explotaci\u00f3n y la dominaci\u00f3n de nuestra actividad econ\u00f3mica y luego utilizar\u00eda esa actividad econ\u00f3mica para generar m\u00e1s libertad para que las personas decidan c\u00f3mo pasar la \u00fanica vida que tienen.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El socialismo es el futuro. Construy\u00e1moslo ahora.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los trabajadores que marchaban en la d\u00e9cada de 1850 no ped\u00edan un trato ligeramente mejor. Cuando exigieron la jornada de ocho horas, estaban afirmando que un trabajador no es meramente un instrumento de producci\u00f3n, sino un ser humano completo con derecho a todo lo que la vida tiene para ofrecer. Esa exigencia es el socialismo en su totalidad en miniatura. Es la exigencia de que las personas sean los&nbsp;<em>autores<\/em>&nbsp;de sus vidas en lugar de herramientas para la acumulaci\u00f3n de otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos muy lejos del socialismo. Pero lo que no podemos hacer, y al mismo tiempo sobrevivir como un movimiento socialista digno de ese nombre, es rebajar nuestro horizonte para adaptarnos a nuestra debilidad actual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Bhaskar Sunkara (Jacobin, 27-8-26) Apostar por el retorno de algo parecido a una era de compromiso entre las clases es una ilusi\u00f3n y un error de diagn\u00f3stico. 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