{"id":62494,"date":"2026-11-04T13:43:01","date_gmt":"2026-11-04T17:43:01","guid":{"rendered":"https:\/\/debateplural.net\/site\/?p=62494"},"modified":"2026-11-04T13:43:02","modified_gmt":"2026-11-04T17:43:02","slug":"la-cara-b-del-17-de-octubre-la-francia-que-no-nos-ensenan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/debateplural.net\/site\/2026\/11\/04\/la-cara-b-del-17-de-octubre-la-francia-que-no-nos-ensenan\/","title":{"rendered":"La cara B del 17 de octubre: la Francia que no nos ense\u00f1an"},"content":{"rendered":"\n<p>Vega Miguel Santiago (CTXT, 4-11-26)<\/p>\n\n\n\n<p>Macron deja un pa\u00eds m\u00e1s inestable y polarizado del que encontr\u00f3. Quiso poner a la Rep\u00fablica \u201cen Marche\u201d, pero nunca supo acompasar su paso al de quienes la sostienen<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa ciudad es nuestra, viva la revoluci\u00f3n.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Miles de manifestantes, cientos de reclamos, decenas de cantos, una sola voz.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, 17 de octubre de 2026, las calles parisinas se han vuelto l\u00edquidas; los adoquines, guijarros; y los edificios, orillas sobre las que trepar. La ciudad ha dejado de ser ese decorado inm\u00f3vil por el que transitan cada ma\u00f1ana los mismos cuerpos, a las mismas horas, hacia los mismos destinos. Par\u00eds ha vuelto a pertenecer, aunque solo sea por unas horas, a quienes la habitan. A quienes la sostienen. A quienes, demasiado a menudo, solo pueden recorrerla de camino al trabajo, al instituto, al hospital o a una casa en la que cada vez cuesta m\u00e1s vivir.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa juventud est\u00e1 en las calles\u201d, corean algunos. \u201cLa vejez tambi\u00e9n\u201d, responden otros. Hay estudiantes, padres, agricultores, sanitarios y trabajadores de distintos sectores. Hay manos j\u00f3venes y manos cansadas; pancartas improvisadas y consignas heredadas; personas que quiz\u00e1 nunca hab\u00edan marchado juntas pero que han encontrado algo que las une. Tal vez no una ideolog\u00eda com\u00fan, ni siquiera un programa pol\u00edtico concreto, sino algo m\u00e1s tangible y al mismo tiempo m\u00e1s intenso: la experiencia de reconocerse mutuamente como miembros de una sociedad que cada vez exige m\u00e1s a quienes menos tienen.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa juventud est\u00e1 en las calles\u201d, corean algunos. \u201cLa vejez tambi\u00e9n\u201d, responden otros<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella fr\u00eda tarde, las calles se llenaron de solidaridad y comunidad. Hab\u00eda quienes despejaban el camino de las barricadas para que los bomberos circulasen, acogidos siempre entre aplausos y v\u00edtores. Otros ayudaban a los manifestantes heridos, repartiendo suero para aliviar la irritaci\u00f3n provocada por los gases lacrim\u00f3genos. Y, entre ellos, orquestas enteras entonaban melod\u00edas mientras las granadas estallaban a pocos metros. Por momentos, la escena parec\u00eda avanzar al ritmo de la cabalgata de las valquirias.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00eda ingenuo convertir estas escenas en una imagen id\u00edlica de la protesta. Tambi\u00e9n aqu\u00ed hab\u00eda contradicciones, partes m\u00e1s violentas y grises. Ning\u00fan movimiento colectivo est\u00e1 libre de ellas. Pero la existencia de estas \u00faltimas tampoco puede borrar todo aquello que demuestra que una manifestaci\u00f3n es algo m\u00e1s que una multitud enfrentada a la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando alguien ayuda a un desconocido a salir de una zona de peligro, est\u00e1 afirmando que la protecci\u00f3n mutua no necesita esperar a que llegue una autoridad. Cuando los manifestantes se sientan para intentar contener una carga, est\u00e1n ensayando una respuesta colectiva diferente a la ley del tali\u00f3n encarnada por las fuerzas del orden. Cuando se abre paso a los bomberos, se est\u00e1 reconociendo que incluso en medio del conflicto hay necesidades que deben quedar por encima y que las formas de violencia m\u00e1s destructivas no agradan a la mayor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Son gestos peque\u00f1os frente a la maquinaria del Estado y al poder de las im\u00e1genes que recorren las pantallas, revelando una dimensi\u00f3n de la protesta diluida en la aparente dicotom\u00eda entre orden y desorden. Una movilizaci\u00f3n no solo expresa aquello contra lo que se levanta, tambi\u00e9n expresa aquello que sus participantes desean construir. Aquella tarde, en las calles de Francia, algo volvi\u00f3 a unir a quienes tantas cosas separan. Por un instante, el pasado y el presente dejaron de ser tiempos enfrentados para abrir paso a una posibilidad de futuro. El 17 de octubre dej\u00f3 una imagen dif\u00edcil de borrar: bajo el individualismo que parece gobernarlo todo, la comunidad sigue ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, los titulares se detienen en los escaparates da\u00f1ados, las papeleras incendiadas y los enfrentamientos con la polic\u00eda. Una tras otras, las im\u00e1genes se repiten hasta adquirir la apariencia de una explicaci\u00f3n. La violencia ocupa la portada y todo deviene un puzzle de cristales rotos. Las reivindicaciones, cuando aparecen, quedan relegadas a los p\u00e1rrafos inferiores, como si fueran un ap\u00e9ndice prescindible de la noticia principal.<\/p>\n\n\n\n<p>No se trata de negar lo que ocurre en las calles, ni de justificar indiscriminadamente cualquier acto cometido durante una protesta. Se trata de preguntarse por qu\u00e9 unos acontecimientos merecen ser observados hasta el \u00faltimo detalle, mientras otros apenas reciben atenci\u00f3n; por qu\u00e9 el da\u00f1o material tiene una imagen, una cifra y un responsable inmediatamente identificables, mientras que el deterioro de la educaci\u00f3n p\u00fablica, el sufrimiento de los estudiantes o la precariedad de las familias parecen demasiado abstractos para ocupar el centro de la conversaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En un pasaje de la obra Los Miserables, V\u00edctor Hugo imagina una conversaci\u00f3n entre un obispo y un viejo revolucionario acerca de la Revoluci\u00f3n francesa. En esta, el anciano evoca todas las cosas hermosas que aquella hizo posible mientras que, el obispo, incapaz de contenerse, murmura:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, pero \u00bfy el a\u00f1o 93? [aludiendo a los a\u00f1os del Terror].<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo revolucionario se yergue en su silla con una solemnidad casi l\u00fagubre y, con toda la fuerza que le permiten sus \u00faltimos d\u00edas, exclama:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah, ya estamos! \u00a1El 93! \u00a1Esperaba esa palabra! Una nube se ha formado durante mil quinientos a\u00f1os. Al cabo de quince siglos, ha estallado. Y vosotros le hac\u00e9is el proceso al trueno.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta historia, corremos el riesgo de convertirnos en el obispo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los medios y los miedos<\/p>\n\n\n\n<p>Buena parte de la cobertura medi\u00e1tica nos invita a contemplar el momento de la explosi\u00f3n como si fuera el comienzo de la historia, condenando la alteraci\u00f3n de un orden del que no se dice nada. Porque si hemos decidido hablar de violencia, convendr\u00eda preguntarnos qu\u00e9 entendemos por ella. Estamos acostumbrados a reconocerla cuando aparece en forma de cristal roto, de fuego o de un cuerpo que cae al suelo. Es una violencia inmediata, visible, casi fotog\u00e9nica. Pero existe otra que no necesita humo para hacerse presente. Una que no irrumpe de repente, sino que se instala poco a poco, en las aulas que pierden profesores, en los hospitales sin recursos, en las familias que luchan por poder llegar a fin de mes y en los trabajadores que deben excusarse porque los transportes no llegan a su hora. No hay una detonaci\u00f3n que marque su comienzo ni una sirena que nos obligue a mirar. Se parece m\u00e1s a una gotera: primero apenas molesta; despu\u00e9s empieza a dejar una mancha y, finalmente, cuando alguien decide levantar la vista, descubre que hay que cambiar el techo entero.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la violencia institucional tiene tambi\u00e9n una expresi\u00f3n m\u00e1s inmediata. Una que s\u00ed ocupa las calles. Una que s\u00ed tiene uniforme, escudos y c\u00e1maras delante.<\/p>\n\n\n\n<p>Se han denunciado cargas indiscriminadas contra grupos de estudiantes, detenciones violentas y cercamientos que impiden a los manifestantes alejarse de los focos de peligro<\/p>\n\n\n\n<p>Hablar de la violencia policial no significa negar la existencia de la violencia entre los manifestantes. Ser\u00eda demasiado sencillo y, sobre todo, poco honesto. Hay personas que rompen, que lanzan objetos, que agreden y que ponen en peligro a otras. La responsabilidad debe ser individual y quien comete una agresi\u00f3n debe responder por ella. Pero precisamente por eso tambi\u00e9n resulta necesario mirar con la misma atenci\u00f3n hacia el otro lado de la calle. Si exigimos responsabilidades a quienes ejercen la violencia desde una manifestaci\u00f3n, debemos exigirlas tambi\u00e9n a quienes disponen del monopolio leg\u00edtimo de la fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante las manifestaciones se han denunciado cargas indiscriminadas contra grupos de estudiantes, detenciones violentas y cercamientos que impiden a los manifestantes alejarse de los focos de peligro. Ahora mismo en Francia, cuando llegan las fuerzas del orden, empieza el caos. Hasta entonces hay voces, pancartas, gente caminando, cuerpos que ocupan la calle sin prisa. Pero cuando aparecen las luces azules, algo cambia. El espacio que nos pertenec\u00eda a todos comienza a reducirse; ahora asfixia. Las manifestaciones cambian. El aire, que hasta hac\u00eda unos minutos transportaba cantos, se vuelve opaco. Primero alguien retrocede. Despu\u00e9s otro. En cuesti\u00f3n de segundos, la gente ha comenzado a correr; unos empujan; otros lloran. La gente busca por d\u00f3nde salir, pero las calles son callejones sin salida. Y justo aqu\u00ed, las c\u00e1maras comienzan a grabar. La manifestaci\u00f3n no era violenta: la han tornado violenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay algo todav\u00eda m\u00e1s preocupante cuando esta l\u00f3gica se normaliza. En v\u00edsperas de las manifestaciones del 17 de octubre, el Ministerio del Interior anunci\u00f3 que la polic\u00eda podr\u00eda utilizar todas las armas intermedias disponibles. Medida que rimaba con la aprobaci\u00f3n, en julio de 2026, de una ley que introduce una presunci\u00f3n favorable al uso policial de las armas, invirtiendo la carga de la prueba y consagrando la leg\u00edtima defensa de los agentes de polic\u00eda. Reforzar las facultades coercitivas sin garantizar simult\u00e1neamente una rendici\u00f3n de cuentas efectiva puede llevarnos a convertir la excepci\u00f3n en costumbre y la fuerza en respuesta ordinaria al conflicto pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>Se han practicado alrededor de 7.000 detenciones desde el inicio de las protestas, el 86 % de ellas de menores de edad<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las leyes, de las disposiciones, de las \u00f3rdenes; m\u00e1s all\u00e1 de todo eso, est\u00e1n los cuerpos. Cuerpos j\u00f3venes, vulnerables, que pueden ser da\u00f1ados. Un adolescente de catorce a\u00f1os con la mand\u00edbula destrozada por el impacto de un proyectil lacrim\u00f3geno lanzado a corta distancia. Otro, de quince, que pierde una mano tras la explosi\u00f3n de una granada. Son cuerpos que deber\u00edan estar en un aula, en un parque, en su casa. Cuerpos que, de pronto, se convierten en el escenario material de una discusi\u00f3n pol\u00edtica sobre el mantenimiento del orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan algunos de los datos difundidos durante estas movilizaciones, se han practicado alrededor de 7.000 detenciones desde el inicio de las protestas, el 86 % de ellas de menores de edad. Tambi\u00e9n se han abierto 36 investigaciones internas por presuntas conductas policiales indebidas. Datos que aportan nuevas pinceladas al cuadro general de la situaci\u00f3n. Porque s\u00ed, una democracia puede investigar los actos de quienes protestan y, al mismo tiempo, investigar los de sus agentes. Lo que no puede hacer es presentar la primera obligaci\u00f3n como prueba de rigor y la segunda como una concesi\u00f3n excepcional.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c700 polic\u00edas heridos desde el 28 de septiembre\u201d. La cifra se repite como argumento para describir la gravedad de los enfrentamientos. Pero \u00bfqu\u00e9 significa exactamente estar herido en este balance? En un informe parlamentario de 2023, Laurent Nu\u00f1ez se\u00f1al\u00f3 que, de los cerca de 700 polic\u00edas declarados heridos durante las movilizaciones contra la reforma de las pensiones, solo algunas decenas hab\u00edan sido hospitalizadas por lesiones graves y ninguna hab\u00eda sido declarada irreversible. Entonces, las lesiones auditivas relacionadas con el ruido se inclu\u00edan entre las categor\u00edas de da\u00f1os registrados. Y ahora, \u00bfse contabiliza as\u00ed tambi\u00e9n? No lo sabemos. Una cifra sin contexto informa, pero tambi\u00e9n puede intimidar. Puede describir un problema y, al mismo tiempo, convertirse en un argumento para legitimar una respuesta determinada.<\/p>\n\n\n\n<p>Los j\u00f3venes no piden una inocencia autom\u00e1tica. Piden que no se les atribuya una culpabilidad colectiva. Porque una manifestaci\u00f3n puede romper un escaparate y, aun as\u00ed, no reducirse a un escaparate roto. Conviene recordar que, el 17 de octubre, antes de que la pancarta ardiera, alguien hab\u00eda escrito en ella una reivindicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El macronismo a la luz de las protestas<\/p>\n\n\n\n<p>Hay una iron\u00eda en la historia pol\u00edtica de Macron. Lleg\u00f3 al El\u00edseo prometiendo reconciliar a Francia con ella misma, acercar a los ciudadanos a sus instituciones y romper con un sistema de partidos en el que cada vez menos franceses se reconoc\u00edan. Sus primeras palabras resonaron desde lo alto como la promesa de una Francia reunida. Casi diez a\u00f1os despu\u00e9s, la calle le devuelve un eco muy distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el problema no sea solo que tantas promesas se hayan quedado sin cumplir, sino que la propia idea de cambio haya terminado por desgastarse. Macron deshizo el mapa pol\u00edtico que hab\u00eda ordenado Francia durante d\u00e9cadas, ocupando el espacio de una izquierda y una derecha debilitadas. Pero \u00bfde qu\u00e9 sirve irrumpir como alternativa si las fracturas que promet\u00edas cerrar siguen abiertas? \u00bfDe qu\u00e9 sirve presentarse como dique frente a los extremos si el descontento que los alimenta persiste?<\/p>\n\n\n\n<p>Al final, son esas preguntas las que hoy recorren Francia. Casi una d\u00e9cada despu\u00e9s, Macron deja tras de s\u00ed un pa\u00eds m\u00e1s inestable y polarizado del que encontr\u00f3. Quiso poner a la Rep\u00fablica \u201cen Marche\u201d, pero nunca supo acompasar su paso al de quienes la sostienen. Hoy, en las pancartas que recorren las calles, el pueblo responde. La Rep\u00fablica sigue andando; la cuesti\u00f3n es qui\u00e9n se ha quedado atr\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vega Miguel Santiago (CTXT, 4-11-26) Macron deja un pa\u00eds m\u00e1s inestable y polarizado del que encontr\u00f3. Quiso poner a la Rep\u00fablica \u201cen Marche\u201d, pero nunca supo acompasar su paso al de quienes la sostienen \u201cLa ciudad es nuestra, viva la revoluci\u00f3n.\u201d Miles de manifestantes, cientos de reclamos, decenas de cantos, una sola voz. 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