{"id":62230,"date":"2026-10-12T12:59:10","date_gmt":"2026-10-12T16:59:10","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=62230"},"modified":"2026-10-12T12:59:11","modified_gmt":"2026-10-12T16:59:11","slug":"el-arte-como-espejo-de-la-trascendencia-interior","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/10\/12\/el-arte-como-espejo-de-la-trascendencia-interior\/","title":{"rendered":"El arte como espejo de la trascendencia interior"},"content":{"rendered":"\n<p>Marko Florentino, presenta su exposici\u00f3n: \"RESILIENCIA\".<br>[En exhibici\u00f3n todo el mes de octubre en la Biblioteca Pedro Mir UASD]<\/p>\n\n\n\n<p>Hay cuadros que se miran. Y hay otros que nos miran primero, nos nombran en voz baja y nos obligan a responder. A esa estirpe pertenecen las obras de Resiliencia , la exposici\u00f3n con la que el Dr. Marko Florentino celebra treinta a\u00f1os de pintura. No son im\u00e1genes para contemplar desde lejos: son espejos donde el alma, de pronto, se reconoce.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de hablar de cada obra, conviene mirar el lienzo mismo. Un lienzo es una tela tensada sobre un bastidor: vive bajo presi\u00f3n, recibe el golpe del pincel, soporta capa tras capa de pigmento, y precisamente por eso llega a ser imagen. Sin tensi\u00f3n no habr\u00eda cuadro. As\u00ed es tambi\u00e9n la resiliencia. No es la dureza de la piedra, que resiste hasta quebrarse, sino la dignidad de la tela, que se deja marcar y convierte cada marca en forma. El ser humano resiliente no vuelve a ser el lienzo en blanco que fue. Se vuelve pintura.<\/p>\n\n\n\n<p>En la primera obra, vertical como un cuerpo que todav\u00eda se sostiene, los azules y los naranjas libran una batalla que nadie gana. Son colores complementarios: opuestos en el c\u00edrculo crom\u00e1tico, se exaltan al tocarse. El azul es lo que enfriamos, lo que guardamos en el fondo del agua; el naranja, lo que arde y pide salir. Esa es la gram\u00e1tica de la Sombra, como la llam\u00f3 Jung: todo aquello que no reconocemos de nosotros mismos. All\u00ed est\u00e1n el miedo y la rabia, pero tambi\u00e9n la ternura que escondimos y la fuerza que no nos atrevimos a usar. Y aqu\u00ed el pintor nos regala una verdad que ninguna teor\u00eda explica mejor: el color opuesto no apaga al otro, lo vuelve m\u00e1s vivo. Lo que negamos nos hace m\u00e1s intensos, no m\u00e1s peque\u00f1os, cuando por fin lo miramos de frente. La resiliencia empieza en ese instante de valent\u00eda desnuda: \u201cEsto tambi\u00e9n soy yo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En la segunda obra, rostros y manos se aproximan hasta entrelazarse. El incendio se vuelve encuentro. Pero lo m\u00e1s elocuente del cuadro no son las manos, sino el espacio que las separa antes de tocarse: ese peque\u00f1o vac\u00edo donde vive el deseo de reunirse. Jung habl\u00f3 del \u00e1nima y el \u00e1nimus para nombrar las zonas del alma que quedan fuera de nuestra identidad consciente. \u00c9l las pens\u00f3 como lo femenino y lo masculino; el lienzo las abre a algo m\u00e1s universal: todos aprendimos a mostrar unas partes y a callar otras para ser queridos. Aqu\u00ed las partes calladas extienden la mano. En la pintura, los colores que se superponen crean tonos que ninguno ten\u00eda por separado. En el alma ocurre igual: cuando la sensibilidad y la determinaci\u00f3n se encuentran, nace un matiz nuevo de nosotros. Esa es la segunda forma de la resiliencia: nadie se reconstruye solo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la tercera obra, varios perfiles convergen hacia un centro de luz. La composici\u00f3n evoca los mandalas que Jung consideraba im\u00e1genes del alma buscando su centro. Y hay aqu\u00ed una sabidur\u00eda que viene de la \u00f3ptica: la luz blanca no es ausencia de color, sino la suma de todos ellos. Ese centro luminoso contiene el azul del miedo, el naranja de la rabia, el ocre de la memoria y el tono de cada rostro. As\u00ed es el S\u00ed-mismo: no una pureza sin manchas, sino la totalidad que lo abarca todo. El yo no desaparece en esa luz; descubre que forma parte de algo m\u00e1s vasto. A ese lento reunir lo disperso, Jung lo llam\u00f3 individuaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todo cuadro guarda, bajo su superficie, las capas que lo precedieron: trazos corregidos, colores cubiertos, intentos que siguen all\u00ed aunque no se vean. En esta obra, esas capas parecen vibrar a la vez. Lo que fuimos, lo que nos ocurri\u00f3, lo que somos y lo que a\u00fan podr\u00edamos ser habitan un mismo instante. Ese es el sentido po\u00e9tico de lo \u201ccu\u00e1ntico\u201d en Florentino: no una f\u00edsica de la mente, sino la intuici\u00f3n de que el tiempo interior no avanza en l\u00ednea recta. El pasado permanece como pigmento de fondo, el presente lo ilumina y el futuro espera, como el lienzo espera la pr\u00f3xima pincelada.<\/p>\n\n\n\n<p>Le\u00eddas juntas, las tres obras trazan el arco completo de la resiliencia: la tensi\u00f3n que se reconoce, el encuentro que repara, la luz que integra. Nadie regresa id\u00e9ntico de ciertas p\u00e9rdidas, y quiz\u00e1 no deba hacerlo. La herida es una capa m\u00e1s de la pintura: forma parte de la obra, pero no decide su final.<\/p>\n\n\n\n<p>Florentino no promete una vida sin fracturas. Nos entrega algo m\u00e1s verdadero: la certeza de que ning\u00fan color de nuestra historia sobra, y de que incluso los m\u00e1s oscuros, cuando encuentran su lugar, terminan formando parte de la luz. Tal vez esa sea la trascendencia interior que estos cuadros revelan: somos m\u00e1s que aquello que nos rompi\u00f3. Somos la obra que, con todo, seguimos pintando.<\/p>\n\n\n\n<p>V\u00edctor Castillo<br>Psic\u00f3logo<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marko Florentino, presenta su exposici\u00f3n: \"RESILIENCIA\".[En exhibici\u00f3n todo el mes de octubre en la Biblioteca Pedro Mir UASD] Hay cuadros que se miran. Y hay otros que nos miran primero, nos nombran en voz baja y nos obligan a responder. 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